—¡No entiendo qué pasa, Shin-chan!— Takao está subiéndose por las paredes en un intento de entender cómo acabó tras Kuroko Tetsuya—. ¡¿Por qué tiene que ser tan lindo?!

—No lo sé, Takao, cállate de una vez.

—Dime, ¿sonreía mucho en Teikō? ¿O siempre ha sido así de inexpresivo?

Esas preguntas son seguidas de otras tantas. Midorima está francamente harto. Pone los ojos en blanco y trata de reanudar su lectura y sus deberes. Después de todo, a eso han ido a la biblioteca. Kazunari no se detiene con el hostigamiento y él jura que podría lanzarlo mucho al diablo y acertar.

—Takao, seriamente, te mataré si no te callas.

—El azul de su cabello combina con el negro del mío, ¿a que sí?

Midorima quiere llorar.


—Kagami-kun.

—¿Qué?— El aludido se mete hamburguesas sin prestarle mucha atención.

—He notado a Takao-kun acercándose mucho a mí. Incluso me ha enviado mensajes.

—¿Sí? Déjame ver.

Kuroko le enseña. Kagami ríe, pero lo toma muy en serio pasados unos minutos. Él mejor que nadie sabe de situaciones que se dan en personas inesperadas.

—¿Será que le he hecho algo y busca venganza?

—¿Desde cuándo eres paranoico?

Tetsuya se encoge de hombros. No está acostumbrado a recibir tanta atención. Podría decirse que es incómodo.

—Sólo digo que es raro, no sé qué le pasa…— como si fuera una invocación, Shintarō y Kazunari entran por la puerta del Maji como si fueran los dueños. Y los ojos del segundo se iluminan al encontrarse con el objeto de su afecto. Midorima ni enterado de que esos dos estaban ahí. A Takao el ojo del halcón le sirve más que para el baloncesto.

—¡Tetsu-chan, hola!— se acerca corriendo a la mesa con una sonrisa brillante en la cara que Kagami podría jurar que quedó ciego.

—Takao-kun, hola— Kuroko quiere salir corriendo y dejar a Kagami matarse con Takao y Midorima, pero no lo hace. Siente la mirada del chico fija en él y eso no le gusta.

—¿Te importa si me siento contigo?— antes de que termine de preguntar, ya lo ha hecho. Tetsuya respira agitadamente y busca apoyo en la mirada de Kagami. Un apoyo que le es dado en forma de hamburguesa con queso.

—Hola, Midorima-kun— saluda al escolta, sentado a junto a Kagami como si la cosa no fuera con él.

—Ah, te ves radiante hoy, esa camisa pega con tu pelo— suspira Kazunari.

—Es la camisa del instituto.

—Igual pega con tu pelo.

El halcón está en las nubes, emocionado cual niño, sentado junto a su crush, y están interactuando, demonios.

—Takao, estás asustando a Kuroko— Kagami interviene. La sombra lo agradece internamente.

—Tetsu-chan, yo…— llama la atención de Kuroko y busca sus expresivos ojos azules—. Yo jamás, jamás, te haría daño. Sé que esto es extraño pero— ahoga una carcajada y tiene un sonrojo en las mejillas—…creo que te quiero.

Kuroko está en blanco. Al menos ya está medio aclarado el asunto. Quiere huir.