Capítulo 3

– ¿Ya estas lista? cariño, no quiero hacer esperar a mis futuros compradores – dijo la morena esperando a su amiga en el umbral de la puerta principal de aquel lujoso departamento en manhattan.

– ¡Saldré en un segundo! – dijo la mujer quien terminaba roseándose un poco de uno de sus perfumes favoritos, dejó el perfume en la mesita de su habitación y trastabilló con sus enormes tacones antes de disponerse a caminar hacia su amiga.

– Veo que Carolina Herrera nos acompañará esta noche – dijo Angela apenas percibiendo tan agradable olor, levantó la mirada y observo a aquella deslumbrante mujer que se encontraba a unos seis pasos de ella – Dios mío – fue lo único que Angela pudo decir.

– ¿Qué? – pregunto la mujer asustada, Brennan tomo la parte inferior del vestido rojo que llevaba y se lo bajo lo más que pudo – ¿acaso es muy corto?

– Es perfecto – dijo su amiga con una sonrisa mientras miraba de pies a cabeza a aquella mujer que antes andaba con traje de enfermera y el cabello todo enmarañado, ahora lucía un vestido rojo ceñido al cuerpo que la hacía lucir esbelta y su cabello largo y negro, tan negro como el cielo de la noche en que la conoció, aquella mujer… lucía como un diamante pero había sufrido tanto que ya ni ella podía hacerse brillar.

Ambas mujeres salieron de aquel lugar emocionadas por la noche que les esperaba, Angela no paraba de hablar sobre todas las personas que asistirían a su galería aquel día, tenía tantas obras nuevas por mostrar y sobre todo las nuevas fotografías que iba a exhibir ese sábado por la noche.

" – ¿Recuerdas cuando estábamos en LA y tu corrías por toda la playa con una sonrisa enorme? Fue la primera vez que te vi sonreír tanto, te tome una foto aquel día ¿sabes?

No me digas que…

Encontré la foto y la edite un poco, esa será una de las que mostraré en la galería"

…..

– Jack ¿Qué estás haciendo? – preguntó Sweets acercándose a su hermano.

– Pues llamando a un amigo que tengo aquí en NYC, le dije que le llamaría si alguna vez venia.

– Recuerda que no estamos de vacaciones.

– ¡Vamos! No lo veo desde que nos graduamos.

– Entonces puedes esperarte un poco más.

Los dos hermanos discutían por lo que debían y no debían hacer pero Booth llegó a detener a los dos.

– ¿Crees que tu amigo pueda hablarnos de algún museo o galería de arte? – pregunto Booth.

– ¿Qué? La última vez que vi a Wendell hablar algo sobre arte fue cuando dijo que la Mona Lisa fue pintada por Van Gogh – comentó el químico.

– ¿Entonces? – preguntó Booth sin entender.

– No creo que ahora le guste mucho el arte – dijo él.

– No lo vez desde hace tiempo, puede que ya no sea el mismo – dijo Sweets ahora uniéndose a la conversación.

– ¿El mismo fiestero y deportista? – dijo Jack y sin decir más nada tomo su celular para marcarle a su viejo amigo.

Se escucharon los típicos sonidos provenientes del alta voz del móvil de Jack cuando comenzó a llamar a su amigo, luego de unos tres pitazos se escuchó la voz de un hombre que parecía tener poco más de veinte.

– Habla Wendell Bray – contesta el chico.

– ¡Hola Wendell! Es Jack – dice el otro emocionado por hablar con su amigo.

– Hola ¿qué tal? – dijo Wendell Bray asombrado por escuchar aquella voz

– Bien, oye estoy en New York y necesito tu ayuda para algo.

– Vale amigo me encantaría, pero estoy ocupado en este momento.

– ¿En serio, Ya comenzaste con las fiestas llenas de rubias y alcohol? – preguntó Jack y volteo a ver a Booth para que vieran que Wendell seguía siendo el mismo.

– Para nada, una "amiga" me invito a un evento esta noche, va a ser algo formal y estoy terminando de arreglarme, ya sabes: traje, loción, alquilar coche lujoso y reservación en un hotel cinco estrella… lo típico. – comentó Wendell terminando de colocarse el esmoquin.

Booth miro a Jack con cara de "¿No que seguía siendo el mismo?".

– ¿Qué clase de evento? – pregunto Jack mirando molesto a Booth y a su hermano.

– Tiene una galería en Manhattan eso no es muy de tu estilo – dijo Wendell y segundos después Sweets y Booth dejaron de reírse para escuchar con atención.

– ¡Eso es precisamente lo que quería hacer hoy! – dijo Jack casi gritando.

– ¿No fuiste tú quien dijo que La Mona Lisa la pinto Van Gogh? – dijo Wendell y Sweets no pudo evitar reírse – ¿sucede algo?

– No, es mi hermano… ¿por casualidad tu amiguita no tiene una amiga para mí? – pregunto Jack.

– ¿Quieres que te presente a su amiga? – dijo Wendell ahora comenzando a bacilar.

– Bueno… tú no te puedes quedar con las dos… – comentó Jack – pero de hecho estoy buscando a una mujer en específico.

– Déjame adivinar… saliste con una chica, te robó y ahora está aquí en New York.

– Algo por el estilo… ayúdame con esta: tu amiga es morena y alta ¿cierto?

– Si, se llama Angela.

– Y tiene una amiga que es blanca, un poco más baja que ella y tiene el cabello teñido de…

– ¡Negro!.

Los tres hombres en la habitación se quedaron callados y pensaron que ya habían encontrado a Brennan, no llevaban ni medio día ahí y la habían encontrado tan fácilmente… pero nada en la vida es tan fácil ¿cierto?

– Estaremos ahí en cuestión de minutos ¿Dónde es específicamente?

– ¿Qué? No, no puedes ir… necesitas la invitación.

– ¿invitación?

– Verás… para entrar a los eventos en la galería de Angela necesitas ser invitado, ella no deja que ningún desconocido entre a aquel lugar, para que te inviten tienen que firmar algunas cosas y llenar cierto papeleo, yo estoy invitado solo porque me enrolle con ella.

– ¿Y no puedes decirle que llevaras a unos amigos? – preguntó Jack desesperado.

– ¿Es que no eres tú solo? – preguntó Bray sorprendido.

– Pues no… tenemos que encontrar a Bre… a la amiga de Angela.

– Llamaré a Angela a ver qué puedo hacer, pero no creo que deje que vaya con más de un acompañante.

– Bien – dijo Jack y luego escucho como Wendell colgaba el teléfono.

Los tres en la sala se vieron durante unos segundos antes de comenzar a hablar.

– ¿Vas a ir tu solo? – preguntó Sweets.

– Ya lo oíste – respondió él.

– ¿Y qué pasará si Angela no acepta? – preguntó Sweets.

– Pues nada… esperamos y luego vemos cómo hacer para encontrar a su amiga.

– ¿Vamos a darle a la policía a la mejor amiga de tú amigo? – chilló Sweets.

– Oye, mato a alguien eso no es mi culpa.

– ¿Pero que hay con lo que dijo Max? – protesto Sweets comenzando a echarse para atrás.

– ¿Qué, te estas arrepintiendo? – dijo Booth.

– ¡Sí! ¿no creen que es muy egoísta esto? – dijo nuevamente el psicólogo.

– ¿Entregarle a la policía a una asesina? – preguntó Jack.

– No sabemos qué fue lo que paso, ¿y si la estamos condenando en vano?

– No somos polis, y vinimos fue a encontrarla, eso es todo – dijo Booth levantándose para caminar hasta la mesa donde había dejado una laptop - ¿trajiste traje, Sr. Fetas? – añadió.

– ¡Bromeas, es New York! – dijo Jack y corrió hasta su maleta, la abrió de par en par y sacó lo primero que había ahí: un traje perfectamente guardado en una bolsa de tintorería – por su puesto.

UN PAR DE HORAS MÁS TARDE.

Un hombre se encontraba observando aquella fotografía impresa en un gran cuadro de unos ochenta centímetros, en aquel cuadro se encontraba una joven sonriendo mientras los rayos del sol iluminaban sus cabellos y las olas se divisaban a pocos metros de ella; aquel hombre podía sentir como si estuviera en ese mismo lugar, sentía el color del sol en su rostro, el olor del mar y el sonido de las aves a lo lejos, con solo mirar a esa mujer podía sentir su felicidad, podía sentir que ese día la había pasado bastante bien.

– Junio del 2008, estábamos en Los Ángeles para esa fecha, ella corría por toda la orilla de la playa y decía que se la estaba pasando genial, me agradeció durante semanas haberla llevado a la playa y sacarla de su caja… nunca antes la había visto tan feliz – dijo una mujer morena al lado de aquel hombre.

– ¿Por qué nunca la habías visto feliz? – pregunto el hombre curioso.

– Porque el destino se encargó de que ella no fuera así – contestó la mujer.

– ¿crees en el destino? – dijo el hombre y luego volteo a ver a la mujer que la acompañaba, ella era hermosa, era…

– Por supuesto – contesto con una sonrisa que le sacó todos los pensamientos de su enredada mente.

El hombre observo unos segundos más aquella fotografía antes de comenzar a hablar.

– ¿Traicionarías una amistad y dinero solo por el bien de alguien a quien desconoces? – preguntó Jack.

– ¿La persona a la que desconoces se lo merece? – preguntó Angela sin responder a su pregunta, ella sin prestarle ahora tanta atención a su acompañante se volteó para ver al otro lado de la galería – Ahí viene – dijo para sí misma.

Jack Hodgins siguió la mirada de aquella mujer y pudo divisar a otra totalmente distinta, una mujer que parecía más una muñeca de porcelana comenzó a caminar hasta ellos, Jack estaba sin palabras, no sabía si quiera que hacer…

"– Ella vale más que cincuenta mil dólares" – pensó.

Temperance en aquel momento era un montón de emociones, entre incomodidad, nervios, inseguridad… no le gustaban este tipo de eventos y por eso casi nunca asistía, temía que alguien la reconociera pero Angela ahora era más cautelosa con la gente a la que invitaba a la galería y con los lugares públicos a los que asistían, ella divisó a su amiga a unos metros de ella así que decidió caminar hasta ella, la única persona con la que se sentía segura desde hace más de nueve años.

– Angie – dijo Brennan al llegar, observó el cuadro que tenían enfrente y quedo perpleja al ver que era ella.

– Te dije que lo mostraría – consiguió decir Angela antes de que su amiga le regañara.

– ¡Aquí estas! – dijo un hombre rubio llegando a donde estaban aquellas tres personas.

– ¡Hola Angela! – dijo Wendell saludándola con un abrazo – ¿conoces a mi amigo? – dijo y puso una mano sobre el hombre de Jack que seguía ahí sin decir nada.

– Jack Hodgins – se presentó finalmente.

– Mucho gusto, yo soy Angela Montenegro, la artista… y ella es mi amiga Joy Keenan, la de la foto – dijo Angela con una amplia sonrisa.

– Mucho gusto – saludó cordialmente Brennan o mejor dicho, Joy.

– Un placer – dijo Jack de igual manera – por cierto, luces hermosa en esa foto – comentó sin más que decir.

Los cuatro duraron un par de minutos hablando juntos pero luego Wendell recibió una llamada repentina y salió para contestar:

– Oigan… me surgió una emergencia y tengo que irme ya ¿me disculpan? – dijo Wendell al llegar nuevamente al lugar.

– Está bien – dijo Angela y le dio un beso en la mejilla despidiéndose.

– Adiós – dijeron Brennan y Angela al unísono.

– ¿Te vienes? – preguntó Wendell a Jack.

– No amigo, me gustaría quedarme un rato más ¿puedo? – dijo volteando a ver a Angela y a Bren… Joy.

– ¡Claro! – dijo Joy con una sonrisa.

– De hecho, no nos vendría mal que alguien se quedara con nosotras para cerrar, y si quieres luego te llevo a tu casa – dijo Angela emocionada.

– Me parece bien – dijo Jack quien ya se sentía muy cómodo estando con la amiga de Wendell.

Sin decir más nada Wendell se marchó y quedaron los tres solos otra vez, en la galería aún quedaban como unas diez personas, algunos meseros, los de catering y la asistente de Angela.

– Señorita Montenegro, hay un señor que está interesado en comprar unas de sus obras – dijo la asistente de Angela acercándose a ellos.

– ¿le diste los precios? – preguntó la artista.

– Así es, y los acepto – dijo la asistente.

– Bien, voy a firmar los papeles – dijo Angela y se fue dejando a Brennan sola con Jack.

– ¿Es una mujer muy ocupada verdad? – preguntó Jack.

– Demasiado – dijo Brennan al mismo tiempo que se le dibujaba una sonrisa.

– ¿Y tú qué, también eres artista? – preguntó Jack.

– No – negó Brennan.

– ¿Modelo? – trató otra vez.

– No – negó nuevamente.

– ¿Entonces? – preguntó el hombre.

– Enfermera – dijo Brennan un poco avergonzada.

– Interesante profesión – dijo Jack entre dientes pensando que su hermano tenía razón.

– Te preguntaras como es que una excelente artista termino siendo amiga de una enfermera – dijo Brennan comenzando a avergonzarse por ella misma, la verdad es que no le gustaba contar cosas así pero aquel chico le caía bien y algo en el parecía decir "soy muy amigable y buen chico, puedes decir lo que quiera" y eso era lo que hacía ella.

Ambos se quedaron en silencio unos minutos y luego Brennan lo tomo del brazo sin decir ni una sola palabra.

– A dónde vamos – dijo Jack comenzando a ponerse nervioso.

– A buscar donde sentarme ¿es que no vistes mis tacones? – dijo Brennan tratando de buscar algunas sillas.

Jack bajo su mirada hasta los pies de la mujer delante de él y los fue subiendo pausando su mirada en otra cosa.

– Sabes que ahí no están mis pies verdad – dijo Brennan y lo jaló más fuerte para que avanzara quedando junto a ella – ¡ahí hay! – comentó.

Ambos se sentaron y Brennan estaba a punto de hablar cuando Jack preguntó:

– ¿Tu amiga y Wendell están saliendo? – preguntó Jack sin rodeos.

– No, Angie me dijo algo sobre el esta tarde pero luego no me dijo más nada y dijo que era un amigo y… si ella dice que es un amigo entonces es porque de verdad no hay nada con el – dijo Brennan muy firme.

– Espero que nunca diga que soy su amigo – dijo Jack y se explicó al ver la cara que puso su acompañante – Quiero decir… que nunca me vea solo como un amigo, ella es… no lo sé, no la conozco casi nada pero sé que ella es… - trató de explicarse el hombre sin comprender que estaba pasando.

– Maravillosa – agregó Brennan – si supieras todo lo que ella hace e hizo por mí, todo lo que es capaz de hacer por alguien y lo que es ella personalmente… Angie es mi mejor amiga y se merece alguien que sea como ella.

– ¿Cómo ella? – pregunto Jack ahora más interesado.

– Quiero decir, que sea capaz de hacer lo que ella ha hecho, de dar su vida por la de alguien más, de renunciar a muchas cosas solo por ver que alguien sea feliz al menos una vez – dijo Brennan de su amiga al mismo tiempo que veía un brillo en sus ojos y una sonrisa comenzaba a hacerse arte, arte como todos las pinturas, fotografías y esculturas que habían a su alrededor.

– Puede que sea porque encontró a alguien por quien de verdad merece la pena sacrificarse – dijo Jack contemplado a Brennan ¿En serio iba a arruinar a esta mujer solo por cincuenta mil dólares? – no sería bueno arruinar la vida de alguien solo por un bien propio.

– ¿Qué? – dijo Brennan sin entender lo último que dijo.

– Nada – dijo Jack abriendo los ojos como platos y girándose para ver la entrada de la galería y ver como otras cuatro personas se despendían, dos de ellas con cuadros envueltos en papel negro y envoltura de burbujas para protegerlos.

– Parece que se vendió mucho hoy – dijo Brennan con una ligera sonrisa.

– ¿suelen vender tanto en una sola noche? – preguntó Jack ahora viendo como la asistente cargaba una escultura y uno de los mesoneros le ayudaba con un cuadro.

– Los últimos meses le ha ido bastante bien… y pensar que hace un par de años estábamos trabajando de meseras en un mugriento bar lleno de viejos que no podían ni decir alguna frase coherente, lo bueno era que se les olvida que tenían otros gastos y nos daban de propina lo que les quedaba de su pensión , cuando era fin de mes comíamos pizza, cuando ya íbamos a mitad terminábamos comiendo las sobras que quedaban del restaurante de al frente de bar – decía Brennan al mismo tiempo en el que se nublaba su mirada y la voz comenzaba a tornársele más grave.

– ¿Tiempo duros? – pregunto Jack y por un momento sintió odio hacia él, hacia el destino, hacia todo ¿Cómo es que podía estar tan mal solo por escuchar a una desconocida hablar?

– Duros pero juntas, peor era cuando no estaba con ella – dijo Brennan y suspiro dándose cuenta de que estaba conteniendo la respiración.

– Lo siento – dijo Jack a aquella mujer, lo que más quería era abrazarla a ella y a su amiga y decirles que nunca tendrían que pasar por eso otra vez, pero sabía que eso era mentir.

MINUTOS MÁS TARDE

– Nos vemos luego Señorita Montenegro – dijo una mujer junto a un hombre vestido de chofer que sostenía un par de cuadros.

– Hasta luego Señora López, salude a su esposo de mi parte – dijo la morena con una sonrisa de par en par y cerrando la puerta suavemente.

Jack y Brennan miraban a Angela a quien aún no se le quitaba la sonrisa.

– ¿Cuántos compró esta vez? – preguntó Brennan al ver la expresión de su amiga.

– El resto – dijo Angela con una voz apenas audible.

– ¿Qué? – dijeron Jack y Brennan al unísono.

– ¿Les dije que es mi fan número uno? Es lo definición perfecta de Adicta a comprar arte, cuando ya me haga rica recuérdenme meterla en algo como AAA o mejor dicho ACA.

– ¡Todos! – dijo Brennan con casi un grito cayendo en cuenta lo que eso significaba, significaba miles y miles y muchos miles de dólares.

– ¿Sabes lo del bar de la esquina? Creo que ya lo podemos cambiar al Twilight.

– ¡Nada de eso! Ya es tarde y debes ahorrar, Angie – dijo Brennan y se acercó hasta donde estaba su amiga.

– Creo que ella tiene razón, de nada sirve venderlo todo si te lo vas a gastar como si nada – dijo Jack pensando en algo – el dinero no lo es todo en la vida.

– Si supieras… – Murmuro Angela sacando una llaves de su bolsa – ahí descuento en hamburguesas después de las doce en Boo's ¿vamos?

Brennan le sonrió a su amiga y miro a Jack esperando a que el dijera que si iba a ir.

– Pues vamos – dijo Jack con una sonrisa y acompaño a aquellas dos mujeres durante unas cuantas horas más.

Jack se sentía raro, pero no la especie de raro como "estoy comiendo hamburguesas con dos mujeres desconocidas" si no "estoy comiendo hamburguesas con las mujeres a las que le voy a arruinar la vida" él trató de animarse lo más que podía y aclarar su mente de lo que debía hacer. Entonces tomó el teléfono y le marcó a alguien más.

Jack duro unos minutos hablando con aquel hombre, él era lo más cercano a lo que Jack tenía como un padre y era el hombre que mejor consejos le daba; gracias a él supo que hacer.

HORAS MÁS TARDE EN LA ENTRADA DEL HOTEL

– Gracias por acompañarnos Jack – dijo Brennan con una dulce sonrisa.

– Por nada – respondió el – oye Angela, te bajas conmigo un momento – dijo Jack para poder hablar a solas.

– ¿Necesitas que te lleve a la puerta de tu habitación? – preguntó la mujer vacilándolo.

– Ja, Ja! Quiero decirte algo – dijo convenciéndola.

Ambos bajan del auto y caminan alejándose un poco.

– Escucha… yo… se por lo que tú y tu amiga han pasado y lo siento tanto – dijo Jack y trago saliva, comenzó a entristecerse por lo que iba a tener que decir.

– No tienes ni idea, pero gracias – dijo Angela y le dio un beso en la mejilla a aquel hombre.

– ¡vine por Brennan! – dijo Jack retrocediendo un poco al mismo tiempo que tomaba la mano de Angela.

Ella lo miro sin decir nada, estaba perpleja.

– ¿Qué demonios estas diciendo? –preguntó Angela comenzando a enojarse.

– ¡Escucha! Un amigo, mi hermano y yo vinimos a buscarla para cobrar la recompensa pero ya no la quiero, yo no… ¡Yo no quiero hacerles esto! – dijo Jack y sintió como su voz salía medio extraña al final de la frase.

– Entonces no lo hagas – dijo Angela y se acercó a él – No quiero perder a nadie más – dijo ella y apretó la mano de aquel hombre.

– Yo puedo convencer a Sweets pero Booth… Booth viene por ella y no se irá hasta encontrarla… renuncio a mi parte y haré que mi hermano pierda la suya pero Booth, el jamás dejaría escapar doscientos mil.

– ¿Doscientos mil solo por huir de un imbécil? ¡Que mierda!

– ¿Huir?

– Eso fue lo que Brennan hizo, huir de su padrastro.

– ¡No! La buscan por asesinado.

– ¿Qué?

Angela soltó bruscamente a Jack y comenzó a retroceder, no era posible eso, no podían culpar a su amiga por eso, no a Brennan…

– ¡Ella no mató a nadie! – grito Angela antes de salir de ahí pero Jack la tomo y la detuvo.

– Y te creo, por eso te estoy diciendo que se escondan otra vez, porque entiendo lo que han sufrido y no quiero que sigan sufriendo – dijo Jack ganándose la confianza de Angela otra vez – escapen, cámbiense el nombre, trabajen de todo menos de lo que ya han hecho y… por favor cuídense – dijo y se acercó lo suficiente como para estar a centímetros del rostro de Angela.

– No hay lugar de este país en el que no nos hemos escondido ya – dijo Angela antes de escapársele una lagrima.

– Sí que lo hay – dijo Jack y sacó de su bolsillo una pequeña tarjeta y la dejó en las manos de la artista – Los Hamptons, llámame a ese número cuando lleguen, mandare a un chico llamado Zack Addy para que las recoja en esa dirección, pero solo pueden estar tan cerca por un tiempo antes de que Booth se entere – dijo y sin más se alejó un poco caminando en sentido contrario a donde se suponía que quedaba el hotel.

– Gracias – dijo Angela alzando la voz para que él la escuchara y secó una lágrima que acababa de salir.

– No me lo agradezcas – dice el hombre y se va con una sonrisa en su rostro.

"A la mierda esos cincuenta mil dólares, a la mierda Booth" – pensó.

….

Quise darles este regalito de hacer el capítulo 3 bastante largo, bueno no sé si terminaré cortándolo en dos partes o qué, pero ahí está.

En este cap me esforcé más por Jack y Angela y pues casi todo está enfocado en Jack y que ya no quiere los 50 mil. La verdad es que este fanfict está quedando más triste de lo que pensé, sobre todo por lo que esas mujeres tuvieron que pasar en el pasado, la semana pasada verán una partecita de aquel oscuro pasado y así iré subiéndolo para que sepan lo que pasó en esos nueve años…

Nos leemos en el siguiente Capítulo

Twitter: Andreacmr_