¡Segundo capítulo! Lily, no sé si lees esto, pero espero que te guste :)


MENTE VERSUS CORAZÓN


Capítulo 2: Negación

Remus se frotó las manos en un intento por entrar en calor. A pesar de que aquel abril era el más cálido de los últimos años, las noches seguían siendo igual de frías que en invierno.

Tonks se pegó a él, tiritando. Remus, incómodo por la calidez de su brazo, se apartó ligeramente de ella. La muchacha lo miró con extrañeza, pero no se quejó.

Era mejor así, pensó Remus. Maldita la hora en la que se había ofrecido para aquella misión. Si por él fuera, el maldito Jugson podía pudrirse dentro de su maldita casa.

Aunque, en realidad, era perfectamente comprensible; ellos dos eran los más idóneos para vigilar la casa de un mortífago altamente peligroso: Shacklebolt estaba ocupado en el Ministerio, los Weasley tenían una familia de la que preocuparse y Sirius estaba recluido en su casa. Nymphadora era la única lo suficientemente loca para ofrecerse voluntaria y él… Él no tenía a nadie —excepto Sirius— que lo echara de menos en caso de que las cosas salieran mal.

Los pensamientos de Tonks habían tomado el mismo rumbo, porque dijo:

—¡Buff, si lo llego a saber me quedo callada!

Remus sonrió; Tonks no podría estarse callada ni aunque su vida dependiera de ello.

Por eso —y por más cosas— se había enamorado de ella.

Aunque no quisiera ni pensar en ello por todo el dolor que le traía, no podía negarlo: se había enamorado completa y perdidamente de Nymphadora Tonks.

—Qué desconsiderado por parte de nuestro amigo —Remus señaló con la cabeza la casa que estaban vigilando— no salir para que lo detengamos.

Tonks se rio. Remus la miró de reojo y no pudo evitar que una sonrisa melancólica se extendiera por su rostro. Si tan solo supiera el efecto que tenía en él el mero hecho de oírla reír…

Era una tortura que lo mataba por dentro, pero al mismo tiempo mantenía viva su alma.

—Quién fuera Jugson… —suspiró Tonks—. Seguro que ahora mismo está delante de la chimenea, riéndose de nosotros por estar aquí fuera, medio congelados. —La muchacha intentó calentarse las manos, cubiertas con unos guantes rosa chillón, con el vaho de su boca—. En estos momentos envidio a Sirius —dijo.

Remus torció el gesto instintivamente. Algo se retorcía dentro de él cada vez que Tonks pronunciaba el nombre de su amigo.

—Sí, a veces Sirius tiene mucho por lo que ser envidiado. —Supo en el momento en el que esas palabras salieron de su boca que no estaba siendo justo. Sirius había pasado doce años en Azkaban y ahora estaba encerrado en su propia casa, escondido por si lo descubrían y lo llevaban de vuelta a aquella prisión de pesadilla. A modo de disculpa, añadió—: Aunque creo que después de su encierro, él también preferiría cambiarnos el sitio.

Tonks cambió el peso de un pie a otro.

—Pero sigue siendo guapo. A pesar de Azkaban, ya sabes —comentó como si nada.

Aquellas palabras fueron como un puñal en el corazón de Remus. Durante demasiado tiempo, había tenido que soportar ver cómo Sirius desplegaba sus encantos con la mujer de la que él estaba enamorado. Y lo peor de todo: tenía que contemplar sin decir palabra cómo Tonks respondía a sus galanterías Grimmauld Place se llenaba a menudo con la risa de la muchacha y a Remus le dolía en el alma saber que él no era el causante.

Qué ironías: nunca se había enamorado de nadie, y ahora que su corazón se había atrevido a intentar lo imposible, la mujer a la que amaba se enamoraba de la otra persona a la que Remus más quería en el mundo: Sirius.

Y a pesar de todo, sabía que no tenía derecho a reclamar nada. Él no era nadie. Solo era un tipo viejo y estúpido que se había aventurado a creer que el amor podía ser para una bestia como él.

—Entiendo que te atraiga. Sirius siempre se llevaba a todas las mujeres —respondió con amargura mal disimulada.

Tonks se plantó delante de él, a riesgo de poner en peligro la misión, y lo miró a los ojos, profundamente ofendida.

—Sabes perfectamente que no es él quien me gusta, Remus. —Pronunció su nombre con tal intensidad que el hombre se quedó mirándola, temiendo haber comprendido el significado de sus palabras—. Lo aceptarías si no estuvieras tan ocupado sintiendo pena por ti mismo.

El corazón de Remus dio un brinco. ¿Era aquello posible? ¿Podía ser que sus sentimientos fueran correspondidos?

Desechó la idea casi al instante. No importaba lo que Tonks sintiera o creyera sentir por él: lo suyo era imposible. La sola idea de una relación entre ellos no podía prosperar; Remus no soportaría ver el arrepentimiento en sus ojos al mirarlo y comprender que había unido su vida a la de un animal. ¿Y si un día la atacaba? ¿Y si le hacía daño?

No, no podía dejarse llevar por la dulce fantasía de que podían estar juntos.

—No sé a qué te refieres —aseguró. Ninguna mentira había sabido nunca tan amarga.

Tonks lo miró con pena antes de volver a su posición habitual.

—Ya —dijo.

No volvió a sacar el tema.

La noche trascurrió en silencio. Remus y Tonks se marcharon de allí con un humor pésimo, pero no porque Jugson no hubiera dado señales de vida, sino por la tormenta de pensamientos que azotaba la mente de cada uno.

Tonks estaba convencida de que Remus estaba enamorado de ella, pero no lograba entender por qué no lo aceptaba. Le daba igual que fuera un licántropo, lo amaba de todas formas.

Remus, en cambio, estaba convencido de que si se alejaba lo suficiente, ella acabaría por encontrar a alguien más digno y se olvidaría de él. A menudo sucedía que las jóvenes de su edad se fijaban en hombres más maduros. Estaba seguro de que la chica solo estaba confundida: no podía sentir interés alguno por él. Además, había visto perfectamente cómo interactuaban Sirius y ella: entre ellos había una química que Remus no tenía con ella.

Había reflexionado mucho durante las horas que pasaron sin hablar; tal vez lo mejor era irse durante una temporada. Seguro que, para cuando volviera, Tonks ya se reía del solo pensamiento de haber sentido interés por él.

Sí, se apartaría de su camino. Por el bien de ella y por el de su propia cordura.

¿Qué daño podía hacer eso, si Remus ya estaba viviendo un infierno?


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