Big in Japan

En las casas de té el placer va más allá de lo sensual.

Todo el mundo lo sabe, claro está; casi no se necesita explicar la importantísima función de las geishas en lugares como ese. Ellas cumplían el rol primigenio del hombre de sentirse el centro de atención incluso cuando realmente lo eran en el mundo más allá de sus puertas.

Hay algo fascinante en el hecho de ser adorado por los ojos de una mujer y quizás fuera eso lo que las hacía tan apreciadas.

Pero Hikari no era una geisha, de hecho, no podría estar más lejos de ello.

Las geishas no vendían su cuerpo a los hombres, eran diosas impolutas y de hermosas facciones marfileñas. Sin embargo, ella se encontraba sentada en una casa de té, vestida como geisha, maquillada como una y comportándose con la misma gracia y soltura.

No le molestaba; ni vender su cuerpo ni aparentar ser alguien que en realidad no era. No sentía vergüenza alguna en lo que hacía o al menos nunca experimentó el más mínimo remordimiento. Podría decirse que lo disfrutaba, jugar el juego de la geisha respetable y muda, sirviendo el té con sus pequeñas y gráciles manos pintadas frente a uno de los hombres más influyentes de Japón, Uchiha Madara.

Y no iba a mentir, Hikari sentía una adrenalina en su pecho tan grande que apenas podía concentrarse en respetar su papel. Era probable que él no la recordara y que incluso frente a frente no pudiera reconocerla bajo tanto maquillaje y adornos; pero ella si lo hacía.

Lo conoció en la calle, le había preguntado qué hora era y sólo le apuntó al gran reloj de la plaza central. Con esa indiferencia que los hombres importantes como él solían darle a gente ordinaria como ella.

Estaba bien, Hikari no esperaba recibir un trato diferente. Sólo una mirada al Uchiha le bastó para cerciorarse de que era la clase de hombres que jugaban con fuego justamente porque adoraban quemarse con él. Una ambición brillaba en sus ojos casi tan intensamente como en los de ella; esa ambición de algo mucho más fuerte que el poder o el dinero.

¿Piensas que un encuentro casual en la calle llevaría a esta falsa geisha a interpretar el papel de su vida sólo para estar a solas con Uchiha Madara? Un tanto estúpido, si. Pero Hikari no era la clase de mujeres que dejaran pasar oportunidades como las que se le presentaron poco después de su primer encuentro.

Incluso en ese momento, sabía que no se había equivocado. Madara estaba frente a ella, con una sonrisa, el té en su mano y una promesa vaga en sus ojos. Ninguna de las otras geishas presentes en la habitación habían captado su atención y eso era una estúpida ironía. De todas allí, el Uchiha se había interesado en ella, en su fuego, en la mentira que ocultaba bajo su kimono.

Pero ella no era una geisha, nada más lejos de eso.