REGULUS

«Mi estrella se ha apagado. Y ahí quedo conmigo, un corazón dormido. Dejando de latir, intenta seguir y se apaga . Vete tranquila sigue, busca otro mundo vive.
Será mejor así, se queda conmigo y me calla»

Verso Acabado. Punto. - Maldita Nerea


Regulus sabía que este era el punto de no retorno. Tenía que dejar a un lado ese mundo de oscuridad y tortura. Tenía que intentar acabar con quien lo había comenzado todo. Por desgracia para él, había sido consciente de ese terror demasiado tarde.

Por desgracia para él, la había conocido demasiado tarde. Si tan solo le hubiera intentado abrir su solitario corazón antes, quizás todavía podría redimirse. Podría volver a abrazar a su hermano mayor. Podría pasar el resto de su vida viviendo junto a Dorcas dándole todos los besos que se habían quedado con él dentro de ese corazón dormido que la castaña había conseguido despertar.

No entendía como podía haber llegado a ser tan ciego, a estar tan centrado en sí mismo y en esa estúpida ideología. Que únicamente enfrentaba a personas con personas. Ahora, a escasos momentos de comenzar esa misión suicida, se daba cuenta del hoyo tan profundo en el que había caído. Ahora, a escasos momentos de convertirse en un recuerdo, Regulus se da cuenta de que la sangre no importa.

Lo verdaderamente importante es que esa sangre consiga que el corazón lata fuertemente dentro de tu pecho. Que lata de pasión, que se rompa de dolor, que se cure cuando permitas que otra persona entre a tu propio mundo para paliar el daño, que se vuelva a romper porque no puede seguir si esa persona especial no está a tu lado. Lo importante es tener el corazón abierto a lo que venga, vivir por si no llegas a ver el siguiente amanecer.

Regulus sonríe recitando las palabras de Dorcas en su mente. Regulus espera que al menos Dorcas le recuerde. Espera que la chica, en las noches en las que no pueda dormir, mire a través de su ventana y busque la estrella más brillante de la constelación Leo.

La gacela cegada por el león solía decir ella. Y Regulus recuerda que siempre decía que se confundía de hermano Black. Sonríe estúpidamente, como solo los hombres enamorados lo hacen.

Regulus derrama la sangre necesaria en ese macabro rito que el que era su Señor ha organizado. Nota a su lado a un nervioso Kreacher. Sabe que el pequeño elfo doméstico va a echarle de menos.

Todo lo que le quedaba por decir se ha quedado guardado dentro de la carta que está dentro del guardapelo falso. Regulus tiene la esperanza de que alguien de buen corazón sea quien lo encuentre.

Regulus se ha tomado todo ese oscuro líquido. Siente como poco a poco su propia estrella se apaga, siente hielo corriendo por sus venas, siente fuego en su corazón que poco a poco se está apagando.

Regulus siente como su cuerpo cae profundamente en esa terrorífica masa de cuerpos que alguna vez tuvieron vida. A lo lejos ve como Kreacher se aleja en la pequeña barca.

Regulus, antes de que su corazón deje de latir para siempre, piensa en todos los besos que le han faltado por darle a Dorcas pero espera que la chica sea capaz de continuar viviendo a pesar de no estar uno al lado del otro. Regulus sabe que ella se encargará de buscar ese mundo mejor del que han hablado las veces que han compartido cama. Sabe que ella va a conseguir vivir por los dos.