DORCAS

«Am I only dreaming? Or is this burning an eternal flame?»

Eternal flame – The Bangles


Dorcas volvió a despertarse con la cara cubierta de lágrimas. Había vuelto a tener una de esas terribles pesadillas que la atormentaban desde hacía casi dos años. Pesadillas que incluso cuando despertaba, sentía que seguían con ella intentando demoler la poca fuerza mental que todavía le quedaba.

Casi dos años de heridas, de batallas perdidas, de amigos a los que había tenido que decir adiós para siempre.

Casi dos años, el mismo tiempo que hacía que le había tenido que decir adiós a Regulus, el mortífago redimido que había conseguido calmar el dolor de su alma cada vez más rota por esa guerra sin sentido. El chico que había conseguido que su corazón latiera por ese sentimiento que tanto respeto le imponía.

Casi dos años, y al pensar en aquel chico de ojos grises, todavía sentía que su corazón saltaba dentro de su pecho. Dorcas quería creer que seguía vivo; Regulus era un chico astuto, estaría escondido por algún lugar del mundo esperando a que la guerra del mundo mágico acabase.

Dorcas quería creer que, después de haberse pasado toda la vida sola para evitar dañar a la gente, Regulus estaría esperándola como se habían prometido.

Dorcas sonrió amargamente incorporándose en su cama. Que inocentes habían sido ambos jurándose amor eterno bajo las estrellas. Estrellas que ella aún miraba intentando buscar aquella que tenía el mismo nombre que él.

Dorcas tenía la esperanza de que, si la estrella seguía brillando tan intensamente como lo hacía, el amor entre ambos seguía igual de fuerte a pesar del tiempo que había pasado.

Dorcas fue hasta su tocador. Allí estaba pendiendo de un precario gancho lo que Regulus había ido a buscar. Kreacher, a pesar de su reticencia a confiar en la bruja, se lo había dado.

Sólo que ella aún no había tenido el valor necesario para mostrar ese artilugio al resto de la Orden. Aquel bonito camafeo con la la inicial de Slytherin tenía algo oscuro en su interior que conseguía que Dorcas se sintiera tremendamente incómoda siempre que lo miraba. Ni siquiera se había atrevido a tocarlo más que un par de veces.

Después de cepillarse su larga melena castaña, tomó el camafeo para esconderlo debajo de la cama como siempre hacía. Ella tenía la certeza de que ese colgante era lo que provocaba esas pesadillas tan intensas pero no podía deshacerse de ello, no quería perder el motivo por el que Regulus probablemente había perdido su vida.

Si algo llegara a ocurrirle a ella, Kreacher, el elfo doméstico de la casa Black sabía donde encontrarlo.

Dorcas comenzó a hacer su cama. A pesar de las circunstancias, le gustaba engañarse a sí misma con una rutina similar a la que una mujer joven normal tendría. Pero ella no, ella tenía que ir a hacer guardia en menos de dos horas a la casa de algún mago que había osado desafiar al Lord. Suspiró antes de terminar por acomodar la almohada en la cabecera.

Dorcas escuchó algo escaleras abajo. Era un sonido muy leve, casi como un susurro, un siseo. Era un sonido que había escuchado antes en sus pesadillas. ¿Seguiría dentro del mundo de los sueños?

Dorcas tomó su varita apuntando hacia la puerta. El siseo cada vez se acercaba más. La castaña cerró fuertemente los ojos, esto solamente era una pesadilla más.

El siseo llegó justo a su puerta parando abruptamente. Antes de que pudiera prepararse, la puerta saltó por los aires.

Ahí estaba él. El causante de todo. Dorcas tuvo poco tiempo para pensar.

—Avada Kedavra.

La maldición golpeó el cuerpo de la chica suavemente, una caricia mortalmente suave. Una caricia mortífera que le otorgaba esa paz que Dorcas tanto anhelaba. Quizás, y tan sólo quizás, ahora volvería a ver a Regulus.