REMUS

«El último día que fuimos amigos pero al revés, comprobamos como no puede valer con la antorcha de un traidor para incendiar Troya, porque Troya decidió que no iba a arder.»

El último día - Maldita Nerea


Remus se sentía el ser más miserable de ambos mundos, tanto el mágico como el muggle. Ahora estaba completamente solo, aquellos a los que consideraba sus mejores amigos se habían ido para siempre. Todos. Nuevamente solo, sin esperanza.

La soledad, no aquella que hace que te enriquezcas creciendo como persona sino la que poco a poco te hunde en la más oscura de las nieblas, volvía a ser su única compañera.

Remus suspiró amargamente. Después de todo lo que se había esforzado para encajar en esa sociedad que le tachaba de monstruo y le daba la espalda repudiándolo, aquellos que había visto la luz dentro de él se habían ido. Para siempre.

Remus se distrajo brevemente viendo como dos gotas descendían por el cristal de la ventana de ese autobus muggle que olía a sudor rancio mezclado con lluvia compitiendo en una carrera de trágico final.

Ahora, después de lo ocurrido, lo veía todo distinto. No tenía en quien confiar, incluso dentro de la misma Orden del Fénix había traidores. Una lágrima ardiente de rabia se deslizó por su mejilla. En su mente visualizó a ese atractivo chico ya convertido en hombre con nombre de estrella que conseguía todo lo que se proponía.

Sirius Black. Ese chico de sonrisa traviesa, ojos grises y melena indómita. El león dentro del nido de serpientes. El heredero Black que rompió el molde dejando todo el poder y status de su apellido por perseguir la causa que él creía más justa. Y sobre todas esas cosas, su mejor amigo.

Sirius Black, el mismo chico que había convencido a sus otros dos únicos amigos de convertirse en animagos para poder acompañarle en esas noches en las que se sentía maldito y perdía todo tipo de conciencia humana.

Sirius Black, el asesino de su inocente amigo Peter Pettigrew, incapaz de romper un plato.

Sirius Black, el traidor que reveló a Lord Voldemort el escondite de James y Lily Potter.

Sirius Black, el amigo en que, a pesar de dudar de su inocencia, seguía confíando.

Remus apoyó su cabeza contra el cristal. El chico de ojos ambarinos simplemente no podía creérselo, Sirius no podría haber hecho todo eso. Por muy cínico y pretencioso que Sirius fuera, por mucho que le gustara jugar con los sentimientos de los demás, esa maldad no existía dentro de él.

Remus sabía lo que el destino le deparaba al que había sido su apoyo cuando sus transformaciones eran tan dolorosas que lloraba desconsoladamente. Llegaba a llorar tanto que los ojos le ardían, como llevaba ocurriendo desde hacía menos de una semana.

Otro suspiro golpeó el cristal. Remus lo daba todo por perdido a pesar de que el Lord se hubiera esfumado, sin embargo, mantenía la esperanza de que Sirius fuera liberado.

Una amistad tan profunda como la de los Merodeadores no podía extinguirse como si de una simple cerilla se tratase. Hizo falta todo un ejército para que Troya ardiera.