Ayer mientras estaba escribiendo esto tuve una idea, admito que no hubiera sido posible sin los escritores del jueves. Es una teoría que trataré de desarrollar a lo largo de la historia, y si no puedo, la publicaré para que quien la lea saque sus conclusiones.
Como sea, les agradezco sus comentarios a:
-metitus
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-Diana.
Y follow a:
-Minami Tomoeda
-Inverse L. Reena
Es hermoso ver como llegan las notificaciones a mi celular :3
Y si por alguna "Extraña" razón comienza a aparecer Ichiruki, es culpa de sus sensuales historias XD
Bleach no me pertenece.
Pronto la noche se hizo presente, y yo estaba ligeramente perdido. No creí que el Rungokai sería tan diferente.
Vagando en medio de un prado, buscaba un árbol para descansar, era mi ultima opción por el momento, además ya había aprendido a las malas que el suelo nunca es seguro.
—¡Al fin!— dije emocionado al encontrar mi objetivo, un lindo y sano árbol.
Corrí listo para dar un salto y descansar en las ramas, pero un brillo me hizo detenerme, dejando una katana a escasos milímetros de mi cuello.
¡¿Que rayos hacia Urahara ahí?!
—¿Como has llegado aquí?— cuestiono serio.
—Me perdí, yo solo voy a dormir en las ramas de ese abedul— dije con cierto temor.
Mentiría si digo que esta es la primera vez que me pasa.
—Bien, entonces ¡Bienvenido a mi base!— dijo Kisuke con una sonrisa para comenzar a caminar.
Pues su forma de ser y vestir no es distinta, aunque su cabello esta más largo llegando a cubrir sus ojos.
Seguirlo parecía mi única opción si deseaba dormir en el árbol, y hacer una pregunta sería estúpida. Todos sabemos que es un genio y en algún lado tiene la entrada o algo de ese estilo.
Mientras avanzaba me extrañaba que no hablara, ningún comentario sobre las luciérnagas que aparecían una a una. Tampoco una pregunta sobre mi, quizá habló con Kyoraku o tenia acceso a las cámaras del Goitei. Esperaba que fuese la primera.
Su energía mantenía cierta semejanza con el rubio que conocí, pero las marcas de su rostro parecían ser una cicatriz profunda. Comencé a acercarme, quería tocarlas.
—Si fuera tu no lo haría.
Retrocedí ante su voz —Lo siento.
En un abrir y cerrar de ojos desapareció a unos pasos del condenado árbol.
¿Dude en avanzar? Claro que si, podía ser una trampa descarada y yo sería un tonto si me atrapaba. Tratando de no ser un paranoico seguí.
—Esto es nuevo— murmuré al ver el interior casi igual al de su tienda.
Tecnología que oculta la presencia de objetos y su energía. Esto sería un problema si me enfrentaba a él en unos días.
—¿Que te parece?— preguntó con calma.
Fue ahí con la luz de las lamparas que pude ver sus ojos, ese color opaco solo podía asociarlo a la ceguera.
¿Quien pudo hacerle eso? Simplemente no se me ocurría alguien conocido.
—Urahara-san ¿Necesito presentarme?
El antiguo capitán negó —He visto suficiente para saber que eres un enemigo.
Benihime fue desenfundada, y un escalofrío recorrió mi espalda. Sin agregar algo se abalanzó dispuesto a matarme.
—Debí quedarme en el Goitei— dije molesto antes de comenzar a esquivar su espada.
La técnica era envidiable, fue el primero de aquí en lograr cortar un poco mis manos. Bueno, también era algo idiota de mi parte tratar de agarrar la hoja metálica en el aire como película de acción.
Pese a mis heridas sonreí divertido para seguir huyendo de sus golpes, vería cuanto tiempo aguantaba.
—¡Maldito loco!— grite ante el primer florero. Fue inocente de mi parte creer que sería lo único que me arrojaría.
No tuve tiempo de reaccionar antes de ver como una silla se acercaba a toda velocidad.
—¡¿Que es eso?! Madera ni de chiste— me queje molesto, pero el tendero desapareció de mi vista —No jodas.
—Te tengo— dijo bastante tétrico.
—¡Kyaaa!
El muy maldito además de jugar sucio y casi romperme la cabeza, aparece a mi lado.
Ni cinco, diez o veinte minutos fueron, claro que no. Urahara Kisuke resistió más de dos horas y media tratando de atinarle a su oponente, ya no importaba si era con su katana, kido, un puño, mueble o florero. Nada se salvó.
—Me rindo— dijo antes de sentarse en el suelo. Rayos, ahora tengo que ducharme antes de lo esperado; pero admito que esta en buena condición.
—Matar a alguien en su hogar no es de mi estilo— respondí.
Sonreí calmado para extenderle mi mano, hasta el momento no tenia un buen motivo para asesinar a alguien de ahí.
Parecía sorprendido de mis palabras, dudoso aceptó el agarre.
—¿Puedo tomar una ducha y ropa? Te pagare por todo.
Me miraba confundido. Tal vez no debí actuar tan amable con él después que me vio someter a los trece escuadrones. Aunque faltaba el décimo tercer escuadrón, no vi a nadie en su representación.
Nos quedamos en un silencio de "No se que decir" o por lo menos yo estaba así.
—Kisuke, he traído la cena— dijo Shunsui al entrar con algunas bolsas—Vaya, no creí encontrarme con Miyamoto-kun de nuevo.
—¡Le ayudo...— ofrecí de forma inconsciente, y luego me paralice.
Definitivamente cuando regrese pasaré más tiempo con todos, y descansaré unos meses para que esto no vuelva a ocurrir.
Una de las bolsas fue puesta en mis manos lastimadas, aguantando un gruñido me mantuve en silencio.
—Calma Kisuke, es buena persona— dijo para acomodar una mesa y colocar la bolsa sobre esta.
Lentamente retrocedí para imitarlo, un paso en falso y de nuevo una silla trataría de asesinarme.
Urahara no parecía dispuesto a creer en sus palabras. —Lo mismo ocurrió con Aizen.
—No lo negaré, pero él es distinto, su mirada esta llena de vida.
—Recuerda que yo perdí ese regalo hace años— dijo cortante para alejarse a otra habitación.
Sentía un poco de rencor en sus palabras; mi estomago se revolvió por un instante, aun existían sentimientos sin sanar en muchos. De seguir así los hollow que tuvieran contacto con ellos aumentarían su poder y después se atreverían a cazar shinigamis para obtener más energía negativa.
Una sonrisa triste apareció en Kyoraku. Parecía que ya estaba acostumbrado a esa reacción.
Por mi parte, aun no entendía del todo como sucedió la guerra, debía preguntar con cuidado.
—Comandante, ¿Fue hace diez años que sucedió?
Solo asintió, para acercarse y despeinar mi cabello como si fuera un niño. —Te prepararé la cena. Es lo mínimo que puedo hacer después de mostrarme a Ukitake tan feliz.
Me quede solo en la desordenada sala. Seguramente la ducha esperaría un poco, lentamente fui ordenando la habitación en un intento de apaciguar la situación.
Ya tenia en claro que esta vez no sería solo entrenar, debía reparar las heridas que pudiese y brindar un poco de paz.
No era usual, pero como invitado era lo mínimo que podía hacer como pago de las peleas.
—Miyamoto-kun ¿Puedo saber quien eres en tu mundo?— preguntó Kyoraku mientras cenábamos.
Urahara no tenia intención de aparecer, iba a retirarme pero el comandante se ofreció a darme una comida, ropa y alojamiento. Todo por mostrar algo que yo atesoraba.
—Soy el décimo cuarto capitán, si un oponente aparece tengo dos opciones. Ser el primero o el ultimo al enfrentarlo— dije antes de ver el arroz y salmón a medio comer de mi plato —En pocas palabras un equivalente a Ichigo, usualmente elijo ser el primero, no me gustan las peleas a muerte.
Se muy bien todo lo que poseo y hablar de ello con mis zampakuto es usualmente agradable pero, sentir la tristeza inundar el área me hace creer que estoy en una prisión.
—¿Y que haces con tus enemigos?
Veo la curiosidad en sus ojos, no se que espera el castaño de mi. Y quizá nunca lo sepa con certeza.
—Trato de entender sus motivos y si puedo los hago cambiar de opinión— respondí con una leve sonrisa —Mi familia me lo enseñó, no importa cuanto tarde... Aunque la mayor parte del tiempo suele ser extraño como desisten de su objetivo, pero es grato ver como sanan esas heridas.
Kyoraku suspiró antes de beber un poco de té —El mundo que proteges debe ser un sueño para nosotros, lastima que no todos pueden tener un final perfecto.
Francamente, no me gusta ese término. Tuve que recorrer mucho para lograr llegar hasta donde estoy, mi poder y habilidades me costaron sangre, lágrimas y mucho esfuerzo.
—¿Porque todos buscan eso? Nunca dije que fuese perfecto, solo que estaba en paz.
—Lo siento, pero yo creo que si lo es— respondió con una leve sonrisa, aquella mueca la conozco muy bien y era de alguien quien estaba herido.
—Puedes ser feliz de nuevo, te lo demostraré. Aunque primero debo arreglar el malentendido con Urahara— dije antes de hacer aparecer una katana y empuñarla.
Se bien que puede malinterpretarlo, pero quiero mostrarle un poco de lo que conseguí.
Él me siguió hasta la puerta que nos separaba del antiguo capitán. Deje de lado los modales y abrí de un corte la puerta. Con ayuda del shumpo no permití a mi objetivo reaccionar.
—Calma— susurré mientras cubría sus ojos y desvanecía mi zampakuto.
Un silencio bastante extraño apareció, ninguno de los dos hombres se movía, era raro e incomodo.
—¿Ya puedo quitarme?
¿En que estaba? ¡Ah, claro!
—Sí, solo tenia que tocar tus ojos— dije al soltarlo.
El rubio me miró asombrado, y una sonrisa de felicidad apareció en su rostro.
—¡Tengo que ver las luciérnagas!— exclamó para salir corriendo.
—¿Que hiciste?— preguntó el comandante extrañado.
Seguramente era por el hecho de haber visto solo una de mis zampakuto en acción.
—No tengo poderes de curación, si eso piensas. Existen más usos para las ilusiones, no es difícil si entiendes como funciona— respondí dispuesto a seguir a Urahara —Tengo más de una katana en mi poder, todas tienen habilidades distintas.
Al salir, las luciérnagas nos recibieron junto a un cielo sin luna, el rubio seguía sin perder su sonrisa mientras admiraba a los pequeños insectos. Ahora él parecía un niño en su cumpleaños.
Debía darle una explicación antes de que la imaginación hiciera aparición —No pienses de más sobre mí, las ilusiones solo terminan el circuito que esta roto, reemplazando temporalmente la parte afectada.
—¿Cuanto durara?— preguntó sin mirarme, quizá se estaba preparando para no celebrar tan pronto.
Sin embargo, no por nada tenia años viajando entre mundos.
—Puede ser permanente, si recreas el factor curativo hollow y te lo inyectas en la zona afectada.
Unos brazos me rodearon en un abrazo fuerte —¡Eres un genio Miyamoto-kun!— exclamó el comandante antes de cargarme y hacerme dar una vuelta con él.
—Bajalo Shunsui— dijo Urahara al verme un poco mareado. El comandante aceptó antes de reír.
Era agradable el ambiente que pude crear con algo tan simple, pero necesitaba saciar toda mi curiosidad.
Quería conocer hasta el mínimo detalle en la medida de lo posible, y lo primero que en pude pensar era que no tenia conocimiento alguno del paradero de Yoruichi, solo sabía que no estaba muerta. Aunque tal vez no mantenían la misma relación que yo conocía.
Luego de un largo agradecimiento del rubio, finalmente pude tocar el agua y jabón. Era tan agradable después de sudar bastante. Pero no es necesario describirlo, ni que fuera a derretirme a la mitad del baño.
Al salir de la ducha fui recibido por Urahara —Te llevaré a tu habitación, es lo mínimo que puedo hacer— dijo.
Sonreí al verlo mejor, quien diría que una década sería tanto tiempo para un shinigami.
—Gracias, por cierto ¿Puedo saber la ubicación de Yoruichi-san? Me extraña no verla a su lado— pregunté con cautela. No reacciono sorprendido ¿Acaso comenzaba con sus variantes?
—Es parte de la nueva división cero, yo rechace la oferta. No podía ser de ayuda estando ciego— dijo mientras caminábamos por los pasillos.
Era curiosa las pequeñas similitudes que tenían los universos, solo esperaba que no me dieran mayores problemas o todo podría terminar mal. Fue cuestión de minutos para encontramos con el comandante quien esperaba paciente afuera de mi habitación con una manta. —Hará frío esta noche, deberías usarla— comentó al entregarmela —Que descanses.
Me despedí de ambos con una reverencia antes que empezara de nuevo a confundirlos con los de mi mundo. Entre sin vacilar cuando se marcharon; la recamara era sencilla, solo había una mesita pequeña y un futón doblado; justo lo que necesitaba.
Desperté al alba, ahora tenia que elegir hacia donde me dirigiría.
—¡Miyamoto-kun!— grito Kyoraku a la distancia.
Salí apresurado en su dirección, los pasillos parecían alargarse ante mi preocupación. Materialice una de mis espada al poder percibir sus energías.
—¡¿Que sucede?!— dije al aparecer. Mi corazón latía con fuerza, necesitaba ver a la amenaza.
Y esta fue un pastel...
—Mira lo que hizo Kisuke para ti— comentó el comandante antes de guiarme a la mesa.
—Deben bromear— murmuré antes de suspirar —¡Creí que estaban en problemas!— rugí molesto.
El rubio se acercó con un cuchillo en su mano —Y lo estamos— respondió serio. Un escalofrió recorrió mi cuerpo.
—No sabíamos si te gustaría el sabor— agregó Kyoraku. Mientras cortaba el pastel y me entregaba una rebanada.
Juro que si no fuese por el maldito parecido a mis amigos, les daría la reclamada de su vida a esos dos.
Pero aprovecharía este desayuno tan agradable.
—Quiero saber una cosa— dije serio —¿Quien derroto a Yhwach?
No era un oponente sencillo cuando obtenía los poderes durante nueve días. Mi pregunta los hizo sobresaltar, compartieron una mirada entre ellos, dudando en responder.
—Ichigo-kun dio el golpe final, pero fue necesaria la intervención de muchas personas— respondió Kyoraku.
Guarde silencio ante sus palabras, mi intuición me susurraba que existía algo que no me contaban más allá de esa pelea. Hasta cierto punto era molesto pero, ya encontraría la manera de hacer hablar a alguien.
—Ya veo, entonces creo que esta batalla será buena.
Ambos se creyeron mis palabras y sonrisa, aun distaban mucho de confiar plenamente en mi. Continuaron charlando sobre las luciérnagas y mi manera tan extravagante de hacer amigos.
—Regreso en la noche— dije al terminar la rebanada y el té.
—Te esperaremos Miyamoto-kun— respondió Urahara al verme salir. Solo esperaba que no me siguieran.
Mi próxima parada sería el Mundo Humano, a buscar a los últimos dos Quincy que deberían existir.
Ya es un poco más largo que el anterior, espero que les haya gustado, dejen un comentario mencionando a que personaje les gustaría ver y saber que ha sido de el en diez años.
