Disclaimer: Ninguno de los personajes utilizados para esta historia me pertenecen. Naruto es propiedad de Masashi Kishimoto.

Este fict es participa en la actividad Amigo Secreto dentro del foro de la Aldea Oculta entre las Hojas.


Escrito especialmente para AlenDarkStar, mi amigo secreto de este año.

Advertencias: Mezcla de Universo Alterno Ninja y What If basado en The Last / Muy Posible OoC / Pairing Crack.


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Eclipse Solar

By Yusha

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Capítulo 1. El Sol, la Tierra y la Luna

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Cuando era pequeña solía mirar hacia la Luna todas las noches a través de mi ventana.

Mi madre me había contado una vez una historia que decía que ahí vivía un joven príncipe a quien el Rey del Universo le había ordenado vigilar y proteger los sueños de la gente en la Tierra.

Durante años, el príncipe había cumplido con su cometido cuidando de forma diligente los sueños que noche a noche vagaban por el cielo y en ocasiones subían hasta el firmamento buscando la bendición de las estrellas para que estos pudieran llevarse a cabo.

A veces, cuando el sueño era verdaderamente posible y su dueño poseía la verdadera voluntad de llevarlo a cabo, el joven príncipe lo impulsaba más alto para que las estrellas le favorecieran; y a veces, cuando el sueño era demasiado vago o imposible de realizar, el príncipe de igual manera utilizaba su influencia sobre el soñador para animarle a que encontrara esa fuerza que necesitaba para ver sus sueños hacerse realidad, aunque nunca presentándose ante nadie puesto que el Rey del Universo le tenía prohibido alejarse de su hogar en la Luna.

Una noche después de varios milenios, a manos del príncipe llegaron los sueños de una princesa cuyo deseo era el de convertirse en la sacerdotisa dedicada al culto del Sol. Su fervor y belleza era tal que estremeció al joven príncipe y en el acto se enamoró.

Durante años y en el silencio que su tarea le exigía, el joven se mantuvo al pendiente de sus sueños observándola crecer y convertirse en adulta, pensado que quizás con el tiempo sus sueños cambiarían. Sin embargo conforme los años transcurrían, ella no hacía más que dedicar su vida a adorar a un ser que amaba pero que jamás le correspondería como quizás podría hacerlo él.

Por supuesto, no es que el príncipe creyera que el astro Sol era un desagradecido con ella, porque en realidad éste agradecía todo el cariño de la joven que con el tiempo se convirtió en su sacerdotisa allá en el lejano templo de la Tierra, pero lo que el príncipe no le perdonaba era que nunca hiciera nada que fuese especial para la princesa aparte de alumbrar sus días como hacía con todos los demás, y eso con el paso del tiempo al príncipe le chocó a tal grado que no soportaba verla soñar con su amado Dios Sol.

«Ella se merece ser tratada de forma especial» pensaba cada noche irritado de pronto con la devoción con que ella trataba a quien no le daba nada y con la pasividad con que el sol recibía aquello como si lo mereciera por el simple hecho de existir, sus pasos volviéndose erráticos, su temple antes calmado ahora convertido en el de alguien furioso e impaciente mientras la veía cada día disfrutar las sobras que le daba el Sol mientras que él desde la Luna, no hacía más que apoyarla y animarla… aunque las cosas ahora eran diferentes.

Sin imaginarlo ni preverlo, el corazón del príncipe había sido invadido por los celos.

«No puedo quedarme más tiempo aquí sentado y de brazos cruzados, ella debe saber que existo, que soy yo quien por las noches esta aquí cuidando sus sueños», se dijo ya cansado de ser ignorado por esa a quien él amaba, y contraviniendo los deseos del Rey del Universo, el príncipe usó el poder de las estrellas pensando únicamente en cumplir su propio sueño y movió la Luna interponiéndose entre la joven princesa y el Sol que era su adoración...

Recuerdo que mi madre terminó aquel relato diciéndome que así fue como se crearon los eclipses, después de eso besó mi frente y me envió a dormir dejándome sin saber cómo había terminado la historia: si el príncipe logró su objetivo, si la princesa lo miró, o si todo siguió igual para ambos.

Por eso, cada noche durante buena parte de mi infancia pasaba un poco de mí tiempo observando la brillante Luna cuando se asomaba por mi ventana, dedicando algunos pocos minutos a pensar en el destino del príncipe hasta que con el tiempo lo olvidé.

Al menos hasta el día en que Otsutsuki Toneri quien bajando de la Luna apareció frente a mí proponiéndome matrimonio.