UN EQUIPO PARA LA GLORIA
Por Cris Snape
Para Alter321
Disclaimer: El Potterverso es de Rowling.
8
Marcus
Hogsmeade. Agosto de 2005.
En cuanto traspasó el umbral de la puerta, Kafka le puso las patas sobre los hombros y le dio un buen lametazo en la cara. Era el perro de Noreen y Marcus solía decir que era vulgar y desagradable, pero en realidad le gustaba ser recibido con tanto afecto. Un buen brujo sangrepura jamás tendría esa clase de mascota, eso estaba más claro que el agua, pero Kafka llevaba en casa de Noreen más tiempo que él y hubiera estado feo echarlo a la calle.
—Venga —Protestó, luchando por separarse del perro antes de que lo tirara al suelo. Era un labrador de pelo anaranjado y poseedor de una larga y siempre agitada cola—. Baja de una vez, chucho. Déjame.
Kafka ladró y le hizo caso. Marcus estaba convencido de que tenía un nombre bastante ridículo. Noreen se lo puso en honor a un escritor muggle autor de un auténtico coñazo que su novia le obligó a leer el invierno pasado. Si de Marcus hubiera dependido, Kafka tendría un nombre imponente como Escreguto. Sí. Iba mucho con él.
—¡Noreen! ¿Estás en casa?
—¡En el cuarto!
El cuarto estaba ubicado en la planta superior de la casa y la joven pasaba allí gran parte de su tiempo. Se dedicaba a hacer manualidades muggles que luego vendía en mercadillos o a través de uno de esos cacharros con teclas. El ordenador. Noreen Kirkby nació siendo bruja, pero después de la guerra apenas si se pasaba por el mundo mágico. Decía sentirse más cómoda entre muggles, dedicándose a actividades para las que no hacía falta ningún hechizo.
Marcus sabía bien que muchos hijos de muggles habían roto sus varitas después de la guerra, renunciando a la magia para siempre. Noreen no era uno de ellos. Simplemente encontró su vocación en actividades que nada tenían que ver con la brujería, de la misma forma que tenía su círculo de amistades entre la gente sin magia.
Marcus se reencontró con ella en San Mungo. Noreen acudió al hospital a causa de una gripe bastante mágica, mientras que Marcus estaba ingresado tras un accidente deportivo. Al principio, lo suyo fue pura atracción física. Los encuentros sexuales comenzaron en el propio hospital, pero con el tiempo se convirtieron en algo más y Marcus debía reconocerlo: se había enamorado de una sangresucia. Al menos Noreen era guapa, con su pelo negro, sus ojos claros y su nariz respingona.
Cuando Marcus llegó al cuarto, encontró a Noreen sentada en el suelo con las piernas cruzadas. Kafka, que estaba dando vueltas a su alrededor como un loco, se recostó junto a ella y comenzó a observarla muy fijamente. La joven estaba tejiendo una bufanda multicolor y Marcus sintió calor con solo verla.
—Estás enfadado.
Aparte de guapa y un poco extravagante en el vestir, Noreen era muy intuitiva para todo aquello que tuviera que ver con las emociones, sobre todo si se trataba de las de Marcus. Él comprendió que era inútil negar que se encontraba de mal humor y se sentó en el suelo, frente a la bruja.
—He discutido con Terence, pero sólo un poco.
—¿Terence?
Noreen era bastante despistada para recordar los nombres de sus amigos. Marcus se dijo que algún día tendría que presentarla oficialmente. Si no lo había hecho hasta ahora era porque en el fondo se sentía un poco avergonzado de estar colgado por alguien como ella.
Menuda estupidez.
—El que fue jugador de quidditch y se lesionó la espalda.
—¡Ah, Terence! —Noreen entornó los ojos y dejó la bufanda a un lado—. ¿No dices que no es demasiado bobo comparado con tus otros amigos?
—También sabe cómo hacerme perder la paciencia.
—¿Sí? —Noreen le sonrió, consciente de lo fácil que podía ser mosquear al chico—. ¿Qué te ha hecho?
Marcus no quería decírselo. No quería que Noreen recordara los peores meses de su vida. No quería que tuviera pesadillas o que se sintiera amenazada por un mundo que, pese a todo, también era suyo. No quería escuchar a Adrian cuando le decía que Peregrine Derrick no era tan malo como se pensaba y definitivamente no deseaba que Noreen se sentara frente al Wizengamont para describir todos los horrores que le tocó vivir.
Marcus no fue consciente del mal que hicieron los mortífagos hasta que la conoció a ella. Aunque no quisiera reconocerlo en voz alta, llegó a pensar que el Señor Tenebroso no iba tan desencaminado cuando pretendía hacer del mundo mágico un lugar mejor. Nunca le habían gustado los sangresucias y siempre pensó que las historias que se contaban sobre la guerra eran exageradas. Hasta que una noche, después de mantener relaciones, Noreen tuvo una terrible pesadilla y le confesó entre sollozos todo lo que había tenido que soportar en Azkaban. Le habló del hambre, del frío y del miedo y a Marcus no le quedó más remedio que admitir que durante toda su vida se había estado comportando como un asno.
Fue entonces cuando decidió que no perdía nada por empezar a relacionarse con los sangresucia. Escucharles, averiguar qué pensaban y cómo se comportaban. No necesitó demasiado tiempo para darse cuenta de que en realidad no eran tan distintos a los sangrepuras. Tenían algunas creencias absurdas y definitivamente no entendían una mierda de arte, pero no eran tan prescindibles y abominables como creyó durante toda su vida.
La verdad era que, pese a todo lo aprendido, nunca pretendió enamorarse de Noreen. Pero lo hizo. La quería tanto que estaba dispuesto a protegerla a como diera lugar, pasando incluso por encima de amistades que se remontaban a su más tierna infancia. Y sin embargo, por más que sus intenciones fueran buenas, Marcus sabía que Terence y Graham tenían la razón de su parte. No podía seguir protegiendo a Noreen de esa manera, mintiéndole e impidiéndole tomar sus propias decisiones. Debía armarse de valor, hablarle sobre Adrian y Peregrine Derrick y esperar a que ella hiciera lo que le viniera en gana.
Marcus suspiró y decidió sincerarse con ella. Noreen era una mujer inteligente que haría lo correcto. Una mujer inteligente que se cabrearía un montón si se sentía engañada. Así pues, comenzó a explicarle todo lo que había ocurrido desde que Lucian Bole visitara a Derrick en Azkaban.
Noreen le escuchó en silencio y con los labios apretados. A su mente debían estar acudiendo muy malos recuerdos y Marcus se acercó un poco más a ella, dispuesto a consolarla si hacía falta. Kafka había notado que la situación estaba tensa y apoyó la cabeza en las piernas de su ama, ganándose unas cuantas caricias un tanto ausentes.
Nunca antes habían hablado sobre Peregrine Derrick. Noreen sabía que había estado en Slytherin y que jugó con Marcus al quidditch, mientras que él era consciente de que Derrick fue uno de los hombres que mantuvo encerrada a su novia en Azkaban. Ninguno de los dos quiso ir más allá pero el momento había llegado.
—¿Qué es lo que quiere Adrian de mí?
La pregunta de Noreen no podía ser más directa. Marcus volvió a suspirar.
—En las últimas semanas, Pucey ha encontrado a varios testigos que afirman que Derrick les ayudó mientras estaban en Azkaban. Pese a que todos están dispuestos a declarar, Pucey dice que necesita más gente y quiere saber si tú…
Marcus se interrumpió. Cuanto más pensaba en ello, más feo le parecía lo que Adrian le había pedido. Y pensar que pese a sus diferencias siempre lo había respetado.
—Por supuesto, lo mandé a paseo.
Noreen, que había estado mordiéndose el labio inferior hasta ese instante, le miró con sorpresa.
—¿Que has hecho qué?
Marcus comprendió de inmediato que había cometido un error al pronunciar esa última frase. Kafka alzó una oreja y le miró como si lo considerara un tonto.
—Noreen, yo…
—Sabes que soy perfectamente capaz de apañármelas sola, ¿no?
—Sí, pero yo…
—Pues entonces no entiendo por qué no me has hablado de esto antes.
—Yo… —Marcus le apretó una mano, esperando que no se mosqueara demasiado con él—. No quiero que…
—Sé perfectamente lo que pretendías hacer y lo entiendo —Noreen habló con calma y logró disipar sus temores—, pero espero que esto no vuelva a repetirse. Si no confiamos en uno en el otro, lo nuestro no irá a ninguna parte.
A lo mejor Noreen estaba exagerando pero Marcus asintió de todas formas. La observó mientras meditaba sobre el asunto y esperó expectante hasta que volvió a hablar.
—Me acuerdo de Derrick —Dijo con el ceño fruncido—. En Hogwarts era un auténtico imbécil —Noreen le sonrió con indulgencia—. Exactamente igual que tú.
—Éramos todos unos críos. La gente cambia.
—Sí —Noreen acarició a Kafka detrás de las orejas—. Incluso Derrick.
Marcus apretó los dientes, poco dispuesto a defender a su antiguo compañero.
—Se unió a los mortífagos.
—¿A ti nunca se te pasó por la cabeza la idea de hacerlo?
Marcus agachó la mirada. Maldita fuera la intuición desmedida de la chica.
—También me acuerdo de él en Azkaban —Noreen bajó sustancialmente su tono de voz, mostrándose menos firme que un instante antes—. Era uno de los guardias de mi sección.
Marcus dio un respingo y fue incapaz de abrir la boca. Tampoco hizo falta porque la bruja hablaba más para sí misma que para él.
—Al principio era un capullo. Se paseaba por el pasillo insultándonos y diciéndonos que íbamos a pudrirnos allí dentro. Hasta que una noche se llevaron a una de las chicas.
Noreen se detuvo. Marcus la abrazó y ella no tardó en apoyar la cabeza en su hombro.
—No supimos qué le pasó, pero nunca volvió a su celda. Fue entonces cuando Derrick cambió. Al principio se limitaba a hacer su ronda en silencio, pero con el paso de los días empezó a ayudarnos de verdad.
Marcus la miró. Vio que tenía los ojos cerrados y empezó a acariciarle la espalda, sabedor de lo mucho que eso la relajaba.
—Él nunca nos puso un dedo encima ni nos maldijo. Durante sus rondas, se las apañaba para que sus compañeros tampoco nos hicieran nada. A veces nos aplicaba algún hechizo curativo y nos traía comida a escondidas. Podría decirse que se jugó el pellejo por nosotros.
Marcus nunca creyó que el cambio de Peregrine fuese cierto hasta ese momento. Sabía que Noreen no le estaba mintiendo y se sintió un poco culpable por haber ignorado a Adrian. ¡Joder! Pucey era un tipo listo y bastante decente. Jamás pondría a un hombre peligroso en la calle, ¿cómo no se había dado cuenta antes?
—¿Crees que merece salir libre? —Preguntó, sinceramente interesado por la respuesta.
—Yo no entiendo nada de ley mágica, Marcus, pero Derrick nunca fue malo con nosotros —Noreen inclinó la cabeza hacia atrás para mirarle—. A lo mejor no le gustan los nacidos de muggles. A lo mejor extraña algo de su vida como mortífago, no lo sé. Lo único que puedo decirte es que nunca fue como los demás. No creo que sea un peligro para nadie.
Marcus asintió y planteó la cuestión más importante, la que les había llevado a estar manteniendo esa conversación.
—¿Estarías dispuesta a hablar con Adrian? ¿Declararías a favor de Peregrine?
Noreen se tomó su tiempo antes de responder. Al final se encogió de hombros y sonrió.
—¿Por qué no? Mientras no tenga que ponerme una de esas túnicas horribles, haré lo que haga falta.
—¡Es Marcus Flint!
A esas alturas del cuento, Marcus estaba más que acostumbrado a los cuchicheos. Siendo una estrella internacional del quidditch, lo más normal del mundo era que la gente le reconociera por la calle. Por lo general, le gustaba que le doraran la píldora e incluso podía hacer el sacrificio y firmar autógrafos, pero esa mañana no estaba de humor. Lo único que quería era bajarse del maldito ascensor y dejar atrás a esas dos jóvenes (y nada guapas) brujas que le estaban mirando el trasero. O intentándolo, ya que su túnica lo convertía en misión imposible.
Había decidido visitar a Adrian en el Ministerio antes de que Noreen acordase una cita con él. No pensaba reconocerlo en voz alta pero sabía que había metido la pata con Pucey y no quería seguir enfadado con él. Consideraba que era una de las diez personas más insufribles del mundo mágico inglés pero llevaba toda la vida tolerándolo y, joder, podría decirse que eran amigos. No podían permitir que su relación se fuera a pique por un malentendido.
Cuando llegó a su destino, abandonó el ascensor dando grandes zancadas y caminó por los pasillos del Ministerio como si fuesen suyos. Volvió a escuchar más cuchicheos y le pareció que un brujo hacía ademán de acercarse a él para saludarle y, posiblemente, pedirle un autógrafo pero se detuvo en seco cuando le dedicó una de sus miradas heladoras, ésas que llevaban funcionando desde que era un bebé.
No tardó en localizar a Adrian sentado tras su escritorio. Marcus masculló una maldición cuando vio a Hermione Granger trabajando a su lado. No entendía cómo era posible que hubiera terminado haciéndose amigo de una mujer que siempre lo sabía todo, que nunca se equivocaba y que hacía alarde de una moralidad que daban ganas de vomitar. Marcus tuvo la tentación de darse media vuelta para volver en otro momento pero no podía hacer tal cosa. Ya que estaba allí, debía finiquitar el asunto cuanto antes. Así pues, estiró de los puños de su túnica y siguió caminando hasta llegar junto a los dos brujos.
—Buenos días, Adrian —El aludido alzó la vista y le miró con sorpresa—. Granger, déjanos solos.
Por un momento pensó que la bruja le echaría la bronca por su falta absoluta de modales pero lo que hizo fue poner los ojos en blanco y alejarse de la mesa de su compañero como si la interrupción de Marcus careciera por completo de importancia. Adrian, quien evidentemente aún no había superado el hecho de que volviera a llamarle por su nombre de pila, no parecía muy contento de tenerle ahí. Pese a ello, le indicó con un gesto que tomara asiento y se encargó de que los documentos que tenía sobre la mesa comenzaran a flotar a unos dos metros del suelo. Pucey siempre fue muy bueno organizando pergaminos.
—No esperaba que vinieras a verme.
—No lo tenía planeado pero ayer mantuve una interesante conversación con Noreen y por eso estoy aquí.
—Entiendo.
Adrian parecía molesto con él, quizá porque en algún momento a Marcus se le había disparado un poco la boca y había dicho cosas que no venían a cuento. Cosas relacionadas con su pequeño mocoso y su más que fea esposa. Cosas por las que, según Graham, tenía que pedir disculpas. Y Marcus realmente no pensaba hacer nada de eso. Nunca jamás.
—Admito que Graham tenía razón cuando dijo que debía hablar con Noreen —Adrian tendría que conformarse con que reconociera eso—. La verdad es que ella se enfadó un poco cuando supo que le ocultaba cosas.
—Eso es porque lo ideal es ser sincero con tu pareja.
—No seas ingenuo, Pucey —Marcus torció el gesto—. Si el matrimonio lleva tantos siglos funcionando, es gracias a las mentiras.
Adrian suspiró. Ya en Hogwarts acostumbraban a estar en desacuerdo en todos y cada uno de los temas que tocaban. Con los años, sus diferencias habían ido en aumento aunque ya casi nunca se enzarzaban en batallas dialécticas. Eran agotadoras y ni una sola vez habían hecho al otro cambiar de opinión.
—¿Qué quieres Marcus? Tengo muchas cosas que hacer y no puedo andar perdiendo el tiempo.
—Pero si mi visita no es una pérdida de tiempo en absoluto.
Adrian bufó. No se le veía muy paciente ese día, así que debía estar bastante estresado. Marcus siguió hablando.
—Como te he dicho, estuve hablando con Noreen sobre la conversación que mantuvimos respecto a Peregrine. Efectivamente, confirma lo que muchos de tus testigos han dicho.
—Soy consciente de que no mienten, Marcus. De otra manera no estaría haciendo esto.
—Bien —El brujo asintió—. La cuestión es que Noreen está dispuesta a declarar a su favor si es que aún necesitas de su testimonio.
Adrian frunció el ceño. No parecía dispuesto a suavizar su actitud hacia él. De momento.
—¿Y dónde está?
—He preferido venir yo primero. Hay un par de cosas que quiero aclarar contigo.
—¿Insistes en actuar a sus espaldas?
Marcus se encogió de hombros. A lo mejor Noreen no sabía que estaba allí. A lo mejor no quería que se enterara.
—Eso no es asunto tuyo, Adrian. Noreen se pondrá en contacto contigo para concertar una cita y eso es lo único que debe preocuparte —Marcus sonrió—. Eso y lo que tengo que decirte yo, por supuesto.
Adrian volvió a bufar.
—Sabes que las cosas no fueron fáciles para los que estuvieron en Azkaban. Si durante el testimonio de Noreen vemos que lo pasa mal, quiero que lo detengas de forma inmediata.
—Te aseguro que somos capaces de tomar declaración con cierta delicadeza, Marcus —Adrian se mostró incluso más molesto que un instante antes—. No soy ningún novato. Llevo muchos años manejando casos similares al de Peregrine y nunca se me ha derrumbado un testigo. Noreen no será la primera.
—Genial —Marcus sonrió de forma amenazadora—. Porque como mi chica tenga una sola pesadilla, como la escuche llorar una sola vez, os vais a enterar tú, Bole y el gilipollas de Derrick. ¿Lo entiendes?
Adrian sonrió un poquito. Marcus no tardó en descubrir qué le había hecho gracia.
—¿Tu chica?
Marcus siempre negaba que su relación con Noreen fuera en serio. Según su punto de vista, sólo era la sangresucia que se estaba follando pero no. Era mucho más y ya estaba bien de intentar ocultarlo.
—Pues sí. Eso he dicho.
—Vale —Adrian soltó una risita—. Puedes estar tranquilo. Ya te he dicho que si declara, haremos que sea fácil.
—Bien —Marcus se sintió ligeramente satisfecho aunque no las tenía todas consigo—. El otro asunto que quería comentar es Derrick. Todo el mundo está muy seguro de que se merece una segunda oportunidad pero si al final haces que lo suelten, no quiero que se acerque a Noreen.
Eso sí que dejó descolocado a Pucey. ¿Y qué se esperaba?
—¿Ella está de acuerdo?
—No tiene que saber que te lo estoy diciendo. Tú sólo asegúrate de que Derrick se mantiene alejado de ella y yo haré el resto.
Adrian se lo pensó un instante.
—Me parece que te estás equivocando.
—No te he pedido tu opinión, sólo tu compromiso.
Adrian le miró con los ojos entornados durante demasiado tiempo y al final se encogió de hombros.
—Tu chica, tu problema.
Marcus iba a reclamarle por esas últimas palabras pero en los ojos de Pucey había un poco más de diversión y un poco menos de rencor y supuso que era bueno que la conversación hubiera terminado de esa manera. A lo mejor no se veía en la encrucijada de tener que disculparse para conseguir que dejara de estar tan enfadado con él.
—Me alegra que Noreen quiera declarar —Comentó unos segundos después—. He conseguido encontrar a un montón de testigos. Creo que Peregrine tiene muchos motivos para tener esperanza.
Marcus supuso que lo correcto era interesarse por su antiguo compañero aunque en realidad le importara una mierda lo que le pasara.
—¿Cómo le ves?
—Está bastante animado. Tiene ganas de que empiece el juicio aunque sigue enfermo. Eso me preocupa.
—Azkaban es un lugar muy jodido. Es normal que cuando pillas una enfermedad te cueste recuperarte.
—Peregrine siempre ha sido un tío fuerte en todos los sentidos. Confío en que todo pueda solucionarse en un par de meses.
Estaba claro que Adrian iba a empezar a contarle algunos detalles de la próxima vista ante el Wizengamont, pero fueron bruscamente interrumpidos. Cassius Warrintong, que trabajaba como reportero para El Profeta, acababa de llegar. Tenía las mejillas enrojecidas y la voz entrecortada y tuvo que repetir dos veces su frase para que Marcus le entendiera.
—Peregrine ha muerto, tíos.
