UN EQUIPO PARA LA GLORIA
Por Cris Snape
Para Alter321
Disclaimer: El Potterverso es de Rowling.
10
El funeral
Cementerio de Hogsmeade. Agosto de 2005
Lucian no le quitaba ojo a la señora Derrick. El funeral de Peregrine no estaba siendo multitudinario en absoluto pero todo el mundo se había puesto de acuerdo para darle el pésame a la pobre mujer justo entonces. Era evidente que estaba agotada y Lucian quiso gritarles que la dejaran en paz de una vez, aunque optó por seguir el consejo que Pucey le dio cuando lo sacó de los calabozos del Ministerio.
—Sé que es duro pero compórtate como un hombre civilizado.
Posiblemente no pasaría nada si le hacía caso. En San Mungo ya había perdido los nervios y terminó pegándole a alguien que no tenía culpa de nada. Lucian giró la cabeza y vio a Miles a unos metros de distancia, con el ojo derecho morado y ataviado con una túnica oscura. Aunque había dejado de lado el uniforme de auror, Lucian sabía que estaba allí para vigilar que todo transcurriera con normalidad. No sería la primera vez que algún cretino se colaba en un entierro para arruinarlo.
A su lado estaba esa mujer rubia que siempre hacía las guardias nocturnas con él. Tenía pinta de marimacho pero no hacía falta ser muy observador para darse cuenta de que a Miles le gustaba. De hecho, en ese momento estaban cogidos de la mano. A lo mejor había sido capaz de declararse porque anda que no había que ser idiota y cobarde para no entrar a matar en una situación como aquella.
Cuando escuchó aquella tos seca, Lucian giró la cabeza hacia la derecha. Ahí estaba Charlie Weasley, quien había asistido al funeral vete a saber por qué. El hecho de que en los últimos tiempos hubieran empezado a llevarse realmente bien no tenía importancia alguna. Tal y como había elucubrado alguna vez, Weasley no estaba tan guapo afeitado como cuando lucía su barba de tres días, y el pelo se le veía naranja. El horror.
Le pareció que una vocecita en su cabeza le reprochaba que llamara a Miles cobarde cuando él mismo no era capaz de sincerarse con Weasley pero, qué carajo, no estaban en una situación ni remotamente parecida. Ni siquiera estaba seguro de que a Weasley le gustaran los hombres. Seguro que si daba el primer paso se encontraría con el clásico hetero odia gays y entonces, ¿qué tendría que hacer? ¿Pegarle? ¿Hechizarle?
Charlie se acercó a él cuando comenzaron a introducir el ataúd en aquel espantoso agujero del suelo. Lucian aún no era capaz de creerse que Peregrine se hubiera muerto. Consideraba que lo había hecho en el momento más inoportuno, justo cuando estaban a punto de ganar frente al Wizengamont. Había que ser idiota para hacer tal cosa. Idiota y egoísta. Claro, qué poco le importaban a Derrick los quebraderos de cabeza de los demás. Sólo había pensado en sí mismo, vaya que sí.
—Bole —Por fortuna, Weasley hizo que dejara de pensar estupideces—. Debo volver a la reserva.
Lucian estaba enfadado con el mundo y justo en ese instante decidió que Weasley pagaría los platos rotos.
—Ni siquiera sé qué haces aquí. A ti Peregrine te importaba una mierda.
Con eso debería bastar para hacer que se pusiera un poco rojo pero el muy cretino ni se inmutó.
—En realidad he venido para acompañarte a ti.
Lucian sabía cómo lidiar con multitud de cosas pero la honestidad abrumadora de Charlie le dejó descolocado.
—Sé que ahora mismo tienes muchas cosas en la cabeza pero a lo mejor podemos hablar más tarde —Charlie le puso una mano en el brazo. Fue curioso que le hiciera sentir reconfortado—. Regreso a Rumanía este fin de semana pero si quieres pasarte por mi cabaña antes, estaré allí.
Dicho eso, Weasley fue a presentarle sus respetos a la señora Derrick y se desapareció. Lucian apenas era capaz de asimilar lo que acababa de pasar y se sorprendió al descubrir que no le importaría mucho ir a visitarle. Posiblemente sólo querría hablarle sobre dragones pero, ¿y si se trataba de algo más? Con los Gryffindor nunca se sabía.
—Lucian.
¿Acaso todo el mundo tenía que decirle cosas a él? Estaba perfectamente bien sin necesidad de tener que hablar con nadie, menos aún con Graham. Bueno, a lo mejor no era tan malo conversar con una de las personas que se había tomado la molestia de ayudar a Peregrine cuando estaba vivo. Sabía bien lo difícil que era meter ideas sensatas en la cabezota de Marcus Flint y Graham le hizo entrar en razón. Demasiado tarde, pero se tomó la molestia de hacerlo.
—Lo siento, tío —Graham siguió hablando aunque no le contestó—. Tengo que irme ya. Pensaba quedarme un par de días pero me han surgido unos problemas en el trabajo y tengo que volver a Estados Unidos hoy mismo. He reservado traslador para después de comer.
—Haz lo que quieras. Ni que tuviera que darte permiso, joder.
Eso no había sonado demasiado amable pero le importaba un carajo.
—¿Cuándo te reincorporas tú al trabajo?
¿Seguía hablándole?
—No lo he pensado. Supongo que mañana.
—Bien —Graham carraspeó y estiró una mano para estrechársela—. Siento lo de Peregrine, colega.
Viendo cuáles eran sus intenciones, Bole decidió evitar una situación de lo más incómoda.
—Ni se te ocurra abrazarme.
Graham se puso un poco rojo pero le quitó importancia a sus palabras.
—Como si me apeteciera hacerlo.
Lucian hizo un gesto brusco con la cabeza y Graham le palmeó el hombro y se alejó de él. Sabía que lo estaba pasando mal después de perder a su amigo aunque exteriormente tuviera pinta de que no le importaba un pimiento. Graham se encogió de hombros y pensó que así eran los Slytherin. Quizá no todos pero sí una inmensa mayoría.
Le hubiera gustado que Bole fuera capaz de dejar salir un poco del dolor y la frustración que llevaba dentro. Ciertamente se liberó un poco después de arrearle aquel mamporro a Miles, quien por suerte no se lo había tomado muy en cuenta. Graham miró por encima del hombro a Lucian justo antes de detenerse frente a la pareja de aurores.
—¿Qué tal el ojo, Bletchley?
El aludido se encogió de hombros y Graham se dio cuenta de que apretaba la mano de su acompañante.
—Ha estado mejor.
—No se lo tengas en cuenta. Ya sabes cómo es Bole.
Miles se encogió de hombros. Su compañera, que se llamaba Patricia y tenía cara de no entender del todo su comportamiento en ese asunto, emitió un ruido que se asemejaba bastante a un gruñido.
—Un idiota —Masculló entre dientes—. Espero que no le dé por molestar a la sanadora Quirke. En el hospital dijo que todo era culpa suya.
—No te preocupes por eso. Despotricó contra medio mundo —Graham frunció el ceño—. Escogió un momento muy inoportuno para ponerse sentimental, ¿no te parece?
—Yo más bien diría que era una olla a presión que explotó —Miles suspiró—. ¿Te marchas ya?
—El deber me llama, sí.
—Dale recuerdos a Olivia.
—Y vosotros no molestéis mucho a Connor.
Graham le guiñó un ojo antes de retomar su camino. Miles le observó un momento y seguidamente centró su atención en Patricia. Después del incidente con Lucian, la bruja había dicho unas cuantas cosas no demasiado agradables y a Miles le pareció que era una buena idea hacerla callar dándole un beso en los labios. Por supuesto que dio por hecho que le pegaría, pero no. Patricia respondió al beso y podría decirse que estaban juntos. Claro que el jefe Robards no podía enterarse de momento. Quizá tendrían que dejar de cogerse las manos para evitar que todo el mundo les mirara con suspicacia, ¿no?
—Puedes defenderle todo lo que quieras —Dijo Patricia en cuanto se quedaron solos—, pero como Bole siga haciendo bobadas lo arrestaré sin contemplaciones.
—Estoy seguro de que no será necesario —Miles contuvo las ganas de agarrarla por la cintura—. ¿Por qué no cenamos juntos esta noche? No me apetece estar solo después de toda esta mierda.
Sabía que esas palabras ayudarían a que Patricia se olvidara del incidente y pensara en cosas más agradables. Para ser sincero consigo mismo, se veía perfectamente capaz de afrontar aquella noche en soledad, así que la invitación sólo era una excusa para estar juntos. Tenían muchas cosas que compartir y quería empezar a hacerlo cuanto antes.
Esperaba expectante su respuesta cuando alguien le pasó el brazo por los hombros y le obligó a soltar la mano de Patricia. No le extrañó nada que se tratara de Marcus.
—Si quieres puedo irme contigo, Miles.
Flint parecía contento y Miles se sintió molesto porque no debería mostrar esa actitud en pleno funeral y sobre todo porque estaba a punto de chafarle su cita. Patricia le sonrió con desgana y decidió alejarse de ellos para dar una vuelta por el perímetro exterior del lugar.
—¿Se puede saber qué te pasa? —Espetó Bletchley.
—No me digas que te he estropeado un momento romántico.
Estaba sonriendo. Miles se quitó su brazo de encima y le dedicó una mirada bien fea.
—Te recuerdo que estamos en un funeral.
—Pero no somos nosotros los muertos.
Miles bufó y consiguió que su compañero se pusiera serio.
—Creo que no vendrías.
—A lo mejor Noreen sugirió que mi presencia aquí no estaría de más.
—¡Vaya! Veo que ahora haces todo lo que Noreen dice —Marcus se puso muy rojo y Miles se sintió satisfecho. Donde las daban las tomaban—. Tengo que acompañar a Stimpson, estamos trabajando.
No esperó respuesta y se largó. Marcus casi lo agradeció porque habían estado a punto de enzarzarse en una discusión absurda. No era como si se fueran a poner a gritar como dos idiotas pero claramente no estaba en el lugar idóneo para captar la atención de otras personas. De hecho, temía que su presencia allí atrajera más miradas de las necesarias. Era famoso, por Merlín.
En primera instancia, Marcus decidió que no iría al funeral. Derrick no le importaba lo suficiente, o eso le gustaba pensar. Sin embargo, Noreen y su maldita intuición le hicieron abrir los ojos y allí estaba él, más dolido de lo que se hubiera podido imaginar jamás.
En cuanto se quedó solo comenzó a buscar a alguien que pudiera servirle de compañía y no tardó en ver a Pucey, quien se había vestido con absoluta solemnidad e incluso estaba acompañado por Millie. No habían tenido una reconciliación propiamente dicha pero para Marcus los problemas del pasado ya estaban olvidados y por eso se acercó a ellos como si nada hubiera ocurrido. No le recibieron con saltos de alegría pero tampoco con miradas airadas.
—Pues sí que os habéis puesto elegantes —Estrechó la mano de Adrian y besó la mejilla de Millie sin plantearse la posibilidad de que ellos le rechazaran—. ¿Cómo está el mocoso?
—Se llama Dwyn y está perfectamente —Dijo Millie con esa voz grave que tenía.
—Ya os deja dormir, ¿no? Tenéis mucho mejor aspecto.
Sí, al menos Adrian ya no lucía esas ojeras terribles que estaban empezando a hacerse famosas en el Ministerio. Por lo que sabía Marcus, su amigo había ayudado a organizar el funeral y consideró de buena educación hacerle un poco la pelota. Debía asegurarse de que la tensión cesaba entre ellos de forma definitiva.
—Una ceremonia realmente emotiva, Adrian. Estoy seguro de que la señora Derrick te agradecerá todas las molestias que te has tomado para darle a Peregrine una despedida digna.
—Era lo mínimo que podía hacer después de lo ocurrido —Adrian miro de reojo a la pobre mujer, quien parecía a punto de desmayarse—. Le prometí que sacaría a su hijo de Azkaban y mira lo que ha pasado.
—Bueno —Marcus se encogió de hombros—. Técnicamente lo has conseguido.
Vale. A lo mejor se había pasado un poco. Pucey le miró con los ojos entornados y se mordió la lengua para no mandarlo a paseo.
—¿Por qué no vas a darle el pésame a la señora Derrick? Le gustará saber que todos los amigos de su hijo han venido.
Marcus puso los ojos en blanco como si fuera a decir que aquel cretino nunca fue su amigo, pero se mordió la lengua y siguió el consejo de Adrian, quien no dejaba de darle vueltas a todo lo que le quedaba por hacer. Aunque Peregrine estuviera muerto, tenía que encargarse de un montón de papeleo y otras cosas que no le apetecían en lo más mínimo. Al menos Millie estaba resultando ser un excelente apoyo para él, ese día y siempre.
—Marcus nunca dejará de ser idiota —Comentó la mujer en cuanto se quedaron solos—. Mira, allí está Cassius.
Millie le hizo gestos para que se acercara y el brujo no se hizo de rogar. Había publicado un gran artículo sobre Peregrine y estaba empezando a ser la comidilla del mundo mágico. Otra cosa no, pero Warrintong sabía escribir.
—¿Qué tal va todo, chicos? —Inquirió en cuanto llegó junto a ellos.
—Bole no ha matado a nadie y los chistes malos de Marcus no han llegado a oídos de casi nadie. Yo diría que va bastante bien.
—Sí —Cassius se rascó la nuca—. Voy a volver a la redacción. Todo está tranquilo y mi jefa querrá que publique un artículo sobre el funeral para mañana mismo.
—Se sentirá un poco decepcionada. No ha pasado nada digno de mención.
—Confiaba en que Bole volviera a liarla pero se está portando bien. Hace un rato me acerqué a él y casi ni me insultó por estar aquí como periodista.
—Estará demasiado traumatizado, el pobre.
El comentario de Millie le hizo sonreír. Cassius estaba bastante convencido de que a Rita le hubiera encantado que aquel bruto partiera un par de dientes más y personalmente se alegraba de que eso no hubiera ocurrido. Por la madre de Peregrine, quien se merecía despedir a su hijo con dignidad.
Cassius miró hacia la mujer, quien lloraba abrazada a un Marcus que tenía toda la pinta de sentirse muy incómodo. La tierra ya cubría el féretro de su hijo. Todo había terminado. Debía ser horrible estar en su situación.
—¿Habéis visto a Terence? —Preguntó, intrigado porque era el único de sus amigos que no había acudido al funeral.
Adrian miró a Millie y sonrió con tristeza.
—Terence odia los entierros.
Efectivamente, el brujo había decidido pasar ese mal trago tomándose un par de cervezas de mantequilla. Sentado frente a la barra, pensaba en cómo habían sido sus años junto a Peregrine Derrick. Nunca fue la persona más amable del mundo y claramente había cometido muchos errores y estupideces a lo largo de toda su vida pero no se merecía el final que había tenido. Ni siquiera pudo hacer nada con la segunda oportunidad que la sociedad mágica estuvo a punto de otorgarle.
—Ponme otra cerveza, por favor.
Normalmente no bebía tanto, pero estaba empezando a recordarse de la última reunión del equipo de quidditch en ese mismo local y fue descorazonador comprender que Peregrine ya nunca podría asistir a una de ellas. Al menos podrían honrar su memoria recordando viejas anécdotas y manteniéndose unidos pese a que la vida se empeñara en separarlos. Por Derrick, por todos. Por el viejo equipo que un día alcanzó la gloria.
