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-Doctor Wells, el doctor Shell de Alemania ha llegado.- el científico apartó la mirada de su bloc de notas y dio la vuelta para encontrare con un señor de unos aproximadamente 37 años, barba un poco larga, un poco calvo y arrugas en su cara, unos lentes cubrían sus ojos grises y ojeras.

-Usted debe ser el famoso científico Connor Wells con quien estuve hablando hace unos días atrás, ¿no? Un gusto verlo en persona.- habló el inglés casi fluidamente, pero aún resaltándolo con su acento alemán.

El doctor Wells se acercó y ofreció su mano cortésmente. -El gusto es mío, doctor. Me alegra mucho que haya aceptado mi petición de su ayuda en esto.

Soltó su mano. -Como le dije la otra vez, es un honor y me fascinó que haya aceptado la petición del presidente de Estados Unidos sobre hacer esto, la humanidad estará agradecida con usted.

-Se lo agradezco, recuerde que esto también lo involucra a usted, ya que me está ayudando en esto, la civilización tiene también el derecho de agradecerle por su aporte. Pero bueno, basta de halagos, ¿empezamos?

-Por supuesto.- el doctor Shell dio unos pasos para acercarse a la pared transparente, estaba impactado por el estado del sujeto. -Este debe ser el sujeto, ¿no?

-Sujeto número tres, de hecho.- el científico alemán lo miró intrigado. -Los primeros dos... no soportaron las dosis y los sueros, sus cuerpos se empezaron a desintegrar, pero no murieron, si es lo que usted piensa. Viven, pero su estado es... malo, gimen de dolor, sus pieles se desprenden de su cuerpo.

El doctor Shell pensó un momento, miró el sujeto y luego a su nuevo compañero. -¿Eso que tiene ahí son sus apuntes?

-Lo son.

-¿Podría dar un vistazo?

-Adelante.- el estadounidense dio al alemán su bloc y vio las fracciones confusas de él al ver sus apuntes. -¿Pasa algo?

El alemán quitó los ojos del bloc y se lo entregó. -¿No ha pensado en probar un poco de ácido?

-¿Ácido?- estaba confundido, sabía lo letal que podría llegar a ser usar ácido y más en un tipo de medicina.

-Sí, ácido. Sé que aquí en Texas están los tanques de ácido, podría usar un poco, tres gotas a lo mucho.

-¿Está seguro? ¿No cree usted que es mucho? Digo, es ácido, directo de los tanques de ácido, sin ningún tipo de solvente ni nada, estamos haciendo una cura, no creo que el ácido sea lo correcto aquí, ¡es ácido!

-Sé que es una locura, pero al ver sus apuntes y las condiciones del sujeto tres y los demás que usted mencionó, puede ser la solución.- sus ojos se abrieron a la vez que caminó donde el doctor Wells. -Esto podría ser la cura de ese maldito virus que está matando a todos. Acabaríamos con todo eso de una vez por todas, las siguientes generaciones estarán a salvo de todo esto.

-O también...- se alejó y empezó a calcular y revisar cuidadosamente todos los detalles. Él había intentado esta cura hace años, estuvo probando medicina tras otra durante meses, tal vez esto podría funcionar, ¡era todo una locura! Pero tal vez podía funcionar. Aunque... siempre hay que pensar lo que podría salir mal, y en este caso eran muchas cosas. -Esto podría salir mal, muy mal.- levantó la vista al otro científico. -El ácido podría crear una reacción dentro del cuerpo del afectado minutos u horas después de su ingreso, al llegar a su estómago... no pasará mucho cuando los ácidos del estómago y el ácido de la cura... exploten. Esto podría causar una reacción alérgica severa, crónica. Esto...- su rostro se tornó pálido, había llegado a una conclusión que no se le había pasado por la mente. -Esto podría crear una mutación incombatible al sujeto o al afectado, el ácido junto al suero podría quitar el dolor en ellos, pero aceleraría la caía de la piel, los ácidos harían que sus órganos internos dejen de funcionar, todos menos su cerebro... en sólo 24 horas estarían... en sólo 24 horas serán muertos caminantes, doctor Shell... el ácido haría que envés de curarlos, los convirtieron en monstruos reales. No sentirían dolor alguno, serían prácticamente inmunes a casi todo, pero su cerebro sería su única debilidad...

El doctor Shell miró al sujeto, la oportunidad de curar a todos estaba en sus manos, toda la responsabilidad estaba en ellos, una decisión mal echa y todo se echaría a la basura. El alemán llevó una mano a su barbilla y comenzó a formular todo. -Hay posibilidades de 50 y 50... ¿Para cuándo ha pedido la cura el presidente?

-Lo más antes posible... Ayer apareció el primer caso del virus en una mujer embarazada, hay muchos ancianos y jóvenes afectados en Carolina del Sur.

-En Alemania casi toda la mitad del país está contagiada con el virus...

-Podriamos... seguir tratando, en Alabama existe...

-La decisión está tomada, doctor Wells,- ambos se encararon, la expresión del alemán era sería, estaba decidido. -o al menos la mía. Tenemos la opción de probar mi idea, funcionará en un 50%, o podemos seguir tratando de encontrar otra cura que probablemente no funcione y sólo nos haga perder el tiempo. Escuche lo que le digo, doctor, ¿sabe cuantos niños están muriendo en este momento? ¿Cuántos ancianos se están desvaneciendo? La decisión está en usted.- caminó hacia la puerta, sus pisadas eran fuertes, se veía tenso. No quería poner en esta situación a su compañero, pero era la única forma de que entrara en razón.

Pasando el umbral de la puerta, el alemán desapareció del cuarto dejando al estadounidense en un gran lío. Se dejó caer en una silla frente al sujeto, su sentido común gritaba que era una mala idea, su cuerpo entero lo decía, esto estaba mal, ¿usar ácido de un tanque para fabricar una cura de un virus? Entendía que habían muchas personas muriendo y que esto era directamente letal. No podía dejarse hacer esto, todo le decía que esto estaba mal, esto no serviría, tenía un mal presentimiento, pero... tal vez Derek Shell tenía razón, era menor usar la cura que ya tenían y no desperdiciar el tiempo buscando otra que probablemente no funcione...

Sabía que se odiaría por todo esto después... una parte de él lo hacía ahora.

-¡Cameron!- gritó y en segundos apareció su mano derecha en la puerta.

-¿Necesita algo, doctor?

-Sí, necesito 1,13 de ácido, ehm, de los tanques de aquí de Texas.

-Disculpe la pregunta, pero, ¿es para el antídoto?

-Así es.- el estadounidense se levantó de la silla y soltó el aire que no sabía que contenía hace un tiempo atrás. -El doctor Shell piensa que es lo que falta para que la medicina logre funcionar.

-Perdón, doctor, pero yo no creo que sea lo correcto, con todo respeto le digo que esto podría no ser una buena idea. El ácido de los tanques es intenso y muy concentrado, tal solo 0,09% de él podría provocar una reacción hemorrágica en el estómago haciendo que éste se infeste a tal grado de no servir...

-Yo también creo que es mala idea, pensé y formulé todas las posibilidades que tendría después de ser ingerido... esto podría ser la cura para todo... o el boleto directo a la perdición del mundo...

-Si está usted en desacuerdo con ello, ¿por qué lo va a hacer?

Suspiró. -El presidente está poniendo sobre mí mucha presión...- caminó hacia su asistente y puso una mano sobre su hombro. -Haz lo que digo, trae el ácido y... eres la persona en la que más confío, te daré una labor muy importante, ¿viste todos los componentes que lleva el suero?

El joven parpadeó un par de veces y luego enfocó la vista. -Por supuesto, ¿a qué se debe la pregunta?

-Sea cual sea el resultado de la cura, tienes que hacer un antídoto para él.

-Pero...

-Hazlo. Por favor.

El chico dudó unos segundos en analizar todo, era su líder del quien estábamos hablando, su mentor. No podía traicionarle.

Levantó la vista y lo miró firmemente. -Será un honor, doctor Wells.

[...]

El doctor Shell y el doctor Wells habían empezado con el suero, llevaban 2 horas fabricándolo, midiendo las medidas exactas para que nada saliera mal, esto iba a ser un éxito total, la humanidad estará a salvo y las nuevas generaciones no padecerán este virus mortal.

-Doctor, Shell, es hora de que el sujeto tome el suero, está listo.- habló a través de la máscara que cubría su boca.

-Aun no. Falta el ingrediente esencial. ¿Está el ácido aquí?- las palabras fueron amortiguadas por la máscara que usaba igualmente el estadounidense.

El doctor Connor Wells sabía que esto era una mala idea, pero... sabía también que su mejor asistente estaba fabricando un antídoto por si el suero sale mal o tenía algún efecto maligno repentino. No podía mentirle.

-Aquí está.

Agarró el tubo de ensayo con el líquido, el alemán cogió una jeringa, la sumergió y la sacó para seguidamente dejar caer tres gotas de ácido sobre el suero. El líquido de la medicina provocó unas pequeñas burbujas cuando el ácido entró en contacto con él, luego de unos segundos todo volvió a estar como antes.

-Es hora de traer al sujeto, doctor Wells.- asintió y caminó a la salida en dirección al cuarto del sujeto de prueba.

El alemán volvió su atención hacia el suero ¿Tres simples gotas serán suficientes para esto? ¿No era muy poco? Sabía que esto sólo era una prueba y si todo salía bien, iban a seguir fabricándolo y lo llevarían a las farmacias y hospitales, el presidente estaría con un peso menos en los hombros. Entonces... si sólo tres gotas iban a poder curarlo, ¡cinco o siete gotas iba a ser mucho mejor! ¡Por supuesto! Por algo había pasado años en la Universidad de Múnich. No iba a desaprovechar esta oportunidad, todo estaba en juego.

Acercó la jeringa al ácido y absorbió un poco, volvió al suero y dejó caer tres gotas más, pero al escuchar los pasos del doctor Wells acercarse, dejó caer una gran cantidad, demasiada. No se había puesto a pensar en lo que iba a decir el estadounidense, él nunca lo vio muy convencido cuando siquiera le mencionó lo del ácido, era mejor callarlo por un momento, tal vez hasta llevarlo a la tumba. Sólo deseaba que nada saliera mal.

-El sujeto número tres está aquí, es hora.

-Muy bien. Que se suba a la camilla, doctor.

Asintió y llevó al sujeto a la camilla. El sujeto subió y se acostó, mantenerse tranquilo estaba en las cosas imposibles que podía hacer. El doctor Wells le puso la intravenosa al sujeto de pruebas, asegurándose de que todo estuviera bien. El doctor Shell se acercó por detrás con la aguja llena de lo que esperaban fuera el suero que curaría a todos.

El líquido recorrió su camino hasta llegar a su vena. Ambos científicos se miraron entre sí cuando el sujeto de prueba se estremeció.

-Será mejor llevarlo a su habitación.

El alemán asintió y cuidadosamente esperó que todo el líquido hubiese llegado por completo a su cuerpo. Al haberlo hecho, quitó con cuidado la intravenosa y levantó al sujeto. El tacto de los guantes sobre la piel del sujeto, hizo que una corriente eléctrica recorriera la médula del alemán, no era una sensación que quisiera conservar. Era asqueroso. Estaba acostumbrado a ver su piel y los pedazos desprendiéndose de él, pero ni por un momento estaba listo para sentir su piel, ni aunque fuera con los guantes de por medio.

[...]

Las horas habían corrido, ambos científicos observaban con extremo cuidado los cambios que presentaba el sujeto. Los primeros minutos había pasado, calmado, como si nada hubiera pasado. Su piel se iba regenerando considerablemente con el tiempo, estaba tomando su color natural, parecía que todo había dado efecto de un modo increíble.

–Será mejor decirle al presidente que el suero está hecho. Debe de estar en las farmacias y hospitales lo más antes posible, el virus se expande muy rápidamente.

–Es lo mejor. Debemos darles el suero también a los demás infectados, a los otros dos sujetos.

–Tiene razón, le diré a uno de los suyos que se los dé con la medida exacta.

Los dos científicos salieron del cuarto del sujeto de pruebas, en el camino vieron a George, uno de los mejores del Americano, el doctor Shell le dio la orden e indicación y para darles el suero a los demás experimentos fallidos, al irse el joven, volvieron en dirección a la sala de comunicación para comunicarse con el presidente.

[…]

El líder de todos los estados unidos se asomó por la pantalla, su expresión se volvió relajada cuando los científicos le avisaron de que la medicina estaba lista. Era un peso menos en sus hombros, su país se iba a salvar de ese maldito virus que había matado a tanta gente, y aún lo estaba haciendo.

–¡Doctor!

Todos se sorprendieron cuando vieron a uno de los asistentes del alemán venir corriendo hacia ellos, su piel estaba pálida y sus fracciones faciales estaban aterrorizados.

–¿Qué pasa? ¿Que ocurre?

–¡El sujeto! ¡Tienen que ir a verlo! ¡Él... él se transformó, mutó! ¡Rápido!

Ambos se miraron entre sí antes de cortar la videollamada con el presidente e ir donde el sujeto de pruebas. Corrieron por los pasillos hasta llegar al cuarto. Los gritos y sonidos de cosas cayendo al suelo y siendo destrozados se oían desde lejos, al igual que unos gemidos y olor a decadencia. Al entrar al cuarto vieron algo que los dejó sorprendidos, asombrados en extremo. Estaba el sujeto de experimentos—o lo que parecía ser—en el suelo, su cabeza hundida en el abdomen de uno de los asistentes del estadounidense, aparentemente estaba comiendo sus órganos, destrozando todo de él, su boca llena de sangre al igual que sus manos y el resto de su ropa. Su piel estaba peor que antes.

–Oh, por Dios...– el alemán dio unos pasos entrando al cuarto, pero al hacerlo, el otro científico puso un brazo sobre su pecho impidiendo que avanzara.

–Shh, habla bajo, tiene un oído increíblemente sensible. Hay que irnos de aquí lo más rápido posible.

Ambos dieron unos cuantos pasos hacia atrás, se detuvieron en seco cuando oyeron un ruido en el "monstruo" que estaba en el suelo, volvieron a caminar cuando notaron que seguía comiendo, al llegar al umbral, cerraron la puerta y el estadounidense buscó en su bolsillo la llave, enllabaron y al hacerlo el monstruo corrió hacia la puerta y la golpeó. Los dos avanzaron por el pasillo mientras buscaba una idea coherente para averiguar que había pasado.

Al entrar por otro pasillo, el asistente del doctor Wells salió de uno de los laboratorios con algo como un líquido en un vaso de ensayo. –El antídoto está listo, doctor.

–Bien, sólo hay que...– en el momento en el que estaba a punto de hablar, el monstruo entró al pasillo corriendo, el asistente miró a los científicos buscando una explicación para lo que estaba pasando, en lo cual, el doctor Wells tomó el antídoto y lo guardó en una de las bolsas de su bata, entró rápidamente al laboratorio donde había salido su asistente, cuando volvió le dio una pistola a cada uno y él mismo.

Le dispararon, pero era imposible, el monstruo parecía inmortal. Optando por lanzarle una silla, los tres salieron hacia la intemperie. Poner un laboratorio súper avanzado en medio de la nada parecía buena idea al inicio para evitar las distracciones o interrupciones a los científicos, ahora, tal vez no bueno para pedir ayuda.

–¡¿Qué demonios pasó?!

El alemán sabía las respuestas a los gritos del otro científico, sentía culpa por todo esto.

–Doctor, Wells, yo tuve la culpa, puse gotas de más al suero cuando usted se fue. Jamás pensé que esto pusiera ser posible, creí que eso de que... pudiera convertirse o mutar el sujeto, creí que todo eso era sólo un disparate suyo.

–No se preocupe. Sabía que algo podría pasar o salir mal, así que le he pedido a Cameron que fabricara un antídoto para el suero.

–Aun me siento muy responsable por todo esto, y tengo que estarlo. Yo tuve la culpa de todo esto, lo lamento. – el alemán miró a los dos estadounidenses con los ojos llorosos, llevó la pistola a su cabeza y cerró los ojos fuertemente.

–¡Doctor Shell, no!– el asistente trató de detenerlo, pero fue demasiado tarde, disparó y su cuerpo cayó al suelo abruptamente.

El caminante había llegado donde ellos, traía al sujeto número dos ahora también convertidos en caminante. Entraron en pánico, no sabían que hacer. El doctor Wells miró al científico que había muerto cobardemente, pensó un momento... ¡Los cerebros! ¡Todos sus órganos internos no funcionan, a excepción de su cerebro, es su debilidad!

Miró a los dos caminantes acercarse, retrocedieron un poco y el doctor apuntó a las cabezas de ellos, nervioso. –Disparale en la cabeza.

–¿Perdón?

–¡Hazlo!

Abriendo los ojos dispararon varias veces para seguidamente ver cómo caían al suelo, pero cuando no estaban lo suficientemente seguros de que estaban a salvo, el asistente decide acercarse para ver si estaban "muertos", cuando parecía que lo estaban, se devolvió, pero sintió algo en la pierna, una mordedura y luego un ardor intenso, miró su pierna casi entrando en pánico; ¿cómo matas algo que ya está muerto? Aparentemente así. Connor Wells codeó a su asistente indicándole que le siguiera, caminaron lenta y cuidadosamente hasta el helicóptero de emergencia que tenían afuera, el joven entró mientras que el doctor buscó con la mirada algo por todas partes. ¿Qué no eran tres sujetos de pruebas? ¿Dónde estaba el otro? Tal vez... ¿Se lo comieron? No tenía cabeza para pensar, tenía que volar a Washington para avisarles. No sabía que les iba a decir, no tenía idea de como iba a ser su reacción. Todo lo que ocupaba su mente era... Salir de ahí. Con vida. Lo que el científico no sabía era que su mejor asistente le quedaban menos de 24 horas para convertirse en uno de esos caminantes.

El helicóptero despegó rumbo a Washington DC y para informarle al presidente lo ocurrido para seguidamente volar a Alemania y decirles lo que pasó con sus hombres. El científico y el asistente no se dieron cuenta que lo a lejos entre los árboles, un caminante se había escurrido por el bosque camino a la ciudad.