New Chapter!
Después de un tiempo, he decido seguir con esto, ya tengo varias ideas y escritos para esto, no van a ser muchos capítulos, tal vez máximo 10, pero algunos van a ser algo extenso, sin embargo no quiero superar los +3k palabras en un capítulo.
También quería decirles que esto será un crossover de Big Time Rush y The Walking Dead, pero sólo serán personajes de las dos primeras temporadas de ambas series. No se preocupen si no saben mucho de TWD o algo, nah.
La última vez que actualicé esto fue el 17 de abril del año pasado... Espero esta vez sea diferente.
Enjoy! :D
Wichita, Kansas, Estados Unidos.
pequeño Katiel Knight de 10 años miraba con felicidades a toda su familia reunida alrededor suyo. Hoy era su cumpleaños número 10, este era el mejor de todos. Tuvo el mejor regalo que cualquier otro niño pudiera pedir, tener a su padre presente. Su padre era un miembro del ejército y pasaba prácticamente todo el tiempo en los campos de entrenamiento, jamás había estado para el cumpleaños de su hijo mayor, hasta ahora.
Kendall sonrió hacia su padre cuando todos habían terminado de cantar feliz cumpleaños. Sopló las velas pidiendo su deseo: ver a su padre más seguido. Cerró los ojos deseando desde muy adentro de él. Sintió un golpe en su pierna, abrió los ojos y vio a su hermanita de 5 años golpear suavemente su pierna con una caja envuelta en papel de regalo rojo con puntos blancos y lazo verde. Sonrió y lo agarró, abrazó a su hermana y ella sólo sonrió.
–Kendall, cariño, es hora de partir el pastel.– habló su abuela sentada en una silla de ruedas junto a él.
Kendall asintió y vio venir a su mamá con unos platos y un cuchillo. Se sentó en el sofá y sintió a su papá sentarse junto a él. Lo miró y él sonrió orgullosamente.
–Ya diez años, hijo, como corre el tiempo. Pronto estarás como yo. ¿Qué quieres ser de grande?
–Mmm... No lo sé. No quiero dejar a mamá sola.
–Tal vez puedas...
De repente empezaron a tocar la puerta desesperadamente. El papá de Kendall se levantó preocupado, abrió la puerta y vio a uno de sus compañeros en el ejército, vestido y listo. El señor Knight ya sabía lo que estaba pasando, temía que el día llegara, pero lo hizo, demasiado rápido, esperaba que al menos si hijo tuviera la mayoría de edad, aún no estaba listo para esto.
–¡Knight! ¡Ya es la hora, prepare a su familia para ser evaluada y a sus hijos, tiene que llevarlos lo más rápido posible a la calle principal, el bus está por salir!
El señor Knight hizo un ademán con su mano en un costado de su frente y el otro señor se fue. Se dirigió a su familia y miró a su esposa. –Tienen que salir de aquí. Yo me llevaré a Kendall y Katie.
La señora Knight asintió y ayudó a su mamá en la silla de ruedas mientras su hermana y hermano ayudaban a su papá a caminar. El señor Knight levantó a su hija y tomó la mano de su hijo. Kendall veía a todas partes, quería que alguien le dijera lo que estaba pasando.
–Papá, ¿qué está pasando?
–Tranquilo, hijo.
–Mamá, ¿a dónde van?
La señora Knight no contestó. Tenía la mirada en el suelo. No quería que su hijo la viera llorar, tenía que ser fuerte. Probablemente éste sería el último día que viera a sus hijos y tenía que ser fuerte. No tenía que dejarlos verla llorar.
Kendall sabía cuándo su mamá no estaba bien. Sabía que cuando ella tenía un problema muy fuerte y complicado, lloraba, pero en silencio. Él siempre corría donde ella y la abrazaba, hoy no era la excepción.
–Kendall, ¿qué haces?– definitivamente estaba llorando.
–No llores mamá, todo estará bien. Ya no llores.
Su mamá se limpió la cara y dejó de empujar a su mamá, se agachó y miró a su hijo de frente. –Prometeme que siempre serás fuerte, siempre sé valiente. Jamás te rindas ni mires atrás. Sé cómo tu papá que nunca le tiene miedo a todos. También se amable con las personas, pero no dejes que se aprovechen de ti, ¿ok? Tú vales más de lo que crees. Eres un Knight tienes que tener la frente en algo pasa lo que pase. ¿Está bien?– su mamá volvió a llorar. Kendall asintió y la abrazó fuertemente.
–¡KNIGHT!– a lo lejos se oyó un grito, era el capitán. Kendall y su mamá se separaron, la señora Knight volvió a levantarse. –¡Lleva a tus hijos al bus, ya! ¡Sabes que ellos son lo más importante! ¡Muevete!
–¡Sí, señor!
–Kendall, vamos.
–¿A dónde vamos?
–¡Vamos, Kendall!
–Anda, Kendall. – asintió.
Kendall volvió con su papá. El señor Knight agarró muy fuerte su muñeca y corrió pasando la calle, cuidando de su estrellarse con alguien. La gente corrió como loca por toda la calle. Habían juguetes tirados por todas partes.
Corrieron hasta llegar a la calle central. Había un largo bus escolar, muchos padres estaban dejando a sus hijos ahí. El señor Knight corrió hasta allá y saludó a los demás soldados. Ellos respondieron.
–¿Nombres?
–Kendall y Katie Knight.
–Adentro.
El señor Knight bajó a su hija y la puso junto a Kendall. –Kendall, hijo. Haz todo lo que estos señores te digas, y por favor, cuida bien a tu hermana. Te amo, Kendall.
–Está bien, papá. Yo también te amo.– su papá se inclinó y besó la cabeza de sus dos hijos. Ellos sonrieron y entraron.
Kendall buscó un lugar en la mitad del bus, sentó a su hermana cerca de la ventada y él en la orilla. Vio a su alrededor y habían muchos niños de la edad de su hermana, suya y más grandes. Todos estaban tan confundidos como él. Ninguno tenía la más mínima idea de lo que estaba pasando. Vio a unos niños como de su edad en los asientos a la izquierda suya, estaban con miedo. Miró a su hermana y sonrió al ver a su hermana jugando con una muñeca Barbie. No se había dado cuenta que la traía con ella.
–¡Escuchen todos, estábamos a punto de salir, por favor mantengan el orden cualquier momento inesperado que tengamos!
Sin decir más, se sentó en los asientos de adelante y el hombro frente al volante movió la palanca para empezar mover el bus. El viaje estaba relativamente normal, todos los niños estaban en calma, charlando o simplemente mirando por la ventana. Vio a su hermana de nuevo, estaba casi cayendo de sueño. Kendall la abrazó y la arecosté a su lado, besó su frente y le sonrió.
–¿Cuándo llegamos, hermano mayor?
–No tengo idea.– arregló un mechón de su su pelo que estaba casi por su ojo.
Había pasado casi una hora. Ninguno de los niños sabía con exactitud cuán largo era el viaje ni a donde iban. Sólo estaban ahí. Katie había caído hace rato, se movía considerablemente en sus sueños. Kendall la veía y sonreía, pero no apartaban la vista de la ventana, jamás había visto un lugar como este. Era tan solitario el camino. No habían ni carros.
El bus tuvo un estruendo. ¿Habían chocado con algo? O ¿Algo chocó con ellos? Los niños empezaron a entrar en pánico. Kendall no quería despertar a su hermana, podía pasar algo en cualquier momento, pero prefería llevarla en brazos. Se oyó un sonido como de gemidos de dolor, un olor desagradable apareció. Se escuchó al chofer murmurar amargamente una queja de frustración.
El bus comenzó de nuevo a moverse, esta vez se forma violenta. El chofer apretada el acelerador con fuerza. El bus iba a su máximo. Llegó un momento en el que llegaron a una curva, el volante no respondía, no giraba, los frenos no funcionaban. El chofer empezó a preocuparse. Usó los frenos de emergencia y puso detenerse en el último momento. No iban a caer por la barranca, sino que se iban a estrellar con una pared de tierra sólida perteneciente a una montaña. Pararon y sólo tuvieron una pequeña abolladuras en la parte de atrás y una luz rota.
Katie despertó. Estaba confundida por lo que estaba pasando. Miró a su hermano y él solo le sonrió para calmarla. Mientras tanto adelante, El conductor volvió a su trabajo, pero el bus no arrancaba, el volante no giraba y nada funcionaba.
–¿Qué pasa? ¿Por qué no enciende el bus?
–No lo sé, pasa algo, no responde nada.
–¡Vega! ¡Llama al capitán y dile que mande otro bus! ¡Dile dónde estamos! ¡Apurate!
–Sí, señor.
–¿Qué está pasando, hermano mayor?
Kendall miró a su pequeña hermana, vio el miedo en sus ojos. –No pasa nada, hermanita. Sólo... se quedó sin gasolina el bus, estará todo bien.
Algo del cielo cayó brutalmente fuerte en la parte de adelante del bus asiendo asustar a todos los niños y soldados. El conductor se asomó por el vidrio y vio una gran roca manchada de sangre. Inmediatamente le avisó al soldado a cargo, el cual hizo todo lo posible por permanecer tranquilo. –Son más inteligentes de lo que pensaba...
–¿Qué haremos? El capitán dijo que el bus está en camino, pero llevará una hora que llegue hasta aquí. Tomamos el camino que no era.
–Este camino lo elegí yo.– el soldado a cargo lo miró superiormente. –Lo que haremos será lo siguiente... – comenzó su recorrido por el pasillo observando a los niños. Se volteó hacia sus hombres. –¡Cierren todas las puertas y ventanas! ¡Nada ni nadie entra o sale de este bus!
–Señor...– un pequeño niño de 8 años jaló un poco su pantalón llamando su atención. El hombre volteó su atención hacia el niño esperando que hablara.
–¿Sí?
–Tengo que ir al baño.
El hombre se inclinó hacia él. –¿Cómo te llamas?
–C-Carlos García.
–Bueno, García, como dije antes... ¡NADIE NI NADA ENTRA O SALE DE ESTE BUS, ASÍ QUE TE AGUANTAS, NIÑO!
El niño tragó en seco y asintió. El hombre volvió a adelante y dos de sus soldados fueron a los lados interiores del bus, uno en cada lado, y cerraron con seguro las ventanas. Uno de ellos, el de la izquierda específicamente, vio algo inusual en la ventana haciendo que retrocediera y cayera al suelo. De un momento a otro, una mano atravesó la ventana de vidrio haciendo que ésta se quebrara. El soltado se levantó y corrió donde su líder para decirle lo que ocurrió. Mientras hacía eso, los niños gritaban cada vez más fuerte y más atemorizados, la mitad de un cuerpo podrido rompió el vidrio de la puerta de atrás.
–Santo cielo...– el chofer se quedó atónito.
–¡TODOS! ¡AQUÍ!
Todos los niños corriendo aterrorizados hacia la parte de atrás. Ninguno sabía que estaba pasando. Esas cosas seguían intentado entrar, hasta que uno de ellos lo logró. Lo que ninguno se había dado cuenta era que había un niño aún es una silla, al parecer se había puesto el cinturón y no podía quitárselo.
–¡Auxilio! ¡Ayuda!
Un soldado estaba dispuesto a ayudarle, pero sintió un brazo sobre su pecho. –Dejalo.
–¡Ayuda, por favor!– el caminante se seguía acercando a él. El niño llorada desconsoladamente.
–Pero, señor...
–Dejalo, dije.– el soldado lo miró con odio, su jefe solo veía como el caminante de acercaba más al niño. El soldado, harto de ver la crueldad en el corazón de su superior, decidió desobedecer su orden y fue donde el niño, al hacerlo, el caminante lo divisó y gruñó, de repente, de la puerta entraron otros dos caminantes y de le tiraron encima. Los niños cerraron los ojos y sólo escucharon los gritos del soldado y del niño al ser comidos por los caminantes. –Afuera, todos.– susurró dando palmadas suaves en la espalda de los niños para que salieran.
Todos salieron silenciosamente por la puerta de adelante. La mitad del grupo yacían afuera, vieron que en el capó del bus había una gran piedra, el motor y todo estaba echando a perder, más de uno sabía que este podría e iba a ser su fin, su último día de vida. El otro grupo de niños empezó a salir del bus, guiados por soldados. Cinco niños ya habían bajado, el grupo se divida en once, eran veintidós en total; se escucharon gritos, luego golpes, gemidos y por último sangre, el pánico estaba en muchos.
Aparentemente los caminantes habían terminado con el niño y el hombre del ejército. Terminaron con ellos. La otra mitad del grupo y los cinco niños del otros se miraron entre sí, vieron al soldado a cargo de ellos, tenía que protegerlos pasara lo que pasara.
El soldado los hizo retorcerse más, lentamente. Oyeron pasos detrás de ellos, el olor eral mismo. Habían más caminantes, y estaban tras ellos. Habían probabilidades de uno en un millón de salir sanos y salvo de ahí.
–Hermano mayor, tengo miedo.
Kendall miró a su hermana. Sus ojos marrones brillaban con terror. Besó su frente y la abrazó. –Tranquila, Katie. Todo estará bien, hermanita.
Los gemidos se habían más fuertes. El olor más intenso. El pánico aumentaba en descontrol. Eran sólo niños, ¿qué habían merecido para pasar esto? ¡Eran niños! ¡Almas inocentes!
Oyeron unos disparos cerca de ellos. Unas balas chocaron contra las cabezas de los caminates haciendo que cayeran al suelo finalmente derrotados. Otros disparos chocaron contra ellos hasta que al final ninguno quedó en pie. Los niños estaban felices y aterrados al mismo tiempo. Estaban felices porque quien haya sido que disparó a los caminates, los salvaron. Sin embargo, esos que les ayudaron podían matarlos también a ellos.
Unos pasos se acercaron a ellos. Los niños temblaban con miedo. Temían por sus jóvenes vidas. Eran niños, pero no por esos ellos no iban a saber que este podía ser el final de sus días. Katie se acercó más a su hermano, el cual la abrazó de manera reconfortante. El único soldado que quedaba agarró su arma y fue donde provenían los pasos, pero en menos de 2 metros, le dispararon y cayó al suelo muerto. Los niños estaban ahora mucho más preocupados.
Los pasos de acercaron tanto que el sol del atardecer hizo sombras de las personas que veían, parecían un señor y tres muchachos más. Las sombras de acercaron a tal grado de que las personas se mostraran por fin. El señor era de más o menos 35-40 años y junto a él veían dos muchachos y una chica de aparentemente 16 años. Todos soltaron las armas y levantaron las manos.
–Tranquilidad, niños. Nosotros sólo queremos ayudarlos. Vivos como los caminates los atacaron. Son muy jóvenes para quedarse aquí a la intemperie solos, únanse a nosotros, lea enseñaremos a como sobrevivir, a disparar un arma y cazar. La vida se volverá más pesada de ahora en adelante con esas cosas sueltas.
–Ni siquiera nos has dicho como se llaman.– habló Kendall firmemente.
–Me gusta tu actitud, niño. Firme. Yo soy William Scott, ellos son Jefferson Tanner, Josh Sparks y Sophia Clayton.
–Tenemos un campamento a una hora de aquí, tenemos comida, agua, ropa, armas... Vengan y estarán asalvo.– habló la chica.
Kendall tenía una misión hecha por su padre, obedecer las órdenes de los oficiales acargo, pero si todos estaban muertos... tenía que velar por hermana, él era todo lo que ella tenía ahora, ella era sólo una niña y genia que protegerla con su propia vida. Estos tipos los conocía hace menos de 5 minutos, pero parecían de confianza. Tenían un refugio, comida, armas y todo lo que ellos no y no podían conseguir solos, la salvación no les iba a caer del cielo.
–Yo voy con ustedes. – dijo agarrando la mano de su hermana.
–Yo también. – dijo el niño Carlos.
–Yo igual.
–Yo voy con ellos.
–Yo.
–Yo quiero, pero tengo miedo.
–Yo voy.
Al final todos aceptaron. Esto iba a ser la única manera de sobrevivir de ahora en adelante. Protegerse los unos a los otros. Hacer lo posible para mantenerse unidos y alerta. Esos cosas estaban por todas partes y en cualquier momento habrían más y más y más...
El tal William sonrió. –Vamos, la camioneta está por acá, pronto anochecerá.
