Nada es verdad, les han mentido todo este tiempo.
Algunas veces tenían peleas, estaban las peleas por conseguir la mejor ropa, un lugar en el baño, competencias, nada serio. Pero también estaban las peleas de verdad, no aquellas en que sangran o se fracturan los huesos, sino aquellas peleas donde pareciera que no se iban a perdonar nunca. Ya le había sucedido a Lincoln en diversas ocasiones, y siempre tendría que hallar la forma de solucionar los conflictos de manera creativa.
Ahora que cuatro de sus diez hermanas ya no estaban, con gusto jamas volvería a pelear con ellas de nuevo si eso consiguiera que volviesen.
Era incapaz de expresar el vacío que sentía, sus padres querían hablar con él sobre la situación. Querían. Nunca pudieron, siempre terminaban desmoronándose y se culpaban peor de lo que Lincoln se culpaba a sí mismo. También intentó hablar con sus hermanas. Nadie sabia que decir.
¿Lo siento? Literalmente todos podían sentir la perdida.
¿Te cuento un chiste? Ni un chiste del mundo podría aumentarles el animo. A menos de que todo esto se tratase de una broma y sus hermanas estén ocultas en algún lugar de la casa.
¿Suspiro? Ni una palabra era entonada por su hermana más oscura.
¿Quieres jugar con nosotras? Ya no recibía invitaciones a las fiestas de té de Lola, o a cazar insectos con Lana.
¿Popo? Que podría decirle una bebé que apenas sabia pronunciar una palabra.
Soy el toro celestial, el portador de luz, el líder por derecho, el ángel del talento. ¿Y represento al mal?
El cielo se teñía de un color naranja, las nubes ocultaban la puesta de sol que un hermano desesperado ignoraba. Lisa le dejó una pista, una señal. Su mente comenzaba a plantear diversas teorías. ¿Quien lo hizo? ¿Lisa se contactó con su secuestrador? Tenía que encontrar respuestas.
No quiso contarle nada a su familia o a las autoridades. Si estaba equivocado todo seria solo una perdida de tiempo. Y si no lo estaba, cabía una mínima probabilidad de hallarlas.
Se cuestionaba a sí mismo varias cosas. ¿Por que sus hermanas desaparecieron? ¿Por que eran ellas, las cuatro que sufrieron más problemas, quienes que tenían que desaparecer? Esto estaba planeado, y estaba casi seguro de que sus hermanas guardaban el mismo secreto. No podía comprender porque tenían que recurrir a un desconocido, él era su hermano, podía ayudarlas, fuese cual fuese el problema.
Yo no te voy a condenar.
La casa estaba abandonada: ventanas rotas, madera seca, una puerta destrozada. En cualquier momento se podría venir abajo.
Lincoln revisó por ultima vez el cuaderno de Lisa para asegurarse de que esa era la ubicación correcta. Sí lo era. Tomó una bocanada de aire para tomar valor e ingresó al sitio. El lugar estaba lleno de polvo y telarañas en las esquinas, insectos se espantaron de su llegada y huyeron hacia los agujeros en las paredes. En la sala habían muebles desordenados y en el suelo, en la cocina las puertas de los reposteros estaban rotas. ¿Por que su hermana iría a un lugar como ese?
En uno de los rincones encontró algo extraño. Una mancha oscura pintada en el suelo, como un charco, y lo más raro era que habían otras gotas de ese color más pequeñas que parecían guiarlo hacia las escaleras que dirigían al segundo piso. Su corazón latía con fuerza, anhelaba de que eso fuera cualquier cosa menos sangre. Y si lo era, que no fuera la de su hermana.
Los peldaños liberaban un crujido muy fuerte, cucarachas salían despavoridas por cada paso que daba. El rastro seguía en el corredor del segundo piso hacia una de las puertas, eso no fue lo que lo sorprendió, si no lo que encontró escrito en una de las paredes con la misma pintura oscura. No creía poder aguantar tantas emociones ese día.
No te engaño con patrañas, no te impongo mandamientos.
El mensaje en la pared parecía estar dirigido para él, no podía ser posible. No conocía a nadie capaz de hacer algo así, era claro que alguien lo conocía a él. Decidió continuar con el rastro, avanzó hacia la puerta, algo dentro de él le decía que no la abriese. Así que simplemente observó por el ojo del picaporte al interior.
Alguien más estaba ahí. En el interior, según su perspectiva, alcanzaba a ver un par de piernas tendidas sobre una cama, sin moverse. Demasiado quietas. Lo confirmó entonces, no cabía duda alguna, esa pintura era sangre humana. Lo que veía en ese momento era un cuerpo sin vida. Dejó lo que estaba haciendo un momento para aclarar sus ideas un poco y recuperar aire. ¿En que se había metido su hermana?
Sentía un yunque en lugar de corazón, la presión era demasiada. Sacudió su cabeza, quizás estaba exagerando, quizás no había visto bien. Volvió a acercar su ojo al picaporte. No había nada. La cama seguía ahí, pero sin el cuerpo. Suspiro aliviado, creyó que su mente inventó eso del cuerpo. Ese lugar lo ponía tenso. Tomó la elección de abandonar la casa de una buena vez.
Se dio media vuelta para dirigirse hacia las escaleras, hasta que oyó el ruido de una perilla girando. Así era, la puerta se abría lentamente. Corrió, como si su vida dependiese de ello. Se alejó de la casa lo más rápido que pudo y se encaminó hacia su hogar, sus pulmones estaban a punto de salir por su boca.
Yo te animo a que disfrutes sin dañar a los demás.
Sudaba a montones, gotas se deslizaban por su frente y su espalda. Era demasiado. ¿Que diablos sucedía? ¿Quien o que era eso? Ya había anochecido.
Las sorpresas no terminaban. Al estar a unos cuantos metros de su casa, vio un par de patrullas estacionadas delante de su patio. Aumentó la velocidad, temía que otra de sus hermanas haya desaparecido, o peor. Al entrar, vio a su familia (lo que quedaba de ella) en la sala, todos sentados en el sofá, en frente de un par de policías que les hacían preguntas y realizaban apuntes en pequeñas libretas. Sus padres notaron su llegada.
-¡Lincoln! ¿Donde has estado? —Su madre tenia los ojos vidriosos, lo que daba una pista de que hace unos minutos había roto a llorar— Estábamos preocupados.
-Salí con Clyde. —Inventó algo que obviamente no iban a creer— ¿Que sucedió?
-Hijo... —Su padre le pidió que se sentase con las otras. Parecía que sus hermanas habían estado sollozando hace un instante, exceptuando a Lily y Lucy. ¿Que podría ser tan malo como para que volvieran a llorar?
-Lori encontró los lentes de Lisa, en el ático. Estaban rotos, y había... —No podía continuar, las palabras no salían de su boca.
No era necesario que lo hiciese. Entendió que fue lo que quiso decir. Él también hubiese temido lo peor, hubiera llorado como los seres que quería. No obstante, recordó que aun quedaba algo por hacer.
Y no estaba dispuesto a ver a su familia sufrir de nuevo.
-Papá... Encontré algo.
Aunque puede que yo este en tu mente, igual que el otro.
Las cosas no podrían empeorar. Lincoln reveló el sitio que había visitado ese día, mostrándoles el cuaderno de Lisa y explicando que es lo que había encontrado. Los oficiales dudaron al principio, mas no perdían nada al ir al lugar que el chico les indicaba. No tenían muchas pistas después de todo.
Sus padres y él subieron a una patrulla, Lincoln los guió y al cabo de unos minutos llegaron a la misma casa de antes. Solo había un detalle: Todo se acababa de convertir en escombros. La casa había caído, ya no había mensaje, no había rastro, no había cuerpo, no había señales. La ultima luz de esperanza se acababa de apagar para el niño.
Nadie le creería ahora que es lo que vio ahí. Los oficiales dejaron a Lincoln en la patrulla, y conversaron con ambos padres un poco alejados del vehículo. Pudo oír cada palabra de la charla, vio los rostros fríos de los hombres uniformados, y la cara de sus padres cambiar a una expresión de preocupación. En resumen, la policía les sugirió que debían llevarlo a un psicólogo infantil.
No estaba loco, el sabia lo que había visto. Podía hallarla, podía encontrarla. Solo tenían que escucharlo, tenían que creerle cuando les decía que vio un cuerpo que volvía a la vida, que la casa estaba de pie hace unas cuantas horas, y que le dejaron un mensaje escrito con sangre. Nunca nadie le creería que había recibido una advertencia de un ser que no conocía:
"Salva su alma"
No. Nadie le ayudaría. Él era el único que podría resolver todo esto. Sus hermanas estaban en algún lado, no le importaba si es que no querían ser encontradas, él las iba a buscar y daría con ellas de cualquier manera. Lisa sacó algo de ese lugar, algo que le dio el susto de su vida. Si es que vio a un muerto, o alguien morir, ese trauma no se podría olvidar fácilmente. Había visto películas de terror que no eran para su edad donde la gente moría, si ni siquiera él era capaz de soportarlo, su hermana tampoco. Entonces, algo en su casa lo hizo.
Algo en su casa logró deshacerse del miedo de Lisa. Se sorprendió de que haya estando sacando conclusiones y teorías de formas tan rápidas. Si los investigadores le prestaran atención todo podría ser más fácil, más sencillo. En este punto, pensaría de que las autoridades eran mediocres y no hacían bien su trabajo. Debió ser porque la preocupación de haber visto tanto en un solo día le revolvía las ideas, pero creyó en algo bastante lógico para él. Ni un adulto podría ser tan torpe. Estaban ocultándole algo, a él y a su familia.
La policía ya tendría que haber empezado a buscar por la casa, por las pertenencias de sus hermanas, pero no habían hecho nada de eso. En su lugar solo iban de puerta en puerta preguntando si es que vieron a las desaparecidas. Y la única razón por la cual volvieron a su hogar fue para confirmar lo que Lori dijo sobre encontrar los lentes de Lisa.
Tendría que ser una tonta ocurrencia, mas al enterarse de que la policía quería que sus padres lo llevasen a un psicólogo la idea no sonaba tan absurda. Las mismas autoridades querían evitar buscar más pistas. Y se le volvió a ocurrir otra idea loca: ¿Y si fueron ellos?
Habría que averiguarlo, así que hizo lo que cualquier persona normal hubiera hecho. Volvió a correr con todas sus fuerzas, saliendo de la patrulla, y dirigiéndose rumbo a la estación de policía. Algo andaba muy mal.
Y malgastes el regalo de la vida haciendo el tonto.
Sigue a los Buitres.
Estamos aquí.
