Todos sabemos que la vida no es justa.
Era afortunado de haber llevado el celular consigo, y mucho más afortunado de que aun le quedase batería para poder contactar con sus hermanas. Sus padres se dieron cuenta casi de inmediato de que acababa de salir huyendo, como era lógico, fueron tras él. Lincoln los perdió al esconderse en un callejón, detrás de un bote de basura. Escuchó a la patrulla dar un rodeo por la zona un par de veces hasta que se cansaron y fueron a buscar a otro lugar.
Salió de su escondite y se dirigió con cautela hacia la estación de policía. No sabia muy bien que es lo que hizo, su cabeza daba vueltas y sentía una carga sobre el pecho. Se le hacia difícil respirar. Envió un mensaje a sus hermanas restantes pidiéndoles ayuda, les dijo que les daría una explicación después y que fueran a la estación lo más rápido posible, evitando a sus padres.
No recibió respuesta alguna.
¿A ti de pequeño no te dijeron que de mayor podías ser lo que tú querías?
La oficina estaba muy concurrida ese día, personas hablaban con las autoridades sobre robos, asaltos, secuestros, extorsiones, entre otras cosas. Sabia bien que su caso era mucho más grande, era noticia a nivel nacional, y que tendrían que estar investigando en algún lado sobre la desaparición de Luna, Leni, Lisa y Lynn. Aprovechó de que nadie le prestó atención para escabullirse hacia las oficinas en el interior, evitando a los adultos que se encontrase en el camino.
Si su teoría era cierta, ya habrían dado la alarma de su escape, y quizás hasta sabían que ya estaba ahí. El pasillo que revisaba ahora, de paredes blancas y suelo gris con un techo del mismo color, estaba despejado. Una única puerta naranja estaba semiabierta a mitad de este. Oyó los pasos de varias personas en el pasillo próximo volteando la esquina, quizás cuatro o más, rumbo hacia su dirección. No tuvo más remedio que ingresar por la única entrada que encontró para esconderse.
Era su día de suerte. Cerró la puerta detrás de sí para evitar que alguien entrase, después de que escuchó de que el peligro pasó, admiró, con horror, que sus teorías no eran incorrectas.
El sitió estaba casi oscuro, no tenia ventanas, solo un ventilador daba aire fresco al lugar, la única luz que había era la de una lámpara sobre un escritorio que alumbraba varios archivos con nombres de niños. Esa misma luz dejaba ver también una pizarra junto a la pared, sobre el cual habían imágenes de perfil de niños y adolescentes, encima de un mapa de Royal Woods que tenia varios rayones encima. Algunas fotos eran de sus hermanas desaparecidas, probablemente sacadas de sus redes sociales.
Te tienes que adaptar, evolucionar.
No podía pensar. ¿La policía fue quien se llevó a sus hermanas? No. No tendría lógica. ¿Por que harían eso?
Se acercó hacia los archivos en el escritorio. Niños desaparecidos, no solo en Royal Woods, sino en todas las ciudades del país. Siempre de familias grandes, solo dejaban a uno o dos niños por familia. ¿Era por piedad o por crueldad?
Sacudió su cabeza, escuchaba un pitido en su cabeza que lo perturbaba, quizás por la tensión del momento. Cuando dejó de escucharlo, sintió como es que una mano se posaba sobre su hombro, eso le heló la sangre.
-No deberías estar aquí. —La voz era extremadamente grave y profunda. Como la de un monstruo— ¿Quien te dejo pasar, niño? —Por algún motivo, su tono pasó a ser algo más aguda, como la de un joven.
Lincoln dio la vuelta para ver quien le había descubierto. Esperaba encontrar a un oficial robusto y fuerte, con el ceño fruncido por haber irrumpido en un lugar privado; por el contrario a lo que se imaginó, vio a un muchacho alto, con el uniforme de oficial, cabello castaño, sorprendido tanto o más que él. Lo que más destacaba del joven policía era su color de ojos, uno era marrón, y el otro azul. Era una persona heterocromia , Lisa se lo explicó una vez, un sujeto que tenia la iris de dos colores distintos.
-Ven conmigo, no deberías estar aquí. ¿Tienes algún número para contactar con tus padres? —Era amable. No obstante, Lincoln no confiaba en muchas personas.
-¿Que es esto? —Preguntó con algo de ira. No podían ocultar estas cosas.
-No son cosas de tu edad. No entenderías... —Intentaba calmarlo.
-¡Claro que entiendo! ¡Conozco esas fotos! —Señaló hacia la pizarra— ¡Son mis hermanas! —Casi gritaba.
La actitud del policía cambio por completo. Ahora lo miraba de forma seria, y sin previo aviso, lo tomó del brazo por la fuerza y lo jaló hasta fuera de la oficina.
-No deberías estar aquí. Tú no lo entiendes.
No parecía gustarle lo que hacia, a Lincoln poco le importaba, el niño intentaba zafarse del agarre.
-¿¡Fueron ustedes!? ¿¡Ustedes me quitaron a mis hermanas!? —Gritaba, el oficial solo tiraba con más fuerza sin ponerle el ojo encima y observando al frente por el pasillo en el que andaban.
-No. ¿Como se te ocurre algo así?
-¡Lo vi todo! ¡Tienen fotos de todos los niños secuestrados! ¡Y no hacen nada por encontrarlos!
-No es cierto. No sabes lo que viste.
-¡Y que se supone que debía ver!
-Niño. Hacemos lo posible, pero él siempre se nos adelanta. —Le prestó atención a esto último que dijo. "Él" era lo más cercano a un nombre— Tus hermanas, esos niños, creemos que alguien se los lleva con un patrón, un orden. No sabemos quien es exactamente, solo sabemos que no puede ser coincidencia. El tipo no deja pistas o rastros. Y no hemos...
-¿No hemos que? —Ya se había tranquilizado un poco. Quizás podía sacar información, una pista más, aun tenia fe.
-No hemos encontrado a ni un niño. —Lo dijo como si acabara de aplastar un mosquito. Como si lo hubiera dicho antes, sin importarle, sin que le afectara. La fe de Lincoln no podía estar más destrozada.
Una vez un hombre dijo que iba a salvarnos.
No podía decir nada, no quería. Se refugiaba en el silencio. Sentía algo mucho peor que la tristeza, le acababan de arrancar algo, y le dolió. Siempre creyó que estaría lista para una desgracia, su afición por la muerte y las cosas oscuras deberían haber sido un buen entrenamiento para un momento como este. La verdad es que esas cosas solo eran sucias mentiras.
Puedes ser el loco más desquiciado del mundo, el psicópata más sádico, el asesino más sangriento, el fantasma más temible, el monstruo más tenebroso, y de todas formas sentirías algo. No importaba cuanto lo intentasen, absolutamente todos sienten algo. No importaba si se cortaban las venas, si se inyectaban drogas, si tomaban alucinógenos, ni si tomaban las pastillas para dormir, el dolor del corazón nadie lo puede quitar. Nadie.
El corazón bombea sangre por todo el cuerpo, y sensaciones también. Ahora, por todo su cuerpo recorría el dolor de perder a miembros de su familia. No importaba si habían tenido peleas antes, a la familia se le tiene que querer. Ni importa si dices que odias a alguien de tu familia, un primo, un hermano, tienes que quererlos. A la familia se le quiere.
No lloraba, quería hacerlo, pero no podía. Quería soltar el llanto de una fiera herida, pero no podía. Estaba tan acostumbrada a no expresar emociones, que olvidó como hacerlo. Su cerebro estaba bloqueando sus lágrimas. No le permitía sollozar. No le permitía estar triste.
En parte, esto era una ventaja. Primero, porque no empeoraría la terrible pesadilla que vivían. Segundo, porque se podía centrar en hallar una solución.
Sacó su tabla ouija que se hallaba debajo de su cama, y preparó todo para un pequeño ritual. Si es que sus hermanas ya no respiraban, podría darse cuenta de una buena vez.
¿Sabes que es lo que hicimos?
No les contó nada. Al final sí entendió porque la policía no buscaba pistas, o más bien, fingía no hacerlo: no querían preocupar a las familias peor de lo que ya estaban. Se sintió tan mal cuando sus padres fueron a recogerlo, podía ver por debajo de sus ojos unas bolsas, claro símbolo de que habían llorado.
¿Que quedaba ahora? Su viaje no había llegado a nada. Solo confirmó algo que temía: No las volvería a ver jamas.
No tenia las energías ni para comer, sus pies lo mataban, y su pecho y espalda le dolían un montón. Sus hermanas no parecían prestarle atención a toda la preocupación que generó en sus padres, estaban pérdidas en sus propios pensamientos. Subió por la escalera para dormir en su habitación, acababa de usar todas sus emociones ese día.
Iba a abrir la puerta de su cuarto, cuando una figura oscura lo hizo saltar del susto.
-Lincoln. —Se dio media vuelta, con el corazón latiendo con fuerza de nuevo. También se sorprendió de que Lucy volviese a hablar— Ven conmigo.
Por un lado se preocupó por la actitud fría de Lucy, más que en otras ocasiones, por otro, el susto que le acababa de dar le trajo algunos buenos recuerdos. La siguió hasta su habitación, las luces estaban apagadas y una velas iluminaban el lugar, las cuales estaban alrededor de un tablero en el piso con letras y números encima. No se atrevió a preguntar nada, esperaba de que Lucy terminara explicándole por sí sola.
-Invoque sus espíritus, lo intente. —La voz apagada de su hermana apenas la podía oír— Creía que me hablarían, me dirían algo. Y solo me dijeron...
Acababa de sentarse apoyando sus rodillas en el suelo, poniendo sus manos sobre su regazo, delante de su juego de fantasmas, miraba con atención la tabla.
-Les pregunte si estaban ahí. Si podían escucharme. Ellas me respondieron... —No quiso continuar. Clavaba sus uñas sobre su rodilla, y apretaba sus dientes con fuerza. Lincoln, preocupado por esto, se sentó junto a ella y puso sus manos sobre sus brazos, intentando calmarla.
-Lucy... —No podía decir otra cosa.
Tristeza. Era lo que estaba a punto de hacerlo llorar. Se iba a quebrar delante de su hermana, quien lo necesitaba más que nunca. Se dio cuenta en ese instante, en ese milisegundo, de que podía hacer algo mejor que lamentarse. Había estado haciendo las cosas mal. Y solo bastaba con hacerse una simple pregunta para encontrar otra resolución: ¿Que hubieran querido sus hermanas desaparecidas?
Leni les habría pasado pañuelos y les preguntaría cual es el problema con que desapareciera, volvería a visitarlas de vez en cuando y ellas tenían su número.
Luna les pediría de que no llorasen, de que en donde quiera que ella este las recordaría, y que si ellos se ponían mal ella también estaría mal.
Lynn se hubiera molestado, estallado en cólera porque su familia entera lamentó su desaparición, ella hubiera querido que lo superasen y que no la olvidasen, estaría en un lugar mejor humillando a otros en sus deportes favoritos.
Lisa se habría inmutado ante los sentimientos humanos, sin embargo, al cabo de unos segundo hubiera roto a llorar y les suplicaría que seria ella quien los encuentre de nuevo.
No volverían.
-Sé como te sientes Lucy. En serio. —No iba a derramar lágrimas, no era el momento. Alguien necesitaba liberarse aun más— Sé que no quieres llorar, sé que te sientes mal, sé que no quieres sentirte peor. Pero no es bueno... Todos necesitamos llorar, no te reprimas. Sé que temes que te duela, mas es necesario. La carga que liberas al llorar te hará sentir mejor. Siempre lo hace.
Ella sentía algo peor que la tristeza, algo peor que eso. Sus ojos humedecían, presionó con más fuerza su mandíbula. No podía ceder, no quería.
-Ya no están... —La abrazó, ella no respondió. Se quedó en la misma pose, como una estatua— No las recuerdes por la razón que se fueron, recuerda por la razón que se quedaron: Nosotros. Siempre mantén esos momentos presentes en tu memoria como... Como las mejores hermanas que hayas podido tener. Tienes buenos recuerdos con ellas, no olvides eso. Estoy seguro de que ellas te quieren, y siempre lo harán, donde sea que estén.
No podía más. Dejó de intentar romper sus dientes, y finalmente, lloró.
Lloró no por sentirse el ser más miserable del mundo, no por saber que ellas jamas volverían, no por haber tenido discusiones en las cuales dijo cosas que la hicieron arrepentirse. No.
Lloró porque no se sentía triste. Se sentía feliz. Agradecida por tantos gratos recuerdos y momentos, por un hermoso hermano que la comprendía y escuchaba. Estaba tan feliz de haber pertenecido a esa familia, tan alegre. Y aunque no lo sabia, siempre ha sido feliz ahí.
Respondió el abrazo de Lincoln, con otro más fuerte. Ambos quedaron en silencio, sin decir nada. Lincoln sentía como es que una cuantas gotas caían en su hombro, poco le importaba.
El hermano de la familia tomó una decisión: Había llegado el momento de dejar de llorar, era el momento de recordar. Se aseguraría de que su familia jamas olvide a sus hermanas. Jamas.
En la oscuridad de la habitación, durante la escena del abrazo, Lucy le dijo a Lincoln, en el oído, casi susurrando, lo que los espíritus de sus hermanas habían dicho. Lincoln ya no tenia energías para sorprenderse, había usado todos sus sentimientos ese día y no le quedaban más.
-"Te amamos"
Lo colgamos de una cruz.
Sigue a los buitres.
Estamos aquí.
