He visto lo que pasa con gente sin vocación.

El autobús no andaba muy lleno ese día. El sol golpeaba el rostro de Lincoln, quien tenia apoyado su cabeza sobre el vidrio de una de las ventanas, mirando el exterior. No pensaba, no razonaba. Estaba tan cansado que los únicos descansos que tenia eran los cortos viajes desde un punto a otro. Poco le importaba el movimiento del vehículo o si se pasaba de su destino.

No necesitaba preocuparse más. Ya tenia suficiente con lo que sufría en casa.

Quizás sí necesitaba un psicólogo después de todo.

Su pequeño momento de relajo se vio interrumpido por la voz de alguien.

-Ya llegamos, Lincoln. —Lori le sacudió su hombro para que reaccionara.

-Lo sé. —Dijo en un tono apagado.

El bus se detuvo, varios pasajeros se subieron y bajaron. Mientras ambos descendían, Lincoln chocó con otra persona mucho más alta por accidente, estaba demasiado distraído.

-Fíjate por donde vas. —Le dijo un joven con traje elegante, fastidiado, se parecía al policía que vio en la estación, solo que este tenía los ojos celestes.

-Perdón. —Fue lo único que atinó a decir, el recuerdo de las malas noticias que le dio ese oficial de la ley había vuelto. Era la razón por la que hacia esto. Y no le gustaba.

En la mañana, tras la noche que pasó consolando a Lucy, se percató de que muchas cosas cambiaron cuando cuatro de sus hermanas desaparecieron. No solo se refería a las actitudes de sus hermanas, si no a sus rutinas. Ya no peleaban por un lugar en el baño, no discutían acerca de quien usaría la televisión primero, no hacia un escandalo cada sábado, ya no charlaban a la hora de desayunar o almorzar. ¿Cuanto tiempo había pasado?

Semanas, de eso estaba seguro.

Y la única pista que obtuvo, la única señal, era un callejón sin salida. No tenia nada más. No podía encontrar el paradero de las desaparecidas, así que lo único que podía hacer era asegurarse de que su familia superara el proceso de duelo. Si eso era lo correcto, lo haría por ellas.

Por suerte, una carga se liberó de él cuando Lucy le volvió a hablar, no parecía recuperada del todo, pero era un avance. Nunca creyó decir esto alguna vez: Llevaba 1 de 6 hermanas.

El trabajo se vuelve una obligación.

No decía nada, no quería agregar más sal a la herida. Cada vez que iba al baño a mitad de la noche, podía oír como es que Lori sollozaba desde su habitación, tratando de hacer el menor ruido posible. Extrañaba demasiado a Leni. Sabia que estaba mal tener preferencias, pero era cierto. Lori y Leni son las que más tiempo han tenido juntas, ambas vieron nacer y crecer a sus hermanos, compartían experiencias y una conexión única. Le arrebataron dieciséis años de amistad. De una ocasión a la otra, le arrebataron a su hermana. ¿Como arreglas algo así?

Solo hay una forma.

Lincoln fue directo con ella. Ya había tenido suficiente con llorar, no quería ser cruel, mas era necesario. Había un lugar que Leni y Lori compartieron, como el Mall. El parque. Las dos muchachas eran llevadas ahí con sus padres cuando eran niñas, y tuvieron que traer a sus hermanos cuando ya tenían edad suficiente para cuidarlos. Lori se encargaba de vigilarlos, despegando su vista de vez en cuando de su celular, y Leni se divertía con ellos, como si tuviera su edad aún.

Ahí se dirigían Lincoln y su hermana mayor.

No estaba muy seguro de lo que harían exactamente. Lori ya había llorado demasiado, y de todas formas se seguía sintiendo una desgraciada. Sentía que no aprovechó todo el tiempo que tuvo con Leni, esa sensación de impotencia la hacia ver como un ser miserable, y le hacia desear que fuera ella quien hubiese sido secuestrada.

Con orgullo disimulan, mas la depresión los carcome por dentro.

Se sentaron en un banco delante de los juegos del parque, donde un montón de niños se divertían. Lori miraba, silenciosa, como es que los pequeños jugueteaban entre ellos. Lincoln tenia que decírselo, tenia que informarle de que Leni no volvería.

-Lori... —La muchacha tragó saliva al oír su nombre, estaba segura de lo que diría— Sé que no quieres escucharme decirlo. Estoy seguro de que a ti ya se te ha cruzado por la cabeza esta idea.

No iba a escucharlo.

-No lo digas, Lincoln. Por favor. —Era en vano. Los dos sabían que era un hecho, y que tendrían que hablar de eso en algún momento.

-Yo también la extraño. —Colocó su mano sobre su espalda, ella solo se centraba en observar a los niños jugando. Temblaba y apretaba sus labios.

Aun podía recordar el preciso momento en que sus esperanzas se apagaron. Cuando subió al ático, y notó, con horror, los lentes de Lisa en el suelo sobre una mancha oscura. Estuvo a punto de enloquecer en ese instante. No cabía duda de que no iba a ver a Leni de nuevo.

Lincoln estaba tan preocupado en encontrar a las desaparecidas que no tuvo tiempo para preocuparse tras la impactante noticia nueva. En todo ese día horrible no pensó en algún momento que es lo que pasaban las hermanas que seguían con él, lo que lo hizo sentir aún peor. Había sido muy egoísta.

Nunca creyó ver a Lori más destrozada de lo que estaba cuando terminaba con Bobby. Se supone que ella debería ser la que tendría que controlar la situación, que se encargará de ayudarlos a superar esta pesadilla. Ahora mismo parecía una niña indefensa.

-Lori... —Trató de hablarle de nuevo. Podía darse cuenta de que intentaba no romper a llorar de nuevo.

-Sé que es lo que dirás Lincoln. No quiero oírlo. Solo... —Cubria sus orejas con sus manos— No estoy lista.

Nadie lo estaría nunca.

Se sienten muertos, están tan condicionados que creen que es lo correcto.

-Lori. Ella te quiere. —Una bala traspaso el corazón de su hermana, deteniendo las lágrimas que salían de sus ojos— No esta aquí, pero sé que te quiere. Siempre lo hará, y no le gustaría que estés llorando ahora. A Leni le hubiera gustado que...

-Fuéramos a la escuela. —Se secó los ojos con las muñecas, completando las oraciones de Lincoln— A ella no le hubiera gustado que estuviésemos tan desanimados, intentaría alegrarnos. De hecho... —Elevó su vista hacia el cielo, las nubes se amontonaban alrededor del sol, estaba por llover— Leni sabría como mantenerse firme frente a todo esto.

La depresión no la invadía, ya no más. Lincoln estaba en lo correcto, Leni no hubiera querido eso. No era torpe, era muy inocente y de buen corazón. Estaba dispuesta a ayudarlos aun cuando estaban enfermos y podían contagiarla. La extrañaba.

El hermano del medio solo miraba a su hermana, no pronunciaba palabra, no iba a interrumpirla.

-No va a volver. ¿Cierto? —Le dirigió una mirada resignada a Lincoln— Creó que desde el momento en que desapareció lo supe. No regresará. Se fue por una razón, un motivo, y jamas sabré cual es. Y me duele.

No se le ocurría como responder a eso. Nunca averiguarían donde estaban sus hermanas, a donde fueron, quien se las llevó, no tenia nada. Al menos, él no.

Sin darse cuenta, arrastran a otros con ellos.

Mover las piernas, correr, huir, esconderse, escapar; diversas ideas que se le cruzaban por la cabeza. Sudaba, espantada por el terrible susto que acaba de pasar. No sabía por que las calles estaban vacías, no había nadie. Estaba sola.

Él.

Estaba detrás de ella, oía sus pasos a unos cuantos centímetros de los suyos. No se atrevía a girar para mirarlo. El callejón por el cual avanzaba estaba despejado, y podía ver como es que terminaba en una carretera por la cual pasaban varios autos de forma concurrida.

Si lograba llegar hasta el final, podía salvarse de ese monstruo. Quizás podría perderlo.

El aire en los pulmones se le terminaba, se agotaba poco a poco, mas el miedo superaba su cansancio. Siguió andando con todas sus fuerzas. Maldita sea la hora en el cual las nubes decidieron cubrir al sol, le hacia más difícil ver el camino por el que iba.

El frío provenía de su pecho, mientras que la presión la sentía en toda su frente. No solo estaba asustada, este miedo superaba todo eso. Era peor que sentir que iba a morir.

Creen que el respeto es callar y obedecer.

Se metió en una encrucijada. Estaba todo claro. La policía no tenia mucha información de sus hermanas, Lincoln sí. Les dieron noticias a las autoridades de las actitudes de sus hermanas antes de desaparecer, o huir, mas no encontraban ni un patrón. Ese era el punto. Ese era el patrón, no dejar patrones. De alguna manera, quien fuese que las convenciera de irse, se aseguraba de no dejar pistas o rastros de él. Nada que lo delatase. Por simple deducción, ese sujeto lograba que las personas fuesen con él. Les ofrecía algo a cambio.

¿Y que tenían en común sus hermanas desaparecidas? Un miedo. Alguien se deshacía de sus miedos. No podía ser un psicólogo, o alguna especie de maquina de Lisa. Quizás Lucy tenia razón después de todo.
Un ser sobrenatural estaba detrás de todo.

No. No podía hacer eso ahora. Su problema principal era ayudar a sus hermanas a superar sus penurias, no buscar a las desaparecidas. Tal vez...

¿Seguían vivas?

Un tipo, cosa, o lo que sea, no se llevaría a los niños solo para comérselos o algo así. De ese ser el caso se llevaría a todos los niños de las familias a las cuales afectó. Este monstruo tenia algo en mente. Y Lincoln también.

Al final terminan riendo y vacilando con sus amigos en un bar...

Más de 10 minutos corriendo, manteniendo el mismo ritmo, en ni un momento se detuvo. Y no podía llegar al final del callejón. La ruta se hacia más larga y lejana, los sonidos de los autos se escuchaban cada vez menos fuertes. Entendió que era un juego.

Intentase lo que intentase no llegaría a su destino. Solo le quedaba desmayarse cuando se sintiera deshidratada del todo.

-Jesús. —Esa voz. Esa voz profunda y tétrica que le dio un nuevo toque de adrenalina le hizo agarrar velocidad. La oyó demasiado cerca de su oído, pudo sentir el aire del sujeto.

-Jesús, salvala. —Se burlaba. Su mano toco su hombro. No se detuvo y siguió corriendo, no avanzaba ni un solo paso más. Movía sus piernas, pero no avanzaba.

-Jesús, salvala. —No tenia fuerzas para nada, su corazón aun latía con brutalidad, sus piernas no respondían, sus párpados pesaban.

-Jesús, salvala. —Cerró los ojos, se rindió. Ya no tenia nada porque luchar. Y lo último que sintió fue el frío abrazo de la muerte.

-De mí...

Por tener un descendiente exitoso...

-Eres un buen hermano. —Las palabras eran sinceras, Lincoln sabia que Lori no estaba enterada de que acababa de decir una mentira. Se abrazaron por varios minutos, lo recordaba bien. Ni una lágrima fue derramada. Sin embargo, por la mente de Lincoln se cruzaba una idea diferente.

No podía evitar pensar de que una de las desaparecidas podría haber dejado alguna pista. Luna y Lynn no hubieran querido que nadie se enterara de sus problemas, Lisa lo registró todo en una libreta en un principio, algo la obligó a dejar de hacerlo. Pero Leni no era como ellas. Seguro que no quiso ocultarlo, ese ser la convenció de hacerlo. Leni no entiende a la primera.

Debió dejar algo, una pista, quizás hasta un diario. No podía creer que estuviera pensando en eso de nuevo. Ya tendría que haber aceptado que sus hermanas no aparecerían, no entendió de donde sacó esa terquedad.

Después de su intento de elevar los ánimos de Lori, los dos volvieron a su casa. Su hermana se dirigió hacia el baño, y Lincoln aprovechó el momento para realizar un ultimo repasó en el cuarto de las mayores. Si no se equivocaba, Leni podría haber dejado un pista.

Revisó sus cosas, su armario, debajo de su cama y colchón. Nada. Si él fuera Leni, donde dejaría una pista que quisiera ocultar. Metió su mano dentro de la almohada, rebuscó por unos segundos, hasta que por fin dio con algo.

Un recibo. ¿A nadie se le ocurrió hacer eso?

Decía que alguien compró un farol en una tienda de antigüedades, la dirección estaba escrita encima. Por algún motivo, eligió voltear el recibo para asegurarse de que nada se le escapase. Encontró algo, que le detuvo el corazón por varios segundos. Los pelos se le pusieron de punta, no solo por enterarse de algo perturbador, sino porque sabia que su esperanza volvía a renacer. Un mensaje escrito encima, con tinta rosada.

"Adiós Linky"

Y sin personalidad.

Sigue a los buitres.

Estamos aquí.
¿No nos crees?

Hace mucho tiempo, antes de la desgracia, Lori había comenzado a usar las redes sociales de una forma demasiado concurrente. Conversaba con muchas personas, incluso las que no conocía. Esto generó un grave problema.

Esa noche los padres de los niños se llevaron a sus hijos a una obra de la escuela en los cuales actuaban en el papel principal Lana y Lola. Lori no tenia humor para ver a sus hermanas menores actuando. Convenció a sus padres de que la dejaran a ella en casa, dándoles la excusa de que la cuidaría. Accedieron.

Se hallaba en la sala viendo la televisión, acostada en el sofá y cambiando los canales al azar, sosteniendo su celular en caso de que le llegara un mensaje. La luz se fue de golpe, el sitio quedo a oscuras. Lori se asustó por un segundo, intentó respirar para calmarse. Seguro un fusible se había quemado, tendría que bajar al sótano para asegurarse de que todo estuviera bien.

Iba a usar su celular con linterna para iluminar el camino, cuando alguien le dio un fuerte empujón que la derribó de espaldas. Alguien más estaba en la casa. Una silueta gigante y robusta se presentaba delante de ella. No pudo ver con claridad, sus piernas y brazos temblaban. Era una persona.

-Hola, Lori Loud. Te ves aun más preciosa en persona. —La silueta del intruso iba a cometer un acto terrible— Voy a disfrutar esto.

La muchacha no podía gritar, su pecho palpitaba con fuerza, se iba a desmayar.

-Usualmente no causo esta reacción en las chicas, por lo regular se resisten o gritan. —Se burlaba.

-No te teme a ti. —Una segunda voz, extremadamente profunda, hablaba a sus espaldas— Me teme a mi.

El intruso se dio media vuelta para ver de quien se trataba. Otra silueta, el doble de gigante que la de él, y camuflada en la oscuridad se presentaba. El tipo se orinó encima al ver su inminente fin desgarrador.

-No tocaras a estos niños. Yo los cuidó. Son míos.

Vio como es que esa silueta gigante sujetaba del cuello al intruso, y no supo como, pero un liquido oscuro empezaba a deslizarse de entre las piernas de la que era la víctima ahora. No sabia quien estaba más asustado, ni uno de los dos humanos en la casa reaccionaba. Había otra cosa que sí.

-Dios te perdone, porque yo no lo voy a hacer.

Lo soltó. El intruso se desplomo en el suelo y tocia intentando recuperar el aire, Lori seguía quieta.

-Cierra los ojos. —Le ordenó a la chica.