Eras un muchacho normal como todos.
La llevó a su cama, la revisó para asegurarse de que estuviese bien, colocó su oreja sobre su pecho y escuchó como es que respiraba. No sabia que iba a hacer, estaba cubierto de el liquido vital que recorre el interior humano sobre su camisa y pantalón. Estaba asustado.
No podía creer que es lo que acababa de suceder, y aun no lo procesaba.
¿Que había hecho?
No quería, alguien lo obligo, estaba seguro. Ni siquiera recordaba como es que había llegado ahí. Ni sabía que haría con el cuerpo que dejó en la sala.
No parecías un mal tipo, introvertido quizás, tal vez no debiste guardarte algunas cosas.
Nadie se podía enterar. Tenia que esconder el cuerpo.
Se le ocurrió enterrarlo en el patio trasero, pero la familia Loud podría llegar en cualquier momento así que no le sobraba mucho tiempo. Respiraba con fuerza, no paraba de sudar, sentía su temperatura subir y su corazón palpitar.
Entonces, lo único que quedaba era deshacerse de toda la evidencia de una manera que conocía.
Todos hablan a tus espaldas.
Casi vomitaba mientras arrastraba el cadáver del intruso, apenas pudo subir sus restos al segundo piso. Algo se tenia que haber destrozado dentro del cuerpo de ese pobre tipo, pues creyó que tardaría más tiempo en subirlo.
Abrió el acceso al ático, y con un poco más de esfuerzo, introdujo los restos ahí. Encendió el foco que le permitió ver mejor la obra que acababa de realizar.
No pudo ni reconocerlo, la deformidad de su rostro y la carencia de ojos y nariz no se lo permitían. En un momento como este, simplemente se echaría al suelo y se pondría a llorar. Por algún motivo, algo le daba un incentivo para continuar.
Los traumas...
Por problemas en tu casa.
Esa chica nunca te apreciara.
No sabia de donde sacó esa fuerza. Era capaz de sacar las maderas de las paredes en el ático. Cuando fueron suficientes para él, arrastró el cuerpo una vez más y lo puso en el espacio que había hecho. Escondió los restos ahí, junto a algunas tuberías. Encontró algunas herramientas dentro de una caja y logró volver a colocar las tablas en su lugar.
No pensaba.
Su corazón estaba seco, no sentía remordimiento, o desesperación. Era como si fuese alguien más. Se aseguró de que el hedor del cuerpo en descomposición no traspasase la madera. No lo hacia.
Se escabulló por la puerta trasera del hogar, y fue corriendo en dirección a su hogar. Rezó para que Lori pensara que todo había sido un mal sueño. O una pesadilla.
Asume tu responsabilidad.
Niega que es tu culpa, di que el mundo te maltrata. Escóndete de la verdad.
Como una rata.
Los días pasaban, las semanas, los meses. En secreto, se deshizo de su ropa ensangrentada. Fingió que nada de eso había pasado. Le sorprendió lo fácil que le fue manejar la situación. En este punto, ya habría admitido todo. Por las noches dormía de una manera tranquila, asistía a la escuela todos lo días, creyó que el peligro pasó y nadie se enteraría jamas.
Hasta que llegó ese fatídico día.
Toda la escuela se enteró a la mañana siguiente. Lynn, Luna, Lisa, y Leni, las hermanas de Lincoln Loud, habían desaparecido.
Y por primera vez en mucho tiempo, volvió a sentir miedo. La desesperación domino su cuerpo, y no dejaba de ver los rostros de las desaparecidas durante las noches, lo que le impedía dormir.
Era como si su sensor de sentimientos hubiera vuelto más fuerte que nunca.
Sabia perfectamente porque desaparecieron, o al menos tenia una teoría.
Señalas a otros sin mirar dentro, crees que todos van por ti. Te defiendes de enemigos que no existen.
Ya no se comunicaba mucho con sus padres, y ellos lo notaron. Recurría constantemente a las consultas con su psicólogo, pero nunca le dejaba en claro sobre lo que pasaba por su cabeza.
No iba a decirle que mató a un hombre, y que probablemente fue su culpa por la cual desaparecieron las hermanas de su mejor amigo. La presión de confesar le daba fuertes dolores en la cabeza.
Recordaba que dejó el cuerpo entre unas tuberías, el agua debió haberse contaminado o algo así, y debió haberles causado alucinaciones mucho más a esas cuatro. Probablemente las demás sufrían de lo mismo.
No me importas, empiezas a ser un chiste.
Sales de tu cuerpo por las noches. ¿No? Sueñas con matar, escuchas voces. ¿Verdad?
Esa noche, solo en su casa, puesto a que sus padres decidieron ir a visitar a la familia Loud para charlar con ellos sobre la situación y darles apoyo, le pidieron que los acompañaba pero se negó, se miraba al espejo de su baño. Su rostro tenia bolsas debajo de sus ojos, sus pupilas estaban vidriosas por las lágrimas derramadas, su cabello estaba hecho un revoltijo. Se sentía miserable.
Conocía una forma de parar toda esta tortura, huir de una vez para evitar tanto sufrimiento que no era nada comparado a lo que Lincoln pasaba. ¿Como llevaría todo esto él?
No podía perdonarse lo que hizo. Intentó recordar cual era la razón por la que lo hizo en primer lugar.
Por varias noches oyó esa voz, esa voz que le daba indicaciones en sus sueños. Lo volvía una abominación. Soñó que iba a la casa Loud por las noches, y observaba a los miembros de la familia dormir, hasta que en una ocasión todo cambió. Se supone que iba al mismo sitio, y salvaba a Lori de un atacante. La única diferencia fue que esta vez fue real. Mató a alguien.
Trastorno Bipolar.
Esquizofrenia.
De todo un poco.
¿Como? Él, eso. La voz que oía en su cabeza. No solamente era una voz. Él lo hizo. Debió usarlo para llevar a cabo su cometido. Controló su cuerpo, quizás hasta lo alteró.
¿Por que? Quizás quería echarle la culpa. O realmente quería proteger a esos niños.
¿Que iba a hacer ahora? Conseguir una soga.
Complejo de inferioridad.
Psicosis.
Manías.
Por drogas.
-¡Sal de mi cabeza no estoy loco! -Gritó a todo pulmón al reflejo. No se callaba. Cerró con fuerza su mandíbula y sus dientes chocaban unos contra otros con tal magnitud que podrían romperse. Sus ojos volvieron a desprender lágrimas.
La peor parte de todas es que no tenia con quien desahogarse. Estaba solo con esa voz en su cabeza.
Ahora que se daba cuenta, no solo era una voz.
Matarías a todos los que te dicen la verdad.
Tu impotencia te lo impedirá.
¿Por que no lo dejaban tranquilo? ¿Por que de todos tenia que ser él? ¿Que tenía de especial él?
Y la pregunta más importante de todas, que volvió a gritar frente al espejo:
-¿¡Y tú quien eres!?
¿¡Y tú quien eres!?
Soy la voz de la poca razón que te queda.
Lincoln volvió a su hogar junto con Luan, ambos fatigados y mojados. Por suerte, la lluvia ya se había retirado. Ingresaron a su hogar por la puerta trasera, queriendo evitar a sus padres. Por fortuna, parecía que nadie los había delatado.
Luan le dijo a Lincoln que volvería a su cuarto para tomar una siesta, se despidió con una sonrisa. A Lincoln le alegró volverla a ver feliz. Se le ocurrió ir a ver a Lori a su cuarto para visitarla y ver como le iba.
La puerta estaba semiabierta, quiso empujar para ingresar, cuando oyó su voz. La escuchó charlando por celular con alguien, hablaban de ropa. Dijo que le gustaría probarse ese vestido que vio hace un par de días en el supermercado, y que a Leni le hubiese gustado. No hubo quiebre en su voz, más bien, hubo alegría.
Lincoln volvió a esbozar una sonrisa y se alejó discretamente.
Y te pido que te calmes, hazte un favor. Quizás aun puedas ir a algún doctor.
Tus padres no te quieren. Por eso tienes otros.
Fue al cuarto de Lucy, abrió un poco la puerta, y en el interior la vio a ella. Estaba leyendo un libro de poesía al borde de su cama, atenta a cada palabra. Por eso no se percató de que él y Luan abandonaran el hogar, se había distraído. Eso le quitaba un peso más de encima a Lincoln.
Antes de regresar a su cuarto, quiso ver a las gemelas. Encontró su puerta abierta, y en el interior se hallaba el par de niñas jugando a la fiesta de té. Ambas parecían muertas vivientes. No tenían expresión en el rostro. Jugaban como si fuera una obligación, como si fingieran que todo estaba bien.
Lincoln quiso entrar a animarlas, apoyarlas en este momento difícil. Pero no pudo.
Ahora mismo le urgía más entrar a su cuarto, y leer el diario que dejo Leni.
No podía creer que fuera tan egoísta.
Se movilizó a su cuarto y se encerró. Tenia que hacer esto solo. Puso el libro en el escritorio y se sentó, comenzó a revisar las hojas de las memorias de su hermana. Ella comentaba sobre algunas cosas que hacia durante el día, como es que se llevaba con sus hermanas, y lo difícil que se le hacia conducir. Hasta que llegó a un punto donde comenzaba a hablar de un sujeto que vivía en el ático.
Una pista más, y esta era más importante que las anteriores.
Su corazón se aceleró al sentirse tan cerca de probablemente saber la identidad del secuestrador.
Según ella, el tipo de arriba no era un mal sujeto, la ayudaba con los problemas que tenia. Decía que consumía sus miedos, y se alimentaba de ellos. Nunca permitía que lo viesen.
La ultima vez que escribió en el diario fue un día antes de desaparecer, dijo que él sujeto la envió a conseguir un farol de mano, y que como ella necesitaba dinero vendería este diario.
Alguien estaba en el ático.
Cada uno tiene sus problemas, puedes superarlo.
Alejas a la gente que te quiere.
Escuchó pequeños golpes, parecían provenir del techo. Se exaltó. Eso era raro. No se suponía que ningún ruido se escuchase del exterior cuando cerraba su puerta. El toqueteo continuaba.
Salió de su habitación. Se encaminó hacia la subida del ático para revisar su interior.
Escuchó desde arriba como es que sus padres charlaban con Howard y Harold, los padres de su mejor amigo, quizás fueron ellos los que hicieron el ruido tocando la puerta. Aun así, decidió continuar.
El ático se encontraba muy sucio, peor que en otras situaciones. El sonido continuaba. Un golpe tras otro.
No sabia decir de donde provenía.
El toqueteo se hizo más fuerte y rápido. Venia de una de las paredes. Algo estaba entre las paredes pidiendo ayuda. Alguien.
Encontró una caja de herramientas entre otras, no había tiempo de sacar toda la madera. Cogió un pequeño martillo y comenzó a golpear con fuerza la pared de donde se oía el sonido.
-¡Chicas! ¡Ayuda! -Llamó a sus hermanas, necesitaba de ellas para socorrer a quien estuviera ahí. O en el peor de los casos, para derribar.
Después de dar varios golpes, en un punto en concreto, todas las maderas de la pared se cayeron como si hubiese sido una mala construcción. Una gran nube de polvo cubrió los ojos de Lincoln, este intentó protegerse. Escuchó como es que algo se desplomaba.
Lo siguiente que olió fue el horrible hedor de un muerto.
Lo siguiente que sintió fue un susto mucho más grande y fuerte que antes, haciéndolo gritar horrorizado.
Lo siguiente que escuchó fue a sus hermanas subiendo al ático estrepitosamente tras oír algo desplomarse.
Lo siguiente que vio fue un cuerpo en descomposición, boca abajo, con letras escritas sobre la piel seca de su espalda.
"OH NO"
No te hagas más daño. Culpar a los demás no te va a ayudar.
Tomó una decisión, una horrible decisión. No podía con la culpa y tortura, esas voces no dejaban de perturbarlo. Solo quedaba una salida. Regresó al baño para terminar el trabajo.
No sabia con exactitud desde cuando las oía, solo sabia que no se callaban ni por un segundo. Consiguió una soga en el garaje, estaba desgastada pero soportaría su peso. Estaba tenso.
No es que solo tuviera miedo a morir, sino que le aterraba la idea de lo que le sucedería a sus padres al encontrarlo después de cometer un acto tan terrible. No podía hacerles esto.
Amarró un extremo de la soga, y se paró sobre una pequeña silla. ¿Que opciones tenia?
Puedes luchar.
Puedes ser de utilidad.
-Cállense. -Le dijo al reflejo, colocó el resto de la soga alrededor del cuello y lo ajustó.
¿No quieres vivir?
¿Conmigo?
Su respiración agitada revelaba nerviosismo, sus pies temblorosos de avanzar hacia su fin delataban sus dudas sobre lo que haría. Solo miraba su reflejo. Ahí estaba él, llorando, con la soga en el cuello y a punto de cometer un acto...
Totalmente cobarde.
Necesitaba armarse de valor. No quería seguir oyendo, no quería escuchar.
Hazlo.
No, aun tienes alternativa.
He conocido a muchos como tú. Eres solo un cobarde. Un gusano.
No habrá salida con esta actitud, no lo toleres.
No podía hacerlo. Tan cerca de hallar paz, y de todas formas lo oía.
No toleres al que siembra temor.
Levantó su pie izquierda, la puso en el aire delante suya, solo tenia que dejar caer todo su peso. Mucho sudor brotaba en sus manos y frente. ¿Por que él tenia que tener un final tan horrible?
Este no tiene porque ser tú final.
Volvió a poner ambos pies sobre la silla, no tenia la capacidad de hacerlo. No era capaz de hacerle tanto daño a sus padres. Aun tenia algo de valor para seguir viviendo, aun si escuchaba esas voces todo el tiempo.
Que desperdicio.
Un empujón, un simple empujón bastó. El cuerpo del niño quedo colgado del cuello, ahogándose. Alguien lo empujó. El chico veía en su delirio y el sufrimiento las imágenes borrosas en el reflejo del espejo. Ahí estaba él, tratando de quitarse la soga del cuello, muriendo. Y una persona que no fue capaz de reconocer, solo veía sus dientes blancos sonrientes. Intentaba abrir su boca para recuperar aire y trataba de gritar, lo único que conseguía era entonar arcadas forzadas.
Alguien lo mató.
Veras, las personas son muy desagradecidas de estar vivas.
No aprecian su vida.
Ante la mínima presión creen que tienen todo arruinado.
Aquellos que son cobardes terminan como tú.
Sin embargo, hay algo que no quieren admitir. Algo que los delata.
Cuando la muerte te roza...
Ni en un millón de años se hubiera imaginado que acabaría así, ahorcado, en un baño, solo, escuchando voces en su cabeza y sin saber porque.
Es cuando aprecias lo que tienes.
-¿Lincoln? -La voz de Lucy lo hizo despertar. Abrió los ojos y trató de aclarar su vista, ¿Podría ser posible?- ¿Que te sucedió hermano?
Allí estaba él, en su cama, siendo observado por sus hermanas. Buscó con la mirada a las cuatro faltantes, por un segundo, un instante, creyó que todo podría tratarse de un mal sueño. Lamentablemente, cosas malas le pasan a la gente buena.
-¿Que sucedió? -Preguntó, intentando disimular su decepción. Podía ver en la expresión de sus hermanas que algo grave había vuelto a ocurrir, puesto a que compartían miradas preocupadas entre ellas. En medio del debate interno que ellas tenían, notó que Lily no se encontraba ahí. Después de unos segundos de silencio incómodo, Lori habló por todas. Tomo con ambas manos las de Lincoln quien se acababa de sentar al borde de su cama, el instinto del niño le decía que seria mejor no haber preguntado.
-Te desmayaste. Fuimos a ver que había sucedido... -El cuerpo. Ellas no debieron ver eso, tendría que haberlo ocultado mejor- La pared estaba destrozada, Lincoln... -No dijo nada más, le era difícil continuar. Se denotaba por el tono de su voz que intentaba no quebrarse- No voy a preguntarte porque lo hiciste, no es el momento de hacerlo... -Que estaba sucediendo, ¿No iba a preguntar sobre el cuerpo en el ático?
¿Acaso había uno?
Tendría que haber uno, él mismo vio el cadáver.
¿Que podría ser más importante que el cuerpo de un extraño en su ático?
-Lincoln... -Apretó su mano, no tan fuerte. Sea lo que fuese a decirle, no podría ser peor que saber que sus hermanas estaban desaparecidas.
-Tienes que ser fuerte, estamos contigo hermanito...
Esto comenzaba a asustarlo.
-Bobby vino a casa. Dice que Ronnie Anne esta desaparecida.
Sigue a los buitres.
Estamos aquí.
