No puedo negar que hay algo que ha prevalecido por años en este mundo.

No sabían en que se equivocaron. Estaban seguros de que criaron muy bien a sus hijas, claro que tenían peleas y dificultades pero eran capaces de resolverlos con apoyo. Se sentían tan culpables de lo que sucedió que hasta parecía que perdieron a todos sus hijos, cuando en realidad solo perdieron cuatro.

Casi no les prestaban atención a los otros, se la pasaban la mayor parte del tiempo lamentándose en su habitación que ni siquiera se percataron de que el resto de su familia necesitaban sustento más que nunca. Por fortuna, aunque no lo supiesen, Lincoln estaba ahí para ayudar.

Rita solo se sentaba al borde de su cama, mirando un álbum de fotos con todas las aventuras que vivieron. Sabia que era mucho más fácil ingresar a la computadora y buscar las fotos ahí, donde estaban actualizadas. Ella prefería tener el álbum que estaba a su alcance, con las imágenes de sus hijos mientras crecían poco a poco.

Lynn prefería no recordar, y aun así, se aferraba al pasado. Solo llorando, usando pañuelos para secar sus lágrimas, evitando ver a sus hijos, los que estaban con él y los que no. No se sentía miserable o un desgraciado, era algo peor. Se lo merecía. Debió estar ahí, estaba bien que les diera su espacio, pero jamas debió alejarse. Debió pasar más tiempo con ellas.

El cielo anaranjado delataba que el sol se ocultaría pronto, mirar a la ventana casi todo el día le hacia perder la noción del tiempo. Tuvo ganas de ir al baño antes de volver a lamentarse. Salió de su habitación y se dirigió al piso superior. Ni un ruido, ni un llanto, solamente paz.

Lo odiaba.

Ha estado ahí siempre.

Cuando subió el ultimo escalón, con un dolor terrible en las rodillas, escuchó algo que no oía hace muchas semanas, al menos no tan cerca.

Lily lloraba en su cuarto, se supone que Rita había conseguido que durmiese, algo debió haberla despertado.

Ingresó, la puerta estaba semiabierta así que solo fue necesario dar un empujón. Ahí la vio, llorando en su cuna, sin saber porque.

-¿Que sucede Lily? ¿Necesitas que te cambie el pañal? —Intentaba sonar algo animado, mas sólo se podía escuchar un tono muerto en su voz— Ven aquí.

No le interesaba si su llanto rompiese su tímpano, no tenia fuerzas ni para reaccionar a eso. La tomó entre sus brazos y quiso dar un pequeño paseo por la casa hasta que se durmiese, al parecer Lily se negaba, pues sollozó con más fuerza aun cuando abandonaron la habitación. Entonces entendió lo que sucedía.

Extrañaba a Lisa.

-Cálmate, Lily. Lisa volverá pronto... Solo duerme. —Intentaba ocultar el quebrantamiento en su voz disimulando tragar algo de saliva. Estuvo paseando por toda la sala, esperando a que la bebé se tranquilizara. Ya había intentado darle algo de leche y aun así no conseguía nada. No se desesperaba como en veces anteriores, solo se le hacia aburrido tener que hacerlo una y otra vez.

Yo lo experimente, fui uno de los primeros.

Se perdía en sus pensamientos, distrayéndose a sí mismo para olvidar por todo lo que pasaba. Quizás pensar en el futuro le haría olvidarse de toda la porquería por la cual pasaban actualmente. Pensó en como superarían todo esto, en como crecerían sus hijos desde ahora, si su relación seria más fuerte. Hasta que se le cruzó la horrible idea: Lily olvidaría a sus hermanas. Miró a la bebé mientras pensaba en eso. Ella apenas tenia un año y unos cuantos meses, ¿Cuanto tiempo faltaría para que se olvidará de sus hermanas? ¿Semanas?

Pronto de su memoria desaparecería el estruendoso escándalo de Luna, la gran actitud de Lynn, la inocencia de Leni, y la gran inteligencia de Lisa. Esa idea lo atemorizaba, lo asustaba. Tembló. Sus piernas temblaron mientras su corazón se aceleraba al máximo, su respiración agitada parecía la de un toro a punto de lanzarse para cornear a alguien.

Esto consiguió algo irónico. Lily se calló, extrañada por la actitud de su papá. En su pequeña mente surgió curiosidad, y luego la gracia. Rió.

Lynn se despertó de sus pensamientos tras escuchar la hermosa risa de su hija, mirándola con atención. Hace tanto tiempo que no la oía reír. Ahora él se hallaba más confundido que ella. Sabia que los bebés no eran conscientes de lo que sucedía a su alrededor, que ignoraban por completo las desgracias y penas ajenas, y que conforme pasaran los años se daría cuenta de la lúgubre situación que atravesaban.

Su inocencia la protegía de la tristeza. ¿Podría defenderlo a él también?

Siempre se divertía con su familia y las diversas situaciones que atravesaban. No podría pedir algo mejor. Entonces, por el afectó que le tenia a sus hijas que ya no estaban con él, ¿era justo recordarlas como una felicidad efímera?

No. Por supuesto que no.

Claro, fui uno de los primeros en recibirlo, pero no en darlo. Él siempre me lo daba.

Lily sonreía con ternura, y él, finalmente, después de mucho tiempo de tristeza y lamento, lo hizo de la misma manera.

-No te preocupes Lily... Ellas te aman, nunca dejaran de amarte.

Comenzó a bajar por las escaleras, dirigiéndose hacía la sala.

La acurrucaba entre sus brazos, y sentía como es que ella se revolvía en ellos, por algún motivo, se sentía diferente.

-Lana... —Su hermana no se veía con ganas de seguir jugando con ella, incluso le dijo que podían derribar el castillo de princesas que tanto le gustaba, pero su gemela seguía sin reaccionar.

-¿Cuanto tiempo...? ¿Cuanto tiempo seguiremos haciendo esto?

Sabia a lo que se refería, y quedó callada por un segundo, ambas cabizbajas, sin saber que decir. Desde que sus hermanas lo hicieron, desde que se fueron. O al menos eso creían ellas. O es lo que querían creer. Sus cuatro hermanas no las querían lo suficiente como para quedarse con ellas, ¿eso era mejor que pensar que fueron secuestradas y probablemente ahora no estarían en este mundo?

Solo quedaba fingir que nada de eso había ocurrido, y seguir como si no hubiesen tenido a sus cuatro hermanas jamas. Tenían que olvidarlas, por algún motivo, se les hacia muy difícil.

El silencio continuó con su reinado, y aun cuando usasen palabras, no podrían describir el vacío que tenían en el interior, no era tristeza o decepción, era dolor. Lola estaba a punto de guardar sus muñecas, cuando oyó la puerta de su habitación siendo tocada por el exterior. Esperó unos segundos antes de ponerse de pie y avanzó hacia la perilla, abriendo el acceso a su cuarto.

Su papá, Lynn, cargaba en sus brazos a Lily quien se veía con una radiante sonrisa, su padre también se esforzaba en sonreír.

-Niñas... ¿No quieren jugar con su hermanita?

Lo ame más que a nada en el mundo.

No podían negarse a su petición aunque quisieran, ni siquiera lo descubrieron entre ellas, ambas gemelas se miraron la una a la otra, sin decirse ni una palabra. Lola simplemente asintió con la cabeza y dejo entrar a su papá y a Lily. A pesar de que dijo que su hermana jugaría con ellas, más bien parecía una excusa para entrar a usar sus juguetes. El señor Lynn colocó a Lily en el suelo, junto a la casa de muñecas de Lola. Inmediatamente, Lily comenzó a coger unas cuantas muñecas de la casa y comenzó a morderlas, sacudirlas, simular que son aviones, entre otras cosas. Nadie la detuvo, Lynn miraba contento a su lado como es que se divertía, mientras que Lola y Lana lo hacían desde la distancia sin reaccionar, solo observando con ojos semiabiertos. No tenían motivo para jugar con ella.

-Chicas, acerquense. —Les llamó su papá, aun sonriendo de manera gentil. Ellas no entendían porque hacia esto, no había un sentido en hacerlo, lo único que haría después seria recordar con dolor como es que Leni, Luna, Lynn y Lisa los dejaron, sin decírselo siquiera y le dolería aun más.

Obedecieron y fueron con Lily, aun sin expresar algo de sensación en su rostro. Su padre hablaba en un tono amoroso, aunque trabándose por momentos.

-Mirenla, es preciosa. —Dijo, en el momento en que Lily dejo de jugar con las muñecas y solo se dedicó a mirar a una de ellas entre sus dedos— Mira Lily, son tus hermanas.

A pesar de tener apenas un año, parecía capaz de comprender lo que decía su padre, pues volteó a verlas cuando se lo indicó. Sonreía con el único diente que tenia. Lana y Lola cambiaron expresión, pero a uno de cuestionamiento, pues no entendían que es lo que su padre quería conseguir con esto.

-Niñas... —Cargó a Lily en sus brazos y se arrodillo en el suelo, colocándola a ella en su pierna izquierda— Sé que están tristes por lo que paso con sus hermanas... —Al momento de decir esto, las gemelas abrieron los ojos y miraron a los de Lynn, como si les acabara de clavar una flecha en el corazón. Por un instante, la sonrisa del mayor desapareció, y tragó saliva, pero tenía que continuar hablando— No deben seguir haciendo esto... No pueden simplemente fingir que nada paso... Deben ser fuertes... Deben recordarlas.

Por ellas.

Y lo mate...

Ahora las dos estaban cabizbajas, sin saber que responder.

-Leni las ama, Luna las ama, Lynn las ama, Lisa las ama. Eso no cambiara jamas, lo prometo. ¿Ustedes las amaran por siempre?

Seguían sin responder. Lynn sabia que no responderían si les seguía recordando el pasado. Si el pasado era tan doloroso, entonces, ¿Por que no mirar al futuro?

-Lola, Lana... —Ellas alzaron la vista cuando escucharon su nombre, luego, Lynn habló con Lily— Recuerdo cuando eran pequeñas. Recuerdo el nacimiento de cada uno de mis hijos. Cada uno de ellos se levantaba muy temprano, incluso antes de que el despertador sonase. Notábamos como es que sus pequeños pasos descendían lentamente por la escalera y se dirigían a nuestra habitación. A cada uno le permitimos subir a nuestra cama y dormir con nosotros.

-Papá... —Lola sentía un flujo de emociones en su interior, al igual que su gemela— Ella no entiende lo que...

No fue necesario que continuase, sabía a lo que se refería. Él solo asintió con una cálida sonrisa y continuo hablando.

-Sé que aun no puedes hablar bien Lily, y que tus palabras aun no se entienden. Pero tú puedes entender las mías. Cada una de tus hermanas es una llama que nos impulsa a tienen los ojos de su abuela... A pesar de todo el escándalo que hacen... Para mi son calma. Tienes una mamá que te quiere mucho. Con cada uno de ustedes me siento más fuerte y poderoso. Me tienes a mi, a tus hermanos, a tu abuelo que te quiere ver crecer.
Han dado luz a nuestra familia, una luz eterna. No te faltara nada, jamas.

Lo extraño...

-Nunca te faltara amor, nunca. ¿No es así, niñas? —Cuando regresó su vista hacia las gemelas, ellas apenas podían contener las lágrimas, sus ojos estaban vidriosos. Se contenían, se contenían porque aun querían fingir que nada sucedía, que todo estaba bien. Solo necesitaban un empujón para que finalmente pudieran liberarse.

-¿Como se llaman tus hermanas? —Le pregunto a Lily, quien después de reír un poco, contestó con una mala pronunciación.

-Lori, Leni, Luna, Luan, Lynn, Lincoln, Lucy, Lana, Lola, Lisa... —Dijo feliz de decir esos nombres.

Lana y Lola corrieron hacia su padre y lo abrazaron con fuerza, y a Lily también. Lloraron, soltaron un llanto tan fuerte que podrían haber roto los vidrios de su casa por el estruendo, pero su padre logró tranquilizarlas un poco respondiendo el abrazo de manera cálida.

-No las olviden... No permitan que Lily las olvide...

Ya no quiero estar aquí...

De verdad, lo extraño.

Ya no iba a soportar más malas noticias, ya no quería. Era como si ese secuestrador lo observase y le enviara un nuevo sufrimiento solo por intentar acercarse a él. Una patrulla de policía ahora estaba afuera, entrevistando a sus padres y a los señores McBride quienes habían llegado para visitarlos. No reaccionaba, ya estaba cansado de llorar, gritar, asustarse, enojarse. Su corazón estaba seco.

Ronnie Anne ya no estaba. Él, ese desgraciado se la llevó, estaba seguro. ¿Que enfrentaba, un Dios? ¿Por que un Dios desperdicia tiempo con él? ¿Había hecho algo para merecer esto? Quería que todo acabase. Averiguar la verdad, si están aquí o no...

Si están vivas...

Solo eso quería saber. Si vivían. No era demasiado pedir, no era demasiado pedir.

Seguía sumergido en sus pensamientos, con lágrimas cayendo de sus ojos y deslizándose hasta su almohada donde apoyaba la cabeza, sobre su cama, descalzo, y con las sabanas encima de él. Era inútil, el frío que sentía provenía de su interior y ocasionaba que el pecho le doliese cada vez que respiraba.

Sus hermanas le dieron su espacio, sabia que regresarían después para consolarlo como él hizo con ellas, por ahora, solo quería estar solo. Como extrañaba la música de Luna, su acento británico, y sus referencias a canciones incluso cuando él no reconocía algunas. También extrañaba a Leni y su eterna inocencia, no era torpe, solo muy buena, sea quien sea el secuestrador, ella aun debe pensar bien de él. Las explosiones que Lisa realizaba, los experimentos fallidos, su extremadamente alta inteligencia, todo en tan corta edad, era sorprendente, y cuantas cosas más hubiera hecho en muchos años si tan solo no se hubiera equivocado en una sola cosa. Extrañaba incluso el gusto por los deportes de Lynn, cosa con la que más se diferenciaba de ella, su eterna pasión por ser la mejor de cada equipo al cual pertenece era admirable y un ejemplo a seguir.

Las extrañaba, mucho. Y en medio de su melancolía, se durmió.

Cuando volvió a abrir los ojos ya debía ser medianoche, pues sentía el lado de su rostro donde tenia la almohada muy húmeda, y las luces de su cuarto estaban apagadas. Alguien debió haberlas apagado mientras descansaba. Sentía su garganta seca, decidió ir al baño para ver que tal mal se veía y tomar algo de agua. El pasillo estaba en silencio, seguramente porque sus hermanas ya dormían como sus padres.

Cuando se vio en el espejo del baño, era casi irreconocible, sus ojos tenían bolsas dignas de un universitario que solo dormía 7 horas a la semana, su pelo despeinado se veían como un trapo que había recogido un liquido que lo endureció y nunca volvió a hacer el mismo. Decidió lavarse el rostro y tomar una ducha caliente rápida.

Volvió a su habitación y se colocó su pijama. Tras esto, se sentó al borde de la cama, sin saber si quedarse allí hasta la mañana o volver a dormir. Era extraño, mientras dormía no soño con algo, era como si simplemente hubiera parpadeado.

Llego la hora.

Por puro instinto, miró el cuaderno que estaba en su escritorio, ese donde Lisa anotó una pista para él que no lo llevó a nada. Lo tomó entre sus manos y exploró la pagina donde le dejo ese extraño mensaje. Cada vez que Lincoln visitaba los lugares donde creía que encontraría algo, anotaba un nuevo mensaje debajo, puesto a que creería que le ayudarían.

El ultimo mensaje que recordó fue el de ese que estaba inscrito detrás del cuerpo que imaginó, o al menos eso pensaba.

Ahí estaban, uno sobre el otro.

"Espera y Sigue" lo que Lisa le dejó.
"Salva su alma" el extraño mensaje que en la casa abandonada halló.
"Te amamos" lo que supuestamente escuchó Lucy de sus hermanas desaparecidas, esto le era más un apoyo.
"Adiós Linky" ¿Quien hubiera imaginado que Leni sabia que es lo que esperaba?
"¿Mi culpa?" algo que pensó tras esa intensa conversación con Luan, aun dudaba mucho de esto.
"Oh no" el mensaje inscrito en la espalda del cadáver, era grotesco y no se lo podía quitar de la cabeza.

Se quedó mirando los mensajes unos segundos más, analizando sin saber que hacer para recuperar el sueño. Hasta que se le ocurrió leerlo de arriba a abajo, y sintió un punzón en el interior de su estómago, su respiración se agitó de nuevo, y los sentimientos de miedo y tensión volvieron a emerger. Solo necesitaba una cosa más para comprobarlo.

Con la mano temblorosa sujetó un lapicero de tinta negra y escribió una ultima letra por debajo de los mensajes. Su corazón debería haber reventado, pues sintió nauseas al terminar de escribir la ultima letra. La primera letra de cada mensaje formaba algo tétrico y perturbador.

"S"

No sabia que sentía ahora, miedo, furia, felicidad, tristeza, todo estaba combinado. Necesitaba contarle a las demás. Sus piernas parecían hechas de palillos chinos, no podían mantenerlo en equilibrio por mucho tiempo. Así que grito desde la puerta de su habitación llamando a sus hermanas restantes con todas sus fuerzas.

-¡Chicas! ¡Chicas!

Creía que vendrían en seguida, pues aun estarían preocupadas por él. Pero nada pasó, ni siquiera una respuesta. A duras penas y desconcertado, consiguió ir hacia la habitación de las gemelas. Nadie. Prosiguió con las demás habitaciones, el resultado era igual. La oscuridad de la noche y no encontrar a nadie más solo le hacia pensar en algo peor.

Descendió por las escaleras rápidamente, aun con las luces apagadas, cuando a mitad de su recorrido por llegar abajo escuchó la puerta abrirse y a alguien ingresando.

-Tranquilo, niño. ¿Sucede algo? —Una voz familiar, que no era de sus hermanas, provenía de ahí— Si estas buscando a tus padres, no están ahora, tuvieron que ir a la comisaria. Surgió algo.

No quería saber, solo quería encontrar a sus hermanas. Por un segundo, dejo de sentir esas sensaciones mezcladas.

-Me pusieron a cargo de este lugar, yo los cuidare.

-¿Donde...? ¿Donde estas mis hermanas? —Preguntó titubeante.

-¿No están en sus habitaciones?

-No... —Sacudió su cabeza un momento, necesitaba aclarar sus ideas.

-¿Te sientes bien? Luces como si hubieses encontrado un mensaje incompleto. —Su sangre le ardió por todo su cuerpo.

El oficial de policía se retiró el sombrero que llevaba, y dejó ver sus ojos. Gracias a que se acostumbró a la oscuridad, alcanzó a ver con claridad una horrible revelación. Esos condenados ojos con Iris de distintos colores. Sonreía con aire superior, y soltó una ultima palabra antes de subir las gradas.

-"Aquí."

Corrió, lo más rápido que pudo, hacia su habitación y aseguró su puerta. Era él. Lo encontró. Ese desgraciado siempre estuvo allí. Siempre...
Escuchaba su voz, ahora profunda y potente, acercándose poco a poco.

-Te note desde que fuiste a esa casa, Lincoln. Eso que encontraste en la cama no era un cadáver, era alguien que aun vivía.

Esa aparición que vio en el hogar abandonado, ahora todo cuadraba.

-Él te vio, y destruyó la casa. Me servía a mí.

Ya no escuchaba sus pasos en los escalones, ya estaba en la segunda planta. Se acercaba con lentitud a su puerta. Estaba seguro de que moriría de un susto antes de que ese sujeto llegara a él.

-¿Sabes lo fácil que es fingir ser otra persona usando solo un lente de contacto y ropa elegante?

Estuvo ahí, en el bus, cuando fue con Lori al parque. Todo este tiempo el secuestrador de sus hermanas lo observaba.

-¿O cuando vistes con harapos? —El maldito vagabundo en la entrada de la tienda de empeños.

Siempre estuvo ahí.

-Ahora, vengo por ti.

La puerta era empujada, Lincoln no iba a ceder tan fácilmente, no podía. ¿Donde se encontraban sus hermanas ahora?

-Sabia que me seria muy difícil llegar a ti con tus padres aquí, así que comencé con el Plan B, ya que siempre funciona. Tan solo tuve que arrebatarte un par de amigos para distraerlos. —Ronnie y... ¿Clyde? No, no era posible que él...

-A una no la encontrarán, al otro... solamente les quedara velarlo. —no podía más, sus fuerzas desaparecían y la puerta se abría poco a poco.

-No temas, solo vine para salvarte. Vine por ti.

Ya no podía soportar más. Quería morir.

-¿Por que estas tan asustado?

Sentía sus fuerzas desvanecerse.

-¿A que le tienes miedo? ¿A que le temes, Lincoln Loud?

¿Por que te asustas, Lázaro?