N/A: Igual terminé atrasándome y no sé por qué no me sorprende, je. Pero como me dolía saltarme un día y más que nada me atrasé porque se me ocurrió un AU muy tarde y me dejé llevar, lo subiré igual aunque el día no corresponda. Quizás mañana suba dos o vaya un día atrasada, iré viendo. El prompt que escogí para ayer fue AU, y después de muuuuuucho pensarlo decidí hacer uno donde la RFA es una agencia de modelaje, Saeran un make-up artist bien pro y Yoosung un novato que estará a su cargo. ¡Que lo disfruten!


Día 4: Miel y menta.

[Make-up artist and his apprentice!AU]

Saeran había acabado de retocarse la sombra burdeo alrededor de la V externa del ojo, y estaba terminando de difuminar el delineador negro sobre la línea de las pestañas inferiores cuando escuchó que alguien tocaba la puerta del pequeño estudio de maquillaje que tenía a cargo dentro de la prestigiosa agencia de modelaje RFA. Colocó las brochas dentro del organizador correspondiente y la paleta de sombras de tonos tierra dentro de la cajonera del tocador antes de pronunciar en voz alta el permiso para ingresar. Apenas juntó nuevamente los labios la puerta se abrió tras su espalda, y Saeran pudo apreciar a través del reflejo del espejo iluminado el momento en que entraba Jaehee Kang seguida de un joven de rasgos aniñados que jamás había visto en su vida.

—Saeran, buenas tardes.

El aludido volteó la silla giratoria en la que se encontraba sentado para poder observar de frente a la mujer y al desconocido, inclinando la cabeza a modo de respuesta al saludo. Jaehee, quien era prácticamente la coordinadora a tiempo completo de la agencia a pesar de que su contrato sólo estipulaba ser la secretaria personal de uno de los dos dueños asociados, traía en sus manos una tabla de apoyo con unos cuantos papeles enganchados en la parte superior. Los tomó todos juntos con una gracia que sólo ella tenía y se los tendió, mientras el chico, que no había pronunciado ninguna palabra, tensaba los hombros y sonreía con claro nerviosismo.

—Saeran, él es Yoosung Kim y a partir de hoy se unirá a nosotros como asistente de maquillaje. Tiene los conocimientos básicos pero no cuenta con la experiencia necesaria, y es por eso que tú estarás a cargo de él para enseñarle y poder cubrir todas sus falencias —explicó la castaña señalando al joven que estaba de pie a su lado, quien rápidamente se reverenció aun mostrándose tenso. Enseguida, Jaehee se dirigió a él—: Yoosung, él es Saeran Choi y será quien te instruya mientras permanezcas aquí. Él es uno de los mejores make-up artists que tenemos, su talento es asombroso. Generalmente él es el responsable del maquillaje de nuestros modelos más destacados, como Zen.

El muchacho rubio apretó los labios y extendió ambos brazos a sus costados. Saeran creyó verlo tomar aire antes de exclamar con un tono más alto de lo que al chico de cabello decolorado le hubiese gustado:

—¡Mi nombre es Yoosung Kim y desde hoy estaré bajo su cargo, señor! —Y como por arte de magia su expresión pareció relajarse de la nada, suavizando notoriamente sus rasgos—: Un gusto conocerle.

Saeran pasó por alto la palabra señor, porque no era precisamente lo que más le había fastidiado de todo lo que le habían dicho. Su mirada de miel dorada, oculta tras unos llamativos lentes de contacto de color claro, se encargó de escrutar de la cabeza a los pies a este supuesto Yoosung Kim, tratando de comprender qué era lo que estaba sucediendo. Al parecer no era más que un joven común y corriente, vestía ropa cómoda que cualquier chico de su edad llevaría —menos Saeran que tenía una inclinación evidente hacia un estilo más alternativo, y los demás empleados que por el sólo hecho de trabajar en aquel prestigioso lugar ya se vestían con mucho más glamour que el resto—, su cabello claramente teñido de rubio se disparaba hacia todos lados y ni siquiera aparentaba haber cumplido los veinte años que tenía según lo que dictaban los papeles que Jaehee le había entregado. Aunque, si tuviese que decir algo a su favor, sería que sin una gota de maquillaje tenía un rostro muy bonito. Con ojeras, pero armonioso.

Pero eso no era lo importante en aquella situación. Lo que no llegaba a comprender era el por qué tenía que encargarse de enseñarle a un novato, cuando bien podía tratar de arreglárselas solo como él tuvo que hacerlo en su tiempo. Además, ¿en qué estaban pensando al decidir contratar a alguien que se notaba a leguas que jamás había trabajado en un ambiente tan importante como la RFA? Quizás su necio hermano había intervenido en su historial, no se sorprendería. O definitivamente los dueños, Jumin Han y V, habían perdido el raciocinio. Tampoco se sorprendería.

Es por eso que terminó frunciendo el ceño mientras se llevaba una mano a la correa que rodeaba su nuca, jugando con ella para liberar sus tensiones. Estaba seguro que con el maquillaje que traía puesto su mirada se vería mucho más intensa, expresando su incomodidad más a través de ella que empleando las palabras.

—Acaban de decir… ¿a cargo?

—Órdenes del V —aclaró Jaehee—. Al parecer lo descubrió maquillando a Rika por aburrimiento y quedó encantando con los resultados. Dijo que se moría por fotografiar a algún modelo que haya sido maquillado por Yoosung.

Saeran alzó una de sus cejas.

—Pues que tome un curso.

—Lo haré —se apresuró en contestar Yoosung dando un paso hacia delante, llamando la atención del otro chico. No obstante, al sentir que era observado con seriedad, dejó caer los hombros con cierto decaimiento—. Lo haré, pero…

—Pero V está decidido que contigo aprenderá mucho más rápido —continuó de forma optimista la castaña—. Confía plenamente en sus dotes y en tus instrucciones. Y el señor Han estuvo de acuerdo.

El artista guardó silencio por unos segundos, nuevamente intercalando su vista entre la mujer y un ansioso Yoosung. Sinceramente no tenía idea de cómo enseñarle a un completo amateur, su paciencia tenía límites y ni siquiera estaba seguro de cuáles serían «esos magníficos dotes» que al parecer el rubio poseía. Aparte de su cara bonita, no tenía presencia de maquillador y menos de trabajador de una empresa de modelaje; además de que su presencia parecía ponerlo nervioso y eso que no se conocían ni por veinte minutos.

Sin embargo, llevarles la contra no lo llevaría a ninguna parte. La mujer sólo se estaba encargando de llevar a cabo su trabajo de notificarle por lo que no tenía por qué reclamarle a ella, y los jefes ya habían dado su veredicto al contratarlo directamente sin hacerlo pasar por algún tipo de período de prueba. No por nada ya se encontraba allí, listo para comenzar apenas Saeran diera el visto bueno.

—Igualmente no puedo oponerme a esto —murmuró alzándose de hombros—. Está bien, lo comprendo. Quedará a mi cargo.

Jaehee sonrió e inclinó la cabeza esta vez para despedirse, dejando a los dos muchachos solos dentro del estudio. Saeran alzó sus piernas para sentarse a lo indio sobre el asiento de cuerina, entretanto Yoosung daba un vistazo alrededor con una mezcla de interés y fascinación. Las luces, los espejos, la enorme cantidad de brochas y productos de maquillaje debidamente ordenados en organizadores transparentes de distintos tamaños. Todo se veía increíble, y aunque Yoosung sabía que aún le faltaban varios trucos por aprender y estaba lejos de estar al nivel de los demás empleados que trabajaban allí, no por ello dejaba de sentirse emocionado. Inclusive aunque su instructor tuviese un aspecto intimidante bajo su estilo inusual y su rostro más bien inexpresivo, porque realmente se podía apreciar que poseía un gran talento con los cosméticos si era capaz de maquillarse de esa forma. El chico rubio tenía que admitir que su acompañante realmente lucía increíble, con sus ojos almendrados destacando gracias al delineador y las sombras tierra esparcidas por sus párpados, como si fuese un verdadero idol o un cantante de Kpop. También, por los rasgos, apostaría que incluso usando ningún tipo de producto sobre la cara seguiría siendo atractivo.

Ahora que lo veía bien también parecía ser bastante joven, no debía tener dos o tres años más que él. Sin embargo, prefería no darse atribuciones que quizás no le correspondían. Él era el chico nuevo, Saeran «uno de los mejores make-up artists» de la agencia y citando. Había un abismo, no, una galaxia completa de diferencia entre los dos y sus status. Por lo mismo, prefirió poner el respeto primero:

—Será un gusto aprender con usted.

—Olvida el señor —murmuró Saeran con voz ronca, pero sin rastro de estar molesto—, que sólo soy un año mayor que tú. Puedes guardarte las formalidades.

—Oh, eh… ya veo. Será un gusto aprender contigo, entonces.

—Mejor.

Un rastro de una sonrisa traviesa tiró de las comisuras de Saeran. Era cierto que él no era del tipo de persona habladora y amigable, sino más bien todo lo contrario. Tenía una personalidad difícil y prefería moverse a su modo, algo que parecía ser la completa antítesis a lo que Yoosung desprendía. Pero su idea tampoco era hacer que el chico se pusiera incómodo si iban a trabajar juntos por obligación, así que trató de ser menos arisco dentro de lo que podía, claro. No conocía nada de Yoosung, y aunque no le generaba mucho interés dado a lo simplón que se veía, igualmente pensó en generar un tema de conversación, el que fuese. Se rascó la nuca bajo el cuero de la gargantilla, y entrecerró los párpados mientras fijaba su vista inquisitiva en los ojos violetas del rubio.

—¿Por qué estás acá siendo que eres un completo novato?

Yoosung pareció sorprenderse ante la pregunta, ya que sus ojos se abrieron más de lo normal por una pequeña fracción de tiempo. Acto seguido, volteó el rostro hacia el suelo entretanto comenzaba a juguetear con sus dedos, enredándolos. ¿Fibra sensible? Eso parecía, hasta que de la nada el chico se llevó una mano a la nuca y comenzó a reír con sutileza.

—La verdad es que nunca nadie había esperado tanto de mí como Rika y V lo están haciendo en estos precisos momentos —confesó, su semblante ablandándose—. Mis padres siempre fueron estrictos, mi hermana logró llegar lejos. Pero cuando yo ingresé a la universidad sentía que no estaba en el lugar correcto. No me sentía cómodo, comencé a dejar de prestar atención a las clases hasta el punto de faltar casi la mayor de las veces. Por lo mismo, mis notas eran pésimas y terminé saliéndome de la carrera. Luego de eso pasaba encerrado en mi habitación jugando LOLOL como si no hubiese un mañana, y era como si mi vida realmente estuviese estancada en ese punto. Ya no había nada más que quisiese hacer —murmuró y tras eso apretó los labios. Sí que era una fibra sensible, pero Yoosung no parecía tener planeado el desmoronarse. Volvió a reírse, esta vez avergonzado—: Sin embargo, realmente me relajaba cuando Rika me dejaba maquillarla por puro gusto y me di cuenta de que también era algo que disfrutaba hacer. Rika es modelo y es preciosa, así que no creía que yo estaba haciendo la gran cosa. No obstante, me puse muy feliz cuando ella me dijo que me estaba quedando bien, que tenía un talento que debía pulir, que ella hablaría con V. Y V, al ver lo que había hecho, también quedó encantado y me dijo que me contrataría en su agencia. Fue la primera vez que sentí que verdaderamente iba a pertenecer a un lugar. ¡Es por eso que pondré todo el empeño para mejorar!

Finalizó exhalando sonoramente por la nariz, mientras alzaba ambos puños como signo de seguridad. Un brillo de confianza atravesó por sus pupilas, dándole la impresión a Saeran de que realmente estaba hablando en serio. Al parecer lo había menospreciado, porque era un chico un poco interesante.

Saeran le indicó a Yoosung una de las sillas del estudio y le pidió que la acercara para que él pudiera sentarse, porque tener que verlo alzando el rostro ya le estaba cansando. Una vez el rubio se posicionó, y antes que se distrajera con los primers y bases, Saeran carraspeó y retomó la palabra:

—¿Sabes que yo mayormente trabajo con Zen, verdad? Zen, ¿lo ubicas?

—¿Hyun Ryu? Sí, lo conozco. Es cercano a Rika y a V. Hemos cruzado palabras aunque el 90% se traten de él alabándose.

—Bueno, me facilitaste las cosas. Escucha muy bien lo que te voy a decir: Zen es nuestro mejor modelo. Se lleva de lo peor con el otro jefe, pero incluso él admite que su trabajo es fantástico y genera varias ganancias. Así que no creo que el señor Han te deje poner tus manos inexpertas sobre él antes de que demuestres de lo que estás hecho y yo diga que estás listo. ¿Cuándo comenzarás el curso?

Yoosung se llevó una mano a la barbilla, pensativo.

—En tres meses, creo. Jaehee tiene que confirmarme.

Tch —Saeran chasqueó la lengua con disgusto—, con razón V estaba tan deseoso de que te enseñara ahora. Estás contratado pero recién podrías ejercer en quién sabe cuánto tiempo más, que poco consecuente.

—Trataré de aprender lo máximo que pueda…

Saeran le dio un vistazo rápido al chico antes de reírse en silencio. Se puso de pie de un salto y se acercó a Yoosung acortando en demasía la distancia entre sus rostros, una sonrisa traviesa grabada en su semblante. El rubio trató de echarse para atrás dentro de lo que podía al chocar con el respaldo de la silla, pero el mayor de todas formas aproximó su mano hacia su mejilla izquierda y enredó sus dedos entre las hebras doradas que la rozaban.

—¿Lo máximo? No seas hilarante, te volverás un experto antes de eso —murmuró con tono divertido, soltando de a poco el cabello de Yoosung. Sólo quería provocarlo—. No por nada estás bajo mi cargo, y las cosas siempre resultan como las planeo.

Yoosung tragó saliva nervioso ante la repentina actitud y proximidad que el artista había tomado, pero decidió retomar su posición erguida —aunque eso significase acortar nuevamente la distancia entre ambos y encontrarse sumido en esa mirada intensa— y asintió con las manos empuñadas sobre sus muslos, demostrando que había comprendido.

El chico de cabello blanco le miró con interés antes de retomar su posición sobre el asiento de ecocuero negro, volteando el rostro hacia el espejo del tocador en el que ambos se encontraban ubicados. Había llegado el momento de probar al joven, ver con sus propios ojos de qué estaba hecho y notificar si realmente alguien como él tenía madera para desenvolverse en un mundo tan exigente como en el que estaba a punto de poner un pie. Las cosas allí no eran fáciles, se vivía contra el tiempo y bajo estrés constante, y el chico acababa de salir de una crisis existencial. La balanza no se encontraba equilibrada, Saeran necesitaba ver las agallas.

—¿Sabes? Acabo de retocarme todo esto, pero… —giró de su silla para poder alcanzar un paquete de toallas desmaquillantes que tenía dentro de una de las cajoneras, y lo señaló ante la mirada atónita de Yoosung—. Vas a maquillarme.

El rubio se exaltó en su asiento.

—E-espera, ¿qué?

—Lo que escuchaste. ¿No te contrataron por tener buenos resultados maquillando a Rika? Ahora probarás si realmente tienes talento o sólo sucedió porque es la pareja de V. Un tonto enamorado siempre ve a la persona que ama hermosa sin importarle lo que lleve puesto.

—No deberías subestimarme tan fácil —Yoosung frunció el ceño.

—Por eso te estoy dando el beneficio de la duda.

Yoosung soltó un suspiro. Miró las brochas y pinceles de todos los tamaños habidos por haber, y todos los cosméticos de distintas tonalidades depositados sobre el tocador. De seguro si abría las cajoneras encontraría muchos, muchísimos más productos que ni siquiera sabía que existían. Nunca antes había estado rodeado de tanto maquillaje, generalmente a Rika la retocaba con las cosas que ella tenía en su casa: bastantes por ser modelo, pero no al nivel de un estudio. Igualmente confiaba plenamente en la palabra de su prima, sin contar que ella misma a veces le facilitaba algunas estrategias para mejorar cuando tenía los ojos cerrados y Yoosung le colocaba sombra perla sobre los párpados. Pero Saeran Choi era Saeran Choi, Jaehee y él mismo se habían encargado de demostrar su importancia. Si llegaba a burlarse de él, no podía evitar sentirse apenado.

Sin embargo, había llegado muy lejos y por fin su vida estaba tomando un rumbo concreto. Dar un paso atrás sería lo más estúpido que podía hacer.

—Vale —acordó—. Pero primero, ¿puedes también quitarte las lentillas?

—¿Qué?

—Que si puedes quitarte las lentillas.

—Sí, sí. Eso lo entendí —Saeran se cruzó de brazos—. ¿Pero por qué?

Yoosung había desviado la mirada, y por la forma que fruncía la boca se denotaba incómodo. Incluso, ¿era un sonrojo lo que se estaba apoderando de sus mejillas? Era posible, pero por las luces que rodeaban el espejo no podía asegurarlo bien porque justo ensombrecía un poco las facciones del rubio desde el ángulo en el que Saeran se encontraba. No obstante, al poco rato alzó la barbilla con determinación, clavando su mirada violeta sobre la de Saeran.

Sí, sí era un sonrojo.

—Sólo… quiero ver qué puedo hacer con tus ojos —Yoosung titubeó—. Tus verdaderos ojos. Puedo ver el dorado alrededor de la pupila y… me gusta mucho.

Saeran no se esperaba esa declaración, por lo que se quedó inmóvil y sólo respiraba. Enseguida abrió la boca como queriendo decir algo, pero volvió a cerrarla sin emitir sonido alguno. Al final, lo único que hizo fue sacar un estuche para lentes de contacto dentro del interior de un bolso que tenía a los pies del mueble y se los quitó con cuidado, sumergiéndolo nuevamente en el líquido multipropósito. De todas maneras tenía que quitárselos si iba a desmaquillarse, pero su idea original siempre había sido volver a ponérselos porque era como parte de su identidad. Sin maquillaje y sin lentillas, era como si estuviese mostrando su verdadero yo a Yoosung.

Y eso, extrañamente, no le desagradaba.

Comenzó a limpiarse cuidadosamente el rostro ante la mirada atenta de Yoosung, enfrascándose más en los ojos debido a que debía quitarse completamente el delineador. Una vez listo volteó nuevamente hacia el rubio, sonriéndole de forma retadora.

—Estoy listo. Haz lo que quieras. —Dicho eso, esperó.

Saeran podría haberse dedicado a observar si estaba ocupando los elementos correctos en el orden correcto, corrigiéndole en el mismo instante. Sin embargo, no lo hizo. Por alguna razón prefirió sólo cerrar los ojos y dejarse estar, entregarse a las manos temblorosas de Yoosung. Como si estuviese anhelado encontrarse con una sorpresa una vez que el chico anunciara que había terminado.

Yoosung, por su parte, acercó su silla hacia él y lo observó con cautela. Controló su impulso de acariciarle el rostro y sólo se enfocó en analizar los rasgos, buscar entre sus pocos conocimientos qué podía llevar a cabo utilizando la piel de lienzo de Saeran. Porque Yoosung estaba en lo correcto, al verlo de cerca pudo confirmar que el artista efectivamente era atractivo incluso sin su maquillaje. Eso sí, tenía los ojos más pequeños de lo que aparentaba, pero por lo que había alcanzado a ver el rubio eran igual de penetrantes que sin las lentillas; sin contar su nariz respingada cubierta de pecas imperceptibles y sus labios de bonita estructura.

No tuvo que pensarlo mucho antes de decidir qué iba a hacer.

Comenzó con lo que sabía: primer, corrector, base, polvos, iluminador, contorno. Pero su ideal era enfocarse en los ojos, que claramente era lo que más destacaban —y lo que más le había llamado la atención— del mayor. Es por eso que tomó uno de los pinceles y buscó las sombras en tonos verdes y grises dentro del cajón, tratando de no desordenar todo mientras rebuscaba. Comenzó a difuminarlas cuidando de realizar un trabajo prolijo, colocando un llamativo verde menta sobre el párpado móvil y los colores oscuros sobre la V externa del ojo y la cuenca, finalizando con el blanco en el lagrimal y en el arco de la ceja. Luego registró hasta hallar un delineador negro que aplicó sobre la línea de las pestañas superiores, y le pidió a Saeran que abriese los ojos para poder aplicarle sobre la línea inferior.

Verse frente a frente, tan de cerca hasta poder hundirse en esa miel del iris del artista, era algo hipnótico. Yoosung se mordió el labio inferior antes de volver a poner los pies en la tierra y apartarse un poco, devolviéndole el espacio personal al otro muchacho.

—Te-terminé…

Saeran aguardó un poco antes de querer verse al espejo. El chico no había tardado tanto, a lo más unos veinticinco minutos, y le pareció extraño. No estaba mal, tenía que aprender a ser rápido y preciso con los pinceles, pero creyó que se tomaría más su tiempo a causa de la inexperiencia. Además…

Además ser maquillado por el rubio bajo un completo silencio, en una burbuja donde sólo se podía escuchar sus propias respiraciones y el titilar de las luces, había resultado algo somnífero; casi como si estuviese entrando en un sueño. Saeran no quería que llegara tan rápido a su fin al ser una sensación agradable. Cuando Yoosung se apartó sintió un nudo inusual en su pecho, parecido a la decepción, pero no lo demostraría ni muerto. Era lógico.

El chico giró la cabeza con un movimiento rápido sorprendiendo al rubio, quien pensó que bien podría haberse dislocado el cuello. No obstante, al ver su reflejo, Saeran separó sus labios abriendo sus párpados en demasía por la estupefacción. Se acercó más al cristal y llevó una de sus manos a su pómulo derecho, llevando su mirada a sus ojos perfectamente maquillados. El delineador estilizaba su forma almendrada, y el verde menta destacaba en equilibrio. En el resto del rostro tenía sus detalles, pero eran mínimos. No había errores garrafales que mejorar a la fuerza.

Saeran se había quedado en blanco.

—¿Q-qué fue lo que hiciste?

—Uhm… ¿un Mint Eye? —respondió el menor, titubeante.

—¿Cómo supiste que el Mint Eye era mi técnica predilecta? ¿Por eso la escogiste? ¿Para agradarme?

—¡Ah, no lo sabía! ¡Lo juro! —se apresuró en aclarar—. Es sólo que al ver tus ojos sólo pensé que quería verlos maquillados de esa forma. Los colores te favorecen, y yo…

Yoosung calló, sin saber qué más agregar. Saeran vio claramente que sus mejillas nuevamente se enrojecían, y ante la situación, dejó escapar una carcajada.

—Veo que tu cara bonita no es lo único que tienes —soltó sin más—. Eres bueno.

Ante el halago el rostro del rubio pareció iluminarse, como si en sus pupilas estuviesen estallando cientos de fuegos artificiales. Tenía una sonrisa de oreja a oreja que al parecer ya nadie sería capaz de arrebatársela, sólo él mismo cuando se mordía los labios de pura emoción. Saeran le estaba dando el visto bueno, ya no podía pedir más.

—¿En serio crees eso? ¡Oh, vaya! ¡Estoy tan feliz! —vociferó. Sin embargo, a los pocos segundos, su sonrisa tembló—: ¿Ca-cara bonita?

Saeran no se molestó en confirmarle lo que había dicho, dándole nuevamente el beneficio de la duda. En vez de eso, apoyó ladino una de sus mejillas sobre su palma y señaló el tocador:

—¿Y qué esperas? Pasaste la primera prueba pero no hemos terminado. Ordena lo que has sacado, las "clases" o como sea que quieras llamarle comenzarán hoy mismo.

El artista prefirió ocultar una sonrisa tras su mano. Yoosung, en cambio, nuevamente estaba brillando.


Habían pasado un poco más de tres meses desde ese encuentro, y Saeran ya tenía en claro que Yoosung era de las personas que si le interesaba algo, aprendían rápido. En el tiempo que llevaban juntos había visto muchas más facetas del chico que ocultaba sus destrezas bajo su inocente apariencia. Era un buen alumno, calmado y condescendiente, y aparte…

Era un buen amante. Y maquillaba tan bien como besaba.

Saeran no tenía idea de cómo las sesiones de práctica habían comenzado a finalizar con besos apasionados sobre el tocador o arriba de las sillas negras de cuerina, con las brochas de polvo esparcidas por el suelo. Quizás había sido su culpa, cuando le había pedido al muchacho que nuevamente lo maquillara mientras él cerraba los ojos con aire tentador. ¿Qué era lo que estaba esperando con esa acción? ¿Qué lo besara, a lo mejor? Pero dado a que el rubio no realizaba ningún movimiento y sólo se concentraba en difuminar, fue Saeran quien al ver su espacio personal invadido lo había tomado del cuello de la camisa y tironeó de él para plantarle un beso demandante. No pensó en la posibilidad de que Yoosung lo rechazara, pero tampoco tuvo que preocuparse por ello: el chico le había correspondido casi con las mismas ganas, y el mayor terminó con un sólo un ojo ensombrecido, delineador en la mejilla y marcas de labios sin pintar esparcidas por su nuca. Su gargantilla de cuero había terminado oculta en la cajonera.

Realmente tenía mucho más que sólo su cara bonita sin maquillaje y la burbuja magnética que creaba cuando Saeran se transformaba en su lienzo. Pero como el ser humano no es alguien perfecto, Saeran no pudo evitar reírse al descubrir cuál era la falencia principal del que ahora era su pareja.

Yoosung, con la nariz pegada al espejo, estaba difuminando como podía el delineador de sus ojos.

—Quién diría que eres bueno llenando de polvos a los demás pero apestas al hacerlo en ti mismo —se burló Saeran—. Generalmente es al revés, ¿sabes?

—¡Yo no necesitaba maquillaje! Me gusta tener un look natural —se defendió con los labios apretados, para luego estirarse el otro párpado y luchar para que el delineado le saliera derecho a la primera—: ¿Por qué tengo que hacer esto?

—Porque quiero verte.

—¿Pero no sería mucho mejor si me lo haces tú?

—No, esto es parte de tu instrucción —respondió mientras recargaba la parte superior de su cuerpo contra el mueble y observaba entretenido a su novio—. Además, pediste no tener que asistir al curso para pasar más tiempo conmigo, ¿no?

Yoosung apretó la mandíbula al verse atrapado y su mano tembló. Era una lástima que esta vez desde donde el mayor estaba posicionado podía ver claramente el rubor creciente sobre los pómulos de su estudiante, quien todavía trataba de hacer la línea sobre las pestañas. Saeran soltó una carcajada ahogada antes de empujar su brazo con el codo, con la clara intención de que la línea del delineador se corriera. El muchacho terminó con una mancha nada atractiva bajo la cuenca de su ojo, que había arruinado todo el maquillaje de idol que estaba tratando de hacerse.

—¡Oye! ¡Eso no es justo!

—Lo estás haciendo mal —prosiguió Saeran con calma, ignorando las quejas de Yoosung—. No tienes que estirar tanto el párpado o la línea te quedará entrecortada, con un poquito basta si te complica. —Dicho eso, se irguió nuevamente sobre la silla y tomó un delineador ubicado dentro de uno de los organizadores—. Mira, fíjate bien.

Alzó su mano con seguridad como todo el experto que era, pero aun así terminó con un manchón en la esquina del ojo arruinando completamente el maquillaje alternativo que ya llevaba puesto. Y todo porque Yoosung lo había empujado para cobrar su venganza, y de paso, besarle en la mejilla.