Disclaimer: Gintama es propiedad del autor gorila, Sorachi Hideaki.

Advertencias: M Lenguaje explícito y contenido explícito.


Crap Potion

X

II La falta de experiencia no es absolutamente mala

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Una vez en la habitación del castaño, Kagura se quedó quieta mirando a su alrededor, el futon recogido, y el armario en el que estuvo metida un rato, se sintió extraña al estar de nuevo en la habitación de Sougo, entonces lo miró con ojos suplicantes, Okita entendió el mensaje.

–Arrodíllate y quítate la ropa.

Exigió con voz severa, esa sonrisa cruel inigualable dibujada en su rostro. Mentiría realmente, si dijera que no estaba emocionado con todo lo que estaba pasando justo en ese momento. La pelirroja obediente, acató la orden, y apoyándose en ambas rodillas comenzó a quitarse sus vestimentas chinas, quedando únicamente en paños menores. Sougo se relamió los labios ante semejante escena. Una vez la niña terminó, lo miró interrogante.

–Bien hecho China, eres muy obediente –sonrió de medio lado–, pero aún no te quites la ropa interior.

Kagura satisfecha por el reconocimiento de su "amo" sonrió y lo miró directo a los ojos. El shinsengumi, excitado se acercó a la chica y comenzó a delinear su cuerpo con sus dedos, pasando por las mejillas, los labios, el cuello, los hombros, el vientre, y ahí se detuvo. Cavilaba con delirio como quedaría la suave y blanca piel de porcelana de la pelirroja con unos morados y golpes. Quería dejar de imaginarlo, así que rápidamente empujó a la Yato bajo su cuerpo y empezó a besar y lamer el níveo cuello. La sostuvo con fuerza por los hombros, enterrando sus dedos en el brazo ajeno, Kagura soltó un gemido de dolor. Después de unos minutos, cuando Sougo estuvo satisfecho, se levantó y le ordenó arrodillarse de nuevo, el se sentó y la miró fijamente.

–¿Estás satisfecha?

Kagura negó lentamente, Sougo sonrió.

–Lo pensé, pero como yo comencé, es tu turno de agradecerme.

La pelirroja pasó saliva. Okita soltó su correa, desapuntó el pantalón, bajó su bragueta y se acomodó en el suelo.

–Ya sabes lo que debes hacer.

Kagura se ruborizó, y lentamente bajó la mirada al pantalón de Sougo. Realmente no sabía qué hacer.

–¿Qué esperas que no lo haces? –indagó serio, la Yato inclinó la cabeza hacia abajo.

–Es… que… no sé cómo hacerlo –soltó con voz queda.

–¿Hablas sin mi permiso? –la chica lo miró asustada, él sonrió sutilmente, se estaba divirtiendo–. Acércate.

Kagura obedeció y se acercó tímidamente hacia el regazo del chico, él le indicó sentarse en él y agarró una de sus pequeñas y temblorosas manos. Realmente era increíble como esa frágil y nerviosa mano que estaba sosteniendo, era la misma que golpeaba y asesinaba sin piedad. Lentamente, guiando la mano de Kagura, la acercó a su entrepierna, y la movió hacia arriba y hacia abajo. Soltó un leve suspiro.

La pelirroja sentía el cálido miembro bajo su fría mano, y sentía como se ponía duro y se erguía. ¿Eso estaba bien?

Cuando Sougo creyó que Kagura había entendido el concepto, liberó su mano y la dejó continuar ella sola con el trabajo, sin embargo ella se detuvo.

–¿Por qué paras?

–Sádico, no sé si lo estoy haciendo bien –al decir esas palabras apretó suavemente su mano en la virilidad del chico, él soltó un suspiro.

–No lo estás haciendo mal, China… –dijo, y ella continuó–, sólo no te detengas.

Kagura asintió tímida, y continuó con su labor, acariciando con su mano trémula desde la punta hasta la base y viceversa. En un punto rozó suavemente las preciadas joyas y Sougo gruñó.

En el momento en el que Okita sintió que pronto llegaría, le ordenó detenerse, la jaló bruscamente de la cadena que conectaba a su cuello, quedando sus rostros a escasos centímetros. Kagura lo miró asustada por el repentino movimiento.

–Ahora usa tu boca.

–¡¿Ah?!

–Como escuchaste.

Dijo y sin darle derecho a réplicas, juntó sus labios con los de ella, y cómo lo había hecho aquel día, empezó una pelea de lenguas. Besaba con vehemencia y fiereza, ciertamente estaba demasiado excitado como para negar que esa fastidiosa y bestia china no lo estaba emocionando. Sin embargo, a pesar de que la pelirroja actuara sumisa, él aún no estaba satisfecho. Quizá la osadía y el ímpetu de la Yato le hacía falta. Se separó agitado, la niña abrió lentamente los orbes zafiro, brillantes y nublados por el deseo. A Sougo se le antojó esa imagen como más que provocativa. ¿Se estaba ablandando? No podía ser, él era un sádico por excelencia, ninguna niña china lo iba a hacer más suave.

Agarró a Kagura por el cuello y con arrebato, quitó los adornos -o cubre-penes- [1] que adornaban su cabeza, empujó la pelirroja cabeza hacia su entrepierna, y ella sorprendida por el acto se sonrojó violentamente al tener esa parte en frente.

–¿A qué esperas? ¿A que el cuatro-ojos consiga novia? Hazlo ahora.

Nerviosa, Kagura apartó la ropa interior del policía, y observó su virilidad en todo su esplendor. Dudando, acercó sus labios a la cabeza y comenzó dando besos y lamidas suaves. Sougo con el más mínimo contacto sintió llegar al límite, se apoyó en sus manos y dejó caer pesadamente su cabeza hacia atrás. Aún dubitativa y con nerviosismo, Kagura continuaba acariciando el miembro con suavidad y lentitud, de vez en cuando usaba la lengua también, enroscándola y arremolinándola por puro instinto, con miedo a errar a causa de su inexperiencia. Sin embargo Sougo estaba más que complacido, hasta el punto que la agarró del cabello y la movía con más rapidez.

Kagura empezó a sentir que su cuero cabelludo ardía, y se quejó del dolor, sin embargo, Sougo continuó jalándola con violencia. En un intento desesperado, Kagura dejó que sus dientes rozaran y lo mordió. Okita apretó los labios y frunció el entrecejo.

–¿Qué mierda crees que haces, estúpida china?

Después de todo, el jodido incienso no era una M-poción o algo así.

–M-me estabas lastimando.

–No sé si lo notaste, pero esa era la intención –dijo con sarna–. Ahora, ¿vas a continuar así o vas a querer hacer lo que te ordene?

Querer.

Ahí estaba el punto, ser una masoquista implicaba sentir placer por el dolor, y desear siempre cumplir con lo que el amo quisiera, pero Sougo había cometido un error, Kagura no tenía un pelo de sumisa, así que por más que se enamorara de él, en el fondo seguía siendo una violenta y en algunos casos hasta una sádica como él.

Con cautela, Kagura volvió al miembro erecto de Okita, y continuó lamiendo chupándolo con miedo. Esta vez el castaño no la agarró de la cabeza, se limitó a dejar descansar sus brazos verla ahí agachada haciéndole una mamada. La lentitud y mesura de los movimientos de la pelirroja, de verdad lo estaba desesperando. Así, nunca llegaría.

–Kagura…–dijo apretando los dientes–, si no lo haces más rápido, yo…

La Yato estaba más o menos preparada para aumentar el ritmo del oral, pero Sougo, impaciente e irritado, la agarró de nuevo de los cabellos y la embistió con fuerza, Kagura no tuvo tiempo de reaccionar, ni defenderse. El miembro la estaba ahogando, pero ella continuaba chupándolo. Cuando la pelirroja creyó estar en su límite, Sougo se le había adelantado, y en ese momento liberó todo en la boca de la chica.

La pequeña boca de Kagura, llena de SU semen, lo excitó de sobremanera. Ella lo miraba asustada, con sus azules ojos bien abiertos. Pasó todo el líquido con una mueca de asco. Sougo sonrió levemente satisfecho con lo que acababa de pasar, pero aún no era suficiente.

–Lo has hecho muy bien, China –dijo con autosuficiencia y se acomodó sobre sus rodillas–. Ven acá, te voy a recompensar.

Kagura se acercó y se sentó en las piernas del policía. Sougo agarró una de sus temblorosas y blancas manos y la puso en su pecho, indicándole que lo tocara. Con mesura, Kagura comenzó desapuntando la chaqueta del castaño, luego la camisa y el chaleco del uniforme, fue rozando la piel caliente de su pecho, delineó las abdominales del trabajado torso y tocó levemente las tetillas. Sougo gruñó y ella continuó ensimismada en el pecho del shinsengumi. Él la agarró del trasero y enterró sus dedos, ella soltó un suave gemido por la sorpresa, mientras Sougo delineaba las curvas de su cintura y caderas. Fue infiltrando una de sus manos por la ropa interior de Kagura, mientras se acercaba al cuello y comenzaba a lamerlo. La Yato sintió que cada uno de los pelos de su piel se erizaron con el contacto, la respiración que se estrellaba con su cuello y hombros, la lengua que los humedecía, y los dientes que dejaban marca por donde pasaban.

–China…yo realmente… quiero follarte…

Sougo suspiró en el oído de la pelirroja, y ella se sonrojó violentamente al instante. Abrió lentamente sus orbes azules, nublados, cuando de repente dio un brinco y lo separó de un empujón. Sus ojos azules, ahora bien despiertos y claros lo miraron con el ceño fruncido. Ella lo observó en el suelo, con la camisa abierta y el pantalón desabrochado. «¡No! ¡No puede ser! Yo no pude haber…» se miró a sí misma y al verse en ropa interior trató de cubrirse con sus manos.

–¡Hijo de puta! ¡Sádico pervertido! ¡¿Qué mierda me has hecho?!

Si había un momento para correr, era ese.

Pero no, Okita Sougo no iba a escapar, mucho menos ahora que tenía unas ganas incontenibles de tirársela a como diera lugar, ella quisiera o no.

Esquivando las patadas de la pelirroja, ágilmente le agarró el sujetador y lo tiró lejos, haciendo que involuntariamente ella llevara sus manos a sus modestos pechos. Sougo sonrió al verla sonrojada y con las cejas completamente fruncidas. Sí, esa era la Kagura que más le gustaba ver.

Se acercó a ella y la agarró de los brazos, lo suficientemente fuerte para dejarle unos morados en su blanca piel. Se inclinó a su altura y empezó a besarle el cuello. Ella se removió, sin éxito alguno porque quedó estática cuando él le lamió la oreja.

–China… no puedes negarme que disfrutas esto –susurró y ella sintió una corriente eléctrica correr por toda su columna vertebral–. Sé buena chica –suspiró infiltrando sus manos en la intimidad de la chica–. Si ya estás mojada, no querrás que dejemos así, ¿o sí?

Kagura pasó saliva completamente nerviosa, no podía articular palabra coherente con el bastardo del sádico encima de ella, lamiendo y tocando en donde no era debido. Respiraba agitadamente.

–Sádico…yo te juro que te arrancaré las bo-¡ah! –Sougo la penetró con su dedo índice, Kagura se calló un momento, para luego seguir peleando–. Este jueguito no te va a funcionar… yo te juro… que te mataré.

–Hazlo si quieres –resopló Okita–, pero después de follarte hasta que no puedas ni caminar…

Kagura se sonrojó del coraje, y de un empujón, él quedó en el suelo y ella se ubicó encima de él… de su erección. Hizo una mueca de desagrado, sin embargo no se levantó, en lugar de eso se comenzó a mover tratando de golpearle el rostro, él lograba esquivar algunos golpes, sin embargo la fricción lo estaba matando.

–China… no me tortures así –dijo casi con dolor–. Si tú continúas… yo no podré aguantar.

La pelirroja al darse cuenta lo que estaba haciendo, continuó meciéndose encima de él satisfecha y consciente de lo que ocasionaban sus acciones. Sougo apretó los dientes y la agarró del trasero. Se acompasó a sus movimientos y en un instante ya ambos estaban jadeando. Kagura, quien se había olvidado que no llevaba nada en la parte superior, se sorprendió cuando el policía se incorporó y atrapó uno de sus senos con su boca. Mordisqueó el pezón y succionó. Kagura se quedó quieta.

–Sádico…

–China… no te detengas…estoy… impaciente.

Sougo empujó con fuerza las caderas de la pelirroja, quien se abrazó a él dándole más acceso a su cuerpo.

–Sádico… ¿por qué…haces esto?

Él no respondió la pregunta, continuó besando el pecho de la pelirroja, sin embargo Kagura impaciente, le exigió una respuesta. Se separó y fijó sus ojos carmesí en los zafiro de ella.

–Kagura… no lo sé, yo sólo… –la abrazó por la cintura y comenzó a acariciarle sus largas piernas–, tengo ganas de comerte –dijo suavemente con la voz enronquecida.

La Yato hizo una mueca de confusión. «¿Qué le pasa a este imbécil?»

–Sádico, no entiendo –suspiró cuando él la empujó y la recostó en el frío piso de madera con las manos sujetas–. Tú puedes buscarte a cualquier M, no entiendo qué diablos quieres conmigo.

–Ya te lo dije, Kagura –ella se tensó, si no estuviera contando, diría que él había mencionado su nombre varias veces ya–. Te quiero a ti, y lo que quiero lo consigo.

Kagura frunció el ceño, estaba dispuesta a protestar cuando sintió los labios del policía en su abdomen, que fueron descendiendo hasta sus bragas. Las agarró con los dientes y se las quitó.

–Tengo que devolverte el favor.

La cara de pánico que tenía la pelirroja no podía ser comparada con nada, ni siquiera con la de Gintoki cuando por alguna loca razón el Shogun resultaba en ropa interior y en peligro. Kagura vió los ojos vino de Sougo brillantes, lo vió relamerse los labios con lujuria y lo vió acercarse a su intimidad.

Estaba perdida.

Y él estaba seguro que la Kagura que conocía, era mil veces mejor que la sumisa. Así que descartó la poción de mierda de por vida.

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[1] En el capítulo 434 del manga, se menciona que los adornos que Kagura usa en la cabeza, en realidad son un tapa-rabos, guarda-penes o no sé qué carajo. xD

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N/A: Me alegra mucho que les haya interesado la continuación del fic, de verdad me hace muy feliz. Espero este capítulo haya sido de su agrado, y no duden en dejar cualquier comentario o cosa que se les ocurra. Ya sé que estuvo algo explícito jijiji, pero dejaré lo mejor para el final 3:) Saludos.