Disclaimer: Gintama ni sus personajes me pertenecen, son propiedad del autor gorila.

Advertencias: Lenguaje explícito, alerta de embarazo (?)


Crap Potion

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V ¿En serio creyeron que Kagura estaba embarazada? Recuerden que todo lo que sucede en Gintama así sea en un fanfiction nunca es en serio

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Okita Sougo corría de un lado para otro en la Yorozuya, vaya a saber porqué Gintoki corría más rápido de lo normal, no desmeritando a Sougo un perfecto sádico contra el legendario Shiroyasha, aunque quizá ayudara que el desplazamiento no era muy fácil en medio de ese océano de náuseas. Kagura trataba en vano de intentar que Gintoki golpeara al sádico, obviamente ese gusto no se lo iba a dar a él, ella misma le agarraría las pelotas y le haría sentir el más fuerte dolor de su vida por convertirla en un monstruo vomitón.

Aunque ciertamente eso ya lo era.

De repente llegó un otaku perdedor azotando la puerta corrediza y frenándose justo antes de pisar el suelo cubierto de una capa de algo que él no sabía determinar pero que tenía un muy mal olor. Al girar su vista unos 45 grados a la izquierda pudo notar que la razón de esto era muy simple: Kagura estaba en el papel de heroína vomitona.

Al ver a Gin persiguiendo a Sougo mientras gritaba que pagaría por destruir a su pequeña Kagura, Shinpachi entró en pánico. Con cuidado trató de pisar lo menos posible el piso hasta que de un brinco quedó en el sofá.

–Gin-san, ¿qué demonios está pasado? –exclamó con enojo–, ¡Claro porque soy yo no fueron capaz de avisarme que había un especial en el manga y por eso están reunidos! ¡Siempre pasan de mí!

–¡¿Eh?! –fue la mueca de confusión de los tres restantes ante la extraña conclusión que había llegado el cuatro-ojos.

–Pattsuan, si no te molesta podrías salirte un momento mientras le doy a este mocoso lo que se merece por robarse la inocencia de Kagura-chan.

–¡Espera Gin-chan! –exclamó la pelirroja verde de la enfermedad y con voz decaída–. Te digo que no estoy embarazada…

–Es cierto Danna, es imposible que China lo esté, yo soy muy cuidadoso, un experto –pronunció con inexpresividad y suficiencia.

–¡¿Qué dices?! –gritó el permanentado acercando su katana al cuello del policía–. ¡Osea que si violaste a mi hija! ¡Te mataré hijo de puta!

–No fue violación, Kagura estuvo de acuerdo –se encogió de hombros restándole importancia con un gesto de su mano–. Además le puedo garantizar que no está embarazada, que ella se la pase vomitando por comer su sukonbu de mierda es distinto, no es señal de estar esperando.

Gintoki frunció el ceño y apretó los dientes mientras asfixiaba al shinsengumi con una de sus manos, en eso Kagura un poco más recuperada interfirió.

–Ya sé Gin-chan, que tener sexo con este bastardo no fue lo mejor que haya hecho, pero de verdad no estoy embarazada.

Sakata buscó con la mirada a Shinpachi, quien estaba impresionado por lo que acababa de presenciar.

–Shinpachi, será mejor que compres una prueba de embarazo, quiero saber si Kagura está esperando un hijo de este engendro, aunque cual sea el resultado, le mataré de todas formas.

–¿O-Osea que Ka-Kagura-chan y Oki-kita-san tuvi-vieron relaciones sexu-sexuales? –balbuceó con impresión.

–¡Si, ahora ve y compras la maldita prueba de embarazo!

–¿Con qué dinero Gin-san? ¡No hay nada!

Con un gesto de disgusto, Gintoki sacó la billetera del pantalón de Sougo y se la lanzó a Shinpachi quién no logró atraparla y cayó al charco de vómito.

–¡Genial! –exclamó el peliplata

–Danna, de verdad se está angustiando por nada –masculló liberándose del agarre de Gintoki de un empujón–. Ya le dije que yo sé hacer mis cosas.

Eso hizo enojar aún más al padre superprotector de la Yato, quien con un gesto iracundo obligó a Shinpachi a recoger la billetera y sacar dinero. De un salto, el otaku salió de la Yorozuya con un par de billetes rescatados mientras chocaba con una figura que estaba parada en frente de la casa. Al verla Shinpachi dio un grito de horror. Una rubia mujer con un gesto iracundo, y el chico salió corriendo cual niña del lugar a comprar lo encargado. Kagura al ver quién estaba allí, brincó el sofá y llegó a la puerta a abrazar a la mujer.

–¡Tsukky! –exclamó la niña frotándose en la cortesana de la muerte, ella correspondió el gesto acariciando la pelirroja cabellera–. ¡Gin-chan quiere matar al sádico! ¡Pero yo quiero hacerlo!

Tsukuyo inclinó su cabeza y arqueó su ceja en confusión. Como acto reflejo lanzó una de sus kunais a la cabeza platinada de Sakata, quien estaba manteniendo una extraña pelea de pulgares con el oficial del Shinsengumi. Giró su cabeza con un gesto inexpresivo hacia la rubia de ojos amatista.

–¿Qué pasa Tsukuyo? ¿Ahora qué hice?

El rostro aburrido del samurái hizo que la cortesana arrugara las cejas.

–¿No oíste Gintoki? Que dejes a Kagura matar a… ¿el sádico?

–¡Sí! ¡Sí! –asintió Kagura con emoción sorbiéndose los mocos de la nariz.

El permanentado soltó a Sougo, y se acercó a Tsukuyo, en ese instante, Kagura saltó hacia el chico y lo agarró del cuello de su camisa, la rubia observó expectante a Gin.

–Bien, ¿qué pasa? ¿Por qué es sádico? ¿y por qué lo quieren asesinar?

–Porque ese bastardo embarazó a Kagura –respondió Gin con una mueca de disgusto e ira. Tsukuyo separó los labios por la sorpresa y dirigió una mirada interrogante a la pelirroja.

–Yo… –comenzó Kagura hasta que fue interrumpida.

–Ya he dicho que no está embarazada… –murmuró el castaño con voz calmada observando al peliplata con desdén.

–Pero… ¿cómo lo garantizas? –inquirió la rubia con duda, aunque no es como si ella supiera mucho de esas cosas, era una cortesana virgen después de todo.

–Sólo lo garantizo –se encogió de hombros mientras era observado por la Yato con algo parecido a confusión.

–Nos toca esperar a que llegue Shinpachi con la prueba… –masculló Gin con disgusto, acomodándose en el sofá, giró su vista a Tsukuyo con molestia–, ¿y tú? ¿qué haces aquí?

–¿Qué? –exclamó la rubia con un leve rubor en sus mejillas, desviando su mirada mientras sacaba una bolsa de su kimono–. Aquí, el pago por el trabajo…

–¿Trabajo? –preguntó Sougo con una mueca de diversión en su cara, Kagura inmediatamente lo fulminó con la mirada.

–Sí, trabajo –dijo Gintoki levemente ruborizado, eh perdón, ese era el reflejo de sus ojos en sus mejillas-–. Si eso era todo, gracias Tsukuyo.

Acto seguido, Sakata desvió la mirada, hacia el par de adolescentes y futuros padres con disgusto. Tsukuyo se quedó estática, observando cómo ambos chicos estaban abrazados, o ahorcándose, realmente no lo sabía, gritándose el uno al otro palabras soeces y culpándose por los hechos. Gintoki con los dientes apretados estuvo a punto de estrangular al shinsengumi, cuando la rubia intervino de nuevo.

–También era para decir que Hinowa quiere que vuelvas a su casa a… beber –masculló desviando la mirada, Gintoki gesticuló terror, tanto que su dibujo estaba en líneas y sombras nada más–. Le pareció grosero que abandonaras así.

El peliplata no sabía que responder a eso, él ni loco volvería a beber junto con ella, ¡Era un monstruo! Estaba loca, si era una mujer violenta estando sobria, cuando no lo estaba era cinco mil veces peor. Antes de que la cortesana lanzara una infinidad de kunais al samurái, Shinpachi irrumpió en la oficina de la Yorozuya con la cara tan roja como un tomate y sosteniendo una cajita alargada en su mano izquierda.

–¡Aquí está! –exclamó el chico lanzando la prueba de embarazo a Kagura, ella la atrapó y la observó con curiosidad.

–Bien, ¿cómo se usa? –indagó la niña con total inocencia, sacándola de la caja y luego insertando la parte más angosta en su ombligo, todos se golpearon la cabeza en señal de frustración, la pelirroja les dedicó una mirada confusa–. ¿qué pasa?

Tsukuyo se acercó a Kagura con un gesto comprensivo en su rostro, dándole palmaditas en la espalda mientras la empujaba hacia el baño.

–Vamos, tendremos una clase de educación sexual.

Los tres hombres se miraron con una mueca incomprensible, observando a ambas chicas entrar al cuarto de baño, Gin dirigió una mirada de odio al shinsengumi, él sólo se encogió de hombros y Shinpachi prefirió guardar silencio.

Mientras tanto, al otro lado de la habitación, Tsukuyo buscaba las palabras de explicarle a Kagura la manera de usar la prueba. Ella sólo gesticulaba una especie de pavor y asco. La rubia trataba de tranquilizarla, explicándole que sólo debía concentrarse en orinar.

–Un frasquito… –murmuró Tsukuyo buscando con la mirada algún recipiente que pudieran utilizar, Kagura cogió el vaso con el que se enjuagaba la boca normalmente y se lo entregó–. ¿Segura…? –la niña asintió, y recibió de vuelta el recipiente–. Kagura, tienes que orinar ahí…

La Yato frunció el ceño, no queriendo creer que esa fuera la manera correcta de usar la prueba, sin embargo el rostro serio de Tsukuyo la convenció. La rubia se giró mientras la niña hacía sus asuntos. Ella le ayudó abriendo el grifo y luego de terminar sumergió la prueba en el frasco. Luego de esperar y dejar el dispositivo encima del inodoro, al pasar más o menos cinco minutos, con la mano algo temblorosa, Tsukuyo observó la pantallita de la prueba.

–Kagura, ¿qué significa una rayita?

–¿Por qué me preguntas? Yo no sé.

–Mira en las instrucciones por favor.

La pelirroja leyó con algo de dificultad las instrucciones.

–Negativo…

Ambas soltaron un suspiro de alivio y salieron del baño en donde los tres hombres las miraban expectantes.

–Fue negativo –mencionó la rubia apacible.

–¡Bien, ya no hay que llamar a MTV! [1] –exclamó el cuatro-ojos, todos lo ignoraron.

–Ve Danna, le dije que no había de qué preocuparse.

Gintoki miró con rabia al castaño y se lanzó a golpearlo, en ese momento la cortesana lo detuvo agarrándolo del cuello de su yukata.

–Gintoki, lo hecho hecho esta –murmuró con cierto tono filosófico, exhalando el humo de su kiseru el cual quién sabe de dónde salió y en qué momento lo encendió–, pero hay algo que quiero saber, ¿cómo fue que ustedes dos…? Ya saben…

–¡El hijo de puta usó el maldito incienso de mierda ese en mi! –exclamó sin menor delicadeza Kagura.

Tsukuyo se ruborizó de pies a cabeza y tosió con incomodidad, recordando el enamoramiento que sufrió por el permanentado, eso también lo notó el susodicho desviando la mirada con algo de ¿nerviosismo?

–En fin, más te vale casarte con Kagura o te juro te arrancaré tus &%# y luego te cortaré tu &%# y por último te &% # tus & %#.

–Cálmate Gintoki –musitó la rubia aún aturdida por los recuerdos de la poción de amor–. De todas formas aún son muy jóvenes, y…

–¡No me interesa, el bastardo tiene que hacerse responsable por robar la inocencia de mi hija!

Sougo dio un suspiro de resignación, y fijo su mirada carmesí en los ojos de pescado muerto de Gintoki y se dispuso a hablar.

–Asumiré mi responsabilidad, me casaré con China.

Todos sintieron sus mandíbulas golpear el suelo por la sorpresa, y justo a la entrada sintieron lo mismo, con un Hijikata sorprendido que había dejado caer su cigarrillo al suelo.

–¿Qué acabas de decir, Sougo?

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[1] No sé si sea necesario aclararlo, pero lo hago de todas formas: En MTV existe un programa llamado "Sixteen and pregnant" en el que se presentan casos de chicas adolescentes que están embarazadas, lo chistoso es que como siempre nadie le puso cuidado a Shinpachi, aunque hubieran respondido algo como: "Igual Kagura no tiene 16"

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N/A: Ya sé que tardé un poco, y a parte no está muy largo, pero lo hice con todo el amor para ustedes, muchas gracias por seguir este demente fic y dejar sus comentarios, de verdad me hace muy feliz, debo decir que sólo queda un capítulo que aspiro no tardar mucho en subir, pero bueno, universidad, líos y dramas de adolescente no ayudan :c Espero les haya gustado :P ¡Un saludo muy grande!

¡Si siguen el manga, debo decirles que fangirlee totalmente con el OkiKagu en el cap 528! Autor Gorila, yo sé que eres un fiel fanático del OkiKagu xDD Por otro lado más serio, este ha sido -a mi parecer- uno de los mejores arcos del manga, y sin hacerles spoiler, estoy triste por las muertes que han sucedido :c