CAPITULO II

Fantasmas

Tomo el libro entre sus manos, deslizando sus dedos sobre el lomo reflexionaba aún las palabras que Tucker le había dicho.

La ópera nunca fallaba como su lugar de escondite. Su casa no era una opción y no quería seguir deambulando por las calles hasta que oscureciera y, entre aquellos asientos, en un recinto medianamente iluminado por el candelabro, las posibilidades de que se encontrara a alguien que la reconociera o que de alguna forma le recordará aquello de lo que trataba de huir eran nulas.

No podría explicar el exacto momento en el que la ópera se había convertido en su lugar más seguro, era probable que la misma arquitectura gótica del sitio atrajera su atención, el hecho de que sus padres presumiendo de tanto dinero compraran el lugar y siempre pregonaran de que su hija, la gran joya de la familia, tomaría lugar del escenario como la gran estrella que estaba destinada a ser. Gran decepción para ellos cuando se dieron cuenta que eso no pasaría, volviendo el lugar una gran ironía, una broma del mismo destino que ahora la colocaba a ella escondida entre los asientos del público en lugar de estar debajo de los enormes reflectores del escenario, frente a todos… expuesta… desnuda a un mundo que le era indiferente y al que respondía de la forma más cínica que conocía, su única forma.

Continuaba con la lectura tratando de ignorar aquella presión de su pecho y estómago. Quería hundir cada una de las emociones un simple segundo antes de ahogarse por completo.

"¡Es verdad! Soy nervioso, terriblemente nervioso. Siempre lo he sido y lo soy. Pero, ¿podría decirse que estoy loco?"

Su mejor amigo de toda la vida había sufrido solamente un accidente, uno que lo había matado por un par de segundos. Sólo eso. No había pasado nada más… sólo…

"Me resulta imposible decir cómo surgió en mi cabeza esa idea por primera vez; pero, una vez concebida, me persiguió día y noche."

Alguien muy importante para ella, hasta ese momento que sus padres entraron a su habitación como siempre sin tocar, que antes de poder reclamarles el poco respeto que tenían a su privacidad lo vio. Vio en sus rostros esa expresión que sólo se podía traducir en malas noticias. Sólo hasta ese momento lo supo totalmente. Supo que tan importante era Danny Fenton para ella y reconoció por ese eterno y tortuoso segundo lo que tanto le había querido decir pero que siempre terminaba mordiéndose la lengua.

"Pues bien, así fue. Usted creerá que estoy loco."

Ahora era tan difícil verlo a la cara…

"El ruido se hizo más claro, cada vez más claro. Hablé más como para olvidarme de esa sensación; pero cada vez se hacía más claro..."

¿Qué era lo que tanto le atormentaba? ¿A qué le tenía tanto miedo enfrentarse? Nadie sabía nada, ella nunca había hablado y nunca lo haría, jamás se lo diría…

"¿Era posible que no oyeran? ¡Dios Todopoderoso! ¡No, no! ¡Claro que oían! ¡Y sospechaban! ¡Lo sabían! ¡Se estaban burlando de mi horror!"

No había pasado nada, pero aun así con la sola idea de tener que visitarlo era impensable. Tener que ver su rostro, verlo sonreír o cual fuese su expresión, su condición, no importaba. ¿Por qué tenía que preguntar por ella? ¿Por qué?

"-¡No finjan más, malvados! -grité - . ¡Confieso que lo maté! ¡Levanten esas tablas!... ¡Aquí..., aquí! ¡Donde está latiendo su horrible corazón!"

Un extraño ruido la interrumpió de su lectura, de sus pensamientos. Un terrible golpe, un eco que resonó en el lugar.

Provenía del escenario.

Levanto la cabeza para asomarse en esa dirección, más asustada de lo que jamás estuvo antes, más preocupada de que sus propios pensamientos fueran tan altos que alguien en realidad los estuviera escuchando o que el mismo sonido que sentía estallar en su pecho fuera finalmente el delator que la traicionara.

Nada.

Se levantó para mirar más de cerca. Podrían encerrarla ahora mismo en un loquero porque juraba que, a pesar de que vio claramente que no había nadie, ahora observaba la silueta de una mujer de pie sobre el escenario.

Se acercó más.

No había duda, estaba una mujer sobre el escenario que la miraba de forma tétrica, con una sonrisa macabra dibujándose sobre sus labios.

-Ember…- temblaba a cada paso que daba hacia ella, incapaz de huir quedo perpleja frente a la cantante que antes maravillaba a quien la escuchaba, ahora envuelta en llamas sobre su largo y ondulado cabello vistiendo lo que habían encontrado en su cadáver después de la terrible tragedia.

-¡No te levantes pequeño hermano!- la voz de Jazmine resonó en toda la habitación, y a pesar que apenas subía las escaleras fue capaz de escucharla.

-Jazz por favor, el doctor dijo que ya podía levantarme sobre mis propios pies. Lo que menos quiero es seguir en esta cama. Ya han pasado 3 semanas.

-No importa Danny, estaré como un halcón otras 3 semanas si es necesario.

-No creo que lo sea.

-¡Moriste!

-Gracias por el recordatorio, pero sino me levanto es probable que siga muerto.

-¡No es algo con lo cual bromear Danny! Creímos que… que… ¡Nos asustamos!

-Lo sé… lo sé… lo siento.- aun su débil sonrisa estrujaba el corazón de su hermana quien no perdió un segundo más y lo abrazo tan fuerte que lo dejo sin aire.

-Tiene que descansar bien. No saltarte ninguno de los medicamentos que te recetaron y no te fuerces demasiado por favor, llévalo con calma.

-No creo que pueda olvidarme de nada contigo recordándomelo ocho veces al día.

-Siete…- liberando a Danny del abrazo que parecía más una prisión, observo su rostro y lo sostuvo entre sus dos manos. –Hermanito… no te vayas a ningún lado.

-Está bien.- contesto confundido, preocupado de que su hermana comenzara muy pronto a montar una vez más guardia afuera de su puerta.

-Vuelve a la cama y recupera tus fuerzas. Porque prepárate…. ya sabes cómo es nuestro padre, quiere someterte a un interrogatorio sobre lo que viste después del accidente. Si viste algo cuando…- se detuvo un segundo no sabiendo como continuar con la oración. –Si viste algo cuando moriste… algún portal o… fantasma.

Danny quedo en silencio con una expresión que no sabría describir.

-Porque no viste nada ¿cierto? Danny… ¿Viste algo?

-No… nada que recuerde.- contesto de forma tajante y seria. Jazz lo observo un segundo más, se separó muy lento de él sin quitarle la mirada de encima.

-De acuerdo.- sabía que algo no estaba bien, lo decía su instinto pero… -Te dejo descansar.- Algo no estaba bien pero por el momento no presionaría las cosas. Salió de su habitación con una sonrisa que le había costado más de lo que creía poner y dejo a su hermano sólo, quien se quedó observando una esquina vacía como si algo estuviera ahí.

-¿Sabes porque el público ama las tragedias de amor Samantha?- su voz era clara e imponente como en vida. Sus ojos ardientes ahora eran más que una expresión.

Sam negó con la cabeza aun sin poder creer lo que veían sus ojos.

- "Es la tragedia del esfuerzo humano que tan a menudo pasa inadvertido e inestimado"

-¿Qué haces aquí Ember?- fue lo más coherente, al menos así lo pensó, que pudo pronunciar.

-Vamos Samantha, creería que una chica con tus ideales y mentalidad tendría mejores preguntas. No es el qué, es el por qué el que importa.

-¿Por qué?

-Porque haré que nadie olvide mi nombre esta vez…

Y con la espontaneidad con la que había aparecido su espectro, se desvanecía con la suave luz del reflector que se encendía.

El escenario quedo totalmente iluminado. Vacío.

La adrenalina la lleno por completo. Corrió por el pasillo hacia el exterior. No sabía si estaba emocionada o altamente perturbada. No era algo de todos los días ver un fantasma, menos hablar con el. Lo que era claro es que debía de averiguar que estaba pasando y detenerlo si era posible, porque por las palabras de la misma Ember dejaban algo en claro, esto apenas estaba por comenzar.