NOTA: Dejo esto aquí antes de irme de vacaciones, he intentado corregirlo pero dado que me voy pido disculpas por si hay algún error ^^U. Espero que les guste, y cualquier cosa que les parezca los reviews serán bien recibidos.

¡Besos!

CAPÍTULODOS:

De todas las cosas existentes en este mundo, madrugar estaba entre las que Kenny más odiaba. Para él no había nada mejor para que agarrar la almohada, taparse con el edredón viejo y roto y dormir cinco minutos más…

—¡Kenny, levántate de una puta vez de la cama y arranca, que vas a llegar tarde a clase como siempre, maldito vago!

Siempre y cuando la alcohólica y puñetera madre que le parió lo permitiese.

Se vistió mientras bostezaba repetidas veces, maldiciendo a los institutos, despertadores, y al imbécil que inventó la frase de "a quién madruga Dios le ayuda". Salió de casa sin pararse únicamente para coger una cutre tostada y corrió hacia la parada del autobús, donde el vehículo recogía a los dos últimos rezagados. Cuando estaba a punto de alcanzarlo, vio de refilón como el conductor me dedicaba una sonrisa socarrona antes de que el muy hijo de su madre le diera al botón que cerraba las puertas y arrancase, dejándole en tierra, sudoroso y jadeando. Se ajustó la mochila y caminó hacia el instituto dándole pequeños mordiscos al pan mientras observaba el monótono paisaje.

Nada cambiaba en South Park, pero con el paso de los años, había observado unas sutiles diferencias; Stan había evolucionado de "emo" a "super emo", algo que se manifestaba cuando peleaba con Wendy y se había incorporado a su relación. Y eso era algo que espantaba a muchas pretendientes que iban detrás de él, ya que se había convertido en un joven muy atractivo. Cartman había convertido su exceso de peso en musculatura al encontrar un deporte idóneo para él: el boxeo. Al principio había ido en contra de su voluntad, básicamente su madre lo había arrastrado entre quejas y llantos, pero con el paso del tiempo había aprendido a descargar su ira hacia los demás a base de puñetazos, así que iba ocasionalmente. Kyle, por el contrario, era el que menos había cambiado. Era la mente racional del grupo y quien aportaba el realismo a las ideas de bombero que se les ocurría, pero iba en camino de ser una Sheila Broflovski sin moño y con diabetes. Quizás era por eso por lo que Cartman disfrutaba molestarlo aún más que cuando eran pequeños.

Por su parte, seguía siendo el Christian Grey el pueblo, un hermoso rompecorazones. Irónicamente, era el que más había crecido, a pesar de que en su casa se comía lo justo, y cuando había. Eso sumado a su pelo rubio y los ojos azules color mardefotodetumblr, llamaba la atención de muchas chicas, y también la de algún chico.

Reprimió un suspiro cuando llegó al viejo edificio, robó dos chocolatinas de la máquina expendedora (el truco de la moneda y el hilo nunca fallaba) y se dirigió a clase bostezando. Como siempre, el día a día estaba lleno de locuras envueltas en una aburrida y soporífera monotonía…

Por ello, el ver a Stan encima de Jimmy Valmer pegándole puñetazos sin ton ni son mientras le gritaba y Kyle y Wendy intentaban separarlos, era algo inusitado a la par que interesante.

Estaba literalmente jodido. Stan esperaba muchas cosas de la vida, desde las excentricidades de su familia hasta las burlas y chistes de Cartman. Pero de todas ellas, ver a su novia besándose con aquel retardado como si se lo fuera a tirar ahí mismo era algo que rebasaba su imaginación. Y qué narices, la de cualquiera.

Había meditado la charla que había tenido con Kyle la noche anterior, y decidió hacer algo para sorprenderla. Por ello, sacó los escasos ahorros que tenía, robándole un poco a Randy, y saliendo antes de casa, pasó por una floristería de camino al instituto para comprar un ramo de rosas junto con un pequeño osito de peluche. Sabía que le encantaría, el truco era demasiado cliché y cursi, pero no por ello menos infalible. Pensaba dejárselo en su mesa antes de que empezara la clase, y ver de reojo su cara de sorpresa, como pasaba del desconcierto a la emoción, sus ojos iluminándose…

Y todas sus ilusiones desaparecieron cuando los vio morreándose como si no hubiera un mañana, con Jimmy posando sus asquerosas manos por la cintura de Wendy. Por un momento no pudo pensar en nada, se quedó balbuceando como un pez y con los ojos abiertos. Cuando por fin pudo reaccionar, en un instante pasó del desconcierto a la cruda realidad, de ahí al cabreo y las ganas de matar.

—¡Serás hijo de puta!

Tiró el ramo al otro extremo de la clase y se abalanzó sobre Jimmy dándole un empujón y agarrándole de la camiseta. Y aunque Kyle siempre les había dicho que la violencia no arregla nada, para él tirar a ese imbécil al suelo de una patada y darle un puñetazo certero en la cara era algo que sus vísceras celebraban. Y al que le viniera con discursos moralistas sobre discapacitados que se fuera a tomar por culo.

—¡Stan, no, basta!—gritó Wendy.

Le asestó otro con más rabia.

—O...oye, qu-que podemos arreg...arreglarlo, tío.

—¡¿Arreglar qué, pedazo de cabrón?!

—¡Stan, suéltalo de una vez!

A su lado podía escuchar los murmullos de compañeros que habían llegado y contemplaban la escena como los buenos cotillas que eran. Miró a Jimmy, con la nariz sangrando y uno de sus brazos tapándose la cara, e hizo lo que consideró más correcto; siguió pegándole, haciendo caso omiso a sus gemidos y a los gritos de Wendy.

—Mi madre, que lo va a matar…

—¡Stan, déjalo ya de una vez!

Sus músculos se relajaron un poco cuando oí la voz de Kyle, pero cuando le sujetó se revolvió con fuerza, exigiendo venganza. Y poco ayudó que Wendy se interpusiera entre él y Jimmy y le ayudase a levantarse, llevándoselo al otro extremo de la clase mientras le miraba de una forma que Stan nunca hubiera creído capaz. En ese momento los murmullos se incrementaron, y cuando vió al vicedirector entrar en la clase y observar el desastre, la mueca de su cara fue suficiente para que la rabia diese paso al miedo y quisiera irme a casa a esconderse debajo de la cama.

—Señor Marsh, a mi despacho ahora.

—Pero señor...—balbuceó Kyle.

—AHORA.

—El hippie está jodido.

Una de las cosas que Kyle odiaba con toda su alma, aparte de los plátanos, era darle la razón a Cartman. El vicedirector se había llevado a Stan a su despacho, y habían pasado dos horas desde entonces. Kenny observaba a las animadoras por la ventana fumando un cigarro mientras el gordo se zampaba una bolsa de nachos. Y él miraba la puerta del despacho de hito en hito, esperando que su mejor amigo saliese de ahí, a poder ser entero.

Y como si lo hubiera invocado, abrió la puerta y se dirigió hacia ellos, con la cabeza gacha y las manos en los bolsillos.

—Me han expulsado una semana.

Cartman empezó a reírse escandalosamente, ganándose un puñetazo en el hombro por parte de Kyle.

—¡Eso duele, judío!

—Que te va a doler gordo, lo raro es que tu grasa no haya intentado comerse mi puño…

—¡Serás hijo puta!

Empezaron a discutir y a decirse, hasta el punto que ni se percataron de cómo Stan les fulminaba con la mirada y se iba a clase. Porque a pesar de que le esperaba una semana de libertad, la tortura de ese día era inevitable.

En clase la gente no paraba de hablar el tema por Whatsapp, mientras la profesora explicaba cosas de las cuales a muchos no les importaba. Los que podían cuchicheaban entre ellos y no dejaban de mirar de reojo a Wendy y a Stan. Los que se habían perdido el espectáculo se enteraron inmediatamente, y ahora hacían lo que más les apasionaba: cotillear. Kyle no pudo evitar sentirse mal por él, ya que ahora era el centro de atención, y a la vez bastante aliviado de no estar en su lugar.

O al menos hasta que sonó aquel teléfono.

Bebe murmuró una serie de balbuceos a modo de disculpa y abrió los ojos de forma desmesurada. Tecleó un par de veces y el zumbido del móvil de Red indicaba que le había llegado el mensaje. Se atragantó con el agua que estaba bebiendo, y entre toses le echó una mirada sorprendida al gordo y… ¿a él?

Lo que sea que hubiera en ese móvil se empezó a pasar como una cadena, donde todos ya no ocultaban sus murmullos, y Cartman y Kyle eran los protagonistas de sus miradas. Clyde exclamó entre risas:

—¡Tío, esto no puede ser!

La profesora chistó y se fue de clase murmurando incoherencias, y la gente ya no hablaba entre susurros, sino que hablaban en voz alta y les señalaban con el dedo. Hasta Cartman se dio cuenta. Stan se acercó hacia Kyle con cara de espanto, como si hubiera visto un fantasma, y antes de que pudiera abrir la boca, le extendió el movil.

«Esto tiene que ser una broma» era lo único que pensaba. Porque a pesar de que había vivido muchas situaciones estrambóticas y macabras, el verse a sí mismo en una foto metiéndose mano con Eric Cartman mientras él le mordía el cuello como si fuera Drácula ya era el culmen del terror.

Un crujido le sacó de sus ensoñaciones. Cartman había tirado el teléfono de Clyde y lo pisoteaba, haciendo caso omiso a sus protestas.

—¿Qué te crees que estás haciendo, puto gordo?

En ese momento Kyle recordó que Clyde no era el más listo de la clase, porque supo que era una pésima idea soltarle ese calificativo en el mismo momento en el que el gordo le soltó un guantazo en la cara como un animal salvaje. Por suerte la clase no reaccionó de la misma forma que con la pelea de Stan, ya que entre cuatro lograron sujetarle, y Kyle salió corriendo en dirección hacia el baño, casi llevándose por delante a un profesor, pero ignoró sus quejas y siguió con su carrera.

Una vez dentro de uno de los cubículos, le entraron unas terribles ganas de llorar, pero las ignoró e intentó poner en orden sus pensamientos antes de que le diese un ataque de histeria. ¿Cómo había llegado a esa situación precisamente con Eric Cartman? ¿Por qué con aquel cabrón al que odiaba? ¿En qué momento había pasado?

Por más que intentaba hacer memoria no lo conseguía, ya que sus recuerdos estaban borrosos. Lo único que sabía con certeza es que se había líado con el tío que más detestaba en todo South Park, y que toda la clase iba a reírse de él hasta el día de su muerte.

Unos toques en la puerta le sacaron de sus cavilaciones. Se enjugó las lágrimas que luchaban por salir e intentó serenarse, y abrió esperando que Stan actuase como un buen amigo y no le mirase con ningún tipo de condescendencia. Total, las cosas no podían ir a peor...

La mirada furiosa de Cartman y el puñetazo le dedicó le hicieron rectificar mientras su cuerpo chocaba contra el inodoro y le recordaron lo equivocado que estaba.