Disclaimer: El mundo de Harry Potter no me pertenece, todo es obra de J.K Rowling. No es mi historia, no es mi idea, nada de lo aquí escrito es mío, es una TRADUCCION AUTORIZADA de una fantástica historia que creí, debían conocer. Nada de esto es con fines de lucro
Presque Toujours Pur
Casi siempre puros
• Capítulo II •
Fides
Abril 1973
Regulus, parado en la sala de dibujo de la mansión Black, miraba directamente al gran tapiz que colgaba de la pared de piedra. A pesar de que había sido testigo de muchas edades, estaba protegido por una fuerte magia familiar, todos los nombres mágicamente bordados en perfecta caligrafía; su nombre siendo el más reciente a pesar de que ya tenía once años de edad, doce en el plazo de un mes. La costura negra de los nombres destacándose sobre el fondo verde Slytherin. Ese tono siempre lo había encontrado reconfortante, no frío como su hermano siempre aclamaba. Voces argumentaban en la sala contigua. La puerta estaba cerrada pero ningún encantamiento silenciador había sido conjurado y en realidad, sus padres nunca se molestaban.
— ¡No pueden hacer eso! —Gritaba Sirius — ¡Ella no ha hecho nada malo!
— ¡Ha deshonrado a su familia y nuestra sangre noble! — Le grito su madre en respuesta.
Regulus se acercó más al tapiz, un sutil ceño fruncido sobre su rostro mientras se acercaba y rozaba suavemente sus dedos sobre la marca de quemadura en donde hasta hace unas horas se podía leer Andrómeda.
— ¡No es justo! —Grito Sirius y Regulus se estremeció — ¡Uno no puede simplemente desechar a la familia!
¿Cuándo comenzaría Sirius a comprender que nada en la vida era justo? Valiente y temerario, sin duda, pero tenía que haber al menos una pizca de sentido común en todos los Gryffindor. ¿Cómo más podrían sobrevivir lo suficiente para siquiera llegar a Hogwarts?
El menor de los Black dio la espalda al tapiz, el olor de la seda quemada fresco y persistente en el aire; su estomago se revolvió al ver a su madre incinerar el nombre del árbol genealógico tan fácilmente, como si estuviese eliminando del muro algo tan simple como un doxy. Le enfermaba el saber que al otro lado de Londres, en otra de las Mansiones Black, tu tío Cygnus —el padre de Andrómeda — hacía lo mismo al duplicado del tapiz que había en su hogar. Regulus pensaba que era redundante, considerando que todos los tapices estaban mágicamente conectados, pero su tío probablemente estaría intentando mostrar un punto a sus otras hijas, justo como Walburga y Orión Black lo habían hecho con él y Sirius.
El mensaje era claro: No se casen con sangre sucias.
Y por amor a Salazar, ni piensen en tener hijos con ellos.
— ¡No se puede echar a alguien de la familia por enamorarse! — Sirius estaba gritando de nuevo. — ¿Y si fuese yo o Regulus quien se enamorase de una...?— Nunca terminó la frase. Aunque no había ningún sonido fuerte detrás de la puerta, salvo por un ligero forcejeo, Regulus había aprendido a lo largo de los años lo que significaban los pequeños ruidos.
A pesar de no estar de acuerdo con la forma en que Sirius abordaba el tema, Regulus estaba de acuerdo con su hermano. Ciertamente habían sido criados con los estándares de sangre de los que siempre había que estar alerta —al menos que, por supuesto, tu nombre fuese Sirius Black — pero eliminar a Andrómeda del árbol y desheredarla por completo sí parecía algo excesivo. Regulus sabía poco de los asuntos del corazón, pero había visto a las parejas de más edad en Hogwarts, la mayoría de las cuales parecía como si hubiesen perdido secciones enteras de sus cerebros sólo por estar a la vista del mago o bruja que deseaban. Claramente, había poco control a la hora de quien te enamorases.
El, por supuesto, jamás tendría que preocuparse por ello. Le habían informado en su cuarto cumpleaños —cuando su magia se había manifestado por primera vez — que un día crecería para casarse con su prima Narcissa, la hija menor del Tío Cygnus, quien era solo unos años mayor que el mismo Regulus. No fue sino hasta que tuvo ocho años que entendió cual era el significado de la palabra "casarse" y entonces no parecía tan malo. Cuando cumplió los once y tuvo su primera charla pre-Hogwarts, finalmente supo cuál era en realidad la finalidad del matrimonio: el establecimiento de alianzas políticas, dinero y reputación a un lado, todo se reducía a fortalecer y profundizar los linajes de sangre pura. De repente, casarse con Narcissa parecía un poco más fastidioso.
Mientras crecían, solo se veían en las reuniones familiares e incluso entonces, la mayor parte de la atención estaba en Sirius y Andrómeda quienes habían sido forzados a un compromiso, aunque Andrómeda lucha con uñas y dientes, para gran alivio de Sirius. Fue, sin embargo, la razón por la Regulus y Narcissa se contrajeron a una edad tan joven; era mucho más fácil de controlar a los niños cuando no conocían nada mejor por lo que luchar.
Amaba a Narcissa, pero de una manera fraternal, lo que hacía que la idea de tener hijos con ella en el futuro le pareciese horrible, pero no era tan valiente o temerario como su hermano para pensar en decir esas cosas en voz alta. Era mejor dejarle el dramatismo a Sirius y Andrómeda. Por supuesto, por lo pronto no vería a Andrómeda, por lo que sabía, quizás nunca más sabría de ella. Tampoco tendría la oportunidad de conocer a su hija, una mestiza metamorfomago a la que había llamado Nymphadora.
Había visto a tu hermano guardar la fotografía de la pequeña bebe de cabello purpura sabiendo sin duda que si lo atrapaban con ella, los moretones que llevaría de regreso Hogwarts combinarían con el cabello de la pequeña niña. Sirius al parecer —tal y como había expresado en voz alta en la otra habitación — le importaba un comino cuales fuesen las consecuencias.
Y las consecuencias siempre habían sido terribles
~•~
Crecer en el número doce de Grimmauld Place había sido incomodo, por decir lo así. Sus padres solo mostraban afecto en público y aun en esos momentos, solo se lo mostraban a Sirius quien era el maravilloso heredero de la Noble y Antigua Casa de los Black, a menos claro que él no estuviese comportándose como tal, en cuyo caso tenían a Regulus, el maravilloso repuesto. No fue hasta que Sirius fue a Hogwarts que Walburga y Orión consideraron en poner más esfuerzo en la crianza de su hijo menor, pero cuando Sirius escribió después de la selección, todos los sistemas se activaron para el proyecto Cambio de Heredero.
Regulus se había sentido mal porque su hermano, su mejor amigo, se iría a Hogwarts un año antes que él y a pesar de que su padre les había dicho que no lloraran y que ciertamente no se abrazaran, especialmente en público, les había tomado mucho tiempo a los dos padres separar al par en King's Cross. Sirius se arrodilló frente a su hermano menor y limpió las lágrimas de Regulus mientras el tren de vapor escarlata silbaba su último aviso de salida.
—Espera por mi lechuza, te escribiré cada semana, Reg — Sirius le prometió con una sonrisa brillante que le daba un aspecto completamente fuera de lugar entre los de su familia en todo momento, —y una vez que llegues a Hogwarts, la pasaremos muy bien. Te prometo que no me importara que seas un año menor. Te colare en mi habitación y va ser igual que en casa solo que mejor. Tu y yo, Reg — le sonrió —Los hermanos Black conquistaran Hogwarts. Hablaran de nuestras aventuras por siglos.
Nunca llegarían a compartir un cuarto, por supuesto. Le había tomado tres semanas a Sirius para enviar una lechuza y —cuando la carta finalmente llego — Walburga había enviado una vociferadora en repuesta.
—Difícilmente se puede culpar al niño por lo que dice un sombrero encantado— Orión había intentado calmar a su esposa, un vaso de whisky de fuego en su mano para ayudar a aliviar el dolor de cabeza que los gritos de Walburga habían creado.
— ¡No te atrevas a defenderlo! — Le había gritado ella en respuesta —Se que hizo algo. Tuvo que deshonrar a nuestra familia de esta manera.
Gryffindor. Siglos de una gran tradición verde y plata rota por solo un chico cuya madre decía que era muy irrespetuoso, muy imprudente y muy sentimental. No debieron consentirlo tanto. No debieron dejarlo salir tan seguido. Tal vez no debieron dejar que los hermanos pasaran juntos tanto tiempo. Le habían inculcado valentía al chico al dejarlo ser protector con su hermano y los Black no eran protectores, eran auto-conservacionistas. En primer lugar la familia y no quería decir uno con el otro, significaba el nombre, el lema, la sangre. Regulus tendría que ser educado desde cero. Sirius necesitaría que se le recordase su lugar.
Cuando Sirius regreso en las vacaciones de Navidad era todo un Gryffindor; un león por dentro y fuera lo que era irónico pues Regulus había sido nombrado en honor a la estrella más brillante en la constelación de Leo. —Estupideces — su madre había dicho —Estrella o no, tu nombre significa Basilisco en Latín; rey de la serpientes. Serpiente, no como tu hermano, el vergonzoso león que ya está siendo etiquetado como un traidor a la sangre simplemente porque un viejo sombrero de mala calidad le dijo que iba a dormir en una torre y no en un calabozo por los próximos siete años.
Sirius era terco y orgulloso e incluso a los doce, estaba ansioso por pelear y defender las lealtades de su nueva casa. Hablaba abiertamente sobre sus nuevos amigos con una alegre mirada en su rostro la cual decía su madre, lo hacía ver embarazosamente afeminado. Sirius la ignoraba y seguía hablando de James Potter «asqueroso hijo de traidores a la sangre», Remus Lupin « ¿Su padre no era un mago de una buena familia que tiró por la borda su futuro cuando se caso con una muggle?», y Peter Pettigrew « ¿Quién?». Para el momento en que Sirius en el que balbuceaba sobre Albus Dumbledore —de quien dijo era el mago más grande desde Merlín — y de la Profesora McGonagall — quien sabia tenía una rivalidad con Walburga que se remontaba a los tiempos cuando atendieron juntas a Hogwarts y, por lo tanto, debía saber que no debía mencionar su nombre —, su dos padres estaban oficialmente hartos de su hijo mayor, de su boca y su lenguaje de traidor a la sangre.
Navidad ese año la habían pasado en St. Mungo después de que ocurrió un "accidente" donde Sirius "cayo" por tres tramos de escalera. Regulus se había visto obligado a abrir sus regalos a los pies de la cama de hospital de Sirius mientras que su hermano miraba, somnoliento por las pociones para el dolor y su madre le decía que solo los niños buenos recibían regalos. El verano había sido peor, pues Sirius logró encantar y pintar de rojo Gryffindor las paredes de su cuarto con la varita robada de su padre sin romper la ley de magia para menores de edad. Otro viaje a St. Mungo en donde Sirius tuvo que beber de la Crece-Huesos después de "caerse de su escoba" y romperse tres costillas y la clavícula.
Los recuerdos de los moretones, huesos rotos, y ronchas en el cuerpo de su hermano inundaron la mente de Regulus cuando fue llevado al Gran Comedor junto a los otros alumnos de primer año. Se quedó mirando a la multitud y encontró el rostro de Sirius inmediatamente, sonriendo, saludando, y lanzándole un pulgar hacia arriba.
— ¡Black, Regulus! — La profesora McGonagall llamó su nombre e hizo un gesto al taburete.
Caminó lentamente, temblando y aterrorizado mientras tomaba asiento, tratando de mantenerse calmado para no parecer completamente asustado. No necesitaba que lo llamasen un bebé llorón la primera noche, sea cual fuese la casa en la que quedase. «Nada valiente, pensó de sí mismo, Definitivamente no soy valiente»
—Podrías serlo —el Sombrero Seleccionador dijo dentro de su mente. —Tienes un gran potencial para ser muy valiente y audaz. Veo la grandeza en ti. Tu corazón es grande y leal a tus seres queridos, y tu preocupación por los demás es asombrosa. Me pregunto ¿qué cosas valientes que podrías lograr si ese amor audaz se dirige correctamente?
—No lo quiero — Regulus había suplicado, pensando en la forma en Sirius finalmente había roto a llorar en medio de la noche después de que sus padres le habían encerrado en su habitación para cuidar sus heridas dos semanas antes de que hubiesen sido llevados a King's Cross. Sirius había luchado en todo momento, pareciendo terco y enojado, pero en el momento que estaba solo, sollozaba en voz baja, acunando sus heridas en privado.
Regulus intento todo lo que pudo en ayudar a su hermano, pero su madre había cerrado su puerta con magia y aún cuando Sirius tenía permitido usar su magia fuera de Hogwarts, también se había llevado su varita. Así que Regulus se sentaba frente al cuarto de su hermano, susurrando cual palabra de consuelo pudiese pensar que no lograse que lo golpeasen muy fuerte si sus padres lo atrapaban. Cuando Sirius finalmente se quedó dormido, Regulus cerró los ojos y deseaba saber el tipo de magia que les diese a ambos una familia diferente; una sin expectaciones y reglas basadas en la sangre y las casas y el color de las túnicas que utilizases en clase.
—Slytherin, por favor, solo ponme en Slytherin — Rogó Regulus.
—Mejor que sea… ¡SLYTHERIN! —Grito el sombrero.
Regulus dejó escapar un profundo suspiro de alivio y escaneo el Gran Salón hasta que su mirada cayó sobre un par a juego de ojos grises sentados debajo de estandartes rojos y dorados. Sirius frunció el ceño y miró hacia abajo, claramente devastado. Un muchacho larguirucho con el pelo rubio arenoso sentado junto a él le dio una palmada en la espalda para consolarlo; otros dos niños sentados frente a él —uno pequeño y un poco corpulento, el otro alto con una mata de pelo negro desordenado —empujaron un par de cajas de ranas de chocolate hacia su amigo para animarlo.
Regulus lentamente se dirigió a la mesa de Slytherin, donde fue recibido con cortesía y se sentó al lado de un alumno de segundo año con una cortina de pelo negro escondiendo un ceño fruncido, lo único visible era una nariz ganchuda que no era proporcional al resto de su cara.
— ¿Black? — pregunto el chico, burlándose del nuevo Slytherin.
Regulus asintió.
— ¿Eres pariente del idiota de Gryffindor?
Regulus se aclaró la garganta, recordando que, aunque no era valiente como Sirius, no podía mostrar miedo, no en Slytherin o de lo contrario podría ser etiquetado como débil. —Mi hermano —, dijo con firmeza. — ¿Algún problema? — Preguntó, estrechando su mirada.
El chico mayor puso los ojos en blanco y miró hacia otro lado, una expresión amarga en el rostro —No a menos que te parezca a él.
No, pensó Regulus con tristeza, no soy nada parecido a Sirius.
~•~
La puerta de la habitación contigua finalmente se abrió y Sirius salió limpiándose sangre de la boca, viéndose iracundo pero lo suficientemente sometido, al menos para cuando se trataba de hablar con sus padres. No había nada que pudiese hacer para impedir que Andrómeda fuese desheredada. Cerró de golpe la gran puerta de madera detrás de él y se dirigió directamente a Regulus, tomándolo por los hombros. —Sigue siendo nuestra prima, ¿me oyes? —Dijo con firmeza —Me importa una mierda lo que diga un estúpido tapiz; Andrómeda sigue siendo familia. Un enorme trozo de tela no me dirá quien es mi familia. Yo digo quien es mi familia. Estás de acuerdo conmigo, ¿cierto? —le preguntó a su hermano menor, sin saber que su labio sangraba de nuevo.
Regulus frunció el ceño, preguntándose como su hermano era capaz de soportar tanto dolor. Tal vez las golpizas no eran tan fuertes como él imaginaba. Aunque no había mucha confirmación ambos habían oído a sus padres hablar con otros acerca de cómo Cygnus —o Bellatrix, pues era su deseo — había puesto Andrómeda bajo la maldición Cruciatus cuando habían descubierto su fuga y su secreto bebe mestizo.
—Sirius… ¿Por qué no puedes simplemente cerrar la boca y mirar hacia abajo como se supone que debes hacer? —Pregunto, observando el hinchado labio de su hermano —Al próximo a quien ella incinerara es a ti —susurró —No puedes permitírselo —Regulus dijo con firmeza, sin querer admitir el miedo que tenía de que tal cosa ocurriese y él tomase el lugar de Sirius. —Solo…solo quédate tranquilo por el próximo par de años y estarás fuera de aquí.
Sirius negó con la cabeza —No soy un cobarde — insistió
Regulus se estremeció ante la declaración, a pesar de saber que Sirius no lo había dicho con intención de recalcar su propia cobardía — ¿Por qué todo siempre se reduce a tener o no valentía?— Pregunto Regulus con amargura.
— ¿Por qué todo siempre se reduce a salvar nuestros traseros? —Sirius espetó —Bien, ella ya no es tu prima. ¿Sigo siendo tu hermano? Porque Andrómeda sigue estando en mi árbol familiar. Que se joda ese — dijo, gruñendo al tapiz
Apartando un lado el enojo y las palabrotas, Sirius estaba herido y Regulus lo sabía. Andrómeda había sido la perfecta hija sangre pura hasta el último momento. Había sido seleccionada en Slytherin como toda una Black, se sabía todas las costumbres, tradiciones y expectaciones y —hasta el momento en que ella y Sirius comenzaron a pelear por su matrimonio arreglado — había seguido todas y cada una de las reglas. Entonces conoció a un Hufflepuff nacido de muggles llamado Edward Tonks y toda la educación sobre los sangre pura que había aprendido a lo largo de diecisiete años se fueron por la borda, junto con su nombre de soltera y la herencia. Así que, si a Andrómeda —que hasta el último momento había sido la perfecta hija sangre pura — la habían apartado tan fácilmente, ¿Qué significaba eso para Sirius, que había estado luchando en contra de su derecho natural prácticamente desde su nacimiento?
—Siempre serás mi hermano — Regulus susurro la promesa.
— ¡No a menos que se componga! — Dijo su madre mientras salía de la habitación, mirando con sus ojos grises a su hijo mayor con un odio que Regulus solo había visto en Hogwarts cuando Slytherin jugaba contra Gryffindor en quidditch. Sirius le devolvió la mirada a su madre y sin decir una palabra, se volvió, golpeo el tapiz y salió de la habitación.
Su padre salió de la habitación detrás de Walburga, un vaso de whisky de fuego en la mano como si alguien lo hubiese puesto ahí con un Encantamiento de presencia permanente, molesto y cansado. Los ojos de Orión cayeron brevemente en su esposa antes de suspirar irritable y siguió a su hijo mayor fuera de la habitación.
—Tú, mi querido hijo —Walburga dijo mientras se giraba para mirar a su hijo menor con una repentina sonrisa en la cara que en realidad parecía dolorosa y provocó que Regulus se contrajese de dolor. —Un día serás la cabeza de esta gloriosa casa y será tu trabajo mantener la suciedad lejos de la familia, ¿me entiendes? Toujours Pur, Regulus — Le dijo, acercándose y tomando su mandíbula en su mano.
—Pero…—comenzó a decir Regulus —Yo no soy el heredero — dijo —Sirius será el jefe de…
—Tu — Walburga siseó, sus ojos se estrecharon, —serás la cabeza de nuestra Noble y Antigua Casa y será tu trabajo mantener la suciedad lejos de la familia, ¿me entiendes?—, Preguntó de nuevo, sus uñas clavándose en su quijada; podía sentir los moretones empezando a formarse bajo la superficie de su piel.
Regulus trago —Si, señora…—
—No solo a los sangre sucia y a los muggles — Insistió ella —Los traidores a la sangre son igual de asquerosos, ¿entiendes? — Preguntó —Trae a cualquiera de los de su clase dentro de la Casa de los Black y contaminaras todo por lo que hemos trabajado tan duro…siglos de pureza, ¡tirados por la ventana! — Su voz se elevó y Regulus se obligó a no estremecerse — Toujours pur, Regulus —le espetó, sacudiéndolo por el agarre sobre su rostro, sus uñas clavándose aún más en su piel mientras ella silenciosamente le indicaba que repitiera sus palabras.
—Toujours Pur, madre — Dijo Regulus en voz baja
—Ese es mi niño —Ella le sonrió —Ahora ve a alistarte para la fiesta, querido. — Dijo y le dio una palmada afectuosa en el hombro como si no lo hubiese acorralado de la misma manera que hacía con Sirius —Tu tío Sirius no permitirá que un pequeño traidor a la sangre arruine el gran día de Narcissa. Por supuesto, también hubiese sido tu gran día también, pero al parecer la pequeña mujerzuela no podía esperar unos años más para que cumplieses la mayoría de edad. — dijo poniendo los ojos en blanco dramáticamente y con una mueca amarga en su rostro.
—Está bien, madre — dijo Regulus irritadamente, cansado de defender siempre su decisión sobre el asunto —No quiero casarme con Cissa de todas maneras. Además, está enamorada de Lucius y yo solo quiero que sea feliz.
Walburga le sonrió. — ¿Ves? Y es por eso que habrías sido un marido maravilloso para ella. Aún así, ¿me imagino que romper el contrato no fue idea tuya?
Regulus negó con la cabeza. —No, señora.
—Espero que hayas obtenido algo bueno por tu sacrificio—, resopló su madre.
Regulus se abstuvo de encogerse.
~•~
Una vez que hubo puesto su pie dentro de las mazmorras de Slytherin por primera vez y tras el "inspirador" discurso de bienvenida del profesor Slughorn, se reunió con su futura esposa quien le presento a su novio, un Prefecto del quinto año llamado Lucius Malfoy quien estrechó la mano de Regulus y dijo que iban a sentarse a hablar muy pronto, y luego le presentó oficialmente a Severus Snape, el chico de pelo negro al lado de quien se había sentado en el Gran Salón y que aparentemente ahora estaba a cargo de mostrar a Regulus cómo funcionaban las cosas en la Casa de Salazar.
No volvió a escuchar de Lucius sino hasta el cumpleaños número quince de Narcissa cuando ella se había presentado en la Sala Común de Slytherin con un collar de esmeraldas colgado alrededor de su cuello esbelto. Todas las chicas gritaron en voz alta y los chicos le dieron unas palmaditas en la espalda a Lucius, lo que Regulus considero extraño, las costumbres de los sangre pura dictaban que joyería de esa magnitud significaba algo muy serio.
Todo tuvo sentido cuando Lucius lo llevó a un lado y le mostró un antiguo hechizo que él y Narcissa habían encontrado que permitía que los prometidos pudiesen romper el contrato de matrimonio sin la aprobación de sus padres, la cual Regulus ciertamente sabía no conseguiría de su madre quien había estado adulando a Narcissa y había estado insistiendo por años que su sobrina la llamase "mamá"
Sin embargo, su tío Cygnus quería que el mundo supiese que Bellatrix y Narcissa no eran nada como Andrómeda, así que habían casado rápidamente a Bellatrix con el hijo mayor de la familia Lestrange y a pesar del arreglo con Regulus, había animado a Narcissa a congraciarse con la rica y Noble Casa de los Malfoy que se asemejaba a la Casa de los Black en dinero y pureza. No había sido un gran sacrificio para Cissa; estaba claro para todos en Hogwarts que adoraba el suelo sobre el que Lucius caminaba, lo que solo podía significar que ella en verdad lo amaba o que era una excepcional actriz; Regulus creía que era un poco de ambos.
El hechizo parecía ser un simple sacrificio de sangre, nada que la mayoría de los vástagos de la Casa de los Black no estuviesen acostumbrados a participar, pero habían unos trocitos de la parte no traducida que lo hacían sentir incómodo.
Aún así, Lucius era insistente e imponente y Narcissa parecía estar completamente atontada con él. Regulus ni siquiera había pensado en las niñas en otro contexto aparte de compañeros de clase, a diferencia de Sirius, a quien había atrapado varias veces en los pasillos siguiendo a las brujas como un perro a un hueso.
¿Qué le importaba lo suficiente como para romper el contrato?
— ¿Qué gano yo de esto? —Pregunto Regulus, mirando a Lucius que se alzaba sobre él, pero Regulus se mantuvo firme, sin mostrar signos de miedo. Era un Slytherin y sería muy mal si permitía que su novia —deseada o no — se fuese con otro sin la compensación adecuada. Se vería obligado a soportar la ira de sus padres que descendería sobre él por romper el contrato y —aparte de los aspectos legales del hechizo que aseguraban promesas de promover el linaje de ambas partes — Regulus vio claramente que estaba recibiendo el extremo pobre del trato.
— ¿Qué te gustaría? —Pregunto Lucius con una sonrisa, aparentemente satisfecho que el joven Slytherin no se apartara tan fácilmente y estableciera su precio, un gasto que Lucius creía podía pagar.
Regulus pensó por un momento sobre las cosas que era más importante para él. Tenía todo el dinero del mundo y no necesitaba nada de Malfoy en ese aspecto. De ser otro en lugar de Lucius preguntando por la mano en matrimonio de Narcissa, Regulus habría insistido que fuese trataba con propiedad y adoraba tal y como ella se merecía pero la manera en el rubio brujo acariciaba su cuello —aún en frente de Regulus — dejaba muy claro que Narcissa sería atesorada como una novia Malfoy. Eso solo dejaba una cosa…
—La casa de Salazar debe dejar en paz a mi hermano —demando —Ya ha sido enviado a la enfermería dos veces este año por ataques tanto en los pasillos como en la cancha.
Lucius se burlo —Es un Gryffindor.
—Es mi hermano y el heredero de la Noble y Antigua Casa de los Black — Regulus dijo con firmeza, sonando mucho más viejo que a sus once años. —Un ataque contra él es una falta de respeto a toda mi familia, nuestro nombre y nuestra sangre. Me importa un pelo los colores que viste aquí en Hogwarts.
—A Snape no le gustará — Lucius le recordó —Y solo puedo ofrecerte protección mientras esté aquí —insistió —Una vez que me gradué, terminara.
Regulus asintió —Entendido.
—Te das cuenta que básicamente le estas dando a Sirius Black un pase libre para atacar a cualquiera de nuestra casa sin retribución ¿no?—Le pregunto Lucius con honestidad —Cuando se termine mi protección, recordaran todo lo que hizo y la ira caerá sobre él diez veces peor.
Regulus vaciló mientras reflexionaba sobre la posibilidad de controlar a las travesuras de su hermano. Las bromas eran una cosa, pero Sirius sentía una verdadera aversión por todos los Slytherin, salvo por Regulus. El chico aún así asintió —Vamos a terminar este contrato de matrimonio, prima — dijo, sonriendo a Narcissa.
~Ω~
Translator's Note:Logre terminar la traducción del segundo capítulo un poquito antes y quise pasar a dejarlo de una vez. El primer capítulo tenía un par de errores que he arreglado pero nada que cambie el curso de la historia. Vuelvo y repito y esta vez en mayúsculas es una TRADUCCION AUTORIZADAdel fanfic de ShayaLonnie llamado Presque Toujours Pur, nada es mío. Yo solo asumí la tare de traducirla. Y otra cosa que Shaya me ha pedido, es que les agradezca en su nombre a las personas que han dejado reviews en el primer capítulo, que está contenta que les allá gustado SU historia.
Sé que no estoy en papel de pedir reviews y no lo hare pero si debo decir que si bien no son obligatorios, tanto a los traductores como a los autores, nos motivan a seguir con nuestro trabajo.
Se me olvidaba dejar estas traducciones:
1.- Toujours Pur: Siempre puro. Es el lema de Noble y Antigua Casa de los Black
2.- Presque Toujours Pur:Casi siempre puro.
Actualizaciones: La próxima actualización será el día miércoles 19/08.
Los quiero,
Lyanna Malfoy
"Winter is coming…"
