''¡Hija de puta! Maldita sea, ¿como cojones me he dejado engañar de ese modo?''

Palpó con una mano mis testículos adoloridos todavía encogido en el suelo. Soltando respiraciones lentas me voy moviendo. Estirando mis piernas e intentando sentarme lentamente. Poco a poco me levanto. Maldigo un millón de veces, esa pequeña mujerzuela se ha escapado con mi caballo cuando esta apunto de iniciarse una gran tormenta de arena. ¡Será estupida!

Suspiró. -Ya no se puede hacer nada, tendré que ir a por ella.- Me dirijo hacia la salida de mi refugio, al mirar al horizonte me doy cuenta de que me queda muy poco para que comience la tormenta, puede que más de media hora.-Bien, manos a la obra.

Seguí la huellas de Dulce de Leche y en seguida me í cuenta de que esa muchacha no sabía hacia donde se dirigía, puesto que estaba, claramente dando vueltas en la misma zona. Acorté el camino y en seguida consegí darles caza. Ella estaba a lomos de Dulce de Leche cuando este la tiró al suelo. La ví caer y soltar una maldición que haría sonrojar hasta al mismísimo diablo. Dulce de leche se tumbo delante de ella, estaba claro que la protegería. Maldito traidor. La muchacha miro hacia el oeste y vio la tormenta de arena. Como una loca se puso a buscar algo, supongo algo con que cubrirles tanto a ella como al caballo, como no lo consiguío, enterro su rostro en el pelaje del caballo mientras acariciaba su cuello.

Era el momento de actuar. Silencioso me acerque hasta ella. Dulce de leche me miro por un segundo y siguió a lo suyo. Una sonrisa picara me cubrió el rostro, buen caballo. Cuando estaba cerca de ella ví como su espalda se tensaba, claramente me había dectado. Empezó a girarse lentamente, pero no le dí tiempo pues, con un golpe seco en su cuello, calló encima del cabballo, totalmente dormida. -Ya eres mía, pequeña.

La até los tobillos y las manos de forma que estas quedarán entrelazadas entre sí y su espalda quedase arqueada. Orgulloso de mi trabajó puse a la pequeña muchacha encima de Dulce de leche, hice que este se levantase, y luego me subí encima de él. Le hinqué las rodillas para hacer que este fuese al galope y nos llevase rápidamente al refugio.

Nos costó atravesar el inició de la tormenta, pero conseguimos llegar justo a tiempo. Aseguré a Dulce de leche y dejé caer en la cama a mi pequeña intrusa. -Bien, ¿Y ahora que hago contigo?