Disclaimer: El mundo de Harry Potter no me pertenece, todo es obra de J.K Rowling. No es mi historia, no es mi idea, nada de lo aquí escrito es mío, es una TRADUCCION AUTORIZADAde una fantástica historia que creí, debían conocer. Nada de esto es con fines de lucro
Presque Toujours Pur
Casi siempre puros
• Capítulo VII•
Pax
Mayo de 1998
Hermione Granger sería su perdición.
Draco estaba seguro de ello.
Tendría que haber estado seguro de ello hace siete años cuando conoció por primera vez a la pequeña sabelotodo en el Expreso de Hogwarts. Pero, de nuevo, en aquel entonces no había estado escapando del Fiendfyre. — ¡Maldita sea, Vince!— gritó. — ¡¿En qué estabas pensando?!
Draco sabía lo que su amigo había estado pensando, al menos un poco. La mera visión de Hermione Granger, incluso con el pelo negro y los ojos grises –algo de lo que aún dudaba teniendo en cuenta que estaba en medio una batalla – había activado algo en el cerebro de Vince que, como el neandertal miope que era, le ordenó, —Sangre sucia. Debemos asesinarla.— Cuando la maldición asesina enviada tras la bruja no había funcionado, para alivio de todos, excepto, por supuesto, de Crabbe, el idiota lanzó un Fiendfyre que los atrapó dentro de la Sala de los Menesteres, convirtiéndola en un horno con sangre.
Arrancó la varita de Vince de su mano ya que claramente no podía confiar en él con ella. La varita de la madre de Draco se había perdido debajo de un montón de cosas unos treinta pies más atrás y su varita original –su varita –estaba en las manos de Potter. El rubio Slytherin hizo una nota mental, la tomaría tan pronto como fuese posible, tan pronto como escapará de la quimera hecha de llamas. — ¡Corre!— le gritó a Vince que palideció ante la visión de las bestias de fuego que había creado.
Podía oír a Granger gritando el nombre de Potter tras las llamas y el sonido de la misma acuchillaba sus nervios a un punto en que, si no hubiera estado corriendo para alejarse del Fiendfyre, se habría dado la vuelta y la habría hecho callar. Cuando llegaron a un punto donde se encontraron rodeados por las llamas, hizo una mueca y miró a su alrededor buscando una salida, arrastrando a Greg que todavía estaba aturdido. — ¡Maldición! Ennervate!— gritó, finalmente, despertando a su amigo.
Los ojos de Greg se abrieron y gritó al verse en aquel infierno.
— ¡Cállate!— Draco gritó, arrastrando a Greg hasta que se puso de pie. — ¡Busca una salida! ¿Dónde está Potter?— exigió saber, buscando a través del humo.
— ¡Olvídate de Potter!— Vince gritó y se volvió para correr hacia lo que parecía ser una salida.
Draco se volvió para llamarlo idiota; no era como si estuviera tratando de salvar al niño que vivió. Sin embargo, tras largos años de convivencia, sabía que el Gryffindor tenía la predilección de poder escapar de la muerte; si alguna vez hubo un momento para quedarse cerca del Chico Maravilla y su compañero la comadreja, era ese. Sin embargo, cuando trató de decirle eso a Vince, vio como un dragón de fuego gigante se desplomó sobre su amigo, chasqueando las mandíbulas de llamas a su alrededor y tragándoselo entero.
Greg estaba llorando. —Mierda, mierda, mierda...
— ¡Vince!— Draco gritó.
— ¡Malfoy!— lo llamo una voz desde lo alto mientras el dragón llameante volvía la cabeza en su dirección, algo que Draco tomó como un insulto personal a su propio nombre. Sus ojos plateados miraron hacia arriba para ver a Potter volando sobre ellos en una escoba y la comadreja y Granger en otra; sintió un gran alivio ante la vista. Potter se abalanzó, tratando de agarrar su mano, lo que Draco considero ligeramente divertido considerando que siete años atrás el niño no se molestaría en hacerlo.
— ¡Yo primero!— Greg gritó y agarró el brazo extendido de Potter, empujando a Draco a un lado. Más tarde, si sobrevivían, probablemente le diría a Greg que entendía; la auto conservación era el rasgo de Slytherin, después de todo. Pero en ese momento, Greg no era más que un imbécil que acaba robar el salvavidas de Draco, lo que le obligó a mirar a la comadreja y Granger por ayuda.
Miró hacia arriba, desesperado y en busca de ayuda cuando vio el brazo extendido. Hizo una mueca al ver la cicatriz en la piel deletreando sangresucia. A pesar de todo lo que había pasado –todo lo que habían pasado –la visión de la palabra en su carne le hizo retroceder.
— ¿Quieres quedarte aquí?— Gritó Weasley.
Tenía cinco años de edad cuando su madre lo atrapó una noche tratando de convencer a los elfos domésticos que le trajeran pudín antes de la cena. Lo regañó y le dijo, —No toques el pastel hasta que hayas cenado.
Tenía nueve años cuando su padre lo sorprendió mirando codiciosamente a la varita encerrada dentro del bastón con cabeza de serpiente. Cuando intentó acercarse a ella, lo regañaron y luego su padre dijo: —No puedes tocar una varita hasta que recibas la tuya dentro de dos años.
Cuando recibió su carta de Hogwarts, al parecer, había sido tiempo para "la charla". Su padre lo sentó y explicó –con gran detalle –el problema con los Sangre sucia, también llamado nacidos de muggles, cómo eran mágicamente inferiores y una plaga en su sociedad. —No te hagas amigo de ellos, no te mezcles con ellos, y no los toques, — su padre había insistido con firmeza y Draco esperó por el habitual "hasta" que por lo general seguía al "no". Nunca llegó.
No debía hacer amigos, mezclarse, ni tocar a los Sangre sucia. El punto estaba muy claro.
Así que cuando Draco puso un pie en el Expreso de Hogwarts a los once años de edad, y conoció a Hermione Granger, quien con entusiasmo intentó contarle toda la historia de Hogwarts, asumió que era sangre pura y que era, por lo tanto, una compañía aceptable a los ojos de sus padres. Farfulló sobre el castillo, sus encantamientos, y Draco sonrió ante la forma en que sus ojos se iluminaron cuando le habló de cómo había sentido la magia que emanaba de cada rincón de la tienda cuando había ido a Ollivander's para conseguir su varita. Él entendió la emoción y la impresión de ser dueño de su propia varita.
Mientras esperaba por Greg y Vince, después de haber sido informado por su padre de que sus amigos de la infancia debían permanecer con él tan a menudo como fuese posible, ya que era prudente viajar grupos, disfrutó de la compañía de la niña a su lado que le preguntó por lo menos cincuenta preguntas sobre su vida, su familia, y sus anticipaciones para la escuela.
—Slytherin—,respondió cuando le preguntó a qué Casa pensaba que quedaría. La chica hizo una mueca contemplativa cuando respondió y luego comenzó a enumerar de los beneficios de cada Casa, recalcando el hecho de que los nacidos de muggles nunca habían sido sorteados en Slytherin.
Draco rió. —Bueno, no, — dijo. —No podrían ¿no? Slytherin es una casa para verdaderos magos y brujas, no para asquerosos —Se detuvo ante la expresión de horror en su rostro. — ¿Qué?— preguntó, confundido por la forma en que su nueva amiga parecía que estaba a punto de llorar. Luego, se dio cuenta.
Granger se inclinó aún más, estirando su brazo hacia él. — ¡Malfoy! ¡Toma mi mano!— suplicó, su mirada desesperada mientras el gris se encontraba con la plata.
Le tomó la mano, haciendo caso omiso de la voz de su padre en la parte posterior de su cabeza; después de todo, no habría sido la primera vez. Draco pasó la pierna hacia arriba y sobre la escoba, agarrándose a su cintura y enterrando su nariz en su pelo. Maldición... ¿cómo es que, aún rodeada de humo, olía a canela?
Cuando irrumpieron a través de una cortina de humo para encontrarse con aire limpio al otro lado, las escobas y los cinco pilotos se estrellaron en el suelo, los sonidos de la batalla haciendo eco en los pasillos cercanos. Draco cayó a un lado y se tendió boca abajo, tosiendo, jadeando, y con arcadas mientras trataba de expulsar el humo de sus pulmones.
—Anapneo, — susurró una voz familiar y Draco sintió libres sus vías respiratorias, oxígeno fresco inundándolo al instante. Se volvió para encontrar a Granger mirándolo con una expresión preocupada. — ¿Estás— empezó a decir.
—C-Crabbe...— Greg estaba murmurando, su cuerpo temblaba mientras miraba a la pared que ocultaba la Sala de los Menesteres. —C-Crabbe...
—Está muerto—, dijo Weasley severamente.
Draco se volvió y miró al pelirrojo.
— ¡Ronald!— Granger espetó.
Hubo silencio por un momento y luego una fuerte explosión en otra parte del castillo. Potter se levanto rápidamente y Granger y Weasley detrás de él. — ¡Granger!— Draco logró gritar. — ¡No!
Ella le devolvió la mirada, sacudiendo la cabeza antes de voltearse y correr detrás de los otros.
Malditos Gryffindors.
~•~
Ella estaba temblando mientras ayudaba a Snape quien estaba mortalmente pálido y apenas sobreviviendo. El antiofídico que habían mantenido a mano después de que Nagini había atacado el señor Weasley sólo un par de años antes había sido muy útil cuando el trío encontró su antiguo Maestro en Pociones en la Casa de los Gritos, sangrando por el cuello. Un montón de pociones y algún trabajo rápido con la varita que Hermione había aprendido durante su insoportablemente aburrida recuperación en Grimmauld Place bajo la tutela de Snape, fue todo lo que pudo hacer la bruja para ayudar al recientemente retirado Director de Hogwarts.
— ¡Podríahaber muerto!— Hermione le gritó.
Snape frunció el ceño. — ¡Eso no es de tu incumbencia, estúpida, estúpida niña! Ahora se útil por una vez y coge la poción de mi bolsillo izquierdo.
Ella y la señora Pomfrey insistieron en que se quedara acostado, descansando, pero cuando Voldemort declaró en voz alta la muerte de Harry Potter, Snape se puso de pie para verlo con sus propios ojos.
Hermione ayudó al hombre hacia la entrada del castillo para estar con los demás miembros de la orden, el Ejército de Dumbledore, y los estudiantes que eligieron quedarse y luchar. Pasaron por George Weasley que estaba arrodillado al lado de Fred, entregándole una poción para el dolor para ayudar a su gemelo con la pierna que se le había fracturado cuando un muro se derrumbo sobre ellos. Sirius estaba moviéndose rápidamente con todos los demás, flanqueado por Remus y Tonks hasta que vio a Hermione y corrió a abrazarla, agradeciendo en silencio a los dioses que estuviese viva.
Él y Snape compartieron una breve inclinación de cabeza antes de que sus ojos fueran atraídos por el sonido de gritos.
Ginny corrió hacia los Mortífagos, pero el señor Weasley la retuvo. Hermione se encogió por dentro al ver el dolor de su amiga, deseando que la pelirroja supiese del plan. Pero necesitaban que la pena y el dolor fuesen verdaderos para que todo funcionase. Imaginaba que –si todo iba según lo planeado –Ginny tendría un par de cosas que decirle, o más bien gritarle, a Harry.
Cuando vio el cuerpo de Harry en los brazos de Hagrid, Hermione instintivamente avanzó sólo para ser detenida por su tío. —Va a estar bien—, dijo Sirius en voz baja. —Va a estar bien—, repitió, probablemente para recordarse a sí mismo.
La procesión masiva de mortífagos se detuvo delante del castillo, Voldemort a la cabecilla de la multitud.
Ginny estaba gritando en brazos de su padre. — ¡No! ¡Harry!
— ¡Estúpida!— Voldemort siseó. — ¿Lloras por eso?— preguntó, haciendo un gesto hacia el cuerpo de Harry con un movimiento de su varita. La Varita de Saúco, Hermione pensó. — ¿Dónde estaba Harry Potter mientras todos ustedes recogían a sus muertos? Mientras todos ustedes se lavaban la sangre de los seres queridos de las manos y ofrecían oraciones a sus dioses... ¡Mientras que luchaban valientemente en el nombre de Harry Potter, él ya estaba muerto! Nada más que un niño que dependía del sacrificio de otros. Y ahora... un niño muerto.
—Está vivo, — Hermione susurró en voz baja. —Está vivo. Está vivo—, dijo una y otra vez hasta sintió la mano de Snape apretando su hombro en señal de apoyo. Podía sentir la mano vacilante de Ron entrelazándose con la suya, y así, dejó escapar un suspiro de alivio.
— ¡Ahora es el momento de declararse!— Voldemort gritó a la gran multitud. — ¡A partir de hoy, pondrán su fe en mí! ¡Obedézcanme, o sufrirán las consecuencias!
Nadie se movió.
Los ojos rojos de Voldemort recorrieron la multitud. —Tú, —dijo, señalando con el dedo hacia Snape, —deberías estar muerto.
Snape se burló del mago oscuro. —Lamento decepcionarle, mi Señor.
—Tal vez, — Voldemort comenzó. —No ofrezca clemencia a... Todos—, dijo, su atención todavía en Snape.
Bellatrix rió junto a él hasta que sus ojos se posaron en Hermione y dijo entre dientes. —Mi señor, — Se dio la vuelta, su mirada maníaca suplicaba y se postró a los pies de Voldemort. —Dame a la sangre sucia de Potter, — le rogó.
El Señor Tenebroso sonrió con diversión al ver a la bruja de rodillas delante de él; su más fiel seguidor, y por mucho, su más psicótico. — ¿Estás seguro, Bella?— preguntó. —Me parece que la chica tiene un buen grupo de valientes magos dispuestos a protegerla—, dijo, burlándose de Snape, Sirius, y Ron de pie quienes estaban delante de Hermione. —Muy bien. Ofrezco mi mano a cualquiera que desee aceptarla, a excepción de unos pocos. ¿Quien busca mi misericordia?
— ¡Draco!— Lucius Malfoy siseó, detectando la cabeza de pelo rubio blanquecino de pie junto a Gregory Goyle entre una dispersión de temblorosos Slytherin que habían escapado de los calabozos tras ser encerrados dentro gracias a un desafortunado arrebato de Pansy.
Hermione se volvió para mirar a Draco, conteniendo la respiración en el pecho cuando se volvió e hizo contacto visual con ella. Ella negó con la cabeza, en silencio rogándole que no se moviese. —No lo hagas...— susurró palabras que él no podía oír, imitando la declaración que él le había dado horas antes, fuera de la Sala de los Menesteres.
— ¡Draco, no seas estúpido!— Lucius gruñó a su hijo.
Hermione frunció el ceño al hombre y su esposa, la mujer que podría haberse casado con Regulus, mientras hacían señas a su único hijo para que se uniese a ellos en su lado; el lado equivocado.
~•~
—Draco, — dijo Narcissa, finalmente llamando a su hijo.
Miró a la mujer que le rogaba que fuese a ella. Vaciló, volteando los ojos para mirar una vez más a Granger que temblaba entre Sirius Black y Snape, su padrino que estaba claramente en el lado opuesto de la guerra. « ¿Desde cuándo?» Draco se preguntó, añadiendo un pensamiento de, «y ¿por qué diablos no me ayudo a salir de esto?» Y miró la Marca Tenebrosa en su antebrazo.
Quebrado por las palabras de su madre, Draco se adelantó con pies de plomo al cruzar la barrera entre los contrincantes, deteniéndose cuando el Señor Tenebroso se acercó a él, estremeciéndose en respuesta. —Bien hecho, Draco, — dijo.
Draco asintió y corrió a su madre, cayendo en sus brazos y aferrándose ella con fuerza, preguntándose cómo iban a salir de todo esto. ¿Cómo demonios iba a salvar a la gente que amaba? Podía sentir la mano de su padre en el hombro y Draco amargamente se la sacudió antes de volverse hacia la multitud frente a los mortífagos, encontrándose con los ojos de Granger de inmediato. Draco no se movió, ni siquiera cuando su madre deslizó una varita en su mano. No necesitaba mirar, sabía lo que era. Suvarita que había tomado claramente del cuerpo de Potter cuando el muchacho finalmente había caído en las manos del Señor Tenebroso.
—Ahora, no sean tímidos, — el Señor Tenebroso estaba diciendo, — ¿quién sigue?—
Los ojos de Draco se abrieron cuando Longbottom se adelantó. « ¡Vuelve, idiota!» Quiso morder al idiota que parecía que apenas podía estar de pie, menos aún, luchar. Y si el muchacho pensaba que iba a tomar la Marca Tenebrosa, estaría muy equivocado que podía sobrevivir a la dura prueba en el estado en que estaba actualmente. Draco apenas había podido sobrevivir el mismo proceso.
El Señor Tenebroso se rió, un sonido agudo que resonó en el recinto. —Bueno, tengo que decir que esperaba algo mejor—, dijo, y los mortífagos a su alrededor, a excepción de Draco y sus padres, compartieron una carcajada. — ¿Quién eres tú, joven?
—Neville Longbottom.
—Bienvenido, bienvenido, Neville Longbottom. Estoy seguro de que podemos encontrar un lugar para ti.
Bellatrix rió. —Alguien tiene que hacer el lavado.
Los mortífagos rieron a carcajadas.
—Calma, Bellatrix. Vamos a no subestimar a nuestro joven amigo. Por dar un paso adelante, vivirá para ver otro día y —
—Me gustaría decir algo, — Longbottom interrumpió al Señor Tenebroso. —No importa que Harry este muerto. Esta guerra no se trataba de Harry. Se trataba de algo más. Él no es el primero en morir, y probablemente no será la última. Tu morirás—, dijo, señalando al Señor Tenebroso con una mano temblorosa, en la otra sosteniendo nada más que un viejo sombrero —Esto no ha terminado—, dijo, metiendo la mano en el sombrero y sacando una espada enorme.
Los ojos de Draco se abrieron al mismo tiempo que el Señor Tenebroso alzó su varita, algo parecido a la esperanza llenando su pecho. El Señor Tenebroso dirigido una maldición a Longbottom, quien se lanzó fuera del camino, llevando la espada en sus manos en alto, mientras que caía sobre la cabeza de la serpiente gigante.
— ¡No!— el Señor Tenebroso gritó.
Muchas cosas sucedieron a la vez.
Longbottom levantó las manos por encima de su cabeza, mientras el Señor Tenebroso apuntaba su varita hacia el chico. En la esquina de sus ojos, Draco vio como el cuerpo sin vida de Harry Potter surgió de los brazos de Hagrid y corría hacia Longbottom. Draco levantó la vista para ver a Bellatrix corriendo hacia adelante; Granger en el lado opuesto, moviéndose rápidamente, sin darse cuenta del peligro inminente que iba hacia ella.
Draco se liberó del agarre de su madre y corrió hacia ella. — ¡Potter!— gritó, y cuando el mago de pelo negro se volvió, Draco lanzó la varita de espino en su dirección, viendo como la atrapaba y lanzaba un escudo alrededor Longbottom, desviando la maldición del Señor Tenebroso.
— ¡Draco!— Narcissa gritó a su hijo y corrió, Lucius sobre sus talones mientras perseguían al joven rubio hacia el castillo donde la batalla explotaba a su alrededor una vez más.
— ¡Granger!
Levantó la vista para ver a Bellatrix descendiendo sobre la chica, arrojando maldición tras maldición tras la bruja. Granger, a pesar de su fuerza, estaba luchando como loca para responder con la misma fuerza y facilidad. Draco levantó su varita –la varita que había tomado de Vincent en la Sala de los Menesteres –y apuntó lo mejor que pudo mientras corría y gritó: — ¡Avada Kedavra!
Falló.
Falló y la mirada de su de su tía Bella volvió y fijó en él.
— ¿Vienes a salvar a la sangre sucia de nuevo?— dijo y se rió de él. — ¡Sabía que estabas mintiendo cuando dijiste que no sabías quienes eran! ¡Ven pues, párate donde perteneces, Draco! ¡Al lado de la inmundicia!— Ella hizo un gesto con su varita, sus ojos grises oscuros llenos de locura mientras lo seguían al pararse junto a la bruja.
Narcissa gritó: — ¡Bella!
— ¡No!— Bellatrix gruñó. — ¡Ha elegido su lado! ¡Expelliarmus!— exclamó en voz alta y tanto la varita Draco como la de Hermione se dispararon hacia en la mano. La bruja enloquecida reía locamente como si ella no esperaba que eso funcionase.
—Mierda, — susurró Draco.
Bellatrix apuntó su varita a la pareja y, con un brillo en los ojos, exclamó, —Crucio!
En un movimiento que nadie sospechaba y que todo el mundo se sorprendió al ver, Hermione y Draco se volvieron y se aferraron el uno al otro ante el golpe de la maldición, cada uno tratando en vano de salvar al otro. Draco, físicamente más fuerte, gritó mientras giraba su cuerpo para tomar la maldición en la espalda. Al instante sus músculos se constriñeron, apretándose alrededor de la bruja en sus brazos y ambos cayeron al suelo.
El dolor bullía a través de su cuerpo peor de lo que el Fiendfyre se había sentido. Había estado bajo la maldición Cruciatus antes, incluso a manos de su tía; claramente Bellatrix se había contenido aquel entonces. Estaba condenadamente cerca del dolor que había sentido cuando había tomado la Marca Tenebrosa, solo que en todas partes en lugar de sólo un lugar. Agujas calientes apuñaleaban por todos los poros, a lo largo de cada nervio de su cuerpo, y trató de concentrarse en algo para que no perder el conocimiento. La voz de Granger, ya que era quien gritaba por él — ¡Draco! ¡Draco, aguanta!
Alguien gritó: — ¡Desmaius!— Y terminó el Crucio. Parecía, sin embargo, que el hechizo aturdidor había fallado en su objetivo. Afortunadamente, Bella había vuelto su atención a quienquiera que fuese que los había rescatado.
—Narcissa, — La voz de Snape era baja y enojada, — ¿te importaría dar un paso lejos de tu hermana para no maldecirte por accidente? Ya que acaba torturar a tu hijo, me gustaría pensar que eres lo suficientemente inteligente como para saber a qué lado de esta batalla realmente perteneces.
Narcissa se apresuró a pasar, aunque cuando se acercó a Draco y Hermione, Bellatrix lanzó un maleficio hacia ella, quemando su mano. La rubia miró a los ojos de su loca hermana que sonreía. —Traviesa, Cissa. — Bellatrix sonrió. —Si desead tomar al pequeño traidor a la sangre, adelante—, dijo ella, apartándose para permitir que Narcissa y Lucius se acercasen a Draco si tanto lo deseaban. —Pero dejaras a la Sangre Sucia.
—No uses esa palabra, — dijo Snape con un gruñido aterciopelado.
Bellatrix rió. — ¿Todavía atraído por los nacidos de muggles?— ella pregunto. —Nunca fuiste uno de nosotros. —
Snape se burló de ella. —Desafortunadamente, lo fui—, admitió. —Pero esa chica no sólo no es una nacida de muggles, es mi ahijada y tú no la tocaras.
Todos los ojos se agrandaron, los de Hermione incluidos.
— ¿Qué?— Bella hizo una mueca. — ¿Quién en la tierra, además de mi idiota hermana, sería tan estúpido como para nombrarte el padrino de un niño?— Ella rió.
Snape sonrió. —Regulus Black.
Los ojos de Bella se abrieron y ella se volvió para mirar hacia Hermione, la comprensión instalándose en el interior de su mente. — ¡No!— gritó y levantó su varita de nuevo, pero cualquiera que sea la maldición era para Hermione, murió en sus labios cuando Snape gritó: —Sectumsempra!— y abrió el pecho de Bellatrix.
—Malfoy, ¿estás bien?— Hermione susurró, mirando al chico que se retorcía de vez en cuando, todavía flotando por encima de ella; un escudo humano.
Su respiración era pesada y sus ojos muy abiertos mientras miraban hacia ella. — ¿Black?— susurró el nombre, sorprendido por la declaración que había llegado de su –no, de ambos– padrino. Tampoco dijo una palabra mientras Draco era levantado por padre, dejando a Hermione en el suelo mirando a todos con ojos grises.
— ¿Es verdad?— Narcissa dijo a través de una voz rota mientras miraba a Hermione, con lágrimas en sus ojos. Alargó una mano tierna sólo para ser cortada por Snape que paró protectoramente entre los Malfoy y la pequeña bruja.
—Severus?— Lucius se quedó mirando al hombre, su mirada se estrechó.
Al ver el cuerpo de Bella sangrando en el suelo, Rodolphus Lestrange gritó de dolor y de ira y con violencia apuntó su varita en dirección a Snape. —AvadaKed—
— ¡Desmaius!— gritó otra voz. — ¡Ja!— Sirius dijo, sonrisa en su rostro cuando se unió a su familia –y Snape –mirando al Maestro en Pociones con una expresión petulante. — ¡Me debes una vida!
—Avada Kedavra!— Snape gritó, apuntando con su varita sobre el hombro izquierdo de Sirius.
El animago volvió y miró como el cuerpo congelado de Rabastan Lestrange, varita todavía en la mano y dirigido a Sirius, cayó al suelo, muerto. —Joder, — dijo Sirius en su decepción por el hecho de que Snape le había salvado la vida.
—Si hemos terminado aquí, — dijo Snape y se volvió tomar la mano de Hermione para ayudarla a ponerse de pie.
— ¿Dónde está Harry?— preguntó ella inmediatamente.
—No es posible—, Lucius estaba murmurando en voz baja, con los ojos fijos en la pequeña bruja. Dio un paso hacia delante sólo para encontrar la varita de Sirius clavada debajo de su mandíbula, toda risa fuera del rostro del hombre.
—Acercarte a mi sobrina, Malfoy, — Sirius amenazó, —y estaré feliz de convertir a mi prima en viuda.
Lucius levantó lentamente sus manos, burlándose de Sirius mientras los magos de cabellos negros tomaban a la pequeña bruja por los hombros y la llevaban lejos de la familia de Slytherin. —No es posible—, dijo de nuevo, ignorando las miradas de asombro tanto de su esposa como de su hijo.
~•~
El trío entró en el Gran Salón, donde la batalla se llevaba a cabo, cada uno a cada lado de Hermione mientras se movían. Se dio la vuelta, mirando hacia atrás a los Malfoy sólo una vez, sorprendida sobre su conmoción y desesperada por poner fin a esta guerra para que pudiera volver a Grimmauld Place y leer los diarios de su padre para averiguar quizá, exactamente por qué los padres de Draco estaban tan atónitos por su ascendencia. No podría ser sólo por la relación familiar, ¿verdad?
— ¡Bien, Lunático!— Sirius gritó y Hermione se volvió a ver como su antiguo profesor de Defensa rompía el cuello de Fenrir Greyback. Una sensación de alivio y orgullo se trasladó a través de ella a la vista, consideraron que el hombre lobo la había manoseado durante su breve estancia en la Mansión Malfoy, buscando a tientas por su cuerpo y lamiendo sus labios. La visión de su cuerpo muerto a los pies de un hombre que hace mucho tiempo había infectado, le lleno de alegría. Al darse cuenta de sus pensamientos, culpó internamente a la sangre Black corriendo por sus venas por sentir alegría por la muerte de un hombre, aunque fueraese hombre en particular.
— ¡Hermione!— Ron gritó y tiró de la bruja a un abrazo. El par de amigos suspiro de alivio por la seguridad de los otros. — ¿Es que acaso vi a Malfoy recibir una maldición por ti?— preguntó, estupefacto. — ¿Y Snape mató a Bellatrix?—
— ¿Dónde está Harry?— Sirius y Hermione preguntaron simultáneamente.
Ron negó con la cabeza.
—Así que todo se reduce a esto, ¿no es así?— La voz de Harry hizo eco en el Gran Comedor y todo el mundo se volvió a ver el-niño-que-vivió hacer frente a Voldemort. — ¿La varita en tu mano sabe que su último dueño fue desarmado? Porque si lo sabe...Yo soy el verdadero amo de la Varita de Saúco. —
Hermione y Ron se aferraron el uno al otro a la vista de su mejor amigo, y ella observó desde las comisuras de sus ojos como Sirius y Remus avanzaban al mismo tiempo hacia el par como para ofrecer respaldo a Harry.
Los Malfoy se trasladaron al Gran Comedor, Draco más rápido que sus padres, los músculos todavía retorciéndose involuntariamente cada pocos minutos mientras permanecía de pie justo detrás de Hermione y Snape, mirando con ansiosa esperanza ante la visión de Harry Potter la lucha contra el Señor Tenebroso, la varita de espino de Draco en la mano del chico.
Voldemort gruñó y Potter levantó la varita desafiante y cada uno gritó hechizos simultáneamente.
— ¡Avada Kedavra!
— ¡Expelliarmus!
Draco y Hermione cerraron los ojos y rezaron: no más guerra.
~Ω~
Translator's Note: Mil disculpas, una vez más. Esta semana me las he visto algo apretada con la vida muggle que tengo y entre tantas diligencias, se me ha hecho corto el tiempo para traducir los capítulos. Mil, mil disculpas, my friends. Por lo menos, puedo dejarles de consuelo este capítulo donde por fin aparece Draco.
Mil, mil disculpas, de verdad (:
Actualización:El capítulo 8 será publicado el miércoles 16/09. El cuarto capítulo de mi nueva traducción de Tying The Nott de ShayaLonnie será publicado el viernes 18/09.
Los quiero,
Lyanna Malfoy
Sanctimonia Vincet Semper
