Disclaimer: El mundo de Harry Potter no me pertenece, todo es obra de J.K Rowling. No es mi historia, no es mi idea, nada de lo aquí escrito es mío, es una TRADUCCION AUTORIZADAde una fantástica historia que creí, debían conocer. Nada de esto es con fines de lucro


Presque Toujours Pur

Casi siempre puros

Capítulo XV

Nuptiae


1979

Regulus abrió lentamente los ojos, sorprendido de encontrarse a sí mismo en la enfermería de Hogwarts. ¿Había sufrido un accidente jugando al Quidditch de nuevo? Se tocó la cabeza, buscando alguna lesión pero sólo encontró una pequeña protuberancia. Parpadeó varias veces y trató de incorporarse, pero se sentía mareado y exhausto —Que…—.

— ¡Oh! —Dijo la Sra. Pomfrey y corrió a su lado— No se levante demasiado rápido querido, sufrió una seria caída.

— ¿Caída?

—Sí, la señorita McKinnon dijo que se encontró con usted en su camino de regreso desde Hogsmeade y que tropezó y cayó en un banco de nieve. No tiene lesiones graves en la cabeza que expliquen su falta de memoria, sólo ese pequeño golpe. Si no lo conociera mejor, diría que sufrió de un episodio de hiperventilación —dijo ella mirándolo con una silenciosa pregunta en sus labios.

—Yo...yo...— Se dio la vuelta y vio a Marlene en la esquina de la enfermería en hablando con la profesora McGonagall quien de vez en cuando giraba y lanzaba una mirada furiosa en su dirección. —Joder, — susurró cuando sus recuerdos volvieron a su mente. Embarazada. Embarazada. Embarazada. —Ella... ¿Esta...—Comenzó a preguntar; sin darse cuenta de que sus manos temblaban mientras se las pasaba nerviosamente por el pelo. Cuando se dio cuenta del movimiento, lucho por controlarse, porque no quería parecer débil y vulnerable, sobre todo teniendo en cuenta que estaba en la enfermería y solo los dioses sabrían que clase de pociones habría deslizado la Pomfrey por su garganta cuando estaba inconsciente.

—Ella está bastante saludable, señor Black —dijo la sanadora— Cómo estará usted una vez Minerva se acerque es...discutible —añadió— Al menos ya está en la enfermería —bromeó antes de entregarle una Poción Vigorizante y luego dejándolo solo.

Se quedó mirando la poción y rápidamente la puso a un lado. Estaba agotado de la aparente caída que había sufrido después de desmayarse, pero su cabeza ya estaba llena de ansiedad y, por mucho que le gustaría estar totalmente despierto, una Poción Vigorizante, especialmente una elaborada por Slughorn y no Severus, lo tendría con ganas de golpear las paredes del castillo sólo para aliviar la tensión.

—Señor Black.

Regulus levanto la mirada para encontrarse con los ojos duros y fríos de la subdirectora. Era inquietante cómo la mujer era capaz de hacerlo sentir culpable con solo una mirada. Ni siquiera le importaba si decepcionaba a su madre, sobre todo teniendo en cuenta que era algo inevitable. Pero ¿esta mujer? Mierda, tenía la capacidad de mirar a una persona y hacerla cuestionar cada decisión que había hecho. En ese momento, el sospechaba que ella le estaba obligando a cuestionarse su habilidad de realizar un hechizo anticonceptivo que, Regulus tenía que admitir, claramente no era de nivel E.X.T.A.S.I.S.

—Profesora —dijo dirigiéndose a ella.

Sus labios se fruncieron y dejó escapar un suspiro ahogado que casi sonaba como el silbido de un gato —La joven señorita McKinnon me acaba de informar de la...situación.

Su mirada vaciló sobre Marlene quien lo miraba con nerviosismo detrás de McGonagall. Desde la perspectiva de un extraño, parecía como si la profesora estuviese protegiendo a la pequeña bruja que estaba temblando de miedo de lo que fuese que Regulus podría hacer para hacerle daño. Sin embargo, él conocía esa mirada. Esa mirada desesperada en sus ojos que le decía que no quería nada más que correr a sus brazos para que pudieran tranquilizarse uno a otro —Yo…—le costaba hablar.

— ¿Tiene algo que decir en su defensa, joven? —Preguntó McGonagall.

Supuso que ella estaba esperando una disculpa. Algo similar a: «Lamento mucho haber dejado embarazada uno de sus cachorros y con su permiso, voy a me deslizare de vuelta a las mazmorras, como la pequeña y miserable serpiente que soy.» Tal vez quería un gran discurso sobre la mierda de persona que era, que llorase llorar y suplicase perdón por todos sus males. Ella definitivamente no sabía que tan larga era esa lista. Se preguntó si McGonagall esperaba que hiciese una gran declaración como Sirius seguramente habría hecho.

—Ocúltela.

Los ojos del viejo bruja relajaron con sorpresa. — ¿Disculpe?

Regulus se aclaró la garganta y habló más fuerte esta vez. —Ocúltela—, dijo —Manténgala a salvo. Nadie puede... Nadie puede saberlo. Mis padres, ellos…

Oh, dioses…sus padres. ¡Su madre! Visiones de Andrómeda corrieron por su mente y de años anteriores, cuando había sido eliminada del tapiz. Había habido comentarios acerca de que había sido torturada por su padre y su hermana y conociendo a Bellatrix, la posibilidad de que tal cosa sucediese era muy alta. Regulus podría soportar un Crucio —y a menudo lo hacía, desde que se convirtió en Mortífago— pero Marlene. Ellos le harían daño. La torturarían. Le harían cosas abominables sólo para deshacerse de la vida que crecía dentro de ella, y entonces la asesinarían sólo por diversión.

Se sintió enfermo.

McGonagall malinterpreto su petición —Entonces, ¿Usted no planea tomar la responsabilidad? —. Preguntó ella, sus cejas delgadas fruncidas por la ira—Me esperaba algo mejor de usted, Señor Black. Creo que ni siquiera que su hermano tendría el coraje de abandonar—

Su mirada se estrechó —No la estoy abandonando. Me haré responsable de ella —dijo entre dientes— Le estoy pidiendo ayuda para mantenerla a salvo porque ella es una Gryffindor y la hija de traidores a la sangre y no confió en que mi madre no la asesinara en el primer momento en que me descuide, así sea por una fracción de segundo —admitió— Me casaría con ella en esta cama ahora mismo si pudiera, pero el mundo mágico parece estar en aprietos últimamente, ¿no le parece, profesora?

Sus pequeños ojos se abrieron ante el arrebato y ella parecía estar en una mezcla entre molesta y orgullosa lo que confundió a Regulus. Gryffindors y sus malditos remolinos de emociones —Debo de informar al Director —dijo ella, pero luego no hizo ademán de irse. Sus palabras eran una amenaza. Una prueba.

—No —dijo, dejando caer su mirada y su actitud —Por favor...no a Dumbledore.

— ¿Y por qué no?

—Yo...No confío en él —dijo con un suspiro. —Marlene le conto que significa que ella confía en usted. Yo confío en ella. La mayor parte del tiempo.

—Sera un paria. Nuestro mundo avanza más y más cada día pero, ¿una bruja soltera con un niño?—La bruja se rascó con ansiedad la parte posterior de su cuello; un tic nervioso.

—No está soltera —Regulus insistió— Ese collar que lleva puesto, dice ella es mía —dijo posesivamente, mirando con un poco de alivio como mejillas de Marlene se enrojecían ante su exhibición pública de pertenencia, aunque fuera sólo para una sola persona.

McGonagall también se mostró sorprendido por la reclamación. Ella misma era una bruja de mentalidad progresiva, hasta el punto de que cuando se había casado, había mantenido su apellido de soltera. Era evidente que el poco de dominancia que Regulus tenía sobre Marlene en ese momento no era algo McGonagall encontraba divertido. Ella, sin embargo, respetaba las tradiciones de los sangre pura y cuando sus ojos se posaron en el collar alrededor del cuello de Marlene, la profesora contuvo el aliento —Así parece ser...Me equivoque sobre de su carácter, señor Black —dijo y luego suspiró ruidosamente— Por lo menos en una cosa.

Marlene rodeó a McGonagall y se puso al lado de la cama de Regulus, acercando una mano hacia la suya y entrelazando sus dedos. Ella sonrió cuando él acerco sus manos entrelazadas a sus labios— ¿Estás bien? —preguntó ella, extendiendo la mano y tocando el golpe en su cabeza.

— ¿Realmente estas embarazada? —preguntó, tratando de bromear pero fallando.

Ella asintió nerviosamente. —Sí.

Se quedó mirando a su estómago, lugar a donde la mano de ella había viajado brevemente en reacción a su pregunta. Aún no había señales de estado, era demasiado pronto, pero no podía apartar los ojos de ella, incluso vestida. Recordó que hace poco menos de un mes había estado lamiendo miel de su abdomen desnudo, dedos enterrados en su coño. La idea le hizo estremecerse un poco, sólo un poco disgustado consigo mismo aunque no sabía muy bien por qué. Cerca de mil preguntas corrieron por su mente mientras comenzaba a preguntarse si alguna vez sería capaz de tocarla de nuevo sin tener que preocuparse por hacerle daño.

—Entonces yo todavía estoy en pánico —admitió— Pero estoy...Estoy bien. Mientras tú y...—comenzó a hablar, pero sus ojos se posaron en su estómago otra vez, preguntándose si era realmente real o si se había golpeado la cabeza más duro de lo que pensaba.

McGonagall se aclaró la garganta. —Tenía la impresión de que ustedes dos no se agradaban mucho el uno al otro y lo han hecho en estos últimos años.

Regulus sonrió —Ese era el punto. ¿Sabe de otros romances actuales entre Slytherin y Gryffindor, profesora?

McGonagall frunció el ceño ante su atrevimiento y luego se volvió para mirar a la joven bruja. —Señorita McKinnon, ¿le ha dicho a tus padres?"

Marlene asintió —Mi madre fue la que realizo el hechizo para averiguarlo —admitió y se tragó el cumulo de emociones —Ellos…—titubeó nerviosa, con una mirada triste en su rostro— No le dije a ellos acerca de Reggie.

—Deberían ser desmemorizados.

— ¿Qué? —Marlene se volvió y lo miró boquiabierta— ¡Reggie!

Él sostuvo su mano con fuerza, no estaba de ánimo o condición para perseguirla al alrededor del castillo si se enojaba con él y decidía escaparse. Uno de ellos tenía que pensar con lógica —Marley, estás embarazada de mi hijo. ¿Tienes alguna idea de en cuánto peligro te he…los he puesto a ambos? —preguntó, tragándose por sus propios sentimientos. Una cosa era que Marlene lo viese en sus caídas, pero no quiso darle el placer a McGonagall —Mientras menos personas que sepan mejor. Por lo menos hasta que…—Regulus palideció— Oh, dioses, tengo que salirme.

Marlene tomó aliento.

—Salirse de qué, ¿si se puede saber? —McGonagall cuestionó.

Regulus miró a la mujer y sacudió la cabeza —Puede que solo tenga diecisiete años, profesora, pero no soy estúpido. Sé de la Orden y sé queusted es un miembro de ella —dijo y la vio estremecerse ligeramente, sorprendida —Igual que mi hermano y sus amigos que probablemente tuvieron mucho que decir acerca de Severus y yo durante el verano.

Sus ojos se posaron en su brazo —Nada se comprobó.

Molesto de tanta evasivas, Regulus alzó la manga —Bien, aquí está la prueba —dijo, dejando al descubierto la Marca Tenebrosa en todo su esplendor.

— ¡Reggie!

Esperaba que la Subdirectora se alejara con enojo o lo mirase con repulsión. Lo que no esperaba era lástima —Sólo es un niño —susurró ella, tapándose la boca con una mano mientras miraba a la marca— Sólo un niño. ¿Qué están pensando esos…hombres perversos?

Odiaba la lástima —Soy un año más joven que mi hermano, profesora —, dijo con amargura— y el director Dumbledore recluta a los graduados para su lado de la guerra. Ambos lados de esta guerra están cometiendo errores colosales. Yo solo…solo soy…

La bruja cuadró los hombros y se recompuso —Sí, Regulus Black, ¿Qué es lo que eres exactamente? —preguntó ella con curiosidad, su voz severa una vez más.

Miró la Marca Tenebrosa, alejándose cuando Marlene acerco su mano para acariciarla con sus dedos. Lo había hecho antes, un gesto reconfortante que le recordaba que no era lo que la marca daba a entender. Pero no podía dejar que la tocara más nunca. La había infectado con su presencia hace mucho tiempo y ella había adquirido una inmunidad extraña a la oscuridad que de seguro estaba arraigada en sus huesos. Pero….el bebe...—Soy un mal necesario —confesó.

—No eres malvado —Marlene insistió.

Regulus frunció el ceño —No soy bueno.

Él suspiró y se cubrió la Marca Tenebrosa, una vez más y se volvió para mirar hacia la profesora —Yo... He estado tratando de mantener las muertes lo mas...—dijo, tratando de explicar sus acciones con palabras que ella pudiese entender. Que se había unido a los Mortífagos porque no sentía que tuviese otra opción. Estaría muerto de otra manera y, si no, los demás estarían muertos para darle una lección —Mi hermano—trató de decir, pero luego se detuvo y suspiró —pero nada de eso importa ahora. Voy a cuidar de ti —dijo, mirando a Marlene— Pero necesito ayuda.

—Puedo mantenerlo oculto hasta la graduación, creo —susurró Marlene— Pero después de eso…

—Nos escaparemos. Nos ocultaremos en algún lugar bajo un encantamiento Fidelio.

Los Ojos de McGonagall se agrandaron — ¿Cómo sabes magia de ese tipo?

—He estado planeando esta escapada durante todo el año —admitió— No sabía que tendría que ser en estas circunstancias. Hay una vieja casa de campo que pertenecía a mi tío Alphard. Sirius se quedó con su dinero, pero me dieron las propiedades. Mis padres no saben porque mi tío estaba preocupado de que tratarían quitármelas.

—La profesora McGonagall puede ser nuestro guardián secreto —Marlene sugirió y sonrió esperanzadamente hacia su maestra.

Regulus se erizó —Estaba pensando en Severus.

— ¿Severus Snape? —McGonagall se quejó — ¿No es otro Mortífago?

—Sí —Regulus respondió— pero...él es diferente. Esta perdido y confundido, pero él no pertenece allí. Confió en el con mi vida.

— ¿Confías en él con sus vidas? —La bruja hizo gesto hacia Marlene.

Regulus lo pensó por un largo momento, no quería ser imprudente y temerario. Asintió lentamente —Sí. Él ayudará, y luego...Y luego encontraré la manera de salir. Permaneceré oculto hasta que termine la guerra.

—Podrías ofrecer una gran cantidad de información a un lado que podría acabar con ella— la bruja adulta sugirió.

Regulus se burló. —No, no me uniré a su Orden. Estoy cansado pelear. Estoy cansado de ser un soldado. Cansado de ser un peón en el juego de otra persona —dijo con amargura— Y no voy a dejar que utilicen a mi familia contra mí. Ya no más —. Dijo pensando en Sirius y luego miró a su bruja— No esta familia —. Dijo, besando la mano de Marlene, una vez más.

La señora Pomfrey insistió en que Regulus se quedase la noche en la enfermería sólo para asegurarse de que estaba bien. Marlene regresó a la torre de Gryffindor justo antes del toque de queda. Cuando finalmente pensó que estaba solo en la enfermería, dejó que la máscara de madurez se desvaneciese junto con los escudos de Oclumancia que había estado manteniendo desde que despertase, por si acaso el profesor Dumbledore entrase al ala. El estrés, el miedo, y la ansiedad invadieron su cuerpo y Regulus se acurruco en posición fetal y lloró en su almohada, grandes lágrimas de miedo, por un instante tuvo un pequeño brillo de algo que se sentía como orgullo y esperanza, pero luego el miedo hizo acto de presencia una vez más, miedo de que esa esperanza fuese arrancada de su lado.

Marlene estaba embarazada. Él iba a ser padre. Y estaban en grave peligro. Así que lloró ahora porque no sería capaz de hacerlo más tarde.

Desde la puerta de la enfermería, la profesora McGonagall en silencio observaba como Regulus Black estallaba ante sus ojos. Ella frunció el ceño ante la visión y luego volvió a salir para hacer los arreglos para la joven pareja. Sacudiendo la cabeza con tristeza, susurró: —Sólo un niño.

~•~

Abril de 1979

Severus miró con enojo a Regulus mientras esperaban fuera de la pequeña casa que había pertenecido a Alphard Black pero ahora pertenecía a Regulus. No podía culpar a su amigo por ser malhumorado. Era su naturaleza, y una solicitud de este tipo no era algo para tomarse a la ligera.

—Tú eres el único en quien confío para mantenerlos a salvo —le dijo.

Severus entrecerró los ojos negros— ¿Por qué iba yo a querer arriesgar mi vida por tu familia? —Preguntó— Si lo recuerdas, desprecio a al menos un miembro de tu familia. Narcissa es lo suficientemente educada y, a pesar de ser una presumida, Lucius se ha convertido en un amigo, pero Bellatrix está claramente loca. ¿Y estoy para poner mi vida en peligro por otro Black? —Se burló en voz alta y cruzó los brazos sobre el pecho, hundiendo las manos en la túnica negra que llevaba —Alguien con el potencial de nacer ya sea talentoso, repugnante, o desquiciado.

Regulus puso los ojos en blanco ante los insultos. Bellatrix estaba loca, sí, y Sirius podría ser imprudente y desagradable, pero no había duda de que cualquier niño de él sería brillante —Hazlo porque te necesito y eres mi mejor amigo —dijo, y observó divertido como Severus hizo una mueca ante el cariño implícito en sus palabras —No me frunzas el ceño. Tú eres mi mejor amigo.

—Pasas demasiado tiempo con tu Gryffindor —dijo Severus— Te has vuelto blando.

Hubo un destello en los ojos grises de Regulus y sonrió maliciosamente —Ella está embarazada de mi heredero —dijo con aire de suficiencia— Creo que claramente he demostrado que soy todomenos blando.

Severus se encogió y Regulus rió. No dejaría que su amigo lo entristeciese hoy. Había pasado un mes lleno de un humor enloquecedor en la escuela tratando de adaptarse a la idea de la paternidad a una edad tan joven. A causa de su estrés, había conseguido estar en tres peleas separadas y estuvo a punto de ser expulsado del equipo de Quidditch cuando abandonó la Snitch, a la mitad del juego, para golpear a un bateador de Hufflepuff en los dientes por enviar accidentalmente una Bludger demasiado cerca de las gradas de Gryffindor.

Pero ahora estaba feliz. Era una sensación extraña.

—Cuanto más te conozco, más te pareces a tu hermano —dijo Severus— No me gusta.

—Eres imposible —Regulus suspiró con impaciencia— ¿Quieres ser el padrino o no?

Severus se tomó un total de dos minutos de contemplación silenciosa para responder— Me niego a cambiar pañales.

Regulus resopló —Para eso están los elfos domésticos.

—Entonces me acepto.

Tratando de no mostrar su gran alivio, Regulus saco su varita de su bolsillo y, con ella en la mano, los juntó los antebrazos con su amigo —Tú, Severus Tobías Snape, ¿aceptas el cargo y título de padrino del hijo de Regulus Arcturus Black? —Preguntó— ¿Cuidaras y guiaras a mi hijo en los ámbitos de la vida y…—hizo una pausa cuando su atención se desvió hacia las Marcas— En mi ausencia, le enseñarás, protegerás y harás todo lo que puedas para asegurar su seguridad?

—Lo haré.

Una luz brillante del oro se envolvió alrededor de sus brazos cruzados, sellando el juramento antes de desaparecer lentamente. Regulus dejó escapar un suspiro de alivio —Gracias, Severus.

El malhumorado hombre dio una breve inclinación de cabeza y luego hizo un gesto a la cabaña — ¿Podemos terminar con esto ahora? Algunos de nosotros tenemos trabajo que hacer.

Caminaron hacia adentro de la casa de campo y Regulus sonrió al ver a Marlene de pie junto a la profesora McGonagall, ambos vistiendo hermosas túnica de gala, aunque hubiera preferido que no hubiesen sido rojas. Un funcionario del Ministerio estaba de pie junto a McGonagall, mirando nerviosamente a Severus que había amenazado al hombre de algo con el fin de traerlo a allí.

Cuando Minerva y Severus ataron a Regulus y Marlene de las manos, el funcionario del Ministerio les sonrió y comenzó el hechizo vinculante mientras Regulus comenzó a decir sus votos:

—Te doy el primer corte de mi carne, el primer sorbo de mi vino —dijo.

Marlene sonrió dulcemente —Tuyo será el único nombre que llorare por la noche, y por la mañana sonreiré sólo para tus ojos.

—Seré un escudo para tu espalda, mi varita y magia te servirán y protegerán siempre.

—No se dirán entre nosotros, palabras crueles pues nuestro amor es sagrado y puro.

Regulus sonrió —Incluso si nosotros no lo somos.

Después de que terminase de reír por su broma, ella dejó escapar un suspiro y dijo: —Te daré hijos.

Él frunció el ceño —Y yo los mantendré a salvo — dijo, su promesa cargada de preocupación.

—Más allá de esto, te apreciare y honrare

—Y yo a ti —dijo, llevando sus manos atadas a sus labios, colocando un beso en la punta de sus dedos— A lo largo de esta vida, y la siguiente.

Al igual que la luz dorada emitida entre él y Severus sólo unos minutos antes, un suave resplandor latió alrededor de la pareja, las cuerdas que ataban sus manos cambiaron de colores y el funcionario del Ministerio sonrió brillantemente —¡Felicidades, los declaro unidos de por vida!

Regulus sonrió y le dio un beso, ignorando el suspiro irritable que escapó de Severus a espaldas de él, y el carraspeo de garganta de McGonagall, quien estaba junto a Marlene. Nada podía distraerlo de besar a su esposa por primera vez. Su mano libre, sin embargo, viajo al sur y la dejo descansar suavemente contra su ligeramente abultado abdomen. Mientras besaba a su hermosa novia, hizo silenciosos votos a su hijo por nacer, prometiéndole protección, por encima de todo, además de asegurarse de que nunca creciera con padres como los suyos.

Obliviate —susurró Severus, apuntando su varita hacia el funcionario del Ministerio — ¿Puede con la limpieza, no profesora? —dijo, mirando a Minerva que ahora le dedicaba una severa mirada.

Regulus rompió el beso y se volvió para mirar a Severus —Asegúrate de que la licencia de matrimonio se pierda— dijo. Tenía que ser oficial, por supuesto, para el niño fuese considerado legitimo y para que ciertos hechizos protectores su pudiesen realizar, pero un rastro en papel era una mala idea.

— ¿No tienen tus padres un tapiz familiar? —Preguntó Severus.

Regulus sonrió —Ya me encargue —dijo con aire de suficiencia.

Cuando llegó a casa esa semana para las vacaciones de Semana Santa, sonrió cuando sus padres salieron para una función del Ministerio, con ganas de tirar galeones a causas que querían ver florecer, por lo general las que se oponían a los derechos de los hijos de muggles, mestizos, y cualquier cosa que pudiera ayudar a aliviar el mundo mágico en el futuro. En el momento en que desaparecieron por la chimenea, Regulus sacó el libro que su tío Alphard le había dado años atrás, cuando le habían dado el anillo familiar. Estaba destinado a ayudar a restaurar a Sirius y Andrómeda en el tapiz, cuando llegase el momento, pero ahora Regulus tenía otros planes para él. Mantener nuevos nombres fuera del pedazo de tela.

— ¿Has logrado alterar la magia en un tapiz familiar? —McGonagall le preguntó con un tono impresionado.

Él asintió con la cabeza —No aparecerán los nombres de Marlene o de nuestro bebe. No hasta que yo me haga cargo de la familia y pueda cambiarlo yo mismo.

— ¿Magia de sangre? —ella preguntó.

— La sangre lo sella y la sangre lo despertará.

Los ojos de Marlene se agrandaron — ¿Vas a hacer que nuestro bebé sangre para cambiar un tapiz?

—Por supuesto que no —dijo, ofendido— No seas ridícula. Ni siquiera necesitare el tapiz una vez que sea el jefe de mi casa. Y si eventualmente queremos levantar el encantamiento, sólo se necesita una pequeña cantidad de sangre. Sellar maldita cosa, sin embargo…para eso necesite un poco más de esfuerzo —dijo, con la voz tensa al recordar la cantidad de sangre que se había visto obligado a derramar en el suelo de la sala con el fin de realizar aquel difícil desilusionador.

—Eso es un trabajo de encantamientos impresionante, señor Black —dijo la profesora McGonagall.

Regulus sonrió. —Tal vez. Siempre he sido mejor en Transfiguración.

Ella se encogió de hombros —Lo hace suficientemente bien.

—Gracias de nuevo, profesora —Marlene dijo mientras abrazaba a la bruja— ¿La veremos de vuelta en Hogwarts?"

—Ten cuidado, mi querida niña —dijo Minerva y luego se volvió a Regulus— Y mantenla a salvo, ¿me oyes?

—Sí, señora.

—Y tú…—La bruja se volvió para lanzar una de sus inquietantes miradas a Severus— Ordena tu vida y deja de perder tu potencial, jovencito —dijo en tono de regaño antes Aparecerse, llevándose al funcionario del Ministerio consigo.

Severus se burló en voz alta. —Dioses, estoy agradecido de saber que no tengo que volver a Hogwarts y aguantar eso nunca más —. Exclamó.

—Gracias por venir, Severus —dijo Regulus, tomando la mano de su amigo y sacudiéndolo en agradecimiento.

Severus asintió —Estaré en contacto —dijo y luego Apareció.

Marlene corrió a los brazos de Regulus, chillando de alegría que milagrosamente habían salido con suya sobre fugarse. Estaba embarazada, aún estaban en Hogwarts, él era un Mortífago y estaban en medio de una guerra desagradable, pero estaban extrañamente felices en ese momento — ¿Estás seguro de que tenemos tiempo para estar juntos? —le preguntó con nerviosismo, mirando hacia su brazo.

—Absolutamente —dijo y besó su frente —Madre cree que estoy fuera haciendo un trabajo para el Señor Oscuro, y El-Que-No-Debe-Ser-Nombrado —dijo con una sonrisa— está bajo la impresión de que voy a volver a Hogwarts. Solo tenía a verlo ayer.

Marlene frunció el ceño —No te hizo hacer nada horrible, ¿verdad?

Sacudió la cabeza —No esta vez. Y nunca más —prometió cuando la tomó en sus brazos, besando la parte superior de su cabeza y apreciando aquel momento de paz —No te preocupes, sólo necesitaba que pedir prestado mi elfo doméstico.

~Ω~


Translator's Note: Ok como prometí, aquí está el capítulo numero 15! Cuarto capítulos más y llegaremos a la mitad del fic. ¿Qué tal les ha parecido la trama? ¿La traducción? ¡Uhh y quiero saber sus teorías sobre como creen que terminará el fic! ¡A los que ya se lo leyeron, no sean malos y no den spoilers, por favorcito! Besos y abrazos de menta y gracias por tenerme paciencia jajaja.

¡Por cierto! Yo soy una die hard por Star Wars y voy mañana al estreno en mi ciudad. ¿Quién está igual de emocionada/o que yo? ¡Necesito ver a Leia y Han Solo y a Luke y a C3PO y a R2D2 y ishhh ya quiero que sea mañana!

Un concurso rápido: La primera persona que deje un review con el nombre de la canción que está bajo el Lyanna, tendrá un pequeño adelanto del próximo capítulo. ¡Solo hago esto para hacer todo más divertido! OJO: tiene que ser un review completo, no solo el nombre de la canción, vamos, la idea es saber que piensan de este proyecto. Shaya también intenta leer los reviews, busca traducirlos para saber que opinan así que pueden dejar un review en esta historia para la increíble autora del fic.

Próxima Actualización:Bueno, viendo que la próxima semana es la semana más ocupada del mes de diciembre, creo que esta vez tendrán que esperar más tiempo para leer el siguiente cap. Dejemos la última actualización del año para el lunes 28/12.

Los quiero,

Lyanna Malfoy

You look like a movie; You sound like a song