Disclaimer: Personajes de Rowling.
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El placer del dolor. Capítulo 9: La Orden del Fénix.
Infiltrarse en la dichosa Orden del Fénix era una de las cosas más complicadas que pueden pedírsele a una persona, ya sea porque no soportas ni a la cuarta parte de los integrantes o bien porque lograr entrar es jodidamente difícil.
Sinceramente no la emocionaba el tener que de pronto tratar a un montón de traidores a la sangre e impuros que solamente la mirarían con desconfianza –totalmente justificada– y complicarían su tarea. Pero por otro lado, solo pensar en Bill Weasley lograba hacerla estremecer, y la verdad sea dicha, está ansiosa por volver a verlo.
Lo que nos lleva a otro punto de vital importancia. No puede perder de vista a ese hombre increíblemente magnético; cosa en la que por cierto está fallando. Aunque nadie puede culparla directamente, no puede simplemente acercarse a un Weasley así porque sí y preguntarle por su sexy hermano o hijo llamado Bill. No.
Ganas no le faltan, la verdad.
La frustración que invade su cuerpo no puede tener una medida correctamente inventada que dé en el punto justo. Sus ojos azules se encuentran brillantes y el gesto concentrado en su cara no es muy propio de una mujer como ella. Sin embargo es inevitable el sentir que nada está yendo como debería y que quizás está fallando en algo; Salazar no lo quiera, no le conviene ponerse a Bellatrix encima en esos momentos.
Necesita concentrarse en sus próximos objetivos al moverse cerca de él para llamar su atención –más aún– sin resultar sospechosa. Y para lograrlo debe, de forma casi obligatoria, idear un buen plan.
Resulta bastante obvia la forma en la que él la mira, deseoso de tenerla. Sin dudas ha despertado los instintos básicos del hombre provocándolo como lo hace pero eso no será suficiente para llegar hasta el mismo cuartel general.
Entonces lo único que le queda es arriesgarse.
No era como si le agradara someterse voluntariamente a una sesión de torturas y demás aunque teniendo en cuenta la importancia de su misión y la dificultad de la misma era imprescindible tomar medidas desesperadas.
Con eso en mente se levanto de su cómodo sillón ubicado en su cuarto y salió en busca de la persona idónea para ayudarla. Ahora el único problema sería decidir cómo llegar hasta los ojos del pelirrojo, pero ya lo pensaría más adelante.
Lo primero que sintió al despertar fue un inconmensurable placer, estando agotado por los sucesos de la noche anterior no era nada extraño. Con pereza abrió los ojos y un débil rayo de sol lo golpeó directo en el rostro; esa estaba siendo la primera mañana en la que al salir del trance propio del sueño no sentía ningún remordimiento y se encontraba tranquilo. Pero aún así no quería acostumbrarse.
Tiene que obtener información y sólo le queda un movimiento por hacer. Gira hacia un costado y observa la figura desnuda que duerme, en apariencia tranquila, a su lado. Claro que es en apariencia porque se vio obligado a darle la orden de que durmiera.
Pesadamente se levanta sin hacer ruidos y camina hasta la ducha, un baño refrescante no le hará mal, entonces, cuando las últimas gotas de agua caen sobre su cuerpo una idea lo golpea casi dolorosamente. Rápidamente una sonrisa fría cubre su rostro y sale del baño, vuelve a mirar a la chica en la cama y en un susurro casi inaudible dice:
— Hoy estarás deseosa de salir, Granger, y yo te dejaré hacerlo. Cuando llegues al límite de desaparición volverás, porque algo te obligara a hacerlo. Y una vez que estés otra vez en esta cama, hablarás.
Con eso voltea y sale de la habitación, satisfecho de que por fin ese día tendrá grandes avances.
Cuando despertaste sentiste inmediatamente una sensación de libertad que no habías sentido en ningún otro momento, la habitación se encontraba vacía y no había ni rastro de Malfoy. Una parte de ti suspiró aliviada al saberte sola y pronto te levantaste de esa espantosa cama y te encerraste en el baño.
Pusiste especial cuidado en frotarte bien cada parte de tu cuerpo que él tocó.
Una vez limpia te dedicaste a colocar sobre tu cuerpo el vaporoso vestido que, supones, algún elfo dejó sobre la cama mientras tú estabas en la otra parte del lugar. La sensación de la tela sola rozando con tu piel te resulta extraña debido a que no llevas ropa interior pero ya tendrás tiempo para acostumbrarte…
O quizás no.
Es una ingenuidad pensar que tal vez Malfoy haya dejado una mínima posibilidad de escapatoria para ti, pero debes intentarlo. Recorres con tus ojos el cuarto y, casi sin creerlo, notas como encima de la mesilla de luz hay una varita; corres los pocos metros que te separan de tan preciada posesión y una vez que la tienes entre tus manos intentas lo primero que se te ocurre.
— Alohomora — El hechizo demasiado simple no funciono, la puerta siguió impasible en su lugar sin moverse siquiera un palmo. Sin embargo eso no te desanimo.
Muy en el fondo te lamentaste por tener que arruinar una pieza arquitectónica tan valiosa como esa enorme puerta, pero te urge salir más que nada. Escapar es tu única salida, salir de esa maléfica mansión representa para ti la posibilidad de que unos ojos grises fríos como témpanos de hielo no vuelvan a posarse sobre tu figura.
— Bombarda — Una fuerte explosión resonó en todo el lugar; la puerta voló hecha añicos y tú te apresuraste a correr fuera. En tu desesperación no te pareció nada extraño que nadie hubiera ido ya por ti, mucho menos que no hubieran notado el fuerte sonido.
Atravesaste infinidad de pasillos, recorriste el salón bien iluminado por el que pasaste rumbo a la habitación de Draco y doblaste hacia la derecha por un simple impulso. En una esquina te obligaste a parar debido a la presencia de Nott y Zabini, pero en el momento en el que ellos quedaron de espaldas a ti no dudaste; primero aplicaste un Hechizo Desilusionador en ti misma, y luego lanzaste un Desmaius en dirección a Zabini, quien cayó pesadamente en el piso.
Cuando Nott volteo lanzaste un Petrificus Totalus y lo miraste caer, aparentemente sorprendido por ser atacado. Seguiste corriendo hasta llegar a la puerta principal, que para tu sorpresa se abrió dejándote salir sin ningún problema. Continuaste sin mirar atrás hasta llegar a la verja de entrada y cuando llegaste a atravesarla algo te detuvo.
Es una sensación extraña y desconocida, ansias salir de aquel lugar pero tu subconsciente te traiciona y te dice que debes regresar, te resistes con todas tus fuerzas pero parece en vano.
Una fuerte puntada en la cabeza te hace tomártela con las manos y caer arrodillada en la tierra, un quejido sale de tus labios y te encojes más sobre ti misma. Tomas con fuerza la varita entre tus manos y cuando te dispones pese al dolor a desaparecerte, aparece Draco Malfoy en todo su esplendor con cara de cabreo monumental y una maldición golpea en tu cuerpo.
— Crucio — El grito desgarrador sale de tus labios sin que puedas evitarlo, cuando el dolor mengua levantas los ojos y miras los iris de color mercurio con temor. — Tks, tks, Granger. No creíste en verdad que te dejaría irte tan fácilmente, ¿cierto?
Y entonces comprendes que tus suposiciones son ingenuas, es evidente que no van a dejar que escapes así como si nada. Jugaste con fuego al creer que Malfoy se había equivocado mínimamente, lo subestimaste y vas a pagarlo.
Cuando saliste de tu casa estabas totalmente segura de que tu plan era brillante, pero ahora no sabes que pensar. Te encuentras frente a tu Señor, quien te observa apreciativamente.
Podrías haber buscado cualquier Mortífago para ayudarte con lo que necesitas pero eres consciente de que si lo hiciera cualquier otro podría resultar sospechoso; en cambio, si te tortura el mismo Lord Voldemort no pueden pensar que es porque hayas ideado cómo meterte en su preciada Orden. Así podrán pensar que tú pagaste las consecuencias del fallo de tu progenitor y será obscenamente sencillo que te acojan como una más, movidos por la lástima.
Sin embargo, la mirada del mago oscuro te está poniendo nerviosa. Él parece querer leer todos tus motivos para exponerte a semejante riesgo. Aún así te sorprendes, más de lo que esperabas, cuando lo escuchas hablar.
— Sin duda te subestime, Parkinson, ni siquiera el idiota de Malfoy podría haber ideado un plan más perfecto…— Él se pasea por el lugar en el que están, rodeándote, observándote. — Pero me atrevo a preguntar, ¿estás totalmente segura de lo que deseas? No me gusta torturar a mis subordinados porque sí, sin motivo. Pese a que me lo estés pidiendo, sería un desperdicio dañarte irreversiblemente. — Temblaste cuando pronuncio lo último, pero tu determinación no varío ni un ápice.
— Mi Señor, estoy totalmente consciente de lo que pido; pero mi prioridad es cumplir la misión que se me encomendó. Y debe estar de acuerdo conmigo en que la dichosa Orden no dudará si quien me ataca es usted. — Te permitiste levantar la mirada y verlo, notando así la sonrisa orgullosa en el rostro del mago.
— Muy bien… Pero primero debo darte nuevos datos e indicaciones, para que no los olvides. Bill Weasley se encuentra en Rumania, yo mismo me aseguraré de que llegues hasta él. También debes saber que está casado, aunque supongo que lo sabes, vas a tener que luchar contra los encantos veela de su hermosa esposa… ¿Aún así te arriesgas? — Asientes, incapaz de hacer más. — De acuerdo.
Una tras otra las maldiciones fueron impactando sobre ti; gritaste, te retorciste e incluso suplicaste porque todo acabara. No sólo fueron repetidos Cruciatus sino también otras maldiciones de magia negra y diferentes efectos. Fuiste notado como profundos cortes se abrían paso en tu cuerpo, dejando marcas que no se borrarán tan fácilmente.
Por un momento temiste no salir con vida de aquel lugar.
Pero al final, cuando todo terminó fuiste consciente de que tu plan era el mejor. Prácticamente no podías abrir los ojos más que una mísera rendija por donde las figuras del antiguo y deteriorado salón se dejaban ver; tienes la visión totalmente borrosa; no puedes siquiera moverte y las fuerzas que te quedan las guardas sólo para respirar.
— Espero, Parkinson, que todo salga acorde a lo planeado porque de lo contrario desearas no haber nacido. ¡Crucio! — Y con esa maldición impactando una vez más en tu debilitado cuerpo, te desmayaste.
Toda la Orden del Fénix trabajaba a pleno para idear un plan lo suficientemente eficaz que lograra hacerlos entrar en Gringotts, usurpar la cámara de los Lestrange y salir de aquel lugar sin levantar sospechas.
Remus los observa a todos, cada uno con un pergamino diferente, estudiando quiénes pueden ser las personas correctas para ayudarlos en esa nueva y semi imposible misión.
Bill, antes de irse, les dejo a todos planos, hechizos y medidas preventivas que él considera pueden llegar a encontrarse en las cámaras de alta seguridad. Aún así no se tiene una completa seguridad sobre lo que pueden encontrarse en aquel lugar, pero eso no evita que vayan preparándose para poder tener, al menos, ideas acerca de cómo actuar y qué medidas tomar cuando llegue el momento.
Según la información recabada las cámaras de mayor seguridad son custodiadas por dragones, algo que a todos los mantiene en vilo ya que no hay una manera de enfrentarse a un dragón sin llamar la atención, así como también otras medidas especiales tales como que no poseen llaves y sólo se abren con la palma de la mano de un duende autorizado por la antiquísima magia que rodea al banco. Sospechan también que tiene que haber otras grandes medidas que impidan a los ladrones llevarse esos invaluables tesoros, pero en eso no poseen más información debido a que si Bill hubiera intentado conocer cada detalle podría haber resultado sospechoso.
Después de todo, los duendes nunca confiaron en los magos.
Por otro lado luego de adoptar como sede principal la casa de Muriel, la tía de los Weasley, una de las preocupaciones principales quedó solucionada. La casa se encontraba protegida con varios hechizos y encantamientos protectores; como el Fidelius, el Cave Inimicum, el Homenum Revelio, el hechizo repelente de muggles, Salvo Hexia, el hechizo sensor de movimiento y otros que pueden alertarlos de la presencia de Mortífagos y muggles.
Ya más tranquilos en algunos asuntos ahora solo les quedaba esperar por los avances de Bill con la manada de lobos, ya que ellos son actualmente su única esperanza. Hagrid no logro en el primer año de guerra la cooperación de los gigantes, por lo que no cuentan con ellos en esta pericia.
Remus suspira y la mirada de su esposa Nimphadora, quien ostenta una gran panza de embarazada ya cercana al parto, se posa en él. Parece preocupada por la gran cantidad de responsabilidades que Lupin ha tomado como líder de la Orden. Él sabe que no es una tarea sencilla pero alguien debe hacerlo. Lamentablemente Dumbledore no pudo hacerlo mientras vivía y, según los restantes miembros, nadie mejor que Remus para hacerse cargo de todo.
— Muy bien, es todo por hoy — dice él, ya cansado de estudiar tantos planos, flechas y demás cosas por el estilo. — Nos volveremos a ver mañana. — Así todas las personas allí congregadas, además de los Weasley, Tonks, Andrómeda Black y Hestia Jones, se fueron despidiendo. Tomando los polvos flu y saliendo por las chimeneas hacia diferentes ocupaciones falsas.
Con la casa ya vacía quienes quedaron presentes cruzan una mirada preocupada. Es Ginny quien, harta de la espera y el silencio, decide hablar.
— Remus, ¿sabes algo de Hermione? — Todas las cabezas se giran en su dirección, especialmente las de Harry y Ron.
— Aún no — murmura, tomándose el puente de la nariz con gesto cansado — Estamos investigando, aunque me atrevo a asegurar que sigue en la Mansión Malfoy… — No llego a terminar la oración sin que lo interrumpieran.
— Necesitamos crear una forma de sacarla de ese maldito lugar.
— Ronald, no maldigas — Ron bufó sin obedecer a su madre.
— Lo sé, Ron, lo sé. Un plan a la vez — el ceño fruncido del pelirrojo no parecía estar de acuerdo. La Orden necesitaba organizar sus prioridades.
— Entonces saquemos a Hermione primero, Remus, no podemos dejarla por más tiempo allí, en manos de Malfoy.
— Destruir a Voldemort tiene que ser nuestro objetivo primordial, no podemos contar con que los Mortífagos se hayan olvidado de Harry, Ronald. Si estuviera en mis manos no dudaría en ir solo hasta la casa de Lucius Malfoy y sacar a Herms de allí, pero no puedo. Tenemos poco tiempo y hay que organizarlo de la mejor manera. — Remus sabía que esas palabras, lejos de tranquilizar el chico lo harían ponerse peor, pero no era todo tan sencillo como él pensaba.
— Suenas como Dumbledore — dijo el Weasley, enojado.
— ¡Ronald, no te lo permito! — Molly parecía dispuesta a regañar a su hijo más chico, sin embargo, el alto pelirrojo enderezó la espalda en toda su altura y miro a su madre con furia.
— No estoy pidiendo permiso, madre. Estoy diciendo una jodida verdad. Así suena y así actúan todos. ¡A quien le importa Hermione si lo único que quieren es tiempo! Seguramente el profesor pensó lo mismo a la hora de enviarnos a una misión sin saber absolutamente nada de lo que tenemos que buscar y destruir; sin explicarle por lo menos a Harry la forma en la que los Horrocruxes pueden influir en nosotros, sin decirnos que cada vez que intentemos destruirlos una parte de la maldita alma de Quien-Tu-Sabes intentara hacernos unos imbéciles y enfrentarnos. Es muy fácil decir que pensemos en un plan a la vez, pero no somos nosotros los que estamos pasando por quién sabe cuántas cosas, no somos nosotros quienes estamos prisioneros en aquel lugar. ¡Maldita sea! — Ron volteo velozmente y se marcho enojado, dando grandes zancadas.
— Remus, él solo está preocupado por su amiga y no quiere realmente…
— No, él sí quiere realmente decir lo que dice, Señora Weasley — pronunció Harry — Todos tenemos miedo de que Herms no salga con vida de esa Mansión, y lo que es peor es que no podemos hacer nada. Es cierto que la prioridad son los Horrocruxes, pero podríamos al menos dejar que alguien se ocupe de cómo sacar a Hermione de allí.
Todos asintieron de acuerdo, siendo conscientes de que esa explosión no era la primera en el largo expediente de Ron ni que mucho menos iba a ser la última. La regordeta mujer pelirroja intentó seguir el mismo camino que su hijo menor, pero el brazo de su esposo no se lo permitió. No era necesaria otra muestra de tan explosivo carácter.
El Elegido en cambio sí siguió el mismo camino que su amigo. Entendía perfectamente la actitud de Ron, aunque no necesariamente compartía los métodos para demostrar que estaba tan o más preocupado que él por su amiga.
La culpa es una gran enemiga si tienes sobre tus hombros el peso de salvar a todo el mundo mágico y muggle de Inglaterra.
Las cosas ya estaban lo suficientemente difíciles como agregarle discusiones y separaciones a la ecuación. Con Hermione capturada por los Malfoy una de las mejores mentes para idear planes estaba fuera, sin contar la constante angustia que se respiraba en el ambiente; además aunque aún no se había presentado un combate directo entre las partes cada día se presentaban más pérdidas, lo que estaba logrando que las tropas de la Orden estuvieran en desventaja.
Los Mortífagos por el contrario renovaban sus filas constantemente, provocando que estuvieran en ventaja la mayor parte de las veces. Aunque sus reclutas no eran grandes genios en lo que se dice magia negra, sí tenían demasiada incentiva propia y podían llegar a dar verdaderos problemas si no se los controlaba bien. Todo eso sin contar que Severus Snape tenía la dirección de Hogwarts y muchos niños y adolescentes estaban en sus manos.
Joder, tenían problemas serios.
Por eso no era el mejor momento para que Ron tuviera un ataque de furia que generaría que sus hermanos le dijeran que era un idiota y haría que sus padres se preocuparan más de lo que ya estaban; George había perdido una oreja, Percy los había abandonado para quedarse en el Ministerio, Bill y Charlie en misiones, a Ginny tuvieron que sacarla del colegio. Y Ron, Ron era uno de los blancos principales.
Al final, Harry encontró a su amigo en la habitación que comparten. El pelirrojo estaba sentado sobre su cama, con aspecto abatido.
— No creo que fuera necesario que actuaras así, Ron. — Los ojos azules parecieron atravesarlo cuando se posaron es su figura. — Sé que estás preocupado y furioso, entiendo que pienses como lo haces e incluso sabes lo que opino del tema, pero por Merlín, no es necesario que dentro de la propia Orden comencemos a separarnos.
— ¿Cómo te sentirías si quien estuviera capturada fuera Ginny, Harry? — Y ese fue el primer golpe bajo. Cómo se sentiría… Frustrado, furioso, preocupado y un sinfín de adjetivos más.
— Igual que tú. — Ron asintió, comprendiendo.
— Entonces te pido que no me juzgues por lo que digo o por como reacciono. No es la mujer que amas la que está en peligro. — Fue el turno de el Elegido de asentir, porque por más que su carácter y el de su amigo fueran distintos, en determinadas ocasiones se parecían demasiado.
Mucho más rápido de lo que tú podrías pensar te encontrabas nuevamente en el cuarto de Draco Malfoy. Ninguna maldición ni nada por el estilo había vuelto a golpear tu cuerpo y aunque tienes un dejo de desconcierto no vas a ponerte a pensar en eso ahora.
Sin duda puedes considerarte con suerte por seguir viva.
Él está sentado en una silla, frente a ti que estás en la cama; te observa fijo pero no hace ningún movimiento, como si te estuviera midiendo. Pero esta vez no vas a demostrarle temor.
El muy cabrón puede irse al demonio.
— ¿Sabes, sangre sucia? Creo que te di demasiada libertad por hoy, pero si cooperas es probable que te deje pasear por toda la mansión. — Lo miras furiosa, dispuesta a matarlo si te dan la oportunidad.
— Sabes que no diré nada, hurón. — Una sonrisa ladeada inunda las facciones del blondo quien parece divertido por la situación.
— Claro que lo harás, Granger, no vuelvas a subestimarme. — Lo odias, de veras. Si depende de ti no le dirás ni media palabra. — Habla.
Sientes la forma en la que la orden dictada por el Mortífago se mete en tu cabeza, casi como si fuera propia. Inmediatamente notas que comenzarás a hablar sin ni siquiera poder hacer algo para evitarlo y entonces tratas de resistirte con todas tus fuerzas, tal como lo hiciste una vez en la verja de entrada a la mansión. De la misma manera que la vez anterior, al resistirte a la orden un potente dolor de cabeza te atravesó.
Miraste de nuevo a tu captor y te sorprendió verlo sonriendo como si ya supiera absolutamente todo de tu lucha y no le molestara de ninguna manera. Sentiste ganas de preguntarle qué rayos te había hecho pero en cuanto abriste la boca no dijiste las palabras que querías, sino otras que te mortifican.
— ¿Qué quieres saber? — La sonrisa pedante se ensancha mientras que tú no puedes creer lo que acabas de decir.
— Es bueno ver que al fin cooperas, Hermione. Y mi respuesta es simple. ¿Dónde está escondido Potty? — Es tu turno de reír falsamente al ver que, digas lo que digas, no podrás darle una respuesta correcta.
— No lo sé, se esconden en diferentes lugares. Y como bien sabrás, Malfoy, no me encuentro con él en estos momentos.
La mueca de disgusto en el albino rostro es sin duda una de las mejores recompensas que podrías tener en bastante tiempo. Quizás es hora de jugar un poco y retomar el valor que creías perdido debido a todos los sucesos que te pasaron dentro de ese jodido lugar. Es hora de volver a ser Hermione Granger.
Es una suerte que lo que sea que te haya dado Malfoy para que le obedezcas de esa manera, a pesar de obligarte a responder todo lo que pregunte y todo lo que te ordene, te deja la libertad de pensamiento suficiente como para decir lo que quieres decir sin darle ningún tipo de información relevante.
— De acuerdo, lo haremos a tu manera. ¿Qué es lo que buscan?
— El tiempo suficiente para derrotar a Voldemort. — Otra mueca de fastidio de su parte y una sonrisa sardónica de la tuya.
— ¡Maldita seas! No estoy jugando, ¿por qué la varita de Potter es más poderosa que la del Señor Tenebroso? Y quiero la verdad. — Cerraste los ojos cuando las últimas palabras golpearon tus oídos. — ¡Responde!
— Las varitas son gemelas Malfoy, tienen una conexión de hermanas. No comprendo exactamente toda la relación pero creo que ni la varita de Voldemort podrá vencer la de Harry, ni la de Harry podrá vencer la de Voldemort. — Él asintió, comprendiendo. Tenía el ceño fruncido, pero parecía aceptar de buen grado las palabras de Hermione.
— ¿Por qué la varita de Potter venció a la de mi padre? — Abriste los ojos desmesuradamente ante esa revelación y luego negaste con la cabeza.
— No lo sé, no poseo una explicación. Supongo que eso fue un caso único. — Un nuevo asentimiento de parte del hombre y tú te permites respirar medianamente tranquila.
— Sólo dos cosas más, Granger, y prometo dejarte en paz; llevarte a la antigua habitación que ocupabas cuando llegaste y no acercarme más. Y si se diera el caso incluso te dejaría libre, pero supongo que eres más inteligente como para pensar que te dejaré ir, así que espero que te conformes. — Lo miraste fijo, sin pestañear ni nada, tomando esas palabras como un buen augurio. — ¿Qué es lo que tanto investigan? ¿Una varita aún más poderosa?
— No exactamente. Harry está convencido de que existe una varita de la que sólo se conoce por medio de leyendas, una supuesta varita invencible. La Varita de Saúco. Pero no lo sé, Malfoy, no tengo idea de qué es lo que hará. Hemos estado investigando la leyenda de las Reliquias de la Muerte… Nos hemos basado en el cuento de Los 3 Hermanos, de Beedle el Bardo. — Él se levanto luego de escuchar atentamente — Muy bien, serás recompensada.
Él salió del cuarto caminando rápidamente. La puerta doble que habías volado hacía poco tiempo ya estaba totalmente restaurada y la viste cerrarse a sus espaldas.
Suspiraste. En tu cabeza se desata una gran confusión… No tendrías que haber hablado pero tampoco pudiste evitarlo. Habrías querido no contarle nada a Malfoy sobre la Varita de Saúco pero tampoco pudiste eludir la pregunta; aunque dentro de ti te sientes medianamente feliz ya que si la atención de los Mortífagos se desvía a la absurda varita Voldemort no va a pensar que van tras los Horrocruxes para poder destruirlo.
Un nuevo día golpea el claro del gran bosque cercano a la reserva de dragones que hay en Rumania, allí está asentada la manada de lobos a la que Bill debía intentar convencer de apoyarlos en la guerra contra Voldemort.
En cambio la situación dio un giro imprevisible en el mismo momento en el que William mató al líder de todos esos hombres y mujeres que ahora lo miran con recelo. Él realmente no sabe qué fue lo que paso en ese bosque en la luna llena.
¿Cómo vas a saber qué fue lo que hiciste cuando ni siquiera entiendes lo que te sucede?
Solo sabes que cuando sentiste el peligro acechándote no pensaste y te dejaste llevar por el golpe de adrenalina que te dio al saberte a punto de ser desmembrado por un gran hombre lobo. Quizás muchos se pregunten ¿por qué temer, si ya te ataco uno antes? Entonces seguramente dirías "eres idiota si no sientes miedo cuando ves esas grandes garras, los grandes colmillos y los furiosos ojos amarillos coronados por una estela roja, producto de la furia que les da el ansia asesina y sedienta de carne"… Vamos, admítanlo si estuvieran ustedes frente a uno de esos temidos seres, en el momento justo en el que nada queda de su consciencia humana, sentirían el mismo pavor.
Cuando viste la imagen del lobo saltando sobre ti viste como si fuera una película toda tu vida delante de tus ojos, y pobre del que se atreva a negártelo. Temiste morir por primera vez en tu vida y fue tan grande ese miedo que cuando tuviste la oportunidad de escapar no dudaste en aprovecharla. Sin embargo nunca imaginaste que ibas a matar al macho alfa de un zarpazo, el cual por cierto no puedes explicar.
— Te ves desorientado, William Weasley — miras hacia tu derecha, de donde proviene la melodiosa voz. Agnes Jefferson te mira con un dejo de burla brillando en sus ojos color café.
— Admito que un poco lo estoy, sí — respondes con un encogimiento de hombros. Tus ojos azules recorren su grácil figura sin disimulo alguno. Agnes es una de las mujeres más bellas de la manada, es de hecho la hija del hombre que tú mataste cuando estaba transformado.
Con cabello castaño y algunos mechones claros que le dan reflejos rubios, una cara aristocrática que se adorna con unos bonitos ojos almendrados y unos tentadores labios carnosos; es una joven de aproximadamente veinticinco años que tiene a su alrededor un halo de misterio y seducción constantes.
La joven fue la primera en acercarse a ti cuando el sol despuntó en el alba y te diste cuenta de todos los hechos que habían ocurrido a tu alrededor. Pasaste gran parte de la mañana hablando con ella, y ahora que ya es de tarde te encontrabas sentado solo frente a una fogata, pensando en todo lo que te estaba pasando. Grande es tu sorpresa ahora al verla frente a ti.
— No entiendo porque te me acercas, mate a tu padre.
— Mi padre podría haberte matado a ti, además él ya sabía que moriría algún día, Bill. Era un hombre mayor, ya cansado de tantas luchas y guerras y también aburrido de estar aislado. — Ella sonríe con un dejo de nostalgia pero también con una fuerza orgullosa en la mirada que te hace sonreír. — Pero no es eso lo que te preocupa.
— No entiendo qué fue lo que me sucedió.
— Hay algunas teorías entre nosotros sobre lo que pudo pasarte; por lo que me has contado Greyback te atacó sin estar transformado por lo que está descartado el que seas licántropo; sin embargo, puedo suponer que influido por el miedo, la adrenalina y la luna llena puede haber pasado una especie de transformación momentánea. Es casi como si fueras animago, sólo que sin tener que pasar por todo el horrible y complicado proceso de la animagia. Lamentablemente no puedo asegurarte que puedas controlarlo, sería más propicio decir que eso te ocurrirá cada vez que estés en un peligro eminente.
— Supongo que es mucho más de lo que yo podría saber por mi cuenta.
Agnes asiente y camina hasta ti, lentamente y sin dejar de mirarte. Parece una mujer segura pese a su juventud y a ti te divierte pensar en eso, tiene un aura jovial que inspira confianza y te hace sentir seguro.
— Hay algo que tendrás que ganarte, y es la confianza de toda la manada. No van a perdonar tan fácilmente la muerte de su líder.
— Lo sé, pero ¿cómo rayos podré conseguirlo? No puedo ofrecerles más que lo que me mandaron a decir. El Señor Tenebroso no les dará ningún beneficio si lo apoyan, de hecho me atrevo a decir que los utilizará y luego mandará a matar. Y supongo que no es eso lo que desean en verdad. Nosotros tampoco podemos asegurarles un futuro mejor; por el contrario, sólo podemos decir que haremos todo lo posible para ayudarlos a vivir mejor. — Ella te mira con la cabeza ladeada, como si estuviera analizando cada una de tus palabras tratando de decidir los pro y los contra de cada caso.
— Ninguna de las dos partes puede ofrecernos grandes situaciones, sin embargo en tu mirada y tus palabras puedo notar la sinceridad que tienes en el corazón. Eres un hombre noble, Weasley. — De pronto la conversación se vio interrumpida por un gran revuelo en las afueras del campamento.
Agnes y tú caminaron velozmente hacia el lugar para encontrarse con que al menos diez hombres de aspecto salvaje rodeaban a un hombre pelirrojo de complexión musculosa y aspecto rudo que sin embargo tenía las manos alzadas en gesto de paz.
— ¿Qué sucede? — preguntas autoritario, y aunque muchos allí no confían en ti se quedan callados y voltean a mirarte. Quedándose sorprendidos al notar quien es tu acompañante.
— ¿Te atreves, Jefferson, a apoyar al hombre que mato a tu padre? — Agnes alzó la barbilla desafiante y sus ojos brillaron con reto cuando miro a quien le hizo esa pregunta.
— No es de tu incumbencia a quien apoyo o no, Watson. Tengo la edad y la autoridad suficientes como para no tener que responder tus preguntas estúpidas. No te atrevas. Ni te atrevas tampoco a cuestionar mis decisiones, como bien sabes es mi padre quien murió y estoy segura de que él sabía muy bien cuál era su destino. Ahora puedes explicarme qué demonios paso.
— Este mago se atrevió a entrar en nuestro territorio, y bien sabes que eso no está permitido. — Ahora todas las miradas se giraron al pelirrojo que miraba a su hermano.
— Charlie, ¿Qué sucede? — Los hermanos Weasley se miran el uno al otro. No es el mejor momento para hablar. — Habla, Charles, no tenemos mucho tiempo.
— Una mujer gravemente herida fue dejada en las afueras de la reserva de dragones, Bill. No estoy seguro de conocerla ni saber quién es, pero ha estado repitiendo nuestro apellido en medio de una especie de delirio. Mande a llamar a Remus y él vino enseguida, luego de verla me mando a buscarte… No se mas.
— ¿Qué tan herida?
— Seguramente Cruciatus repetidos durante un lapso corto de tiempo y otras maldiciones cortantes que han provocado una enorme pérdida de sangre. Tiene la respiración muy débil y está delirando. — Volteas a mirar a Agnes y la ves con la mirada preocupada.
— Debo irme, pero intentaré volver en la noche. — Ella cabecea en señal afirmativa y tú sales del campamento a paso rápido junto a Charlie.
Atraviesas el bosque totalmente seguro del camino que tomas y vas caminando tan rápidamente que Charles se ve obligado a trotar para alcanzarte. Pero eso no importa ahora. Es necesario llegar a la reserva.
Cuando ya están en la puerta de la cabaña de Charlie te encuentras con la mirada dorada de Remus, quien te mira directamente.
— Es la chica con la que hablaste en el Caldero Chorreante. Antes no la reconocí, pero ahora sí, es Pansy Parkinson, estudiante del mismo año que Harry y Ron, Slytherin. — Una gran mueca de desconcierto inundó tus facciones.
— ¿Es una Mortífaga?
— No tiene la marca, además pude extraer algunos de sus recuerdos… Fue Quien-Vosotros-Sabéis en persona quien la torturo de esa manera. Tiene suerte de estar viva.
— ¿Está dentro? — Remus asiente y tú te apresuras a entrar.
Pansy está recostada en la cama de tu hermano, tiene la respiración débil y la piel demasiado pálida para ser normal, sigue siendo hermosa y te sigue atrayendo de la misma manera que las veces anteriores; sin embargo, en contraparte a la excesiva aura de sensualidad y sex appeal que irradiaba en la taberna de Tom, ahora parece más una muñeca desvalida y sin fuerzas para nada.
— ¿Qué haremos con ella, Remus? — Pregunta Charlie, bastante preocupado mirando a la chica.
— Aún no lo decido — Lupin paseaba su mirada de ti a ella alternativamente.
— Llevémosla al cuartel, si es verdad que el mismo Señor Oscuro la torturo es claro que no representa un peligro. Seguramente su padre o su madre estén en las filas de los Mortífagos y se hayan equivocado en algo, y entonces ella haya pagado esos errores. — Los otros dos hombres asintieron de acuerdo con la última explicación.
— Pero no puedo llevar una persona al cuartel así como así, Bill. No sería precavido. — El pelirrojo bufó.
— De acuerdo, entonces yo mismo me haré responsable si algo sale mal. Solamente llévala a casa de Muriel.
¡Hola! Merlín, sé que prometí una actualización al mes, pero espero que la longitud de este capítulo los recompense por tan larga espera.
Comencemos con las buenas noticias... ¡El fic quedó tercero como mejor long fic de drama en los Dramione Awards! Así que MUCHAS GRACIAS. También Draco quedó en tercer lugar como mejor villano. En serio, en serio, GRACIAS!
Sólo me queda agradecerles por los reviews del capítulo pasado. ¡17! WOW... Gracias a: elvis cochitto, dracoforever, Nanis88arg, patty 15 (espero que esto responda si puedo actualizar xD), Abytutis, Oschii, AlexiaRiddle, ILSly, jesica-haruzucha-griffindsly, Basileya, LemonMind, azu23blood, Maggie Night, welovemorris, LadyCarne-3 y Linok.
Les dedico este cap a cada una de ustedes, por apoyarme y hacerme saber lo mucho que les gusta lo que escribo.
Por cierto, ¿qué les parece Agnes? ¿Les gusto? Pronto en la página de FB les subiré imágenes de ella y otros personajes. Si no la conocen pongan en el buscador de Facebook "El placer del dolor D&H" y debería salirles la página.
Originalmente esto iba para más largo pero luego pensé que sino no podría decirles nada en el cap 10, así que lo dejé ahí. Ya veremos la otra parte cuando la tenga terminada.
Hasta la próxima!
Ceci.
