Nota al final del capítulo.

Banda sonora: Trap de Henry Lau & Breathe Me de Sia.

Disclaimer: personajes de Rowling


El placer del dolor

Capítulo 12: Análisis interno.

Estar frente a frente con Voldemort y salir intacta de ese encuentro puede hacer que cualquier persona sienta que está equivocada al decir que tiene suerte.

Sí, sí la tiene simplemente por no ostentar ningún rasguño físico. Psicológicamente, eso podemos cuestionarlo.

Por eso, cuando Bellatrix Lestrange la deja en el cuarto en el que duerme desde que Malfoy así lo dispuso, Hermione se dedico a dejar vagar la mirada por cada rincón, esperando inconscientemente que el rubio apareciera con la varita en mano y una serie de maldiciones en la punta de la lengua. Cuando se hizo evidente que eso no sucedería, dejó que el aire que no sabía que estaba conteniendo saliera por su boca para así comenzar con el proceso básico de respirar.

Inhala... Exhala... Inhala... Exhala.

Una vez reactivada una función tal vital y con el oxígeno entrando en sus pulmones lo único que queda por hacer es pensar; y así lo hace.

Obviamente lo dicho por el mago oscuro tenía que ser parte de una trampa para que ella dijera todo lo que sabe sobre Harry y la búsqueda de Horrocruxes; esa idea le dio unos preciados momentos de calma entre toda esa vorágine de hechos confusos y esa sensación de desorientación tiempo-espacio, haciendo que se sintiera segura ya que ella no podía haber delatado a su mejor amigo ni a nadie de la Orden.

Pensar en Harry y la Orden la lleva, inevitablemente, a pensar en Ron. Ron, su otro mejor amigo, Ron quien tanto le gustaba, Ronald el celoso y posesivo, el chico inseguro y amable, el explosivo. Aquel que cuando se desapareció de la tienda de campaña en los momentos previos a Navidad le dejo un vacío inexplicable; el joven que tras varios dolores de cabeza, incontables peleas y algún que otro llanto comprendió que amaba.

El hombre con el que quería casarse; quien se suponía sería su primer beso y su primera vez... Quien ya no tendría ninguna de esas cosas.

Malfoy se había encargado de arrancarle toda la inocencia de sopetón; no necesariamente la inocencia del tipo infantil, sino aquella que nos hace creer que las cosas van a mejorar y que, de alguna u otra forma, saldremos indemnes. Gracias a Draco ella ya no tendría la oportunidad de no salir lastimada; su cuerpo, su mente y su alma pagaban día a día el alto costo de una guerra violenta y silenciosa que recién en el último año salió a la luz.

Una súbita imagen de Draco ofreciéndole su varita la ataca con fuerza. Pronto más y más escenas se hicieron nítidas para ella; sus propios recuerdos volviendo. Los pensamientos en los frascos, el trato con Malfoy, el hechizo; absolutamente todo.

Curiosamente, el recuperar lo pasado el día anterior le hizo pensar que todo era una pérdida de tiempo. Ahora que puede utilizar su lógica nuevamente de forma correcta se da cuenta de que es más que probable que Voldemort los descubra; lo que hará que, al menos ella, esté muerta en un abrir y cerrar de ojos.

Quizás, con un poco de suerte de su lado, todo fuera diferente.

Diferente no de la manera en la que sueñas con que te dejan ir así como así; no de la forma en la que sabes que todo acabará bien y harán como si nada pasara. No. No así.

Pero, si consigues llegar un punto medio de entendimiento con tu captor; si te pones en su lugar y concluyes que de alguna manera todo se reduce a las actitudes que ambos han tomado en el pasado, si logras eso, entonces puedes sentirte a salvo.

Psicológicamente no es posible calcular los daños que una guerra puede dejarle a una persona. Se puede, sí, tener la idea no tan equivocada de que en algún momento, secuestrada y secuestrador llegarán a un acuerdo de colaboración mutuo.

¿Cómo puedes ayudar a alguien que te humilla, te repudia, te tortura y veja de todas las maneras posibles?

Puedes hacerlo porque, quieras o no, en tu interior se hace la imagen de que todo es tu culpa. Es culpa tuya que estés metida allí dentro, encerrada. Es tu culpa ser quien eres, apoyar a quienes apoyas, luchar por lo que luchas.

Es así lo mires por donde lo mires.

Nada lo hará cambiar.

Pero algo puede cambiar en ti si estás contra la espada y la pared. Cuando todo lo que te protegía no está a tu alcance; cuando tu peor enemigo es tu mayor seguridad. Cuando tienes miedo de todo, menos de él.

Ahí es cuando el mayor cambio se produce.

Es cuando te das cuenta de que en tu interior algo es diferente; que cambiaste, que ya no eres quien eras.

Es cuando el mayor dolor te produce el más inconmensurable placer.

Te encuentras inquieta deseando que esos ojos de color mercurio aparezcan aunque solo sea para maldecirte. Tan ansiosa por verlo, por sentir esa cruel seguridad que palpas cuando está a tu lado de alguna manera.

Nerviosa, con las manos revueltas y el temor a flor de piel.

Sin embargo, algo muy dentro de ti te dice que eso no es lo normal; que no deberías desearlo de esa manera, que esa no eres tú. Pero al mismo tiempo es tanta la necesidad que no puedes evitar pensarlo, evocar su imagen en tus recuerdos y ponerte a analizar cada año que ha pasado desde que lo conoces.

Buscas aumentar aún más tu culpa al recordar que en primero nadie que no fuera de Slytherin le dirigía la palabra; recuerdas cuando en segundo Harry, Ron y tú creyeron que había entrado como buscador del equipo de Quidditch por comprar el puesto y no por verdadero talento; vuelves a vivir el momento en el que le diste un puñetazo en el tercer año y crees que en ese momento lo humillaste, a los trece años, cuando la adolescencia está en todo su apogeo y la personalidad comienza a formarse. Llegas a creer firmemente que parte de todo lo que recibes ahora, los golpes, las veces en las que él se apoderó de tu cuerpo y la violencia es una respuesta a cada humillación de tu parte.

Recuerdas el cuarto curso, cuando se encontraron en el mundial de Quidditch, también el quinto año en el que su padre terminó en Azkaban cuando los atraparon en el Departamento de Misterios; el sexto año cuando tuvo que hacer entrar a los Mortífagos en el colegio.

Cada momento en definitiva parece una respuesta a cada una de las acciones que diste en el pasado.

Acción, reacción.

No te planteas en ningún momento la pequeña posibilidad de que él haya tenido el poder de decidir una vez que cumplió los 15.

No.

En cambio, prefieres pensar que Draco Malfoy tiene un atisbo de humanidad en su interior. Quieres creer que te trata diferente a lo que haría con otras prisioneras; deseas imaginar que eres especial. Que él te ve de una forma distinta.

Pero, ¿para qué seguir engañándote? Sabes que te odia, siempre lo ha hecho. No va a cambiar su forma de pensar porque tú colabores, porque lo defiendas o porque te comportes como él y todos en ese lugar esperan.


Lo que más necesitas en esos momentos es dormir y pensar. Dormir, porque había tenido el día más agotador en mucho tiempo; estúpido, iluso, si creyó que podría engañar a Lord Voldemort con un simple encantamiento de magia negra.

Era como querer decirle una mentira a un estafador profesional. Obviamente ibas a terminar jodido.

Y no en el sentido disfrutable de la palabra.

Pero por el momento lo mejor que puedes hacer es descansar. Te espera un día, con su respectiva noche, largo. Sólo el pensar en todo lo que vas a tener que hacer te deja exhausto.

Caer desmayado parece ser la mejor opción si quieres conciliar el sueño.

La mejor opción porque no la involucra a ella.

Siendo completamente sincero contigo mismo, algo muy poco visto en alguien como tú, tienes que admitir que lo único que actualmente te mantiene en pie es el pensar en que, por las noches cuando la mansión por fin queda vacía, puedes acercarte al cuarto de tu prisionera favorita y observarla dormir.

Siempre con un hechizo desilucionador encima, por las dudas.

Así, has podido aprender que Granger parece pensar incluso en sus sueños; frunciendo el ceño cuando algo que sueña no le gusta; o que siempre duerme de costado; o que más de una vez tu nombre escapo de sus labios en lo que parece una súplica por su libertad.

Lamentablemente no puedes dejarla ir; aunque quisieras.

Has desarrollado un fuerte vínculo con ella, un pacto silencioso en el que si ella te ayuda y te permite, tú podrás ofrecerle lo que necesite. Siempre que esté a tu alcance. Es como si nada pudiera salir adelante a menos de que ambos trabajen juntos para conseguirlo.

Y posiblemente así sea.

El punto es... ¿qué quieres lograr exactamente? ¿De veras puedes trabajar en equipo con una persona a la odias desde que la conoces?

No... Claro que no.

No puedes hacerlo porque eso incluye el admitir algo que nunca será, aceptar que Hermione Granger se ha convertido en tu mayor obsesión. Que ella te importa aunque sea en una medida mínima.

Y tú necesitas concentrarte en tu venganza y en obtener más información sobre la Orden del Fénix.

O tal vez sólo necesites liberar algo de la carga que llevas sobre tus hombros.

Desvías el camino que pensabas tomar a tu dormitorio y en cambio te diriges a buscar a tu confidente; la única persona en la que confías plenamente porque pese a que ella es una maestra de la simulación igual que tú, la conoces como nadie.

Pansy es casi como una hermana siamesa que nació en diferente mes pero en el mismo año. Han compartido toda su vida juntos y no hay una persona que pueda entenderte y aconsejarte mejor que ella.

Más que tu amiga, es tu pilar.

Cuando se hace inaplazable el tener una conversación con uno mismo, pero en voz alta y en perspectiva, ella es justamente la persona a la que suele recurrir. Y él agradece el apoyo constante e incondicional que su amiga le da; teniendo en cuenta que en esos tiempos no es nada sencillo.

Afortunadamente el cuarto de Pansy está solo a unas cuantas puertas del suyo, pero cuando va a golpear la puerta la voz de Blaise lo detiene.

-Pansy no está, Draco.- Te volteas, bastante confundido por lo que tu moreno amigo te dice. En el fondo desconfías de su palabra, Blaise Zabini es un adolescente bastante posesivo con lo que considera suyo; y ella es de su propiedad no proclamada.

Pese a que Zabini es su amigo y sabe que puede contar con él, Draco es consciente de que el moreno no confía prácticamente en nadie; la vida le ha enseñado a que todos pueden abandonarte o apuñalarte por la espalda en el momento en el que menos te lo esperas. Crecer sin una figura paterna fija, ver como su madre cambiaba de marido y vivir con una fama que no era suya, lo habían marcado de por vida.

La vida de Blaise no había sido para nada sencilla, a pesar de que su madre siempre se ocupo de darle todos y cada uno de los caprichos que se le ocurrieran, algo que ocurría bastante a menudo, debido a que tendía a rellenar el espacio vacío que la falta de un padre le provocaba con excéntricos juguetes y berrinches. Pero remontándose a la infancia, cuando Draco lo conoció, el moreno era mucho más introvertido de lo que se mostraba actualmente. Sin duda ir al colegio había provocado un cambio positivo en la vida de Zabini.

-¿Y dónde está tu chica entonces, Blaise?- Los ojos verdes, tan audaces, se voltean y con un gran bostezo te responde.

-En alguna misión ultra secreta como la tuya, de esas de las que nadie sabe pero todos rumorean.- Entornas los ojos, captando la indirecta. Sabes que desde que tuviste aquel episodio en el que tanto él como Theo te vieron fuera de control no te perdonan que no les hayas contado en que consistía exactamente tu tarea con Granger.

-No me jodas, Zabini.- En esos momentos necesitas un escape, no un sermón.

-Que ya estés jodido no es problema nuestro, Malfoy.

La apremiante necesidad de liberar la carga sobre sus hombros te lleva a hacer grandes estupideces como la de ese momento; donde te lanzas sobre uno de tus mejores amigos de la infancia y le asestas un puñetazo que lo desequilibra por completo. Y como suele suceder en esos casos, el moreno no se quedo tan quietecito como una estatua, sino que te devuelve el golpe, incluso con mucha más fuerza.

Draco se tambalea; aparentemente tomado por sorpresa, y vuelve a lanzar otro golpe que esta vez da en el estómago de Blaise, dejándolo sin aire. El moreno se dobla sujetándose la parte afectada, y luego cuando vuelve a embestir lo hace con todo el peso de su cuerpo, corriendo hasta donde se encuentra el rubio y tirándolo al suelo; Zabini queda entonces encima de Draco y tomándolo del cuello le susurra, amenazante.

-Escúchame, Malfoy. Eres mi amigo, desde que te conozco, pero si te comportas como un maldito idiota no voy a poder ayudarte; ni yo ni nadie. Así que sea cual sea tu problema, puedes buscarte un sanador que te ayude, o una mascota que te alegre... Solo no la pagues con nosotros, que ya bastante hicimos.- Los ojos verdes se ven serios, pero Draco puede distinguir que pese a todo su amigo está preocupado por él. Y probablemente tenga buenos motivos para hacerlo.

Sin embargo, su orgullo es más fuerte de lo que puede aparentar.

Con un manotazo se lo saca de encima y le espeta:

-Esos son mis problemas.

-Siempre que no interfieran en nosotros, serán tuyos. Pero cuando "tus" problemas se meten entre el grupo, entre tus amigos, entonces no es así. Y lo peor es, Draco, que no te das cuenta.

-Nadie les dice que se interpongan, Blaise. No les pido que se preocupen por mi.

-Jódete, Malfoy. Si no quieres ver que nos preocupamos por ti porque eres nuestro amigo, entonces puedes irte al demonio.- Muchas veces la amistad verdadera está infravalorada y se puede creer que, simplemente por conocer una persona desde niños se tiene un amigo leal e incondicional. Pero no es así, la amistad es algo que se gana con el tiempo; a base de paciencia y conversaciones, momentos compartidos y experiencias buenas o malas que hayan pasado. Eso ocurrió con Draco y Blaise.

Les llevo su tiempo acostumbrarse el uno al otro; siendo los dos tan consentidos y malcriados. Pero fue esa soledad que les provocaron sus padres, tratándolos de forma fría y distante, lo que los unió. Hogwarts solo afianzó el lazo.

La guerra así como lo fortalece, también lo pone a prueba.

-Mira, Blaise, necesito hablar con Pansy... Y no estoy como para que me digan que no está, así que exprime tu cerebro y dime donde se metió tu chica.- El moreno suspiró, sabiendo que volvería a discutir con Draco por no saber.

-Que no se, Draco.- El mal humor que lo aqueja desde la desaparición de Pansy hace que pronuncie cada palabra con una rabia incalculable. Ella, que siempre ha sido el pilar de los tres, desapareció de repente. Y aunque Blaise no miente cuando dice que sospecha que Parkinson está en alguna misión, no lo sabe con total seguridad.

...

...

...

...

Vas caminando por el pasillo con rumbo al cuarto de Draco para poder saber, de una vez y por todas, que fue lo que sucedió con Granger en esa celda tiempo atrás; cuando te resulta inevitable escuchar la discusión que mantiene con Blaise.

Es un gran problema que el rubio sea tan malditamente cerrado y que solo se abra ante Pansy, quien parece tener el don de hacer que todos puedan confiar en ella y le cuenten hasta el secreto mejor guardado.

Niña manipuladora.

Sientes el sonido de los puños chocando y sabes, más que ves, que están liándose a puñetazos; personalmente crees que es una mierda que no tengan otra vía de escape más que esa, sobretodo porque cualquiera de los cuatro tiene una historia mucho más profunda de lo que aparenta.

Tú por ejemplo; has tenido bastante siendo el niño introvertido del colegio, siempre resguardado por ti mismo y sin hablar con nadie más de lo necesario. No es tampoco como si disfrutaras de matar personas por deporte, pero sueles tomarte la muerte con una ligereza que muchas personas consideran insensible.

Eres así porque sabes que todos van a llegar al mismo punto de no retorno en donde la vida se termina, algunos antes y otros después, pero siempre la muerte es el final.

Suspiras cuando volteas en la esquina y te encuentras con tus dos mejores amigos mirándose como si quisieran matarse. Los ojos verdes de Blaise echan chispas de la pura rabia que le causa el no saber nada de Pansy, mientras que los grises de Draco se ven atormentados por toda la carga que seguramente lleva sobre sus hombros. Carga que sabes es pesada y amenaza con sobrepasarlo, pero de la que ni tú ni nadie tiene la culpa.

Es cierto que por los errores anteriores de Lucius es Draco quien está en problemas ahora; sin embargo, fue la decisión de Draco creer absolutamente todo lo que le inculcaron como una verdad universal. Esa fue una de sus opciones y él la escogió como la mejor, así que ahora no podía culparlos de nada.

Pasara lo que pasara; no era su asunto.

-Linda conversación…- Ambos se voltean al escuchar tu voz y te miran, tomados por sorpresa.- Es una pena que me excluyan.- A pesar de que Malfoy parece dispuesto a asesinarte a base de crucios, él solo se limita a responderte de malas pulgas.

-Necesito a Pansy…- Su tono de voz demandante penetra en tus oídos de una forma aún más irritante que de costumbre. Y es que siendo completamente sincero, el rubio puede llegar a ser insoportable cuando se lo propone.

-Como ya te dijo Blaise, Pansy está en una gran y secreta misión. Aunque supongo que mas temprano que tarde vas a tener noticias suyas.- Él te mira con los ojos convertidos en rendijas como si quisiera matarte, pero no te importa. No estás de humor para soportar sus idioteces.

Draco puede tener sus propios y complicados problemas, nadie lo niega ya que la situación con el Lord es bastante complicada para toda la familia; y esa estúpida presión recae directamente en él, pero eso no justifica que sus malos tragos tengas que soportarlos tú o Blaise. De ninguna jodida manera.

Malfoy no se hace responsable de ustedes, ¿por qué tendría que ser al revés?

Si bien es cierto que la desaparición de Pansy es algo que a ti y a Zabini los tiene particularmente tensos y se preocupan por ella ya que es como su "niñita", el hecho de que Draco parezca una bomba de tiempo sensible a los movimientos amenaza también con rebasarlos y, en términos coloquiales, sacar el lado salvaje que como animales llevan dentro.

Cosa que puede acabar en catástrofe.

Tus ojos azules chocan directamente con los grises de tu amigo y puedes observar en ellos la preocupación latente que lo carcome, por mucho que él se esfuerce en negarlo.

Allí, en ese pasillo y en ese momento, algo en tu interior te hizo darte cuenta de que a todos les encantaría volver a aquella época en la que creer las palabras de sus padres era lo mejor; cuando la consciencia aún no tenía ni forma en sus mentes todavía y lejos estaban de esa realidad oscura que ahora los rodea.

Cuando jugar al quidditch con las mejores escobas se consideraba la mayor preocupación del día y nadie se imaginaba que la guerra volvería a estallar.

-Ella estará bien, Draco.- Escuchas la voz de Blaise y lo miras, el moreno sigue con la espalda tensa, probablemente esperando otro ataque, pero es obvio que poco a poco está bajando la guardia.- Su familia no es mortífaga, pero son quienes más dinero han puesto en esto. El Lord no se permitirá perderla.

-Tú, Theo y yo sabemos que eso no es cierto. Para Nuestro Señor, todos excepto él somos prescindibles.- Los tres se quedaron pensando en esa fulminante y real frase, sumergidos en una oscura comprensión que les hizo darse cuenta, una vez más, de que estaban peleando en una guerra acompañados de compañeros y enemigos que no moverían un solo dedo por ellos.

Con suerte, la muerte sería el mejor final.

Draco principalmente dejó que sus recuerdos vagaran a lo largo de los momentos más importantes de su vida, observando como un mero voyerista cada uno de sus recuerdos mejor guardados. Reviviendo escenas que incluso él creyó olvidadas.

El primer día que compartió junto a toda su pandilla; Vincent, Gregory, Theodore, Pansy, Blaise, Daphne, Millicent, una pequeña y llorona Astoria y él mismo estaban reunidos en una sala de estar tamaño gigante en comparación con el diminuto tamaño de ellos, rodeados de ostentosos muebles, caros juguetes y mucho lujo. Nueve niños que a pesar de todo estaban mortalmente aburridos, vestidos con sus lindos y delicados trajes de etiqueta, tal como cada familia había acordado.

Una simple mirada había bastado para que todos lo supieran, permanecerían juntos siempre, a pesar de todo.

El siguiente recuerdo fue una infantil e idiota pelea con Pansy. Ella siempre fue una niña absorbente y caprichosa, ridículamente consentida, pero bastante sincera. Y él lo comprobó de primera mano cuando ella le dijo que era un "estúpido rubio cabeza hueca solo interesado en el Quidditch"; en el primer momento sintió deseos de golpearla por atreverse a hablarle de ese modo, pero cuando hizo el intento, la morena mano de su otro amigo Blaise se interpuso en su camino. Nunca entendió lo que sucedía hasta que creció y pudo darse cuenta de que el italiano siempre protegería a la pelinegra. Sobre quien fuera y como fuera.

Luego se vio inmerso en uno de esos momentos que marcan la vida. Tenían ya 15 años, salvo Astoria que recién tenía 13; todos formaban parte de la Brigada Inquisitorial y acababan de atrapar a Potter y sus amigos con las manos en la masa, o mejor dicho con la cabeza en la chimenea. El orgullo y la satisfacción se palpaban en el aire, como si el ego de cada uno estuviera flotando sobre sus cuerpos y se esparciera por toda la Sala Común de Slytherin; sin embargo, Blaise escapaba de toda esa euforia quedándose rezagado en el cuarto, Draco no lograba entenderlo.

Cansado, decidió que subiría a los dormitorios y hablaría con Zabini, pero nunca imaginó que iba a encontrarse con algo como eso. El moreno estaba sentado en el suelo de la habitación, las cosas de su escritorio estaban desperdigadas por doquier y encima de la cama, intacta de alguna extraña manera, se encontraba una carta escrita con una fina y pulcra caligrafía:

"Querido Blaise:

Tristemente te escribo hoy, hijo mío, con el motivo de informarte de las últimas y tristes noticias que pude saber acerca de tu padre.

Tal como me pediste, investigué sobre su paradero y fue así que obtuve información bastante vergonzosa, la cual te pido tomes con pinzas ya que según mi opinión carecen de veracidad. Sin embargo, creo fervientemente que tú necesitas desengañarte de alguna forma y entender mis motivos para alejarte de ese hombre que, suponiendo algo de lo que pasaré a contarte sea verdad, podría haber arruinado tu futuro como el chico brillante que eres.

A mis oídos ha llegado que actualmente, Biagio, vive en una descuidada y abandonada casona exactamente en la provincia de Imperia. Se rumorea que ha dejado perder todas y cada una de sus posesiones en diferentes apuestas y vicios que lo han llevado a la quiebra; debes saber, Blaise que yo no creo eso de tu padre. A pesar de que no lo conoces, y de que hace demasiado que yo no sé de él, tengo nítidos en mi mente sus rasgos y buenas costumbres. Con su cabello ensortijado y sus vivaces ojos verdes, tan iguales a los tuyos; sumando a eso sus excelentes modales y comportamiento, me cuesta creer tales cosas.

He averiguado también que su salud no es la mejor en estos momentos… Tal es el caso, que estoy dispuesta a viajar en tu nombre y buscarlo; ofrecerle la oportunidad de establecer una relación estrecha contigo y permitirle vivir bajo nuestro cobijo. Algo que ocurrirá solo si tú así lo deseas.

Me gustaría poder darte más información, hijo, pero es todo lo que tengo por el momento. Por favor, no permitas que esto te desanime y sigue siendo quien eres.

Con cariño,

Eleonor."

Draco masculló por lo bajo al terminar de leer, sabía de primera mano que su amigo había pedido a su madre que lo ayudara a encontrar a su desaparecido padre; pero nunca pensó que la famosa Señora Zabini accedería y mucho menos que le daría esa información a Blaise.

Ahora podía entender el motivo por el que el moreno parecía querer entrar en erupción interna y generar el primer caso de combustión espontánea sin necesitar siquiera una mínima chispa de fuego. Ofuscado se sentó al lado de Blaise y le puso una mano sobre el hombro, mientras que en toda su egolatría intentaba encontrar una frase medianamente adecuada que decir.

-Al menos ya sabemos que tu gusto por el brandy no está relacionado con tu linaje materno.- Pronunció al final, intentando aligerar el ambiente. Los ojos verdes lo miraron, incrédulos.

-Malfoy, sin ofender, pero el que toma brandy aquí eres tú.- La voz de Pansy se escucho, seguida de la carcajada de Theo y Daphne, la risilla tímida de Astoria, las inconfundibles pisadas de Crabble y Goyle y el nervioso golpeteo de Millicent. Draco sintió la vibración en la espalda de su amigo y lo miró, Blaise sonreía levemente.

-Nadie aquí es capaz de soportar demasiado alcohol en la sangre, pero gracias por hacer que mi miseria no sea solitaria.- Dijo entonces el italiano, Theo carraspeo.

-Vamos, todos somos igual de miserables. Y no tienes que creer ni una palabra de lo que tu madre diga. Preocúpate de no tener la cara de constipado que se trae Draco la mayor parte de las veces, eso algún día lo hará morir virgen.- Nadie fue incapaz de reír esa vez, y cuando Pansy se sentó al otro costado del moreno y apoyo la cabeza en su hombro, siendo rápidamente abrazada por los fuertes brazos, todos supieron que la noche sería larga, pero que estarían juntos…

-¡Malfoy!- El grito en su oído lo despertó de su ensoñación, para enfocar la vista en los dos pares de ojos que lo miraban.

-Síganme.- Soltó, haciendo un gesto leve con la cabeza y cambiando su destino hasta su cuarto. Desconfiados, Nott y Zabini caminaron tras sus pasos y una vez que estuvieron dentro cerraron la puerta. Fue allí cuando recién entonces Draco se volteo y los miró. Camino hasta llegar a su armario y una vez que rebusco entre todas sus camisas y túnicas, saco una botella de fuerte y añejado brandy.

-Hace unos dos años atrás, nadie soportaba el alcohol. Hoy, ninguno de nosotros seguiría en pie sin él. Y aunque nuestro grupo no puede estar totalmente reunido, vamos a recordar todos los momentos que pasamos. Aún si eso significa multiplicar la mierda en la que estamos metidos.- Theo y Blaise asintieron, poniéndose cada uno donde más cómodo estuviera. Draco se sentó en el escritorio, mientras que Theo se tiraba en uno de los sillones individuales y Blaise se acostaba cuan largo era en el piso.- Por la guerra.- Dijo cínicamente el rubio, simulando con la botella que brindaba. Los otros dos imitaron el gesto con sus manos.

En un pacto silencioso permanecieron callados, solo pasándose el espeso líquido metido en la botella de vidrio durante al menos una hora, vaciando sus mentes de todo y solo pensando en ingerir más y más brandy. Pronto la primera botella se encontraba vacía y tirada por algún lado del cuarto, mientras que Draco volvía a sacar más de su armario.

Ellos siguieron, y recién cuando tenían los sentidos podidamente embotados y adormecidos, fueron capaces de volver a hablar. Y como siempre, fue Zabini quien inició la conversación.

-Draco, sé que tienes una misión de la que no puedes hablar, pero créeme cuando te digo que sería interesante saber como fue que terminó Hermione Granger metida en tu casa.- Los ojos grises lo miraron, procesando lentamente lo que escuchaba.

-Los carroñeros atraparon a la comadreja, la santurrona y a Potty.- Sus amigos abrieron los ojos, sorprendidos.- Para desgracia nuestra, lograron escapar, todos menos Granger. Es nuestra prisionera más preciada ahora.- Ellos asintieron, comprendiendo. Entonces, Theo recordó la celda y la mesa de torturas.

-Cuando te deje con ella en esa sala, la torturaste, ¿no es así?- Draco negó.

-En un principio era mi idea, torturarla hasta que decidiera hablar, pero cuando iba en el camino cambié de opinión. Le dije que debía responder si no quería que yo lo hiciera.- La última frase la pronunció en un susurro, al mismo tiempo que Theo y Blaise notaban que la mirada se le enturbiaba.- Pero ella se negó a decir ni una palabra. Y no tuve más opción…

-Draco…- Comenzo a decir Theodore, pero el rubio lo interrumpió cuando habló sin escucharlo.

-La viole. Y luego me sentí la peor mierda del mundo.- Sus amigos lo miraron preocupados, entendiendo así el motivo por el que Draco estaba tan necesitado de Pansy.- Y lo que más me repudia es que lo disfruté, y luego, cuando volví a hacerlo obligándola con la poción que inventé, fue jodidamente peor. Me sentí en las nubes y ni siquiera evité correrme dentro de ella. Sé que si me pongo a recordarlo voy a excitarme…

-Detente, detente.- Habló Blaise. Su mirada se había oscurecido y veía a su amigo algo preocupado pero con comprensión.- No voy a negarte que seas una mierda de persona; todos lo somos, la cuestión es aceptarlo y tú ya lo has hecho. No debes pensar demasiado en ello.- El rubio abrió la boca para replicar, pero Zabini negó con la cabeza.- Es una mujer, después de todo. ¿Qué esperabas? ¿Sentir asco? Por Merlín Draco, es cuestión de la naturaleza…Quizás no seas un santo, y no, no debiste hacerlo, nunca. Pero en estos momentos tú tienes la ventaja y supiste aprovecharte de ella. Es una guerra, y bien se dice que en la guerra y el amor todo se vale, ¿no? Esto no te hace mejor, pero no eres el primer hombre que ha violado a una mujer.

Malfoy lo miró, igual de borracho que antes, pero agradecido por decirle esas cosas. Sabía que Blaise tenía razón, y sabía que sentirse aliviado por unas pocas palabras no cambiaría lo que había hecho, pero era bueno para él dejar se sentir esa opresión fuerte que le comprimía el pecho constantemente.

Con un leve gesto de cabeza agradeció a su amigo las palabras dichas y por primera vez en mucho tiempo se acostó sobre la cama dispuesto a descansar de verdad. No hicieron falta más de cinco minutos para que Morfeo lo arrastrara al mundo de los sueños.


Buscas a Remus por toda la casa de Muriel, esperando encontrarlo debido a que la necesidad de saber si hay noticias sobre Hermione está comenzando a desgarrarte por dentro; pero él no está en ningún lugar y a ti se te están terminando las opciones en donde buscarlo ya que intentas, por todos los medios, evitar tanto a Ronald como a Ginevra.

Al primero porque si te lo cruzas sin ninguna información que darle, seguramente te maldiga. Y la segunda porque no eres capaz de mirarla a los ojos y fingir que no sientes absolutamente nada por ella; no cuando te despiertas en medio de cada noche con el cuerpo clamando por tenerla cerca y darle un beso aunque sea una vez más.

Pese a que le explicaste antes de partir que todo era por su bien; para alejarla del peligro, Ginny no te la puso fácil. Ella busco de todas las maneras posibles hacerte cambiar de idea, pero, eso es lo único que no vas a modificar. No. No vas a ponerla en riesgo por mucho que la ames, lo mejor para ella es que sigan así.

Aunque eso signifique sufrir por dentro de solo tenerla tan cerca y tan lejos a la vez.

Suspirando desordenas tu cabello en un tic nervioso que heredaste de tu padre. ¿¡Dónde mierda se metió Remus cuando más lo necesitas!?

La frustración te invade, colmando cada molécula de tu cuerpo hasta que te vuelves incapaz de ver nada... Y, tal como pasa en esos casos, el karma aparece a joder la vida. Lo malo, es que no te das cuenta hasta que te lo chocas.

Literalmente.

¡PLAF!

Golpe contra alguien que termina en el suelo; te apresuras a disculparte, aún sin mirar quién es.

-Lo siento.- Dices, estirando el brazo para ayudar a quien permanece en el piso a levantarse.

-¿Harry?- Y ahí volvemos a la línea del karma. Jodido e inoportuno karma.

Podrías haber chocado contra cualquier otra persona, Luna, la Señora Weasley, Fleur, Muriel... cualquiera. Pero no, tú tuviste que darte de frente justo contra ella...

-Ginny, lo siento de verdad, iba distraído y...-

-¿Podemos hablar?- Te interrumpe. Y tú estás más que tentado a decirle que no, pero cometes el gran error de mirarla a los ojos. Sus ojos marrones y almendrados que tienen un brillo de tristeza y otro de ansiedad en ellos. Te detienes por unos segundos admirando sus labios también y luego observas su cabello pelirrojo; tan parecido al de sus hermanos pero tan diferente a la vez. Suspiras.

-Claro, vayamos a...-

-A mi habitación, Harry, no quiero que nos interrumpan.- Hubieras preferido negarte, decirle que no. Que esa no era la mejor solución; que existían otras partes igual de confortables e íntimas en esa casa como para hablar... Hubieras preferido hacerlo, pero Ginevra pasó por tu lado y siguió caminando sin parar y sin mirarte.

Ella avanzó por el corredor en forma contraria a la que tú ibas y luego atravesó el salón; donde casi todos los Weasleys estaban reunidos, tú la seguiste aún a pesar de eso, y pudiste sentir como cada una de las miradas se posaban en ti. Pero eso no te detuvo, y a Ginny tampoco.

Suben las escaleras con rumbo al segundo piso y se internan en otro pasillo, solo que esta vez hay muchas puertas a cada lado. Ella entro por una, la segunda a la derecha, y dejo la puerta abierta. Tú entras y la cierras lentamente. Entonces te quedas parado en el umbral y la miras.

Ella te da la espalda ahora, al tiempo que camina nerviosa de un lado a otro. Carraspeas, haciéndole notar tu presencia. Ginny suspira y se voltea, mirándote fijo.

-Gin, ¿de qué quieres hablar?- Atacar de frente siempre es lo mejor, o eso dicen. Tú no lo crees precisamente así... pero vistas las otras opciones, entre las que incluyes correr en dirección contraria, te decides por acabar eso de una vez y por todas.

-De todo y de nada, ¿curioso, no? Curioso que sea justamente yo quien tenga que buscarte a ti. Aunque debería estar acostumbrada, ha sido así desde que te conozco. ¿Por qué íbamos a cambiar la rutina justo ahora? Te lo diré: lo haremos porque por una vez en la historia necesitas escuchar los problemas de los demás y no hacerte la víctima por ser quien eres...

-Mis padres fueron asesinados por un maníaco que quiere matarme para terminar el puto trabajo y yo, ¿Me hago la víctima?

-¡Lo haces, maldita sea! Sin importar lo cruel que suene, tus padres YA están muertos. Acabar con Voldemort sólo va a conseguir tranquilidad para toda la comunidad actual. Quizás también te dé la venganza que tanto quieres, pero eso no va a devolvértelos, Harry. Ellos no van a volver.- Tus ojos se llenan de lágrimas conforme las palabras van abandonando la boca de Ginny; sabes que lo que dice es cierto, eres consciente en todos los niveles de eso, pero te es imposible el pensar que todo se debe a tu creciente y estúpida necesidad de ser el héroe.

-No hables de lo que no sabes, Ginevra.- Pronuncias, con la voz más fría que usaste alguna vez con alguien. La miras, tus ojos verdes perforándola, con unas ganas repentinas de causarle dolor por todo el que ella te causa al usar unas palabras tan crudas para dirigirse a ti.

-¿Que no sé? ¿¡Realmente me estás diciendo eso!? Eres un idiota, Potter. Pero uno grande.- Ella devuelve tu mirada, con más fuerza de la que te esperaste. Tiene los ojos brillosos por culpa de la furia que la invade y tú sabes que si no te maldice es porque no tiene la varita cerca.- Que no se lo que dice...- continua murmurando ella, caminando de un lado a otro.- Pues, ¿SABES QUÉ?- Explota, la cara le queda del mismo color que su cabello. Tragas en seco al verla así.- Sé MUY BIEN que son mis padres y hermanos los que pueden perder la vida por ayudarte, sé PERFECTAMENTE, que si tú no te cuidas te matan. Y te amo, por muy imbécil que seas te amo, así que no puedes venir a decirme que no sé lo que digo. No cuando la que puede perder todo lo que tiene soy yo.- Es difícil verla así y no sentir que todo tu interior se revela en tu contra. Tienes el corazón desbocado y respiras agitadamente aunque no hayas levantado la voz ni una sola vez.

Sabes que ella tiene razón, por Godric que lo hace. Cada una de sus palabras son ciertas y lo que más te carcome es que no puedes, no quieres, aceptarlo. Porque si lo haces vas a llegar a un punto de no retorno. Si tú aceptas sus palabras no vas a ser capaz de volver a separarte de ella. Vas a correr a sus brazos, la vas a abrazar y besar y ya no podrás soltarla nunca más.

Pero no es eso lo que tienes que hacer.

Bajas la cabeza, cierras tus ojos y dejas salir un suspiro. Sin mirar, simplemente guiado por tu tacto buscas el pestillo de la puerta y cuando lo tienes entre tus manos, la abres. Sigues sin ver, no quieres hacerlo, te niegas.

Antes de girar completamente para salir del cuarto, hablas.

-Lo siento, Gin, pero no es lo mismo. Puedes pedirle a tus padres y hermanos que no me ayuden en esto, y aún así lo harán, porque ellos solo quieren un mundo mejor para vivir. Cuando todo acabe, ellos tendrán su objetivo, y yo, con suerte, habré acabado con ese ser, y tendré mi venganza.- Tu tono de voz no se eleva en ningún momento, quieres que permanezca neutral.- Siento que me ames, y sé que no sonará bien, pero no lo hagas más. Olvídame, sigue adelante con otro que pueda darte todo lo que te mereces. Yo no puedo, y no quiero, hacerlo.- Levantas tus párpados para verla y te sorprendes al encontrarla tan cerca de ti, con lágrimas contenidas en sus ojos y sus labios entreabiertos.

-No puedes y no quieres hacerlo, ¿eh? Entonces, sólo tengo una última petición, ¿serás capaz de concedérmela?- Tragas en seco cuando notas que las manos femeninas se apoyan en tu pecho, justo sobre el lado izquierdo, donde está el corazón. Asientes, incapaz de hablar de repente.- Bien... Entonces, solo bésame una última vez.

El infierno se desata en tu interior cuando las dos partes más fuertes en conflicto chocan.

Por un lado te niegas rotundamente a besarla; hacerlo solo va a significar el desdecirte de todo lo que quieres mantener. Por el otro, tu cuerpo ruge por tenerla cerca otra vez; por sucumbir a la tentación de volver a probar sus besos y sentirte por unos breves instantes feliz.

Pero no, vas a negarte.

Abres la boca para responder pero al parecer tus neuronas se rebelan en tu contra y en vez de pronunciar una frase negativa, te impulsas hacia delante chocando su boca con la tuya con desesperación.

Pensando egoístamente te das cuenta de que tú necesitas la liberación que ella te proporciona. Ginevra es tu vía de escape para olvidarte de toda la mierda en que la que estás metido; ella siempre ha hablado claramente para ti, lo sabes y lo acabas de vivir; y es esa misma sinceridad aplastante la que te hace necesitarla.

Por el impulso, Ginny, da un paso atrás y tú aprovechas el momento para posar tus manos en su cintura, notando que sigue tan estrecha como siempre; dejas una de tus extremidades posada en allí, y enredas la otra en su pelo color rojo fuego. Dejas todo resquicio de suavidad de lado cuando ella muerde tu labio inferior aún sin cortar el beso y te vuelves dominante y posesivo en tus movimientos; la acercas a ti y sientes como ella te abraza por el cuello e inclina la cabeza en otra dirección, dándote mejor acceso.

Te dejas llevar por el momento, acariciando suavemente su espalda, sintiendo como se estremece entre tus brazos. Caminas a tientas por el lugar, llevándola contigo.

Todo tu cuerpo está en llamas en esos instantes, encendiéndose a cada paso que vas dando, sabiendo que ya no tienes vuelta atrás. No después de eso. Pero la forma tan apasionada en que Ginny te responde cada toque que le das, te hace saber que no eres el único que necesita un bálsamo en su vida.

Ginny golpea contra algo y abres los ojos para mirar qué es eso que te detiene en tu camino; el escritorio, ordenado perfectamente, te da la bienvenida. Gruñes desde el fondo de tu garganta al pensar en el objeto inanimado como un rival que no quiere permitirte llegar a tu objetivo. Pronto, sin embargo, lo tomas como aliado.

Alzas a Ginevra y la sientas sobre la superficie, recorriendo con tus manos sus piernas de arriba a abajo por sobre la ropa. Ella corta el beso cuando un corto y quedo gemido, que no hace más que encenderte, escapa de sus labios.

Provocativamente, te muerde el cuello y tú finalmente das por perdida una batalla que supiste que nunca ibas a ganar. A la velocidad de la luz, con un simple movimiento de varita, te deshaces de toda la ropa que los cubre y se quedan desnudos.

Las manos femeninas no demoran en anclarse en su espalda, apretando con más fuerza cuando llega a los glúteos. Tú jadeas cuando tu erección prácticamente brinca emocionada y te posicionas entre sus piernas para llegar a la gloria.

Ella inclina la cabeza hacia atrás cuando lo nota y cierra los ojos, la deseas más que a nadie, y lo que más te excita en esos momentos es que, por una vez desde que el fin comenzó, te sientes libre y en paz contigo mismo.

No piensas en nada que no sea tu sexo y el suyo rozándose tan íntimamente, dejándoles a ambos más que claro que ya no pueden echarse atrás. Ginny enreda sus piernas en tu cintura, acercándote más, y tú finalmente te impulsas hacia delante penetrándola de una sola estocada. Recién cuando sientes la fuerza con la que te muerde en el hombro es cuando te paras a pensar en que ella nunca antes ha tenido relaciones sexuales.

Intentas controlarte a ti mismo quedándote quieto para que ella pueda acostumbrarse a tu intrusión pero te resulta una tarea difícil; el placer que te colma obnubila cualquier otro sentimiento que puedas tener, dominando así tus acciones. Sin embargo, cometes el error de mirarla a los ojos durante un breve instante que es más que suficiente para demostrarte lo que ella siente en esos momentos en los que tú te sientes en la gloria.

Dolor.

Ginevra tiene la mirada empañada de lágrimas que intenta contener, al mismo tiempo que intenta inhalar aire profundamente sin conseguirlo. Por unos momentos, te sientes el peor hombre del mundo.

-Ginny...- Sientes que quieres hablar, pero todo lo que puedas decir te resulta tan inútil que no sabes por dónde o cómo comenzar.- Lo siento.- Pronuncias al cabo de unos segundos pensando sin encontrar nada válido y sincero. Ella sigue sin mirarte, solamente con la mirada opacada y la mente ocupada en contenerse. Al final, menea la cabeza en signo de negación.

-Salte... Has hecho demasiado por hoy.- Te mueves rápido, no queriendo provocar más traumas. Una vez libre, ella se apresura en buscar su ropa, toda acomodada mágicamente en la cama, y vestirse. No te mira ni te habla.

-Gin...- Ella voltea, te observa totalmente desnudo sin ningún pudor; incluso puedes notar el gran cambio que acabas de provocar.

-Realmente has hecho demasiado por hoy... Solo... No me busques.- Apresuradamente ella sale del cuarto, pasando por tu lado sin ni siquiera rozarte.

Ya solo te tomas el cabello con las manos, intentando comprender qué clase de idiotez acabas de cometer al permitirte llegar a ese punto de no retorno. Estrujándote el cerebro en busca de una respuesta que satisfaga tus tontas convicciones de héroe.

Sin darte cuenta de que la respuesta está al alcance de tus manos.

Caminando también hasta la cama, donde se encuentra tu ropa, te topas con el espejo de cuerpo entero que está en un costado. Curioso te paras en frente observando primero tu espalda, notando que el escozor que sientes es producto de unos arañazos que dejaran la marca unos días. Luego ves la marca en tu hombro, por donde se nota apenas un hilillo de sangre; observando tu rostro notas las pupilas dilatadas y los labios rojos e hinchados. Y mirando más abajo te das cuenta de que hay también un rastro de sangre más grande en tu miembro.

Cierras los ojos insultándote mentalmente. Que no hayan tenido sexo no niega que, obviamente, la penetraste. Lo que implica que le sacaste la virginidad y explica la sangre.

"Muy bien, Harry, te mereces el premio al imbécil del año."

...

...

...

Caminas directo a cualquier lugar en el que puedas esconderte el tiempo suficiente como para tranquilizarte a ti misma; vas sin ver realmente, ignorando las preguntas de tu madre, esquivando a Luna y Dean.

Sales al patio de la casa de Muriel ya con las lágrimas bajando por tus mejillas y sin pararte a pensar en nada corres rumbo al bosque. Te olvidas de que la zona protegida no abarca ese lugar y te internas en las profundidades negras que el paisaje te ofrece. Es una noche oscura y tranquila.

Eres incapaz de notar el frío colándose en tus huesos o cualquier otra cosa. Solo sientes un dolor punzante en la entrepierna y la humillación colmando cada parte de tu cuerpo.

¡Maldito fuera el grandísimo y elocuente Harry Potter!

No sólo se atrevió a volver a decirte que lo olvidaras, sino que en su toque dominante te dio un motivo más para seguir luchando por él. Una razón para seguirlo amando.

¿Cómo podrías dejarlo ir? No... directamente no eres capaz de hacerlo.

Es el hombre con el que has soñado casarte y formar una familia desde la más tierna e inocente infancia; siempre fue tu héroe y siempre dijiste a quien quisiera escucharte que te casarías con él, la mayor parte de las veces tus hermanos mayores solían reírse de ese tipo de comentarios. Todos parecían haber olvidado que algún día ese legendario bebé tendría que ir al colegio y por ende podrías verlo en los pasillos.

Cuando Ron se convirtió en su mejor amigo, lo atosigaste a preguntas hasta que te respondió, y cuando lo viste aquella primera vez en tu casa quisiste que la tierra se abriera en dos mitades y te tragara, con el paso del tiempo dejaste de ser la niña introvertida en su presencia para hacerte notar. Aún sin saberlo.

Y cuando hace un año Harry te beso en pleno festejo por haber ganado la copa de las casas, te sentiste completa y realizada. Comenzaste a creer que poco a poco tus sueños se harían realidad y así serías feliz. Fuiste ingenua y por eso tus fantasías se derrumbaron.

La guerra estallo en todo su apogeo y Voldemort ganó una batalla demasiado importante para todos, la vida de Dumbledore. A consecuencia de eso y de una estúpida misión, Harry termino contigo en pos de "protegerte".

Te negaste durante un buen tiempo, diciendo que irías con él a donde fuera, pero su decisión fue implacable. Así, decidiste demostrarle que nada podía hacer para cuidarte de un peligro en el que también eras objetivo principal. Re armaste el E.D con la ayuda de Neville y Luna, combatiendo de esa forma el reinado que los hermanos Carrow tenían dentro del colegio.

Irrumpiste en la oficina de Snape e intentaste robar la espada de Gryffindor, demostrando segundo a segundo que no solo eras una digna representante de tu casa, tu familia y tus ideales. Hiciste todo queriendo que llegara a oídos de Harry, estuviera donde estuviera, para que supiera que eras digna de él.

Y entonces ellos volvieron. Trajeron consigo a Luna, Dean y Ollivander, quienes estaban prisioneros en la mansión de los Malfoy. Para desgracia de todos, Hermione quedo capturada y Dobby estaba muerto. Pero para alegría tuya, Harry estaba de vuelta.

Toda la emoción volvió a desaparecer cuando te diste cuenta de que él estaba esquivándote, sin darte la oportunidad de preguntarle cómo había estado y qué tal iba la misión. Entonces allí entró en juego tu propio orgullo y enfado; ya que, como todos en la Orden, esa guerra no era solo suya. Tú tenías el mismo derecho de saber como estaba todo.

Por eso decidiste jugar su juego e ignorarlo, empezaste a encerrarte en tu cuarto y a comer solamente acompañada de tu rubia amiga. Intentaste ayudar lo más que podías en la casa, escuchaste y soportaste las historias de tu tía, aprendiste cosas de Fleur y su relación tu hermano Bill, y también viviste el embarazo junto a Tonks.

Seguiste lo más tranquilamente que podías con tu vida. Y justo cuando pensaste que todo había acabado y cada uno tendría la oportunidad de seguir adelante y sobrevivir en esa guerra de diferentes maneras.

Y entonces, te chocas de frente con él, dándote la excusa perfecta para decirle todo lo quieres por, al menos, última vez. Y lo haces, discutes y le gritas que no es precisamente él quien tiene todo en juego, sino tú. Luego, con una mezcla de melancolía y furia le pides que te bese solo una vez más. Y él lo hace, y todo tu interior se enciende ante cada toque.

Inexplicablemente, cuando sientes el punzante dolor atravesarte toda la pasión que te consumía desapareció. Solo pudiste pensar en alejarte de él y contener las lágrimas. Te sentiste traicionada ya que creíste, ilusamente, que Harry sería más cuidadoso contigo por ser tu primera vez. Cuando no fue así, pensaste y sentiste que él había olvidado quien eras y eso te dolió aún más que cualquier sufrimiento físico.

Por eso te alejaste, corriste y huiste. Por primera vez en seis años, eres tú quien quiere alejarse de Harry...

Tan sumergida en tus pensamientos como estabas, no notaste otra presencia a tus espaldas hasta que fue demasiado tarde.

-Desmaius.


Cuando despertaste de tu pequeña siesta la cabeza iba a estallarte. Decidiste por el bien de tu salud no volver a tomar absolutamente nada que incluyera alcohol hasta no acabar con todo eso y caminaste tambaleante hasta tu precioso baño.

Te despojaste de toda la ropa y abriste el grifo del agua fría, metiéndote debajo sin mucha ceremonia. Aún con los ojos cerrados te lavaste y una vez limpio te dejaste caer hasta el piso. Tomando esos momentos de silencio para reflexionar y pensar así cuál sería tu siguiente paso.

Obviamente, Blaise te había ayudado demasiado con sus palabras y estabas agradecido con él por eso. Tenías que buscar la manera de recompensarlo y sabías que no habría nada mejor que obtener información sobre Pansy. Te fijaste esa meta en mente y luego seguiste pensando; tratando en vano de evitar recordar a tu prisionera preferida, pero la ansiedad amenazaba con matarte por no saber nada de Granger, y ya estás algo cansado de luchar contra tus deseos hoy día.

Cerrando el grifo diste por terminado tu baño, saliendo totalmente desnudo sin preocuparte y caminando en busca de una camisa limpia. Tomaste una negra y a tu paso encontraste también la ropa que te faltaba, te vestiste lento y sin prisas, calculando el tiempo justo para poder salir de la habitación, pasar a ver a Hermione y luego seguir hasta el entrenamiento que te esperaba con tu Señor. Aunque tú prefieres pensar en él como una sesión gratuita de tortura voluntaria.

Muchas gracias.

Sin mirar atrás avanzaste hasta la puerta y saliste. No había nadie en los pasillos y eso en parte era muy bueno para ti, doblaste hacia el lado más deteriorado de la mansión y tomando el camino de la derecha entraste por la tercera puerta.

Cuando levantaste la mirada quedaste congelado en tu lugar.

Hermione estaba en la cama, inmóvil. La observaste bien y notaste que casi no respiraba por lo que te abalanzaste sobre ella sin pensarlo; de cerca pudiste notar el rastro de las lágrimas en sus mejillas y los labios resecos.

Cuando le levantaste la blanca tela de la túnica que llevaba puesta pudiste distinguir los moratones en su abdomen y supiste de inmediato que alguien se había atrevido a desafiarte. Era evidente que la habían torturado y tú te arrancarías un miembro con los dientes si esa persona no había sido tu querida tía Bellatrix.

Halaste tus cabellos con desesperación, nervioso por no querer dejarla sola en esas condiciones y frustrado porque no podías darte el lujo de faltarle al Lord. O de lo contrario, no solo la sabelotodo sería quien estuviera en peligro de muerte. Pronto recordaste el elfo y sin dudarlo pronunciaste su nombre.

-¡Holk!- Un leve "plop" se escuchó en el aire. Draco volteó.

La diminuta criatura lo observaba algo asustado, retorciendo sus pequeñas huesudas manos, a la vez que las grandes orejas se veían decaídas y los grandes ojos grises miraban el piso.

-El amo ha llamado a Holk… Será quien ordene lo que tengo que hacer.- Draco suspiro y miro de la prisionera al elfo repetidamente.

-Necesito que la cuides Holk, regresaré en unas horas. No permitas que nadie, absolutamente nadie, entre a este cuarto. Y si ella despierta hazla beber una poción para sanar sus heridas internas. No estoy seguro, pero creo que la torturaron a base de cruciatas. ¿De acuerdo?- El elfo asintió.- Bien. Prepárale un baño caliente también. Nos veremos en un rato.- Con esas últimas palabras, el rubio salió de la habitación con rumbo al enorme patio, en busca del Mago Oscuro para acabar de una vez y por todas con eso.


Chan, cha, chan! Bien... Hola a todo el mundo! He revivido únicamente para traer este nuevo (y largo) capítulo!

Antes que nada voy a disculparme con todos, y cada uno de ustedes por haber demorado más de 11 meses sin actualizar. Lo siento. No voy a decir que no volverá a pasar, porque... pasará, eventualmente. No es que vaya a actualizar una vez al año, no; pero no sé cuando volveré a dar señales de vida y quiero compensar la espera.

Por otro lado también quiero darle las gracias a todos quienes hayan dejado review en el capítulo 11 y en la nota de autor que publique, muchas, muchas gracias. Sin duda esos comentarios me animaron, cada vez que decaía tenía que leerlos y eso bastaba para volver a animarme.

Gracias a: Maggie Night, Tenchi-Uchiha, Linok, Blueberry Bliss, Serena Princesita Hale, Patty 15, minako marie, Julianna, Kikio J. Potter Evans, Yohana, Basileya, Sally. Elizabeth. HR (sé que va todo seguido, pero si lo pongo así FF lo borrará), dracoforever, Just a little Shooting Star y Dannythaax Higurashi.

Ah sí, he decidido poner banda sonora! Por el momento, esas dos canciones son PERFECTAS. Trap para Draco y Breathe Me para Hermione. En el futuro se me hará más común... Por ahora, me quedo con esas.

No sé, como dije, cuando volveré así que voy a despedirme con el clásico: nos vemos la próxima. Por cierto, hay imágenes en la página de Facebook: El placer del dolor D&H^^.

Besos, Ceci.