Capítulo 2

"Asesinato. Un peso para toda la eternidad, un peso que pocos pueden llevar."

—¡Apresúrate niña o vas a llegar tarde!

Esos eran los gritos de mi cuidadora, Chihiro Yagami-san. Me había distraído mientras cocinaba, así que por ello ahora estaba corriendo como loca de un lado a otro. Tendría que haber salido de casa hace quince minutos, pero vaya pena, sigo aquí haciendo limpieza. Ya que Yagami-san estaría sola toda la mañana, era lo menos que podía hacer, dejar el lugar reluciente para ella. Le ayudaría más tarde con su baño, pero por ahora era hora de irme.

—¡Ya está listo, Yagami-san! ¡Ya me voy! —grité, arreglándome el cabello en una cola de caballo. Si estaba a punto de correr, lo mejor era que lo llevara amarrado o se volvería todo un enredo. Tomé mi maleta y salí de casa, corriendo como me era costumbre.

La escuela no quedaba lejos, pero siendo bastante distraída me era mejor irme temprano para no llegar tarde que era el mayor de mis males. Las calles estaban llenas de personas y chicos en uniformes, todos caminando al mismo ritmo de la rutina diaria. Yo por mi parte corría, dándole de vez en cuando un vistazo a los árboles, cubiertos de verdes hojas. Faltaba mucho para el hanami, pero había prometido no perdérmelo de nuevo. La primavera era mi época favorita del año, siempre íbamos con mi padre al hanami y me hacía cantarle una canción. Lamentablemente, dejé de hacer eso hace ya cinco años.

No podía entristecerme justo ahora. Tenía que llegar a la escuela a como diera lugar temprano. Esa era la meta por ahora.

Divisé el edificio de la Preparatoria Juji entre los árboles y los transeúntes que corrían, algunos como yo. Sólo eran dos metros de diferencia. Estoy tan cerca. ¡Vamos, Hotaru! ¡Hay que mover más esas piernas!

Tan pronto entré, iba corriendo tan rápido como mis pies me lo permitían. Si corría escaleras arriba sin ser notada, llegaría muy rápido. No era en absoluto atlética, pero al menos había aprendido a correr con rapidez. La gente en la escuela comenzó a mirarme confundida, con los pasillos llenos de personas quise convencerme entonces que no era tan tarde y que aún tenía algo de tiempo.

Al reducir mi paso, sentí que mi cuaderno estaba deslizándose. Me volví a él para acomodarlo cuando de repente choqué contra alguien y caí fuertemente. ¡Lo que faltaba!

—¡Tonto! ¡¿No pudiste fijarte?! —grité molesta. La persona frente a mi tampoco estaba feliz, pero sí sorprendida tanto como yo.

—¡¿DOUMEKI?! —grité, levantándome de golpe.

—¡¿MIYAKE?!

—¡Idiota! ¡Fíjate por donde caminas! —le grité molesta. Makoto Doumeki no era mi persona favorita en el mundo. Por alguna razón, tenía algo que me desagradaba grandemente y que me sacaba de mis casillas. No me equivoco al decir que el sentimiento es mutuo.

—¡Tú eres la descuidada que no se fija por donde va! ¡Idiota!

—¡No soy idiota!

—¡Qué ruidosa!

—Vaya, vaya, ¿Tan temprano y ya están de buenos amigos? —un chico rubio se acerca a nosotros, sonriendo abiertamente—. Doumeki-san, Miyake-san, buenos días.

—B-buenos días, Gushiken-san —saludé un tanto apenada, arreglándome el desaliñado uniforme. Eren Gushiken sí era alguien de mi agrado. Muy de mi agrado.

—Buenos días —saludó Doumeki, mirándome aún molesto. Juro que si no fuera por Gushiken-kun, quizás le hubiera dado una paliza a este chico. Bueno, si es que pudiera dársela—. Idiota —susurró Doumeki, mirándome divertido.

—¡Ya te dije que no soy idiota!

—¡Que te den! —y así sin más se va. ¡Él es el idiota!

—Parece que Doumeki-san y tú son muy buenos amigos, ¿Verdad?

—N-n-n-no. ¿Cómo crees, Gushiken-san?

—Otra vez usando formalismos. ¿Podrías llamarme simplemente Eren y ya? —por favor, intenta no sonrojarte, intenta no sonrojarte. Es imposible. Este chico, a diferencia de Makoto Doumeki, me da una sensación de hanyan… ahh…

—De acuerdo. Si dejas de llamarme por mi nombre. Hotaru es mejor.

En realidad, prefería que me llamaran por mi nombre y no por mi apellido. Miyake no es un mal apellido, pero no estaba acostumbrada a él. Mi padre solía decirme luciérnaga, ya que ese es el significado de mi nombre. Así que escuchar a alguien llamarme por mi nombre me trae buenos recuerdos.

—Bien, Hotaru-chan.

—Gracias, Eren-kun.

—¡Oye! ¿No vas a entrar a clases? —me pregunta una chica de cabello corto rizado, mientras agita energéticamente su mano. La reconocería desde miles de kilómetros de distancia. No es otra más que Saki Himuro, mi mejor amiga.

—Himuro-chan es muy alegre —comentó Eren divertido—. ¿Vamos? —me preguntó.

Asentí sin dudar. Algo me decía que este sería un buen día.


—¿Nos vamos? —le pregunté a Saki-chan después que terminaron las clases.

—Sí. Sólo iré a mi casillero por unas cosas —respondió—. Te veré en la entrada.

—Claro.

La vi irse y luego recogí mis cuadernos, pero en cuestión de segundos terminaron en el suelo junto conmigo.

—Idiota —musitó Doumeki, lo suficientemente fuerte para que lo escuchara.

—¡Tú eres el idiota! —le grité furiosa. No sé por qué siempre tengo la suerte de chocar con él. Creo que lo hace a propósito.

—¡Que te den!

—¡¿Qué quieres decir con eso de que te den?! ¡Oye! ¿Acaso no vas a ayudarme? ¡Tú me empujaste! —se levantó como si nada y siguió su camino, saliendo del salón e ignorando mis gritos. Ese Doumeki, ¡es tan detestable! ¡Cuánto coraje me da!

—¿Te encuentras bien, Hotaru-chan? —el calor llega a mis mejillas tan rápido escucho la voz de Eren tras de mi. No suelo ponerme nerviosa frente a nadie, pero él tenía esa clase de algo que me hacía sentir feliz.

—Sí —respondí, tomando su mano cuando me ofreció su ayuda para levantarme—. Perdón por las molestias.

—No hay de qué preocuparse —respondió sonriéndome. Quise evitar sonrojarme, pero no sé si hay poder en este mundo que lo impida. Así que intenté adelantarme para calmar un poco mi nerviosismo—. ¿Aún no te vas a casa?

—Sólo estoy esperando a Saki-chan —respondí, volviéndome a él. Seguía tan sonriente como siempre—. ¿Qué hay de ti, Eren-kun?

—Debo esperar aún. Tengo un asunto pendiente —de repente, todo rastro de felicidad desapareció de su rostro, algo poco usual. Quizás le miré demás porque él comenzó a reírse—. Tranquila, no es nada serio. Sólo son asuntos.

No suena como si no fuera algo serio. Pero prefiero no incomodar haciendo más preguntas. Eren Gushiken era mi compañero de clase desde hace tres años, pero también era un amigo valioso al que aprecio mucho. Nos habíamos conocido bajo circunstancias tristes, pero estaba segura de que eso no impediría que el futuro fuera diferente.

—No estás en ningún club —comentó él cuando llegamos a la planta baja de la escuela.

—Ah, no. Debo ayudarle a Yagami-san, así que no pude entrar a ningún club —no era mentira, tenía varios quehaceres en mi hogar.

—Ya veo. Es una pena. Escuché de Himuro-san que tienes una voz hermosa.

—¿Qué? ¡No, no es para tanto! —mataré a Saki por esto—. Yo... yo...

—Espero algún día poder escucharte cantar.

Comencé a reírme aunque sabía que no había nada divertido en el asunto. No estoy segura de qué tan cierto es que canto bien, pero no quería descubrirlo en el futuro próximo. Así que como es mi especialidad, ideé mi huida. Pero no tuve necesidad de ella, ya que habían llamado a Eren.

—Buenas tardes, Tomoko-san —saludó él a la chica frente nosotros. Yo la conocía, es la presidenta de la clase 3, Tomoko Nakahara. Es una chica bastante hermosa, además que tiene un rostro bastante dulce. Llevaba el cabello en una cola de caballo, pero se había despeinado seguramente cuando corrió hasta acá.

—Buenas tardes Eren-san. Miyake-san —me saludó, dándome una leve reverencia.

—Bueno, yo me quedo acá. Himuro-san seguramente debe estar esperando por ti, Hotaru-chan.

Oh, había llegado la hora de la despedida.

—Sí. Nos vemos —dije despidiéndome de ambos. Nakahara-san me sonrió así como Eren. Fui directo a la entrada después de ese encuentro. ¿Sería posible que Nakahara-san y Eren estuvieran saliendo? Nakahara-san era muy linda. Tiene cabello castano oscuro rizado que le cae debajo de los hombros, además de ojos color verde esmeralda. Tenía una estatura regular, así como Saki y yo y un rostro que le hacía ver muy joven y adorable. No quería arruinar mi perspectiva sobre el chico que me gustaba, pero era posible que le gustara Nakahara-san por sus pechos voluptuosos. Estaba siendo exagerada, aunque no podía negar que tenía mucho más que yo.

Tengo que dejar de razonar muchas cosas por cuenta propia.

—¿Está todo bien, Hotaru-chan? —me pregunta divertida Saki. Sabe que estoy divagando y no tardará en preguntar el por qué si no es que lo dedujo ya—. El amor es complicado, ¿No es así? —dice divertida.

—No empieces ahora, ya es hora de irnos —supliqué. No agregó nada más, así que comenzamos a caminar a casa.

Había admirado siempre la suspicacia de Saki Himuro. Jamás se guardaba las cosas para sí misma y quizás eso era lo que más me agradaba de ella aunque pudiera ponerme entre la espada y la pared con facilidad. La había conocido también hace tres años, cuando había entrado a la preparatoria por primera vez. Desde el primer día nos hicimos buenas amigas, lo cual me hizo feliz. Aunque era un poco rara por bailar casi la mayoría del tiempo, era tal y como me agradaba.

Saki-chan tenía el cuerpo de una bailarina, esbelta y delgada. Su cabello era corto hasta el cuello, pero por delante le caía sobre los hombros, haciendo que sus rizos se vieran como olas. Sus ojos eran color ámbar, casi haciendo juego con el color arena de su cabello. Había practicado danza tradicional desde los tres años.

—¿Sucedió algo mientras estaba ausente? —sabía que no dejaría ir el tema fácilmente.

—Sí. El idiota de Doumeki volvió a chocar conmigo —comenté molesta. Ella se echó a reír.

—Ustedes dos son muy buenos amigos, ¿No es así?

—¡En absoluto! ¡No hay mundo alguno en el que Makoto Doumeki y yo podamos ser amigos!

—¿Por qué? —preguntó con una sonrisa pícara. En realidad, no había muchas razones por las que no pudiera ser mi amigo. Makoto Doumeki y yo nos habíamos conocido desde mucho antes que entrara a la preparatoria, ya que su padre cuidaba del templo de su familia. Mis padres solían llevarme a su templo en ocaciones especiales. Lo había visto por primera vez en año nuevo cuando tenía 3 años. Lo recordaba bien, ya que cuando lo vi en la escuela lo reconocí con facilidad, quizás por el parecido en sus ojos con los de su padre. Sin embargo, hay algo en el que me produce mucho coraje. Además que llamarme todo el tiempo idiota no lo hace más fácil.

—Muchas razones —respondí lacónicamente. Ella comenzó a reírse.

—Si parecen dos gotas de agua.

—No sigas.

—¿Estás segura que eso fue todo lo que sucedió? —pregunta con la misma expresión burlona. Puse mis ojos en blanco, intentando buscar otro tema de conversación que no fuera mi monólogo interno sobre senos voluptuosos.

—¡Ah, es cierto! ¡Olvidé contarte el sueño extraño que tuve hoy! —dije, feliz de haber encontrado algo más que discutir. Aunque no mentía, quería contarle sobre mi sueño. Había despertado muy sobresaltada esta mañana después de eso. Saki no me respondió, sólo me miró expectante—. Soñé que estaba siendo perseguida. No pude distinguir bien quién me perseguía o por qué corría, sin embargo, estaba todo muy solitario. No recuerdo bien qué sucedió, al final sólo vi algo reflejado sobre el cielo. Desperté bastante asustada, fue muy real lo que vi en el sueño.

—¿Es la primera vez que sueñas algo así?

—Sí.

—A veces los sueños quieren decirnos cosas. Piensa un poco en lo que podría ser, Hotaru-chan. Puede ser un mensaje importante —expresó preocupada Saki. ¿Un mensaje? ¿Qué clase de mensaje?

—Lo intentaré —prometí. Ella sonrió, parecía más tranquila. Ambas nos detuvimos en la calle, ya que era el punto donde nos despediríamos.

—Bueno, nos vemos. Y por favor, cuídate mucho, Hotaru-chan —quizás fue mala idea contarle el sueño a Saki, se veía bastante preocupada.

—Sé que todo estará bien.

Nos dijimos nuestras despedidas y cada una siguió su camino. Sin embargo, aún seguía pensando en lo que mi amiga había dicho. ¿Un mensaje dentro del sueño? Tenía un fin de semana para pensar en ello. Al menos en el tiempo libre.

Ayudaba en casa en la mayoría de actividades, ya que mi cuidadora, Chihiro Yagami, no puede. Yagami-san es la segunda esposa de mi padre, ambos se habían casado varios años después de la muerte de mamá, pero al cabo del primer año de matrimonio, papá murió en un accidente automovilístico. Esta no es la razón por la que Yagami-san perdió su movilidad en las piernas, sino por una extraña enfermedad que le afectó. No estoy muy segura de que tipo de enfermedad era, pero no podía dejarla sola. Papá jamás lo hubiera permitido. Así que cuido de ella.

La cuestión con Yagami-san era su actitud hacia mí. Era como si le molestara algo, aunque jamás le pregunté qué era. No iba a hacerlo tampoco, ayudarle no era una molestia para mí aun cuando mi curiosidad por saber por qué no le agradaba era fuerte. Algunas veces creo que es su confinamiento a la silla de ruedas lo que en realidad le molesta, no debe ser fácil pasar la vida así, en especial cuando es una persona tan joven con varios años de vida por adelante. No había reflexionado mucho sobre el asunto, qué hubiera pasado si ella no tuviera a nadie para ayudarle. Hasta donde sé, Yagami-san no tiene más parientes, jamás habla de ellos. Pensar en eso me entristeció porque ambas estábamos en la misma situación. Cuando el día de despedirnos llegara, no tendría más una familia, estaría sola.

Ignoré los pensamientos dispersos de mi mente y entré a casa tan pronto llegué.

—Ya regresé —anuncié. A los pocos segundos el chillido de las ruedas de la silla de Yagami-san.

—Bienvenida a casa —saluda poco convencida. Le dediqué una sonrisa, pero no se percató de ello.

—Yagami-san, ¿Se encuentra todo bien? ¿Ha estado bien durante mi ausencia?

—Desde luego, niña. Aburrirme hasta el cansancio es todo lo que hago.

—De acuerdo —respondí, entrando a la casa y dirigiéndome a la cocina—. Iniciaré los preparativos de la cena. ¿Hay algo que quiera que haga antes?

—No —responde lacónicamente y se da la vuelta. Una sonrisa leve se forma en mi rostro, un tanto divertida por esta rutina diaria. Aburrida hasta el cansancio por estar atrapada en su propio cuerpo. Es una verdadera pena. Aún cuando sus piernas estaban muy hinchadas para poder levantarlas, el rostro de Yagami-san aún denotaba juventud. No tenía más de 40, su rostro era bastante hermoso como para ignorarse. Había decidido dejarse el cabello corto, ya que decía que tenerlo largo le desesperaba con facilidad.

Mientras cortaba el repollo para el tonkatsu, comencé a recordar el sueño esta mañana. Saki-chan había dicho que tal vez tendría un mensaje, pero, ¿Qué clase de mensaje podría ser?

—¡HOTARU! —sentí como si me hubieran lanzado un balde de agua fría en ese momento. El grito de Yagami-san había sido infernalmente terrorífico... incluso huele a quema...

—¡Waaaah!

¡El cerdo! ¡Se está quemando! ¡No de nuevo!

—Niña descuidada, ¡¿Qué haces que no te das cuenta que se te quema la comida?! Si mi nariz me fallara, seguramente esta casa se hubiera prendido en llamas hace tiempo. ¡Eres muy distraída!

—P-p-p-perdón, Yagami-san —respondí, casi sollozando por las quemaduras que me acababa de hacer. Por suerte, el cerdo no estaba muy ahumado... de acuerdo, tendría que comerme esa porción.

—Por Dios. Me pregunto qué será de ti, niña. ¿Cómo es que no te ha sucedido un accidente con lo distraída que eres?

—Esto... yo...

—Intenta que no se te queme el resto —fue todo lo que dijo Yagami-san antes de volverse a retirar.

Sólo esperaba callarme los pensamientos por el resto de la tarde, sino terminaría con quemaduras graves y eso era lo último que deseaba.


Itadakimasu —rezamos ambas al unísono. A pesar del incidente de antes, la cena no estaba tan mal. Nuestras comidas solían transcurrir en silencio sepulcral, algún palillo o tenedor resonaba sobre los platos ocacionalmente. Quise romper esa atmósfera, para poder hacer algo por Yagami-san. Pasaba la mañana sola mientras estaba en la escuela, lo menos que podía hacer era hablarle de algo, ¿Correcto?

—Ah, Yagami-san —inicié—. Se están agotando las verduras, así que manana iré al mercado por ellas —comenté. ¿Había escogido un buen tema de conversación?

—¿Por qué mañana?

—Bueno, es sábado. Es día libre, así que podría ir sin problema y...

—Mejor ve el domingo temprano.

—Pero, ¿No sería mejor mañana?

—No. Ve el domingo.

—¿Por qué? —pregunté curiosa. Ella dejó de comer por unos instantes para mirarme. Tenía una cara de pocos amigos, así que lo tomé como advertencia de que no debía preguntar nada más.

—Porque mañana vendrá el médico a revisarme. No puedo abrirle la puerta, así que debes quedarte.

—Oh. No lo sabía. Desde luego, me quedaré.

Moría por preguntar por qué no sabía de esa cita, pero su mirada fría y el tono cortante de su respuesta me lo impidió. Hasta allí se quedó nuestra pequeña conversación. Le di una mirada de reojo más hasta que me convencí de no decir nada más.


La mañana de domingo estaba fresca. Había caminado ya un buen rato después de decidirme por el trayecto largo, dado a que pasé todo el día de ayer en casa con Yagami-san esperando al médico. Supongo que tuvo alguna emergencia ya que no se presentó y cuando le llamamos, no contestó su teléfono. O tal vez lo olvidó.

El color verde de los árboles y sus hojas jugando con el viento me hicieron sonreír, quizás era cuestión del buen clima la razón por la que me sentía apreciativa con mi alrededor. El mercado estaba concurrido, aunque no tanto como esperaba. Haría las compras rápidamente para poder regresar a casa a tiempo para el almuerzo. Había tonteado por allí un buen rato que había perdido la noción del tiempo.

—Muchas gracias —dije a la señora que me había atendido. Eran las once, así que seguramente estaría en casa en media hora. Sólo me faltaba la leche y el pan que Yagami-san me había encargado y listo.

Mientras caminaba hacia la tienda, la banda que había ocupado para amarrarme el cabello se reventó. Ya que el cabello me llegaba hasta la espalda baja, había decidido hacerme un moño, pero no tendría otra opción más que dejarlo así. Tenía a veces la extraña suerte de enredarme en algún clavo.

—Hay que seguir, Hotaru.

Sin embargo, no lo hice. Un grito me había detenido en seco. Asomé mi rostro para ver qué había sucedido, cuando vi a tres sujetos al final del callejón. Se veían amenazantes y acorralaban a un hombre de complexión delgada, no era un oponente para ellos. Él siguió gritando, pero ellos ni siquiera parecieron detenerse. Dos lo sostuvieron de los brazos y el de complexión más grotesca se quedó mirándole. No pude ver su rostro, pero intuí que estaría igual de divertido que los otros dos. Acá es donde mi sentido común me alertó sobre mi estadía aquí. Estaría perdida si seguía viendo lo que hacían esos sujetos. Pero no podía moverme, quería hacer algo, pero no tenía idea de qué. No era buena idea llamar a alguien, ya que pocas personas transcurrían la calle y precisamente ahora, no había a quien gritarle. ¿Llamarle a la policía serviría? No, sería muy tarde. Eran tres tipos matones, el pobre hombre no lograría salir ileso de allí.

No le ayudaría tampoco el que yo viera, ya que no podía hacer nada. No soy del tipo de chica atlética, no podría darles una paliza aunque así lo deseara justo ahora. Ni siquiera podía golpear apropiadamente a Doumeki. No era una heroína.

—¿Qué debería hacer?

Huir, me dijo el sentido común.

Inexplicablemente, largas garras salieron de la mano del sujeto que estaba frente a su víctima. Levantó aquellos letales dedos y en un abrir y cerrar de ojos había atravesado al pobre hombre. La sangre no se hizo esperar y su cuerpo se desplomó en el suelo, como las hojas cuando caen de los árboles. Un grito ahogado se escapó de mis labios y tan pronto lo hizo quise silenciarlo con una mano en mi boca. Fue en vano.

Experimentar el miedo es una cuestión curiosa, te paraliza. Cada músculo del cuerpo se tensa y el corazón comienza a bombear sangre desesperadamente, al punto que sientes que lo que hay dentro de ti va a explotar. Cuando la mirada de aquellos tres sujetos se posó en mi, sentí todo eso a excepción de la paralización.

—¡A ELLA!

No tuve ni siquiera que ver como corrían a mi dirección, ni su diversión por haber encontrado una nueva víctima. Como si fuera todo en cámara lenta, las bolsas que traía en mis manos cayeron al suelo, dejando caer su contenido violentamente en la acera. Es aquí cuando por fin obedecí la orden del sentido común, comencé a correr como nunca antes lo había hecho, sin saber a dónde me dirigiría y cómo escaparía con vida.

«A veces los sueños quieren decirnos cosas. Piensa un poco en lo que podría ser, Hotaru-chan. Puede ser un mensaje importante.»

Huyendo, escuchando mis pasos desesperados en la calle vacía. Mientras me perseguían, aunque no podía ver el rostro de mis acechadores.

Mi sueño, ¿Este era el mensaje del sueño? ¿Cómo iría a terminar?


La autora dice:

¡Holi! xD ¿Qué les ha parecido este capítulo de HiTSUZEN? ¿Algún pensamiento sobre la situación de Eren con la chica Nakahara? ¿Qué les pareció la historia de Chihiro Yagami? ¿Qué creen que sucederá con los sujetos que la persiguen? Recuerden dejar sus críticas, opiniones y demás en los review. Si no tienen cuenta en fanfiction, no se preocupen, pueden dejar reviews sin necesidad de registrarse ;) Los leo en el próximo capítulo, posiblemente actualice cada sábado (mi único día libre es domingo, pero igual, por cuestiones de la universidad paso ocupada. Sale un poco factible publicar sábado xD) ~WG

Edit: Hay un poquitín más de capítulo de lo que originalmente había posteado en el inicio.