Capítulo 3
"Creer o no creer. Para aquellos que no pueden verlo, el mundo es uno solo. Los que están dispuestos a conocerlo, sabrán que hay más de un universo esperando."
Corrí tan rápido como pude, intentando ignorar a los sujetos que me perseguían con ahínco. Quise gritar, pero mi voz se apagó tan pronto me percaté que no había nadie en los alrededores de la calle. Como si de repente a todos se les ocurrió desaparecer. ¡¿Qué es lo que haré?! Estoy sola, sola. ¿Qué tal si entro a algún edificio? No, considerando que la calle está desolada, será mala idea. Además, pueden encontrarme con más facilidad. ¿Qué hacer, qué hacer?
No sé si estoy perdiendo la razón, pero veo una casa en medio de todos los edificios. ¿Es posible? ¡Sí! Es una casa con estilo antiguo. Tiene una gran cerca y no hay puerta que impida que pase, podría ocultarme tras de ella por algunos segundos y luego huir en la dirección contraria. ¡Sí! Comencé a correr lo más rápido que pude, las piernas comenzaban a suplicar que me detuviera, pero los latidos acelerados de mi corazón me forzaron a seguir. Con un salto logré entrar a la casa y caí sobre el suave pasto. Me sentí a salvo, incluso cuando me dolía el pecho y la sangre comenzó a correr de nuevo en mis piernas. Estaba a salvo por ahora.
—¿Qué crees que haces aquí?
—¿Eh? —imposible. Un escalofrío me recorrió la espalda. El miedo parecía quemar como fuego. Estaba perdida, era el final.
—¿Qué crees que haces allí? —un chico con gafas redondas apareció frente a mí, mirándome con cara de pocos amigos. Me levanté de golpe y comencé a balbucear mis disculpas.
—Lo… lo siento —dije, haciendo varias reverencias—. No era mi intención entrar en su casa de esta forma. Yo sólo… yo… —ese chico no deja de verme y se está volviendo muy incómodo seguir. Wah.
—¿Qué haces aquí? —me preguntó él. Su rostro se suavizó un poco, incluso me pareció haberlo visto sonreír—. ¿Te sucedió algo?
—Estaban… estaban siguiéndome —dije apenada—. Así que me escondí aquí para despistar a los que me perseguían. Lamento mucho los inconvenientes que causé.
Él no respondió nada, sólo siguió mirándome, como si me examinara. Bueno, no puedo culparlo, si alguien irrumpe en tú hogar así por así también desconfiarías de las intenciones del intruso. Yo era una intrusa aún cuando no era una especie de ladrona o algo por el estilo. Pero,
su mirada era demasiado intimidante, no sabía cuánto más pasaría sin que termine sonrojándome o huyendo de allí como tonta. Aguarda, si sales huyendo como tonta ahora, terminarás en manos de esas cosas que te siguieron. No puedes salir, resiste.
—¿Un ladrón? ¿Tan temprano en un domingo?
—No. No estoy segura de saber qué eran —susurré.
—¿A qué te refieres? —preguntó con sorpresa el chico.
—Bueno, no parecían… um… precisamente… huma…—no pude seguir. Al escucharlo de mis labios, me sonaba como una niñería, algo que habría escuchado de un relato folclore o un sueño sacado de una imaginación activa. ¿Quién creería algo tan ilógico como lo que yo había visto?—. No es nada. Perdón de nuevo —respondí, dándole una última reverencia. Esperaba que los que me perseguían se hubieran ido ya, no podía quedarme más tiempo acá. Sólo deseo que ellos se vayan.
—No hay problema —respondió él—. Sin embargo, antes que te vayas me gustaría preguntarte algo.
—¿Qué? —pregunté, aún sin volverme a él.
—¿Hay algo que desees en este momento?
¿Qué? ¿Acaba de preguntarme eso? Me giré sobre mis talones para mirarle, para preguntarle cómo sabía que yo deseaba algo en ese momento. Tenía la mirada serena y una sonrisa en el rostro, viéndose inocente, como si nunca hubiera dicho nada. ¿Estaba volviéndome loca?
—Sí . Tengo un deseo —susurré, consciente de que no me escucharía. No valdría de nada si me escuchaba de todas formas.
—No deberías irte aún —me dijo, manteniendo la sonrisa en su rostro.
—¿Por qué no?
—Si das un paso fuera de la tienda, aún puedo cumplir tú deseo. Pero el pago será aún más grande si lo haces.
¿De. Qué. Está. Hablando?
—¿Huh?
—¡¿Adónde se metió?! —frente a mi estaba el grupo de hombres que me habían perseguido. El pánico me encerró de nuevo, no podía controlar los latidos desmesurados, había llegado mi final. Comencé a temblar, recordando cómo habían matado a aquel hombre en el mercado. Ahora harían eso conmigo y seguramente con el chico de esta casa. Había involucrado a otra persona sin querer y ahora la lastimarían por mi culpa.
—Tranquila —sentí una mano sobre mi hombro, su toque cálido hizo que dejara de temblar. El chico con gafas me había rodeado con su brazo y seguía manteniendo su sonrisa. ¿Estará involucrado él con los que me perseguían—. Voy a concederte tú deseo —fue todo lo que dijo.
¿Concederme mi deseo?
—¿De qué habla?
—Tú deseas que ellos se vayan. Mientras estés en la tienda, nadie va a llegar a ti para lastimarte.
—¿Y cómo planea hacer eso? Van a vernos en algún momento.
—¿Alguna vez has escuchado qué es una kekkai?
—Es algo así como una barrera, ¿Verdad?
—Correcto. La tienda está rodeada por una kekkai. Así que, ellos no podrán entrar a la tienda. No todos pueden entrar a la tienda. No si el vínculo no debe formarse.
Estoy bastante confundida. ¿Tienda? ¿Esto es una tienda? ¿Por qué está tan seguro que aquí no entrarán esos tipos? ¿Vínculo? Tengo demasiadas preguntas, pero estoy demasiado preocupada como para hacerlas.
El sujeto que había matado al hombre en el mercado comenzó a acercarse. No estaba segura de por qué actuaba como si no hubiera nadie frente a él, pero estaba aterrorizada. Aunque, no tanto como al inicio. Estaba creyendo en las palabras de este chico. El sujeto siguió caminando, acercándose más a nosotros. Su cercanía me permitió examinarle con detenimiento. Tenía orejas puntiagudas, ojos pequeños color carmesí, su trompa era alargada, también tenía cola larga. El color de su pelaje era color mantequilla. Era como si se tratase de un zorro humano. Las grandes garras que salían de sus manos (¿o patas?) estaban asustándome. Eran filosas, demasiado peligrosas. Habían atravesado a aquel hombre con facilidad.
Estábamos a escasos centímetros del sujeto extraño, pero él seguía actuando como si no estuviéramos allí. Pero estaba segura que él percibía algo y tal vez no tardaría en dar con nosotros.
—Si dices que estamos en una kekkai, ¿Por qué él sigue acercándose? —susurré, temiendo que pudieran escucharnos—. Aunque no pueda vernos, él sabe que estamos aquí.
—Es por ti. Tienes una esencia muy fuerte, pequeña.
¿Pequeña?
—La kekkai que protege este lugar no es muy buena —comenté, como si quisiera regresarle una especie de ofensa por haberme llamado pequeña.
—¿Eso crees? —preguntó él, con el mismo tono con el que le había respondido—. Déjame mostrarte cómo se hace una kekkai —me respondió, levantando su brazo libre.
Frente a mí, apareció una fina capa que comenzó a cubrir a la tienda, como si nos encontráramos dentro de un globo de nieve. Me transporté en el tiempo, cuando tenía cinco años. Mi padre y yo habíamos recorrido las calles para buscar un regalo de cumpleaños para mi mamá. Las calles estaban adornadas con guirnaldas y detalles navideños, las luces caían sobre nosotros. Todo aquello era magia pura para mí. De entre todos los adornos que me rodeaban, vi un globo de nieve que captó mi atención, ya que tenía una casita en su interior. La pequeñez de ésta era como yo me sentí en ese momento, atrapada en un gran mundo mágico que al agitarse, seguiría brillando.
Después de la muerte de mis padres, dejé de creer que el mundo era como aquel globo de nieve, pero esto era inexplicable. Mágico.
La capa blanquecina que cubrió la tienda fue desvaneciéndose poco a poco, así que en cuestión de segundos, el rostro de mi acechador volvió a aclararse. Se veía confundido, como si se hubieran disipado sus dudas. No me sorprendía, si la barrera que se había creado era fuerte, ya no era capaz de sentir nuestra presencia, ¿Correcto?
—No te preocupes, él no podrá entrar. Lo único que verá es un campo vacío, desolado —me dijo el chico, alejándose de mí. El sujeto también se alejo, mirando curioso una vez más a la tienda. ¿Sería posible que...? No, no puede ser posible. Pero, acabo de verlo con mis propios ojos.
—¿Han podido encontrarla? —preguntó el de orejas puntiagudas. Los otros negaron con su cabeza.
—Mierda —gritó el otro.
—No hay nada más que hacer aquí, la perdimos.
—No pudo haber ido tan lejos en poco tiempo.
—Vámonos —ordenó el líder. Se volvió a la tienda una vez más, pero al no poder vernos, desapareció en una ráfaga de viento con sus acompañantes. El día de hoy he visto demasiadas rarezas como para no preguntar qué está sucediendo. La algarabía se hizo escuchar en la calle, era como si todo hubiera regresado a la normalidad. ¿Es por eso que no había nadie cuando estaba huyendo? ¿Acaso hicieron desaparecer a las personas?
—¿C-c-cómo hizo eso? —pregunté, intentando no alterarme. Muy tarde, ya estaba lo suficientemente atontada.
—Eran kamaitachi.* No estoy seguro de por qué querían atacarte, pero no les fue difícil perseguirte.
—Gracias por notarlo —salté. El chico simplemente dejó ir una risilla. Sabía que no podía ser grosera, en especial después que me ayudó—. Gr-gracias —musité, dándole una reverencia corta.
—No hay de qué. Ahora, hay que hablar del pago —dijo con una sonrisa de oreja a oreja.
—¿Pago? Pe-pero, no cargo con dinero ahora mismo. Podría regresar y...
—El dinero no es la clase de pago que busco.
—¿Qué quieres decir con eso? —pregunté molesta. No sonó nada agradable su respuesta.
—Te dije que concedería tú deseo, así que lo hice. Espero el pago.
—¡Eso ya me lo dijo! ¡¿A qué se refiere con el dinero no es la clase de pago que busco?! —respondí imitándole.
—Esta es una tienda de deseos. Por cada deseo que pidas, debes dar un precio equivalente. Eso quiere decir, que recibo como pago objetos valiosos... incluso almas.
¡¿Almas?!
—¡¿Eres un demonio?! —pregunté aterrada. Genial, me encontré con un grupo de humanos zorros y ahora un demonio. ¿Qué más puede ir mal?
—Qué maleducada —responde él cruzándose de brazos—. Yo no soy un demonio. Soy un simple mago.
—Cuánta modestia —respondí sarcásticamente.
—No culpo a los kamaitachi. Seguramente los hiciste molestar con tú irreverencia.
—¡Yo no les hice nada! Además, ¡¿Cómo saber que unos sujetos que van cruzando la calle son seres extraños y mágicos?! Se ven normales, como otra persona ordinaria. ¡Usted se ve normal pero dice que es mago!
—No quieras evadir el tema del pago —¡Increíble!
—Ya se lo dije, no tengo dinero. O un objeto valioso con el que pueda pagarle.
—Es una pena. Aunque...
—¿Aunque? —espero que no diga nada raro como tener que entretenerlo o algo por el estilo. Me daría mucha pena.
—¡Ya sé! Ayúdame por el resto de la tarde con la tienda como pago por haberte salvado de los kamaitachi —dice con una sonrisa de oreja a oreja. No suena tan mal, pero, Yagami-san va a matarme por llegar tarde. Recibiría un castigo seguramente.
—¿P-podría no ser hoy y tal vez otro día? —pregunté sonrojada.
—Podría ser. Aunque si los kamaitachi siguen rondando, no puedo asegurarte que estarás a salvo.
Rayos.
—¿De cuántas horas hablamos exactamente? —pregunté, mirando a mis manos. No sé cómo lidiar con el asunto, me parezco a esas personas que huyen de los prestamistas cuando es hora de pagar. Técnicamente estaba en esa posición, negociando un acuerdo en el que ambas partes pudiéramos salir beneficiadas.
—Seis horas serán suficientes, pero deberás esforzarte al máximo.
—¡Lo haré! ¡Lo prometo! —valdrá la pena el castigo si puedo llegar viva a casa. Creo que Yagami-san preferiría eso a no tener quién le ayude. También quería vivir, de otra forma no podría ver más a Saki-chan o a Eren-kun, waah...
—¡De acuerdo! ¡No hay mejor momento para iniciar que ahora! Eso si quieres salir temprano de tú medio turno —ese sujeto de cuatro ojos está disfrutando esto más de lo que debería. Tiene una sonrisa ganadora de oreja a oreja. Me recuerda un poco a Doumeki cuando me molesta, todo ese aire de superficialidad y burla. ¡Qué coraje me da!
—Ya, lo entiendo. Pero antes de iniciar, debo saber si hay garantía de que esos kamaiwachi o como se llamen no entrarán a la tienda.
—Ya te lo he dicho, ¿No es así? No puede entrar cualquiera. No sin un vínculo a establecer. Además, ya lo has visto con tus propios ojos. Aún cuando aquel kamaitachi sintió tú presencia en aquel lugar, fue incapaz de verte.
Bien, el sujeto de cuatro ojos tiene mucha razón. Debo darle la razón. Increíble que vaya a quedarme con el por el resto de la tarde.
—Aún no pareces convencida —me dijo, con una sonrisa pretenciosa—. ¿Cómo terminaste aquí?
—Entré acá porque fue el único lugar en el que podía refugiarme sin problemas. Pensé en los edificios, pero no me sonó como una buena idea. Fue un golpe de suerte, una coincidencia que su tienda estuviera en el camino.
—Te equivocas. En este mundo no existen las coincidencias, sólo existe lo inevitable. Así como fue inevitable para ti ver cómo los kamaitachi atacaron a aquel hombre. Su encuentro estaba destinado, así como el nuestro.
—Yo no mencioné nada de un hombre atacado —respondí asustada. El sujeto de cuatro ojos me parecía aún más cómplice de los sujetos extraños que acabo de ver.
—No hay necesidad que lo digas —respondió él con una sonrisa—. Lo vi todo.
—¿Q-q-q-qué significa ver todo? —estaba muy sonrojada, ansiosa de saber qué tanto había visto y cómo lo había hecho. Esto se pone de mal en peor.
—Lo necesario. Y no, no soy cómplice de los kamaitachi, pero gracias por llamarme sujeto de cuatro ojos.
—¡P-p-pero ni siquiera lo dije! —me siento tan avergonzada, no puedo creer que mis pensamientos ya no sean tan privados. ¡Wah!
—No, lo sé. Lo pensaste.
—¡Ya sé que lo pensé! ¡¿Cómo rayos lo supo?! ¿Acaso lee mentes?
—No. No sé si exista esa clase de poder, pero curiosamente puedo escucharte. Y además... —se quedó en silencio, pensativo. Aunque el sujeto de cuatro ojos me daba un poco de miedo, no puedo negar que es una persona interesante. Aproveché los pocos segundos en los que no se volvió a verme para mirarle. Tiene algo singular...
—¿Además? —pregunté, intentando esquivar mis pensamientos.
—No es nada. Por favor, después de ti —dice él, señalando a la tienda. Parece que en serio tendré que trabajar las próximas seis horas. Me pregunto haciendo exactamente el qué...
*inserte nota de Glasses-chan aquí*
Sí, sé que las notas son medio tediosas xD Holi de nuevo. Por fin vemos la llegada de Hotaru a la tienda, pero, ¿Cómo creen que sea el precio a pagar? ¿Qué les espera a ella y Watanuki a partir de este encuentro? Como siempre, críticas, reclamos, opiniones y demás son bienvenidos. Pueden dejar un review sin necesidad de registrarse ;) Nos leemos en el próximo capítulo! ~WG
