Disclaimer: Personajes de J.K. Rowling. No hago nada de esto con ningún ánimo más que el de divertirme y divertirlos.
El placer del dolor
Capítulo 13: Revelaciones
Lord Voldemort observaba complacido la excelente resistencia que presentaba Draco Malfoy a la hora de soportar los dolores producidos por aquellas maldiciones que lo alcanzaban; así como la velocidad y eficacia con la que devolvía los ataques. Él era sin dudas uno de los mejores en todas las áreas en las que se desenvolvía.
A pesar de estar herido en una pierna tenía los movimientos rápidos y elegantes de una pantera. Luchando contra su discípulo en uno de los mejores duelos que tuvo desde hacía un buen tiempo, pudo reconocer la amenaza latente que yacía en el rubio; quien además de su talento innato en pociones y artes oscuras, mostraba también aptitudes en defensa.
Además, debía reconocer que Draco tenía la misma inteligencia que Lucius ostentó en su momento, consiguiendo escapar de los cargos de traición y librándose de Azkaban. Tal vez fuera de manera genética, tal vez fuera por haber sido educado en ese ambiente, pero lo cierto era que Draco Malfoy sería capaz de escapar de cualquier cosa si no tenían pruebas irrefutables en su contra.
Por ese motivo era imperante no perderlo de vista bajo ningún concepto.
Otra de las cosas que lo preocupaban era la extraña y repentina relación física y psicológica que Draco hubo establecido con la prisionera de lujo, Hermione Granger. Que hubiera tenido sexo con ella, consensual o forzadamente, no era algo desconocido en las filas Mortífagas. Pero que intentara ocultar el hecho borrándolo de la memoria femenina era lo que había hecho encender las alarmas en su interior.
Aún así, esperaba que mantenerlo controlado fuera suficiente.
Concentrándose en el duelo que estaban manteniendo, estaba comenzando a darse cuenta de que estaba durando más de lo que había previsto; y además, Malfoy estaba subiendo la potencia de sus ataques. Llegando al punto en que incluso un Sectumsempra le rozara levemente la manga de la túnica, chamuscándola y produciéndole un superficial corte que igualmente ardía. Y esa punzante sensación lo estaba haciendo enfadar; no con Draco, sino consigo mismo.
¡Era el mejor mago oscuro, señor tenebroso, de todos los tiempos! ¡Y estaba perdiendo con un mocoso desobediente pero brillante!
Indudablemente ninguna de esas cualidades, o defectos, habían sido heredadas de Lucius. La sangre Black podía ser la más pura, pero era también la más impredecible, y aunque Bellatrix fuera la mujer que más fiel le había sido, Narcissa estaba en sus filas a causa del miedo a perderlo todo. Y eso, así como estaba un día a su favor, podía estar otro día en su contra.
La fortaleza de Malfoy, aunque se demostrara físicamente, no provenía de su cuerpo. Podía sentirlo. El chico estaba furioso y buscaba demostrarlo en cada encontronazo.
Quería darle una lección, pero al parecer, el rubio no estaba dispuesto a dejar que le enseñaran ni demostraran nada; sabía cuál era su situación actual y tenía pleno conocimiento de lo que debía conseguir. Y además, aunque pequeños, había sonsacado algunos avances con su prisionera, algo que desde el principio él mismo considero imposible.
En un inicio, quería usar la fidelidad y lealtad de Hermione Granger en contra de la familia Malfoy para demostrarles que no debían traicionarlo; planeaba hacer que Draco pagara por no obtener ninguna información considerable; pero aunque no quisiera reconocerlo, el niñato lo había conseguido.
Si no hubiera sido por sus persuasivos métodos, nunca sabría que Potter iba también tras la Varita de Sauco.
Lord Voldemort miró una vez más a aquel chico que aunque intentaba no hacerlo lo desafiaba con la mirada.
"Ah, bienvenidos fueran más muchachos con esta capacidad" pensó momentáneamente, porque a pesar de lo peligrosa que pudiera ser para sus fines aquella rebeldía, era justamente lo que hacía falta a la hora de luchar.
-Puedes irte, Malfoy.- Draco lo miró aún alerta.- Estoy algo sorprendido al ver tu resistencia… no negaré eso, pero necesitas mucho más para poder acercarte siquiera a mí. Ahora, no lo olvides, mañana tendrás que reunirte con Bellatrix en el bosque que se encuentra al final de esta mansión, seguramente lo conoces.- "¿Conocerlo?" pensó Draco, "he jugado en ese lugar". Saliendo de su mente, solamente se digno a hacer un leve asentimiento de cabeza.- Ella no será tan… comprensiva como lo he sido yo.
-Y yo no seré tan sumiso como lo he sido con usted, Mi Señor.- Mascullo entre dientes el rubio a la vez que sus ojos grises se clavaban más fríos que nunca en la mirada de su líder. El Lord sonrió.
Velozmente, Draco dio media vuelta y salió de aquel salón acondicionado para duelos en el que estaban. El vestigio de Tom Riddle lo miró irse a paso rápido y ondeando la capa de una forma muy similar a la de Severus, mientras que trataba de buscar un motivo lo suficientemente fuerte como para que Draco pudiera emanar tanto odio hacia su tía.
Lo primero que percibió al despertarse fue un fuerte dolor que se esparcía por todo su cuerpo; tratando de aclarar su mente pudo recordar los últimos acontecimientos sucedidos.
Luego de que Bellatrix la sacara de aquella improvisada reunión con Voldemort y la dejara en la habitación, ella recuerda que estuvo esperando ansiosamente a que su captor estrella apareciera. Sin embargo, grande fue su sorpresa cuando Lucius Malfoy entró al cuarto y se quedó allí, parado quieto y callado durante un buen rato. De pronto, el hombre le hablo, sorprendiéndola, pero demostrándole claramente quién tenía el poder en esos momentos…
Se parecía demasiado al inicio de todo, cuando el patriarca de los Malfoy le daba esas clases sobre la pureza de sangre y lo inferior que era ella al ser una sangresucia. Hermione cierra los ojos, tratando de evitar que lo sucedido anteriormente se haga presente en sus memorias, en un infructuoso intento de sacar a relucir algo de su escondida valentía, pero es en vano.
…
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-Al parecer, no entiendes tu situación aquí, Granger.- Hermione se sobresalta cuando escucha la voz del mortífago. Aunque intenta ocultarlo, está temblando.- De nada te sirve ser buena leyendo libros, si no eres siquiera capaz de aplicar todo lo que lees… Así como de nada te ha servido ser amiga de ese mocoso de Harry Potter, o de esa impura y molesta familia Weasley, si ninguno de ellos se preocupa por ti…
Respirando profundamente, Hermione se dice a sí misma que debe soportar esas palabras estoicamente; que son falsas, que solo buscan debilitarla. Sin embargo, todos sus cimientos se estremecen cada vez que él le dice en voz alta aquello que ella ha pensado alguna vez en su interior.
El tiempo que lleva metida allí dentro se hace eterno para ella, las horas son interminables, provocando que sus días sean más largos y sus noches sean una tortura. No importa si Draco la maltrata físicamente porque el peso de sus heridas psicológicas va haciéndose más grande cada vez. Y ella ya no se cree segura de poder seguir.
¿Por qué no han ido a rescatarla? ¿Cómo es que la Orden se ha mantenido tan pasiva en una guerra que se vuelve cada vez más brutal? ¿Cuándo irán y cuánto tiempo más van a demorar?
Esas son las preguntas que se hace normalmente…
-Y si no, dímelo tú, torpe niña, ¿ha venido acaso alguien a buscarte?- La respuesta inmediata que acude a su mente es: "No, nadie", pero aún a pesar de eso se mantiene sin responder.
Ignorando el juego que él propone y enfureciéndolo a la vez.
Lucius sabe que Hermione lo está ignorando y eso lo enfurece. No entiende cómo es que ella puede conseguir el coraje para fingir que sus palabras no la afectan, cuando para él es evidente que está haciendo un esfuerzo sobrehumano para soportarlo. Sin embargo, no deja que eso lo preocupe.
Malfoy tiene un solo objetivo en mente, alejar a su hijo de la prisionera antes de que sea demasiado tarde, por lo que obviando todos los juegos ridículos que pueda jugar con ella, es hora de echar a andar sus planes.
Con un movimiento de varita, el patriarca de la familia se encarga de encerrar a Hermione en una jaula que aparece mágicamente, al verlo, ella se vuelve presa de la desesperación pero por más que lucha no puede escapar. Lucius sonríe al verla, atrapada de la forma correcta en la que cualquier animal debe estarlo; porque eso representa esa chica para él, un simple animal salvaje que no merece ninguna misericordia de su parte y mucho menos de la de su hijo.
El siguiente paso que Lucius lleva a adelante es el de silenciar la habitación con un simple Imperturbate, algo vital para mantener la privacidad sobre lo que quiere hacer; y finalmente se ocupa de sellar la puerta de tal manera que nadie pueda entrar mientras él esté dentro.
Con la parsimonia de quien sabe que va a ganar la batalla, Malfoy va caminando hacia el lugar en el que está la jaula, justo al centro del cuarto, y se propone a comenzar con su juego. Invocando mediante un hechizo no verbal un cuenco con agua helada que se encargó de ubicar por sobre la cabeza de Hermione, de tal manera que poco a poco el agua fuera cayendo, produciéndole a la chica una sensación de incomodidad que la amenazaba con hacerla gritar.
A pesar de que ese era un viejo método muggle, Lucius admitía que era efectivo en cuanto a torturar se trataba y además no dejaba más huellas que las de el pelo mojado. Por eso lo había elegido para empezar, porque representaba una excelente manera de debilitar los cimientos completos de la prisionera y además le permitía no ser identificado en el proceso.
Su siguiente paso fue un poco más arriesgado, Lucius se encargó de convocar un gran barril sellado que puso a flotar sobre la jaula de Hermione para después abrirlo, entonces cayeron sobre ella lo que parecían ser restos humanos en descomposición que muy pronto la cubrieron completamente, lo que la hizo gritar totalmente horrorizada y agarrarse de los barrotes de la jaula como si pudiera romperlos; pero Malfoy no acabó ahí, sino que luego invocó una especie de vidriera por dentro de la jaula que llenó de agua y liberó a varios Kappas junto con ella, Hermione chilló aunque sabía que los Kappas solo se alimentaban de sangre, sin embargo ella no sabe cuánto tiempo estuvieron sin alimentarse y que resultado pueda tener ese hecho en las criaturas, por lo que tampoco conoce qué puedan hacerle.
La carcajada de Lucius fue suficiente para hacerla mirar en su dirección y entonces, justo después de eso, los restos, el agua, el vidrio y los Kappas desaparecieron; ella parpadeó confundida y luego se topo con los orbes grises que sin duda estaban disfrutando del espectáculo.
-Me sorprende lo que la mente humana puede hacer cuando está totalmente aterrada, ¿no es así? Ni siquiera reconociste lo que era, Granger, y se supone que eres muy inteligente.- Hermione lo miró con la misma expresión desconcertada de antes, aún totalmente atrapada en el miedo.- Boggarts, Granger, simplemente boggarts. No uno, sino varios que se transformaron en tus temores ahora mismo.- Mientras hablaba, Malfoy convocó unas cuerdas, desapareció la jaula y la amarró.
Hermione sintió deseos de golpearse en esos momentos, completamente consciente de que en la prueba que Malfoy le puso falló. Sin embargo, no tuvo demasiado tiempo para pensar, debido a que casi inmediatamente Lucius comenzó a golpearla con una especie de garrote de goma en las costillas y el abdomen; sentía como el aire escapaba de sus pulmones con cada golpe, como el dolor iba adentrándose en su cuerpo hasta producirle una sensación casi de completo parálisis que logró bloquear cualquier pensamiento, por mínimo que fuera, y dejarla inconsciente.
Cuando la chica cayó desplomada en el suelo, el mortífago decidió que había sido suficiente. La realidad era que si seguía golpeándola y provocando que evocara sus miedos le produciría un miedo tan grande que generaría traumas, tanto físicos como psicológicos, que dejarían más marcas de las que él quisiera, cosa que no podía permitirse porque si Draco lo descubría estaría en problemas. Finalmente, después de acomodar a Hermione en la cama y desaparecer la jaula, Lucius sale tranquilamente del cuarto, como si nada hubiera pasado.
…
…
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Lo siguiente es el ahora, con ella acabando de despertar absolutamente dolorida. Sin embargo un sonido la sobresalta y la hace moverse de forma brusca en la cama, tratando de escapar de aquello que esté cerca suyo aunque aún no lo haya visto.
Grita cuando la puerta del baño se abre, cegada por los sucesos que acaba de recordar y que trajeron a su memoria los terribles hechos que Lucius Malfoy la hizo pasar, sin embargo, cuando siente un estruendo de cosas caer contra el suelo, dirige su mirada hacia abajo y entonces ve a Holk, el elfo que la ha estado cuidando desde que Draco lo dispuso, aparentemente congelado en el lugar con las manos temblorosas y su frágil cuerpecito colapsando en nerviosos espasmos.
-La poción que el amo ordenó que la señorita tomara… totalmente derramada… ¡Oh, Holk estará en serios problemas!- Balbuceaba totalmente absorto en el desastre del piso, donde se veía una bandeja tirada, fragmentos de vidrio y un líquido blanco. Hermione sintió pena.
-Holk, tranquilo, le diremos al amo que no fue tu culpa, que fui yo quien tiro eso.- Los grandes ojos grises la miraron, como si recién notara que ella lo estaba observando, a pesar de saber que fue el grito femenino el que lo sobresaltó.
-Eso no tranquilizará al amo, señorita, Holk tiene la orden de cuidarla y no lo está haciendo bien.- El elfo corrió hacia la pared y comenzó a golpearse a si mismo.- Holk no está cuidando correctamente de la señorita, Holk no está haciendo su trabajo correctamente, Holk es un elfo inservible…
-¡Detente de una maldita vez!- Gritó Hermione con los ojos abnegados en lágrimas al ver las acciones que la naturaleza propia de los elfos y el duro trato que los magos les daban habían provocado en ese indefenso ser.- Solo detente, Holk. ¿Quieres cuidarme? Correcto. Comienza con prepararme un baño y ayudarme a entrar dentro, no estoy segura de poder caminar.
Hermione podría asegurar que nunca lo había visto tan feliz, el elfo no solo había dejado de golpearse, sino que había salido corriendo y más pronto de lo que ella había podido siquiera imaginar, tenía la bañera preparada y la estaba haciendo levitar rumbo al baño, en donde la depositó muy suavemente en el agua.
La ayudó a bañarse, y al salir había preparado una bandeja gigante de comida, que la castaña igualmente devoró completamente, para finalmente encargarse de que estuviera cómoda y la dejó sola.
En esos momentos de soledad, Hermione se permitió relajarse y respirar.
Un brillante haz de luz blanco parecía abrirse paso entre sus ojos, pero ella no lograba entender de dónde salía tal claridad, ni siquiera era capaz de decir qué demonios le sucedía. Ginny solo era capaz de percibir un fuerte dolor en sus articulaciones, como si las tuviera en una mala y extraña posición, además de un fuerte hedor que no lograba identificar del todo, pero por más empeño que tuviera, no conseguía abrir sus ojos mucho más que una rendija por la que se colaba ese brillante resplandor.
Un quejido lastimero escapa de sus labios cuando intenta moverse, notando que le es imposible debido a que está atada de manos y piernas, igualmente, eso no evita que intente girar sobre su propio cuerpo para ponerse boca arriba, lográndolo con esfuerzo. La consecuencia fue inmediata, un fuerte dolor se extendió desde su hombro hasta el final de sus dedos en la mano, así como un leve crack que fue emitido por su cintura al moverse en la postura incorrecta; pero al menos el olor penetrante que entraba por sus fosas nasales atosigándola disminuyó un poco.
El ruido de una puerta aparentemente pesada chirriando al abrirla fue lo que le dio el impulso necesario a sus ojos para abrirse completamente, lo que la desconcertó fue notar que contrario a lo primero que percibió, no había, de hecho, ningún tipo de luz en el lugar. En realidad, se encontraba en la más completa oscuridad y lo único que pudo notar fue el frío de la piedra que se colaba en sus piernas y espalda, pero cuando miró hacia el sonido fue capaz de ver la luz leve de una antorcha que denotaba una figura recortada a contraluz; podía ver un cuerpo alto y fornido, suficiente para intimidar a cualquiera, pero no llegaba a distinguir un rostro.
Sin embargo eso cambio en el momento en el que el hombre se acerco, entonces fue capaz de distinguir los rasgos finos de un rostro que, si no fuera porque estaba metida en una especie de celda como prisionera, seguramente habría encontrado atractivo. Aunque no fue capaz de reconocer de quién se trataba, si estaba segura de haber visto esa cara alguna vez en el colegio, con una corbata verde y plata. Pero eso no la sorprendió demasiado, después de todo la mayoría en esa casa había abandonado los cursos igual que Harry, Ron y Hermione, y todos sabían que los más grandes se habían unido a la guerra.
Lo que logró sorprenderla fue la bandeja de comida que él traía en las manos, la cual fue delicadamente apoyada en el piso, mientras que el hombre salía por unos momentos y volvía a entrar con un banco en el que se sentó. Entonces, sin desatarla, intento llevarle un poco de comida a la boca, pero Ginny no se lo iba a poner tan fácil y en cuanto el alimento estuvo entre sus labios, lo escupió completamente en el bello rostro.
Theo no se inmutó. De hecho, una malvada sonrisa inundó sus facciones al probar de primera mano el espíritu guerrero de Ginevra. Le gustaban las mujeres que no se dejaban doblegar; le gustaban más que nada porque siempre lograba dominarlas y cuando lo hacía y el brillo desafiante en los ojos se apagaba, se sentía poderoso. Era una inyección de amor propio que le provocaba una autosatisfacción sin medidas.
-Asumo que no deseas alimentarte si todavía te quedan fuerzas para escupir la comida, Weasley.- Ginny no dio señales de haberlo escuchado, así que Theodore bajó la mirada para verla detenidamente.- Te darás por vencida pronto, ya lo veras.
-¿Cómo sabes mi nombre?- Pronuncia Ginny, con furia.
-Pelirroja, con pecas y mal carácter… definitivamente eres una Weasley.- Ginny volvió a escupirlo, y esta vez, Theodore sí se mostro molesto.
Tomando el pelirrojo cabello entre sus manos, se encargo de acercarla a él lo suficiente como para que sus rostros quedaran a milímetros de distancia, levantándola del piso debido a la fuerza ejercida. Entonces, paso su nariz por el perfil del bello rostro de la chica, quien intento en vano removerse, y aspiro su aroma. Luego volvió a tirarla contra el piso con fuerza, como si fuera una bolsa de papas, y juntando la bandeja salió del lugar.
-Espero que disfrutes tus vacaciones, bonita.- Dijo el mortífago a la hora de cerrar la celda y dejarla allí.
Ginny gimió al sentir el dolor del impacto en sus costillas y cerró los ojos, dispuesta a esperar que notaran su ausencia y la rescataran. Se permitió liberar una sola lágrima, pero no por temor, sino por recordar la última interacción que tuvo con Harry.
Has pasado con la manada dos días seguidos en los cuáles conseguiste olvidarte de Fleur y sus irracionales temores, así como sus celos infundados y la opresión del reproche en su mirada. También huiste del enfrentamiento con tu hermano Ron, el cual te parece más infantil que nunca, y lograste mantener tu mente ocupada en otra cosa que no fueran los problemas de la guerra.
Hablaste mucho con Agnes y aprendiste que además de ser hermosa tiene un excelente sentido del humor y un muy buen corazón, eso sin contar su inteligencia. Tuviste la posibilidad de aprender acerca de los hábitos de esos hombres y mujeres; supiste que ninguno de ellos realiza magia, viste sus huertos orgánicos, por lo que comen lo que ellos cultivan y fabrican sus propias ropas, aprendiste que muchos tienen hijos e hijas, pequeños niños que lo miraban con rostros alegres debido a que hacía aparecer chispas con la varita para divertirlos.
Sin embargo, lo último que obtuvo fueron avances a la hora de conseguir el apoyo de la manada al completo.
Frustrado, Bill decidió caminar rumbo al bosque para pensar y tratar de encontrar una manera que le permitiera ganarse la confianza de todos, cansado de tratar de encontrar las palabras correctas, se sienta en un tronco caído que encuentra en un pequeño claro. Gira la cabeza bruscamente a la derecha cuando siente el crujir de una rama en esa dirección y al hacerlo se encuentra con Romilly Watson, el hombre que más difícil se la ha puesto y quien más veces lo ha enfrentado.
Watson es un hombre ya viejo, de unos cincuenta años, poseedor de una tez oscura y unos perpizcases ojos negros; tiene un tupido candado de barba en la cara que parece estar bien cuidado y, un poco dispersos, pueden verse pequeños brotes de blanco, que denotan que el paso de los años está haciendo lo suyo en el hombre. Bill no tiene problemas con él, e incluso es capaz de entender la desconfianza que le profesa. Romilly es quien más años lleva allí, de hecho fueron Velken, Payne y él mismo quienes comenzaron con la manada, buscando más hombres y mujeres lobos y estableciendo su propia comunidad, así que Bill entiende que sea tan reacio a colaborar en una guerra que considera que no es suya.
-Deberías dejar de buscar palabras bonitas, no te apoyaremos, no es nuestro problema.- Habló Watson, apoyado en un árbol con los brazos cruzados sobre el pecho.
-No intento encontrar palabras bonitas, no las hay en una guerra.- Replicó Weasley.
-¡No es la guerra de mi gente, maldita sea! No voy a permitir que los condenes a todos a morir, no cuando mis amigos y yo trabajamos duro para construir nuestra colonia.- El hombre mayor se veía exaltado, pero Bill estaba dispuesto a mantener la calma el mayor tiempo posible, no quería enfrentarlo, quería simplemente hablar con Romilly, algo que no se había dado aún.
-Pero lo será, Watson, lo será. Has vivido más que yo y tienes experiencia en esto, ¿o acaso en la Primera Guerra no se vieron involucrados?- El moreno bajó la mirada.
-Perdimos a Payne y muchos otros en ese entonces.- Bill asintió.
-Estoy buscando la forma de ayudarlos a mantenerse a salvo, no quiero ponerlos en riesgo, ¿lo entiendes verdad?
-Lo que yo veo, Weasley, es que eres un magucho que intenta domesticarnos, y no somos tus malditas mascotas.- Replicó entonces Watson. Bill se tomo la cabeza entre las manos, sin saber qué mas hacer.
-Claro que no son mis mascotas, son personas que merecen vivir y no ser exterminados, ¡maldición!- Vociferó finalmente el pelirrojo, cansado de discutir. Watson parecía dispuesto a replicar eso, sin embargo, el ruido de gritos y rayos de colores que vieron en el campamento los alertaron de que algo sucedía por lo que salieron corriendo rumbo al lugar.
Cuando llegaron se encontraron con una escena violenta; Agnes estaba rodeada de 5 hombres más grandes que ella, quienes la apuntaban con sus varitas mientras ella mantenía tras de sí a una pequeña niña. Un poco más delante de la mujer, Bill pudo ver a Greyback intentando atacar a un hombre adulto que protegía su choza con un machete en su mano, y viendo hacia cualquier lugar se podían ver varios magos con túnicas negras y máscaras plateadas incendiando, atacando y destruyendo todo a su paso.
William y Watson solo cruzaron una mirada antes de actuar.
-¡Ve por Agnes!- Dijo Bill con la vista fija en el malvado hombre lobo, quien incluso con su forma humana se veía bestial y salvaje, tal como lo recordaba.- Greyback es mío.
Watson asintió y salió en dirección a la chica, mientras que Bill sacaba su varita y corría hacia donde estaba el carroñero.
-¡Confringo!- Exclamó el mago, haciendo saltar por los aires al hombre lobo que en seguida se repuso y distrajo su atención de la choza.- Sal de aquí, ve al bosque y mantente a salvo, lleva contigo la mayor cantidad de personas que puedas, ¿de acuerdo? Y usen sus formas animales, de lo contrario van a encontrarlos con un hechizo de rastreo.- Dijo Bill a la carrera al otro hombre, quien con un gesto de cabeza salió corriendo.
-Vaya, vaya… el jovencito delicioso, me recuerdas a ese tonto niño Lupin… muy similares, sí.- Greyback no pudo seguir hablando, debido a que Bill, sin entender como, se había transformado en un gigante lobo que saltó dispuesto a tomarlo como comida.
Aunque estuviera transformado en un animal que camina en cuatro patas, Bill era totalmente consciente de lo que hacía, sabía exactamente lo que cruzaba por su cabeza y podía asegurar que no tenía intención ninguna de matar a nadie más que no fuera Greyback.
Mientras tanto, el otro hombre esbozó una sonrisa. Sin duda, aunque hubiera atacado al chico sin estar bajo la influencia de la luna, había tenido un efecto importante; y ahí estaba el mocoso, transformado en un enorme lobo de pelo rojizo, con la cabeza más grande que había visto, los ojos amarillos y grandes colmillos que podrían descuartizarlo rápidamente. Sin embargo, no tenía miedo, después de todo él también era una máquina asesina.
Con un aullido, Bill saltó sobre su presa con una agilidad excelente, por lo que hizo que el otro hombre aterrizara en la tierra soportando su peso, pero una fuerte patada en su abdomen lo saco volando y le dio a Greyback el tiempo para correr y agarrar el machete que estaba en el piso.
Aunque William no se dejó amedrentar y, cambiando de forma nuevamente, volvió a ser un mago que blandiendo su varita se encargo de derribar al otro derrumbando el suelo debajo de sus pies.
-Deprimo.- El gran agujero que se abrió en el piso fue suficiente para mantener atrapado al hombre lobo, quien golpeo el piso con la espalda y necesitó de unos momentos para reponer el aire.
Bill no perdió el tiempo, nuevamente cambió de forma, y entonces saltó dentro del hoyo y atacó a Greyback de gravedad, hiriéndolo con sus garras en el torso y mordiéndolo en el rostro, los brazos y las piernas. No salió inmune, porque su contrincante se defendió con todo lo que tenía y también consiguió herirlo, pero sin duda no estaba tan mal parado.
Más rápido de lo que él se esperaba, Greyback habló.
-¡Retirada!- Gritó a sus hombres, quienes se fueron desapareciendo en pequeños grupos de a dos, mientras que otro hombre, a quien Bill identificó como Scabior, se acercaba a Fenrir y se ocupaba de desaparecerlos a ambos de allí.
Para fastidio de Weasley, que hubiera querido matar a su oponente. Sin embargo, se distrajo velozmente cuando miró a su alrededor. Las demás casas estaban destruidas totalmente, el fuego ardía en varias de ellas, mientras que era capaz de ver niños llorando y hombres y mujeres corriendo de un lado a otro; algunas personas heridas estaban desperdigadas por el lugar, pero cada vez que su mirada cruzaba con ellas, todas asentían con la cabeza indicándole que ninguna herida era de gravedad.
Buscó con la mirada a Watson y lo encontró arrodillado junto al cuerpo de quien parecía ser Agnes, que estaba inconsciente.
-Romilly.- Pronunció al alcanzarlo, el hombre moreno levantó brevemente la mirada, se veía verdaderamente preocupado.
-No sé con qué la atacaron, pero no ha despertado y está respirando de forma indebida.- El pelirrojo asintió y se agachó para observar adecuadamente a Agnes. Al parecer, había sido un hechizo sencillo pero eficiente que seguramente la había hecho caer mal y eso provocaba sus respiraciones agitadas y superficiales.
Bill miró más detenidamente a la mujer y no notó rastros de sangre o maldiciones –algo que sabía detectar perfectamente– por lo que decidió despertarla.
-Ennervate.- Los ojos marrones de la chica lo miraron desorientados por unos segundos, pero se repuso velozmente.
-No te levantes, Jefferson.- Pronunció Watson cuando vio que ella hacía una mueca de dolor al intentarlo; mientras que Bill trataba palpar las costillas de la chica, recibiendo un manotazo. Romilly esbozó una sonrisa.- Tranquila, solo quiere ayudar.
-No dejaré que un hombre me toque, Watson.- Bill miró al otro hombre con desconcierto.- Estoy bien.
-De acuerdo, llamaré al resto de mi gente, para que los ayuden a reconstruir las casas; también voy a pedirles que protejan la zona con varios hechizos y encantamientos, y me aseguraré de que todos tengan poción matalobos para que si llega la luna llena la próxima vez, tengan conciencia de lo que hacen y no salgan del área segura. ¿Está bien?- Watson asintió al mismo tiempo que Agnes, quien los miraba hablar sorprendida del trabajo en equipo que ambos estaban haciendo.
Bill se alejó un poco y conjuró su patronus, una elegante pantera plateada, para darle un mensaje que transportar a los demás miembros de la Orden del Fénix.
-La manada de lobos fue atacada, las casas están destruidas, hay algunos heridos aunque ninguno es de gravedad pero aún así necesito que vengan y los ayuden a reconstruir todo, también necesito que traigan poción matalobos o ingredientes para hacerla y que alguien establezca una superficie de protección. Me quedaré aquí esperando ayuda.- Habló Bill al majestuoso animal quien lo miro con sus ojos felinos y luego desapareció, medio trotando en el aire. Suspirando, volvió a acercarse a las personas que allí estaban y se puso manos a la obra para ayudar en todo lo que pudiera.
Se encontraba en camino a encontrarse con su tía, dispuesto por primera vez en su vida a enfrentarse a ella solo por obtener el placer de destruirla con sus propias manos por atreverse a tocar lo que él consideraba suyo –o eso es lo que creía fervientemente–.
Para cuando llegó al bosque donde debía encontrarla no había nadie; sin embargo, algo le hizo saber que eso no era normal y su sentido de supervivencia se activó inmediatamente, después de todo no estaba enfrentándose a cualquier persona, de hecho estaba teniendo una especie de entrenamiento con una loca psicópata que podía preparar todo tipo de cosas peligrosas y mortales.
De pronto, un sonido detrás suyo lo hizo darse vuelta pero no vio nada, nuevamente volvió a escuchar algo a su espalda, cosa que lo hizo volver a girar sin obtener ninguna visión acerca de lo que se estaba moviendo y le encrispaba los nervios; Draco mantenía el oído atento, los ojos alertas y el cuerpo en tensión, algo le decía que fuera lo que fuera ese sonido no presagiaba nada bueno y sin embargo, no conseguía ver absolutamente nada.
El bosque de la mansión estaba en completa oscuridad, algo más característico que el mismísimo bosque prohibido, y con Bellatrix suelta y con libertad de acción, Draco tampoco estaba seguro de qué clase de cosas pudieran haber metidas allí dentro. Lo cierto es que los Malfoy siempre habían mantenido unas mascotas por demás extravagantes que incluían algún que otro animal peligroso que estuviera controlado por el Ministerio –aunque en ese caso el ente mágico no tenía ni idea– o directamente prohibido. Ahora, con Voldemort usando la casa como base y cuartel y varios de los mortíos más peligrosos allí, ese hecho tomaba todavía más fuerza y se volvía mucho más impredecible, preocupante y peligroso para cualquier habitante sin cerebro.
Suspirando, Draco tomó su varita en lo alto y se adentró al bosque, caminando hasta meterse profundamente entre los árboles ignorando el sonido que hacían las hojas al aplastarlas e incluso el crujir de las pequeñas ramas cada vez que pisaba una. Igualmente, iba caminando a pasos sigilosos, siempre pendiente de lo que estuviera a su alrededor y con todo el cuerpo listo para atacar en cualquier momento.
De repente surgió de entre las sombras una gran silueta, de aproximadamente tres metros de altura y dos metros de ancho, que Draco identificó como una acromántula más por su tamaño que por otra cosa. Inmediatamente, el rubio corrió como si la vida le fuera en ello, cosa que era más que probable, mientras que más de las gigantescas arañas aparecían tras de sí.
Mientras trataba de pensar en algo eficiente que le diera tiempo, Draco comenzó a defenderse con hechizos tirados sobre su hombro que, más pronto de lo que esperaba, le daban al blanco. Rayos blancos salían disparados de su varita mientras trataba de conjurar el hechizo lo más veloz que sus pensamientos le permitían.
-¡Arania Exumai! ¡Arania Exumai! ¡Arania Exumai!.- Repetía a diestra y siniestra, solamente moviendo su mano hacia atrás sin mirar en nada que no fuera lo que tenía delante. Pero ese sencillo hechizo ya no era suficiente, por cada araña que lograba neutralizar aparecían tres más, por lo que sus números no eran favorables. Necesitaba algo que le sacara todas las bestias que lo perseguían… y entonces, la respuesta apareció frente a sus narices.- ¡Fiendfyre!- El fuego maldito se abrió camino desde su varita hasta donde estaban las arañas con una especie de rugido muy sonoro, y Draco solo esperó que la conciencia propia de lo que había conjurado se enfocara en las acromántulas y no en su persona.
Mientras que él corría cada vez más velozmente, el fuego que había tomado la forma de un dragón estaba consumiendo todo lo que encontraba a su paso, las acromántulas huían despavoridas, pero muchas otras no lo lograban y eran alcanzadas por las llamas. Cuando sentía que ya no tenía aire en los pulmones y comenzaba a pensar en detenerse, escucho la voz de Bellatrix.
-Vaya, vaya, vaya.- Palabras seguidas de su característica risa chillona.- Mi sobrinito sí tiene agallas después de todo.- Draco frenó su carrera en seco, dispuesto a gritarle a la mujer que estaba loca y que debía detener aquella estúpida prueba, pero sabía que hacerlo sería condenarse.- El fuego maldito es incontrolable, Draco. Eso convierte tu idea en brillante.- Nueva risa chillona. El rubio no le encontraba la gracia en ningún momento, de hecho, seguía estando completamente en tensión; el fuego se estaba acercando a ellos y las grandes llamaradas amenazaban con alcanzarlos y consumirlos más rápido de lo que pareciera. Y justo cuando Draco realmente comenzó a considerar que invocar el fiendfyre había sido una estupidez, su tía demostró su potencial en la magia.- Fiendlocked.- Un potente rayo azul salió de la varita de la mujer y se enfrentó fieramente con el fuego demoníaco que poco a poco se fue reduciendo hasta extinguirse completamente.
Malfoy estaba asombrado, nunca había visto tal cosa y sabía que muy pocos magos eran capaces de conjurar el contra maleficio del fiendfyre correctamente; también era consciente de la capacidad que tenía Bellatrix en magia negra, aunque nunca se le ocurrió que podía ser tan tenebrosa. Ahora entendía porque ella había tomado el lugar de segunda al mando en la jerarquía de Voldemort, sin duda, lo había hecho porque no solo era una asesina innata, sino que también era inteligente y desequilibrada, una combinación verdaderamente perfecta para un reinado de terror y muerte.
-Y ahora que hemos enfrentado a mis primeros bebés, es hora de que continuemos con esto, así que sígueme querido.- Draco volteó los ojos, no tenía pensado moverse.
-Debes estar loca si crees que voy a ir tras tus pasos, tía.- Bellatrix giró y lo miro con los ojos encendidos.
-Incarcerous.- Las gruesas cuerdas en cargaron de cubrirlo, mientras Draco intentaba inútilmente luchar contra ellas y liberarse del amarro.- Ya que te niegas a venir por las buenas, lo harás por las malas. Levicorpus.- Ahora, no solo estaba atado, sino que también estaba levitando. El rubio se estaba empezando a sentir idiota.
La mujer siguió su rumbo sin preocuparse por más nada que no fuera la canción estaba entonando al ritmo de "los muggles deben ser exterminados, los sangresucia deben ser exterminados, los traidores a la sangre deben ser exterminados y yo me ocuparé" algo que para Malfoy no tenía ni siquiera una entonación y sin embargo parecía realmente psicópata.
Se adentraron en el bosque por lo que parecieron horas y como lo único que podía visualizarse encima de sus cabezas eran las copas de los árboles, Draco no estaba seguro de si era de día o de noche, pero estaba seguro como el infierno de que nunca antes se había internado tan profundamente en el frondoso lugar a pesar de haber crecido allí. Para cuando la mujer dejó de caminar y por ende él dejó de flotar a sus espaldas, era imposible ver más allá de las narices y él ya tenía el cuerpo adormecido por la poca circulación de la sangre en su organismo, pero Bellatrix lo liberó casi al instante.
-Lumus Solem.- En el momento, la luz solar convocada por el encantamiento se encargó de mejorar la visión en ese pequeño hueco que tenía el bosque. Draco pudo observar entonces que su tía tenía todo más que preparado, ya que había varias pesas hechas de forma rústica y también una barra para hacer dominadas.
Por otro lado, pudo distinguir dos escobas, varios calderos para pociones con sus soportes debajo y los ingredientes dentro de un baúl, también habían conos en el piso dispuestos de forma aparentemente desordenada pero Draco estaba seguro de que tenían algún tipo de sentido; pudo distinguir a lo lejos un laberinto gigante que le recordaba a la última prueba del torneo de los tres magos y también vio varias llamaradas de fuego sobresalir de algunos de los rincones de esa estructura, así que de seguro el laberinto tuviera varias sorpresas dentro.
-Es hora de comenzar, sobrino. Quiero que realices el Filtro de los Muertos en Vida, pondremos a prueba tu paciencia y capacidad de trabajo bajo presión… porque por supuesto no trabajarás solo enfocado en eso. Tendremos un lindo duelo para empezar.- Con un movimiento de varita Bellatrix se encargó de ordenar el caldero y los ingredientes correctos, y luego, acercándose al hombre, le dio un empujón. Draco suspiró y se dispuso a trabajar.
Con suma delicadeza Draco apartó los ingredientes necesarios y escogió un caldero de cobre, que pudiera soportar el tiempo de cocción que tiene esa poción en específico. Luego, se dedico a cortar las raíces de valeriana de la forma indicada, lo hizo despacio y con cuidado mientras que notaba la forma en la que su tía iba caminando a su alrededor, observándolo, midiéndolo y buscando el momento oportuno para atacar.
El siguiente paso fue el de tomar el cuchillo de plata y ocuparse de machacar las judías soporíferas, trece en total, para extraerles el jugo, mientras hacía eso se encargó de introducir el ajenjo con la valeriana en el caldero, a fuego fuerte, y luego echó las judías; en ese momento la poción tomó un color morado. Finalmente echó las ramas de asfódelo y removió con su varita siete veces en el sentido contrario a las agujas del reloj, consiguiendo que la poción quedara del color rosa pálido que debería.
Con un suspiro de alivio, Draco se permitió relajarse por unos momentos que le resultaron insuficientes, debido a que de pronto noto que había demasiado silencio haciéndole compañía. Cosa que definitivamente no tenía sentido si Bellatrix estaba en ese lugar.
Mirando sobre su hombro, se dio cuenta de que estaba completamente solo. Sin embargo, observando más detenidamente distinguió una silueta pegada al tronco de uno de los árboles que estaban a su izquierda y supuso que su tía estaba usando un hechizo desilusionador y seguramente algún otro que sirviera para ocultar sus pasos; pero no quiso posar su mirada demasiado tiempo en ese lugar o su tía descubriría que ya sabía dónde se encontraba.
Para cuando Bellatrix fue a lanzar su hechizo, Draco fue mucho más veloz y utilizando la magia no verbal conjuró un expulso que hizo salir a la mujer volando por los aires; pero Bella es ágil y sin demora realizó su contraataque.
-Oppugno.- Una gigantesca rama de árbol que estaba caída salió volando hacia él, Draco se vio entonces obligado a conjurar un escudo.
-Protego.- La rama del árbol que venía disparada a su persona chocó contra un campo invisible que la detuvo. Sin embargo, la mujer había salido corriendo, atravesando los conos que estaban en el piso, utilizado la barra de dominadas para balancearse, y finalmente volvió a internarse en el denso bosque.- ¡Maldición!
El joven fue hacia el lugar donde estaban las escobas y, en vez de atravesar todo lo que su tía tenía preparado quiso salir volando. Pero no pudo hacerlo ya que al parecer las escobas tenían algo que impedía moverlas. Por lo que viéndose obligado fue hacia los conos y cuando intento pasar por el costado choco contra una pared invisible que se volvió sólida al contacto. Golpeándola con el puño debido a la frustración, Draco se decidió a atravesar todas las pruebas en busca de Bella.
Así que paso cada uno de los conos, se balanceó en la barra y tomó impulso para seguir corriendo una vez más, esta vez en dirección al laberinto. Al llegar, ve que ella lo está esperando, parece emocionada y ni siquiera se ve cansada por el esfuerzo. Más bien estaba todavía eufórica.
-Muy bien Draquito… No esperaba que llegarás tan pronto.- Ella se le acercó lo suficiente para que su aliento le golpeara en el rostro.- Tienes buenas aptitudes muchacho, pero eres igual de débil que mi querida hermana Cissy.- Draco apretó los labios, recordándose mentalmente que no podía responder a las provocaciones.- No voy a acompañarte ahora, así que deberás enfrentarte tú solo a esta preciosidad… pero tranquilo, si no encuentras la salida, he puesto un encantamiento que te sacará de allí dentro en dos horas. Vivo o muerto.- Él asintió, al menos sabía que saldría.- Por cierto, son las tres de la madrugada, Malfoy. Así que no va a quedarte demasiado tiempo para descansar antes de ir nuevamente con nuestro Señor.- Bella caminaba en círculos, lentamente.- Ahora, adelante. ¡Depulso!- Draco se vio empujado hacia el interior del laberinto sin poder hacer nada, ya que una vez que cruzó mínimamente el umbral de la entrada, una fuerza pareció succionarlo y evitarle salir.
Sin dormir. Así era como se encontraba Hermione Granger encerrada en ese gran cuarto que se asemejaba más que nada a una jaula que exudaba opulencia; con su hermoso candelabro de cristal y oro, sus muebles de roble claro, y las suaves sábanas de seda y toallas de sedoso paño.
Había esperado que Draco volviera a verla, pero él no lo había hecho aún y eso la tenía en un estado total de nervios que le había impedido caer en los brazos de Morfeo. Afortunadamente, Holk la había dejado sola después del baño, pero se aseguró de que estuviera entretenida y para eso le había dejado a su disposición un lienzo con varias hojas grandes y muchas pinturas al oleo, con las que Hermione se dispuso a esperar el paso del tiempo.
Como resultado el piso del cuarto estaba cubierto con muchos dibujos que ya habían sido completados; uno en específico era su preferido, había retratado los jardines de la mansión, los cuales eran hermosos a sus ojos, majestuosos y radiantes. Ella no podía entender cómo podían las flores, las plantas y los pavos reales mantenerse apartados de la oscuridad que habitaba en ese lugar. Por eso había representado lo que veía, desde las rosas, los tulipanes y los narcisos hasta el bello puente blanco que tenía un pequeño cause de agua debajo.
Dibujar le daba un tiempo de claridad para pensar y abstraerse de todo lo que estaba viviendo, era más fácil olvidarse de la guerra, Lucius Malfoy y el estar prisionera si se tenía un pincel en la mano. Le pasaba exactamente lo mismo con los libros, pero no le habían dado ninguno y probablemente no se lo dieran hasta que Draco no diera su aprobación.
Suspirando, cambió el color que estaba usando en las últimas pinceladas. Aunque esa tarea la ayudara a distraerse, el rubio hurón no había salido de su mente y la consecuencia había sido directa. Estaba haciendo un retrato de su rostro sólo con las imágenes que su memoria alcanzaba a recordar, así que eso debía decir mucho. El fino rostro masculino estaba dibujado de frente, con su pelo despeinado y sin engominar, como se veía mientras dormía, y los ojos grises abiertos y brillantes, como cuando se exaltaba, también había eliminado el rictus serio de su boca y lo que mostraba era una faceta más relajada que ella nunca había visto en él. Al menos, no mientras estaba despierto.
Con la tarea finalizada, se dispuso a dar vueltas por el lugar y mirar por las ventanas. Había notado que al fondo de los jardines se alzaba un gran bosque parecido al de Hogwarts, así que se quedó viendo en esa dirección como si los árboles pudieran darle las respuestas que tanto buscaba. No fue así, pero la ayudaron a calmar sus nervios cuando vio aparecer un punto vestido de negro que resaltaba más que nada por la palidez de su piel. Era un hombre, sin dudas, y era muy blanco. Forzando la vista un poco Hermione noto que de hecho quien estaba saliendo de entre los árboles era Draco Malfoy.
Remus observa la forma en la que Bill daba indicaciones a toda la gente que está en el lugar donde se ubica la colonia de hombres y mujeres lobo; no se siente sorprendido de que a pesar de la juventud el mayor de los Weasley sea capaz de liderar tan bien, ni se asombra por la firmeza en sus palabras y su postura de protector de todos los que viven allí. Pero sí se permite sorprenderse al notar que todos allí parecen esperar sus palabras.
Cada vez está más convencido de que eligió al hombre adecuado para acercarse a esas personas y tratar de conseguir su apoyo. Y le tranquiliza saber que Bill va por un buen camino. Puede asegurar que cuenta con la confianza y el apoyo de todos, incluso cuenta con la aprobación de Watson, a quien Lupin identificó nada más llegar, y sin dudas está seguro de que tiene el voto de Agnes Jefferson.
Mirando a su alrededor, se sorprende de notar que casi toda la Orden del Fénix está apostada en ese lugar tratando de reparar los daños, pero le preocupa el hecho de saber que Greyback conoce la ubicación y puede querer volver a atacar, sin embargo, espera que los encantamientos y hechizos protectores sean necesarios.
Acercándose a Bill, quien está pegado a Agnes, alcanza a escuchar una parte de la conversación que están teniendo.
-Ha vuelto a suceder… y fui totalmente consciente de lo que hacía.- Bill hablaba en susurros bajos, casi inaudibles, que para Remus eran bastante claros gracias a su desarrollado oído.
-Te explique antes que creo que es la adrenalina y la influencia de la luna, pero no lo sé, William.-Respondió en un susurro aún más bajo ella, consiguiendo que esta vez Remus tuviera problemas para oírla.- Hola, tú debes de ser Remus Lupin, ¿no es así?- Bill volteó en ese momento y lo vio. Sus ojos brillaron con un destello dorado y el mayor no pudo evitar sentirse amenazado.
-Ah… Hola, sí. Es un placer.- Respondió el líder de la Orden. Agnes le sonrió, aunque cuando intento estirarse para estrecharle la mano hizo una mueca de dolor y emitió un pequeño quejido que hizo que el pelirrojo enfocara su atención completamente en ella.
-¿Estás bien? Podríamos conseguir una visita rápida con la enfermera Pomfrey.- La mujer negó con expresión consternada.
-Estoy bien, Weasley.- Remus sonrió, divertido de ver lo reacia que era la chica a recibir ayuda.
-Bill… yo venía a hablarte de algo importante, ¿tal vez podrías venir un momento conmigo?- El hombre y la mujer más jóvenes lo miraron.
-Puedes hablar sin problemas, Remus.- El hombre lobo asintió.
-Necesito que vuelvas al cuartel, tenemos a alguien que solo quiere hablar contigo. Por otra parte, temo que Greyback regrese al ya conocer la ubicación de la colonia, pero Watson se ha negado a movilizar a la gente.- Agnes miró el dirección al hombre moreno, parecía estar buscando respuestas con solo una mirada, sin embargo, Romilly ni siquiera estaba prestando atención en esa dirección.
-No suelo concordar con Watson, pero definitivamente no nos moveremos, mi madre, mi padre y él establecieron este lugar como nuestro hogar, y así será.- Respondió ella, manteniendo sus ojos firmemente sobre Remus, quien asintió a sus palabras.
-Bien, que así sea. Mi gente se quedará aquí hasta que todo esté listo y les dejemos las pociones. Pero sigo necesitando que vuelvas al cuartel, Bill.
-De acuerdo.- Dijo Bill.- Volveré pronto.- Agrego antes de desaparecerse a la vista de todos.
-Espero que la próxima vez que nos veamos sea en mejores circunstancias.- Murmuró Remus, inclinando la cabeza a forma de saludo antes de desaparecerse él también. Lo último que vio fue el gesto afirmativo en la mujer.
Otra vez en el cuartel de la Orden del Fénix, Bill va directamente al cuarto donde se encuentra Pansy; no entiende qué es lo que lo empuja a volver a ella, pero es una fuerza que lo atrapa y lo domina, impidiéndole hacer cualquier otra cosa.
Se siente deseoso de volver a tenerla cerca de la misma manera que cuando la vio en el Caldero Chorreante, y no quiere encontrarla de la misma forma en la que la vio cuando la encontraron cerca de la colonia de dragones. Sin embargo, sabe que volver a cruzarse con esa bella adolescente puede ser peligroso para él, porque definitivamente ella tiene algún tipo de influencia en ese lado desconocido que convive en su interior desde el ataque del hombre lobo.
Caminando por la casa que no le es tan familiar, va cruzando pasillos y puertas hasta llegar a unas escaleras que lo llevarán al tercer piso y podrá entonces llegar a su destino. Cuando entra en la habitación cruza la mirada con la de su hermano Ron y su madre, saliendo el menor a paso rápido, chocando hombro con hombro en el umbral de la puerta. Bill reconoce al instante la actitud desafiante de Ronald y sus hormonas alteradas están más que dispuestas a seguir en el pleito, pero al notar la actitud preocupada de Molly decide que lo mejor es evitar un enfrentamiento innecesario, mucho menos delante de la mujer más importante de su vida.
Seguidamente se dedica a observar a Pansy, la chica está aparentemente dormida en la cama, ya no se ve tan pálida y no hay moretones cubriendo su hermoso rostro, pero está más delgada, y no ha recuperado totalmente su color original de piel.
El carraspeo de su madre lo hace mirarla y enfrentarse con ella por primera vez desde que llegó. La pelirroja mujer sigue teniendo su mirada maternal tan cálida como siempre y aunque parece nerviosa porque sus hijos son lo suficientemente adultos como para escaparse de sus manos, se le nota orgullosa de ellos. Bill lo sabe porque no hay temor, enojo ni nada más en el brillo de sus ojos.
-Se ha dormido hace un rato, pero puedes despertarla. Tal vez consigas que coma un poco, ya que yo no pude hacerlo.- Su madre le acarició el rostro y justo cuando saliendo del cuarto volteo a verlo nuevamente.- Por cierto, debes ir a ver a Fleur también hijo. Ella no se ve bien.- Bill asintió.
-Sí madre, gracias.
Luego de que Molly saliera, el hombre se dedico a vagar la mirada por la habitación, mientras que caminaba en dirección al sofá que estaba al costado de la cama. Con cuidado se acerco un poco más y comenzó a acariciar suavemente el cabello negro de Pansy, el cual encontró sedoso y liso incluso despeinado.
Ante el contacto, ella abrió los ojos y cuando el iris azul se enfocó en su mirada algo en el cuerpo de Bill se encendió. No sabía que era, pero su sangre comenzó a hervir y solo era capaz de enfocarse en la mujer de la cama; no era una sensación de nerviosismo, no eran mariposas en el estómago y definitivamente no era algo delicado. Más bien era un foco de incendio que en vez de mantenerse controlado iba creciendo en su interior, haciendo que en vez de querer cuidarla y protegerla, quisiera tomarla y adueñarse de ella.
Era irracional sentir un deseo tan grande por alguien a quien no había visto nunca con anterioridad salvo la vez del bar. Él ni siquiera la conocía de nombre y lo poco que sabía había sido gracias a Harry y sus hermanos, pero sin embargo, podía sentir la presencia de la chica inundándolo todo.
Estaba seguro de que todo se debía a la provocación que ella inició, pero no entendía el motivo por el cual se sentía tan ligado. Aunque estaba dispuesto a averiguarlo.
-Hola.- Dijo él, aún acariciándole el pelo.
-Hola, guapo.- Le contesto ella con la voz un poco ronca. Bill se levantó entonces y fue hasta la mesa a buscar un vaso con agua, que ella bebió en sorbos pequeños.- Gracias.
-De nada, bonita.- Pansy esbozó una sonrisa aparentemente inocente.- Ya nos hemos visto antes, pero quiero aprovechar la oportunidad para decirte lo hermosa que eres.- Él no sabía qué lo impulsaba a coquetear en esos momentos, pero le resultaba casi imposible evitarlo.
-Entonces, yo también debería decir lo guapo y sexy que eres.- Respondió ella, aunque no se veía como alguien que estuviera en condiciones de jugar ese tipo de juegos. Bill rió, de pronto, una inyección de ego no le venía mal.
Pansy se sentía satisfecha de que no fuera tan difícil como pensaba acercarse a William Weasley. Ella creía que llegar hasta el cuartel iba a representar toda una odisea y su plan sería insuficiente, pero en cambio había resultado una excelente idea y Bill en persona había intercedido entre ella y todos los que estaban en contra de su estadía en el lugar.
También era consciente de que nadie confiaba en sus palabras, y ella definitivamente no esperaba algo como eso, no creía que fueran tan idiotas. La tenían todo el tiempo en el cuarto, se encargaban de darle comida, ropa y libros –que nunca leía–, pero siempre tenía a la madre de los pelirrojos acompañándola e intentando entablar una conversación, cosa que Pansy evitaba como si tuviera fiebre de dragón.
Sin embargo, ahora estaba sola con ese hombre guapo, quien le estaba coqueteando descaradamente aunque no estuviera seguro de si ella estaba recuperada completamente. Ella le sonríe inocentemente a sus palabras, mientras que decide seguirle el juego. Había notado que cuando Bill se le acercaba, él parecía olvidar que era casado, así como se mostraba más propenso a tener discusiones con todos para defenderla; incluso sin conocerla. Así que en su mente se estaban trazando los planes que le permitieran alejarlo de todos e ir dividiendo de esa manera a la dichosa Orden.
Aunque también debía encontrar la manera de salir de ese encierro, y quizás si ella se mostrara un poco más amable con el resto pudiera lograrlo. Algunas veces era necesario hacer sacrificios para salir adelante en sus metas.
Pansy aprovecha la forma en la que él la mira para levantarse despacio de la cama y acercarse hasta donde está sentado Bill y acomodarse en su falda; él la recibe entre sus brazos como si fuera una pluma y en ese momento ella duda. Por unos instantes la intensidad de la mirada del hombre la hace dudar, él parece atravesarla con los ojos y eso le hace pensar que tal vez William pueda saber la verdad.
Sin embargo sus pensamientos se ven interrumpidos completamente cuando él le pasa el pulgar sobre sus labios, en una caricia casi efímera que le produce un escalofrío por todo el cuerpo. Están tan cerca el uno del otro que Pansy es capaz de respirar el mismo aire que Bill, y antes de saber exactamente qué es lo que la impulsa, acorta completamente las distancias y lo besa lento, como pidiendo permiso al principio, para ir aumentando la intensidad según lo que él termina dictaminando.
Pansy se deja llevar por la forma en que Bill termina apropiándose de su boca, de una manera pasional y posesiva con la que ella es capaz de sentir como si el hombre quisiera devorarla. La sensación de placer que se extiende por todo su cuerpo le da una muestra de lo bien que sabe hacer las cosas el pelirrojo, así como le demuestra que está en problemas serios de auto control, debido que no puede dejar sus manos quietas y comienza a desabotonar la camisa del hombre de forma un poco impaciente.
Bill también aumenta la apuesta al introducir sus manos debajo del camisón de seda que lleva puesto y ella es capaz de sentir el gruñido que escapa desde el fondo de la garganta masculina al rozar la parte interna de sus muslos.
Pero toda la burbuja en la que están sumidos se rompe al momento en el que un grito femenino se deja escuchar en la habitación.
-¿¡Qué demonios crees que haces, Bill!? –Fleur ha ido a la habitación de la chica que ha llegado herida a llevarle la merienda, pero nunca se imaginó que podría encontrarse con su esposo allí, ni mucho menos que los encontraría besándose.
Al sentir la voz de su esposa, Bill se aleja de Pansy pero no la suelta y en cambio, se dedica a enfrentar a su mujer con la mirada encendida pero un tono de voz tranquilo.
-Estaba asegurándome de que ella estuviera bien, Fleur. No es necesario que grites de esa manera.- La mirada de la veela se posó en su esposo, quien seguía con Pansy sentada en su falta y las manos debajo del camisón, y algo en ella pareció explotar.
-Espego que salgas de aquí inmediatamente, William. Pogque debemos hablag.- Y con esas palabras tiró la bandeja al suelo y salió dando un portazo que la Slytherin estaba segura de que había hecho vibrar las ventanas del cuarto.
Antes de irse, él la beso una vez más con pasión, a tal punto que incluso parecía haberse olvidado de lo ocurrido hacia apenas unos momentos. Sin embargo, tan de repente como comenzó el beso lo acabó, y antes de salir definitivamente se encargó de dejarla acostada en la cama y despedirse.
-Nos veremos pronto, ¿de acuerdo? –Pansy asintió.- Asegúrate de comer, mandaré a alguien para que limpie.- Con eso, salió del cuarto. Y ella se permitió sonreír, porque al parecer, la idea de comenzar a dividirlos saldría bien mucho antes de lo esperado.
Decir que se sentía furiosa, herida y traicionada era quedarse corto. Fleur estaba devastada; no lograba entender cómo había podido Bill hacerle una cosa semejante. Sabía que la guerra no les estaba haciendo nada bien para su matrimonio, era consciente de que el estar separados todas las noches, el vivir escondidos en un Fidelio y el poco apoyo familiar que recibía le jugaban en contra. Pero nunca, bajo ningún concepto, hubiera creído que su esposo, el hombre al que amaba y al que le había entregado todo y más que eso, el hombre por el que había enfrentado todo, pudiera clavarle un puñal por la espalda de esa manera tan cruel.
Fleur no era ciega, así que había notado la forma en la que él estaba siempre se preocupaba por Pansy o la manera en la que iba todas las noches hacia donde se ubicaba la manada para asegurarse de que nada les faltara y así ganarse el apoyo de todos. Sin embargo, ella siempre creyó que todo se debía al buen corazón que tenía y a los intereses de toda la Orden. Nunca se le ocurrió pensar en que pudiera deberse a intereses propios de Bill.
Pero con lo que vio en el cuarto, fue suficiente. Ya no seguiría engañándose acerca de las cosas y tampoco dejaría que él jugara con ella de esa manera. Si quería caer en los encantos de cualquier otra chica ella estaba dispuesta a aceptarlo siempre y cuando ya no fueran una pareja. Además, no se creía capaz de convivir con él o en la casa de Muriel con Pansy por lo que lo mejor sería irse a otro lugar.
Por eso había preparado una valija rápida con un poco de ropa y sus cosas más importantes, y ahora se encontraba en una de las habitaciones de esa enorme casa esperando que Bill se dignara a aparecer y ofrecerle una explicación.
Cuando él apareció no se veía arrepentido, ni alterado. Pero Fleur sabía que algo le sucedía, estaba segura de ello, aunque no podía asegurar de que la causante fuera ella misma.
-¿Qué quieres, Fleur?- Ella se indignó por la pregunta, pero en vez de mostrarse más alterada decidió conservar la poca calma que le quedaba y hablar de forma civilizada.
-Realmente no puedo creeg lo que me estás preguntando, William… ¡Cómo te atgeves!- Los ojos de la veela estaban comenzando a inundarse de lágrimas, aunque no lo quisiera. Y su voz también amenazaba con elevarse demasiado.
-¡Quiero paz! ¿Es que no lo ves? Fleur, estás todo el tiempo vigilándome, no me dejas estar tranquilo…- Bill aprovechó la oportunidad para decir todo lo que le sucedía desde que se habían casado, aunque no necesariamente fueran los motivos más acertados para su accionar.- Yo puedo entender que temas por mi seguridad, la de nuestro hogar y la de nuestras familias, pero no puedo quedarme todo el día encerrado en casa mientras los demás arriesgan sus vidas solo porque tú tienes miedo, no está en mi personalidad el ser un hombre que suela tener cuidado de su integridad física, me convertí en un rompedor de maldiciones porque me gusta la adrenalina que vivo en ese trabajo, y me afilié a la Orden porque quiero un mejor mundo donde vivir y donde criar a mis hijos en el futuro. Pero para eso, debes dejarme luchar y salir al campo de la misma manera en la que lo hacen los demás.
-Sales al campo todas las noches, Bill. Nunca te he negado que luches o te enfgentes a los enemigos. ¡Cumples tu tgabajo mejog que todos aquí! ¡Ni siquiega has dogmido en nuestga cama duragnte estos meses!- Fleur estalla al escucharlo, sin entender cómo puede ser capaz de decirle esas cosas.
-Ir a la manada cada noche es lo que me ha mantenido vivo, Fleur. Es el motor que me anima y me hace seguir en esto, pero en el Refugio siento una gran opresión al percibir tu mirada temerosa de que algo me suceda…
-Lo único que hay en mi miragda es pgeocupación, ya que no quiegro que algo malo te suceda, William.- La veela se ve sobrepasada por las emociones en ese momento, por lo que las lágrimas corrían ahora libres por sus mejillas al tiempo que se sujetaba de una cómoda cercana para poder mantener el equilibrio, debido a que las piernas le estaban fallando en la tarea de mantenerla de pie. Bill intentó acercarse al verla tan afectada, mostrando por primera vez un dejo de arrepentimiento por sus acciones, pero Fleur retrocedió.- Aléjate, ya no quiegro vegte.
-Fleur…- Ella lo miró a los ojos.
-¡Quegrías libegtad, pues adelante, yo me voy de aquí!- En ese momento, Bill fue consciente por primera vez de la maleta que estaba en el piso.
-No creo que eso sea necesario, Fleur, de verdad…
-¡Estabas besándote con una mujegr delante de mis naguices! No me pidas que haga el papel de idiota, pogque no lo hague. Si quiegres teneg aventugas y adrgenalina en tu vida egues libge de haceglo.- Con eso, la rubia salió de la habitación dando un portazo.
Bill cerró los ojos en el momento que se quedó solo, aunque sabía que estaba equivocado en la forma en la que trató a Fleur, ya no podía arrepentirse. Y no porque no quisiera hacerlo, volver el tiempo atrás y esas cosas, sino porque su esposa había salido huyendo lejos de él y probablemente se negara a verlo por un tiempo, pero tarde o temprano volvería.
O al menos contaba con eso.
No tenía idea de a dónde demonios podía ir, pero estaba segura de que sería lo suficientemente lejos de William Weasley como ella necesitara. Aunque alejarse de él era casi imposible teniendo en cuenta que no tenía en quien confiar ni con quien ir mientras estuviera en el Reino Unido.
Y regresar a Francia quedaba descartado.
No dudaba de que su familia iba a apoyarla, pero conocía lo bastante bien su entorno como para saber que si volvía sin su esposo, con quien se suponía que tenía una vida feliz a pesar de todo, todos iban a mirarla como si hubiera fracasado en su intento de ser una buena mujer capaz de mantener a un hombre a su lado y ella no podría soportar que todos la juzgaran de esa manera, culpándola de hecho de unos errores que no eran suyos.
¿Entonces? Ella no era en absoluto cercana a nadie más, y no tenía suficiente dinero como para alquilar una habitación en cualquier hospedaje mágico más que por unos dos o tres días, y seguro que eso no iba a ser suficiente para aclarar sus pensamientos y sentimientos respecto a todo lo que estaba sucediendo.
Quedarse en el cuartel, como ya había pensado anteriormente, estaba descartado. ¿Tener que ver a esa mujer de pelo negro y ojos azules, que además rebosaba sensualidad? Sería insoportable. Ella no podría ser capaz de ver todos los días a alguien que tenía ciertas similitudes pero que era totalmente opuesta a sí misma.
Y Fleur no confiaba además en su suegra, quien de seguro creería que estaba siendo injusta con Bill por no comprender la forma en la que el hombre se sentía respecto a todo, y que además se las ingeniaría para poder dejar a Pansy Parkinson como una dulce e inocente niña buena, aunque la hubiera visto en brazos de él.
Suspirando, se puso a buscar opciones realistas que le permitieran una rápida solución a su problema de alojamiento. Así fue como Charlie, su adusto cuñado, vino a su mente. Recordó entonces esa vez en la que él le ofreció cobijo y contención entre sus brazos, cuando la manada era el problema más grande y ella se sentía sola sin su esposo en la cama.
Charles la había ayudado a tranquilizarse hasta que pudo ser ella misma nuevamente y las lágrimas dejaron de bajar de sus ojos. Y Fleur se sintió agradecida por eso, porque nadie más la había hecho sentir de esa manera y el simple acto de tener alguien a quien aferrarse cuando estuviera débil, era lo que más necesitaba.
Tal vez su cuñado pudiera socorrerla nuevamente en esta ocasión, al menos por un breve periodo de tiempo, pero que le fuera suficiente para aclararse. Pero, ¿qué era eso que tenía que aclarar? Pues no estaba segura, porque si había algo no discutible en todo aquel asunto, era que ella no iba a perdonar la traición de Bill. Lo que le molestaba era realmente que se hubiera atrevido a engañarla y luego hablarle como si la loca celosa fuera ella, ¡eso sí que no estaba dispuesta a soportarlo! Si él quería entonces estar con esa otra chica, ella estaba segura de que podría darle luz verde, siempre que entonces ella quedara libre también. Y necesitaba hablarlo más tranquilamente, pero ese no era el momento.
Tomando los polvos flú de la chimenea de El refugio, a donde se había dirigido luego de terminar la discusión con Bill, se enfoco en pronunciar lo más claramente que le fuera posible el lugar al que se quería dirigir.
-¡Colonia de dgragones en Rumania!- Con eso, se vio envuelta en un montón de llamas verdes entre las que desapareció girando velozmente.
Para cuando reapareció, en una modesta cabaña de madera que olía a sándalo y lo que a ella le pareció un fuerte olor a café, se sintió como una intrusa. En el lugar no había absolutamente nadie y ella ni siquiera había avisado que iría, así que evidentemente Charles no la esperaba.
Saliendo de la chimenea, Fleur se sacudió un poco de cenizas que habían quedado en su ropa, la cual consistía en un simple pantalón de jean azul oscuro, una camisa blanca que a su vez estaba cubierta con una chaqueta de piel de oveja, y sus botas largas del tipo para montar color caoba. Ella inspiró profundo ni bien pudo, tratando de tranquilizarse para no entrar en una crisis de pánico que en esos momentos no sería de ayuda en absoluto.
La pesada puerta se abrió con un chirrido y ella pegó un brinco, siendo consciente de que no había especificado a que cabaña quería ir y tal vez ni siquiera estuviera en el lugar correcto. Sin embargo exhaló cuando diviso la cabellera pelirroja que ella conocía bastante bien.
Charlie, por el contrario, se quedó paralizado con la puerta a medio cerrar, viendo a su cuñada en el medio de su sala, sin entender nada. Para empezar, no era capaz de entender porqué el rubio cabello estaba despeinado, tampoco entendía el motivo que podía tener Fleur para verse a punto de llorar. Y por último, quería saber cómo era que ella había llegado hasta su cabaña, en una colonia de dragones, en Rumania. No creía que se hubiera aparecido porque para hacerlo debía conocer la ubicación del lugar, y eso estaba descartado.
Sin embargo ella estaba allí… y parecía necesitarlo. Y eso fue lo que lo sacó de su entumecimiento, metiéndose dentro de la estancia y cerrando finalmente la puerta para acercarse a la veela y sin mediar palabra abrazarla. Inmediatamente, ella se aferro a su cuerpo como si él fuera un tablón que la ayudara a mantenerse firme; convulsionando en espasmos que indicaban claramente que ella había estado guardando lo que fuera durante demasiado tiempo.
Charlie no hizo nada más que sostenerla durante todo ese tiempo, sin hablar ni preguntar nada. Dándole el espacio que ella necesitara hasta estar mejor y así poder sentarse y averiguar qué era lo que había pasado ahora. Y evidentemente, el momento llegó. Cuando Fleur estuvo mentalmente más estable y tranquila, ella fue soltando su agarre del cuerpo masculino que le ofrecía cobijo, para poder mirarlo a la cara.
Ella se permitió mirar los ojos de su cuñado, esos que eran tan parecidos a los de su hermano pero tan diferentes a la vez, y se perdió en la profundidad de la mirada que él le ofrecía. Charlie era un hombre noble, amable y protector con todos los que quería, y era el único en esa familia que le hacía sentirse aceptada. Así que dejar que sus ojos la llevaran a dar un paseo buscando cosas buenas, no era para nada malo y le proveía del coraje necesario para poder hablar sin sentirse culpable por lo que iba a decir.
Tomando un par de bocanadas de aire, como si de pronto se estuviera ahogando, se preparó para explicarle a Charlie lo que sucedía. Sin embargo, cuando hizo el intento no pudo hablar y se vio consumida en una nueva crisis nerviosa que parecía querer quedarse con ella siempre, apretujándole el corazón y generando más inseguridad en su persona.
Sin contenerse volvió a aferrarse del cuerpo masculino con fuerza, ella esperaba poder tranquilizarse pronto y hablar pero ante el simple recuerdo más y más llanto aparecía, haciendo que fuera prácticamente imposible hacer cualquier otra cosa más que permanecer abrazada a él.
Charlie fue paciente durante todo el proceso, acariciando suavemente su espalda para relajarla y de vez en cuando soltando un breve "shh" que llenaba el aire. No la presiono por hablar ni hizo el amague de sentirse incómodo con la cercanía, y fue eso, más que nada, lo que la ayudó a superar nuevamente esa crisis nerviosa.
Para cuando acabó se sentía tan avergonzada de todo que no podía hacer otra cosa más que mantener la mirada en el piso y juguetear de manera nerviosa con sus manos; ahora estaban sentados en la mesa redonda de madera que se encontraba en el centro de la cabaña, tenía un aspecto rústico pero agradable y era lo suficientemente grande como para que cupieran en ella unas diez personas.
Él había movido una de las sillas hasta quedar sentado frente a ella bastante cerca, y aunque ella sentía que temblaba, le sujetó las manos cuando se hizo evidente que no sabía que otra cosa hacer. Fleur miro sus dedos entrelazados durante unos minutos antes de levantar la vista y enfrentar lo que estaba sucediendo. No quería poner a Bill en una mala posición por lo que se guardaría para sí lo que había visto con Pansy, pero le explicaría a su cuñado que había tenido una discusión con su esposo y no quería permanecer cerca de él, por lo que ese fue el motivo de su llegada a la colonia.
-Yo… ah, ¡Chaglie! Lamento molestag.- Él negó con la cabeza.
-No me molestas.- Le respondió aún sin soltar sus manos. Él la miraba como si estuviera concentrado en ayudarla, sin importar el motivo. Por más que buscó, ella no pudo encontrar señales de interrogante en su rostro.
-He tenido una pequeña discusión con Bill…- Algunas lágrimas bajaron por sus mejillas.- Y no me siento bien paga quedagme con él…- Charlie asintió.
-Eso queda a la vista.- Le dijo.- Puedes quedarte aquí todo lo que necesites, ¿de acuerdo? No hay problema.- Fleur sintió deseos de abrazarlo nuevamente, pero se conformo con agradecerle por todo.
-Gracias, de vegdad. No notagás mi pgesencia…- Él le puso un dedo sobre los labios.
-No necesitas esconderte aquí, y ya te he dicho que no me molesta que te quedes.- Él sonríe amablemente.- Vamos, ven, te mostraré el lugar.
Estaba total y endiabladamente agotado, esa prueba o lo que fuera de su loca tía había conseguido que su mente y su cuerpo quedaran en un estado tal de cansancio que cuando fue expulsado del maldito laberinto no pudo hacer ninguna otra cosa más que caer rendido en el piso hasta que sintió los rayos de sol golpeándole en el rostro, los pocos rayos que pudieron entrar en el espacio que dejaban libres los árboles.
Además de todo, salir del bosque había resultado más complicado de lo que pensaba porque nunca se había internado tan profundamente en él. Para cuando despertó, no sabía por dónde se suponía que estaba la salida; en su contra jugaban también las horas de esfuerzo mental y físico al que había sido sometido así que entre pasos tambaleantes y una migraña insoportable, había tenido que forzar a su cerebro para que le ayudara a recordar cuál era el hechizo orientador para que la varita funcionara como una brújula.
Y luego de un tiempo y más esfuerzos, la salida del bosque había aparecido frente a sus ojos y Draco sintió que por un momento la primera prueba estaba superada. Eso le dio unos preciados momentos de tranquilidad, los cuales usó para respirar y luego seguir caminando con rumbo a la mansión.
En cuanto puso un pie en el salón, sin embargo, la paz se terminó. Normalmente los mortífagos no eran bulliciosos, pero al parecer esa mañana habían tomado la decisión de armar un festival, ya que podía sentir las voces de varios en escena, así como la chillona risa de Bellatrix –a quien prefería no volver a ver en lo que le restara de vida si le preguntaran a él– y también estaba la voz grave de Severus, algo que lo sorprendía porque el antiguo profesor no solía pasar por el lugar, ni salir de Hogwarts tampoco.
Por unos instantes pensó en ir a ver qué era lo que sucedía, pero ese pensamiento no le duró demasiado ya que cuando intento ir hacia el lugar, Holk se le apareció delante haciendo que casi cayera de bruces contra el suelo. El elfo parecía tan emocionado que Draco no pudo decirle que se largara, por lo que lo dejó hablar.
-La señorita que Holk debía cuidar se encuentra en su dormitorio, ha tomado las medicinas, ha comido y se ha dado un baño. Holk también le dio algunas pinturas y lienzos para que se mantuviera ocupada, y si el amo desea puedo llevarle algo de desayunar al cuarto y mantener su presencia oculta hasta que descanse un poco.- El rubio casi sintió deseos de abrazar a la pequeña criatura si todo eso llegaba a ser posible.
-Sí, claro, gracias Holk.- Con eso, Draco casi voló hasta la segunda planta, en donde busco la puerta que daba al cuarto de Hermione con un frenesí casi desquiciado.
Al dar con la puerta correcta, se apresuró a entrar y cuando lo hizo se llevó una sorpresa grande ya que lo primero que le dio la bienvenida fueron unos brazos femeninos que se engancharon en su cuello tan velozmente que lo hicieron retroceder unos pasos para atrás, mientras que la mata de melena castaña de su prisionera favorita le hacía cosquillas en el rostro.
Malfoy se permitió en ese lugar, con ella, el mostrar cuán debilitado se encontraba, apoyándose en ella como si Hermione fuera su única salvación. Anclando sus brazos en la cintura femenina se permitió quedarse aferrado a ella con la misma intensidad que la mujer lo hacía, y el impulso fue tan grande que cuando se alejó apenas unos centímetros para asegurarse de que ella estuviera bien no pudo controlarse y permitió que sus labios se rozaran por unos efímeros segundos.
El breve contacto fue suficiente para que todo el cuerpo masculino entrara en combustión, a pesar de lo rápido que se alejo de la tentación, Draco no pudo escaparse de lo que en esos momentos sentía y deseaba.
Subiendo una de sus manos le alcanzó el rostro y la acarició delicadamente, notando cómo ella cerraba los ojos ante el contacto. Él se dio por vencido entonces, cansado de luchar contra tantas cosas ese día, así que esta vez volvió a rozar sus labios en un toque tentativo para ver qué tan lejos le dejaba ella llegar.
Pero Hermione lo sorprendió cuando pareció quedarse con ganas de más, estirando el cuello en busca de mayor contacto, por lo que Malfoy decidió complacerla y fue de esa manera en la que terminó adueñándose de los labios femeninos, besándola desenfrenadamente sin contenerse en absoluto.
Él solo era consciente de la forma en la que las curvas del cuerpo de Hermione se pegaban al suyo, con los senos femeninos aplastándose contra su pecho, así cómo los suaves toques que ella iba dejando en su espalda y la forma en la que desordenaba su cabello lo iban encendiendo desde una punta hasta la otra de su persona.
Él fue acariciándola por sobre la ropa que tenía puesta mientras comenzaba a caminar a tientas por toda la habitación; no era la forma más cómoda para poder moverse sobre todo porque Draco no era capaz de coordinar bien sus pasos y el vestido largo de Hermione dificultaba también la tarea, pero sin embargo él se las ingenió para poder llegar a la cama, en donde se tiró con ella, aplastándola con su peso.
Pero ella le encontró una rápida solución al problema haciéndole un lugar entre sus piernas, cosa que el rubio acepto de buen grado con un gemido que broto desde el fondo de su garganta. Acomodándose lo más rápido que pudo, se dedico a presionar la pelvis sobre ella, haciendo que los movimientos fueran suficientes como para impacientarlo más. Se sentía completamente deseoso de estar dentro de ella de una vez y no tenía la paciencia suficiente como para ocuparse de sacar delicadamente la ropa, así que con un fuerte tirón de sus manos rompió la tela del vestido en dos y lo dejo abierto, exponiendo el cuerpo desnudo que había debajo de la tela.
Hermione jadeo, no sabía muy bien qué era lo que estaba haciendo consintiendo algo así, pero estaba segura de que quería llenarse de Draco Malfoy sin pensar en las consecuencias en ese momento. No era el momento de analizar sus pensamientos cuando el placer que la embargaba era demasiado como para poder procesar cualquier otra cosa que no fuera todo lo que los besos del hombre le hacían sentir; así como tampoco quería procesar si todo aquello era en realidad una forma de recompensar la ayuda que él le dio o no.
No, Hermione solo quería tener a Draco Malfoy en todos los lugares que le fueran posibles, ya lo tenía en la mente, y ahora era el turno de tenerlo en el cuerpo. Por eso, las manos femeninas fueron rápidamente a los botones de la camisa masculina, los cuales fueron un poco difíciles de desabotonar con las manos temblando y con él sin levantarse siquiera unos milímetros para ayudarla con la tarea, pero cuando lo consiguió no pudo hacer más que alzarse un poco y besar la piel que daba expuesta, incluso por sobre el peso de Malfoy, ella se movió y lo obligó a levantarse, así que presiono sus labios en toda la piel que vio y quedo a su alcance, arrancando un gemido gutural de parte de Draco que preso de todo lo que sentía se aseguro de presionar sus entrepiernas dejándole más que claro que ya no había marcha atrás.
Velozmente, él se aseguró de terminar de desvestirse y en el momento en el que lo hizo, volvió a posicionarse entre las piernas femeninas que lo recibieron como si ese fuera su lugar; pero Draco no quería apresurarse tanto después de todo, así que juntando todo su autocontrol comenzó a crear fricción entre sus cuerpos, al tiempo que besaba a Hermione con toda la pasión que pudo reunir. Ella se removía totalmente inquieta y sin dejar de empujarlo hacia sí con las piernas, por lo que cuando se hizo inevitable retrasar más la faena, él se empujo de una sola estocada en su interior, lo más profundamente que pudo.
Ella rompió el beso al sentirlo y le enterró las uñas en la espalda lo suficientemente fuerte como para que Draco sintiera un pinchazo de ardor. Él la miro, pero en ella no había duda; tenía los labios entreabiertos y los ojos le brillaban de deseo, mientras que su pelo estaba desparramado por la almohada. Comenzando con un movimiento veloz, fuerte y rudo, Draco se impulso sobre ella, arrancándole sonoros gemidos y jadeos que lo excitaban de sobremanera y que sin duda no le iban a permitir durar demasiado.
Para cuando Hermione comenzó a apretarse en torno a su miembro en el punto más alto del clímax, Draco se dejo arrastrar con ella y quedo con la mente en blanco por un buen tiempo. Al terminar seguía agotado físicamente, pero su mente se sentía realmente más ligera. Y al mirarla no vio terror, desprecio, asco o arrepentimiento en su mirada, por lo que se permitió suspirar tranquilo.
Observando a su alrededor por primera vez noto la infinidad de pinturas desparramadas por el piso, y una en específico le llamó la atención, era un cuadro de él. Estaba hecho de frente y sus ojos tenían una expresión encendida, mientras que su pelo estaba suelto y algo despeinado y los labios tenían una línea relajada en vez de su habitual rictus molesto.
-Esperaba que vinieras en la noche.- Habló ella, siguiendo la línea de su mirada. Él la miro y vio que parecía tener sueño.- Pero no lo hiciste y decidí ponerme a dibujar, ese es el último que hice.
-Decir que es hermoso sonaría demasiado narcisista…- Ella sonrió un poco.
-Más bien, sería demasiado adecuado para venir de Draco Malfoy.
-Voldemort me castigó por haber protegido tus recuerdos.- Hermione puso cara de consternación.- No es demasiado, un entrenamiento con él y otro con mi tía Bellatrix. Por eso no vine, pero antes de ir con rumbo a mi primer sesión pase a verte y parecías dormida, estabas respirando mal…- Poco a poco, la imagen de ella en la cama, pálida y casi sin respirar volvió nítida a su cabeza.- Me puse furioso, y estoy decidido a cobrarle a mi tía todo lo que te haya hecho.
-No fue Bellatrix, ella solo me trajo al cuarto y luego de eso se fue. Quien me atacó fue tu padre, Lucius.
¡Chan! Bueno, Ceci vuelve a FanFiction después de tanto tiempo, vuelve a publicar un capítulo de este fic que seguramente si todavía tiene seguidores están deseosos de matarme, pero he prometido acabar y en eso estamos, ¿verdad?
Quiero decir muchas cosas, pero no es necesario. Quiero agradecer por el simple hecho de haber esperado, por seguir con este proyecto que tantos dolores de cabeza me da y que tanto tiempo demora en ser actualizado. A partir de ahora, seré constante. Sin plazos, pero constante, y tendrán pruebas de eso porque esta historia ha ido creciendo conmigo, y para cuando vuelvan a verme (espero que pronto) podrán notarlo.
En cuanto a este capítulo, he de decir que lo tuve más de un año en el tintero con sólo unas pocas líneas. Entre muchas visitas al técnico de la pc y muchos problemas, lo dejé allí hasta que tuve la estabilidad para seguir, y funcionó. Así como fue difícil escribirlo, fue gratificante terminarlo. Es el más largo del momento y es seguramente el que mejor planifique de todos. Puse todo mi esfuerzo en traerles algo que sea digno de todos aquí, y espero que ustedes lo disfruten.
Ahora, es el tiempo de darle la mención especial a todos los comentarios del capítulo anterior. Muchas gracias a: dracoforever, Gabriela Cruz, Serena Princesita Hale, Basileya, Oschii, Feernanda, Dannithaax Malfoy y Cary. Muchas gracias!
Bueno... no les quito más tiempo, ya no hay más palabras que importen. Espero que lo hayan disfrutado y nos veremos la próxima.
Saludos! Ceci.
