Capítulo 4
"Todos los encuentros en el mundo son inevitables. Lazos nuevos se forman cada día, lazos antiguos se fortalecen o se rompen, todo de acuerdo a los deseos de los humanos."
Con pies de plomo comencé a caminar al interior de la famosa tienda, empujando ambas puertas de la entrada. Una extraña sensación me invadió tan pronto lo hice. ¿Era seguridad? ¿Tranquilidad?
—¡Maru! ¡Moro!
—¿Eh? —pregunté confundida—. ¿Qué es eso? —pregunté confundida.
—No te preocupes. Ya las conocerás —respondió él. Frente a nosotros aparecieron dos niñas pequeñas, ambas muy sonrientes. Una con el cabello celeste que llevaba en coletas y la otra con el cabello corto liso rosa. La primera usaba un vestido oscuro, mientras que la otra usaba un vestido blanco con una cintilla roja alrededor de la cintura.
—Vaya, parece que tiene más niñas secuestradas —comenté. Él me miró molesto.
—No son niñas secuestradas. Maru y Moro son ayudantes en la tienda — respondió un tanto ofendido. Quise reírme hasta por los codos, pero decidí mejor molestarlo más. Tenía que hacer de estas horas las más amenas de mi vida para olvidarme que en casa me esperaría el infierno mismo. Chihiro Yagami jamás me creería si le dijera que pasé la tarde pagando el precio de un deseo en una tienda mágica.
—Pervertido —musité.
—Maru, Moro, lleven a nuestra invitada a la sala.
—¡Sí! —respondieron ambas animadas. Me tomaron de la mano y me guiaron a través de un largo pasillo. El interior era muy agradable, bastante minimalista comparado con la entrada. Las puertas deslizables estaban muy bien decoradas con patrones de mariposa. Había un sillón largo color carmesí, pero decidí esperar de pie. Las chiquillas me miraron de reojo, curiosas. Yo también les miré, dándoles una sonrisa. El sujeto de cuatro ojos llegó después, trayendo consigo un delantal y dándome uno.
—Muchas gracias —les dijo a las nenas, dándoles un beso en la mejilla a cada una. Ambas se sonrojaron y salieron corriendo emocionadas.
—Vaya, en serio eres un pervertido.
—No soy un pervertido. Además, esas no son formas de hablarle a un jefe en horas laborales.
Puse mis ojos en blanco, ignorando el comentario.
—Tú nombre.
—¿Eh?
—Tú nombre. ¿Cómo te llamas?
Claro, nos habíamos saltado la parte de la introducción gracias a que estuvimos negociando.
—Hotaru Miyake. Encantada —solté sarcástica—. Tú nombre.
—Kimihiro Watanuki. Encantado de conocerte —repitió con el mismo tono de voz con el que yo le había hablado. Puse mis ojos en blanco para evitar caer en otra tentadora oportunidad de molestar. Kimihiro Watanuki. Watanuki…
—¿Watanuki? —pregunté confundida—. ¿Cómo se escribe?
—Con los kanjis de 1 de Abril.
—¡Vaya! No me digas que tú cumpleaños es el 1 de Abril —comenté divertida.
—Quien sabe—respondió lacónicamente.
—De acuerdo, señor mago.
Estaba intentando controlar mis pensamientos dado a que el señor 1 de Abril podía escucharlos. Pero, ya no puedo evitarlo. Hay algo raro ocurriendo aquí,
la tensión es sensible, demasiado fuerte. Creo que quizás es natural en mí ser una mala conversadora. Había fallado con Yagami-san hace dos días y ahora vuelvo a hacerlo.
—¿Cuándo es tú cumpleaños, Miyake-san? —preguntó él luego de un rato. Había
—El 26 de noviembre —respondí—. Puede llamarme Hotaru si lo desea — comenté, intentando ser más agradable. Kimihiro Watanuki-san sonrió, siguiendo en lo suyo.
—De acuerdo, Hotaru-chan. Ahora...
Kimihiro Watanuki-san se quedó viéndome por varios segundos, lo cual comenzó a ponerme nerviosa. Tenía la impresión de estar en una prueba y en cualquier segundo él gritaría que había fallado terriblemente.
—¿Qué tal si iniciamos con la limpieza? No hay mejor forma de continuar un día con un ambiente limpio, apropiado para los clientes que vendrán.
—¿Está esperando a un cliente? —pregunté curiosa, casi emocionada. ¿De verdad la gente visitaba esta tienda?
—No por ahora, aunque seguramente tendré una visita hoy. Aunque, ¿Quién sabe?
—Oh... —cuatro ojos gusta dejar mucho misterio en sus palabras. ¿Será a propósito?
—¡No hay tiempo que perder, Hotaru-chan! Tú iniciarás la limpieza de la sala y el comedor, mientras Maru y Moro me ayudan con el almacén de tesoros. ¡Maru! ¡Moro!
—¡Sííí!
—¿El almacén de tesoros?
Kimihiro Watanuki-san se veía bastante animado, como si de alguna forma estuviera disfrutando cada segundo de mi estadía. No, no de la buena forma, sino como si hubiera obtenido una nueva fuente de diversión.
—¡Bien! ¡Esfúerzate, trabajadora a medio tiempo! Si pones mucho de tú parte, el pago por tú deseo será completado en menor tiempo del esperado.
—¡Lo haré! ¡Lo prometo! —respondí, colocándome el delantal y tomando la mopa y el plumero que Watanuki-san me dio. Pagaré el precio del deseo para poder regresar temprano a casa. ¡Me esforzaré!
—Watanuki.
—Watanuki —las vocecillas de Maru y Moro me distrajeron un momento mientras revisaba el almacén de tesoros.
—¿Qué sucede?
—La invitada.
—Parece que está en problemas.
¿Qué le habrá sucedido a Hotaru-chan?
—¿Qué clase de problema? —pregunté confundido. ¿Qué era lo peor que podía suceder con una chica haciendo limpieza?
—Ven a ver.
—Ven a ver —repitió Moro. Ambas me llevaron hacia el comedor, donde me encontré la escena más extraña y divertida en varios años.
—¿Q-qué haces, Hotaru-chan?
Pero la chica ni siquiera se percató de mi presencia. Se movía ágilmente de un lado a otro, limpiando con una versatilidad que asustaba a cualquiera. El lugar estaba quedando brillante, pero me preocupaba que Hotaru-chan se estuviera esforzándo demás.
—Ho-hotaru...
Pero mis palabras quedaron en el aire. Me quedé perplejo mirando a la escena, ella se movía como si fuera una liebre. Maru y Moro me miraron igual de confundidas, pero ni ellas ni yo pudimos contener la risa después de un instante.
—Espera un segundo —le dije a Hotaru cuando por fin pude detenerla—. ¿Qué tal si me ayudas en la cocina?
—S-sí —respondió un tanto desorientada.
Mientras picaba las verduras para el yakisoba, Watanuki-san se encargó de preparar la salsa y freía la carne. Habíamos estado en silencio por varios minutos, sólo escuchando el débil susurro de la plancha y el sonido tosco del cuchillo golpeando contra la tabla de madera sobre la que estaba partiendo.
—Se te da naturalmente —dijo, dándome una sonrisa. ¿Es extraño sentirme un poco sonrojada por ese comentario? —. Parece que Hotaru-chan ayuda mucho en su casa.
—Puede decirse eso, sí.
—¿Estabas encargada del almuerzo de hoy? —me preguntó, mirándome de reojo. Asentí levemente pasándole los vegetales—. Ah, por ello estabas preocupada de pagar el precio hoy.
—Pues... yo...
—¿Crees que tus padres te regañen por llegar tarde? —estuve a punto de responder, pero él dejó ir una risa corta, casi fría—. Que llegaras tarde no sería la principal de sus preocupaciones.
—Pu-pues... en realidad no sé si se habrían preocupado. Supongo que sí.
—Vaya. ¿No vives con tus padres? Perdón. No es prudente que comience a hacer todas estas preguntas justo ahora.
—No, está bien.
—¿Estará bien contarle a un extraño la historia de tu vida? —preguntó Watanuki-san con una ceja alzada.
—Quien sabe. Puede que no esté diciendo la verdad y sólo quiera contarte una historia para parecer interesante —respondí con el mismo gesto. Watanuki-san se rió, moviéndose con agilidad en la cocina. Su atención se fijó el los fideos yakisoba y el resto de la comida, así que nuestra conversación fue dejada momentáneamente de lado. Con el demonio de cuatro ojos distraído, le di un vistazo largo a su cocina. Era muchísimo más grande que la que teníamos en casa. Estaba muy bien estructurada, muy limpia.
—No me pareces del tipo que miente —dijo después de un rato—. Al menos he descubierto que no sabes quedarte las cosas para ti misma.
Una sonrisa pequeña se formó en mis labios.
No había respondido nada hasta que nos sentamos a comer. El yakisoba que Watanuki-san había hecho se veía delicioso. Lo visual no había engañado a mi paladar.
—¡Delicioso!
—Gracias. Aunque no todo el crédito me pertenece. Parece que me conseguido una buena trabajadora.
—Oye, oye.
—La tienda ha quedado muy reluciente. Gracias.
Maru y Moro estaban jugando afuera de la tienda, lo que me hizo preguntarme si ellas no comerían aún. Eran casi las tres, era bastante tarde como para que no comieran.
—Watanuki-san... ¿Qué hay de Maru y Moro? ¿Aún no comerán?
—Es curioso... hace dos días recibí la misma pregunta.
—¿Eh? —¿Algún cliente? No, no suena factible—. ¿Alguien más vive aquí? —pregunté curiosa.
—No, sólo yo. Además de Maru y Moro por supuesto. Sin embargo, hay una persona que fue cliente de la tienda una tan sola vez y desde ese entonces me ha sido de mucha ayuda.
—¿Otro mago? ¿Alguien que ayuda con los deseos?
—No. Es una persona normal, aunque no ordinaria. Su familia y yo tenemos un largo lazo forjado desde hace mucho. Esa persona sabe que espero dentro de esta tienda, y al no poder salir al exterior, su ayuda me ha sido muy oportuna.
—¿Esperas a alguien? —pregunté, sintiéndome triste por sus palabras. El rostro de Watanuki-san se había vuelto lúgubre, vacío. Un niño perdido.
—¿Por qué lo dices? —preguntó sorprendido. Me encogí de hombros, mirando hacia mis manos.
—Fue un comentario al azar —fue todo lo que pude responder. Él no dijo nada, sólo dibujo una sonrisa corta en su rostro—. No sé si mis padres se preocuparían, pero, si ellos pudieran regresar, también esperaría todo el tiempo que fuera necesario.
—¿Qué sucedió con ellos? —preguntó después de un rato—. Si está bien hablar de ello.
—Mi mamá murió cuando tenía cuatro años de una enfermedad. Mi padre murió cuando terminaba la secundaria. Fue un accidente de auto, ambos íbamos juntos.
—Ya veo.
—Pero, al menos tengo a alguien más aunque creo que los sentimientos de esa persona no son igual que los míos.
—¿A qué te refieres?
—Yagami-san no parece muy a gusto con mi presencia —y seguramente en estos instantes estaría muy enfadada conmigo.
—¿Yagami-san? —preguntó el chico de las gafas.
—Ah, mi cuidadora. Es la segunda esposa de mi papá.
—Oh. ¿Es bastante estricta?
—Un poco. Aunque creo que la mayoría del tiempo está molesta porque no puede caminar. Imagino que la vida en silla de ruedas debe ser como una jaula, incapaz de dejar... —¡Basta, Hotaru! Pensándolo bien, vivir en esta tienda debe ser así para Watanuki-san. Una jaula de la cual no puede salir... aunque, no sabía el propósito—. Perdón —musité.
—No hay de qué preocuparse.
—¿F-falta algo más en lo que pueda ayudar?
—Hay algunas cosas que remendar...
—¡Lo haré! ¡Me esforzaré! —exclamé, convencida de que tenía que callar mis pensamientos y curiosidad con trabajo duro.
—Tranquila, no tienes que sobreesforzarte, Hotaru-chan...
—No te preocupes. ¡Lo haré!
Dicho esto, agradecí por la comida y me dirigí a la cocina.
—Felicidades, has completado el pago de tú deseo —me anunció Watanuki-san. Me sentía feliz, aunque un poco decepcionada, ya que las horas habían pasado rápido. El sujeto de cuatro ojos no era tan malo y las chiquillas eran muy divertidas. Había disfrutado más de lo que pensaba mi trabajo, lo cual era extraño. No fue lo que esperaba.
—¡Me alegro!
—Ya puedo recomendarte, trabajadora-san.
—Oye, ya te he dicho que no me llames así.
—Quédate a cenar. Así puedo agradecerte un poco por tu ayuda.
—¿Estará bien? Al fin y al cabo era una deuda que tenía. No debería recibir algo.
—Cierto, pero deberíamos dejar que un poco de tiempo pase antes que dejes la tienda. En caso de los kamaitachi quieran regresar.
—Creí que ha se habrían ido. ¿Por qué aún querrían seguirme?
—Te lo dije, ¿No es así? Tienes una esencia muy fuerte.
—¿Y eso qué significa?
—¿Acaso no es obvio? Es el poder mágico que existe dentro de ti.
¿Ha dicho poder mágico? ¡Vamos! Tal cosa no existe.
—¡Eso no es verdad!
—Tienes una extraña afición por negar los sucesos que no puedes explicar.
—La magia no existe. No es real.
—¿Y la kekkai de hoy?
—Eso es... eso es... —mis argumentos se estaban quedando cortos, pero seguiría luchando por probar que no era cierto.
—Tienes poderes mágicos, aunque están sellados, sin despertar aún. Son bastante fuertes aún sin haberlos usado antes. Si tú pudieras usarlos, serías capaz de cosas extraordinarias, Hotaru-chan. Sin embargo, ya que no deseas saber de ellos, es una pena.
¡¿Una pena?! ¡Yo no soy un ser mágico! ¡Mis padres jamás hicieron uso de magia o algo por el estilo! ¿Por qué debería creerlo? Que los kamaitachi me siguieran fue cuestión de estar en el lugar equivocado, en el momento equivocado.
—Te equivocas —dijo él, volviéndose a mi—. No hay cosa que suceda por casualidad. Todo tiene un momento y un lugar en el que debe estar, en el tiempo en el que debe suceder. Lo inevitable, una ley de la vida.
Me quedé perpleja, sin tener una respuesta ingeniosa en mente. Me lo había dicho antes, sobre lo inevitable.
—Si esto era inevitable, ¿Tú sabías que vendría a tú tienda?
—No. Algunas veces clientes son esperados, pero en tú caso, no. Así que, si nuestro encuentro estaba destinado y un lazo se iba a forjar, ¿Aún crees que todos los encuentros que hay en este mundo son casualidad?
—Pues... no. La verdad no.
—Es una pena que niegues lo que tienes frente a ti, Hotaru-chan.
—Aún si aceptara que tengo "poderes mágicos," no serviría de nada. Jamás podría usarlos.
—Si ese fuera tú deseo...
¿Pedirlo como deseo? Si yo... si yo pudiera comprobar que tengo poderes y utilizarlos... ¿Qué haría con ellos?
—¿Por qué lo desearía?
—Para entender el mundo en el que vives. Para controlar lo que hay dentro de ti.
—¿Y si mi deseo fuera no tener magia?
—Sería un desperdicio, aunque si ese es tú deseo, es algo en lo que no se puede intervenir.
¿En realidad deseaba no tener magia? No. Mentía, ya que era interesante saberlo. ¿Me asustaba el tener un don? Sí. ¿Qué haría con él? Podría aprender y curar a Yagami-san. ¿Cambiaría cosas? Quizás.
—La comida estará lista en un momento. Puedes esperar en el comedor —comentó Watanuki-san. Salí de la cocina, consciente de que mi mente estaba hecha un enredo. ¿Declinar un don que poseía? Más bien un don del cual reniego su existencia al jamás haberme enterado o usarlo como bien dijo Watanuki-san. ¿Debería desearlo? ¿El ser entrenada para mejorar en mis pseudo habilidades mágicas?
—¡Ha llegado un invitado!
—¡Ha llegado un invitado!
Las vocecillas alegres de Maru y Moro-chan me sacaron de mis pensamientos.
—¡Háganlo pasar! —exclamó Watanuki desde la cocina. Ambas niñas corrieron y al cabo de unos segundos regresaron con el invitado.
—¡No puede ser!
Me levanté exaltada de la mesa, mirando molesta al invitado. Él me miró de igual forma, ambos encontrándonos de repente en una lluvia de rayos.
—¿Qué haces aquí? —preguntó Doumeki.
—¡Eso mismo quisiera saber!
—¡Qué ruidosa!
—¡Yo no soy ruidosa!
—Ah, Makoto-kun. Creí que regresarías hasta mañana.
—Preferí hacerlo hoy.
Un minuto, ¿Él era el invitado del cual Watanuki-san había hablado antes?
—Has venido justo a tiempo. He invitado a Hotaru-chan a cenar.
—¿Por qué?
—Sería mejor que me marche antes que cenar con este idiota —comenté furiosa.
—Qué te den.
—¡Ya basta de eso!
—Vaya, ¿Makoto-kun y Hotaru-chan ya se conocían?
—Está en mi clase —comentamos al unísono.
—Ya veo. Eso explica porque son tan buenos amigos.
—¡Nosotros no somos buenos amigos! ¡No sería jamás amiga del idiota!
—Qué bien que ambos estemos de acuerdo en algo.
—¿Qué quieres decir con eso?
—¡Cállate!
—¡No lo haré!
Luego de un buen rato luchando, los tres iniciamos nuestra cena en relativo silencio. Había una atmósfera muy pesada que no podría cortar ni siquiera con una tijera.
—Y bien —comenzó Watanuki-san—. ¿Ya lo has pensado, Hotaru?
No. No había pensado en ello desde la pelea con Doumeki. Pero estaba indecisa aún con la decisión ya tomada.
—Si yo deseara que usted me instruyera en la magia, ¿Cuál sería el pago?
—Trabajar en la tienda sería un pago justo. Así sería más fácil poder instruirte.
Imposible.
—No podría. No al menos con Yagami-san y sus cuidados. Debo permanecer con ella todo el tiempo posible.
—Al menos que ella te olvidara.
—¿Qué? —no, no podría... no lo podía hacer...
—Hotaru-chan, si al momento que salgas de la tienda no sucede algo, eventualmente sucederá. No con los kamaitachi, pero sí con otros seres que busquen poder y lo encuentren en una fuente inesperada. Ya me lo has dicho, tú cuidadora no puede valerse por sí misma, así que, ¿Qué sucedería si se repitiera la escena con los kamaitachi hoy en tú casa? ¿Podrían defenderse ambas?
—No, supongo que no.
—Te ofrezco un trato. Yo te ayudaré con tu deseo y a cambio tú me ayudarás en la tienda, así como con tareas especiales.
—¿Se refiere a mi deseo de borrar los recuerdos de Yagani-san?
—Precisamente.
Había considerado antes irme de casa, pensar en ese momento de ser libre, pero, ¿Podría permitirlo?
—Yagami-san... si yo acepto, ¿Ella estará bien?
—Sí. Lo prometo.
—Yo... yo...
Si algo sucediera...
¿Estaría en realidad bien?
—Yo deseo que borres los recuerdos de Chihiro Yagami.
Kimihiro Watanuki sonrió, cerrando sus ojos.
—Voy a conceder tú deseo.
—Toma —Watanuki-san me entregó una taza de té caliente con una sonrisa. Supongo que intuía lo culpable que me sentía. Doumeki tampoco me había quitado la mirada, como si esperara que dijera algo.
Le di un largo trago al té, el cual me tranquilizó tan pronto lo bebí.
—¡Qué delicioso! ¿De qué e...?
—¡Oye! —grité asustado. Miyake se había desmayado sin más, pero Watanuki la había tomado entre sus brazos antes de que cayera—. ¿Qué sucedió? — pregunté, aún asustado.
—Makoto-kun, ¿Tú conoces la casa de Hotaru-chan?
—¿Eh? —¿Por qué querría saber eso? Sin embargo, sí lo sabía. Miyake vivía a unas cuantas cuadras después de mi apartamento.
—¿Podría pedirte un favor? —preguntó Watanuki, tomando entre sus delgados dedos la taza que yacía a la orilla de la mesa—. Como ves, mi trabajadora de medio tiempo se ha quedado dormida —comentó divertido.
—Desde luego.
—Agradezco mucho tú disposición. Necesito que lleves esto a Chihiro Yagami-san y le digas de mi parte que el precio ha sido completado —¿La cuidadora de Miyake había pedido un deseo? ¿Qué clase de deseo era?
Watanuki sacó una pequeña botella de vidrio oculta tras la botella de sake que había traído. Con su magia, introdujo el contenido restante del té de Miyake, sellándola frente a mí y entregándomela.
—Lo único que tiene que hacer es beber el contenido de ésta botella, así su deseo se verá cumplido. Seguramente tienes muchas preguntas y las responderé, pero me gustaría que fueras primero allá antes de que sea más tarde. No es bueno andar por las calles solitarias de noche, menos cuando hay luna llena.
—Entiendo —respondí, levantándome y tomando el objeto que me habían encomendado. No podía esperar a escuchar todo.
—Makoto —me había llamado antes de salir del comedor. Me volví a él para mirarle—. No, no es nada. Ve con cuidado.
—Sí —fue todo lo que respondí antes de salir de la tienda.
—El corazón de los humanos es bastante egoísta, ¿No es así, Hotaru-chan? — aún cuando sabía que la chica que yacía inconsciente en mis brazos no me respondería, me detuve a mirarla por varios segundos—. Perdóname por hacerte dormir de repente, pero tan pronto mencionaste el nombre de Yagami-san me sentí feliz de que llegaras a la tienda a tiempo, ya que sino su deseo verdadero se hubiese cumplido.
Holi xD Pues siendo hoy el cumple de Kohane-chan, decidí publicar hoy mejor. ¿Qué les ha parecido el capítulo de hoy? ¿Qué clase de deseo habrá pedido Yagami-san? En el próximo capítulo vienen esas respuestas y más, narrándonos el capítulo Watanuki y Doumeki. ¡Espero les haya gustado! ~Glasses-chan fuera.
PD: a inary. go: Muchas gracias por tú review :D Con el tiempo se irán revelando ciertas cosas del pasado de los Doumeki. Aún no quiero adelantar nada xD Respecto al inicio, decidí arreglarlo ya que sentí lo mismo, era muy confuso ._. Espero te guste la historia y gracias por leer! :D
