Disclaimer: Personajes de J.K Rowling. Yo no gano nada haciendo esto, más que divertirme y divertirlos!


El placer del dolor

Capítulo 14: Gringotts

-No fue Bellatrix, ella solo me trajo al cuarto y luego de eso se fue. Quien me atacó fue tu padre, Lucius.

Las palabras de Hermione resuenan en sus oídos como si estuvieran a gran distancia, y Draco necesita de unos momentos para asimilarlas y entonces enfrentarse a su prisionera.

-¿De qué hablas? –Ella suspira, al parecer tratando de infundirse ánimos para poder hablar.

-Él vino aquí luego de que ella se fuera y se encargó de ocuparse de mí.- Draco resopla, sintiendo como la sangre comienza a hervir en su cuerpo de la furia que esas palabras le hacen sentir. Quería levantarse de la cama y salir en busca de su padre lo más rápido posible, pero no iba a desperdiciar los momentos que Holk le había otorgado en ocuparse de algo que podría esperar.

-Me ocuparé de ello luego.- Hermione lo mira algo confundida al no entender completamente de qué forma podría ocuparse Draco. Pero decide no indagar al respecto y sin embargo concentrarse en el momento del presente.

Él la abraza, dispuesto a rendirse finalmente al cansancio y la paz que siente al saber que pese a todo, su prisionera está bien. Mientras que ella suspira al verlo por fin y saber que la represalia que Voldemort pudo haber tenido no fue de extremo peligro para la vida del hombre que en esos momentos la tiene entre sus brazos.

Poco a poco, los dos caen dormidos profundamente.


La casa de Muriel era un mar de gente que se movía nerviosa de un lado a otro a pesar de que fuera temprano en la mañana, el sol apenas estaba despuntando pero ya todos los habitantes del lugar estaban de pie. Junto con los demás integrantes de la Orden, los Weasley casi al completo, acompañados de Harry, Luna, Dean y el invitado no deseado de Griphook, el duende que había accedido a ayudarlos a cambio de la espada de Gryffindor, todos estaban reunidos ultimando los detalles para el gran momento.

Además de la información ya proporcionada por Bill anteriormente, el duende les había dado unos planos un poco más exactos acerca de la ubicación de las cámaras de alta seguridad del banco, así como también de la cámara de Bellatrix Lestrange. Con eso, ellos estaban tratando de idear la mejor forma para entrar en el banco y sin poder encontrar la manera de salir de él aún.

La idea sonaba sencilla cuando se la pensaba, pero nadie allí estaba completamente seguro de que siquiera fuera a ser posible. En primer lugar, les había llevado un mes entero preparar la poción multijugos que iba a ser necesario para llevar adelante el plan; ahora que la tenían y que los detalles estaban decididos casi completamente, todos se habían reunido con la intención de llevar adelante la idea de irrumpir en Gringotts por la fuerza y buscar algún horrocrux en la cámara de Bellatrix Lestrange.

Se suponía que Ginny iba a ser la encargada de beber la poción y transformarse en la mortífaga, cosa que sería posible gracias a un cabello que había quedado en la ropa de Griphook, el cual se suponía por sus características que correspondía a la mujer, ya que era buena con la varita y además poseía una agilidad que podría llegar a ser útil; pero en cambio era la única que aún no había dado señales de aparecer y Harry comenzaba a temer que lo sucedido anteriormente fuera el principal motivo para que ella se negara a participar.

En esos momentos, Molly estaba buscando a su hija por toda la casa y el hecho de que no tuviera señales de su pequeña era algo que lograba ponerla en un estado de alerta máxima. Su sentido de madre le decía que su hija no se estaba escondiendo en ningún lugar y que eso tampoco tenía nada que ver con lo que sea que hubiera pasado entre Ginevra y Harry.

Revisando en la tercera planta de la casa por segunda vez, Molly consiguió confirmar las sospechas de que su hija no se encontraba en el recinto; con los nervios a flor de piel decidió preguntarle a todos los allí reunidos cuándo había sido la última vez que estuvieron con ella.

-¿Cuándo fue la última vez que vieron a mi niña? –Todas las cabezas allí reunidas se giraron en dirección a la mujer que los miraba con los ojos al borde de las lágrimas. La respuesta automática de la gran mayoría de ellas fue girar seguidamente en dirección a Harry, quien bajó la mirada al instante.

-Yo estuve hablando con ella ayer temprano en la mañana.- Respondió Potter a la mirada interrogante de Molly.- Sin embargo, ella se fue después de eso y no volví a verla.

Todos los Weasley's reunidos allí miraron a Harry con una especie de reproche; a pesar de que todos sabían acerca de la relación entre esos dos y ninguno tenía un problema con ello, la idea de que Ginny pudiera salir lastimada era algo que los hacía a todos pensar en matar al pelinegro ante el mínimo daño a la chica. ¿Y el hecho de que no estuviera en ningún lugar? Eso los dejaba más que deseosos de ocuparse de alguna manera del héroe mágico si su desaparición estuviera relacionada con esa conversación.

-La vimos salir corriendo fuera ayer.- Ahora, todas las cabezas se dirigieron a Luna.- Tal vez debamos salir y buscarla en el bosque cercano.

-El bosque no está protegido…- Molly se llevó las manos a la boca al darse cuenta de ese detalle. Arthur por su parte no esperó a nadie, se dirigió hacia la puerta y salió con rumbo al lugar.

El bosque se ubicaba en la parte trasera de la gran casa de Muriel, y era tan grande como para perderse en él, pero lo cierto era que al no tener protección se convertía en una zona de peligro y si por algún motivo Ginevra salió fuera de los límites, entonces podía haber sido encontrada por carroñeros y estar en grave peligro.

En esos momentos, Bill, Ron, George, Fred, Charlie, Molly y el mismo Arthur habían salido a recorrer el lugar, acompañados también de Luna, Dean y Remus. El resto de la Orden se había quedado, Harry había decidido mantenerse alejado porque temía que Ginny saliera huyendo en caso de verlo.

Ronald caminaba dando grandes zancadas por el bosque con sus sentidos alerta y la varita en mano, no quería arriesgarse a gritar el nombre de su hermana y descubrirse ante posibles carroñeros, por lo que cada tres metros realizaba un encantamiento revelador para identificar si Ginny estaba escondida en algún lugar; el problema es que no encontraba ninguna señal de la chica y eso no solo lo dejaba cada vez más nervioso sino que también lo desanimaba a grandes niveles.

La preocupación que lo invadía no se debía solo a su hermana, sus glándulas suprarrenales enviaban adrenalina a través de todo su cuerpo en respuesta al estrés provocado por el haber perdido a Hermione poniéndolo en una situación difícil de sobrellevar debido a su carácter explosivo e impulsivo. Ya había perdido a una de las mujeres más importantes de su vida, ahora no podía permitirse perder tampoco a su pequeña hermanita menor. No podría soportar que le sucediera algo nuevamente y él lo ignorara, tal como ocurrió con el diario de Ryddle en su momento, porque eso sólo le demostraría lo incapaz que era de proteger a sus seres más queridos.

Escrudiñando a su derecha pudo observar entonces roturas en las ramas más finas y bajas de algunos árboles, la clase de daño que es producido por el paso de personas y no de animales salvajes así que siguiendo los rastros llega a una de las partes más densas del lugar, aunque sin encontrar signos de lucha que le indiquen la posibilidad de que alguien haya intentado secuestrar a Ginevra y ella haya luchado por defenderse.

Mirando de forma más minuciosa, Ron es capaz de encontrar juegos de pisadas que seguramente sean de hombre y otras más que parecen de hombre lobo, lo que lo hace invocar su patronus y pedirle a Remus que lo encuentre en el lugar, sobretodo porque quiere preguntarle si hay alguna probabilidad de que ese segundo juego de pisadas sea suyo. Cuando el licántropo aparece, Ronald le señala sus hallazgos y lo interroga.

-¿Hay alguna posibilidad de que esas sean tuyas? –Remus las observa antes de responderle, tiene el ceño fruncido y a juzgar por la expresión de su rostro no le gusta nada lo que está observando.

-No, yo nunca me he acercado a este lugar transformado. Además estas pisadas son demasiado recientes y aún faltan dos semanas para que la luna llena llegue.- Hizo un movimiento de negación con la cabeza.- Definitivamente no son mías, lo que significa que Greyback y sus hombres han estado rondando por aquí.

Sin embargo, el pelirrojo ya no le estaba prestando atención ya que unos dos metros delante de las pisadas vislumbró algo que hizo que toda la sangre de su cabeza se le bajara hasta los pies: la varita de Ginny. Inmediatamente olvido toda la cautela que debería de mantener y gritó el nombre de su hermana con todas las fuerzas que pudo reunir.

-¡Ginny! ¡Ginny!- Los gritos alarmaron a Remus y también alertaron a todos los demás que habían salido en busca de la chica, Ron no dejaba de vociferar de forma desesperada y para cuando todos llegaron a él comprendieron exactamente el motivo.

Molly rompió en llanto al ver el objeto que pertenecía a su hija mientras que Arthur la sostenía por detrás impidiendo que cayera al suelo, el resto de los presentes se sintieron devastados al ver la escena, temiendo lo peor.

Lupin fue el único que se atrevió a tomar la varita entre sus manos y dedicarse a investigar un poco de lo que podría haber sucedido.

-Priori Incantatem.- En cuanto el licántropo pronunció esas palabras con su varita, de la de Ginny se proyectó una imagen del último hechizo utilizado, que teniendo en cuenta el hecho de que Ginny era menor de edad y estaba aún bajo el detector, no resultó ser ninguna sorpresa cuando divisaron que lo último había sido el encantamiento para hacer aparecer aves de la nada.

Sin embargo no ayudo a que se quedaran tranquilos, la falta de hechizos defensivos aún por encima del detector en caso de ataque y las huellas encontradas que podrían, presumiblemente, pertenecer a Greyback significaban que, o bien la habían tomado por sorpresa y no tuvo la oportunidad de defenderse, o entonces ella decidió no protegerse.

Ron personalmente quería creer que su hermana había sido tomada por sorpresa y por eso no se defendió porque algo le decía que Ginevra no era del tipo que simplemente se dejaría llevar aunque estuviera desarmada, por eso siguió barriendo la zona con los ojos en busca de alguna otra señal de lucha física que no pudo encontrar.

-Tampoco hay signos de lucha física.- Murmuró Ron para romper con el silencio, al mismo tiempo que Bill y Charlie asentían a sus palabras.

-No detecto señales de magia negra o maldiciones.- Agregó su hermano mayor.- Es como si se hubiera esfumado.

-Puede que la hayan aturdido.- Habló finalmente Remus.- Y por esas huellas estoy seguro de que Greyback anduvo por aquí, lo mejor será irnos y reforzar las protecciones en torno a lo de Muriel.- Molly negó con la cabeza, no quería abandonar la idea de buscar a su hija.- Molly, no es seguro quedarnos aquí porque podrían volver y encontrarnos, no podemos arriesgarnos.

-¡Es mi hija! No puedo irme y abandonarla.- Sollozó la regordeta mujer, quien era sostenida a su vez por su esposo, al cual se le caían las lágrimas de los ojos.

-Nosotros nos quedaremos madre, seguiremos buscando, pero debes saber que las probabilidades de encontrarla son pocas y que lo mejor es que se mantengan seguros.- Habló entonces Bill, que tenía el ceño fruncido y los ojos cristalinos a causa de contener su propia desazón.- Ron irá con ustedes.- El menor parecía querer reprochar.- Alguien debe advertir al resto y ayudar Ronald, no te estoy diciendo eso para mantenerte alejado.- Se tragó las quejas y asintió.

-Hablaré con los demás, los ayudaré e intentaré buscar dentro de la casa también, por si acaso no la vimos.- Así, Ron encabezó la marcha de regreso a la casa protegida.

El alto pelirrojo caminaba apenas unos pasos por delante de sus padres, a quienes escuchaba llorar por lo bajo. Trataba de mantenerse tranquilo para no alterarlos más y transmitirles la confianza y seguridad que no sentía pero que sería lo único que los mantuviera firmes.

En su cabeza se sucedían los hechos de la pérdida de Hermione, la llegada a la casa de su tía, los planes de la Orden para mantener la seguridad de los muggles, sus hijos y todos los sectores vulnerables de los planes de Voldemort y también la búsqueda de los horrocruxes. A pesar de que no tenían idea de dónde pudieran estar los que faltaban, o ni siquiera supieran qué podrían ser, la meta de encontrarlos y destruirlos antes de que el mago oscuro supiera lo que estaban haciendo seguía siendo primordial.

No es que estuviera de acuerdo con esa línea de acción, pero para su desgracia no era él quien tomaba las decisiones y todos, incluido su amigo Harry, parecían estar a favor de la búsqueda de esos malditos artefactos antes que de la búsqueda de las personas indispensables para ellos. Además, ¿cómo iban a poder encontrar los horrocruxes sin Hermione y su indiscutible inteligencia? Seguro que Remus podía traducir las runas si es que se encontraban alguna, pero sin la castaña iba a ser casi imposible seguir los pensamientos de Dumbledore.

Eso sin mencionar que la desaparición de Ginny solo conseguía poner la situación mucho más tensa y crispar los nervios de todos al máximo, en especial los suyos. De cualquier manera, Ron necesitaba hablar con su mejor amigo, porque el que hubieran tomado a Ginny por sorpresa solo significaba que ella estaba pensando en algo, o mejor dicho alguien justo antes de que la secuestraran. Y la única persona que tenía ese efecto en su pequeña hermana es un chico de pelo negro, ojos verdes, gafas y una cicatriz en forma de rayo.

Una vez en la puerta de la gran casa, Ron cedió el paso a sus padres y los dejó entrar en primer lugar. Aquellos que no salieron en la búsqueda de Ginevra estaban reunidos en el salón, a la vez que dos elfos trataban de servirlos y mantenerlos aparentemente felices, pero nadie que no fuera Muriel les prestaba atención.

Sin embargo al ver la condición de los señores Weasley todos entendieron que las noticias no eran alentadoras.


Nada más despertar, Draco pudo sentir los brazos de Hermione envolviendo su torso y las cosquillas que el abundante pelo de la castaña producían en su cuello, sin moverse demasiado alzó unos centímetros la cabeza y fue capaz de observar la posición, bastante comprometedora, en la que estaban dormidos. Lo siguiente fue comprobar la hora, así que busco el reloj que colgaba de la pared y fue así que comprobó que se le estaba haciendo tarde para una de las reuniones informativas semanales.

Con pereza acomodó a la mujer sobre las almohadas y no sobre su cuerpo, aunque ella se removió algo inquieta sin despertarse, y se levantó. Por mucho que hubiera querido tomar un baño no tenía tiempo; así que se puso una camisa blanca junto con un pantalón negro y por encima la habitual túnica negra. A continuación tomó la máscara plateada y salió del cuarto.

En cuanto terminara la reunión iba a tener unas serias palabras con su padre.

Caminando velozmente se dirigió al salón donde Voldemort y todo su séquito estaban agrupados. Abrió las pesadas puertas con sus propias manos, produciendo que el ruido de las puertas atrajera la atención de todos y después de un leve asentimiento de cabeza al mago oscuro, ocupó su lugar habitual al lado de su padre.

Escuchar acerca de los diversos ataques a los muggles y las reacciones de sus gobernantes, así como las nuevas políticas anti sangre sucias, traidores a la sangre y diversos seres y bestias, ya no resultaba tan divertido para Draco como lo eran antes. El único tema que conseguía ponerlo nervioso era Hogwarts y la desaparición de Potter, a quien aún nadie había vuelto a atrapar.

Con Snape presente por primera vez en meses Draco estaba seguro de que tendría noticias de al menos una de esas cosas que prefería no escuchar, pero cuando llegó el momento se infundió de valor y escucho las palabras de su padrino y ex profesor.

-Los Carrow son muy buenos encargándose del colegio, y los demás profesores están demasiado ocupados protegiendo a los alumnos menores como para cualquier otra cosa, así que me animo a asegurar, mi Lord, que no tendremos resistencia de su parte. Sin embargo, un grupo de alumnos ha desaparecido y he podido confirmar que no han vuelto a sus hogares, lo que me hace pensar que la Orden del Fénix está tomando reclutas cada vez más jóvenes…

-Averiguaremos eso pronto, ya que me complace confirmar que hay un espía dentro de esa apestosa organización.- Interrumpió Voldemort de repente, callando a todos de inmediato. Bellatrix aplaudió.

-Una hazaña brillante.- Respondió Severus, pero Draco pudo detectar un leve, casi ínfimo, rictus de contrariedad.- Lo otro de lo que poseo información es de que la señorita Weasley ha sido capturada, pero estoy seguro de que Nott es la persona indicada para hablar de eso.- Malfoy prestó atención a eso y buscó con la mirada al padre de Theo. Sin embargo se sorprendió enormemente cuando vio que quien entraba por la puerta era en realidad su amigo.

No había ninguna diferencia entre Theodore Nott y su padre más allá de la edad. Aunque el viejo Nott tuviera ya setenta años seguía siendo un hombre alto e imponente de apariencia amenazante, con pelo castaño y ojos azules que daban la misma sensación que los de Dumbledore, como si te atravesara con la mirada.

Draco nunca había cruzado muchas palabras con el padre de su amigo ni tampoco había notado la posición de prestigio que ostentaba, sentado a la derecha de Voldemort. Se lo veía con aire aburrido, pero Malfoy pudo notar el orgullo en su mirada cuando su hijo entró al salón y comenzó a hablar.

-Es cierto que Ginevra Weasley ha sido capturada, Greyback y sus hombres- Theo hizo una mueca al pronunciar esas palabras, como si no estuviera de acuerdo en pronunciarlas.- la llevaron directo a mi mansión, alegando que no confían en la seguridad de Malfoy Manor desde los últimos incidentes…- Draco apretó los dientes, mientras sentía a su lado como Narcissa sujetaba a su esposo con fuerza, impidiendo cualquier estupidez.- Actualmente está recluida en nuestros calabozos y espero instrucciones sobre cómo proceder.- Voldemort asintió.

-Me gustaría saber dónde fue hallada, si eso es posible.- Dijo Snape mirando primero al mago oscuro y, tras recibir una señal positiva, a Nott.

-La encontraron en un bosque de la zona de Notthingham, no opuso resistencia ya que la aturdieron de inmediato. Al parecer la tomaron desprevenida.

-¿Sería posible, mi Señor, que se esté alojando en un lugar cercano?- Preguntó Lucius, alzando la voz por primera vez. Draco hubiera preferido que se mantuviera callado.

-He mandado a Greyback a rastrillar la zona, mi Lord.- Reaccionó entonces Nott padre, haciéndose escuchar perfectamente a pesar de que apenas había movido los labios. Muchos se encogieron en su lugar, Lucius lo miró directamente como si estuviera dispuesto a replicar, pero afortunadamente entró en razón antes de pronunciar alguna palabra.

-Dejaremos que los Nott se encarguen de eso.- Pronunció Voldemort, ignorando la pregunta del patriarca Malfoy y dando por terminada la reunión con un movimiento de sus manos.

En ese momento, todos se levantaron de sus asientos como si quemaran. Draco fue uno de los primeros en salir, no sin antes saludar con un asentimiento a su amigo, y dirigirse a la biblioteca que su padre usaba como refugio en la punta opuesta de la mansión. Lucius le siguió los pasos.

Era hora de ajustar algunas cuentas.


Pansy estaba encerrada en la habitación que conocía desde hacía más de un mes. Había pasado metida en esas paredes de tonos ridículamente pastel más de treinta días, sin posibilidad alguna de comunicarse con el exterior, sin varita, y sin hablar demasiado con nadie que no fuera Bill Weasley.

Lo único de lo que estaba segura era que no se encontraba en ninguna casa de pobres. Los muebles son de excelente calidad, las son sábanas de seda y la habitación es amplia y cuenta con un baño exquisitamente decorado. Algo que ningún Weasley podía permitirse.

Sabía que su presa, por decirlo de alguna manera, estaba en el recinto. Podía sentir la puerta abrirse y cerrarse e incluso había sido visitada por Molly Weasley más temprano, por lo que suponía que algo tenía que haber sucedido para que Bill no la hubiera ido a ver aún y el tráfico de gente en la casa fuera más del habitual.

Sin embargo no podía asegurar nada, ya que la puerta estaba cerrada mágicamente y el cuarto no tenía una chimenea por la que pudiera establecer conexión a la red flu, aunque algo le decía que la Orden evitaba todos los medios de transporte que estuvieran vigilados por el Ministerio. Tampoco tenía una varita que le permitiera crear trasladores.

No eran tan idiotas como para confiar ciegamente.

Al principio de su aventura para seducir a William había creído, algo ilusamente, que bastaría con que él confiara en ella y de esa manera todos los demás le darían pase libre para circular por el cuartel y estar presente en las reuniones para la creación de planes, e incluso contaba con averiguar el paradero de Harry Potter. Pero la Orden la había sorprendido, permitiendo que ella estuviera dentro del cuartel en calidad de invitada, era cierto, pero sin confiar ni un poco. Nunca le habían permitido salir de ese cuarto y aunque le rogo a Bill que hiciera lo posible, aunque hubiera realizado su mejor actuación llorando y diciendo que había sido torturada sin motivo, no tenía permitido moverse.

El pequeño inconveniente que eso resultaba para sus planes tenía que ser resuelto de alguna manera, que aún no se le ocurría, porque de lo contrario todo sería una condenada pérdida de tiempo.

Suspirando decidió olvidarse por el momento de esos pensamientos que la aquejan y trató de agudizar el oído en busca de alguna señal sobre lo que sucedía. Se levantó del mullido sillón de un cuerpo donde estaba sentada frente a la ventana cuando percibió el sonido de pisadas subiendo por la escalera, esperaba que fuera Bill. Por lo menos de esa forma tenía alguien con quien pasar el tiempo y además provocarlo siempre era divertido. Sobre todo porque no había vuelto a tocarla después de que su esposa veela los descubriera besándose.

Se sorprendió bastante cuando la puerta del cuarto se abrió dejando ver a un pelirrojo que para su mala suerte no era William, aunque se le asemejara bastante.

Ronald Weasley acababa de entrar y no la miraba con buenos ojos que se diga, a pesar de que tenían la misma edad y de que siempre lo había considerado un idiota lameculos pegado todo el día a Potter, en ese momento algo en la mirada azul del chico le dijo que podía correr un riesgo importante. Pero él se quedo quieto mirándola un largo tiempo, así que ella comenzó a relajarse pensando que no había nada de qué preocuparse y que en esos momentos alguien le había ordenado vigilarla. Tampoco se privó de observarlo, era parecido a Bill con el cabello pelirrojo, aunque algo más corto que el de su hermano y los ojos de un tono azul muy similar; sin embargo el mayor tenía vetas de color dorado que solían dejarla idiotizada mucho más de lo que ella quisiera admitir…

No tuvo tiempo de reaccionar cuando Ron se le acerco y la tomo por el cuello aplicando tanta fuerza que el paso del oxigeno se veía obstruido. Era consciente de que la mirada azul del hombre estaba cegada por la ira así como también supo cuando la puerta fue cerrada mágicamente de nuevo y, por encima de todo, percibió completamente cuando él le hablo al oído con tanto odio que logró estremecerla.

-Vas a decirme dónde está mi hermana, a menos de quieras que te demuestre que no soy solamente un hombre noble y valiente.- Aflojo el agarre de su mano lo suficiente como para que ella pudiera hablar.

-No… se… de… q-que… hablas.- Él la empujo por el pecho, provocando que rebotara contra sí mismo al no soltarla.

-Secuestraron a mi hermana y también tienen a Hermione y tú, maldita zorra, vas a decirme dónde.- Pansy tuvo el descaro de esbozar una sonrisa cínica.

-Así que… estás preocupado… por tu hermanita… y por la insufrible sabelotodo…- Inmediatamente él apretó más, haciendo que la pelinegra boqueara en busca de aire.- N-no… sabrás… nada… s-si me matas, Comadreja.- Él la soltó como si quemara, molesto con la idea de convertirse o siquiera parecerse a un asesino.

Pansy tomó varias bocanadas de oxigeno cuando sintió que la presión la abandonaba, sin embargo sabía perfectamente que el peligro no había pasado. Después de todo, Ronald seguía allí.

Él seguía mirándola con odio y cuando volvió a avanzar hacia ella, Pansy retrocedió todo lo que pudo hasta chocar contra el alfeizar de la ventana, él sonrió de una manera bastante perversa al notar el miedo que producía en la mujer y sin esperar un segundo más le asestó un puñetazo que la hizo gemir de dolor.

-¿¡Dónde demonios está mi hermana!?- Gritó fuera de sí.

-Te dije que no lo sé, bastardo.- Respondió la pelinegra, aún con una mano sobre su pómulo.

Ron lanzo una especie de grito de guerra y corrió directo a embestirla. La fuerza del impulso y su propio peso los dejaron a ambos en el suelo, con Pansy debajo del masculino cuerpo que la tenía presa. Ella atinó a cubrirse la cabeza para evitar más golpes a la vez que sentía puñetazos en sus piernas y torso; el dolor era intenso pero admitía que provocar a Weasley de esa manera resultaba divertido.

Además, ella sabía que Granger estaba prisionera en Malfoy Manor, pero que no podían encontrarla porque nadie sabía la ubicación exacta de la mansión… e incluso más, ella estaba segura de que Draco era el encargado de la sangre sucia.

Y pensaba usar esa información.

-Estoy segura de que Draco se está divirtiendo mucho con la asquerosa sangre sucia, Weasley. Y también te aseguro que no encontrarán más que una sombra de lo que es, ya no quedará nada más de ella que lo que mi amigo quiera dejarte…

No pudo seguir hablando porque Ron le sujetó los brazos con una sola de sus manos, a la vez que con la otra repartió golpes hasta que alguien lo levantó del piso. Pero para ese entonces ya era tarde, Parkinson estaba inconsciente.

El pelirrojo por su parte luchó con todas las fuerzas que tenía contra los brazos que lo estaban sujetando, queriendo soltarse y acabar con esa maldita mujer que él sabía que no era ninguna pobre inocente. Consiguió su objetivo muy pronto y entonces intentó volver a avanzar hacia ella, movido por una completa ansia asesina que no abandonaría su cuerpo hasta que cumpliera su meta más grande; pero no dio más que tres pasos cuando otro puño se estrello contra su mejilla, derribándolo en el acto, se levantó tambaleante y busco a su atacante encontrándose con su hermano Bill quien ya estaba listo para asestar otro golpe que no demoró en llegar y lo dejo sin aire.

Alguien lanzó un grito, una mujer, mientras que mucha más gente entraba corriendo en el cuarto y se amontonaban a su alrededor, Ron sintió que nuevamente intentaban sostenerlo pero se alejo con un empujón, al igual que Bill quien en esos instantes se estaba sacando a Charlie de las espaldas. Muchos habían levantado las varitas y otros tantos intentaban interponerse entre los dos hombres.

Pero fue la voz de Remus la que se hizo escuchar por toda la habitación cuando pronunció el hechizo petrificador.

-Petrifucus Totalus.- El hombre lobo le apuntó primero a Ron, quien era el primero en haber explotado, y luego a Bill. Aunque para sorpresa de todos los ojos del mayor de los Weasley se volvieron de un color dorado y logró romper el hechizo e intentar volver a atacar a su hermano.

No lo consiguió, ya que Remus decidió sujetarlo por la espalda haciendo uso de su fuerza sobre humana, algo que en esos momentos agradecía tener. Entre forcejeos, consiguió sacar a William de ese lugar y meterlo en la biblioteca, para sellar las puertas a sus espaldas y observarlo destruir la preciada colección de libros y adornos que habían allí.

Los libros caían de sus estantes, los adornos se estrellaban contra el piso y dos mesas pequeñas que estaban frente a la chimenea volaron por los aires. Bill arremetía contra todo lo que se atravesara frente a él; dejando salir desea manera todo el cúmulo de sentimientos que lo atormentaban.

En su interior el sentimiento de furia deseaba ser desatado completamente y así buscar a Ronald para hacerle pagar cada golpe que había dado a Pansy, sin embargo Remus lo había metido allí dentro y no lo dejaba salir. Un gruñido animal brotó de su garganta y salió por sus labios, mientras que con la mirada buscaba a Lupin, o en su defecto la puerta. Lo primero que vio fue la gigante estructura de madera así que tomando impulso corrió hacia ella con la intención de derribarla, sin conseguirlo. La madera era lo suficientemente gruesa como para no moverse en absoluto y el hecho de que estuviera sellada mediante magia la convertía en impenetrable, pero Bill no razonó eso y simplemente dejo que su hombro soportara el golpe que en ese momento ni siquiera sintió, pero cuando estuviera tranquilo lo más probable era que pudiera notar que se lo había dislocado.

William giró y entonces vio al otro hombre, quien ya estaba esperándolo y arremetió contra él; Remus uso toda su fuerza para soportar el impulso y el peso del Weasley y se lo saco de encima con un empujón. Bill jadeaba para esas alturas, pero volvió a atacar y el mayor siguió defendiéndose, hasta que noto que los golpes del pelirrojo iban poco a poco perdiendo la potencia y el dorado de los ojos iba desapareciendo. Pasados treinta minutos, Bill respiraba agitadamente y hacia muecas de dolor, pero era completamente racional.

Remus saco en ese momento dos copas y una botella con whiskey de fuego y comenzó a servir, bajo la atenta mirada azul que no entendía prácticamente nada. Luego, con un movimiento de varita, reparó todo lo destrozado y ordeno nuevamente la biblioteca, como si en aquel lugar no hubiera pasado nada.

Seguidamente encendió la chimenea y le señalo a Bill uno de los sillones que estaban al lado de las mesas, ordenándole que se sentara. Weasley acepto, movido más que nada por el remordimiento de haber atacado a su líder y además amigo, y también por no saber qué otra cosa podía hacer.

Lupin lo siguió atentamente con la mirada y tras asegurarse que lo obedecía fue a sentarse a su lado, le paso una copa y esperó pacientemente viendo como el menor apuraba su trago, inmediatamente, Remus le volvió a servir copa tras copa hasta que Bill finalmente encontró valor para abrir la boca.

-Yo… no sé que me pasó. Simplemente me enfurecí cuando vi a Ron golpeándola, una especie de… instinto de protección y venganza a la vez se apoderaron de mi… solo quería dañar a mi hermano de la misma forma que él lo hizo con ella.- Lupin lo escuchaba pero no respondía y eso comenzaba a alterarlo. Suspiró intentando tranquilizarse.- Lo último que recuerdo es estar en esta biblioteca, viendo todo el desorden que había y a ti arreglando las cosas…

-Tus ojos cambiaron a un color dorado, rompiste un hechizo petrificador solamente con fuerza física, golpeaste a tu hermano y rompiste una habitación… y tienes un lapso mental en blanco.- Bill abrió los ojos a más no poder, incapaz de creer esas cosas.

-Pero…

-Cierra la boca.- El pelirrojo obedeció de inmediato.- No quiero que te vuelvas a acercar a Pansy Parkinson ni siquiera a un metro de distancia por el momento, de hecho quiero que te alejes completamente de esta casa, porque Ronald no va a querer verte tampoco y lo último que necesito en estos momentos es una división interna en la Orden; ve a la manada y mantente allí cumpliendo tu misión todo el tiempo que puedas. Estoy seguro de que luego de lo sucedido con Greyback y Scabior ellos van a apoyarte a ti por la ayuda que les diste.- Bill asintió, aunque con gesto contrariado.

-¿Qué sucederá con los planes para hoy?- Esta vez fue el turno de Remus de suspirar.

-Eso lo averiguaremos cuando estemos abajo. Escúchame, también quiero que utilices ese tiempo en la manada para estudiar tus reacciones y tratar de averiguar qué es lo que las desencadena. Ten toma.- Bill miró lo que le entregaba, era un libro de aspecto antiguo sin letras ni nada que lo identificara. El color dorado estaba tan desgastado que casi no se distinguía. Lo tomó con cuidado y miro a Lupin.- Es el libro que te mencioné la primera vez que viste a Parkinson, en el Caldero Chorreante.


Lucius estaba acostumbrado a ver el parecido físico que había entre su hijo y él, de hecho ese era uno de los motivos que tanto lo enorgullecían de Draco, junto con su inteligencia y su astucia. Sin embargo en esos momentos estaba profundamente hastiado de que unos glaciales ojos grises idénticos a los suyos lo observaran como si pudieran calcinarlo.

Carraspeó intentando que la actitud de su hijo cambiara, pero no surtió efecto por lo que decidió que lo mejor que podría hacer en estos instantes era afrontar las cosas rápidamente.

-¿Hay algo que te moleste, Draco?- El joven lo miró pero no emitió palabra alguna.- Podrías decirme lo que te aqueja si eso hace que juntos encontremos una solución al problema…

-El problema eres tú, padre.- Lucius miro a Draco sin entender del todo sus palabras.

-¿A qué demonios te refieres mocoso insolente? ¡Soy tu padre! Merezco que me respetes y te exijo una explicación en este mismo instante…

-Espero, padre, que no estés intentando darme una orden porque no tienes ni el derecho ni el poder como para hacerlo, ¡estamos en lo más bajo de la cadena de mando porque en un principio tú fallaste en esa misión en el Departamento de Misterios! Luego, se me ordenó matar a un viejo loco y Snape me robó la atención, y ahora, ¡perdimos a Potter en nuestras narices!- Pese a los gritos de Draco, su padre no se dejo amedrentar.

-¡Y tú tienes la forma de saber los planes de ese estúpido mocoso y no haces nada más que tener un sentimiento hacia esa condenada chica!

-¡No tengo un sentimiento, padre! Tengo un plan… plan que no seré capaz de llevar a cabo si te sigues entrometiendo.- Lucius se sorprendió un poco al oír eso, pero de ninguna manera se quedó sin contestar.

-Te recuerdo que aceptaste dejarme intervenir cuando intercedí para ayudarte a que te quedaras con la sangre sucia.

-Lo sé, y te he permitido acercarte y ocuparte de Granger por un tiempo, pero no podré conseguir nada si sigues provocándole heridas. Necesito que confíe en mí si quiero que me diga lo que Potter busca, necesito que crea que me preocupo por su persona si mi plan es que ella hable. Se ha mostrado mucho más cooperativa luego de que yo la trate de una manera especial.- A medida que Draco iba hablando, Lucius iba sorprendiéndose de la capacidad para idear planes que su hijo mostraba, pero necesitaban algo que fuera rápido y ganarse la confianza de una mujer prisionera de guerra llevaba mucho tiempo.

-No será nada fácil que confíe en ti, Draco. Es una prisionera.

-Lo hará, padre. Y no demorará demasiado.


Luego del incidente entre Ron y Pansy, de que Bill se lanzara contra su hermano y de que todos los miembros de la Orden estuvieran lo suficientemente tranquilos como para reunirse en el comedor de la mansión en la que se habían congregado; Remus escuchaba a Charlie quien estaba comunicando de la desaparición de Ginny en esos momentos.

Para nadie allí había sido una noticia fácil de escuchar y mucho menos les había pasado desapercibido el hecho de que Ronald tampoco estuviera presente. Varios pares de ojos estaban fijos en Harry, aunque Lupin no sabría advertir si eso se debía a que esperaban ver su reacción por la desaparición de la pelirroja o lo que tuviera que decir al respecto de que dos de las personas que lo ayudarían con el robo al banco ya no estaban presentes en el lugar.

Harry era increíblemente parecido en lo físico a James: el mismo cabello negro e indomable, la forma del rostro y el hecho de que tuviera que usar gafas por el resto de su vida debido a su deficiencia visual, también era igual de impulsivo e incluso confiaba en sus mejores amigos con su vida de ser necesario, algo que al mismo James le había costado la suya. Pero a diferencia de su padre, Harry tenía un poco de la inteligencia y astucia de su madre, por lo que era un combo bastante peculiar. Remus quería asegurar que el robo a Gringotts quedaría en suspenso por el momento, pero Potter era responsable con la misión que Dumbledore le dejó y eso le decía que entrarían a esa cámara aunque tuvieran que improvisar.

-Ron se niega a llevar adelante esta misión y como Ginny tampoco está tenemos que resolver qué haremos hoy…- Charlie hablaba, pero sabía que nadie estaba prestándole atención, se sentía igual de frustrado que todos, pero le gustaría que cooperaran un poco.

-Entraremos a Gringotts hoy.- Pronunció Harry, y entonces todos los presentes lo observaron atentamente.

-Pero sin Ronald y Ginevra…

-Que alguien ocupe sus lugares, no tenemos tiempo que perder. Una vez que tengamos el Horrocrux entonces podremos ocuparnos de buscar a Ginny y sacar a Hermione de la mansión Malfoy sin más inconvenientes.- Todos asintieron a las palabras del pelinegro, aceptando su liderazgo repentino, incluso Remus.

-Yo lo hague.- Se ofreció Fleur dando un paso al frente, Charlie clavó sus ojos azules en ella dispuesto a decirle que ni si le ocurriera, pero todos miraron a Bill esperando que fuera su esposo quien emitiera su juicio.

-En ese caso, creo que deberías ir tú también, William.- Habló Molly, pero su hijo mayor negó con la cabeza.

-Los duendes, como les puede informar Griphook, tienen medidas de seguridad muy estrictas en cuanto a los funcionarios del banco, y aunque esté inactivo soy uno de ellos. Me será imposible entrar bajo los efectos de la multijugos porque sabrán inmediatamente que soy yo. Y si me descubren intentando entrar disfrazado los problemas que tendrán que afrontar serán incluso más grandes… por no mencionar que no confiarán en mi acompañante si me descubren y todo el plan quedará al descubierto, lo que va a provocar que nos echen de allí de una forma en absoluto amigable y reforzarán las medidas de seguridad en ese momento.

-El mago dice la verdad sobre esos hechos.- Pronunció entonces el goblin, quien a pesar de estar sentado en una de las sillas del comedor y haber estado presente en todo momento, siempre se había mantenido en silencio.- Él no podrá entrar, porque ante los ojos de la magia del banco y ante el resto de los míos, sigue trabajando en Gringotts.

-Pero entonces…- comenzó a hablar Dean Thomas.- ¿cómo podrá entrar Griphook sin ser descubierto?

-La capa de invisibilidad de mi padre es impenetrable e indetectable.- Respondió Harry, aunque aún en su cabeza resonaban las palabras de Bill.- No hay manera de que la detecten, estoy totalmente seguro de eso, no sabrán de mi o Griphook

-En ese caso, Fleur…- comenzó a hablar Arabella Figg, quien era miembro de la Orden para informar acerca de lo que ocurría en el mundo muggle.

-Igue. No hay muchas opciones y también poseo un poco de agilidad que puede segvig.- Cuando Bill clavó la mirada en los ojos de su esposa, supo que nada la haría cambiar de opinión.

-En ese caso, lo mejor será que busquemos a otro hombre que pueda hacerse pasar por otra persona…

-Yo iré, si realmente las cámaras de alta seguridad están custodiadas por dragones van a necesitar a alguien que tenga conocimiento en ellos.- Habló entonces Charlie. Su postulación a la tarea no tuvo mayores negativas, pero teniendo en cuenta que nadie allí sabía que por el momento, él y Fleur estaban conviviendo bajo el mismo techo, eso no lo sorprendía.


Ese era su cuarto día en aquella horripilante y asquerosa celda a la que había tenido que limpiar usando un simple balde con agua y un cepillo. Decir que se había sentido asqueada al ver con sus propios ojos manchones de sangre reseca y desechos de los roedores que muchas veces le hacían compañía, era algo mínimo.

Hacer esa tarea conseguía mantenerla con la mente ocupada, por lo que fiel a su personalidad no temía hacerlo y no ponía resistencia, sabía que la meta de ese hombre de ojos azules era quebrarla y ella no pensaba darle el gusto. Así que para fastidio del Slytherin ella había tomado el balde y el cepillo y se había ocupado de limpiar todo el piso, el cual no estaba brillante y reluciente pero sin dudas ya no tenía manchones rojos o negros desperdigados por doquier.

Ginny se había aprendido la rutina de ese lugar estremecedoramente rápido, ni bien amanecía y los pájaros comenzaban a cantar, alguien iba por ella y la sacaba de aquel lugar para ser llevada a una especie de invernadero en donde tenía que lidiar con diversas plantas sin ningún tipo de ayuda más que una pequeña pala y sus manos, varias veces en esos días se había visto obligada a estar prisionera por el lazo del diablo, hasta que se había relajado lo suficiente como para no sentir el impulso de luchar contra la planta.

Cerca del medio día la sacaban del invernadero hasta la celda y le daban pan y agua como almuerzo, para después de eso llevarle los accesorios que necesitaría para limpiar; así había sido desde el segundo día y ella ya tenía todo el recinto limpio.

A la noche otro prisionero como ella la sacaba de esas lúgubres paredes y la llevaba a una especie de baño en donde le permitían tomar un ducha. El agua era helada y no contaba con nada más que una toalla pequeña para secarse, además de que el concepto de privacidad no le era permitido a quienes, como ella, estaban allí encerrados.

La cena consistía en un poco de ensalada y pollo, y era lo único que esperaba en todo el día poder ver al final. A pesar de que la alimentación no le era suficiente y las condiciones en las que se encontraba eran pésimas, ella estaba bastante orgullosa de que no la hubieran doblegado todavía.

Cuando podía dormir, lo que era en contadas ocasiones, Ginny dejaba que sus pensamientos viajaran hasta su familia, su madre, su padre y sus hermanos. También se permitía pensar en Harry y en el último beso que habían compartido o incluso de vez en cuando dejaba que Luna, Dean y el resto se colaran en sus memorias.

Ese día, gracias a Merlín, se encontraba lo suficientemente cansada como para no pensar en nada a la hora de dormir. Pero su sueño se vio igualmente interrumpido cuando su captor entro a por ella.

Theodore estaba ansioso, y eso no era bueno.

Había salido de la mansión Malfoy y cumplido con el resto de sus tareas; que su padre tuviera un cargo de alta confianza le confería a él algún que otro beneficio y uno de esos consistía en tener tareas pequeñas. Por lo que el resto del día lo había pasado metido la gran biblioteca de su casa, leyendo libros que ya conocía casi de memoria y aburriéndose entre unas viejas y desgastadas paredes.

Eso lo llevo a los calabozos, en donde se dedico a mirar a Ginevra Weasley llevar adelante cada una de las tareas que le asignaban, sin quejarse y sin mostrarse humillada, ella simplemente asentía, tomaba las cosas y se ponía manos a la obra.

Theo había tenido que admitir que el hecho de que ella actuara de esa manera conseguía alterarlo, él quería humillarla, resquebrajarla, y dejar de ella una simple sombra. No era nada personal, porque además podría decirse que ella tenía una entereza digna de admirar a sus ojos, pero su naturaleza era dañina y Nott la había escogido como su conejillo de indias.

Después de verla durante todo el día, Theodore tenía una decisión tomada, y esa consistía en redoblar sus esfuerzos.

Por eso había entrado en la celda cuando la vio dormida y relativamente tranquila y decidió sacarla de allí. Ginny se despertó totalmente sobresaltada y nada más sentir otras manos tocando su cuerpo intento patalear con todas sus fuerzas. Sin embargo Nott soportó todos los golpes estoicamente, en parte porque ella estaba tan débil que no le dolían y en parte porque le resultaba realmente excitante sentir como ella se retorcía contra él intentando liberarse.

-Deberías quedarte quieta, Weasley.- Le dijo Theo al oído, en un susurro bajo y ronco.- Porque aunque no lo creas no te lastimaré, voy a mejorar tu estadía en este lugar.

Pero Ginevra no estaba segura de poder obedecer eso, porque su propio cuerpo se revelaba contra la prisión de esos brazos que la sostenían y la simple idea de que cualquier otra persona la tocara le resultaba de alguna manera repulsiva. El Slytherin pareció notarlo porque luego de unos pocos minutos la soltó y simplemente se dedico a guiarla a través de los túneles oscuros que servían de diversas entradas a las mazmorras.

Ginny se sorprendió un poco al notar que él le dejaba un cuarto propio, que probablemente no era de los principales de aquella gran mansión, pero que sería infinitamente más cómodo que el frío y duro piso de piedra que tenía por cama en aquella celda.

Theodore no quería que aquellos prisioneros que hicieran las cosas bien tuvieran que pasar penas innecesarias. Si bien era cierto que disfrutaba utilizándolos como juguetes y destruyendo sus voluntades, también era considerado un carcelero amable con quienes le sirvieran de algo. Por eso había decidido hacer aquello por la pelirroja de mal carácter, ella se había ganado su derecho a estar en una de aquellas habitaciones de servidumbre, aunque ahora tendría más responsabilidades en sus hombros y él esperaba que estuviera a la altura de esas circunstancias.

La pelirroja se había ganado un nombre propio en el colegio por tres excelentes motivos. El primer lugar su orgullo, que había sido algo destacable para ser la menor de seis hermanos hombres; en segundo lugar su habilidad para lanzar maleficios, cosa que indicaba a varios que no se entrometieran con ella; y en tercer lugar esa capacidad de mantenerse alejada de problemas con todo el mundo, Weasley no se entrometía con nadie y tampoco respondía a las pullas de nadie, lo que demostraba inteligencia.

Por eso estaba tan empecinado en doblegarla. Además, tener a dos puntos débiles de Harry Potter conseguiría que él cometiera algún estúpido error que los ayudara a capturarlo o saber sus planes. Draco tenía a Granger, y ahora él tenía a Weasley. Y eso era algo que debía ser utilizado.


Iba de camino a la habitación en la que se encontraba Hermione completamente sumido en sus pensamientos. La charla con su padre había tenido unos leves resultados, con el progenitor asegurando que no se acercaría en ningún momento a la prisionera hasta no haber conseguido los avances que Draco deseaba.

Eso le garantizaba a Draco un poco de la tranquilidad que ansiaba y le permitía dejar de pensar constantemente quién podría ser el causante de las lesiones de la castaña. De cualquier manera le había pedido a Holk que nadie entrara en ese cuarto si no era él y que no dejara sola a la mujer bajo ningún concepto. Sabía que el elfo obedecería, no solo por su naturaleza dada a acatar las órdenes, sino también porque disfrutaba atendiendo a Hermione y no a los demás mortífagos que pululaban por la casa.

El hecho de celebrar una reunión en la mañana había liberado a Draco de su entrenamiento con el mago oscuro, y ahora que estaba a punto de ingresar a ver a su prisionera favorita agradecía que dicha junta hubiera tenido lugar.

Al momento de abrir las grandes puertas se encuentra con el elfo y una gran bandeja de comida que no ha sido tocada a pesar de su aspecto delicioso. Su estómago emite un rugido hambriento al percibir el olor del cordero asado y la exquisita ensalada que lo acompaña, a la vez que el diminuto ser realiza una profunda reverencia casi tocando el suelo.

-El amo ha regresado.- Anuncia alegremente, mirándolo con un brillo de esperanza en sus extraños ojos grises.- Tal vez usted pueda conseguir que la señorita se alimente como es debido.- El rubio siguió con la cabeza el dedo alzado de Holk que señalaba la puerta del baño. Draco asintió.

-Deja la bandeja encima de la mesa.- Murmuro Malfoy, apuntando a una mesa pequeña que estaba al otro lado de la ventana, frente al escritorio, el elfo acató de inmediato.- Puedes retirarte Holk, te llamaré cuando deba irme nuevamente.- Luego de sentir el característico plop de desaparición, Draco suspiro.

Mientras esperaba que Granger terminara de asearse se dedico a observar todas las pinturas al óleo que estaban desperdigadas en cualquier lado disponible. A él le resultaba sorprendente que ella tuviera tanta capacidad para el dibujo, pero dado que no le había querido dejar demasiados libros porque conocía su inteligencia y sagacidad, agradecía que Holk hubiera propuesto esa idea. También había sentido como una llamarada de orgullo se encendía en su pecho al ver un retrato perfectamente hecho de él mismo, algo dentro de sí quería creer que Granger lo había observado un poco en el colegio para retratarlo con tanta exactitud, pero la otra parte tenía que reconocer el talento de la mujer porque ni siquiera él mismo se había visto alguna vez con una expresión tan relajada.

Se volteó cuando sintió el sonido de la puerta contigua siendo abierta y cuando su mirada se topo con la marrón de Hermione, Draco la vio contener la respiración.

-Holk dijo que no habías querido comer.- Ella siguió mirándolo con desconfianza, Malfoy entornó los ojos.- Granger… ¿acaso te has olvidado de que te lanzaste a mis brazos hace unas horas? ¿O es que lo recuerdas y te avergüenzas de ello? Porque te estoy hablando de buena manera, no me hagas enfadar… no te conviene, mujer.

-No he olvidado nada, Malfoy. Y simplemente no tengo hambre.

-Pues que pena, porque le he pedido al elfo que prepare la mesa y además, trajo más comida.- Hermione giro hacia la mesa y sus ojos se abrieron graciosamente al ver que el blondo le decía la verdad. El propio Draco se había sorprendido, ya que no noto cuando el elfo regreso con otra bandeja con delicias y preparo todo. Seguramente debido a lo concentrado que estaba observando las pinturas, pero iba a aprovechar ese gesto.

-Pero…

-Mira, Hermione, podemos pasar el resto del tiempo en una estúpida lucha de orgullos, pero ambos aquí sabemos que yo tendré más oportunidades de comer que tú y vas a necesitar el alimento si quieres seguir viva aquí dentro.

-No estoy haciendo nada más que pasar encerrada en estas paredes…

-Seguramente has olvidado la anterior visita de mi padre y sus métodos para castigarte, ¿verdad?- Eso la calló en el acto, provocando que su ceño se frunciera.- Él, a diferencia de ti, puede volver y hacer lo que se le plazca. ¿Realmente crees que sobrevivirás otro ataque sin alimentarte?- Ella no sabía acerca de esa pequeña charla después de todo.

-Y tú planeas comer aquí…

-No veo cuál es el problema con eso.- La castaña entrecerró sus ojos con sospecha.- Simplemente quiero comer y tal vez podamos hablar un poco.

-Sí, seguramente hablaremos sobre nuestros incontables puntos en común, o tal vez sobre nuestros tantos años de amistad…- Ironizó ella.

-O podríamos hablar de lo que sucede con tu dichosa Orden en esta guerra, Granger, porque ella no ha acabado aunque tú no la veas.- Eso consiguió ganarse su atención. Para Draco era obvio que ella quería replicar que no había olvidado en absoluto el hecho de que estuvieran en guerra, pero aún así se mantuvo en silencio a la espera de nueva información sobre sus amigos.- Empecemos con que te sientes y comas.

Lentamente Hermione avanzó hasta la mesa y tomo asiento, a la vez que el rubio se dedicaba a seleccionar comida para ponerle en su plato concienzudamente. Ella lo observó elegir concentradamente cortes de cordero y pavo, así como la ensalada y un poco de arroz en dos platos distintos. Él parecía buscar solo las mejores piezas y eso la hizo soltar un bufido, creyendo que se estaba sirviendo para él. Pero cuando Hermione intento tomar un plato él se lo impidió y le puso primero el del cordero con arroz y especias enfrente.

-Come.

Ella obedeció sin dudar, diciéndose mentalmente que aquello no era más que una tregua en agradecimiento por haberla ayudado a proteger sus recuerdos y así mantener escondido el paradero de sus padres.

-Malfoy…- El rubio que en esos momentos se estaba sirviendo un poco de pasta la miro brevemente y le hizo un asentimiento de cabeza indicándole que la escuchaba.- Yo… quería agradecerte por haberme ayudado con mis recuerdos en la reunión con…

-Espero que sepas que eso tiene un precio, por supuesto.- Ella asintió, fue lo que había aceptado cuando le pidió ayuda. "Juro que haré todo lo que me pidas" había dicho, y lo cumpliría.- A pesar de que he pedido que vuelvas a dormir en mi cama, eso no ha sucedido. Esta noche serás llevada nuevamente a mi habitación.

-De acuerdo.

-Pero no estarás conmigo, Granger, porque también he sido castigado por ayudarte.- Ella lo mira entonces atentamente, y Draco puede notar como busca signos de daños en su rostro. Eso lo hace esbozar una sonrisa socarrona.- Pero no debes preocuparte porque puedo lidiar con ello perfectamente, aunque no me verás ni en las noches ni en las mañanas.

-¿Estaré en tu habitación sola? No creo que a tu madre le agrade ver a una sangre sucia durmiendo en la cama de hijito.- Murmuró Hermione, tratando de provocarlo, más por costumbre que porque encontrara alguna satisfacción en hacerlo. Ella terminó su plato y lo apartó, pero entonces él le puso el pavo con la ensalada frente a sus narices.- No comeré eso, estoy llena.

-Debes hacerlo, es una orden.- Hermione sintió la manera en la que aquellas palabras se colaban en su memoria y aunque trato de resistirse no pudo aguantar.- No luches contra ello o será peor.

-¿Cómo es que te obedezco en todo?

-No responderé eso, pero confórmate con saber que si tratas de negarte no solo tendrás como consecuencia ese dolor de cabeza que de seguro sientes ahora, sino también una represalia de mi parte.- Ella soltó un quejido, realmente no quería ser una especie de elfo doméstico que obedecía todo lo que le ordenaran.

-Dijiste que hablaríamos de mis amigos…- A ella no le pasó desapercibida la forma deliberada en la que él tomaba la copa con agua y se ponía a beber como si hubiera pasado años sin ese líquido fundamental.- ¿Sabes algo de ellos?

-Saber de tus amigos también tendrá un costo, pequeña saltamontes.

-Dijiste que podía comer y así sabría de ellos. Y deberías saber que yo soy mayor que tú, hurón albino.- Antes de que pudiera reaccionar, Draco se había estirado por sobre la mesa y le había tomado de unos mechones del cabello que alcanzó con facilidad, haciendo que la mujer soltara un quejido de dolor.

-Granger, no me agotes la poca paciencia que me queda contigo porque yo intento ser amable y no mandarte de nuevo a esa sala de torturas para dejar que alguien mucho más sanguinario que yo se ocupe de ti, ni tampoco pretendo cederte a mi tía para que te use de muñeco ejemplificador para otros prisioneros, pero a este paso, conseguirás solamente eso. ¿Me entiendes?- Ella hizo un movimiento afirmativo con la cabeza.- Muy bien, porque esto es lo que va a pasar: si quieres saber sobre tus amigos seguirás mis órdenes al pie de la letra sin olvidar en ningún momento que no eres más que una escoria, y comenzarás con dejar de desafiarme, ¿está bien?

Hermione deseaba mandarlo a la mierda y decirle que ella no iba obedecer ninguna palabra que saliera de su boca, pero esa extraña sensación de obediencia se instalo en su pecho y no le quedo más opción que asentir. Además, la idea de volver a esa sala de torturas y recordar lo sucedido en aquel lugar solo le provocaría deseos de morir y quebraría las fuerzas que le quedaban definitivamente.

-Ahora que ya estamos pensando igual, quiero que me digas por qué Potter busca otra varita, más específicamente esa.

-Ya te he explicado que Harry cree que hay una varita muy poderosa y que simplemente nos dedicamos a estudiar el cuento de Los Tres Hermanos, de Beedle el Bardo, allí se mencionan unas supuestas Reliquias de la Muerte pero en mi opinión eso es una pérdida de tiempo.

-En la historia hay varias menciones de una varita invencible…

-¿De verdad vas a creer eso? Son leyendas, Malfoy. Una varita no puede ser más poderosa que el mago que la blande. ¿De qué va a servirle una varita mega poderosa a alguien como…Zacharias Smith, si él no es capaz de realizar un hechizo de forma adecuada?

-Pero no puedes negar que algunas veces las personas pueden realizar dos hechizos o maldiciones iguales y tener diferente intensidad, y eso se debe en parte a los núcleos centrales y los tipos de madera que se usan para realizar las varitas, Granger, solo es cuestión de investigar un poco en ese ámbito.- Ella abrió la boca sorprendida, ya que nunca se imaginó que Malfoy pudiera estar interesado en el arte de las varitas.- De momento es suficiente, investigaré que materiales pueden potenciar el poder de una varita por mi propia cuenta…

-Podría ayudarte a buscar, soy rápida leyendo.

-¿Y dejarte un libro que te enseñe a fabricar una varita? No cometeré esa estupidez.- Ella no había pensado en conseguir un libro de esos para crear una varita, pero debía reconocer que Malfoy había sido inteligente al negarse.- Sobre tus amigos… ellos son buenos ocultándose, porque nos ha sido imposible rastrearlos.- Draco no iba a decirle que Theo tenía a la pobretona en su casa.- Aunque Greyback atacó una aldea de hombres lobo en Rumania… y volvió bastante lastimado, ese Weasley que ataco en la torre de astronomía el año pasado, al parecer es toda una caja de sorpresas. Pero no te espantes,- añadió al notar que ella estaba asustada- el pelirrojo está bien y le dio una paliza a los carroñeros por si mismo.


Harry miraba el caldero en donde estaba la poción multijugos y su estómago se revolvía del asco; la consistencia de lodo que era habitual se veía todavía más fea de lo normal, además de que había despedido una especie de olor nauseabundo una vez que el cabello de Bellatrix fue depositado en ella. En un principio sintió pánico de que no estuviera bien hecha, pero el alivio los golpeó cuando Kingsley les informó que eso solía ser normal cuando el pelo de la persona en la que querían convertirse era de alguien con demasiada maldad por dentro.

A sus espaldas estaba Charlie, siendo sometido a diversos encantamientos transformadores que le darían una apariencia irreconocible, y Harry reconocía que pese a lo torpe que Dora era en lo motriz, en esa materia era una verdadera maestra. Aunque Remus y Molly seguían atentamente el movimiento de su varita por si acaso.

Fleur estaba en algún otro cuarto de la casa, Bill la había tomado por un brazo cuando terminaron de hablar y nadie allí le dio mayor importancia, suponiendo que la joven pareja necesitaba despedirse y hablar. Además, Remus había sugerido que Fleur practicara el hablar sin el acento francés y de una forma muy similar a la de Lestrange, cosa que ella había aceptado practicar sabiendo que la poción no modificaría su voz.

Al poco tiempo, mientras los dos hombres terminaban de ultimar sus detalles y Harry se acercaba al duende con la espada firmemente sujeta, Fleur bajo ya transformada en la mortífaga.

A pesar de que todos allí sabían que no era realmente Bellatrix ninguno consiguió evitar estremecerse. El hecho de que luciera de esa manera, con los parpados caídos, el pelo en rizos alborotados y los labios rojos, ya era suficiente. Pero eso no era lo único, Fleur estaba parada de la típica manera altiva y extrañamente agitada que poseía la ex Black.

-He de admitir que verte encarnando a mi hermana…- Comenzó entonces Andrómeda, quien se encontraba en ese lugar acompañando a su hija y a su yerno.- Es sorprendente.- Muchos asintieron a sus palabras.

-No estoy segura de si agradecerle, señora Tonks.- Todos notaron el cambio en la voz de la francesa.- Pero es bueno saber que parezco estar haciéndolo bien.

-Tu voz…- Murmuro Charlie, y muchos parecieron estar de acuerdo con sus palabras.

-Es un encantamiento de transformación.- Pronunció Bill que bajaba en esos momentos con cara de pocos amigos.- No estoy seguro de cuánto pueda funcionar… se supone que les de unas tres horas. Simplemente no tendrá el acento francés pero ella va a tener que imitar a la verdadera Bellatrix.- Ella afirmó con la cabeza sin mirar a su esposo y luego de despedirse y asegurar que volverían cuando lo creyeran seguro, salieron fuera rumbo al límite de desaparición de la casa.

El duende que hasta ese momento se había mantenido en silencio le habló a Harry entonces.

-Creo que debería subirme ya, Harry Potter.- Harry asintió y se agachó para que el duende pudiera subir. Una vez que lo tuvo en su espalda y sintió las largas uñas de las manos del goblin enterrarse en su cuello con demasiada fuerza, se giró y miro a los demás. Charlie les echó la capa de invisibilidad por encima, mientras que Fleur corroboraba que todo estuviera en orden y ninguna parte quedara visible.

-Perfecto- Así, Harry giró sobre sus talones y se concentró en el Caldero Chorreante; la oscuridad los consumió por unos breves momentos, en los que Griphook se aferró aún más fuerte, y cuando la claridad los golpeo nuevamente y el piso estuvo firmemente bajo sus pies, el pelinegro abrió los ojos y vio que se hallaban en Charing Cross Road.

A pesar de que no era especialmente temprano y ya había bastantes muggles en la calle, nadie pareció percatarse de que dos personas habían aparecido prácticamente de la nada, Harry tuvo que poner especial cuidado de no pecharse con nadie hasta no estar dentro de la taberna.

Fleur y Charlie por su parte se movían apresuradamente y de una manera tan sincronizada que el pelinegro se sorprendió un poco, a paso rápido los dos entraron en la taberna y Harry se coló entre ellos pasando velozmente. Tom, el encorvado y viejo dueño, se encontraba secando unos vasos y al ver a Bellatrix pareció sobrecogerse en su lugar; al fondo del lugar Charlie divisó unos hombres que también consideraron oportuno moverse hacia un lugar más alejado y oscuro cuando divisaron a la mujer.

-Señora Lestrange.- Murmuró Tom, inclinando servilmente la cabeza cuando Fleur pasó por su lado. La rubia transformada en morocha sencillamente lo ignoró olímpicamente y los dos hombres que la acompañaban tuvieron que admitir que esa había sido una actuación muy propia de la misma mortífaga.

Fleur sacó la varita mágica, que era la de la propia Lestrange, y golpeo el ladrillo adecuado con ella. En ese instante los otros bloques se movieron cambiando de lugar y de posición y pronto quedó un hueco que se fue transformando en un arco que daba paso al estrecho y adoquinado callejón Diagon.

La mayoría de las tiendas estaban cerradas y el lugar se veía desolado, el callejón tenía un aspecto lúgubre y no se parecía en nada a aquel que Harry conocía desde su conocimiento del mundo mágico, varias personas de aspecto harapiento estaban congregadas en el piso de alguno de los pocos lugares que ya tenían sus puertas abiertas, pidiéndole a los pocos transeúntes del callejón monedas de oro mientras que aseguraban ser magos de verdad.

Charlie se sentía asqueado de la misma manera que Harry; la impotencia de no poder hacer nada para ayudarlos y el hecho de que tampoco pudieran acercarse debido a que eso modificaría sus rutas y resultaría altamente sospechoso provocando que pudieran llamar la atención aún más de lo que ya lo estaban haciendo, sólo conseguía ponerlos más nerviosos.

De pronto un hombre con una venda ensangrentada en el ojo se acercó a Fleur apuntándola con un dedo y gritando a todo pulmón.

-¡Mis hijos!- Tenía una voz cascada y aguda, y parecía bastante angustiado.- ¿Dónde están mis hijos? ¿Qué les ha hecho él? ¡Usted lo sabe! ¡Tiene que saberlo!- Charlie alzó su varita cuando el hombre siguió avanzando, pero entonces la veela lo frenó con un gesto de su mano para que se quedara quieto.

-¡No creo que quieras saber eso, asquerosa rata!- Grito a su vez Fleur, en una más que perfecta imitación de la mortífaga, no solo en su voz sino también en su actitud. El hombre intentó agarrarla por el cuello al escucharla, pero antes de que llegara siquiera a rozarla, la mujer realizó un movimiento con la varita y una luz roja impacto en el cuerpo de atacante, impulsándolo hacia atrás y dejándolo en el piso, inconsciente. Muchas personas se asomaron a las ventanas de ambos lados de la calle para observar.

Otro grupo de personas de aspecto distinguido apuraron el paso al notar la interacción, mientras que los pequeños grupos de indigentes huyeron también de allí lo más rápido que pudieron.

Su aparición en el Callejón Diagon no podía volverse más llamativa, y por unos momentos Harry quiso poder advertir a sus compañeros de que lo mejor sería largarse e idear otro plan para volver otro día. Pero antes de que pudiera siquiera comunicarse con alguno de los dos, una voz que sonó a sus espaldas los paralizo por completo.

-Qué sorpresa, señora Lestrange.- Harry volteó y observó al hombre, Griphook en sus hombros se le sujeto más fuerte del cuello. Hacia ellos venía un hombre alto y delgado, de abundante cabello entrecano y nariz larga y afilada.

-Es Travers, es un mortífago.- Susurró el duende, aunque Harry percibió que Charlie y Fleur asentían muy disimuladamente.

-Travers, ¿cómo te encuentras?- Respondió la falsa Bella, hablando con voz segura y manteniendo una pose erguida y orgullosa.

-Confieso que bastante sorprendido de verte por aquí, Bellatrix.

-¿Y eso por qué sería?

-Pues…- El mortífago se aclaro la garganta.- Tenía entendido que los habitantes de la mansión Malfoy tenían una orden de confinamiento… luego de…de… la huida.- Charlie se removió inquieto, y Harry contuvo la respiración rogando que eso no fuera cierto, o de lo contrario tendrían problemas.

-El Señor Tenebroso perdona a aquellos que no lo han abandonado nunca.- Respondió Fleur, en una actitud desdeñosa muy típica de la mortífaga.- Tal vez tus méritos no sean tan valiosos como los míos.- Travers tenía un aire ofendido, pero no parecía receloso en absoluto. Charlie relajó solo un poco sus hombros, pero aún parecía dispuesto a lanzarse sobre el otro hombre si lo consideraba nuevamente una amenaza.

-¿La estaba molestando ese Sin Varita?- Preguntó mirando al hombre desmayado en el piso.

-No tiene importancia, el asunto está arreglado.- Respondió Fleur fríamente.

-Me alegra a veces estos tipejos resultan un problema. ¿Cómo hizo para deshacerse de él? ¿Acaso consiguió una nueva varita?

-¿Por qué debería usar una varita nueva? ¿De qué hablas, Travers?

-He oído que…

-No sé qué rumores habrás escuchado, pero te aseguro que no hay ningún problema con mi varita.- Levantó la susodicha varita a la altura de los ojos del otro mortífago.- Tal vez estás mal informado.- El mortífago se mostró sorprendido, pero igualmente volteó y miro a Charlie, frunciendo el ceño.

-¿Quién es su amigo?- Preguntó.- No creo conocerlo.

-Dragomir Despard.- Respondió Fleur, siguiendo lo acordado de que lo mejor sería que el Weasley adoptara una identidad extranjera falsa.- No habla muy bien nuestro idioma, pero comprende y comparte los objetivos de nuestro Señor. Ha venido desde Transilvania para observar y conocer nuestro nuevo régimen.

-Encantado de conocerlo.- Pronunció Travers, aunque sin hacer ningún gesto de amabilidad o acercamiento.

-Lo mismo digo.- Respondió Charlie, con un leve acento rumano, inclinando levemente la cabeza en señal de reconocimiento.

-¿Y qué los trae a usted y a su amigo al callejón en este día?

-Tengo que ir a Gringotts.

-El dinero… ¡no nos es posible vivir sin él! En ese caso caminaré junto a ustedes, ya que también voy hacia ahí.

Fleur comenzó a andar con Charlie de un lado y Travers del otro, sin duda eso no estaba en sus planes pero no podían atacarlo en la calle y tampoco tenían pensado cómo prevenir esos inconvenientes, aunque Harry confiaba que pronto encontrarían una solución.

Pronto llegaron al banco, y tal como habían sido advertidos por Griphook, se encontraron con que los duendes de librea que normalmente custodiaban la entrada habían sido sustituidos por dos magos con barras doradas, delgadas y largas.

Travers fue el primero en acercarse y saludar a los magos mientras que éstos le recorrían el cuerpo con las barras. Harry comprendió que si dejaba que esos artefactos alcanzaran a sus amigos quedarían al descubierto, además de que le sería imposible entrar al impresionante edificio con Griphook y la capa sin ser detectados.

Actuando rápidamente y aprovechando que el otro mortífago les daba la espalda, Harry apuntó con su varita a los dos magos de la puerta y murmuro.

-Confundo.

Los trabajadores dieron un respingo cuando el encantamiento los alcanzó, pero afortunadamente nadie más que Fleur y Charlie lo notaron. La mujer intentó pasar, sacando ventaja de la situación, pero uno de los hombres se lo impidió.

-Un momento, señora.

-¡Ya me ha registrado! No permitiré…- Comenzó a hablar la veela, dando pasos hacia el trabajador quien iba retrocediendo al percibir la amenaza.- que alguien dude de mi persona… porque eso sería como dudar de la confianza que el Señor Oscuro deposita en mí.- Travers se había volteado al escuchar la voz chillona, y ahora observaba la escena con ojos desconfiados. Pero cuando el otro guardia hablo, la duda se disipo de su mirada.

-Sí Marius, acabas de hacerlo.- Fleur pasó por el costado del guardia dándole un pequeño empujón, y Charlie la siguió pegado a ella. Harry y Griphook pasaron, invisibles, al trote.

Las puertas interiores, de plata, estaban custodiadas por otros dos duendes. En ellas se podía leer el poema que advertía a quienes quisieran robar el banco de las severas represalias que sufriría.

"Entra desconocido, pero ten cuidado

Con lo que le espera al pecado de la codicia,

Porque aquellos que cogen, pero no se lo han ganado,

Deberán pagar en cambio mucho más,

Así que si buscas por debajo de nuestro suelo,

Un tesoro que nunca fue tuyo,

Ladrón, te hemos advertido, ten cuidado

De encontrar aquí algo más que un tesoro."

Harry tuvo una sensación de deja-vu al leer el poema y no pudo evitar recordar la primera vez que visitó Gringotts, aquel día el banco le había parecido un edificio maravilloso, pero nunca se había imaginado que volvería a él para robar. Entonces, las palabras que Hagrid le dijo una vez resonaron en su memoria: "Hay que estar loco para intentar robar aquí".

Se encontraban ahora en el gran vestíbulo, Fleur se dirigió directamente hacia el mostrador, en donde detrás se encontraban varios duendes sentados en altos taburetes. Algunos estaban ocupados, pesando piedras preciosas en balanzas de plata, otros observaban monedas de oro con monóculos, y otros estaban puliendo lo que parecían joyas y otros objetos que sin duda tenían un incalculable valor.

La mujer se aclaró la garganta, tratando de llamar la atención para que la atendieran. Charlie a su lado observaba a Travers, deseando que se fuera, pero el mortífago parecía decidido a quedarse con ellos.

-¡Señora Lestrange!- Exclamo un duende, con evidente asombro.- ¿En qué… puedo ayudarla?

-Quiero entrar en mi cámara.- Respondió Fleur, golpeando impacientemente el mármol del mostrador con sus uñas.- Charlie notó que Travers volvía a observarlos con desconfianza y que el resto de los duendes habían detenido sus trabajos y miraban a la falsa Bellatrix con inquietud.

-¿Tiene… tiene usted… algún documento que… que acredite su identidad?- Preguntó el duende detrás del mostrador.

-¡Nunca me han pedido nada!- Exclamó Fleur, y esa vez su voz salió algo nerviosa.

-¡Lo saben!- Susurro con apremio Griphook.- Deben de haberlos advertido acerca de que podría haber una impostora.- Harry y Charlie comprendieron, casi al mismo tiempo y haberse visto, que si eso que su otro acompañante decía, entonces todos en el banco estaban alertados acerca de que Bellatrix ya no tenía su varita.

-Su varita servirá, señora.- Harry sabía que tenían que actuar rápido, por lo que sin pensarlo demasiado hizo lo primero que se le cruzó por la mente. Apuntó con su varita al anciano duende que le hablaba a Fleur y pronunció.

-Imperio.- La sensación de un tibio cosquilleo le recorrió el brazo, el cual salía de su cerebro, al parecer, y le bajaba por los músculos y los tendones.

El goblin tomo entonces la varita de Bellatrix con sus manos y la miro, aunque Charlie y Fleur pudieron notar que tenía la mirada algo desenfocada y que no parecía examinarla realmente. Se permitieron relajar la tensión de sus hombros cuando les devolvió el objeto y les dijo.

-Veo que le han hecho una nueva, señora Lestrange.- Fleur asintió, tomando las palabras como una buena señal porque de lo contrario ya tendrían a todos los guardias encima de ellos. Después de todo, Bill le había advertido de que no debía dejar la pose altiva bajo ninguna circunstancia o si no sería mucho más simple para los goblin desconfiar.

-¿Una varita nueva?- Habló entonces Travers, acercándose ya que se había retirado para que ella pudiera pasar primero, se veía en alerta, como si no creyera en absoluto que Bellatrix pudiera tener una nueva varita y mucho menos que el duende estuviera en lo cierto.- ¿Dónde la consiguió, Bellatrix?

-Como te dije en un principio, Travers, el Señor Tenebroso recompensa a aquellos que le han sido fieles desde antaño.- Dijo despectivamente Fleur, pero esta vez el mortífago no se quedo callado.

-En caso de que nuestro Señor pudiera ser capaz de entender el arte de crear varitas no habría pedido prestada la de Lucius Malfoy…- Charlie percibió la amenaza que representaba el tono pausado y lento del otro hombre, pero no podía atacarlo en medio del vestíbulo sin que quedaran al descubierto o los echaran del banco por crear disturbios.

Travers no creía en sus palabras y Harry fue el primero en notar que sujetaba su varita con firmeza, esperando que Fleur respondiera lo que le había insinuado. En caso de que fuera cierto el hecho de que Voldemort pidiera una varita prestada, Fleur acababa de decir algo realmente estúpido. Pero al ver que ella demoraba comenzó a levantarla sigilosamente, como si quisiera atacarla por la espalda; Harry actuó sin pensar al notarlo.

-Imperio.- Travers se sacudió un poco y Harry percibió que el leve cosquilleo se volvía más bien en una sensación hormigueante que le recorría la extremidad esta vez, por lo que supuso que eso se debía a que el hombre podría haber querido resistirse, pero finalmente dijo.

-Ah, sí, es muy bonita. ¿Funciona bien? Siempre he sido de la opinión que no es la varita quien escoge al mago y que esas son patrañas, es uno quien debe domar la varita.- Fleur lo miro por unas milésimas de segundos antes de ignorar el comentario y adaptarse a la nueva situación.

El duende en esos momentos llamó a otro de sus compañeros con las palmas y cuando el otro ser de su raza llegó le ordenó.

-Necesitaré los cachivaches.- El joven se marcho pero regresó al cabo de unos momentos con una bolsa de piel que producía un estridente ruido y que Harry supuso que contenía muchos objetos metálicos.

-Perfecto, ahora, señora Lestrange, si es tan amable de acompañarme...- El anciano salió de detrás del mostrador trotando y se les aproximó. Travers estaba aún parado en el vestíbulo, con la mirada en el techo y la boca ligeramente abierta. Harry tomó entonces la decisión de que se quedará allí mientras ellos estuvieran dentro del banco y cuando llegaran a los carritos, luego de eso tendría que aturdir a la mayor cantidad de duendes y a los magos guardianes que pudiera.

Potter ni siquiera estaba seguro de que eso pudiera ser posible, ya que él no estaría con Travers y le estaba dando una orden a futuro, pero esperaba que sí.

Otro duende se estaba acercando corriendo hacia el que los atendía, por lo que Harry le ordeno que caminara más rápido, pero el otro lo llamó y lo hizo frenar.

-¡Bogrod, espera!- Para cuando logró alcanzarlos estaba jadeando.- Tenemos instrucciones…- Hizo una inclinación de cabeza hacia Fleur.- Lo siento señora, pero hemos recibido órdenes específicas en cuanto a su cámara.- Entonces le susurró algo al oído a Bogrod, parecía tener bastante urgencia y Charlie temió que tuvieran más problemas y todo se fuera al demonio. Sin embargo el duende que estaba bajo la maldición imperius se lo saco de encima con un manotazo.

-Estoy al corriente de las instrucciones.- Respondió.- Pero he comprobado que no existe ningún tipo de problema con la señora Lestrange, y ella quiere visitar su cámara. Es miembro de una de las familias más antiguas del mundo mágico y también son buenos clientes, ahora, muévete de mi camino.- Y siguió avanzando con los magos detrás, haciendo sonar la bolsa, hasta una de las varias puertas por las que se salía del vestíbulo.

Recorrieron un pasillo que tenía paredes de piedra y una débil iluminación caminando uno detrás del otro, cuando la puerta a sus espaldas se cerró, Harry se quito la capa y bajó a Griphook.

-Sospechan de nosotros.- Fue lo primero que dijo Harry en cuanto tuvo la oportunidad. Bogrod no se mostró ni un poco sorprendido de ver al "Indeseable N°1" parado a su lado. Charlie miro de uno a otro sin entender.- Le he hecho la maldición imperius, al igual que a Travers, solo espero que funcione.

-¿Creen que sea mejor irnos ahora que todavía podemos?- Dijo Charlie, preocupado de que algo saliera mal.

-No creo que podamos salir.- Replicó Fleur mirando hacia la puerta que acababan de atravesar.- En el vestíbulo podría estar sucediendo cualquier cosa y no sería ni seguro ni prudente.

-Ella tiene razón, además si llegamos hasta aquí propongo que continuemos.

-¿Qué sucederá con Travers? Él no confía en nosotros.- Dijo el Weasley, frunciendo el ceño y volteando hacia atrás como si temiera que en cualquier momento apareciera el mencionado y los maldijera.

-Le di la orden de tratar de aturdir a todos los duendes que pueda mientras estemos aquí, nadie podrá bajar por nosotros y encontrarnos si no saben el camino y los únicos que saben a dónde nos dirigimos son ellos.- Respondió Harry, y pudo vislumbrar cómo Griphook ponía una cara de contradicción al escuchar eso.- También está bajo un imperio. Y los demás estarán bien, Griphook.- El duende asintió a sus palabras, pero no cambió la cara. Harry sujeto inconscientemente más fuerte la espada de Gryffindor contra su cuerpo.

-Si vamos a continuar necesitaremos a Bogrod para controlar el carro. Yo ya no tengo autoridad sobre él desde el momento en el que decidí irme de Gringotts.- Harry asintió y apuntó con la varita al susodicho. Inmediatamente el goblin lanzó un silbido y un carro surgió de la oscuridad avanzando lentamente por las vías.

Cuando estuvieron acomodados de la mejor forma que pudieron, con Bogrod al frente y Griphook a su lado y Charlie, Fleur y el propio Harry apretujados en la parte de atrás, comenzaron a avanzar. Los cuatro conscientes de la situación estuvieron seguros de escuchar gritos en el vestíbulo principal y, los tres miembros de la Orden, rogaron que nadie estuviera sufriendo de lesiones serias y eso simplemente fuera Travers aturdiendo a todo el mundo.

El carro comenzó a tomar velocidad y a internarse cada vez más profundamente, girando siempre por los pasillos descendentes, el carro describió varios giros y se volteó bruscamente un par de veces tratando de esquivar estalactitas y adentrándose más en el laberinto de pasillos oscuros.

El aire no dejaba de alborotarles los cabellos y a pesar de lo rápido que descendían ninguno de los tres podía quedarse tranquilos ni dejar de mirar hacia atrás, casi esperando que les llovieran los rayos verdes sobre sus cabezas. Después de todo llevar a Fleur disfrazada de Bellatrix al banco, cuando resultaba obvio que los mortífagos ya habían sido advertidos del robo de la varita de la bruja y los hechos en la casa de los Malfoy; no había sido nada inteligente. De hecho, lo que habían hecho era peor que ponerse un letrero de neón en sus cabezas indicado que eran miembros de la Orden del Fénix y planeaban robar la única entidad financiera del mundo mágico, que además era prácticamente una fortaleza.

Ninguno de ellos había llegado alguna vez tan profundamente al banco, en ese momento la velocidad que tenían era vertiginosa, tanto así que en una curva muy cerrada vieron que ante ellos se presentaba una cascada que cubría las vías y resultaba imposible de evitar. Griphook gritó algo pero no pudieron entenderlo y la atravesaron a una velocidad de vértigo.

Les entró agua por los ojos y la boca, por lo que no veían nada ni podían respirar. Tosiendo no tuvieron tiempo de sujetarse cuando el carro volcó con una violenta sacudida y todos salieron despedidos, Charlie fue capaz de escuchar como el pequeño vehículo hechizado se hacía añicos contra la pared, y Harry sintió el chillido de Fleur, mientras él planeaba como si fuera un ave y aterrizaba suavemente en el suelo.

-El encantamiento del almohadón.- Habló Charlie. Para espanto de Potter, el Weasley volvía a ser pelirrojo y de ojos azules, además de que todos los encantamientos de Tonks habían desaparecido; entonces, Harry volteó y busco a Fleur, que estaba yendo hacia ellos en esos momentos. La veela volvía a tener su apariencia habitual, sólo que ahora ostentaba una túnica que le quedaba grande y estaba empapada.

-Hemos pegdido nuestgas identidades falsas.- Anunció entonces la rubia, que volvía a tener el acento francés.

-La perdición del Ladrón.- Informó Griphook, que se estaba sacudiendo la tierra de encima.- Saben que hay impostores en Gringotts, o al menos lo supusieron, y es por eso que prepararon barreras de seguridad especiales.- Entonces, Harry noto que no era simplemente una cascada de agua.

-Elimina todo sortilegio, encantamiento, maldición, u objeto oculto que haya.- Dijo Charlie, golpeándose la frente.- Bill me comentó sobre esto, ¿¡cómo no me lo imaginé antes!?- Harry busco su capa de invisibilidad dentro de la túnica y respiro tranquilo cuando sintió la suave textura.

Bogrod estaba en esos momentos volviendo en sí, sacudiendo la cabeza desconcertado, ya que la barrera había anulado también la maldición imperio.

-Lo necesitamos para abrir la cámara.- Hablo el otro goblin.- No podremos hacerlo sin un duende del banco, y también necesitamos los cachivaches.

-Imperio.- Bogrod se sometió de nuevo a la voluntad del mago.

-¿Cuánto falta, Griphook?

-No mucho, Harry Potter.

-En ese caso, ve tú delante.

Así encaminaron la marcha, Charlie había tomado la bolsa con herramientas y todos seguían avanzando cuando de pronto escucharon que Fleur decía.

-Creo que alguien viene.- Ella miro para atrás, aún divisaba la cascada a lo lejos.- Los alcanzaré en unos momentos.- Y con eso salió corriendo marcha atrás. Harry quiso evitarlo pero no pudo y pronto quedaban solamente dos.

Siguieron andando un poco hasta doblar por una esquina y entonces se encontraron con algo que ya se esperaban pero igualmente consiguió sorprenderlos por completo. En el medio del pasillo se hallaba un enorme dragón de color gris pálido que impedía el acceso a unas cuatro o cinco cámaras de alta seguridad.

-¡Es un Ironbelly Ucraniano!- Gritó Charlie para hacerse oír por encima de los rugidos de la bestia. En ese momento, Fleur chocó contra él y al ver la temible criatura ahogó un grito en la espalda de su cuñado. Él la abrazó rápidamente casi sin darse cuenta y siguió hablando.- ¡Tiene las escamas resecas, por lo que creo que nunca ha salido del banco! ¡Y sus ojos son de un color rosa lechoso en vez de rojos, así que debe estar ciego!

Harry notó que en las patas traseras tenía argollas que estaban encastradas en las rocas de las paredes, y alrededor del cuello una gruesa cadena lo mantenía sujeto sin libertad para moverse libremente. Tenía las alas con púas dobladas y pegadas al cuerpo, y cuando giró la cabeza hacia ellos lanzó un rugido tan potente que hizo que las rocas temblaran y además, escupió una llamarada de fuego que los hizo retroceder por el pasillo.

-El pelirrojo tiene razón, el dragón esta medio ciego…

-Lo que lo vuelve más peligroso.- Replicó Charlie en forma irónica, entornando los ojos.

-Sin embargo sabe lo que esperar cuando escucha el sonido de los cachivaches.- Continuó el duende ignorando olímpicamente al Weasley.- Pásamelos.

Charlie habría querido negarse, totalmente seguro de que ese Ironbelly había aprendido de la peor manera lo crueles que podían ser las especies que tenían la capacidad de pensar y ser racionales, pero por otra parte sabía que necesitaban acceder a alguna de las puertas que ese dragón protegía y esa era una de las razas más violentas que existían, por lo que no se explicaba cómo era posible que el banco tuviera uno de esos metido kilómetros bajo tierra en las narices del Ministerio. Resignado le pasó a Griphook la bolsa de piel con los objetos metálicos, sabiendo que era la única manera.

El duende repartió los cachivaches entre todos y entonces habló.

-Lo que deben hacer es muy sencillo. Tienen que agitarlos.- Él agitó uno y todos notaron que el ruido que producía era fuerte y resonante, como martillos contra yunques.- Y entonces la bestia se apartará. Luego, Harry Potter, debes hacer que Bogrod apoye la palma de su mano en la puerta de la cámara.- Todos asintieron. Entonces el duende se giró hacia Fleur y le dijo.

-No confío en las brujas que se van y luego vuelven.- Ella compuso una expresión de furia en su rostro.

-¡Venía gente! Así que puse un escudo pgotectog en la cascada paga evitag que nos alcancen.- Sus mejillas habían adquirido un tono rojizo y Harry temía que le respondiera al duende de alguna manera que lo ofendiera, pero en cambio, ella se mostró segura y lo encaró con calma pese a las acusaciones.- Si no me cgees, puedes volveg a compgobaglo pog ti mismo, Griphook.

A pesar de que todos estaban seguros de que el goblin habría querido volver y confirmar sus palabras por su naturaleza desconfiada, él simplemente asintió con la cabeza en dirección a la mujer y le devolvió un comentario casi amable.

-Fuiste amable conmigo cuando Potter me sacó de la mansión Malfoy, por lo que has demostrado tu valía.- Ella hizo un asentimiento de cabeza y entonces todos comenzaron a caminar agitando los cachivaches.

El sonido sonaba amplificado por las rocas y Charlie vio con congoja cómo el dragón se encogía en su lugar y se apartaba a medida que ellos se iba acercando, él pudo percibir como la gigantesca criatura temblaba de miedo y al estar más cerca también pudo observar las diversas cicatrices de cuchilladas que el Ironbelly tenía en su cara. Eso consiguió hacerlo apretar los dientes de pura rabia, como alguien que trabajaba y vivía en una colonia con dragones, e incluso como alguien que amaba este tipo de criaturas mágicas, Charlie detestaba que los maltrataran de cualquier manera. No importaba que pudieran aplastar edificios con sus cuerpos o incluso que mataran personas a montones o con una facilidad asombrosa, tampoco importaba que fueran considerados las bestias más peligrosas del mundo. Eran simplemente animales que no se merecían el maltrato bajo ningún concepto.

Habían llegado a la puerta de madera de la cámara que estaba en el centro, y entonces Griphook habló nuevamente.

-¡Potter, que Bogrod ponga la mano en la puerta!- Harry reaccionó apuntando con la varita al anciano duende y entonces él reacciono apoyando su palma en la madera.

Inmediatamente la puerta desapareció y le dejó espacio a una abertura cavernosa que estaba llena hasta el techo de monedas y copas de oro, armaduras de plata, extrañas pieles, pociones en frascos enjoyados, y una calavera que llevaba puesta una corona. Fleur se estremeció al verla.

-¡Rápido, busquen!- A las palabras de Harry, todos entraron a la cámara.

El pelinegro había descrito la copa de Hufflepuff, no solo a ellos que lo acompañaban sino también a toda la Orden, pero existía la posibilidad de que lo que buscaban -ni Charlie ni Fleur conocían la existencia de los Horrocruxes, ya que esa información solo la poseían Remus y Bill además de Harry, Ron y Hermione- fuera alguna otra cosa de la que no tenían conocimiento y que en ese caso modificaría sus planes, eso sin contar con que la entrada forzada al banco sería una total pérdida de tiempo.

Apenas tuvieron tiempo de echar un vistazo cuando un golpe seco a sus espaldas los sobresaltó, la puerta se había vuelto a cerrar, dejándolos a oscuras.

-No importa, Bogrod nos sacará de aquí. Iluminen con sus varitas.- Les dijo Griphook.

-Lumus.- Pronuncio Harry, apuntando de un lado para otro y topándose con un montón de monedas o joyas, e incluso vislumbra la falsa espada de Gryffindor en un estante alto.

-Lumus Maxima.- Invocó Charlie, lo que resulto aún más eficaz ya que la luz era mayor que la conseguida por Potter.

-Harry, ¿podría ser…? Aaaaah.- Exclamó Charlie, pero para cuando Harry volteó el pelirrojo ya estaba soltando el cáliz con joyas incrustadas. El problema fue que al caer y rebotar contra el piso, la copa se multiplicó y pronto el piso se vio cubierto de copas iguales, que no permitían distinguir entre las originales y la copia.

-¡Me ha quemado!- Anunció Charlie agitando su mano.

-Son las maldiciones geminio y flagrante.- Pronunció Fleur, observando a su alrededor.- Si tocamos algo se multiplicará y también nos quemagá.

-De acuerdo, entonces no toquen nada. Sólo busquen una copa pequeña, de oro y con dos asas. Tiene grabado un tejón; si no la ven pueden buscar algo con el águila de Ravenclaw…

Fueron recorriendo con las varitas todos los puntos de la cámara que lograban alcanzar, Harry había tocado unos galeones falsos que se habían multiplicado y que ahora estaban amontonados en el piso junto a las falsas copas, quitándoles el poco espacio que les quedaba para moverse, además el oro multiplicado despedía mucho calor y aquel recinto estaba pareciéndose cada vez más a un horno.

Harry siguió observando, moviendo la varita y encontrando un estante con escudos y cascos hechos por duendes, iluminando por encima de esas cosas vio algo que hizo que el corazón le diera un vuelco y le temblara la mano.

-¡Ahí arriba!- Gritó cuando la dichosa copa quedó completamente visible. Fleur y Charlie también alumbraron hacia ese lugar. La copa que había pertenecido en primer lugar a Helga Hufflepuff y luego había pasado a ser una posesión de otra bruja, a quien Voldemort se la robó, brilló al ser iluminada por las tres varitas.

-¿Cómo vamos a llegar hasta ahí arriba?- Preguntó Charlie, sin desviar la mirada.- No podemos tocarla o sino tendremos un montón de copias idénticas que complicarán nuestra tarea.

Griphook les había explicado que tratar de conseguir la copia con magia les sería imposible, ya que la cámara tenía un sortilegio contra esas cosas. Harry se rascó la cabeza, indeciso.

-¿Puedo tocar la copa con la espada, no es así?- El duende asintió. Por si acaso, el mago sujetó la espada y tocó una armadura, notando que realmente no se multiplicaba.- Perfecto, ahora debo encontrar la manera de llegar hasta allí.

Al otro lado de la puerta el dragón comenzó a rugir fuertemente y ellos pudieron sentir el sonido de los cachivaches, no había otra salida más que esa y aquello solo podía significar que estaban atrapados. El pánico invadió la mente de los hombres por unos momentos, pero Fleur los sacó ese estado cuando habló.

-Haggy, dame la espada.- El pelinegro la miro, dispuesto a decirle que eso era una locura porque ella no era tan alta como Charlie, pero ella lo apuró.- Tengo una idea, hay un hechizo…- Él iba a decir que entonces se lo lanzara, pero ella continuó hablando antes de que pudiera replicar.- pego necesitas sabeg cómo caminag con él. ¡Y vosotros no lo conocéis!- Harry asintió, después de todo, ella había estudiado en Beauxbatons y los hechizos y encantamientos que conocía no eran los mismos que él o Charlie.

Le pasó la espada a Fleur, que se encontraba unos metros por delante, con un ágil movimiento del brazo, Harry esperaba que ella pudiera alcanzarla sin tocar nada y que el peso del arma no fuera demasiado grande para ella, que se veía delicada para portarla. Pero la veela lo sorprendió cuando alcanzó la espada con un salto y la tomó como si fuera una experta en esgrima, seguidamente, Fleur se arrancó las mangas de la túnica y las ató en su cintura simulando un cinturón, para luego cruzarse la espada allí y apuntarse con la varita.

-¡Ghazal Ambulare!- Los hombres y los dos duendes la vieron levantarse del suelo por un metro de altitud y luego de eso, la mujer comenzó a caminar con movimientos delicados y elegantes que a Harry le recordaban a las bailarinas de ballet.

Fleur se movía ágilmente y parecía llevar toda una vida practicando esos pasos, intentaba no mirar hacia abajo y recordarse que el hechizo la mantenía flotando, pero no sentir el piso bajo sus pies conseguía alterarla y sacarle la poca concentración que tenía. Daba zancadas largas que la hacían recorrer la distancia en pocos segundos, pero el peso de la espada era superior al que se imaginaba y cuando tuvo que alzarla para pasar una de las asas de la copa por la punta su masa muscular del brazo se vio puesta a prueba, consiguió tomar la copa, si, pero la espada y el objeto se cayeron desde esa altura y ella terminó tocando una de las armaduras tratando de evitarlo.

En consecuencia todos los que estaban en el piso se vieron cubiertos de ardiente metal que los quemaba y les producía un agudo dolor, y la copa con la espada quedaron fuera de vista.

Fleur caminó hacia abajo y tomo con una mano a Bogrod, que estaba cubierto casi completamente, y con la otra a Griphook, a quien sólo le veía los largos dedos. El segundo duende salió aullando del dolor y se sujeto con tanta fuerza que la mujer casi se cae de bruces contra el suelo.

-¿¡Dónde está la espada!?- Gritó entonces Harry, con pánico. El ruido del otro lado de la puerta ya era ensordecedor, por lo que se estaban quedando sin tiempo y no podían perder ninguno de los dos objetos, además de que todavía les quedaba buscar la forma de salir.

-¡Ahí está!- Gritó el duende, y sujetándose del pelo de Fleur se lanzó por el arma tratando de alcanzarla como si la vida se le fuera en ello.

Harry comprendió al verlo que Griphook nunca había confiado en sus palabras y en las de Ron o Bill, y que siempre estuvo planeando la forma de obtener la espada sin importar lo que ello costara. Cuando vio que el goblin la tomaba con sus largos dedos y la ponía fuera del alcance de cualquiera de ellos, Harry notó que la copa salía volando por los movimientos bruscos.

Sin pensar en nada más se lanzó por los aires y la tomó entre sus manos, ignorando el ardor y la avalancha de copas falsas que se le vinieron encima. Escuchó a Charlie gritar una obscenidad y a Fleur chillar con una voz totalmente enfurecida.

-¡Maldito duende traigdog!

Pero nada más que eso fue lo que ella atino a decir antes de que alguien abriera la puerta del otro lado y entonces se precipitaran hacia afuera, Harry intento alcanzar la espada pero fue en vano, Griphook había salido huyendo con la espada en mano mientras gritaba a viva voz.

-¡Auxilio! ¡Auxilio! ¡Ladrones!

Resbalando por el ardiente metal, Harry pudo ver como sus acompañantes estaban cubiertos de quemaduras y ampollas. Entonces dirigió su mirada al frente y comprendió que la única manera de salir de aquel lugar era a través del tumulto de duendes, tendrían que atravesarlos, o encontrar la manera de alejarlos de ellos.

-¡Desmaius! ¡Desmaius! ¡Desmaius!

-¡Desmaius! ¡Desmaius!

Fleur estaba ayudándolo a aturdir la mayor cantidad de goblins que pudieran, pero no escuchaba la voz de Charlie y tampoco podía verlo. En ese momento vio aparecer a los magos guardianes; pero el dragón también pareció percibirlos y rugiendo lanzó una llamarada de fuego que los hizo volver por donde venían, mientras que algunos duendes se dispersaban tratando de alejarse de la percepción de la bestia. La voz de Charlie sonó a uno de sus costados, fuerte y clara.

-¡Relashio!- Las argollas que sujetaban al dragón se rompieron en pedazos con un fuerte estallido.

Harry tomó de la mano a Fleur en un movimiento rápido y, mientras se guardaba la copa de Hufflepuff en uno de los bolsillos de la chaqueta, se echó a correr con ella bien sujeta a su lado. Pronto estuvieron en el mismo rincón que Charlie, quien ya se había montado en el dragón.

-¡Tengo una idea!- Les dijo sobre el estridente ruido de los rugidos y los duendes.- ¡Suban, rápido!- Harry le cedió el paso a la veela, quien se había quedado de piedra al escuchar al pelirrojo.

-¿¡Acaso te has vuelto loco!?- Gritó a su vez, pero Charlie la ignoro y tomándola por la cintura como si no pesara nada la levantó y la puso por delante suyo, sujetándola con sus brazos por detrás de su cuerpo.

Harry buscó de donde apoyarse para montar y cuando vio una articulación con un pliegue en una de las patas traseras del animal, se sujeto con las manos a las duras escamas y se impulsó hacia arriba. El Ironbelly no había notado que tres personas estaban en su lomo, pero sí que ya no había nada que lo sujetara.

La gran bestia comenzó a sacudir la cola y a encabritarse cada vez más, mientras derribaba duendes como si fueran simples piezas de ajedrez y desplegaba sus alas alzando el vuelo.

-¡Es demasiado grande como para que podamos salir!- Gritó Harry, para que Charlie lo escuchara por sobre los rugidos.

El dragón se había lanzado por la abertura del túnel y estaba escupiendo llamas hacia las rocas, mientras que el techo y las paredes comenzaban a ceder bajo el calor y el movimiento que sufrían por cada paso del animal. Los tres cerraron los ojos para evitar que el polvo les entrara en la vista, al tiempo que la desorientación se hacía más grande producto del ruido. Los duendes seguían atacándolos, tirándoles cuchillos que rebotaban en la piel del dragón y corriendo en tropel tratando de alcanzarlos.

-¡Defodio!- Exclamó Charlie tratando de ayudar a la bestia a agrandar el boquete. Harry alzó la varita de espino, que ahora era suya, y siguió los pasos del Weasley.

-¡Defodio!

Fleur estaba petrificada del pánico en esos momentos, no podía dejar de temblar y no quería abrir los ojos, pero escuchaba las voces de Harry y Charlie detrás de ella y sabía que debía ayudarlos de alguna manera, después de todo el animal no trataba de comerse a nadie y ellos no tendrían otra forma de escapar.

-¡Defodio!- Gritó entonces, reuniendo la fuerza necesaria para abrir los ojos, mientras que ellos lo ayudaban.

Poco a poco fueron abriéndose el paso en un trabajo en conjunto entre los magos y la fuerza bruta del Ironbelly; ya no escuchaban a los duendes y pronto llegaron al vestíbulo principal, en donde los duendes que quedaban allí y unos pocos magos desconocidos salieron huyendo cuando vieron la gran bestia. Pero el animal no vio más nada que la puerta, y se abalanzó hacia ella, atravesándola como si fuera de papel y dejándola apenas colgada de los goznes, salió al variopinto callejón y alzó el vuelo alejándose de su inmaculada y blanca prisión con Charlie, Fleur y Harry sobre su lomo.


¡Hola a todo el mundo! Estoy segura de que debido a lo distanciadas que han sido mis últimas actualizaciones nadie esperaba verme aún, o al menos, no dos veces en un solo año xD.

En fin, espero realmente que todos hayan disfrutado tanto de este capítulo de la misma manera en que yo disfruté escribiendo. No sé si decirles que este es uno de esos capítulos de transición, uno de los importantes, o es simplemente lo que seguía en el orden cronológico. La verdad es que tiene un poco de cada cosa, pero bueno.

Se supone que Teddy ya debería haber nacido, pero en mi historia falta un poco para eso todavía... si bien yo quiero mantener la escencia de lo que escribió JK lo mejor que puedo dentro de este fic, hay algunas cosas que modifiqué según mi conveniencia para que todo me cuadrara perfecto. :)

Traté de que la parte del robo al banco fuera lo más cannon posible y mientras la escribía fui leyendo el libro, por lo que pueden encontrar diálogos que estén iguales, otros que fueron levemente modificados y otros que me los inventé porque evidentemente tuve que modificar ciertas cosas para que quedara todo de acuerdo a la trama de mi fic.

Quiero agradecer los reviews del capítulo pasado: adriana, MARUVTA, minako marie y Sally. Elizabeth. HR (¡Gracias por 13!). Espero que este capítulo les haya gustado también!

Nos veremos en la próxima actualización, besos.

Ceci.