Capítulo 5
"Decisiones, deseos. No tan diferentes del otro. Ambos dependen del corazón de los humanos. Pero, ¿Qué hay del engaño? ¿Es un arte incomprendido o un deseo egoísta?"
Cuando Chihiro Yagami visitó la tienda por primera vez, tenía un solo deseo que me había negado a cumplir.
—Deseo la muerte de esa chiquilla —me había dicho. Me negué rotundamente a cumplirlo—. ¿Por qué? —había preguntado ella. Sobre la mesa yacía un té recién hecho sin tocar.
—El peso de una muerte es algo que no quiero llevar conmigo en lo que me reste de vida —había comentado con un tono mordaz—. No estoy seguro de que es algo que usted tampoco pueda llevar.
—¿Y cómo está tan seguro?
—Es mi percepción.
—Usted no lo entiende. Esa chiquilla es el demonio. Trae mala suerte a todo aquel que se cruce en su camino. El día en que su padre murió, la chiquilla salió totalmente ilesa mientras que mi esposo murió terriblemente lastimado —sus ojos estaban llenos de rencor, la ira se iba apoderando a medida cada palabra salía de su boca—. Su padre me contó que cuando la madre murió, la niña estaba con ella. Nadie sabe cómo sucedió, la mujer se había repuesto de su enfermedad y de repente murió. Y usted me lo dijo cuando entré aquí, no hay tal cosa como una coincidencia. Que ella estuviera allí sólo puede demostrar que esa niña sólo servirá para traer tragedias a cualquiera que se cruce en su camino.
—Yo conocí algún tiempo atrás a una chica bonita que traía mala suerte a quien se cruzara en su camino. No era cuestión de magia, ella tampoco era una chica mala. Era sólo cuestión de algo imperceptible, inexplicable —comenté—. Sin embargo, la mala suerte de esa chica no tocó jamás a sus padres, ni a su esposo.
—Usted no sabe si esta chiquilla planeó lastimar a sus padres. Puede que haya casos como el de la chica que menciona, pero no quiero descubrirlo. Es por ello que hay que eliminarla ahora y no después de otra muerte con ella cerca.
—¿Es necesario resolver este asunto con una solución tan extrema? —pregunté, mirándole seriamente. Chihiro-san se quedó en silencio, dudosa. Mis palabras habían sido claves—. Dudar está bien, significa que no puede aceptarlo. Usted lo sabe, no está en su naturaleza y tampoco se permitiría llevar consigo un peso como ese.
—Deje de actuar como si me conociera. Además, ¿Por qué de repente intercede por una chiquilla que no conoce?
—No estoy haciendo otra cosa más que seguir mis principios.
Yagami-san permaneció otros segundos más en silencio, intuí que pensando.
—Bueno, señor mago, ya que usted sabe más de estas cosas, ¿Podría recomendarle a esta mujer qué clase de deseo debería pedir para quitarse a esa chiquilla de encima?
—No podría decirlo. Depende mucho de su corazón.
—¡Por favor! ¡Mi deseo es ver a esa chica muerta pero se niega a cumplir mi deseo! ¡Ojalá y fuera fácil deshacerse de una molestia como ella!
No respondí nada ante esa declaración.
—¿Tiene idea de lo que es haberme quedado viuda después de un año de matrimonio? No, supongo que no tiene la más mínima idea. ¡Es terrible! ¡Escuchar pasos sobre la madera y ver que no hay nadie! ¡Sentir la fragancia de esa persona en la habitación pero estar completamente sola! ¡¿Tiene idea de lo que es extrañar a una persona que no va a volver de la muerte?!
Sí la comprendía, más de lo que ella se imaginaba. Pensar en que lo que una vez se va no volverá a regresar es un dolor del cual no hay una cura o un alivio que sane completamente el vacío. Pensar en esa persona... Yūko-san...
—Aún así, desear la muerte de una persona no resuelve el verdadero vacío —fue todo lo que pude responder. Chihiro Yagami abrió sus ojos de par en par, casi rompiendo a llorar.
—Ojalá y fuera tan fácil, como deshacerse de un mal recuerdo.
—El cuerpo siempre recuerda, Yagami-san.
—Eso es... —susurró, mirándome seriamente—. Si no quiere matar a la chiquilla, yo debo hacer algo por mí. Y es olvidarme de ella, como si jamás hubiera existido.
—¿Entonces ese será su deseo?
—Sí. Es algo que podría hacer sin pagar por ello, pero, es imposible. Aún el peor de los recuerdos sigue enterrado en lo más profundo de la mente. Pero si es lo que deseo y más anhelo, supongo que jamás volverá a mi mente esa niña.
Así fue como ella lo deseó. Y aunque hubiera querido que lo pensara un poco más, no podía interferir más de lo que ya había hecho. Ese era su deseo y yo iba a cumplirlo.
—Así será entonces. Voy a concederle su deseo.
—Perfecto.
El pago no había sido algo difícil. Ambos supimos llegar a un acuerdo.
—El pago será su libertad.
—¿Eh?
—Es lo que más valioso que tiene ahora. Ese será un buen pago para cumplir su deseo.
—¿Por qué? ¿De qué forma mi libertad se verá afectada?
—Los recuerdos son algo valioso, pueden ser formas de pago cuando hay un deseo. Sin embargo, dado a que son éstos los que usted no quiere tener, no puedo aceptarlos como pago, ya que no tienen un valor significativo para usted. Su libertad por otro lado es algo que valora muchísimo. Ha recorrido mucho buscando esta tienda para poder obtener lo que desea. Por ello, esa libertad puede ser un pago justo por esos recuerdos.
—¿Cómo puede tener mi libertad como pago?
Lo consideré varios segundos, mirándole con cautela. Chihiro Yagami era muy joven, hermosa. Seguramente deseaba liberarse de Hotaru-chan dado a que quería buscar un nuevo horizonte para sí misma y la chica representaba un problema. Decidí finalmente que su libertad sería privada con su cuerpo como su propia jaula.
—Sus piernas. Sin ellas no podrá salir al mundo de la forma que espera. Cuando el momento llegue, volverá a tener movilidad sobre las mismas. Ese será el pago.
—¡¿Cómo?! No, no... no podría dejar de caminar.
—Es el pago adecuado por su deseo.
—No, me opongo a aceptarlo. ¿Cómo saber cuál será el momento en el que volveré a caminar? Podrían ser muchos años.
Aunque Chihiro Yagami se fue de la tienda la primera vez sin ver su deseo concedido, regresó, ya que era necesario para ella. Inconforme, aceptó el precio a pagar por su deseo.
—Puede regresar a casa tranquila —le había dicho. No iba a quitarle la movilidad de sus piernas sin que regresara antes a casa—. Cuando el pago sea completado, poco a poco será capaz de volver a caminar y sus recuerdos sobre esa chica serán borrados completamente. Puede confiar en mi palabra.
—¿C-cuándo dejaré de caminar?
—El momento llegará.
Y el momento que ella había esperado por fin estaba aquí. Le di una mirada a Hotaru-chan, quien aún dormía entre mis brazos. Tenía el rostro sereno, olvidadiza de lo que sucedía a su alrededor. No me había parecido una mala chica, al contrario, era muy buena aunque despistada por momentos y un poco sarcástica. El cabello despeinado le cubría parte del rostro, aunque sobre el flequillo que cubría sus ojos color azul aún podía ver sus rasgos infantiles.
—El corazón de los humanos... —¿Por qué querer olvidar a una persona? ¿Cuál es el verdadero propósito? ¿Han perdido los recuerdos su verdadero valor?—. ¡Maru! ¡Moro!
—¡Síííí!
Mis pequeñas ayudantes llegaron hacia mí, mirándome con cierta curiosidad.
—Watanuki...
—¿Qué le sucedió a la invitada? —concluyó la oración Moro.
—Hotaru-chan trabajó muy duro hoy, así que se quedará en la tienda. A partir de hoy, ella vivirá aquí —dije sonriéndoles. Ambas me miraron extrañadas, pero no parecían poner objeción—. Por favor, les pido cuiden de ella.
—¡Claro! —respondieron felices. Estoy seguro de que sabrán llevarse con ella.
—¿Podrían ayudarme a preparar la habitación de huéspedes mientras llevo a nuestra invitada?
—¡Maru ayudará!
—¡Moro también ayudará!
Toqué el timbre dos veces hasta que finalmente salió a recibirme una mujer en silla de ruedas. Supuse que ella era Chihiro Yagami.
—Buenas noches —saludé, dándole una pequeña reverencia.
—Vaya. Lo que menos esperaba encontrarme a estas horas de la noche es un muchacho buenmozo en mi puerta. ¿Qué puedo hacer por ti?
—Vengo de parte de Kimihiro Watanuki. Él ha dicho «el precio ha sido completado.»
La mujer frente a mí abrió los ojos de par en par, su rostro iluminándose.
—¿Qué pasó con la niña? —preguntó ansiosa—. ¿Aún vive?
—Sí.
—Ya veo —susurró—. Así que al fin podré ser libre, ¿No es así? ¿Qué más ha dicho el mago?
—Envió esto para usted. Dijo que lo único que tiene que hacer es beber el contenido de la botella y su deseo se verá cumplido.
—¿Sabes cuál es el deseo que pedí? —preguntó, cambiando su expresión. Negué con mi cabeza, volviéndome a ella. Sus ojos se habían transformado, parecían los ojos de un gato, maliciosos.
—Sólo vine porque Watanuki-san me lo pidió.
—Así que no sabes nada. Eso es bueno. Pero, ¿Sabes? Creí que recibir este obsequio iba a hacerme feliz. No es porque le tenga cariño a la chiquilla. No es mala, pero, no quiero ese peso conmigo. Es sólo que he estado ausente del mundo por tanto tiempo que no sé qué es lo que sucederá a partir de ahora.
Me quedé en silencio, esperando. Ella me miró con una sonrisa.
—Fue de noche cuando dejé de caminar, hace ya cuatro años atrás. Por primera vez sentí que algo me llamó a la ventana y la abrí. Después de eso tengo recuerdos borrosos, entre ellos los gritos desesperados de Hotaru llamarme y preguntarme si estaba bien. No sentí dolor hasta después de despertar con esa extraña sensación de ausencia en mis piernas, como si jamás hubieran estado allí aunque las tocara con mis manos. Nadie tenía una explicación de lo que me había sucedido, aunque yo sí lo sabía muy bien.
»Con el tiempo, la niña cuidó de mi. Mientras, seguí esperando por el momento indicado, para que por fin mis recuerdos pudieran ser sellados para no volver a abrirse. Por varios meses fue frustrante, perder la libertad que yo misma había dado como pago para deshacerme de una forma metafórica de Hotaru. Comencé a convencerme que el precio que pagaba era un desperdicio, no tenía que pagar algo tan valioso por una causa que no tenía el mismo valor. Pero, ¿Sabes? El peso de la culpa es algo con lo que no quería cargar, ya que no hay peor culpa que la que se lleva cuando un inocente está en el medio. A pesar de no ser digna de mi confianza, la niña jamás fue cruel conmigo, pero no quería caer de la misma forma que sus padres lo hicieron. Eso me llevó a esa tienda y a este momento.
»Los recuerdos pueden ser hermosos, pero también tienen el suficiente poder para hundir a una persona. Reviven las heridas, son incapaces de sanarse. Olvidarlos no es sinónimo de sanar, pero al menos vuelve más llevadero todo. No deseé olvidarme de Takashi porque no quiero olvidarme de la persona que amo, pero sí deseé olvidarme de su hija porque ha sido para mí la persona causante de su muerte. Aún con buenas intenciones, Hotaru jamás traerá felicidad a las personas que le rodean, ya que el poder trae consigo la desgracia. Y aunque Takashi jamás lo supo porque la niña no era suya, quiso ser feliz con su mujer y quiso darle lo que ella no tendría. Pero, lo que nosotros obtenemos no siempre nos da felicidad, ¿O sí?
—No.
—Seguramente piensas que es egoísta de mi parte. Pero, justificarme es todo lo que puedo hacer para aliviar un poco la culpa que siento. Esa culpa no me deja ser feliz de recibir nuevamente lo que había entregado.
—No soy quien para juzgar las decisiones de una persona. Todos tenemos el poder de elegir, aún cuando no sea lo correcto para alguien más.
—¿Puedo preguntar qué es lo que sucederá con la chiquilla?
—Vivirá en la tienda. Watanuki-san se lo permitió.
—Ya veo. El mago es una persona muy buena... o es muy tonto. Aunque debí suponer que él haría algo así. Sus ojos vacíos reflejan el abandono que él mismo ha sufrido, seguramente de personas importantes que le han dejado con el tiempo. No tengo que conocerlo para saberlo, con una mirada basta. Así como él hizo lo mismo conmigo.
Me estremecí con las palabras de la mujer, quedándome petrificado en la entrada. Ella no dijo nada más, sólo me miró con una sonrisa maliciosa. Había muchas preguntas rondándome por la cabeza.
—Si no es mucho pedir, me gustaría que le llevaras eso a Hotaru. No estaba segura si este sería el día en el que regresaría o no, pero estaba preparada para la situación.
—De acuerdo —respondí. Ella se movió, dejándome pasar a su casa. Tenía una pequeña maleta preparada, con cosas de Miyake seguramente. Me volví hacia Yagami-san para despedirme, aunque ella parecía mucho más fascinada con la pequeña botella en sus manos. Supongo que todo lo que había hablado hoy y saber cómo se encontraba Miyake le había dado la paz que buscaba.
—Gracias por traer esto. Y por escuchar.
—De nada.
—Aunque no lo digas, sé que piensas que soy un ser humano detestable. Pero, en poco tiempo ya no importará. Por favor, cierra la puerta cuando te vayas —fue lo último que dijo antes de abrir la botella y oler su contenido. No me despedí, no lo recordaría de todas formas. No quería ver cómo una persona perdía sus recuerdos.
Al salir de la casa, recordé mi visita a Sawada. A mi madre, corriendo feliz a mi encuentro, al abuelo sonreír por mi llegada y a mi padre alegrarse a su manera por mi regreso. Sin embargo, había un aire de preocupación en su rostro cuando me llevó a caminar por el bosque que estaba cerca de casa. Mi padre había decidido darme un objeto antes de regresar a Tokio.
—Toma —me había dicho.
—¿Qué es esto? —pregunté confundido, sosteniendo el objeto dentro de una pequeña bolsa de terciopelo. Mi padre no dijo nada, sólo me miró por varios segundos hasta que bajó su mirada.
—Lo que te estoy entregando le fue dado a tú tatarabuelo, quien se lo dio a su vez a tú bisabuelo y así también tú abuelo me lo entregó a mí. Ese objeto que ahora tienes en tú mano, puede cambiar la vida de alguien cercano. No fui capaz de encontrar un momento especial para entregárselo, y ya que estamos lejos y tú madre no quiere que intervenga más, te lo doy a ti para que lo utilices cuando sientas que el momento adecuado llegue.
—¿El momento adecuado? ¿De qué habla, padre? —pregunté confundido. Él puso una mano en mi hombro, sonriendo levemente. No era cuestión normal entre los Doumeki sonreír muy seguido, éramos bastante silenciosos y para algunas personas, carentes de emociones, aunque se equivocaban.
—El huevo que está guardado en esa bolsa fue dado a tú tatarabuelo para que él se lo entregara a Watanuki cuando el momento llegara. El poder que tiene ese huevo, no estoy seguro completamente, pero es capaz de borrar los recuerdos de Watanuki de esa persona a la que espera en la tienda.
—¿Por qué no dárselo ya? —pregunté confundido. Volví a recordar las palabras de mi madre y mi curiosidad comenzó a picar de nuevo. Según mi padre, esa curiosidad había sido heredada de mi madre—. ¿Tanto tiempo ha pasado Watanuki dentro de esa tienda?
—Así es.
—¿Por qué no se lo dio? —pregunté. Papá bajó su rostro, mirando hacia el suelo. Luego se volvió a mí, con el rostro más sereno.
—Makoto, dime algo. Si alguien te robara los recuerdos de tú madre, del abuelo, de tus amigos o de mi, aún si no pudieras recordarlos, ¿No sentirías un vacío que no puedes explicar? Aún cuando son dolorosos, los recuerdos son un fragmento de lo que somos, de lo que fuimos y lo que podemos ser. Como una cicatriz, están marcados en nuestro cuerpo. Si te preguntaras de dónde salieron esas heridas y no recordaras, ¿No te entristecería no saber el origen?
Fue la primera vez que vi una nostalgia pura en los ojos de Ryouta Doumeki. Mi padre se veía realmente triste, como si entendiera en carne propia la situación de Watanuki. Pensé en Chihiro Yagami, en su obsesión por el objeto que le había entregado hoy. Sin remordimiento alguno, entregando parte de sus recuerdos como si no tuvieran valor alguno. ¿Era una buena solución entregar algo tan...? ¿Cómo describirlo?
No le respondí a mi padre porque en el momento no tuve respuesta. Ahora definitivamente la tengo. Saqué de mi bolsillo el huevo, dándole una larga mirada. Estaba en medio de la calle en una noche de luna llena, no me importaba, quería respuestas.
—¿Por qué mis ancestros ayudaron tanto a Watanuki-san? ¿Qué nos une a él?
—Eso, Makoto, es una amistad que viene de años atrás. Un lazo que se profundizó desde ese entonces, siguiéndonos hasta este día. Eso es todo lo que puedo decirte.
—Bienvenido —saludé a Makoto al verlo regresar a la tienda. Traía consigo una maleta—. Vaya, ¿Qué es eso que has traído?
—Me lo ha entregado Chihiro Yagami —me respondió.
—Ya veo. ¿Ha recibido el pago por su deseo?
—Sí.
—Me alegro. Supongo que ahora estarás esperando una explicación —deduje. Sin embargo, Makoto negó con su cabeza.
—Yagami-san ya me ha dicho algo por su cuenta. Prefiero no conocer más.
—¿Por qué? ¿Temes volverte más cercano a Hotaru-chan? —pregunté con tono burlón. Makoto sonrió levemente, negando con su cabeza—. Ambos ya son muy buenos amigos.
—Eso no es verdad.
—Por supuesto que lo es. También renegué de la amistad de tú tatarabuelo muchas veces, sin embargo, aunque jamás se lo dije, Shizuka Doumeki fue un gran amigo para mí. No lo soportaba —confesé divertido. Makoto se sentó conmigo en la entrada de la tienda, contemplando la luna. El viento tenía la fragancia de las hojas de los árboles, mezclándose con el humo que salía de la pipa que fumaba.
—¿Es eso verdad?
—Sí, aunque no suene como tal. Tú me lo recuerdas aunque no se parezcan físicamente —comenté. Makoto era diferente a todos los Doumeki que había conocido. Todos los descendientes de Shizuka Doumeki eran iguales, como si él reencarnara en cada uno de ellos. Sin embargo, este chiquillo tenía solamente sus ojos, su rostro era un poco más alargado y su cabello castaño oscuro era mucho más largo que el de su padre. Tenía la sonrisa de su madre, cosa que no era muy común en la familia Doumeki. También tenía más carácter de Takako, en especial su curiosidad por el mundo.
—¿Por qué le permitiste a Miyake quedarse en la tienda? La persuadiste hasta que ella accedió —he allí una de las cualidades de Makoto que provienen de su madre.
—Porque al momento en el que Chihiro Yagami viera su deseo concedido, Hotaru se quedaría sola. Imagínate que te encuentres a alguien que no conoces en tú hogar.
—Aún así, pudo haberse quedado en otra parte siendo ayudante en la tienda para pagar el precio de su deseo.
—Hotaru-chan no está pagando en realidad el precio por los recuerdos de Yagami-san. Ese deseo fue pedido por ella hace mucho y pagó con su libertad por ello.
Makoto me miró confundido, como si hubiera perdido la razón.
—¿Por qué la persuadiste tanto? Lo de su ataque pareció más una excusa para permitirle quedarse aquí. Está pagando injustamente un precio que no existe. Es casi un engaño.
—Tienes razón. Está pagando el precio de un deseo que originalmente ya había sido pagado. Puede decirse que fue un sutil engaño para permitirle la estadía en la tienda. Pero, si he de confesar el por qué, no tengo una verdadera explicación. Siempre pienso en cada uno de los deseos que entran a la tienda y el pago que puede entregarse para cumplir cada uno de ellos, pero...
Esta vez había sido diferente, inexplicable. Estaba consciente que había pedido un precio alto por un deseo que no existía, ya que había sido mi idea convencer a Hotaru-chan pedirlo aún cuando siempre lo concedería incluso si ella se hubiera negado. La estadía en la tienda no exigiría tampoco de un precio elevado, pero, me había parecido correcto, incluso ahora sigue pareciéndome bien todo lo que dije en ese momento. ¿Por qué? Tenía que responderme esa duda.
—No podías dejarla sola, ¿No es así?
—Hay algo de eso. Aunque eso no significa que no dejaré de instruirla en la magia.
—¿Miyake en verdad posee poderes? —preguntó el chico, mirándome expectante.
—Sí. Poderes muy fuertes de los que ella misma no tiene idea. Lo que dije sobre los kamaitachi persiguiéndola no es del todo una mentira. Estoy seguro que fue más que sólo lo inevitable que ella hubiera estado allí, en ese preciso momento cuando los kamaitachi rondaban.
—Pero, los kamaitachi atacan y no dejan una herida que hiera a muerte.
—No, a menos que se lo propongan. Mientras la buscaban, uno de los comadrejas fue capaz de sentir su presencia, aún con la kekkai de la tienda rodeándonos.
Makoto no respondió nada, sólo se sirvió un poco más de té mientras miraba hacia el cielo nocturno. Mientras yo intentaba encontrar respuestas de por qué justificaba tanto lo que había sucedido hoy. Peor aún, me sentía conforme por todo aún cuando eran deseos con pago desequilibrado. ¿Por qué?
—Watanuki...
—¿Qué ocurre? —pregunté, volviéndome a Makoto con una sonrisa.
Él abrió la boca para decir sus palabras, pero se quedó en silencio. Esperé a que continuara, pero ya no lo hizo.
—No es nada. Te lo diré la próxima vez —fue lo último que respondió al cabo de varios minutos.
Notas de Glasses-chan: ¡Holi! (^o^)/ ¿Cómo van? ¿Qué les ha parecido este capítulo de Hitsuzen? ¿Tienen algún pensamiento sobre las verdaderas intenciones por las cuales Watanuki acogió a Hotaru en la tienda? ¿Qué les pareció la historia de Chihiro Yagami y Makoto? Háganme saber dejando un review o un comentario en mi firmita ( WatanukisGlasses en Facebook). Recuerden que si no son usuarios de FF o quieren mantenerse en el anonimato, pueden dejar reviews también xD ¿Qué creen que pase en el próximo capítulo? Hmmm... ~Glasses-chan out!~
