El poder de desear. Algo que no todos son capaces de comprender.

Haber esperado a Hotaru-chan en el balcón no había sido a propósito. Sabía que tarde o temprano aparecería esa persona.

—Maru, Moro —llamo a mis pequeñas ayudantes. Ambas corren alegremente hacía mí y me rodean con sus brazos—. Háganme un favor. Vayan y díganle a Hotaru-chan que sirva el té en la sala cuando haya terminado, por favor.

—¿Por qué Watanuki? —preguntan ambas al unísono.

—Porque pronto tendremos la visita de un cliente. Descuiden, yo me encargaré de recibirle.

—¡Entendido!

—Muchas gracias —Maru y Moro corren hacia adentro de la tienda felizmente. Agradezco mucho su compañía, ambas son buenas niñas. Mientras espero, le doy una calada a la pipa, pensando en aquel mago y Yūko-san. ¿Alguien es capaz de quebrantar leyes por otra persona?

—Me pregunto… —sería un tema interesante de discusión con Haruka-san. Parte de mi curiosidad repentina se esfuma con el humo que sale de mis labios. No puedo evitar reírme, a veces la curiosidad es algo que se pierde con el paso del tiempo, sin embargo, parece que no es mi caso, al menos no aún. Incluso después de tantos años…

—Ah.

—Oh.

No me había percatado de la presencia de la mujer que está frente a la tienda. Ella mira a su alrededor extrañada, confundida.

—Buenas tardes —saludé amablemente. La mujer se vuelve a mí, aún confundida.

—Perdón, creo que sin querer he entrado a su hogar. Disculpe las molestias.

—No, no hay problema —respondo. Ella sin embargo sigue viéndose intranquila—. Si no le molesta, ¿No le gustaría quedarse a tomar un poco de té?

—¿Eh?

—Está bien. Siempre y cuando usted quiera.

—Pero, no estaría bien. Usted y yo apenas y nos conocemos.

—Es verdad. Aún así, mantengo mi invitación.

—¿En verdad estaría bien? —pregunta al cabo de unos segundos. Yo me detengo a sonreír y levantarme.

—Después de usted.

...

—Hotaru-chan —me llaman Maru y Moro. Ambas vienen con una sonrisa en el rostro.

—¿Qué sucede?

—Watanuki pide que lleves el té a la sala.

Ese sujeto...

—Creí que quería tomar el té afuera. Por Dios, ese sujeto cambia rápido de parecer.

Agradezco a las pequeñas y termino de arreglar la bandeja para evitar un desastre en mi camino hacia la sala. Me pregunto que es lo que se trae entre manos ahora. Watanuki-san sí que es una persona interesante...

Leyes inquebrantables.

Mis pensamientos regresan a sus palabras. ¿Quiso decir que hay leyes inquebrantables que se pueden romper? Rayos, quizás será mejor no aprender nada de la magia y eso, creo que a veces la ignorancia sí es felicidad. Podría ser buena ayudante sin magia, definitivamente lo propondré pronto. No me molestaría servir té o cocinar, ya estoy acostumbrada.

—Cuidado —la potente voz de Watanuki-san me saca de mis pensamientos y antes que pueda reaccionar, está frente a mí sosteniendo la bandeja que está de lado—. Sí que eres distraída.

—¡P-perdón!

—Disculpe a mi ayudante. Lleva sólo unos días en esto pero es bastante descoordinada y distraída. Es un alivio que aún podamos compartir el té.

—¡¿Qué quieres decir con eso?! —reclamé furiosa. Una risilla me hizo percatarme de una chica que estaba sentada en la mesa. ¡Este sujeto! Mis mejillas arden por la vergüenza.

—Buenas tardes —saludé apenada.

—Buenas tardes.

—¿Es una cliente? —susurré. Me volví al sujeto de cuatro ojos quien parecía satisfecho con mi pregunta. No respondió nada, sólo comenzó a servir el té y le entregó una taza a la chica.

—Huele delicioso —dijo ella.

—Ahora, ojou-san. Dime, ¿Qué es lo que te ha traído aquí?

—¿Eh? ¿A qué se refiere?

—¿Qué es lo que te ha traído aquí hoy? —repitió él, esta vez mirando a la chica.

—No lo sé. Iba caminando por allí y de alguna forma sentí que debía entrar aquí.

—Si has entrado aquí, es porque tienes un deseo.

—No tengo un deseo —repuso la chica rápidamente. Watanuki-san finalmente se sentó en la silla frente a ella, sin dejar de mirarle. Me sentía como una entrometida por escuchar su conversación, pero no sabía cómo irme de allí tampoco.

—¿Estás segura?

La muchacha puso ambas manos sobre su regazo, parecía bastante incómoda. Su mirada se dirigió hacia sus manos, la de Watanuki-san por el otro lado no se despegó de ella.

—Yo... yo no...

—Esto es... una tienda —dije, incapaz de detener mis palabras. La chica cambió su expresión, ahora se veía mucho más aliviada.

—¿Qué clase de tienda?

—Una tienda de deseos —respondió Watanuki, finalmente bebiendo de su té—. Si has encontrado la tienda y estás dentro de ella es porque tienes un deseo.

—Pero, no tengo ningún deseo. Además, fue una casualidad que hoy no fuera a casa por la ruta que siempre sigo. Había algo que tenía que hacer y después de eso terminé aquí.

—Mhm, ya veo.

—Así es. Aunque, es interesante que exista una tienda de esta clase. Jamás había escuchado antes de este tipo de tiendas.

—Es porque no existen. Aunque no siempre tenemos la suerte de recibir muchos clientes.

—Es una pena.

¿Por qué no sigue preguntándole sobre su deseo? ¿En realidad ella no tiene un deseo y entró por error? Hay algo que no está bien. Decidí salir de allí, no quería ser una molestia. Aunque en realidad quería preguntarle al sujeto de cuatro ojos qué era lo que estaba sucediendo.

...

—¡Maru! ¡Moro!

—¡Sí!

—Por favor acompañen a la señorita a la salida —pedí. Ambas asintieron, yendo hacia la chica. Ella agradeció nuevamente el té aunque no lo tocó. Hotaru-chan por su parte estaba llena de dudas y no tenía que escuchar sus pensamientos para saberlo.

Me dirigí hacia la parte de atrás de la tienda, donde encontré a mi ayudante.

—¿Qué sucede?

—No es nada. ¿La cliente ya se fue?

—Sí.

—Ya veo.

—¿Qué te pareció nuestra cliente? —le pregunté. Ella me miró bastante confundida—. Me refiero a si sentiste algo extraño cuando la chica estuvo aquí.

—La verdad no. Sólo sentí mucha pena cuando escuchó mis gritos.

—Eso te ganas por ser tan ruidosa —respondí. Hotaru me fulminó con su mirada—. Entonces, ¿No me vas a preguntar nada?

—¿De verdad puedo hacerlo?

Sí. De otra forma iría en contra de la naturaleza de Hotaru-chan.

—Esa chica entró a la tienda pero no tenía un deseo. ¿Por qué? Creí que la tienda la podían ver sólo quienes tuvieran deseos.

Aún hay mucho que explicarle a mi pequeña ayudante. Sin embargo, su curiosidad se me hace bastante interesante, quiere respuestas aunque no quiere saberlas en realidad.

—Todos pueden desear, Hotaru-chan. Todos desean todos los días. Pero, no todos están destinados a encontrarse. Aunque hayan miles de deseos allá afuera, aquellos que son capaces de entrar a la tienda son quienes tienen un vínculo por forjar con este lugar y conmigo.

—¿Contigo?

—Sí. Por el encuentro que tendremos. Los encuentros permiten forjar vínculos y por ello la tienda permite dejar entrar a aquellos que estén dispuestos a tomar ese encuentro.

—Entonces, ¿Qué pasó con la chica?

—Ella regresará —afirmé—, porque eso es lo que necesita.

—¿Eh?

—Te lo explicaré cuando ella regrese de nuevo.

Ella regresaría pronto, lo sabía. Aunque sentía un poco de pena ya que mi pequeña asistente no se percató de su presencia. Quizás no está dentro de las habilidades de Hotaru-chan... o aún sus poderes no despiertan.

—Tú si que tienes el talento de ser místico cuando te lo propones —dijo ella riendo.

...

—¿Un cliente llegó a la tienda? —me pregunta Saki emocionada.

—Sí, aunque no tenía ningún deseo —comenté dándole una mordida a mi almuerzo.

—Quizás ella aún no sienta que es el momento de pedir su deseo —dijo Doumeki. Aunque me molestó por hablar con la boca llena, tenía razón.

—Watanuki-san dijo que ella regresaría porque era lo que ella necesitaba.

—Seguramente debe estar pasando por un momento difícil —dijo Saki con un dedo sobre su mejilla—. Tal vez ese es el motivo por el cual no es capaz de expresar su deseo.

—No lo sé. Se veía bastante tranquila.

Intenté recordar el rostro de la chica para descifrar algo, pero nada vino a mi mente. Me parecía sólo una chica ordinaria, del tipo que te encontrarías en la calle mientras vas caminando. No es porque no sea bonita, sino porque no ves que su exterior denote algo que sea anormal.

—Lo que ves no siempre es lo que parece. El exterior de una persona puede dar un mensaje equivocado, hasta el más mínimo gesto puede tener un doble significado, eso incluye también una expresión. A veces la más brillante sonrisa oculta una carga pesada.

—Doumeki...

—Te acompañaré a la tienda hoy —y así se destruye un buen discurso.

—¡¿Y eso qué tiene que ver?!

—Le prometí a Watanuki que iría a cenar hoy. No me gusta el konjaku.

—¡Oye! ¡Yo no cocinaré para ti!

—Es mejor así. Podría morir intoxicado por tú culpa.

¡Este sujeto!

—¡Oye tú...!

—¡Que te den!

Saki-chan no perdió su oportunidad para reírse de nosotros.

—No cabe duda que ustedes son muy buenos amigos.

—No empieces por favor... deberías dejar de invitarlo a almorzar con nosotras.

—Doumeki-kun me agrada mucho, así que no veo por qué no puedo invitarlo. Además, así puedo disfrutar de buena comedia sin necesidad de una tele.

—¡Saki! —grité molesta. Mi amiga sólo empieza a reírse como loca, disfrutando cada segundo de esto.

...

De regreso a la tienda, intenté no perder la cordura, ya que iba en compañía de Eren. Ahh...

Además de Saki-chan y Doumeki por supuesto. Ambos iban adelante de nosotros a propósito.

—¿Sucede algo? —me preguntó Eren. Negué con mi cabeza.

—No es nada. Sólo pensaba en la tienda.

—Espero algún día me lleves a la tienda. Me da mucha curiosidad conocerla.

Ahhh, nada me gustaría más... pero con el sujeto de cuatro gafas allí, es imposible. Por alguna razón lo imagino con una sonrisa maligna de oreja a oreja, torturándome frente Eren para hacerme enojar y explotar y así quedar mal.

—No creo que sea buena idea —respondí sonrojada. Él se detuvo a verme.

—¿Por qué? —preguntó. Sus ojos azules claros estaban sobre los míos, así que no pude evitar ponerme aún más nerviosa de lo que ya estaba.

—No es la gran cosa, en serio. Mi jefe es un tanto raro —y vaya que lo es—. Es una tienda muy pequeña y rústica —mi risa histérica no se hizo esperar. Me sentía tan apenada.

—Aún así, espero poder visitarte en tú trabajo, Hotaru-chan.

Ah, Eren… el chico era todo un amor.

—No vayas a caerte, Miyake —suelta Doumeki, mirándome por detrás de su hombro. Tiene suerte de que no lo tenga cerca para pegarle un puñetazo por entrometido.

El resto de nuestra caminata siguió en silencio. Eren fue el primero en despedirse y me deseó mucha suerte en el trabajo. Saki fue la siguiente, despidiéndose entre risas por una pequeña discusión que tuve con el tonto de Doumeki. No entiendo por qué todos creen que somos buenos amigos si apenas podemos soportarnos.

En unos pasos más estaríamos dentro de la tienda, así que debo pensar en qué haré de cenar. No quiero cocinar para Doumeki, pero conociendo al sujeto de cuatro ojos seguramente me tocaría preparar lo que él quisiera sólo para molestarme. Vaya.

—¿Eh?

Mis pasos se detuvieron súbitamente cuando vi a la chica de ayer entrando en la tienda. Entró corriendo.

—Allí está —dije. Doumeki se volvió a mí.

—¿Quién?

—La chica de la que te hablé hoy. Acaba de llegar a la tienda, justo como Watanuki dijo.

Pero, ¿Por qué? ¿Finalmente diría su deseo?

Corrí rápidamente hacia la entrada, sin poder detener el impulso de ver qué sucedería adentro.

—Ah, tal parece que han llegado.

Me sorprendió que la chica de ayer hubiese venido con tanta rapidez, apostaba a que regresaría dentro de unos días. Tal vez lo que ella quiere no le permite estar en paz consigo misma. Regresó, porque era necesario para ella.

Maru y Moro reciben a la cliente. Puedo sentir la presencia de Makoto y Hotaru además de la de nuestra cliente. Todos están reunidos al fin.

—Perdón —es lo primero que dice ella—. Es sólo que he venido aquí sin pensarlo.

—No hay problema. ¿Le gustaría una taza de té? —ofrezco. La chica pelirroja me mira confundida, casi perpleja de la amabilidad que muestro. No hay otra cosa que pueda hacer por ahora, el momento aún no ha llegado.

—¿Está bien?

—Sí. Estaba a punto de compartir un poco con unos invitados.

—¡No! ¡Está bien! No quiero ser una molestia…

—Por favor, quédate —Makoto aparece con Hotaru en la entrada, ambos mirándome. Agradezco mucho la intervención de Makoto, es genuina y honesta.

—Muchas gracias.

Había preparado un poco de té para los invitados, así que todos pasamos a la sala.

—¿Quieres que yo lleve eso? —me preguntó Hotaru. Negué con mi cabeza.

—No quiero que suceda un accidente —dije con una ceja alzada. Ella rápidamente comenzó a hacer rabietas.

—¡¿Qué quisiste decir con eso?!

—Eres muy distraída, Hotaru-chan.

—¡Oye!

—Es de mala educación hacer esperar a un cliente. Además, no creo que quieras perderte el deseo que ella tiene, ¿O me equivoco?

Rápidamente sus mejillas se tornaron rojas y ella sólo se volvió a ver de lado.

—Yo… yo no…

—Eso fue lo que pensé.

No recibí respuesta, así que decidí proseguir con nuestra visita.

—¿De verdad está bien? —preguntó ella.

—Por supuesto. Aunque me da curiosidad de saber qué te trajo aquí hoy.

—Pues verá… de alguna forma sentí mucha curiosidad respecto a lo que dijo ayer. Sobre la tienda y los deseos que concede.

—¿Qué es lo que quieres saber? —pregunté, dándole una taza de té.

—¿Cómo puedo saber si de verdad puede conceder un deseo?

—Eres libre de creer en la posibilidad.

—Pero, los deseos de las personas… no todos pueden concederse.

—Es verdad. No todos los deseos pueden verse concedidos —respondí, mirando de reojo a mi pequeña ayudante—. Hay límites en los que no puedo interferir. Además, para poder conceder un deseo debo recibir un pago equivalente al deseo que se tenga. Si el precio no es el indicado, no puedo conceder el deseo.

—¿Qué clase de pagos recibe?

—Objetos valiosos de la persona que desea. Un reloj, recuerdos… todo depende de qué tan grande es el deseo.

¿Por qué ella pregunta estas cosas?

He allí la curiosidad de Hotaru-chan fluyendo.

—Ahora, dime. ¿Cuál es tú deseo?

La pelirroja parpadea repetidas veces, atrapada en su propia incomodidad. Su reacción es fácil de leer, lo que ella quiere es algo que no puede decir frente varias personas.

—Ya se lo había dicho, ¿No es así? Yo no tengo ninguna clase de deseo.

—¿Estás segura? —pregunté, mirándole fijamente. Ella entrelazó sus dedos y bajó sus manos hasta su regazo tal y como lo había hecho ayer. No quería mirarme, como si mi mirada representara un juicio hacia ella. Aquello que no era visible para los otros dos en la sala, aquello que ella ocultaba… era cada vez más claro.

—Sí. Pero, si yo tuviera un deseo… ¿Podría ser capaz de desear algo prohibido? —preguntó, mirándome por fin—. ¿No recibiría un castigo por ello?

—¿Por qué habrías de recibir un castigo? —pregunté, desviando mi mirada hacia mi té—. No eres la única persona que ha deseado algo.

—Yo… yo no quiero nada. Sólo me lo preguntaba.

—Mhm, ya veo.

—Debe parecerle tonto que pregunte tantas cosas. Lamento mucho las molestias.

—En absoluto. Agradezco mucho tus preguntas —respondí, suavizando mi expresión.

Sé que pronto regresarás.

—Ojou-san, si no le molesta, ¿Podría decirme por qué su repentina curiosidad sobre lo prohibido?

—¿Eh? —mi pregunta la tomó por sorpresa. Ella comenzó a sonrojarse, mirando nuevamente a sus manos. Makoto y Hotaru siguen en silencio, esperando—. Pues… no es como si me atrajera la idea de las cosas prohibidas, sólo me da curiosidad saber su origen. A veces es difícil no presionar un botón incluso cuando sabes que va contra las reglas. Porque aún cuando tú corazón te pide seguir ese sentimiento, sabes que es imposible, se trata de algo que no puede romperse, como una promesa.

Por un par de segundos sentí pena por ella. Sin embargo, ella borró rápidamente la tristeza de su rostro.

—Perdón, no sé por qué hablo así. Son tonterías.

—No es nada.

Su visita tal y como ayer fue breve. No tocó el té frente a ella y se fue sin preguntar algo más. No pasaría mucho tiempo antes de que ella misma intentara volver realidad su deseo. Pero tal y como es de esperarse, regresará porque eso es lo que necesita.

—¿Qué fue eso? —pregunté confundida. Watanuki siguió fumando su pipa tranquilamente, ni siquiera se volvió a verme. Se habían dirigido a la parte trasera de la tienda con Doumeki, esperando a que yo llevara vino y queso. Como había esperado, la cena estuvo a mi cargo y ahora, seguía cumpliendo mis labores como ayudante. Sin embargo, seguía mucho más confundida por la visita de la cliente. No comprendo en absoluto qué sucede.

—¿Qué fue el qué? —finalmente respondió él luego de varios segundos.

—Eso. La visita de la cliente.

—Aún no está lista para pedir su deseo. Sin embargo, ella regresará.

—Déjame adivinar, eso es lo que necesita —dije, dejando la bandeja sobre el suelo—. Ya me lo has dicho antes. Pero, sigo sin entender. No comprendo estas lecciones de magia —confesé finalmente. Watanuki-san me sonrió, negando con su cabeza.

—Debes aprender a controlar tú curiosidad, Hotaru-chan. Si sigues presionándote por saber la conclusión, no te darás cuenta de lo que en verdad importa. Dime, ¿Qué sentiste hoy que viste a nuestra cliente?

—¿Eh? ¿De nuevo esa pregunta?

—Pues sí. Me gustaría saber tú respuesta, además de la de Makoto.

—Yo no sentí nada —respondió Doumeki con la boca llena—. Aunque, si hay algo peculiar con ella.

—¿Y qué es? Yo sigo sin ver nada diferente en la chica —respondí decepcionada.

—No lo sé.

—¡¿Qué clase de respuesta es esa?!

Aunque debo admitir que esta vez estoy de acuerdo con Doumeki. Tampoco lo sé.

—No tienen por qué descifrarlo ahora —fue todo lo que Watanuki respondió a ambos—. Aunque, debo decir que yo no soy la persona indicada para resolver el deseo de esa chica. Y ella aún no se da cuenta de eso.

—Creo que iré a dormir —concluí—. A este paso, tendré una fuerte jaqueca.

—El problema es que estás intentando comprender la situación con tus ojos, mi pequeña asistente. Deja las limitaciones y podrás ver el universo que te rodea. No te sobre esfuerces, Hotaru. Eventualmente las respuestas vendrán a ti.

Ojalá y pudiera creerle tan fácilmente.

A la mañana siguiente, Doumeki se encontraba compartiendo el desayuno con nosotros. Había hecho comida de nuevo para ese tonto, me daba mucho coraje. Watanuki sin embargo no se encontraba en la mesa, supongo que aún no despierta. Sino estaría buscando la forma de molestarme temprano.

—Oye idiota, ¿Tienes práctica de club hoy? —le pregunté a Doumeki, intentando escuchar algo más que sus mordiscos ruidosos.

—No, ¿Por qué?

—No es nada.

—Aún estás pensando en ello, ¿No es así?

—Todo esto… sobre los deseos y esas cosas, quizás no es para mí. Yo no podría ver jamás cosas más allá de lo que existe. Por eso, creo que es mejor no involucrarme —confesé. Desde la visita de la cliente a la tienda, no he podido sacarme el asunto de la cabeza. He intentado comprender lo que sucede, pero, sólo ha servido para que me decepcione de mí misma. Aunque me sigo preguntando por qué me afecta de esta forma, no creo en cosas mágicas ni nada por el estilo. Todo lo que me ha sucedido en los últimos días ha sido demasiado irreal y de alguna forma, siento que pronto tendré que despertar de mi sueño.

—Si Watanuki ha decidido enseñarte es porque sabe de lo que eres capaz. No toma decisiones a la ligera. Si no hubieses tenido nada especial, podría haberte pedido otra clase de pago. Si él ha decidido creer en ti, ¿No deberías creer en ti misma?

—Pero…

—Deja de preguntarte lo mismo. Sólo así podrás hacerlo bien.

—No eres tan malo —comenté divertida. Doumeki suavizó su expresión, aunque parece que lo suyo no es sonreír—. Gracias.

—No le cuentes a nadie de esto.

—Entendido.

A lo lejos, logré distinguir pasos. El suelo de madera delató al dueño de la tienda, quien venía con una mirada de confusión en el rostro.

—Vaya, ¿Aún es muy temprano?

—No, hoy se ha levantado más tarde de lo normal, jefe.

—Es un milagro que el desayuno se lleve con tanta tranquilidad esta mañana.

—No comas ansias —respondí—. ¿Y bien? ¿Le sirvo su desayuno, jefe?

—No, aún no. Hay otro favor que quiero pedirte, Hotaru-chan.

—¿Qué clase de favor? —pregunté aterrada. Cada vez que escucho eso significa problemas.

—A partir de hoy lleva esto contigo —dice, mostrándome un brazalete hecho con campanillas.

—¿Por qué?

—Veamos… —dice, con un dedo sobre su barbilla—. Porque será divertido.

—¡¿Qué clase de respuesta es esa?! ¡No usaré eso en absoluto!

—¿Quién quería que los kamaitachi se fueran? ¿Quién accedió a trabajar en la tienda para cumplir su deseo? —¡Ese sujeto! Ese es un golpe muy bajo.

—Ya entendí, no tienes porque ser tan grosero —solté, arrebatándole el brazalete. Éste emitió un sonido estruendoso—. Aunque no entiendo qué tiene de divertido esto.

—Es igual que ruidosa que tú —comenta Doumeki. Mi puño vuela inmediatamente a su hombro y el dolor se hace brillar en su rostro. Idiota.

—Vaya, qué modales Hotaru-chan.

—Como sea.

Mi día se resumió en varias miradas por el ruidoso brazalete que llevaba en mi muñeca. Saki-chan había sido la primera en admirarlo y estuve a punto de regalárselo cuando recordé que el sujeto de cuatro ojos seguramente estaba espiándome. Le demostraría que su broma no funcionaría.


Lo único que quiero es que estemos juntos por siempre… por siempre es una promesa.

Aún cuando sea incorrecto, aún cuando no tenga el derecho de hacerlo, no puedo esperar un día más para poder estar con la persona que más quiero.

Por siempre, aunque esté mal.

Por siempre, aunque sea prohibido.

Prometo cuidar de ti, porque eres la persona a quien más quiero.

—Oye Tsuki.

—¿Qué sucede, Shin?

—No vayas a caerte.

—No te preocupes, onii-chan. Soy muy cuidadosa.

—Oye, Tsuki.

—¿Qué sucede ahora?

—Aún si te caes, yo voy a recogerte. Prometo no burlarme jamás.

—Shin...

—Apresúrate y vamos a casa. Sé lo mucho que te asusta la oscuridad.

—Eres el mejor.

Prometo siempre estar contigo, porque eres la persona más especial para mí.


Terminé de preparar mi obento y el desayuno de Watanuki-san para poder irme temprano a la escuela ya que hoy ayudaría a Saki-chan con sus lecciones de matemática. Sin embargo, tenía la leve curiosidad de saber qué había pasado con la chica que había venido a la tienda. Una semana ha transcurrido y no regresó aunque Watanuki dijo que lo haría.

El sonido suave de las campanillas del brazalete hizo que regresara de nuevo a la cocina. Le di una mirada de reojo a las campanillas doradas y su brillo me recordó al medallón que traía alrededor del cuello.

—¿Por qué aún no puedo quitármela? —le había preguntado a Watanuki-san.

—Porque aún no es el momento indicado.

—¿Qué quiere decir eso?

—No te preocupes. Pronto lo entenderás.

Sigo sin entender estas lecciones aún. Poco convencida, me apresuré a terminar para poder irme a la escuela. Para mi sorpresa, al salir de la tienda Doumeki estaba esperando.

—¿Qué haces aquí? —pregunté extrañada.

—Vengo por mi obento.

—¿Eh? Pero yo no hice tú… ¡Un minuto! ¡¿Por qué vienes por comida aquí?! ¡Hago mis labores y ayudo al dueño de la tienda, no a su glotón personal!

—¡Qué ruidosa!

—¡No te daré ningún obento!

—Para la próxima quiero onigiri y tempura. Además de…

—Por Dios, sólo camina antes que te golpee.

Comencé a adelantarme para evitar escuchar a este sujeto. No tenía ánimos de pelear contra él y prefería no hacerlo tan temprano. Eran apenas las siete, pero las calles comenzaban a llenarse de transeúntes en trajes y estudiantes caminando y en bicicletas. La multitud se dibuja frente a mí y una sensación extraña me invade. Una figura llama mi atención en medio de todas las personas, logro reconocerle con facilidad por su cabello rojizo.

Es esa chica.

Parece muy triste y camina al lado de un chico con quien ha entrelazado su brazo. Él sin embargo pareciera no darse cuenta de nada.

—Doumeki.

—¿Qué sucede?

—¿Ya la viste?

—¿El qué?

—La cliente. Está justo allí.

Pero ella y el chico han avanzado y comienzan a perderse de mi vista. Sin pensarlo, continúo el camino hacia ellos, evadiendo a tanta persona puedo. El chico sigue sin percatarse de la chica por alguna razón, como si ella no estuviera allí con él. ¿Estará molesto con ella y por eso le ignora?

—Quiero que tú y yo…

Ella se detiene en medio de la calle mientras todos los demás cruzan. Él se detiene súbitamente, asustándose. Mis pasos se aceleran porque de alguna manera he descifrado el por qué el no se ha percatado de ella.

—Quiero que tú y yo estemos juntos por siempre.

—¿Por qué no puedo moverme?

—¡Espera!

Corrí rápidamente entre la multitud, intentando detener a la chica. A este paso, si el semáforo llega a cambiar antes de que pueda llegar a la calle, ellos morirán.

—¡Espera! —volví a gritar, extendiendo mi mano, como si eso me ayudara a detenerlos.

—¡Ah!

El sonido de las campanas que sonaban con cada paso se volvió mucho más intenso, pero no podía interesarme en ello. Estaba tan lejos de ambos…

—¡Detente!

… no llegaría a tiempo…

—¡Detente!

—¡ESPERA! —grité nuevamente desesperada. El sonido de las campanillas en mi brazalete hicieron que la chica se retorciera del dolor y soltara finalmente a su acompañante. Fue cuestión de segundos comprender todo el panorama: los colores del semáforo cambiando, la chica desvaneciéndose por completo, su acompañante liberándose de su agarre pero siendo incapaz de correr. Frente a mí, el chico vuela por los aires antes de que el sonido cruel de sus huesos rompiéndose me despierte de aquella fantasía vívida.

El problema es que todo aquello era tan real como la sangre carmesí que comenzó a llenar la calle.

Los gritos liberan la tensión del momento.

—Sabía que regresarías —le dije a mi visitante. Ella estaba temblando, se veía mucho más cansada que en sus visitas anteriores. Tal y como pensé, las campanillas habían surgido efecto sobre ella, al fin y al cabo, el objetivo era ese.

—¿Por qué? —preguntó, intentando cubrir sus heridas—. ¿Qué le hizo pensar que regresaría después de no venir todos estos días?

—Porque regresarías para pedir tú deseo.

—¡Ya le he dicho…!

—Ahora, parece que estás a punto de lograr lo que tanto deseabas —dije, mirándola fijamente. Algo en ella pareció romperse, su cuerpo entero comenzó a sacudirse violentamente.

—Mi deseo no era lastimarlo. Yo… yo sólo… yo sólo quería que él y yo pasáramos más tiempo juntos.

—¿Por qué has venido hasta acá? ¿Qué es lo que buscas?

—Ya se lo he dicho antes, yo no tengo ningún deseo —dijo la chica ansiosa, incapaz de ocultar la sonrisa que se formaba en su rostro—. Pero, suponiendo que tenga un deseo, ¿Puede cumplirse aquello que está prohibido? ¿Puedo llevarme conmigo a la persona que más quiero?

—La muerte es un peso que no podrías cargar. Cada una de tus visitas a la tienda eran para justificar que tus verdaderas intenciones no eran deseos, ya que eso es lo que tú querías creer. No cargar con el peso de la culpa.

—No lo entiende, yo no quise… ¡Yo no quería lastimarlo! —gritó histérica, perdiendo todo su autocontrol—. Yo… yo simplemente quería que él estuviera conmigo. Yo… yo quiero que esa persona esté conmigo siempre.

—Pero, el peso de la culpa no era sólo el planear un homicidio, ¿No es así? La persona que más quieres…

—Yo… yo no…

—Tú no estás enamorada de tú hermano, ¿Eso ibas a decir?

—¿Y qué pasaría si así fuera? ¿Seré castigada por amar a una persona prohibida para mí?

—Supongo que no, en especial si esa persona y tú no pueden estar juntos. Tú hermano no tiene la habilidad de ver espíritus, por ello no se ha percatado de tú presencia todo este tiempo —comenté—. Y ya que no hay otra forma en la que puedan estar juntos, planeabas llevarlo contigo a la muerte, ¿No es así?

—Detente.

—Pero la idea de un homicidio es inquietante, una tortura.

—¡Detente por favor! ¡Yo no pretendía lastimarlo! ¡Lo único que quería es poder estar junto a la persona que más quiero! Es un sentimiento solitario estar a su lado sin que él pueda darse cuenta de eso. Es solitario pretender.

—Pero es difícil no justificar esos sentimientos, ¿No es así?

La pelirroja se echó a llorar, viéndose derrotada.

—Todo este tiempo pensé que sería fácil y dejaría ir sin problemas a esa persona especial. Intenté de muchas formas, pero siempre terminaba regresando a su lado, ya que no concebía la idea de alejarme para siempre. Era mucho tiempo, demasiado. Es por eso que acompañé a onii-chan todo este tiempo. En un inicio era divertido, sentir un poco de vida, recordar lo que la mente me permitía y hacer nuevos recuerdos. Pero, comenzó a volverse solitario, al punto que no podía soportar más la soledad. Me sentía egoísta, pero lo había decidido. Fue entonces que llegué a este lugar y comprendí que no estaba lista para llevarme a onii-chan. La primera vez que entré a la tienda me llevó a pensar que quizás no era buena idea, pero, a medida pasaban las horas, la soledad comenzaba a surgir de nuevo. Y finalmente cuando decidí hacerlo, llevármelo para siempre, no pude.

Me acerqué a la chica, arrodillándome para poder verle mejor.

—La única que puede cumplir su propio deseo eres tú. Aún cuando me gustaría decir que puedo hacer algo, hay límites en los que no puedo interferir.

—Pero… si yo decido hacerlo, el precio que pagaré será alto, ¿No es así?

—Así es.

—¿Qué es lo que debería hacer?

—Eso es algo que tú debes decidir.

El sonido de las sirenas, las personas corriendo de un lado a otro, una persona siendo llevada en una camilla a través de los corredores del hospital. La voz de Hotaru prometiéndole a aquel chico que estará bien. No puede interferirse en lo que sucederá a partir de este punto, ya que el precio que ella tendría que pagar para permitirle quedarse es alto, así mismo el precio para poder desear su muerte.

—Debo irme —fue todo lo que dijo ella, levantándose del suelo—. Hay algo que debo hacer.

Sin decir más, ella se fue. Makoto por su parte me esperaba fuera de la tienda.

—Hablabas con la cliente, ¿No es así?

—Sí. Pero, ¿Tú no pudiste verla, verdad?

—Así es.

—¿Lo sabías, Makoto?

—Ya que la primera vez pude verla, no. Por cierto, Miyake se fue con el chico del accidente.

—Lo sé. Sabía que no dejaría ir el asunto tan rápido.

—Sí.

—Ahora todo dependerá de ella.

—¿A qué te refieres?

—Ella no puede decidir por la vida de su hermano. Si vive o muere, eso es algo en lo que ya no puede interferir. Ahora debe decidir por su propia felicidad, ya que esa es la razón por la que vino aquí. El peso por una acción que es prohibida es algo que pocos pueden llevar.


La brisa de verano que juega con el cabello de la pequeña le hace sacudirse un poco de frío. Ella sin embargo no se mueve, sólo contempla el panorama sin decir una palabra. Es incapaz de formar un gesto en su rostro, tiene la misma expresión dura que hace unos segundos atrás. La pequeña espera en silencio por una persona, una persona que ella ama, confiando desde lo más profundo que aquella persona vendrá por ella.

Pero, ella ha decidido ahora que es hora de dejar ir a esa persona, ya que no quiere causarle más dolor.

Mis pasos son inaudibles y logro escabullirme con facilidad en la habitación de onii-chan. El dolor que surge en mi pecho me hace sentir culpable y las lágrimas caen sobre mis mejillas.

—Perdóname, onii-chan. Mi deseo jamás fue lastimarte. Ambos prometimos estar juntos por siempre, pero, cuando en aquel accidente fuimos separados, la idea de estar siempre juntos se hizo más fuerte. Y quise cumplirlo aún cuando sabía que eso podría lastimarte. Por eso, por eso decido irme para no lastimarte de nuevo. Aún cuando no podamos estar juntos, onii-chan, siempre estaré contigo porque te quiero —me inclino para poder besar los labios de onii-chan antes de que lo que resta de mí comience a desvanecerse. Es mi hora de despedida.

Por fin me siento ligera, mi cuerpo ya no pesa tanto como antes.


—Perdón —es lo primero que digo antes de entrar a la tienda.

—¿Por qué? —pregunta mi jefe.

—Por venir tan tarde. Quería asegurarme que Shin-san estuviera bien.

—Ah, ¿Así que ese es el nombre del hermano de la cliente?

—Un minuto, ¿Hermano?

—Sí.

—Oye, me debes muchas explicaciones.

—Serán el pago por detener a la chica a tiempo.

Bien, comienzo a perderme de nuevo. Esta espiral de preguntas y respuestas con respuestas infinitas comienza a marearme. La tarde es fría, hace mucho viento. Las hojas van y vienen de un lado a otro. Decido sentarme en la veranda para poder obtener mis respuestas antes de iniciar con mis labores.

—¿Recuerdas el brazalete con las campanillas?

—Aún lo traigo conmigo —le recordé, haciéndolas sonar.

—El sonido que emiten fue lo que hizo que la ojou-san se detuviera. Si te las di, fue para que pudieras purificarlas, ya que tú pasas mucho tiempo al lado de Makoto.

—¿Y qué tiene que ver el idiota en esto? —pregunté confundida—. ¿También tiene poderes?

—No pueden llamársele poderes como tal, pero es algo que la familia de Makoto ha traído consigo por mucho tiempo. El sonido de las campanillas harían llegar con mayor fuerza la esencia pura de Makoto, lo que hizo que nuestra cliente se debilitara.

—¿Así que sabías en qué terminaría esto? ¿También lees el futuro?

—No. Es sólo que era inevitable. Además que sabía que ella regresaría, estaba frente a un espíritu que no había sido capaz de abandonar el lugar de donde provenía porque ella se negaba a soltar la mano de la persona que más amaba. Es por ello que teníamos que darle una mano.

—¿Y cuál era su deseo? Me refiero a por qué entró a la tienda.

—Ella quería justificarse a sí misma, encontrar razones para llevar a su hermano a la muerte. Es por eso que entró acá y buscó en las palabras lo que ella tanto deseaba, dejar de sentir esa pesada carga por querer cosas prohibidas. La muerte y el amor hacia su hermano, cosas que ella misma era incapaz de dejar ir.

—Es bastante triste —comenté, sintiendo pena por ella. Saki había comentado que ella quizás tenía un mal momento y por ello no podía pedir su deseo. Ahora comprendo por qué, era esa parte de ella que peleaba por tener lo que quería y la parte que sabía la consecuencia de ello. Un conflicto interno que seguramente le llevó mucho tiempo resolver—. ¿Ella estará bien?

—Seguramente. Espero que Shin-san también lo esté pronto.

También yo, también yo.


Glasses-chan dice:

¡Holi! Hace un rato que no actualizaba. Hoy sí vengo con un capítulo bastante largo. Siento que no quedó la conclusión como esperaba, pero bueno, intentaré que en el próximo capítulo sí. ¿Qué les pareció este capítulo y la historia de la cliente? ¿Qué creen sucederá después? Recuerden decirme qué les parece la historia y en qué cosas puedo mejorar :D ¡Muchas gracias a todos los que leen!

Mil gracias a Eri y Daiana, quienes han prometido torturarme para que actualice más pronto xD ¡Espero no haberlas defraudado!