Creo que no te quiero, solo quiero la imposibilidad de quererte como la mano izquierda enamorada del guante que vive en la derecha.


El eco de sus tacones hizo que todas las miradas se posaran en su figura una vez más.

Grannat caminaba con paso seguro hasta el centro de la sala, donde ya todos los miembros del alto círculo esperaban sentados.

Hizo un gesto con la cabeza, saludando a su buen amigo Emerick, un hombre apuesto con el que había compartido tanto malos como buenos momentos. Tenía siete, tal vez diez años más que ella, pero no los aparentaba. Ningún Kynigós adulto aparentaba su edad real. Ella misma tenía trescientos veintitrés y apenas aparentaba ser una señora de cuarenta.

Tomó asiento, cruzando una pierna sobre la otra y adoptó una expresión severa, aquella por la que era tan temida y respetada.

Se podía decir que Grannat era el miembro más joven del Círculo, sustituyendo a su madre Burgúine tras su trágica muerte a manos de un Berserk descontrolado. A pesar de haber sido convocada como miembro del Círculo a su poca edad y desconociendo todo aquel mundo, Grannat había demostrado ser mucho más madura de lo que se esperaba de ella, demostrando más seriedad y frialdad que muchos otros miembros del consejo, y por ello había ganado de inmediato una imponente reputación.

Emerick observó desde su lugar a su vieja amiga, vio como tensaba la mandíbula, demostrando la fiereza de siempre. Ella siempre había sido así, fría, impasible y cortante como una afilada espada, solo con sus más allegados se mostraba de manera amable, sobre todo con sus nietas. Él la había visto mimarlas y jugar con ellas, con ellas mostraba una faceta vulnerable y dulce que jamás nadie se habría imaginado que pudiese tener.

—¿Por qué está ella aquí? — Grannat hizo un gesto con la barbilla hacia el lado derecho de Emerick, señalando a la hermana menor de este, Rhaenys.

La joven había cumplido los veinte años hacía unos meses y su hermano había decidido que sería buena idea que le acompañara a una reunión, pues ella le sustituiría cuando él se jubilase, o en el peor de los casos, que muriera.

La aludida se puso tensa, como si le acabasen de reñir por una jugarreta que ella no había hecho, y se agarró al brazo de su hermano con incomodidad, mirándolo con sus grandes ojos violetas, buscando ayuda.

—Tranquila Grannat, ella está aquí para aprender.

—¿Te vas a retirar? — inquirió con voz dura Grannat.

Emerick la observó, tratando de descifrar sus pensamientos bajo aquella firme máscara.

—No— dijo finalmente, viento un atisbo de alivio en su amiga —Pero quiero que esté preparada en el caso de que me pase algo o…

—Mueras— le cortó con frialdad.

—Sí— aceptó Emerick algo cansado y con una expresión que gritaba perdón—En el caso de que muera.

—Tal vez yo debería traer también a Dimitry— comentó en voz alta Erik Schwarzschild con su suave acento escandinavo mientras se rascaba la barba de cinco días.

Rhaenys giró involuntariamente la cabeza hacia Erik ante la simple mención de Dimitry.

En su pelo rubio, como el de muchos miembros de su familia, se podían adivinar ya algunas canas, aún así Erik seguía estando en buena forma. Sus ojos verdes buscaron a Grannat, esperando la censura que nunca llegó.

Era bien sabido en el Círculo el carácter duro de Grannat, por lo que siempre que se discutía cualquier cosa, por mínima que fuese, ella tenía que dar su aprobación.

Tal vez, y solo tal vez, todos los miembros la respetaban tanto como la temían, pero no solo eso, ella había mostrado ser sabia, inteligente, y la más fuerte guerrera. Se podría decir que a Grannat le habían dado un poder que todos querían pero ninguno tenía el valor y el talle suficiente para soportar: Líder del Círculo.

—Tu hermano no será capaz de soportar todo esto, puestos a traer a algún inútil, ¿por qué no traes a tu hija? — dijo Duncan Anthrax con burla. Sus irises grises se posaron en Erik, el cual apretaba los puños y mostraba su descontento.

Emerick y Rhaenys observaban el inicio de una pelea, esta aún sujeta al brazo de su hermano.

Que gente más descortés, se decía mentalmente.

Ella siempre había visto al Círculo como una serie de personas que controlaban los entrenamientos, las clases y las razas conocidas y no tan conocidas, que lo mantenían todo a raya, pero estaba empezando a darse cuenta de que eso no era así, y de que haber aceptado hacerse cargo de ese puesto tal vez no fuese tan bonito como le parecía al principio.

Bjorn y Lyria Weigand por otro lado se mantenían impasibles en sus asientos, cansados ya de las múltiples peleas de sus compañeros tan solo se limitaron a suspirar y mantener una conversación trivial ente ellos mismos, preguntándose cuál de los miembros de su familia deberían preparar para ocupar su lugar.

Originalmente, el Círculo de 1800 había decretado que tan solo uno de los miembros, el hombre, debería ser parte del Círculo, pero veinte años después las Märch se impusieron y destruyeron esa norma, pues su familia se componía prácticamente por mujeres, y no simples mujeres. Guerreras. Descendientes de Valkyrias, por lo que los varones miembros del círculo no pudieron decir nada, asustados y acongojados como estaban de esta familia tan irascible.

Las mujeres están locas, démosles lo que quieren antes de que nos hagan daño.

Fueron las palabras de Bennedict Anthrax, abuelo de Duncan. Y con eso se cambió la norma, permitiendo a las mujeres obtener un papel en el Círculo.

Años más tarde se ampliaron las plazas, permitiendo a dos miembros, los mayores de la familia, pasar a ser parte del consejo, y antes de internar a nuevos miembros, mostrarles el funcionamiento del Círculo.

—Repite eso si tienes huevos, víbora asesina— el grito de Erik Schwarzschild sobresaltó a Rhaenys, quien solo tenía ganas de salir corriendo de aquel antro de locos.

—Puedo repetir eso y agregar muchas cosas más, león abandonado— contraatacó Duncan con malicia.

Con el ceño fruncido y a punto de perder la paciencia Grannat se puso en pie y golpeó la gran mesa redonda con sus puños cerrados, provocando que las tazas y planos saltaran, haciendo que los miembros que habían permanecido en silencio hasta el momento se pusieran en alerta y Erik y Duncan callaran de inmediato, acusándose con las miradas sobre quién había enfadado a la Líder.

—Al próximo que diga una estupidez le cortaré la lengua y le ahorcaré con ella— dijo Grannat con su tono de voz gélido y con una expresión de seriedad y paciencia imperturbable.

Duncan y Erik se dejaron caer de nuevo sobre sus sillas sin apartar la mirada de ella, temiendo por si abandonaba esa carcasa pacífica y se les echaba al cuello como en muchas otras situaciones había hecho.

Rhaenys tragó el nudo que se le había formado en la garganta, se sentía amenazada, le tenía miedo a aquella mujer que antes le infundaba respeto, pero trató de disimularlo y mostrar una cara impasible.

Emerick le acarició la mano a su hermana, adivinando su estado de ánimo, era cierto que Grannat podía tener un carácter horrible, pero él ya estaba más que inmunizado, además ella no era la única con esa personalidad terrible, su nieta, Scarlett, era mucho más irascible y huraña que su propia abuela.

—Os he convocado para discutir los ataques que ha habido en el norte de Alemania, no para que os pongáis a discutir como tontos niños, eso ya se lo dejamos a vuestros hijos— sentenció con seriedad y un tono de voz cargado de dureza.

Lyria Weigand se puso en pie, su cabellera cobriza se deslizó por su espalda en una larga trenza hasta el final de su espalda. Alzó las manos, y con estas un papel ocre, el cual extendió la mesa. Este presentaba el mapa de Alemania, donde se podían apreciar pequeñas cruces negras.

—Esos son los lugares donde han atacado— habló con su voz calmada que la caracterizaba a pesar de ser una Weigand. Lyria era la tercera hija nacida de una de las familias secundarias de Kynigós, por lo que sus genes y modales no eran totalmente los de un Weigand, al contrario que sus hijos, quienes se habían adaptado perfectamente a lo que se esperaba de uno de ellos.

Bjorn, su marido y un Weigand de sangre pura mantenía la mano en la cintura de su mujer, marcando su territorio como todo un bárbaro.

—¿Se conocen las razas? — preguntó Emerick posando sus irises dorados en Lyria para después pasar la mirada a Bjorn, quien lo observaba con la amenaza grabada en sus ojos verdes. A los Weigand no les gustaba que mirasen a sus parejas más de la cuenta. Eran burdos. Vikingos y ciertamente cavernícolas, muy posesivos con sus cónyuges y extremadamente celosos. Con el tiempo Bjorn había moderado su comportamiento tan tosco, sobre todo con las múltiples llamadas de atención que había recibido de Grannat. No le daba miedo esa mujer, pero siempre que sus ojos se dirigían a él se le ponía la piel de gallina, y por ello había decidido que sería mucho mejor comportarse, como le había pedido su mujer muchas veces.

—Berserks, sobre todo— contestó Bjorn antes de que su esposa pudiese abrir la boca, ganándose una mala mirada de esta —También ha habido ataques de Elfos oscuros, Vampiros y Hadas.

—¿Hadas? — preguntó en voz alta Rhaenys, ganándose la atención de todos. Un leve sonrojo cubrió sus mejillas, pero trató de mantenerse firme —Creía que las hadas eran… Buenas.

—Lo eran— concedió Grannat, evaluándola con la mirada. Aquello a Rhaenys le puso los pelos de punta. Puede que hubiese sido víctima de aquella mirada muchas veces, pero el fijarse a conciencia en los ojos de Grannat le hizo ser consciente de su aspecto aterrador. El ojo izquierdo conservaba esos toques añil y celestes que había pasado de generación en generación por los miembros Märch, mientras que el ojo derecho estaba cruzado por un par de cicatrices. Grannat había perdido gran parte de visibilidad en ese ojo, tornándose este de un amarillo opaco que funcionaba como un manto para su visión. —Pero parece que se han vuelto locas.

—¿Sabemos el por qué? — intervino Emerick.

Tras unos segundos de silencio un rotundo No salió de los labios de Grannat.

—También ha habido ataques de… Vanirios— dijo Lyria, mirando de reojo a Duncan.

—¿Qué? — saltó este a la defensiva —Catherine no ha hecho nada, Weigand.

—Mide tus palabras, Duncan— gruñó Bjorn con rabia. No le gustaba el tono que había empleado con su esposa.

—No he acusado a Catherine, Duncan— se apremió a decir Lyria —Por lo que la he conocido ella es una buena amiga, no creo que sea capaz de herir a nadie…

—Pero no podemos decir lo mismo de los otros Vanirs, Duncan. Si te lo vas a tomar como un ataque personal tal vez deberías abandonar el consejo— sentenció Grannat molesta ya por las disputas.

Duncan gruñó y maldijo en gaélico, cruzando los brazos y apretando la mandíbula.

—¿Y qué propones? — cuestionó Erik.

Grannat miró a Emerick, ambos compartieron una mirada con la cual se lo dijeron todo, esto no pasó desapercibido para nadie. Todos sabían que Emerick y Grannat poseían un vínculo en el cual nadie se podía interponer, un lazo que muchos envidiaban por la confianza que mostraban el uno con el otro.

Grannat desvió la mirada y se puso derecha.

—Mañana. Todos los miembros de las familias serán convocados en el gimnasio central.

—¿¡Estás loca!? ¿Qué piensas hacer con nuestros descendientes? — gritó exaltado Duncan.

Grannat alzó una ceja ante la exagerada reacción de su compañero.

—Sois una familia de asesinos, Duncan. Dudo mucho que te importe lo que ocurra en un entrenamiento.

Nuestros hijos y sobrinos ya tienen edad suficiente como para hacerse cargo de todo esto. Mañana al alba los quiero a todos en el gimnasio central. Si falta un miembro de una familia, esta será sancionada y castigada…— Grannat miró a todos y cada uno de los presentes, dando la oportunidad de protestar, pero todos callaron y asintieron, por mucho que Duncan se quejase, estaban todos de acuerdo en que era el momento para que sus descendientes tomaran cartas en el asunto y continuasen con el legado de la raza —Bien. Finaliza la reunión.

Y con aquellas palabras Grannat se desvaneció en una nube de polvo negra, dejando al resto de miembros solos.


Estaba aburrida y me puse a escribir. Creo que dejaré la presentación de todos los niños, la cual será bastante larga, para el siguiente capítulo.

Me ha sorprendido bastante la cantidad de fichas que me han llegado, sobretodo que la mayoría eligiesen los Anthrax... Nadie eligió los Schwarzschild y solo una eligió los Weigand. Pobrecito Nath, nadie quiere ser su hermana (?)

En fin, eso es todo. Espero que os guste... Nunca sé que decir aquí...

Estaba escuchando Little Soldier de Lily Allen, por si a alguien le interesa (?)

¡Díganme que les parece!