Hola *susurros*
Estoy enfermita~
alv a nadie le importa. Después de mil años ya era hora de que trajera el capítulo 2, así que acá va, todo para ustedes señoritas :v
Uno debería morir con dignidad cuando no puede vivir con dignidad.
•
El amanecer estaba cerca. El silencio del bosque ayudaba a su oído a percibir mejor los sonidos.
Percibía el ruido de las cáscaras de los huevos abriéndose en el árbol a su derecha. El remolonear de los conejos en la madriguera bajo las raíces a sus pies. La respiración pausada de su hermana dos metros por delante de ella. Y sobre todo las pisadas cada vez más próximas de su presa. Scarlett contuvo la respiración.
Un paso. Dos pasos. El Berserk estaba desprovisto de escudos.
Ingenuo.
Se había metido en territorio equivocado. Caminando tan campante e indefenso. No preocupándose por lo que puede habitar en los bosques. Los subestimaban.
No había nada peor en los bosques que los Kynigós.
Y ahora estaban de caza.
La adrenalina explotó en sus venas cuando saltó de la rama en la que estaba escondida. El aire gélido cortaba sus mejillas, la capucha de la capa se había desplazado hacia atrás, revelando su recogido de tonos rojizos y rosados. Escarlata. Como su nombre.
Aferrándose al mango de su hacha con fuerza atacó a aquel Berserk aún en el aire, la gravedad, acompañada de su movimiento hizo su cometido, clavando el filo del arma en su cráneo. Un horrible estruendo resonó en todo el bosque, el crujido del hueso bajo su hacha había sido tan hermoso como horrible. El animal chilló, trató de quitársela de encima retorciéndose, el golpe había sido bueno, pero no mortal.
Mierda.
Y no podía recuperar su hacha. Para el momento en que el animal había puesto los ojos en ella Scarlett ya había sacado sus dagas, sus ojos se oscurecieron producto del psychí, y la sonrisa se extendió por su rostro.
Era hora de la caza, y ella amaba la caza.
Alani había escuchado el crujido desde su puesto, también el gruñido de la bestia. Si sus suposiciones eran correctas la fuerza del impacto no había sido suficiente, y ahora su hermana debería de estar luchando cuerpo a cuerpo con aquel monstruo, y sin su hacha.
Corrió todo lo rápido que le permitió su cuerpo, llegando a la batalla en cuestión de segundos y sin apenas cansarse. Su hermana ya estaba peleando. Empuñaba las dagas como toda una amazona y se lanzaba contra el terrible animal con una ferocidad impresionante. Ella no iba a ser menos.
Aprovechando que el Berserk estaba entretenido con Scarlett, Alani decidió hacer un ataque por la espalda, rastrero, sí, pero eficaz. Con la guadaña en mano se lanzó contra la bestia, clavando el filo de esta en su cuello. El crujido fue acompañado con un grito y el Bersek cayó al suelo, tratando de taponarse la herida, gimiendo y lloriqueando. El corazón de Alani se contrajo un poco, como una punzada.
Antes era un guerrero, con sentimientos y conciencia.
Para Alani cada vida era un regalo. Ella, quien veía el bien de cada persona, accesible y amigable, pensaba que la gente podía redimirse, y por ello, en muchas ocasiones le costaba meterse en las batallas. Era eficiente y lo hacía todo sin expresión pues para ello había sido entrenada, pero en su interior una pequeña vocecita le decía que podía buscar otra solución.
Una pena para las presas que Scarlett no pensara así.
La pelirroja chafó con brusquedad la cabeza del Berserk, el cual comenzaba a tomar forma humana. Su sangre manchaba la pura nieve blanca, y sus quejidos era lo único que resonaba en aquel bosque. Con asco Scarlett tomó su hacha, otro crujido acompañado de un chapoteo fue lo que se escuchó esta vez. El animal gritó como si le fuera la vida en ello, y Scarlett le regaló una patada en el esternón.
Alani prefería no acercarse. El trabajo estaba acabado. Scarlett podía con él, ya no la necesitaba.
Con parsimonia Scarlett se movió alrededor del cuerpo en el suelo, el hacha arrastrada hacía un camino, bordeándolo. Una vez frente a él lo observó, dejó que aquella bestia la viera, quería que recordara su cara, el rostro de quien había puesto fin a su miserable y asquerosa existencia.
El animal gruñó, o el hombre, qué más daba, iba a morir igualmente. Scarlett le sonrió de manera chulesca, burlándose de él, de lo patético que se veía y cuando notó que el Berserk trataba de ponerse en pie alzó su hacha con ambas manos y de un golpe le cortó el cuello.
La sangre salpicó libre todo a su alcance. Las raíces del árbol, la nieve pura y blanca, la capa de Scarlett… Y los zapatos de Alani.
— ¿Crees que estarán bien?— la vocecita de Violeta sobresaltó a Iris y Anyeline, más a la primera que a la segunda.
—Casi se me sale el corazón— replicó Iris con la mano en el pecho, realmente casi se le sale el corazón por la boca del susto.
—Lo siento— susurró Violeta avergonzada.
—No es nada.
Anyeline tan solo se limitó a observarla.
Violeta Anthrax, una peculiaridad en su familia. El eslabón débil. Y una de las mejores amigas de su prima.
—Sabrán apañárselas— contestó con la vista perdida en el bosque nevado.
Si tan solo se hubiese levantado un poco antes podría haber salido con ellas de caza. Acompañar a las Märch siempre era un espectáculo, uno sangriento y bizarro en el que a ella le encantaba participar. Ver a las hermana peleando juntas era como observar una danza, acompasada y muy practicada. Se movían con soltura y parecían comunicarse telepáticamente, siempre cubriéndose la una a la otra. Tenían una sincronía única y envidiable, una mucho mayor que la que se puede llegar a tener con el compañero de vida.
—¿Qué estamos mirando? — esa era la voz de su primo, Armin.
Una vez más Iris se sobresalto. ¡Por el amor de Freyja! Incluso Violeta lo había notado a kilómetros.
—¿Lo hacéis adrede? — musitó Iris recuperándose otra vez del susto.
—Alani y Scarlett todavía no han vuelto— respondió Violeta observando de reojo al muchacho.
Armin se acercó al borde de la torre de vigilancia y se colocó tras Anyeline.
—¿Estás tratando de invocarlas? — le susurró en la oreja.
La morena se giró para encontrárselo de cara y le pellizcó la nariz, a lo que este lanzó un gemido exagerado, provocando las risas de las muchachas.
—Si fuese tan fácil hacerles aparecer no nos pasaríamos la mayor parte del tiempo esperándolas, genio.
—Han salido hoy temprano y aún no han vuelto— aclaró Violeta, quien parecía tener el control sobre las idas y venidas de todos los miembros.
—¿Qué hora es temprano?
—Antes de las cinco.
—¿¡Antes de las cinco!? — gritó el moreno horrorizado. Prefería la muerte que levantarse tan temprano, a esa hora apenas y estaba acostado. Estaban locas esas hermanas.
—Cuando me he despertado a las cinco y he ido a buscarlas ya no estaban— gruñó Anyeline molesta. Le habría encantado ir con ellas. Tenía que recordar para la próxima preguntarle a Alani, se lo pediría a Scarlett, pero era difícil acercarse a ella…
—¿Y aún no han vuelto? ¡Pero si son ya las doce! ¿Qué tanto están haciendo en medio del bosque?
—He escuchado de mamá que los ataque se han incrementado—cuchicheó Iris algo acongojada por si alguien más la escuchaba.
Hace dos noches había bajado a la cocina, buscando un vaso de leche para calmar sus nervios, y por suerte o desgracia había escuchado a sus padre hablando. Hubiese querido subir escaleras arriba a toda velocidad, pero eso la habría delatado, y ya se sentía demasiado mal por haberse levantado a aquellas horas, así que no le quedó más que esconderse y aguantar la respiración mientras rezaba a la mismísima Freyja para que no la descubrirán.
—¿Qué ataques? — la pregunta debería haber salido de Anyeline, pero su primo se había adelantado.
—Los Berserks. Se han descontrolado, están fuera de control y dijeron que se habían incrementado. También algo sobre hadas y… Vanirios. — la última palabra la dijo con temor, con algo de vergüenza por Violeta, sabía que muchos miembros de su familia habían sido y eran Vanirios
Violeta tan solo agachó la cabeza y observó sus guantes negros y desgastados. No recordaba a muchos Vanirios, y la única que conocía era Catherine. Su tía era una mujer agradable, algo soberbia en ocasiones, pero siempre se había mostrado cariñosa con toda su familia, sobretodo con Desmera.
El silencio se prolongó unos segundos, tornando el momento cada vez más incómodo, hasta que un punto de color en la lejanía llamó su atención.
—¡Ahí están! — Anyeline no había podida refrenar la emoción y frenetismo, y, con un salto se encontraba ya en el suelo, corriendo hacia las puertas de la fortaleza.
—Acaba de saltar desde diez metros de altura. ¡Ey, prima, te vas a hacer polvo los tobillos!
Pero Anyeline ya no lo escuchaba, estaba demasiado concentrada en llegar a su objetivo.
Kimberly Anthax caminaba con parsimonía hacia el gran edificio central, el gimnasio, o como lo llamaban los adultos "Peitharchiká", aunque no era nada más que eso mismo, un gimnasio. Situado prácticamente en el centro de la base de los Kynigós era más similar a una fábrica, y no le extrañaba, porque aquel lugar era como una segunda casa para su raza. Poseía tres plantas y todos los útiles para vivir, pero a ellos, que aún eran jóvenes, no se les permitía pasar de la primera.
Ahí es donde tenían que reunirse ahora, ahí les habían convocado.
Por el camino Jade se unió a ella, dedicándole una sonrisa amable.
—¿Sabes dónde ha ido Violeta?
—No. Ha salido esta mañana y no ha dicho una palabra.
Kim frunció los labios. Su pequeña prima tendía a desaparecer a menudo y luego no sabían donde buscarla.
Seguramente con las Märch, se dijo. Violeta tenía una extraña fijación con Scarlett, a pesar de que ella era mucho más huraña que su propio primo, Castiel, y más fiera que su abuela.
La pesada puerta de madera se abrió por si sola. Ya no le sorprendía. Los adultos habían descubierto un millón de inventos y hechizos para que la vida fuese más cómoda en aquella villa.
El olor a limpio y a tierra mojada les dio la bienvenida, caminaron por el pasillo poco iluminado.
Para estar tan bien equipado aquel lugar la entrada a las cámaras y habitaciones era más bien pobre. Un pasillo largo, y no muy ancho, cabían, si se lo proponían, dos personas una junto a la otra, y aún así sus hombros rozarían las paredes de cemento. Y esa era otra. Las paredes de aquel pasillo eran de cemente, puro y áspero que había provocado muchas raspaduras en los brazos de ellos cuando eran pequeños y no iban con cuidado.
Del techo colgaban bombillas sueltas, sin más parafernalia, una bombilla conectada a un cable poco largo que se mecía cuando entraba el aire. Kim recordó el miedo que pasaban Iris y Violeta cuando debían pasar por aquel pasillo los días más oscuros, incluso ahora se asustaban, sobretodo la pelirroja.
La figura al final del pasillo se puso derecha cuando ellos llegaron a su nivel.
—Hey— saludó Kim con un movimiento de cabeza, ganándose así uno similar por parte de la otra persona.
Jade sin embargo prefirió no mirarla, y eso hizo que Desmera sonriera.
—¿Qué pasa, hermanito? ¿No hay saludo para mi? — le picó la peliazul. No iba a tolerar que ese hombre la ignorara. No a ella.
Siempre le hacía lo mismo. ¿Qué culpa tenía ella que Duncan Anthrax le hubiese sido infiel a su esposa? Ese cerdo aún la culpaba de la muerte de su madre. Y parecía que Jade hacía lo mismo, pero por el suicidio de la suya.
Todas las culpas a Desmera, muy bonito. Lo curioso era que ni Violeta, ni Makeena, ni Kim, y sorprendentemente ni Castiel hacían eso, y Violeta tenía muchas razones. Podría haber alegado que le había robado el padre o cualquier otra cosa, pero no. Jamás lo hizo. Desde que Desmera fue presentada a la edad de cuatro años en la familia todos menos aquellos dos hombres la habían aceptado.
Y Violeta, con su misma edad, fue la primera en acercarse a ella. Porque sí. Desmera y Violeta tenían diecisiete años y habían nacido con apenas un mes de diferencia.
—Hola— murmuró Jade a regañadientes, pasando por delante de ella para así evitarla.
Desmera y Kim intercambiaron una mirada, y la morena le posó una mano en el hombro, consolándola. Solo ella sabía todo lo que guardaba dentro Desmera, y no le parecía justa la actitud de su primo.
—A veces es un imbécil.
Sí, se dijo Desmera, mí imbécil.
Para cuando ellas dos entraron ya había gran parte de las cinco familias reunidas, desperdigados en colchonetas o sillones estratégicamente colocados para descansar un poco tras los duros entrenamientos.
Nathaniel Schwarzschild huía de su insoportable hermana. Ni siquiera le cabía en la cabeza que su padre permitiera a Ámber estar allí. Era una negada total para la caza, siempre gritando y lloriqueando sobre lo muy cansada que estaba o lo mucho que se había ensuciado y sudado.
Para ser sinceros, tanto él como su hermano Kentin la utilizaban como cebo en sus misiones.
Su perfume llamativo y apestoso siempre llamaba la atención de los Berserks, y cuando la encontraban, tan superficial e indefensa ante ellos no se lo pensaban dos veces para tratar de matarla.
Era sorprendente que no hubiese muerto ya. Y, siendo claros, si lo hubiese hecho no le habría supuesto ningún tipo de trauma. Su hermana era tan insoportable y se comportaba de manera tan estúpida que en más de una ocasión se había encontrado a si mismo planeando dejarla a su suerte en medio de las cacerías.
Él habría alegado que había sido un accidente, y conociendo como lo hacían todos a su hermana, nadie le habría llevado la contraria, es más, la culpa habría sido de ella por no estar lo suficientemente atenta.
¿Por qué no lo había hecho?
Giró de repente, con la daga en la mano, apuntando al ruido tras su espalda para encontrarse con Armin. Sus manos estaban alzadas, como pidiendo clemencia. Tras él se escondían Iris y Violeta, quienes sorprendidas habían retrocedido unos pasos.
—¡Hey! Cálmate, ¿quieres matarme? — replicó molesto Armin. Había tratado de sorprender a su amigo, pero olvidaba que Nathaniel era uno de los mejores en el arte de la caza.
—¿Quieres morir? Solo a ti se te ocurre aparecerle por la espalda a uno de nosotros— guardó la daga en el cinturón atado a su cintura y sonrió a las muchachas.
Iris le devolvió la sonrisa y se sentó junto a Violeta en un sillón cercano, dejando a los chicos su espacio para hablar.
—Bueno, tranquilo, solo era una broma— y Armin cayó en algo, su amigo era bueno en los rastreos y el sigilo, por tanto debía de haber sabido que era él en el mismo momento que pisó la sala —¡Sabías que era yo y aún así lo hiciste! —le acusó señalándolo con el dedo de manera exagerada.
Nathaniel tan solo rió y le dio un codazo.
—Ya te vale, casi me cortas el cuello.
—Si hubiese querido lo habría hecho, Armin, nada de casi.
El muchacho moreno lo miró receloso y dio una larga zancada lejos de él, provocando más sus carcajadas. La relación de amistad que tenían aquellos dos era casi tan estrecha como la de Castiel y Lysandro.
Eran, al igual que las hermanas Märch, pareja de caza. Todos los Kynigós tenían una pareja de caza, la cual era muy diferente a la pareja de vida, o Zevgáris.
Usualmente la pareja de caza era de tu mismo sexo, pocas eran las veces que existían parejas de caza mixtas, y es que durante la infancia cada individuo acostumbraba a trabar amistad con personas de su mismo sexo, había veces, sin embargo, como era el caso de Grannat y Emerick, que las parejas eran mixtas, pero esto no quería decir que tuvieran que tener obligatoriamente una relación amorosa.
Para eso existían las Zevgáris, quienes eran la persona destinada, elegidas a menudo por los mismos Dioses.
Los Zevgáris eran la parte complementaria de cada Kynigói, al igual que para los Vanirs eran los Cáraids y para los hombres lobos su Mate.
Bjorn y Lyria Weigand eran el ejemplo perfecto de Zevgáris, y tenían suerte, pues la mayoría de Kynigós morían sin ser capaces de encontrar su otra mitad, y eso daba paso a matrimonios en los que luego una de las dos partes buscaba más de una pareja, como en el caso de Cadmín Märch, quien había engendrado a dos hijas de diferente padre, o el caso de Duncan Anthrax, quien había encontrado su Zevgári después de contraer matrimonio, naciendo así Desmera.
—Hola— la vocecita dulce y amistosa hizo que ambos jóvenes dieran un respingo. No se lo esperaban, no habían notado su presencia.
Skylar era sin duda una de los miembros más sigilosos que existían en el grupo. Sabía relajar su respiración y controlar los latidos de su corazón, casi pareciendo un murmullo suave, era como una sombra, y mejor que Nathaniel.
—Skylar, demonios.
—Armin, no debes maldecir— le regañó la muchacha haciendo que el moreno suspirara cansado.
—Hola Skylar— le saludó Nathaniel, encantado de que la bella joven estuviera con ellos.
Conocía a la muchacha desde niños. Si bien al principio no se llevaban del todo bien con el paso de los años eso fue cambiando. La albina, ahora de cabello cobrizo a causa de tintes, había crecido convirtiéndose en una dama, refinada y elegante, como todos los Reynolds, de indudable belleza y con una personalidad muy accesible.
¿Y cómo no fijarse en ella? Nathaniel, al igual que muchos otros había deseado besar aquellos labios.
Se había enamorado irremediablemente.
—¿Habéis visto a Rosalya? — preguntó con dulzura, tratando de esconder los sentimientos que aquel muchacho rubio hacía que afloraran en ella.
En su fuero interno deseaba con todas sus fuerzas que Nathaniel fuese su Zevgári.
—Ni idea— respondió Armin ajeno a todo lo que pasaba por las cabezas de aquellos dos —Falta mucha gente, y si no llegan pronto Grannat se enfadará —su cuerpo se movió como un espasmo, simulando un escalofrío —Esa mujer da miedo.
—Dudo que se enfade con sus nietas— aportó Skylar, reparando en que justamente las hermanas eran unas de las faltantes.
—Escuché que habían salido.
—Sip— reforzó Armin a su amigo —Esta mañana. Anyeline estaba llorando porque no había podido ir con ellas.
—¡Oye! ¡Yo no lloro! —gritó la aludida golpeando su brazo.
Armin había notado perfectamente el momento en el que había entrado
—¿Cómo que no? Todos lloramos.
—Pues yo no, idiota— le gruñó, regalándole otro golpe. Distraídamente y con sutileza ojeó su alrededor, buscando a alguien, concretamente al castaño de los Schwarzschild.
—¿Bucas a alguien? — le susurró Skylar. Pocas eran las cosas que se le escapaban. Detallista y observadora, Skylar era también una de las mejores ojeadoras del grupo.
—No. — respondió Anyeline seca y tajante, recibiendo una sonrisa amistosa de la otra muchacha. ¿Por qué le sonreía?
—Las Märch no deben tardar mucho, Anyeline ha corrido a sus brazos en cuanto las ha visto volver. Deberías haberlas visto, Scarlett estaba hecha un cuadro, parecía que se había bañado en la sangre del Berserk.
—Siempre hace lo mismo— suspiró Nathaniel. Su relación con las Märch era como la de todo el mundo, se llevaba mejor con la mayor que con la menor.
—Si no te manchas es porque no has luchado— dijo secamente Anyeline.
Detestaba cuando criticaban a las Märch. Ella las admiraba, eran fuertes, poderosas, y el fijarse en ellas le había ayudado a ser más independiente y fuerte, sobre todo por Scarlett. Las peleas con ella eran brutales y sangrientas, y eso le gustaba, no se iba con miramientos a la hora de entrenar. Eso, sin duda era algo que le encantaba, porque todos los que entrenaban con ella tendían a ser muy pasivos.
Además el ir de caza con ellas le había aportado muchas cosas. Pequeños secretos y técnicas que solo se consiguen observando y se transmiten de generación en generación.
—Se puede pelear sin mancharse— objetó Nathaniel.
—Cada uno tiene sus métodos, no hay necesidad de comenzar una disputa por estas cosas— habló Skylar, salvando la situación y evitando una posible pelea.
A menudo ella solía hacer de mediadora, con esa actitud tan jovial y calmada que la caracterizaba, empatizaba con todos y sabía decir las palabras correctas en el momento oportuno.
Anyeline lanzó una mala mirada a Nataniel, quien entrecerró los ojos hacia ella.
—Ya vienen— la vocecita de Violeta había salido de la nada, atrayendo su atención.
—Pero si no hay na-... —La frase quedó en el aire, la puerta se abrió, dejando que el gélido aire se colara en la habitación.
Uno a uno el resto de miembros fueron entrando, pero seguían faltando dos.
Y hasta aquí el segundo capítulo. Aún me queda presentar a algunas Oc's (creo) pero ya no puede más. La cabeza me palpita por la fiebre y estoy hecha fosfatina :CC
¿Qué os ha parecido? Espero haber sido fiel a vuestras oc's y haberlas manejado correctamente. ¿Ha sido corto? Siento que siempre hago todo corto, pero era o cortar aquí o morir.
Déjenme su rw que así me curaran la fiebre (?)
P.D: Supuestamente ahora debería actualizar Musas, pero me estoy replanteando borrarlo, y, o eleminiarlo totalmente o re-escribirlo. idk
P.D 2: Sakura *cof cof perra cof cof* ¿Y mis regalos de cumpleaños? Eres una traidora.
¡Traidora a la sangre!
