Atsushi sé quedo mirando la salida unos momentos. El nuevo acababa de rechazarlo. Los estudiantes nuevos nunca rechazaba al compañero de la primera semana. Normalmente era el primer paso para una rápida integración. Se le ocurrió que tal vez debería dejar las cosas como estaban. Parecía que Akutagawa no tenía intención de relacionarse con nadie y aunque ese fuera el caso no podría ayudarlo. Tendría que explicárselo al profesor aunque una parte de ėl no quería rendirse todavía, tenía la esperanza de poder acercarse. Sea porque le pareció alguien misterioso o por qué se había sentido un poco atraído hacia él. Sabía que debía ser cuidadoso pero el hecho de no haber sido agredido fue una buena señal.

Sin pensarlo más salió tras Akutagawa pero en el pasillo ya no quedaba nadie. Se preguntó dónde podría haber ido, de haberse dirigido a la cafetería ya no habría nada que pudiera hacer. Esta se había convertido en un lugar prohibido hace mucho tiempo. Lo alentó el pensar que quizás él no quisiera ir a un lugar tan ruidoso como ese. De pronto se le ocurrió que tal vez quisiera estar solo y vino a su mente el único lugar donde eso sería posible. De todos modos tenía que recuperar su libro.

El instituto al que asistian era de dos pisos, los salones de clases se encontraban en el segundo piso. La ventana por la que habían arrojado su libro daba a uno de los lados de la institución. Nadie se acercaba a esa parte, la razón era simple, en ese lugar no había nada interesante para ellos. Ahí solo habían árboles, no eran tantos pero si los suficientes para dar la apariencia de un pequeño bosque. Había zonas que quedaban ocultas bajo los árboles con pequeños claros dispersos. En el otro lado se encontraban la zona de educación física que contaba con unas gradas desde donde se podía ver las pistas. Además de tener unas mesas que servían como comedor al aire libre. Siendo la zona de educación física diseñada para que los estudiantes tenga otro espacio común donde descansar entre recesos. La zona a la que daba la ventana de Atsushi era totalmente ignorada.

Cuando ya estuvo allí se dedicó a buscar el punto donde creyó que había caído su libro. Mientras caminaba por uno de los senderos que se formaron entre los árboles volvió a pensar que esa zona le recordaba a un bosque. Había acudido a ese lugar muchas veces buscando paz y seguridad. De pronto sus pensamientos se interrumpieron, empezaba a sentirse mal. El suelo empezó a moverse, sintió un fuerte mareo que lo obligó a detenerse. La cabeza empezó a darle vueltas y de pronto ya no pudo seguir de pie. Ya había vivido situaciones similares antes por lo que procuro no perder la calma y evitar a toda costa perder el conocimiento. Debía descansar un momento hasta tener la suficiente fuerza como para llegar a la enfermería. Escucho unos pasos más adelante que le hicieron levantar la cabeza rápidamente, por su condición fue una mala idea, volvió a sentir un fuerte mareo que lo obligó a cerrar los ojos.

Akutagawa solo queria encontrar un sitio tranquilo. Todos en ese lugar eran ruidosos y él no pudo tolerarlo. No le fue difícil llegar allí simplemente tomo el camino contrario al que todos sus compañeros eligieron. Termino en uno de los lados de la escuela, una pequeña zona llena de árboles. Le pareció que por ahí no había nada pero eso no le molesto. Solo siguió caminando por un sendero rodeado de árboles hasta que algo llamó su atención. Adelante en medio del camino había un libro. Le extraño el hecho de encontrarlo allí ya que a su parecer a ese lugar no iban muchas personas. Lo levanto y le hecho un vistazo, después de unas cuantas páginas le pareció un buen libro. Decidió que lo llevaría con ėl y hizo el camino de vuelta pero esta vez sí se encontró con alguien. Vio al chico que habían puesto como su compañero, él se encontraba en el suelo intentando llegar a uno de los árboles para buscar apoyo. Se acercó para ver su condición. El chico levanto la vista pero eso solo causó que su condición empeorará.

-¿Qué tienes?- preguntó, no quería involucrarse en nada molesto pero no iba a dejarlo allí.

-Akutagawa- dijo su nombre con voz temblorosa sin abrir los ojos.

-No puedo creerlo- dijo con molestia. Cuando estuvo a su lado lo miro con atención -¿Puedes moverte?- Parecia que no podía hablar.

-No debes preocuparte, estoy bien, se me pasará pronto- dijo finalmente abriendo los ojos y dedicándole una sonrisa. Akutagawa pudo ver el gran esfuerzo que le había tomado hacer todo aquello y volvió a maldecir.

-Agárrate- dijo y sin más lo levanto. Atsushi le pareció más liviano de lo que espero, el chico había soltado un pequeño jadeo ante la sorpresa. Su piel era muy blanca por lo que pudo notar perfectamente el sonrojo que empezaba a aparecer en su rostro. Se dedicó a contemplarlo por un momento, tenía unas facciones delicadas y un hermoso color de ojos. Cuando Atsushi lo miró completamente avergonzado, nunca lo diría pero en ese momento, le pareció lindo.

-Tienes que guiarme hasta la enfermería- le dijo.

Cuando llegaron la doctora los recibió y le indicó que lo dejara en una de las camas. Se quedó para la revisión y luego le hizo compañía durante un rato. Se dijo a si mismo que era porque no tenía nada mejor que hacer.

-Muchas gracias- dijo finalmente el chico.

-No podía solo ignorar la situación, no tuve opción- suspiró

-Si tenias opción- dijo el chico sonriéndole -Y me ayudaste. Gracias- Akutagawa no quería darle más vueltas al asunto así que se dispuso a retirarse.

-Espera- lo detuvo Atsushi -Yo había ido a buscarte- dijo poniéndose nervioso de pronto. -Yo esperaba que me dejaras guiarte la primera semana aquí- dijo sonrojándose de nuevo. Su expresión volvió a parecerle linda. No supo qué decir. No quería a nadie alrededor suyo pero pensó que si era él estaría bien. Aunque sea por una semana.

-No creo que puedas hacer mucho por mí ahora- dijo notando como empezaba a formarse una expresión de tristeza en su rostro, esta no duró mucho ya que de inmediato le dedico otra sonrisa.

-Tienes razón no creo que pueda ser de ayuda ahora- bajo la vista.

-No puedes ir a clases ahora. Debes quedarte aquí. Yo iré y te traeré los apuntes- dijo antes de dejar el lugar.

Atsushi desde su cama contemplaba la puerta por donde se había ido Akutagawa, no podía creer nada de lo que acababa de pasar. Se permitió sentirse feliz y pensar que tal vez podría finalmente tener un amigo. Nunca había tenido uno antes y la idea le da mucha ilusión. Para él estar solo se había convertido en algo normal. Él era huérfano por lo que nunca contó con una familia que lo apoyará. En el lugar donde vivía siempre había sufrido malos tratos por parte de quienes debían cuidarlo y al no tener a donde ir había tenido que soportar. Cuando sus compañeros se enteraron de su situación lo hicieron a un lado. A pesar de todo tenía la esperanza de que eso cambiaría algún día. Sabía que no debía guiarse por sentimientos de tristeza. Con eso en mente se recostó dispuesto a descansar un rato. Pensó que cuando se despertará Akutagawa tal vez estaría ahí y sonrío antes de quedarse dormido.