El lugar donde vivía era una vieja casa remodelada y acondicionada para cumplir como orfanato. A pesar de las reformas, la propiedad ya contaba con muchos años y eso se notaba en los inviernos especialmente fríos o en los veranos sorprendentemente calurosos. En ese lugar vivían alrededor de veinte niños incluyendo a Atsushi. Las edades de todos variaban pero nadie tenía mas de diesiocho años. Al alcanzar la mayoría de edad eran echados del orfanato y remplazados por otro niño. Debían ser veinte ya que el orfanato recibía generosas donaciones por cada niño que estuviera cuidando, respetando la capacidad máxima de habitantes que le correspondía a esa propiedad. El dinero era administrado por el director, a quien poco le interesaba ese lugar, repartiéndolo según sus intereses. Los cuidadores por reglas generales debían ser cuatro, uno por cada cinco niños, en este lugar había solo uno, dispuesto a trabajar por el sueldo mínimo. No habían contratado empleados que se encargarán de la cocina y la limpieza. Los niños eran obligados a realizar esas tareas. Los más grandes cuidaban de los pequeños y entre todos intentaban sobrevivir.

Atsushi se encontraba haciendo sus tareas del día. Debía lavar los platos y trapear el suelo de la cocina. A pesar de que el almuerzo fue escaso se habían usado muchos platos. Esta no era su tarea favorita, al tener diez años sus brazos eran demasiado cortos para alcanzar todos los platos, cosa que consideraba un verdadero desafío, además de no tener la suficiente fuerza para poder lavar los instrumentos más grandes. Con frecuencia era regañado por los mayores ya que cuando se le asignaba esta tarea el suelo de la cocina siempre terminaba mojado. Por consecuencia también le asignaron trapear el piso.

Ese día hubo algo diferente, a la hora de empezar sus tareas el cuidador apareció en la cocina. Era raro que supervisará las tareas pero esta vez se dirigió a una de las esquinas de la cocina y lo miro atentamente. Atsushi estaba nervioso pero sabía que debia continuar con sus tareas y así lo hizo pero la mirada de su cuidador no dejaba de incomodarle. En un descuido uno de los platos que sostenía se le resbaló y se estrelló en el suelo.

-Mira lo que hiciste, maldito mocoso- le dijo el cuidador pero no estaba molesto. Su intension había sido esa desde el comienzo. Después de un día difícil el solo quería descargar su frustración y acababa de encontrar la excusa perfecta.

-Parece que nesecitaras un castigo- la sonrisa que había en su rostro atemorizó a Atsushi, quien intentó huir pero antes de lograrlo fue atrapado por la fuerte mano de su cuidador, quien agarro su brazo y lo estrelló contra la pared. Deseperado empezó a suplicar perdón pero no le sirvió de nada. El cuidador saco un cinturón que había escondido en sus ropas.

El primer golpe que recibió lo dejo aturdido. A partir del segundo golpe sintió una corriente de dolor que recorrió su cuerpo. No sabía cuánto tiempo había durado la golpiza pero él no perdió la conciencia en ningún momento. Sabía que había gritado pero se detuvo cuando se quedado sin energías. La entrada a la cocina había sido cerrada y creyó escuchar a sus compañeros llamándolo. Cuando su agresor se canso de los golpes simplemente salió de la cocina dejándolo en el piso sintiendo un dolor intenso en todo su cuerpo.

Despertó en la enfermería, alguien estaba llamándolo. Desde que se había convertido en uno de los habitantes mayores en el orfanato su sueño se había vuelto ligero, él debia cuidar de los más pequeños que sorprendentemente se volvían más activos de noche. Por eso su reacción fue casi inmediata, intentó levantarse pero antes de lograrlo fue detenido. Akutagawa estaba frente a él reteniéndolo. De inmediato recordó lo que había pasado y se permitió relajarse. Levantó la vista para mirar a su compañero y le dedico una sonrisa. Todavía estaba asustado por su sueño. No le gustaba recordar cosas del pasado pero estas insistían en atormentarlo en sueños.

Las manos de Akutagawa tocaron su rostro, su miraba estaba empezando a incomodarlo. Sus manos eran frías. Atsushi se sonrojó e intentó apartarse pero no se lo permitieron, él había empezaba a acercar su rostro. Por reflejo cerró sus ojos. Al sentir como apoyaba su frente contra la suya comprendió lo que hacía.

-Tienes fiebre- dijo.

Por un momento había pensado que lo iba a besar, se reprendió por tener esa clase de pensamientos. Notó que él seguía sujetando su rostro. Estaba tan cerca que podía sentir su respiración. Su corazón empezó a latir rápidamente, pensó que se escucharía en toda la enfermería. Sintió como Akutagawa secaba unas lágrimas que caían por su rostro. No había notado que estaba llorando, al parecer su sueño le había afectado más de lo que imagino. De pronto se sintió como un tonto. Puso sus manos sobre las de su compañero y las retiro con cuidado. No debía hacer que otros se preocuparan por él.

-¿Estás bien?- preguntó.

-Si- se apresuró a contestar. -Solo fue un mal sueño- agregó.

Akutagawa lo miraba con desconfianza pero aun asi volvió a sentarse. Se preguntó cuánto tiempo llevaba allí. Cuando miro la hora se sorprendió al ver que ya habían acabado las clases. No pensó que dormiría tanto. Debía vover al orfanato y cumplir con sus tareas.

-No te levantes- le ordenó su compañero. Atsushi se tensó ante la orden, le habían enseñado a siempre obedecer por lo que no se atrevió a contradecirlo.

-Toma- le arrojó algo que apenas pudo atrapar. Cuando lo abrió descubrió que era un Sandwich. Su estómago empezó a sonar. Acababa de recordar que no había comido nada en todo el día. Se sintió muy avergonzado.

-La doctora dijo que debías alimentarte- Dijo cruzándo los brazos. Estaba molesto por lo que le había dicho la doctora. -Alguien debería venir a buscarte, no puedes irte solo en ese estado-

Yosano Akiko era la doctora que trabajaba en esa institución. Ella sabía cuál era la situación en la que se encontraba Atsushi. Nadie vendría a buscarlo, no importaba qué tan grave se encontrará. Por eso ella no se molestaba en notificar a su tutor de su condición. Además de atender las incontables heridas que obtuvo a manos de su cuidador ella atendía a los niños que vivan en el orfanato sin esperar una compensación.

Empezó a comer en silencio, la hora de la salida ya había pasado. Debía pasar por la escuela de los más pequeños y llevarlos a casa. Su acompañante parecía no tener intención de dejarlo ir. Se preguntó si Ranpo y kyoka podrían ocuparse de sus tareas. Ellos eran los mayores y sobre ellos recaía el cuidado de los más pequeños. Descartó a Ranpo, él era demasiado descuidado como para encargarse de todo. Todo dependía de Kyoka, a pesar de ser unos años menor, ella era la más responsable ahí. Atsushi sabía que ella se encargaría de todo.

Se permitió relajarse un poco. Debía recuperarse sino quería convertirse en una carga para todos.