Capítulo 2: Una pequeña historia.
Mis ojos se abrieron lentamente, encontrando solo oscuridad a mi alrededor.
Intenté incorporarme, pero el efecto letargado del medicamento me lo impidio, obligándome a quedar acostada nuevamente.
Mi vista poco a poco se fue adaptado, y lo que antes parecían sombras, se convirtieron en una mesilla con un florero, un viejo sofa y... no se que más.
Lleve una mano a mi cabeza en un afan de detener la migraña que no me di cuenta, tenia.
Una hora después la puerta se abrio y por ella entro el doctor Oconell, vistiendo una impecable bata blanca.
En el lado superior derecho habia el bordado de una corona de laureles, sobre esta una cruz y debajo rezaba.
"Sanatorio Mental Santa Mónica."
Suspire resignada, mi pequeña rabieta me habia ganado un boleto directo y en primera clase a aquel sanatorio en Massachusetts.
-Jessica.
Bueno si iba a estar de nuevo aqui no se las pondria facil.
Cerre mis ojos fuertemente y lo ignore.
-Jessica- llamo de nuevo mientras lo escuchaba entrar, seguido del click del interruptor de luz.
Tome la almohada que estaba bajo mi cabeza y la puse sobre mi cara, evitando que la luz m diera de lleno.
Lo se, soy una berrinchuda.
-No hagas esto más difícil Jessica.- Exclamó con una pizca de irritación en la voz y retirando la almohada me digne a mirarlo.
-Tus padres trajeron tus cosas, estan en el closet- señaló una pequeña puerta de madera oscura al otro lado de la habitación- cuando te hayas cambiado, sabes donde encontrarme.
Suspire resignada cuando salió, y pude sentir que por fin los efectos del medicamento estaban pasando.
Mis ojos se clavaron en la ventana, era conciente de que estaba condenada a aquel lugar por un tiempo indeterminado, si tenia suerte quizás esta vez no fuera un año.
Saque mi maleta del closet y la abri, estaba exactamente igual que la última vez que la habia visto, rápidamente cambie mi pantalon de mezclilla y mi blusa de lana por un pants, una camisa de tirantes y unos tenis, todo blanco.
Sali del cuarto internandome en los pasillos de mármol gris, y mientras intentaba sujetar mi cabello en una coleta me topé con varias enfermeras que me conocían, también algunos pacientes y sus familiares que salude sin mucho animo.
Me detuve frente a unas puertas gemelas de cristal y sali.
El resplandor del sol dio de lleno en mi cara, sonrei había pasado bastante desde que senti ese calor.
Frente a mi se alzaba un pequeño pero bello parque, habia algunas bancas, las cuales estaban rodeadad de frondosos árboles, flores multicolores, y pequeñas fuentes para aves.
En una banca bajo un enorme árbol, reconoci al doctor Oconell sentado con una libreta en la mano.
Me acerque y me sente junto a el, mi vista se perdio en las ramas encima de mi por las cuales pasaba la luz del sol.
Odiaba aquel lugar, excepto ese parque, era por ello que me habia negado a tener aquellas sesiones en cuatro paredes, decidiendo mejor aquel lugar.
-Jessica, por donde quieres comenzar.- Dijo de pronto el doctor Oconell.
-Usted se sabe la historia tanto como yo, usted elija.- Le respondi sin mirarlo.
El silencio reino por unos instantes hasta que el lo rompio.
- Qué te parece por el principio.
-¿El principio? Bueno esa es una opción.
-Cuéntame de nuevo el porque decidiste ir a Italia.
Italia...
Que lejano sonaba eso, como si hubiera pisado aquél lugar hace décadas.
Aún asi era capaz de recordar perfectamente todo, cada palabra, cada promesa, cada caricia.
Todo estaba grabado a fuego no solo en mi mente, tambien en mi alma y cuerpo.
Durante un instante una punzada golpeo mi corazón, no podia evitarlo. Siempre pasaba cuando pensaba en aquellos días.
Negue fervientemente intentanto ahuyentar esos pensamientos, mientras un cúmulo de emociones atravesaban mis ojos.
Todo bajo la atenta mirada del doctor Oconell.
El encarco una ceja y yo suspire.
-Bueno...
Flash Back*
Desde que era una niña fui una romántica empedernida, me sabia de memoria todas y cada una de las películas de Disne, en especial aquellas de las princesas.
Mi favorita era Cenicienta.
Amaba esa historia, la pobre protagonista sufria a manos de su familia y al final aparecía el principe para salvarla.
No el hecho de que el fuera un principe, ni la fortuna o el poder.
Me gustaba porque mostraba como, a pesar de que todo parecia oscuro y doloroso, al final del camino hay una pequeña luz que te puede salvar, solo bastaba que esa persona especial te encontrara.
En aquel tiempo para mi era suficiente, el soñar con esa persona que sin importar en que lugar del mundo estuviera, el me encontraria.
Mamá me habia regalado una bonita agenda, para que ordenara un poco mi vida, me habia dicho con una sonrisa.
Habia tantas cosas que queria hacer, desde aprender a cocinar (en lo cual era pesima), hasta visitar una playa en la que si hubiera sol.
A esta decision le siguio una lista de 100 cosas que queria hacer antes de los 30.
Mi idea de viajar a Italia, salio como era de suponer, de una película.
Bajo el sol de Toscana.
Era un de mis películas favoritas.
Ansiaba visitar Italia, era un enorme país con una gran cantidad de lugares que moría por ver y cosas por hacer.
Se suponia que seria un viaje, solo eso.
Habia pasado meses ahorrando para ello, tomando trabajos a tiempo parcial y rogando a mis padres me apoyaran con el hospedaje.
Hasta que consegui tener el suficiente dinero para pasar dos meses alla, habia hecho un detallado calendario, programando cada dia.
Siendo de una familia estrictamente religiosa, la Capilla Sixtina, la Catedral de la Virgen y la Catedral de Florencia eran los primeros lugares a los que iria.
Exploraria el arte renacentista de Florencia.
Subiria a una gondola y recorreria el Gran Canal, sumergiendome en su romántica arquitectura medieval.
Miraría de cerca la lava volcánica que enterro a Pompeya.
Y porque no, compraria un par de lindos atuendos en Milán, de algunos de sus prestigiosos diseñadores.
Ademas de que veria su famoso tesoro: el cuadro de La última cena, de Miguel Angel.
Y para finalizar, la ultima semana de mi viaje la pasaria justamente en el lugar que atrajo mi atención.
En Toscana.
Conociendo sus viñedos, probando sus vinos en Chianti y relajandome en San Gimignano.
Aferre mi sombrero que una brisa amenazo con lanzarlo lejos, mientras mis cabellos se agitaban suavemente al compas de viento.
Alce la mirada clavandola en el cielo azul, y a traves de mis gafas oscuras mire el astro rey, el sol caía con toda su intensidad sobre Venecia.
La gondola se detuvo suavemente frente a una pequeña cafeteria, baje y me interne en ella.
Mientras bebia una fria limonada y comia un sándwich revisaba las fotografías que había tomado.
La capilla Sixtina era hermosa, su estilo gótico me habia hipnotizado completamente.
Reprimi una carcajada al ver una foto mia donde aparecía completamente empapada, habia intentando tomar una buena foto y olvide que tras de mi estaba el canal, obviamente cai.
Aunque un guapo italiano me saco, pero mori de vergüenza.
Revise mi calendario, era la cuarta semana de mis vacaciones.
El siguiente paso era la Catedral de la Virgen, ubicada en Volterra. Mire mi reloj, iban a dar las 4 de la tarde; si me apuraba podría conseguir transporte, rápidamente pagué y salí adentrandome nuevamente en los canales de Venecia.
Un par de horas después con mis maletas en mano, estaba registrandome en un hotel.
Al llegar a mi habitacion corri las cortinas y tuve ante mi una hermosa vista de la plaza de San Marcos.
La cama era muy comoda y como niña chiquita salte en ella, me sentia feliz.
Tranquila, plena.
Un ultimo brinco y me deje caer en ella, un viejo reloj cucu que estaba sobre un buro sono, anunciando las nueve de la noche.
Sonrei.
Como bien dicen, la noche es joven.
Me duche, busque un lindo atuendo, maquille y deje mis cabellos castaños sueltos.
Tome mi mochila y me adentre en las calles de Volterra.
Una deliciosa cena, algunas fotos y unas cuantas compras de souvenirs.
Era una gran noche, como si cualquier cosa pudiera pasar.
Sono mi celular de repente, era mamá.
Converse con ella durante algunos minutos de trivialidades, iba tan concentrada en la conversación que no mire por dónde iba, al colgar mire a mí alrededor y entonces note que estaba perdida.
Saque de nuevo mi celular y prendi mis datos, active mi GPS y di vuelta en una calle a mi izquierda.
La luz de las farolas alumbraban el camino y cuando al fin supe el camino a mi hotel, sucedio algo extraño.
Como si de una vieja novela se tratará, tropecé con una vieja tabla de una casa cercana.
Tiré mi celular y por instinto cerré los ojos al ver que caería de cara al suelo de la calle.
Pero inesperadamente unas manos me sujetaron firmemente de los antebrazos evitando mi patética caída.
Lentamente abrí mis ojos y alce el rostro.
Frente a mí, había un joven de ojos rojos, fue cuando note lo heladas que estaban sus manos.
Jadee sorprendida y todo a mi alrededor se apagó.
Fin Flashback*
Mis manos aferraron la tela de mi camiseta mientras un nudo se instalaba en mi garganta, gire el rostro y mis ojos se clavaron en el doctor Oconell, él me miraba fijamente anotando cada cosa que yo decia en esa libreta.
Lo mire inexpresivamente.
-Ese fue el inicio de todo.- Dije de improvisto y el asintió.
- ¿Sus ojos eran rojos?- Preguntó con cierta curiosidad, cómo queriendo relacionar al joven de la fotografía que mamá rompió con el joven de mi historia.
-De un profundo carmin- exclame sin rastros de emoción en mi voz.
-Bien Jessica, entonces esa fue la primera vez que se vieron.
-Si, fue la primera vez que vi a Alec.
Una lagrima traicionera rodo por mi mejilla, y nuevamente aparecio esa opresión en mi pecho, senti como el aire me faltaba.
Respire varias veces agitadamente y de un salto me aleje del doctor Oconell, el cual me miro sorprendido mientras se acercaba a mi.
A traves de mi enloquecido llanto note en su mirada la chispa de comprension al ver que no habia superado del todo aquello.
Era obvio, una parte de mi sabia que no importaba cuanto tiempo pasara, o aun si fueran mil años, yo jamás lo olvidaria.
El siempre estaria ahi.
