¡Feliz Navidad a todos, principalmente a mi querida amiga secreta, Jacque-Kari! :3

Conjunto de drabbles para la actividad "Intercambio Navideño" del foro Proyecto 1-8.

Disclaimer: Digimon no me pertenece.

Pareja: Sokeru.

Género: Drama.

Summary: Con el concurrir de los días, el joven escritor fue enamorándose de una dulce mesera, una que llevaba aún escrito el nombre de un amor inconcluso, por eso él sólo puede imaginar y soñar ser otra persona, tener otra historia, ser de otro universo.

Cantidad de palabras: 987.


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Capítulo 2

«Los "nosotros" de otro universo»

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Había veces en las que a Takeru Takaishi le gustaba fingir que era otra persona. Sí, sonará triste, pero a él le gustaba imaginar muchos otros universos en donde pudiese ser más que Takeru Takaishi, el segundo hijo del matrimonio entre Hiroaki Ishida y Natsuko Takaishi.

Entre sus historias fantasiosas, él no sólo vivía en París en compañía de su abuelo y su madre divorciada, acudiendo a la misma y modesta cafetería con madera vieja rechinando bajo los pies al compás de la campanilla que lo recibía como si fuese lo más emocionante que hiciese en todo el día.

En sus universos, él era un reconocido escritor que tomaba un delicioso cappuccino a las cinco de la tarde mirando el río Sena escribiendo su siguiente best-seller y cuando la mirada cobriza de la camarera de dulce sonrisa y rosa rojiza al descanso de su oreja derecha, le dedicara su presencia para tomar su orden, él la invitaría a sentarse y a disfrutar de la compañía ajena.

─¿Problemas para escribir?

Takeru levantó la mirada de su computadora para mirar a su amor platónico sonreírle, encendiendo sus mejillas como lo haría las de un niño atrapado a mitad de una inocente travesura.

─¿Por qué lo dices? ─Se animó a preguntar, consiguiendo que ella se mostrara con mayor confianza.

─Has estado mirando alrededor de la cafetería como si esperaras que la inspiración se te apareciera y te invitara un café.

Él no pudo evitar reír nervioso, no con el temor de saberse descubierto por la mujer que él consideraba como la inspiración necesaria para ir a las cinco de la tarde al mismo café, sólo para poder verla y tratar de conocer un poco sobre la dulce mesera que servía café.

─Lo dudo ─Respondió él, armándose del valor que su otro yo (aquel de otro universo) poseería, respondió─. Te tengo a ti para invitarme un café.

La sonrisa en la pelirroja pareció borrarse un segundo, segundo que bastó a Takaishi replantearse cuán descuidado e idiota podría llegar a ser, mas ver a la mesera sonrojarse y acomodarse la flor en su cabello, pudo entrever una luz al final del túnel.

─Podrías escribir sobre la mesera que sirve café, quizá ─Sugirió ella, haciéndole a él sonreír.

─Podría, sí ─Respondió, volviendo a encontrarse con la sonrisa dulce de la mujer─. ¿Y si me cuentas un poco sobre ella?

La dulce mesera del café se llamaba Sora Takenouchi, Takeru lo sabía pues había preguntado su nombre y su turno para poder ir sólo cuando ella se encontraba. Buena jugada pensó las primeras semanas, pero cuando la mirada de la morena dejó de identificarlo como un cliente más para darle un rostro, un nombre y un saludo en particular, Takeru debió inventar una mejor excusa para ir siempre a las cinco de la tarde.

Desde pequeño soñaba con ser escritor, después de todo, solía transformar aburridos días en brillantes aventuras que relataba a su hermano mayor cuando iba de visita a su casa por temporadas y días que el juzgado y sus padres, habían llegado a un acuerdo.

Ir a la cafetería donde Sora atendía con la idea de fingir ser un escritor que buscaba inspiración parecía ser una buena excusa y a medida que las horas pasaban, las primeras palabras fueron tecleadas.

Lucía triste. La dulce mesera, lucía triste.

─¿Por qué lo crees? ─Preguntó Sora cuando leyó la primera línea y consiguió que el joven e inexperto escritor sucumbiera a un bochorno inigualable.

─No lo sé ─Tartamudeó él. Ella no pareció muy convencida─. Ella sonríe, pero esa sonrisa no llega a los ojos.

Sora, al oírlo, pareció meditar sus palabras y finalmente exhaló un suspiro. Takeru creyó que gran parte de esa farsa que ella representaba, fue cayendo de a poco. Ella lo miró con sinceridad y una sonrisa agotada afloró en sus labios.

─¿Tienes tiempo después de las ocho?

Por supuesto que lo tenía, pero claro, él no respondió de ese modo tan ansioso. Su otro yo de otro universo no lo habría hecho.

Cuando el local cerró sus puertas con Sora y Takeru plantados sobre la acera nevada de un jueves nocturno, el joven escritor se imaginó tantos escenarios de sus posibles universos; en muchos de ellos, él abrazaba a la chica por los hombros y decía palabras coquetas que la hicieran sentirse deseada; en otros, tomaba su mano con dulzura y lograba que los cobrizos ojos de la mesera se posaran sobre los suyos con cariño.

Pero en lugar de eso, él abrió su paraguas para impedir que la nieve la tocara, como si un precioso e invaluable obsequio se tratara. Ella le dedicó una sonrisa divertida y caminaron hasta un parque cercano al departamento de la joven.

La noche avanzó sobre ambos y la nieve pareció abandonarlos paulatinamente, entonces fueron uno con el manto oscuro. Esa noche, Sora Takenouchi desfibró a la mujer que llevaba dentro, a la dolosa que soportaba una historia de pérdida y despedidas agrias que despertaron lágrimas en sus ojos.

─Lo siento… ─Susurró Sora intentando ocultar el hecho de que su nariz era un faro rojizo entre tanta blancura a su alrededor─. No quería contarte todo esto…

─Yo no quería que recordaras cosas dolorosas. Soy yo quien lo siente ─Dijo en respuesta el joven escritor, pero ella negó.

─Cada día, cada hora, cada minuto lo recuerdo. ─Y esa noche, no supo lo que le dolió más a Takeru: el ver tanta tristeza en su amada y dulce mesera o ver que, por más tiempo que pase, su corazón siempre pertenecerá al que alguna vez ella llamó Amor Mío.

Takeru sonrió, ocultando su dolor e ignorando todo lo que en su corazón palpitaba, abrazó a la que nunca le correspondería y la consoló como si sólo existiese para ello: para acallar su dolor, para brindarle algo más.

Algo que, en realidad, no podría dárselo.

Takeru levantó la vista al cielo y vio a la Luna contrastando en el oscuro cielo.

─¿Te he contado de la vez en que la Luna bajó del cielo nocturno y él fue a buscarla?

Ella negó, por supuesto.


Notas de la Autora:

¡Feliz Año nuevo a todos! :3

Seguimos con el drama, cumpliendo los requisitos que mi querida amiga navideña, Jacque, deseaba. Un sokeru cargado de drama y un amo no correspondido.

Lo que Takeru dice en su última línea es un pequeño guiño al último capítulo que vendrá a continuación, espérenlo ;D

Muchas gracias por leerme, sólo espero que haya sido de su agrado :3 Principalmente para ti, Jacque *3*

¡Hasta el siguiente y último capítulo!