Capítulo II
Tu habitación
Albert sonreía y no dejaba de admirar el cuadro junto a Archie conversaba frente a este…
-Archie conoces a todos en los medios, esta chica… tengo que encontrarla, así sea por cielo por mar o por tierra pero quiero que la encuentren, no me importa si es casada, o si tienen novio, solo quiero conocerla, mira esa mirada, como es posible que exista un ángel tan bello
- Lo que me parece increíble Albert, es que no tenga firma de quien la pinto, definitivamente es un imposible, si es el cuadro más bello, ¿Por qué no le preguntaste a la dama que te la vendió?
- Ella vendrá pronto a recoger el dinero, tiene mi dirección.
- ¿La pondrás en el salón?
- No lo sé todavía, ella está muy metida en mi corazón, no la quito de mi mente, me ha hechizado por completo, nunca me sentí así en la vida, es como si escuchara sus latidos y como si ella me escuchara todo lo que digo.
- La verdad Albert no te había visto enamorado nunca y mira que enamorarte de una pintura, eso debiste dejármelo a mí.
Albert la veía y suspiraba, Archie tomo unas fotos a la pintura para investigar a la modelo. Albert sonreía y acercándose al cuadro le dijo
- No sabes cuánto te quiero. Candy se ruborizo y Albert al volver a verla se sorprendió pues había en su rostro una tinta roja y de inmediato la luz bajo
- Mi bella princesa, esta luz te hace daño, que tu cara se está enrojeciendo y cubriéndole con su saco, Candy se fue sorprendiendo, Albert miraba la pintura y vio la cara moverse al quitar la sonrisa y su rostro sorprenderse.
- ¡Santo Dios princesa! que te sueño tanto, siento que tu rostro se mueve en el retrato, como quisiera abrazarte y decirte lo que siento, que supieras que siempre estarás en mi pensamiento.
Albert tomo la pintura y la oculto de la luz, se la llevo consigo, entro a su habitación, bajo las luces con un aplauso y Candy sonrió, pensando que era un mago pues el tono de la luz bajo.
- Mi bella princesa, juro que te encontrare y si no lo hago de ti jamás, jamás me separare. Sonriente Albert se quito el saco, se quito la corbata y Candy en el retrato su sonrisa borro y sus ojos muy grandes abrió, viendo que Albert poco a poco se desnudo.
Albert sonriente volteo y entraba al baño Candy de colores cambio apretando sus ojos su corazón se aceleró, no era posible que ella a un hombre casi desnudo vio.
Albert sonreía saliendo del baño con una toalla en la cintura, tomo la pintura por los costados y se puso a bailar con ella, estaba perdidamente enamorado y sonreía solo giraba con cuadro y Candy sonreía divertida por lo Albert hacía.
- Oh princesa usted tan elegante y yo solo en estas fachas. Haciendo chasquidos con la boca se negaba a verse así frente a ella, de inmediato quitó su toalla y vio como en la pintura Candy cambio, el estaba atónito la pintura lo miraba y él se avergonzaba, de inmediato tomo la toalla y se cubrió diciendo - Perdóname cariño que no sabía que me estabas viendo. Candy notó que ya la había descubierto, ella sonrió de nuevo y vio sus ojos con ternura, pues el joven era un caballero.
Se fue a cambiar y se coloco ropa que combinara con ella, después le dijo
- Como he de vestirme para que combine que mi princesa y ella dio un giro en la pintura y cambio a un vestido más sencillo, Albert estaba sonriendo y agregó - Mi hermosa dama está viva y dentro de aquí, dime que deseas que haga para sacarte de ahí.
Ella se apeno y bajo la cabeza. Este noto que la estaba avergonzando sonrió satisfecho y le comentó
- Acércate que voy a decirte un secreto, cierra tus bellos ojos para que no me veas ella sorprendida por lo que estaba haciendo obedecía con mucha curiosidad y cuando ella se acercó y cerró sus ojos Albert sonriendo sus labios acercó a besar y sintiéndose correspondido el cerró los ojos igual.
Sin darse cuenta ambos el cuadro se empezó a transformar y Albert con ese beso rompía el hechizo abrió los ojos al sentir sus pequeños brazos en su cuello y el sin poder creerlo, tomo la cintura de Candy uniéndose más a ella, después de unos minutos ambos estaban de frente.
-Dígame princesa que es lo que desea que seré su humilde esclavo con tan divina belleza. Candy sonrió apenada y le respondió
- Discúlpame lo siento tanto… soy una hechicera tonta que se hechizo a sí misma.
- Entonces no me ha hechizado usted a mí, porque tenga por seguro que no la alejare jamás de mi lado.
- Aún sabiendo que soy hechicera me dejaras cerca de ti.
- Por supuesto con mayor razón, usted sin haber hecho nada se robo mi corazón.
Candy sonrió y Albert la tomo estrechándola con él, ella se refugió en su pecho y se sentía bien, se olvido de todo y el hizo lo mismo con una sonrisa en su labios ahora ella estaba en su habitación y con todo gusto se ganaría también su corazón.
En la casa de los Wytte llegaban los primos de Candy, y Tom Wytte hijo del hermano menor de Tom Wytte el padre de Candy. Lanzó el hechizo de saludo oficial, haciendo que todos los de esta casa aparecieran en ese momento.
Candy que estaba muy lejos sintió el hechizo y de los brazos de Albert desapareció sin aviso. Albert molestó porque ella estaba en sus brazos, salió corriendo para buscar a su dama, ahora sabía dos cosas más que era hechicera y que sus besos correspondía, con ese motivo salía de su mansión tomaba un auto después un avión y por horas que se hicieron eternas el viajó.
