The Loud House y los personajes representados son propiedad intelectual de sus respectivos autores.
Historia original de Samtastic 3.0
Traducida y adaptada por mí.
P. D.: Una vez que hayan terminado de leer, les hago la más atenta invitación para que dejen su review, ya que soy alguien que busca mejorar en base a la retroalimentación. De antemano, si quieren pueden hacer lo mismo con las demás historias que tengo en mi perfil.
CAPÍTULO II
Ace Savvy y su compañero, Jack Un-Ojo, estaban parados frente a una casa. Era una bonita casa de dos pisos... que estaba actualmente en llamas, con los propietarios atrapados en el interior, debido a las tablas en todas las ventanas.
‒ ¡Nunca te saldrás con la tuya, Incendiario Loco! ‒ exclamó Savvy, mirando al villano frente a él, un hombre alto y bien formado con un traje de bombero quemado, con un lanzallamas en la espalda y una máscara de gas cubriendo su rostro.
El Incendiario Loco se rió a carcajadas
‒ ¡De hecho, ya lo hice! Esta familia no tiene ninguna posibilidad. ¡Y ahora, están obteniendo lo que se merecen!
‒ ¿Por qué? ‒ exclamó Jack Un-Ojo desesperado, agarrándose la pierna, que tenía quemaduras de tercer grado.
‒ Porque se volvieron contra mí ‒ gruñó el pirómano, mientras miraba... a la casa de los Loud. La señora Loud estaba tratando desesperadamente de romper el tablas de una de las ventanas de arriba, sin ningún efecto. Mirando a la mujer, se giró hacia Ace y disparó su lanzallamas contra los héroes. Aunque Ace saltó a un lado, Jack tristemente fue un segundo demasiado tarde, quemando la mitad izquierda de su torso en el proceso.
‒ ¿A qué te refieres con eso? ‒ gritó, corriendo para ayudar a su amigo ‒ ¿Por qué se volvieron contra ti? ¿Quién eres?
En ese momento, el Incendiario Loco se quitó la máscara y reveló su cara siniestra:
‒ El nombre es Loud, Lincoln Loud.
Los ojos de Lincoln se abrieron de golpe y casi se disparó y gritó... si no fuera por un brazo alrededor de su torso y una mano sujeta sobre su boca.
‒ Sssssssssh. Tranquilo... todo está bien. ‒ dijo una voz tranquilizadora, mientras era abrazado.
Mirando hacia un lado, Lincoln vio que estaba en los brazos de Luna.
Hubo un tiempo en que les pedía a sus padres dormir junto con ellos, o incluso se lo pedía a sus hermanas mayores, cada vez que tenía un mal sueño; todo cambió cuando tuvo que asumir el cargo de hermano mayor, y desde que tiene memoria siempre tuvo una actitud condescendiente con sus hermanitas al permitirles lo mismo.
En un principio, el chico se extrañó al verse aislado junto a su hermana musical, y en su misma habitación. Se habría sentido algo confundido y un poco incómodo al ver que uno de los mayores tomaba la iniciativa de estar con él en busca de autoprotección... y fue entonces que recordó los acontecimientos que ocurrieron antes de que llegara la hora de dormir.
Después de que sus hermanas lograron calmarlo antes, Lincoln les dijo que estaría bien esta noche... pero ellas no le creyeron. Debido a su estrecho vínculo entre hermanos, Luna dijo que se quedaría con él toda la noche. Trató de rechazar educadamente su oferta, aunque ella afirmó que no estaba proponiéndoselo; su pequeño hermano estaba claramente descompuesto y necesitaba consuelo. Cuando él señaló el hecho de que ella tenía que levantarse temprano para ir a la escuela, Luna solo dijo que Luan iría a despertarla.
Por lo tanto, unos minutos más tarde, Luna entró en su habitación en su pijama y se metió en la cama con su hermano. Ella lo envolvió en sus brazos alrededor de él en un abrazo, y después de decirle que lo amaba y que todo estaría bien, ella se quedó completamente dormida.
A Lincoln le había tomado unos minutos antes de que finalmente estuviera lo suficientemente calmado como para quedarse dormido. Pero, por supuesto, la tranquilidad en sus sueños no iba durar mucho.
‒ ¿Otra pesadilla con el incendio? ‒ preguntó Luna, manteniendo su tono de voz bajo y acariciando su cabeza.
‒ Sí ‒ murmuró Lincoln, mientras él tiraba de su brazo más fuerte sobre él, como si temiera que ella desapareciera.
‒ Descuida. Todo va a estar bien. ‒ dijo Luna, apretando su abrazo. ‒ Quien haya iniciado el fuego lo hizo en la parte posterior de la escuela durante el almuerzo. Eso significa que probablemente fue hecho como una "broma" cruel, sin intención de lastimar a nadie.
‒ Pero aún así, la gente pudo haber sido lastimada ‒ suspiró Lincoln ‒ Incluso si el fuego fue un accidente.
‒ Hermano ‒ dijo Luna, aun manteniendo a raya a su hermanito ‒ Un incendio como ese no se inicia por accidente. Además, dijeron que encontraron lo que ocasionó el fuego. Eso significa que tuvo que ser provocado. Sé que probablemente no quieras pensar que uno de tus compañeros de escuela sea capaz de algo tan malo, pero lamentablemente uno de ellos sí lo es. Algunas personas no son quienes crees que son.
Al escuchar esto, Lincoln se sintió mareado. Su hermana más cercana estaba HABLANDO con la misma persona a la que estaba riñendo, pero ella no lo sabía. Eso hizo que Lincoln se sintiera aún más horrible de lo que ya lo hizo.
‒ Sí, lo sé ‒ murmuró, mientras cerraba los ojos e intentaba volver a dormir.
Luna frunció el ceño, preocupada por su hermano. Tal vez no lo conocía con mucha profundidad, pero era el familiar con quien compartía mayor tiempo de calidad y el tener que ver a su querido hermanito perder toda su energía conspicua, ocasionado por un tétrico suceso, era una visión que no estaba dispuesta a aceptar.
Por poco suelta una lágrima, hasta que recordó un detalle que casi deja de lado.
Su tramoyista, Chunk, tenía una prima que era terapeuta, y dijo que estaba muy bien informado sobre el trastorno de estrés postraumático, que es claramente con lo que Lincoln estaba tratando. Mientras se quedaba dormida, pensó que no sería una mala idea llamar a la dama, por si las dudas.
Lincoln no durmió más esa noche. Estaba demasiado preocupado por las pesadillas que probablemente tendría si lo intentaba. Por lo tanto, se quedó quieto toda la noche, escuchando la respiración ligera de su hermana. Lo extraño era que, para ser honesto, no era tan difícil para Lincoln mantenerse despierto; Estaba cansado, pero no podía quedarse dormido.
Finalmente, a las 6:45, Lincoln oyó crujir la puerta lentamente. Cerró los ojos cuando Luan se acercó y sacudió el hombro de Luna, diciéndole que era hora de levantarse. Su hermana se despertó lentamente e intentó tener cuidado de no despertarlo cuando se levantó de la cama.
Después de levantarse, los dos se miraron antes de mirar a Lincoln.
Luna se acercó y le acarició la cabeza mientras murmuraba:
‒ Espero que se sienta mejor. Odio verlo así.
‒ Te entiendo ‒ asintió Luan, acariciando el brazo de su hermano ‒ ¿Tuvo pesadillas anoche?
‒ Solo una ‒ admitió Luna ‒ Pude calmarlo antes de que enloqueciera y despertara a todos en la casa. Afortunadamente, creo que fue sólo eso. No se despertó en otro momento.
‒ Eso está bien ‒ murmuró Luan ‒ Vamos, tenemos que prepararnos para la escuela.
Ante eso, las dos se dirigieron, no sin antes de que Luna se detuviera un momento más para inclinarse sobre su (supuestamente) dormido hermano y que le diera un beso en la frente:
‒ Te quiero mucho, hermanito. ‒ susurró Luna.
Lincoln, que había escuchado todo, no pudo evitar sentirse conmovido por la preocupación de sus hermanas por él. Se sentía tan bien, sabiendo que les importaba.
‒ También te quiero, hermanita ‒ murmuró pacíficamente... solo para congelarse internamente al darse cuenta de que acababa de darles un indicio de que estaba despierto.
Pensando rápidamente, Lincoln abrió lentamente los ojos, parpadeó un par de veces para que pareciera que acababa de despertarse.
‒ ¿Estás despierto, hermano?" Preguntó Luna, algo escéptica.
‒ Sí ‒ dijo él, emitiendo consigo un falso bostezo ‒ Estaba un poco dormido y luego oí que se abría la puerta.
‒ ¡Cielos! Perdón por despertarte, Lincoln. ‒ se disculpó Luan ‒ solo vine a buscar a Luna.
‒ No, no te preocupes. Sé que no fue tu intención hacerlo. ‒ aseguró el chico.
‒ Bueno, aún así creo que deberías dormir un poco más, hermano. ‒ dijo Luna, adoptando un tono de voz flexible ‒ Después de todo, no tienes escuela, y parece que podrías usar algunas zetas extra.
‒ Gracias ‒ dijo Lincoln, levantándose de su cama ‒ Pero ahora que estoy despierto, estoy un poco hambriento.
Esto sí que era algo inusual. Uno pensaría que, en un día en donde no hubiera escuela, Lincoln aceptaría con gusto el privilegio de permanecer más tiempo acostado. Sin embargo, ambas hermanas no decidieron objetar la prematura decisión de su hermano cuando se vieron las caras, por lo que se voltearon a verlo de nuevo con unas leves sonrisas.
Luan levemente encogió los hombros mientras decía:
‒ Bueno, en ese caso... Hay que desayunar.
Acto seguido, la bromista procedió a salir de la habitación junto con sus hermanos.
Los tres bajaron las escaleras, donde estaban el resto de las hermanas mayores. Lori estaba haciendo una taza de café (cosa que Lincoln, recordando sus intentos de actuar como "adulto" para llegar a la mesa de los adultos, se estremeció al ver, preguntándose cómo podía alguien ignorar ese amargo sabor), Leni estaba esperando que la tostadora le diera los gofres que ella puso en ella, y Lynn estaba comiendo un coctel de frutas y un muffin de salvado.
‒ Buenos días ‒ dijo Lori, dirigiendo su saludo a los recién llegados... para luego alzar las cejas en señal de asombro cuando vio a su hermano ‒ Linc, ¿qué estás haciendo levantado? No tienes escuela.
‒ Me desperté cuando Luan vino a buscar a Luna, y me sentía algo hambriento ‒ Lincoln se encogió de hombros, caminando hacia la alacena para obtener un poco de cereal.
Las hermanas mayores compartieron una mirada consternada. Los fines de semana, Lincoln no estaba despierto hasta que una de ellas (o algunas veces sus padres) lo sacaba de la cama alrededor de las once de la mañana. Por lo que, el hecho de que se levantara tan temprano en un día en que SABÍA que podía dormir más... bueno, les preocupaba un poco.
Pero antes de que alguien pudiera decir algo, Lana y Lola entraron, ambas luciendo excepcionalmente cansadas.
‒ ¿Por qué me despertaste? ‒ Le gruñó Lola a su gemela, mientras tomaba un tazón y se colocaba detrás de su hermano, quien le tendió la caja de cereal ‒ No tenemos que despertar temprano.
‒ Lo siento ‒ se disculpó Lana, pareciendo menos cansada que su gemela ‒ Olvidé que no teníamos escuela, y cuando es una noche de escuela, simplemente pongo la alarma... ya sabes, la fuerza del hábito.
‒ Como sea ‒ refunfuñó Lola ‒ voy a comer algo, luego me voy a volver a dormir. Necesito mi descanso de belleza.
Lana puso los ojos en blanco, pero no dijo nada más. Después de eso, los hermanos Loud se sentaron en la mesa de adultos mientras comían su desayuno.
Mientras comían, las hermanas no dejaban de mirar a Lincoln, cosa que él notó. Sabía que todas aún estaban preocupadas por él. Pensó que tenía que hacer algo para que dejaran de preocuparse por él; después de todo, lo miraban como ojos de halcones, y con lo estresado que estaba, estaba seguro de que lo notarían tarde o temprano.
‒ Entonces ‒ habló por fin, volviéndose hacia las gemelas ‒ ¿Cómo están ustedes dos esta mañana?
‒ Estamos bien ‒ respondieron al unísono. Cada una de ellas (salvo quizás Leni) sabía que Lincoln estaba tratando de desviar el enfoque de sí mismo, y que las gemelas no lo estaban observando de la misma manera.
‒ ¿Cómo estás, Lincoln? ‒ preguntó Lola ‒ Te comportabas bastante extraño ayer.
‒ Sí ‒ agregó Lana. ‒ Ese fuego realmente te alteró.
‒ Claramente, te aterró más a todas nosotras.
Lincoln saltó casi un metro cuando giró y vio a Lucy, que sostenía un plato con una tostada con mantequilla quemada, justo detrás de él. Como de costumbre, ni él ni ninguna de las otras hermanas la habían notado.
Tranquilizándose, Lincoln habló:
‒ Bueno, sí. Quiero decir, nuestra escuela se incendió ayer. Fue aterrador. Me sorprende que ustedes tres no estén más alteradas al respecto.
‒ ¿Por qué lo estaríamos? ‒ preguntó Lana ‒ Quiero decir, sí, fue un gran incendio, pero no fue tan peligroso para ninguna de nosotras.
‒ Aún así, quemó casi la mitad de la escuela ‒ argumentó Lincoln. En ese momento, el Sr. y la Sra. Loud, ambos vestidos para el trabajo, entraron. No dijeron nada mientras escuchaban la conversación de sus hijos.
‒ Pero comenzó en la parte de atrás ‒ respondió Lola. ‒ Mientras que casi todos estaban en la primera mitad, así tuvimos mucho tiempo para salir.
‒ Está claro que cualquiera que haya sido la mente retorcida que cometió tal atrocidad fue claramente por daño a la propiedad, no al cuerpo estudiantil ‒ dijo Lucy, comiendo su desayuno.
‒ Bueno, aún así pudieron haber problemas. ‒ argumentó Lincoln. ‒ Imagínense si la alarma contra incendios no se hubiese activado cuando ocurrió. Entonces pudo haber habido incluso más daños, y alguien pudo haber sido herido de verdad.
‒ Pero la alarma contra incendios FUE activada, hermano ‒ dijo Luna. ‒ Así que realmente no hay razón para estar tan alterado.
‒ Si. Están más devastado que alguien que acaba de perder el gran juego ‒ dijo Lynn. ‒ Solo déjalo.
‒ Vamos, Linc ‒ habló Luan ‒ Deja de sentirse tan angustiado. Después de todo, eres el fuego que ilumina nuestra casa.
Ella se rió entre dientes, solo para apenarse ante las miradas que sus hermanas le enviaban.
‒ Sí ‒ asintió Leni. ‒ Lucy y las gemelas no están preocupadas por eso, así que realmente no hay razón para que lo estés, Linky. Fue un mal fuego, pero ya terminó.
‒ Estoy de acuerdo. ‒ dijo Lisa. ‒ Aunque el fuego fue terrible, tú y tus compañeros no corrieron peligro inmediato, por lo que realmente no hay razón para que tus niveles de estrés estén tan altos. No es saludable.
‒ Sí ‒ Lori se encogió de hombros ‒ No deberías estar preocupado por algo que ya pasó, tonto, pero parece que estás haciendo un gran escándalo por nada. Quiero decir, el fuego, obviamente, no fue nada, pero estás actuando como si fuera mucho peor de lo que fue.
‒ ¡SI! ¡PERO ES POR QUE USTEDES NO TUVIERON QUE CORRER ENTRE LAS LLAMAS! ¡ASÍ QUE, POR SUPUESTO, NO ENTIENDEN POR LO QUE ESTOY PASANDO! ‒ exclamó un Lincoln sumamente harto, agitando los brazos de manera descontrolada en el acto, y soltando algunas lágrimas de sus ojos mientras lo hacía.
Mientras que un encolerizado Lincoln les lanzaba una mirada furiosa y húmeda, t oda su familia lo miró en estado de shock, sorprendida por su arrebato.
‒ Hijo... ‒ su padre dio un paso adelante y puso una mano en su hombro. ‒ ¿Qué quieres decir? ¿No estabas en la cafetería con el resto de tu clase?
A medida que su molestia hacia sus hermanas disminuía lentamente, Lincoln lentamente recobró el sentido y se dio cuenta de lo que acababa de decir.
Fue en ese momento en que se dio cuenta de que sus hermanas y padres lo miraban preocupados. Ahora, más que nunca, él sabía que simplemente ya no podía dejarlos más en la oscuridad.
‒ Yo... yo...
Lincoln vaciló por un momento. Sabía que si confesaba lo sucedido podría enfrentarse a algo mucho peor que un incendio; sin embargo, aún estaba consciente de que su familia se preocupaba por él, y sabía con certeza que si alguien de la casa Loud tenía algún problema, por más pequeño que fuese, éste no pasará desapercibido por todos los demás.
Suspirando derrotado, Lincoln no tuvo otra elección que darse a entender:
‒ Yo... estaba haciendo un mandado para la Sra. J... Johnson. Estaba en la oficina del profesor de ciencias, el cual... el cual está al lado del laboratorio de ciencias.
Ante esto, el chico de cabello blanco se tomó un momento para recuperar el aliento y limpiarse los ojos, tratando de no romper a llorar.
Nadie dijo nada. El Sr. y la Sra. Loud se miraron con gran preocupación, y las hermanas de repente se sintieron horriblemente culpables por sacudir el estrés de su hermano.
De la misma manera, nadie dijo nada cuando todos se reunieron alrededor de Lincoln en un abrazo grupal, sosteniéndolo con fuerza.
Así, después de unos minutos reconfortantes, la señora Loud habló:
‒ Muy bien... atención, todo el mundo. Todas deberán estar listas en diez minutos. ‒ Se volvió hacia su esposo ‒ Cariño, tendrás que llevar a las chicas a donde deben ir: las mayores a sus escuelas, Lisa a su conferencia en la universidad y las más jóvenes a la guardería con Lily.
A pesar del pensamiento pueril de la guardería, ninguna de las hermanas más jóvenes se quejó. Ya que tenían la sensación de por qué no se quedarían en casa.
‒ Voy a reportar mi ausencia al trabajo ‒ continuó Rita ‒ Para así llevar a Lincoln a un terapeuta.
Tras escuchar esto, Luna inmediatamente le pidió a su madre que esperara mientras partía de la habitación y volvía tan rápido como pudo.
‒ Ten, mamá ‒ dijo Luna, entregándole a su madre una tarjeta ‒ Esta es la prima de Chunk, Sylvia. Ella trata principalmente con todos los niveles de estrés. Sólo dile que Chunk te envió.
‒ Gracias, Luna ‒ asintió su madre, mientras todas las hermanas salían de la habitación, echando miradas de simpatía a su hermano mientras lo hacían.
Para cuando todos se fueron de la residencia, Lincoln quedó en manos de su madre por un momento más, antes de que ella lo llamara:
‒ Bueno, Lincoln, ve a vestirte ‒ ordenó ‒ Voy a llamar a esta señora Sylvia y ver si puedo llevarte a verla.
‒ Oye, no tienes... ‒ comenzó Lincoln, pero fue interrumpido.
‒ Lincoln, claramente estás dejando que el estrés de esto te afecte ‒ dijo Rita ‒ Necesitas hablar con alguien.
‒ Hay 12 personas con las que puedo hablar solo en esta casa ‒ murmuró Lincoln ‒ sin mencionar a todos mis amigos.
‒ Eso puede ser cierto ‒ asintió Rita ‒ Pero creo que en algo como esto, debes hablar con un PROFESIONAL. Ahora, vístete y enlístate para partir, por favor.
Lincoln quería discutir, pero sabía que no tenía sentido. Mientras caminaba hacia su habitación, lo único que no dejaba de preguntarse era con cómo sería la cita. ¿Acaso se rompería de nuevo? ¿Sería capaz de morderle la cabeza de la mujer por presionarlo demasiado? ¿O tendría un desliz de la lengua y accidentalmente confesaría que él comenzó el fuego?
‒ Lo dije antes y lo diré de nuevo ‒ murmuró ‒ Estoy perdido.
Media hora más tarde, Lincoln y su madre entraron en un edificio que estaba justo al final de la misma calle en la estaba su oficina. El edificio era la oficina de terapeutas donde trabajaba la prima de Chunk. Al llamarla y mencionar el nombre de Chunk, Sylvia en realidad dijo que solo tenía un cliente programado para el día, y que no volvería hasta después de la una de la tarde, pero también dijo que para su primo, siempre haría una excepción.
Por lo tanto, cuando entraron, oyeron que alguien entraba detrás de ellos. Cuando esta persona se volvió, vieron a una mujer que parecía tener más de 30 años. Tenía un cabello marrón lacio envuelto en una cola de caballo, y su vestimenta consistía de la habitual bata de laboratorio medio abotonada, junto con una blusa rosada, unos jeans y unas zapatillas blancas.
La señora, al ver que ya tenía su visita programada ante ella, simplemente les pidió que la acompañaran y así comenzar la consulta.
‒ ¿Ustedes son los Louds? ‒ preguntó ella, y Lincoln pudo escuchar el ligero acento británico en su voz.
‒ Sí ‒ asintió la señora Loud ‒ Este es mi hijo Lincoln. Asiste a la escuela primaria Royal Woods, la escuela que se incendió el día de ayer.
‒ Ah, sí ‒ asintió Sylvia, mientras los tres se aproximaban a su oficina. ‒ Me enteré de eso. Bueno... es un milagro que nadie haya sido herido. Tan sólo espero que atrapen tan pronto a ese incendiario que lo inició. Me asusta pensar que alguien así ande suelto, y asusta aún más pensar que es un menor de edad.
Cuando entraron en su oficina, con Rita quedándose afuera de esta y besándole en la mejilla, y diciéndole que estaría afuera en la sala de espera, Lincoln sintió que su terror volvía. No era un niño revoltoso que intentó incendiar su escuela, pero mentía al no admitir lo que realmente hizo.
Cuando Sylvia se sentó en su silla y agarró su bolígrafo y su cuaderno, Lincoln se subió al sofá, sintiéndose cada vez más nervioso. ¿Qué podría decir al respecto? Técnicamente, si no quería arruinar su vida, tenía que MENTIRLE a esa mujer, una persona entrenada para percatarse de cosas pequeñas que la gente hacía para contar cómo estaban pensando.
‒ Una vez más, estoy tan jodido ‒ murmuró para sí mismo, mientras Sylvia anunciaba que estaba lista para comenzar cada vez que él estaba.
Después de otra media hora, se abrió la puerta de la oficina de Sylvia. De ella, salía un Lincoln salió todo aturdido.
La señora Loud, que estaba bajando el teléfono con inquietud por el texto que acababa de recibir, miró a su hijo mientras se acercaba a ella.
‒ Hijo, ¿estás bien? ‒ preguntó ella.
Lincoln abrió la boca para responderle, pero por más que lo intentó no salieron las palabras. Por lo que, Sylvia aprovechó este momento para llevar a la Sra. Loud a un lado.
‒ Sra. Loud, su hijo está lidiando claramente con un severo trastorno de estrés postraumático debido a que tuvo que correr entre las llamas en ese pasillo. Le sugiero que lo lleve a su casa, lo ponga en un ambiente tranquilo, y no traiga a colación ese asunto del fuego. Es claramente muy insoportable para él hablar de eso. Apenas conseguí más de 5 palabras del niño antes de que se echara a llorar. Luego, cuando se sentó, él trató de no volver a colapsar.
‒ Ya veo ‒ dijo nerviosamente Rita ‒ Entiendo lo que dice, y tiene buen sentido, pero... ¿no cree que puede haber un pequeño problema al no volver a mencionar el incidente? Es que tendrá que volver a clases dentro de cinco días y... puede se tope con alguien de sus amigos que pueda recordarle eso.
Sylvia, al no tomar en cuenta esa posibilidad anteriormente, simplemente se limitó a encogerse de hombros y decir:
‒ Creo que eso posible. Solo manténgalo ocupado en casa por un tiempo, de esta forma no tendrá que preocuparse por la escuela y acordarse del daño.
‒ Perfecto ‒ dijo la señora Loud, pasando a un estado satisfecho... el cual no duró tanto cuando se escuchó el sonido de neumáticos chirriantes.
Los tres miraron hacia la puerta principal, donde había un par de camionetas estacionadas afuera.
‒ Oh, diablos ‒ murmuró Rita, agarró a su hijo y lo alejó de las puertas, luego se volvió hacia Sylvia y le preguntó: ‒ ¿Cuánto le debo?
‒ Oiga, no se preocupe, cualquier amigo de la familia es libre de venir aquí ‒ respondió Sylvia, mirando más allá de Rita, afuera de las puertas, donde varias personas con cámaras estaban paradas esperando a que alguien se apareciera en las puertas.
‒ Gracias ‒ asintió la señora Loud, para posteriormente dirigir la conversación para un detalle imperante. ‒ ¿Este lugar tiene una puerta trasera?
‒ Lamentablemente no ‒ dijo Sylvia ‒ La única salida alterna es la salida de emergencia, y la alarma suena si sales por esa ruta.
‒ ¡Diablos! ‒ murmuró de nuevo ‒ Gracias de nuevo por su ayuda.
Ante eso, agarró a Lincoln por los hombros y comenzó a encaminarlo hacia la puerta de entrada, susurrando:
‒ Una de las amigas de Leni le preguntó cómo se encontraban tú y tus hermanas después de lo de ayer, y de alguna manera eso la llevó a contarle a mucha gente que estuviste EN el fuego. Y aparentemente, uno de esos niños tiene a un presentador de noticias como su padre.
Fue así que los ojos de Lincoln se abrieron de par en par.
‒ ¿Cómo nos encontraron?
‒ Aparentemente, Leni le preguntó a Luna cuál era el nombre de la prima de Chunk, y Luna simplemente le contestó sin tener cuidado ‒ dijo Rita, deteniéndose en la puerta ‒ Así que prepárate, cariño. Y no te preocupes, yo estaré a tu lado, ¿está bien?
Acto seguido, el chico no tuvo de otra que asentir y enfrentarse a lo que tenía en frente.
Lincoln no podía estar más presionado. El sólo hecho de haber padecido algo que probablemente le traería problemas a su estabilidad social, si es que se atrevía a confesarlo, era algo que aumentaba su culpa.
Ahora, más que nada, sentía que todo el universo estaba en su contra, pues no sólo la conciencia lo carcomía sobre si debía confesar o no, sino no tuvo en cuenta de que, tarde o temprano, este asunto se les escaparía de las manos hasta el punto de llegar a oídos públicos.
Ya había rutas alternas. Al abrirse la puerta, al menos media docena de micrófonos aterrizaron en a la cara de Lincoln, y siendo bombardeado con miles de preguntas ante un tema en común.
‒ Niño, ¿viste quién comenzó el fuego?
‒ ¿Fue un estudiante o un maestro?
‒ ¿Han sido revisados por inhalación de humo?
‒ ¿Crees que el pirómano recién está comenzando?
‒ Vamos, chico, cuéntanos lo que viste.
‒ ¿Te están amenazando si revelas su nombre?
Lincoln sintió que le daba vueltas la cabeza. No podía concentrarse con todas estas personas a su alrededor. Pero si quería sentirse librado de este alboroto necesitaría enfocarse en decirle lo que él sabía... hasta que tuvo que descartar dicha acción; fue que en esos momentos que pudo vislumbrar la probable situación en la que sus hermanas se vieran enfadadas con él, o incluso más indignadas que aquella vez que publicó videos vergonzosos de ellas en línea, azotándole la puerta principal de la casa en su cara, antes de que lo esposasen y lo arrojaran en la parte trasera de un automóvil policial.
‒ ¡Cariño!
Lincoln regresó a la realidad en un instante cuando sintió la mano de su madre sobre su hombro. Él la miró y se dio cuenta de que él estaba empezando a llorar otra vez.
La forma en que toda la comunidad de Royal Woods estaba reprochando el suceso del incendio como algo intencional ya era incómoda para él, pero el hecho de que su familia probablemente pudiera desconocerlo por eso ya era aterrador. No quería dejar de sentir el cariño de su familia... simplemente no podría soportar dicho escenario.
Aún así, al mirar de nuevo hacia los reporteros, se tuvo que enfrentar de una vez por todas a, por antonomasia, lo más desagradable para su persona: confesar.
‒ Yo... Yo...
De por sí, no tenía idea de qué decir. Pero él sabía que tenía que decir algo tarde o temprano.
‒ Yo... lo hice.
Nadie dijo nada, todos los reporteros lo miraron fijamente, puesto que no supieron lo que quiso decir con ello.
Por su parte, Lincoln estaba seguro de que todos sus amigos verían esto cuando llegaran a casa. O hasta incluso, probablemente recibirían alertas en sus teléfonos y lo verían en vivo durante el almuerzo. Cada vez que sentía lo que ya se tenía previsto, estaba seguro de que su vida se habría terminado.
‒ Entonces, ¿eso quiere decir...? ‒ comenzó uno de los reporteros, una mujer joven no mayor de 25 años, vestida en un curioso traje amarillo, dio un paso adelante, y Lincoln se preparó para el impacto ‒ ¿... que tú eres el que activó la alarma de incendios?
Tras esa declaración, los ojos de Lincoln se abrieron de golpe. El muchacho claramente no tenía que hacer otra cosa más que confesar los hechos, pero... ¿por qué alguien pensó que se refería al hecho de que fue él quien activó la alarma?
Sin embargo, al muchacho no se le permitió continuar pensar en otra cosa cuando los periodistas se acercaron nuevamente a él con sus chocantes preguntas.
‒ ¿Entonces estás diciendo que no viste quién lo hizo?
‒ Debe haber sido aterrador para ti, corriendo por los pasillos solo con la idea de sacar a tus compañeros de clase del edificio.
‒ ¿Temías que en cualquier momento, las llamas te hubiesen engullido antes de que pudieras dar con la alarma?
Nuevamente, la situación se tornó aún más confusa para él. Hasta que la sirena de Vanzilla se hizo presente, para que ésta repentinamente se detuviera junto a los periodistas, con el señor Lynn Loud detrás del volante.
‒ ¡Rápido, entren! ‒ gritó.
Ante esa señal, tanto su esposa como Lincoln no vacilaron; pasaron corriendo junto a los periodistas y se subieron a la camioneta de la familia, mientras papá pisaba el pedal a fondo y se alejaba del lugar.
Mientras su padre explicaba que Lori también le había enviado un mensaje de texto sobre el error de Leni y que había venido a "rescatarlos", Lincoln no dejaba de estar aturdido al respecto. No solo había confesado lo que había hecho, sino que también había LLORADO en la televisión en vivo.
No importaba a qué le prestaran atención o creyeran las personas, estaba seguro de que, de cualquier manera, él estaría en el infierno cuando volviera a la escuela.
Para Lincoln, el resto del fin de semana parecía que se prolongaba, pero al mismo tiempo se sentía como algo muy difícil de manejar.
Cada noche Luna dormía con él, asegurándose de que su hermanito estuviera bien. Con todo eso, Lincoln tal vez hizo que tuviera dos horas de sueño en esas cuatro noches, pero simplemente no podía conciliar el sueño en su mayoría.
Las cosas durante el día fueron un poco mejor, pero no mucho. El jueves por la noche, todas las hermanas lo vigilaban, siempre asegurándose de que estuviera tranquilo, por temor a que tuviera un ataque de ansiedad si no estaba cerca de sus seres queridos.
Durante la cena, Lincoln descubrió que apenas podía comer sin sentir náuseas. Afortunadamente, sus hermanitas estaban demasiado ocupadas en su pelea de comida nocturna como para darse cuenta de que él no estaba comiendo.
Durante el viernes, la señora Loud tuvo que volver al trabajo, por lo que se aseguró de que Lincoln estuviera bien antes de que condujera nuevamente a Lucy y a las gemelas hacia la guardería junto con Lily. Sin embargo, imperando en él la necesidad de algo nuevo para distraerse, puesto que sentía que cualquiera de sus pasatiempos le recordaría una vez más lo acontecido, Lincoln dijo que estaría bien si las dejaba con él.
Aunque su madre, preocupada por él, honestamente pensó en oponerse a la idea, el muchacho le aseguró que estaría bien mientras las cuidara. Por lo que, a estas alturas, tuvo que concedérselo, pues ese detalle no sólo le ahorraría un molesto esfuerzo al momento de regreso, sino que sería más que apropiado para mantenerlo ocupado de ese suceso inaudito, tal y como le indicó la terapeuta.
Al salir, mamá les recordó a las niñas que Lincoln estaba a cargo, aunque también les pidió que lo vigilaran solo para estar segura de ello.
Después de que los padres y el resto de las hermanas se fueron, una inusualmente extasiada Lucy abrazó a Lincoln con fuerza, agradeciéndole por ayudarla a evitar la guardería; sin embargo, siendo la hermana mayor en esos momentos, Lucy había sido "reclutada" para ayudarlo a cuidar de las demás. Mientras que ella a menudo cuidara de Lily, esta sería una ocasión en la que ayudar con un solo bebé era más que suficiente para ella.
Decidiendo que esto podría ayudarlo a olvidar, Lincoln le preguntó a Lucy exactamente qué había sucedido durante su estadía en la guardería, y le prometió que podría escuchar de sus espeluznantes recitales todo el día si así lo quisiera.
Una oferta que, ni corta ni perezosa, aceptó...
‒... y luego el pequeño monstruo comenzó a golpearme con un conejo de peluche. Se sentía peor que un martillo en la cabeza ‒ dijo Lucy inexpresiva, mientras Lincoln preparaba el almuerzo, el cual consistía en los clásicos sándwiches de mantequilla de maní y jalea, manzanas y cajas de jugo de naranja.
‒ Perdón por escuchar eso ‒ se rió entre dientes Lincoln, lamentándose secretamente el habérselo perdido ‒ Pero bueno, al menos solo fue por un día. Ahora, ve y diles a Lola y Lana que el almuerzo está listo.
Lucy asintió y se dirigió al piso de arriba para decirles a sus hermanas que la comida estaba lista. Tan pronto como estuvo arriba, Lincoln silbó para llamar a Charles, el perro de la familia. Una vez que Charles estuvo a los pies de Lincoln, su amo lo alimentó con el sándwich que presuntuosamente se había preparado. Lincoln solo sabía que no podría comer, la mera idea de comer ya sólo le producía náuseas.
Charles devoró el sándwich, justo cuando Lucy y las gemelas entraron a la cocina y se sentaron a la mesa, junto a una balbuceante y entretenida Lily. Lincoln les trajo sus platos, lamiendo sus dedos y afirmando que estaba tan hambriento, que ya había comido su sándwich. Luego se sentó y comió su manzana mientras sus hermanas comían, mirándolo mientras lo hacía. Cosa que tuvo que ser llevadera para el muchacho, proponiéndose a iniciar conversaciones ocasionales.
Esa noche, Lincoln se encontró nuevamente incapacitado para comer. Sin embargo, Lisa pareció darse cuenta de que él no estaba comiendo, por lo que tuvo que distraerla al preguntarle sobre su conferencia. Mientras ella lo explicaba, el resto de las hermanas tuvo una pelea de comida. Al darse cuenta de que Lucy, que estaba justo al lado de él, casi se había quedado sin comida, Lincoln esperó hasta que ella se distrajera e intercambió los platos con ella.
Para cuando Lisa terminó de hablar, la pequeña intelectual notó de manera absorta que el plato de Lincoln estaba vacío. De haber sido más perspicaz, se habría dado la libertad de investigar más a fondo a los detalles inconexos, pero en su lugar ella no pensó en nada más que el terminar su propia cena, antes de que las gemelas recurrieran a "municiones extra".
El día siguiente fue un sábado normal en la casa de Loud, con cada hermana haciendo lo suyo. Sin embargo, una pequeña diferencia esta semana hizo que cada hermana se asegurara de que Lincoln nunca estuviera solo, siempre haciendo algo con al menos una de ellas. En realidad, eso lo hacía sentir bien, sabiendo que a sus hermanas les importaba tanto estar allí para él en su momento de necesidad. El domingo resultó ser igual, con las mismas cosas normales de un fin de semana cualquiera, y siempre con cada hermana asegurándose de que su hermano estuviera bien.
Ambas noches, Lincoln nuevamente se encontró incapacitado para comer, así que nuevamente esperó los momentos oportunos para cambiar los platos con Lucy, quien estaba demasiado absorta en su libro de poesía como para darse cuenta.
Pero antes de que Lincoln lo supiera, ya era hora de volviera a la escuela, cosa que NO estaba esperando.
‒ Muy bien, ya estamos aquí. Todos afuera ‒ dijo Lori, mientras detenía a Vanzilla junto a la Escuela Primaria de Royal Woods.
Si. El tan infame día de regreso a la escuela había llegado, y Lincoln no podía sentirse más perturbado. Hasta este momento no tenía más que una cierta frustración por todos los demás, debido al apresurado y estólido punto de vista que todo el mundo tomó con respecto a lo que pudo haber originado el incendio, pero es aquí también en donde se deslindó de su postura conspicua cuando notó a varios padres abrazando a sus hijos con más fuerza antes de enviarlos adentro.
... Eso sí que fue desalentador.
Si bien es cierto que había cometido varios errores en muchas ocasiones a lo largo de sus once años de vida, no pudo evitar sentirse más que deshecho y decepcionado de sí mismo, puesto que no sólo la comunidad entera apuntaban a ese suceso como un evento sumamente intencional, sino que también deja de lado el hecho de que cometió un accidente... ¡que casi se cobra la vida de muchos inocentes!
Eso, aunado con el hecho de que, de una forma u otra, había confesado en televisión en vivo lo que sucedió, no hacía más que entrar en un dilema sumamente complicado de resolver: si iba a entrar a la escuela, ¿qué le pasaría? ¿Aún tendría oportunidad de ser perdonado?
‒... ¡Vamos, Linc!
En ese instante en que escuchó a Lana llamarlo con insistencia, Lincoln apartó la vista de la ventana para ver que Lucy y las gemelas ya habían salido de la furgoneta, y que todas las hermanas mayores le lanzaban miradas de preocupación.
‒ C... cierto ‒ murmuró, agarrando su mochila y saltando hacia el exterior. Pero antes de que pudiera poner un pie en el suelo, alguien llamó su atención:
‒ ¿Estás seguro de que vas a estar bien, hermanito? ‒ preguntó una Luna preocupada.
‒ Si quieres... ‒ añadió Lori ‒ podría dejar a todas en sus destinos y llevarte a casa. Creo que podrías dormir más.
La preocupación que ellas sentían al respecto era más que justificada, pues durante la rutina de esta mañana el muchacho había estado en una actitud sumamente callada y más estoica que de costumbre.
Creyó que nadie notaría su actitud indiferente al calor de la mañana, pero considerando los hechos de su anterior comportamiento errático tras el incendio, era más que obvio que no iba a pasar desapercibido ante los ojos de su familia, y más aún de sus hermanas, quienes a pesar de las órdenes directas de sus padres de mantenerlo tranquilo, esta vez estaban más que dispuestas a erradicar cualquier tipo de anormalidad en su estado de ánimo.
Lincoln observaba cómo sus hermanas, por medio de sus miradas, se preocupaban por él más que nunca. Ese detalle era más que agradable y quería que en verdad lo ayudaran a enfrentar al problema que había arrastrado consigo desde el miércoles; pero el problema es que no podía permitírselo a ellas, pues no tenía el valor suficiente para confesar, ni mucho menos afrontarse a la idea de que fuera desconocido por si propia familia si lo hacía.
Apartándoles un poco la vista para adentrarse en sus pensamientos, Lincoln tuvo que meditarlo muy bien antes de darles una respuesta lo suficientemente plausible como para no preocuparlas con su situación... hasta que casi olvida cinco detalles adicionales.
El miércoles por la noche, el jueves por la noche, el viernes por la noche, el sábado por la noche y el domingo por la noche. ¡Él estuvo cinco noches seguidas en las que apenas pudo haber dormido! Ante eso, se sorprendió de que aún estuviera vivo; después de todo, se sentía tan bien como si normalmente lo estuviera. Debería haber estado parado, listo para caerse y desmayarse en cualquier momento, y sin embargo, en realidad se sentía bien, casi como si fuera alguien nuevo.
Acto seguido, su rostro se llenó de una sonrisa amena, y se dirigió una vez a sus hermanas:
‒ Estaré bien. Después de todo, tengo que afrontar mis problemas de frente. Y... ‒ se encoge de hombros para continuar ‒ quizás después de hoy pueda dejar de preocuparme por el fuego.
Él sabía que esto no era verdad; no dejaría de preocuparse por eso hasta que confesara, e incluso superarlo parecía una posibilidad remota.
Ante esa afirmación, varias miradas indescriptibles fueron compartidas entre sus hermanas, para que finalmente le dieran el beneficio de la duda, otorgándole sonrisas igual de condescendientes y un asentimiento al unísono.
Así fue que salió de la camioneta, diciendo adiós a sus hermanas mayores mientras lo hacía. Vio a Vanzilla salir del sitio, saludando a su forma de retirada mientras lo hacía. Luego se dio la vuelta, sorprendido de ver que todos, incluidas sus hermanas, ya estaban adentro del edificio.
Lincoln caminó hacia las puertas de entrada, con una sensación nerviosa creciendo en sus entrañas mientras lo hacía. Lentamente abrió las puertas, notando que todos estaban mirando hacia la parte posterior de la cafetería, por las puertas que llevan al resto de la escuela. La Sra. Johnson estaba realmente parada en una mesa con un micrófono. Parecía estar mirando a la multitud, como si buscara a alguien en particular.
‒ ¡LINCOLN LOUD! ‒ gritó ella, al verlo por las puertas delanteras.
Lincoln se congeló cuando todos se voltearon para mirarlo. Prácticamente todo el mundo tenía sus ojos bien fijos en él, mientras que la señora Johnson lo saludaba con la mano.
Lentamente se abrió paso entre la multitud, eventualmente se levantó sobre la mesa al lado de su maestra. Las luces se atenuaron, salvo por una encima de ellos. La Sra. Johnson luego chasqueó los dedos hacia la derecha en frente de la mesa.
Mirando hacia abajo, Lincoln notó a sus hermanas, a Clyde y a Cristina de pie justo en frente de la mesa en la que estaban. Cristina asintió y sostuvo una videocámara de mano hacia su cara.
‒ Aquí Cristina Marshall reportando para las noticias de la Escuela Primaria de Royal Woods. La semana pasada, nuestra escuela experimentó un espantoso incendio que se llevó la mitad del edificio. Ahora, vayamos directamente con actualizaciones impactantes sobre los resultados que se tuvo.
Luego giró la cámara hacia la Sra. Johnson y a Lincoln.
Ahora Lincoln no podría estar más que preocupado, ya que el noticiero oficial de la escuela no solo estaba en todos los televisores del edificio, sino que también estaban en vivo en el sitio web de la escuela, que estaba seguro de que mucha gente estaría mirando en caso de alguna actualización sobre el incendio.
‒ Saludos, estudiantes y compañeros maestros ‒ habló la Sra. Johnson, mirando a la multitud. ‒ Como saben, el miércoles pasado nuestra escuela casi fue quemada por un loco, un incendiario que probablemente esté en esta misma habitación mientras hablo.
Ahí mismo, Lincoln notó que varios estudiantes volteaban sus cabezas y movían sus ojos para mirarse sospechosamente.
‒ Bueno, tengo algunas noticias que aún no se han hecho públicas sobre el incendio, así que aquí va.
La Sra. Johnson levantó un portapapeles de la mesa y comenzó a leer.
‒ Como muchos saben, un par de estudiantes dañaron las tuberías de agua el martes pasado al tirar artículos al azar en uno de los baños de los niños, incluido varios trozos de papel, un globo cortado y una sustancia misteriosa del laboratorio de ciencias.
» Esto sucedió al final del día, y no fue descubierto hasta el miércoles por la mañana. Como tal, todo el sistema de agua fue desconectado durante el tiempo del incendio, lo que significa que no teníamos sistema de riego.
Lincoln tragó saliva, no le gustaba hacia dónde se dirigía esto. Tal vez podría saltar de la mesa y correr por las puertas principales y por los pasillos hasta la parte posterior de la escuela, lo que probablemente era una gran apertura. Podría ir corriendo a casa, conseguir algunos suministros básicos y salir del estado, comenzando su vida como prófugo.
Él decidió prepararse para correr, pero...
‒ Sin embargo... ‒ continuó la Sra. Johnson ‒ aunque los rociadores no funcionaban, todavía teníamos los detectores de humo. Esto obviamente nos habría alertado sobre el incendio y le habíamos dicho a alguien que dejase que sonara la alarma, ¿no?
Tras eso, ella miró a su alrededor, mientras la gente asentía con la cabeza y murmuraba que sí.
‒ ¡Incorrecto! ‒ exclamó ella ‒ Porque resulta que en una ocasión, la dama de la cafetería, Laura, estaba preparando otro lote de perros calientes cuando apareció recibió una llamada importante.
» Mientras ella manejaba esto, los perros calientes en el horno se sobrecalentaron, y debido a que necesitábamos un horno nuevo por un tiempo, causó una pequeña explosión.
» Nada grave, pero todavía causaba suficiente humo para encender los detectores de humo. Y creo que muchos de ustedes probablemente escucharon de esto, ¿verdad?
La mayoría de los estudiantes tenían los ojos muy abiertos al recordar esto y asintieron con la cabeza.
‒ Así que... ‒ continuó la Sra. Johnson ‒ Obviamente, lo más probable es que habría pasado un minuto antes de que ninguno de nosotros notara el incendio y haya encendido la alarma, lo que significa que para cuando los bomberos llegaron aquí, sería demasiado tarde para salvar la escuela.
Lincoln tragó saliva mientras mucha gente miraba a su alrededor, obviamente nerviosa por el hecho de que el edificio ya no estaría, si no fuera por ciertas circunstancias.
‒ Y luego, está el problema con los ventiladores de los respiraderos. ‒ suspiró la Sra. Johnson ‒ Resulta que los ventiladores principales en los respiraderos están en la sala de profesores, el gimnasio, y... el laboratorio de ciencias y la cafetería.
Los ojos de los estudiantes se abrieron de par en par con sorpresa, al igual que los de Lincoln.
‒ Según los bomberos, justo después de que Lincoln saliera del edificio, menos de un minuto después de que lo hiciéramos los demás, la cafetería estuvo un poco llena de humo. Esto, por supuesto, hubiera sido muy peligroso para la salud de todos. No sucedió porque alguien activó la alarma contra incendios a tiempo.
Los ojos de Lincoln se abrieron de par en par cuando la señora Johnson se volvió hacia él con una mirada sombría en los ojos. Lentamente, todos se volvieron hacia él, todos mirándolo en estado de shock.
‒ Así que ya saben lo que eso significa... ‒ dijo la Sra. Johnson, aparentemente manteniendo una actitud soberbia... cuando de manera casi automática, su rostro se transformó en una sonrisa.
Lincoln no podría estar más que confundido en estos momentos, puesto que la mirada feliz y para nada siniestra en el rostro de su maestra no concordaba con lo que se suponía que debía sentir al saber que alguien había provocado intencionalmente un incendio que pudo haber matado a todo el mundo dentro del edificio.
"¿Por qué estaba sonriendo?" ¿Acaso ella no ha resuelto el hecho de que fui yo quien inició el fuego?"
De repente, Lincoln fue levantado del suelo. Mirando hacia abajo, vio que Polly y Rusty lo habían levantado, colocándolo sobre sus hombros.
‒ ¡TRES HURRAS POR EL HÉROE DE LA ESCUELA PRIMARIA ROYAL WOODS! ‒ exclamó Clyde.
Y así, los ojos de Lincoln se agrandaron ante esa declaración entusiasta de su amigo más cercano.
"¿Acaso me están... reconociendo como... ¡como un HÉROE!? ¿Pero qué... ¡demonios!?"
De repente, se detuvo y pensó en todo lo que la Sra. Johnson acababa de decir, y todo tenía sentido.
Debido al fuego en la cocina, nadie prestó atención a los detectores de humo. Como tal, todos creían que al accionar la alarma contra incendios, había logrado que todos salieran de forma segura y evitó que toda la escuela se quemara hasta la raíz.
Sin embargo, eso aún estaba fuera de su alcance, pues... ¿cómo puede ser considerado como un héroe... ¡si él fue quien inició todo este alboroto!?
‒ ¡HIP-HIP HURRA!
‒ No. Por favor, no lo hagan ‒ gimió Lincoln.
‒ ¡HIP-HIP HURRA!
‒ No soy un héroe. ‒ dijo Lincoln, tratando de no llorar ‒ Ni siquiera soy alguien que acaba de hacer lo correcto.
‒ ¡HIP-HIP HURRA!
Lincoln miró a todos los rostros que lo animaban. Prácticamente, todos sus amigos y compañeros de clase creían por unanimidad que era un héroe.
De por sí, él se podría sentirse más que revuelto del estómago.
De hecho, esta vez se sintió realmente enfermo. Tan pronto como sus amigos lo bajaron, salió corriendo de la cafetería y entró al baño, donde vomitó lo que había comido en el desayuno esta mañana.
Él emitió un gemido áspero y profundo, mientras se inclinaba contra el inodoro cuando creyó terminar de expulsar todo lo malo de su interior. Si Lincoln pensó que ya estaba en un profundo bache de incertidumbre, bien podría sentirse como si estuviera vagando en un océano ahora.
‒ ¿Acaso esto podría empeorar aún más? ‒ murmuró.
Para su confusión, esa respuesta llamó a la puerta principal del baño cuando ésta se abrió, y oyó que algo se deslizaba por el suelo. Ese ruido extraño se detuvo justo afuera de la puerta de su cubículo. Al mirarlo, se dio cuenta de que era un walkie-talkie.
Lincoln solo se quedó mirando el walkie-talkie, sin saber qué hacer con él. Hasta que, después de un momento, zumbó a toda potencia con algo de estática.
‒ Hola, Lincoln. ‒ dijo una voz profunda.
Quienquiera que fuera, este sujeto sonaba como si tuviera un trapo o algo por delante de su boca, lo que hace difícil descubrir quién era.
Con los ojos muy abiertos, Lincoln levantó el walkie-talkie y presionó el botón de conversación
‒ ¿Hola?
‒ Bueno, bueno, bueno... ‒ la voz se rió entre dientes. ‒ Es un placer estar hablando con el "héroe de la escuela". Sin duda, es algo grandioso que hiciste. Muy bien, de hecho.
‒ Yo... yo no soy un héroe ‒ murmuró Lincoln, todavía un poco mareado.
‒ Sé que no lo eres, Señor Incendiario ‒ dijo la voz sin emoción, haciendo que los ojos de Lincoln se ensancharan en estado de shock. ‒ ¡Ahora, escúchame... muy... bien! Tengo evidencia que te conecta con el fuego... y creo que sería una vergüenza que esta evidencia saliera a la luz. Quiero decir, serías expulsado y arrestado, y todos los que te aman se volverían en contra tuya.
En eso, Lincoln comenzó a hiperventilarse ante la idea de ser (literalmente) sacado a patadas de la escuela, esposado en la parte trasera de un automóvil de la policía, y sus hermanas golpeándole la puerta en la cara cuando le dijeron que ya no lo amaban.
Le tomó un momento recuperar el aliento, pero cuando lo hizo no estuvo más que dispuesto para rogar con mucho ímpetu:
‒ ¡Por favor, no le digas a nadie! ¡Haré lo que sea!
‒ Me alegra que esté dispuesto a negociar, Sr. Loud ‒ la voz se rió entre dientes. ‒ Pero, ¿sabes qué? Adelante, disfruta el resto de tu día, tus 15 minutos de fama, muchacho. Luego, me pondré en contacto contigo esta noche.
En eso, el otro lado de la comunicación del walkie-talkie se apagó, y así Lincoln se quedó en silencio.
‒ Esto... no va a terminar bien ‒ suspiró Lincoln en la miseria, mientras se metía el walkie-talkie en su bolsillo trasero.
Luego se levantó, usó un poco de papel higiénico para limpiarse la boca, se aseguró de que su ropa estuviera limpia y salió del cubículo.
Se lavó las manos y salió del baño, donde se encontró con más aplausos de los estudiantes que por casualidad estaban esperando a su "héroe".
Él lo odiaba.
Odiaba todo lo que estaba sucediendo.
Todo lo que hacían sus "admiradores" simplemente era recordarle que estaba viviendo una gran mentira...
Una mentira que era demasiado cobarde como para que se pudiera enderezar por sí mismo de nuevo.
FIN DEL CAPÍTULO II
