The Loud House y los personajes representados son propiedad intelectual de sus respectivos autores.
Historia original de Samtastic 3.0
Traducida y adaptada por mí.
P. D.: Una vez que hayan terminado de leer, les hago la más atenta invitación para que dejen su review, ya que soy alguien que busca mejorar en base a la retroalimentación. De antemano, si quieren pueden hacer lo mismo con las demás historias que tengo en mi perfil.
CAPÍTULO III
Lincoln, como todos los días, se estaba dirigiendo a su salón de clases. Desafortunadamente para él, mientras lo hacía, todos los estudiantes lo aclamaban y le lanzaban vítores de manera descontrolada, haciéndolo sentirse más mareado que de costumbre.
‒ No merezco ninguna alabanza ‒ murmuró.
Cada vez más, se sentía disgustado consigo mismo por no dejar las cosas claras: él había comenzado un fuego de manera no intencional en su propia escuela, pero era demasiado cobarde como para decirle a la gente que necesitaban dejar de ovacionarlo.
Lincoln sabía que estaría en un gran problema por iniciar el incendio, y en realidad estaba bien con eso. Lo que lo hizo enojar fue la idea de que no podría explicar que no había iniciado deliberadamente el incendio, y que su familia ya no lo amaría. Ese último pensamiento por sí solo fue más que suficiente para que mantuviera cerrada su boca.
Pero resulta que, ahora, eso podría no depender enteramente de él para mantenerlo en secreto, dado que aparentemente alguien ya sabía que fue él quien había provocado el incendio. ¿Cómo? Él simplemente no lo sabía con mucha certeza, pero lo que él si sabía, sin embargo, es que se supone que nadie debería haberlo visto, ni mucho menos tener evidencia de que lo estaba haciendo.
Prácticamente, cuando se dio lugar el nefasto suceso, todo el mundo en la escuela estaba ocupado en asuntos personales, ya sea pláticas entre amigos o entreteniéndose con algún tipo de juego o pasatiempo mientras se
‒ Simplemente es otro hecho de que el universo aparentemente está dispuesto a atraparme ‒ murmuró para sí mismo, mientras entraba en su salón de clases.
Al entrar, Lincoln se dirigió a su asiento habitual, solo para ser detenido por Clyde
‒ Espera, Lincoln.
‒ ¿Qué pasa, Clyde? ‒ preguntó un Lincoln confundido.
‒ Estamos terminando de hacer los cálculos, hermano. Sólo espera un momento. ‒ respondió Clyde, mientras Liam y Zach caminaban por la habitación, mirando las ventanas y escribiendo algunas cosas en una libreta de anotaciones.
Después de un breve momento, los dos se dirigieron a un pupitre justo en el centro de la habitación.
‒ Lincoln ‒ dijo Zach ‒ Hemos hecho los cálculos y, teniendo en cuenta varios factores, hemos determinado que este es el mejor asiento de la sala. Todo porque está debajo del respiradero y a la izquierda de éste; por lo tanto, cuando se encienda, no serás acribillado con aire súper frío, pero seguirás teniendo un buen escalofrío.
» Aparte, estás a una distancia adecuada del frente de la clase para poder escuchar a la maestra, pero también puedes distraerte si quieres. Y, por último, el sol no debería brillarte en los ojos en ningún momento, porque para cuando llegue a tu asiento, la escuela habrá terminado.
Los ojos de Lincoln se abrieron de par en par cuando sus amigos hicieron ese gesto propio hacia el pupitre, esperando a que tomara la iniciativa de sentarse sobre él. Supuestamente, el mejor asiento del aula.
No podía creer que sus amigos habían hecho esto por él, ya que le eran bastante atronadores los vítores que recibía por parte de todos sus compañeros por algo que fue visto de buena manera, cosa que en realidad sólo encubría un suceso sumamente nocivo como para que lo recordara nuevamente...
‒ Gra... gracias, chicos ‒ dijo con gratitud, tomando asiento en su nuevo lugar.
Sus amigos asintieron y se sentaron a su alrededor, mientras que la Sra. Johnson entró en el aula.
‒ Bienvenidos de vuelta, clase ‒ dijo felizmente ‒ Sé que todavía están un poco impactados por lo que sucedió la semana pasada, pero estamos dos días atrasados, así que tenemos que volver a ponernos al día.
» Por lo tanto, lo primero de hoy será la prueba de Historia que se suponía que debíamos tener el viernes. Espero que hayan usado este largo fin de semana para estudiar un poco más.
Ante esa declaración, la clase entera emitió un enorme quejido, pero inmediatamente todos se prepararon para la prueba cuando la Sra. Johnson, famosa por poseer un carácter temperamental y un poco cuestionable, sacó los papeles de prueba de su escritorio y se preparó para pasárselos a cada uno de sus estudiantes.
Los ojos de Lincoln se agrandaron al enterarse de la prueba, en ese momento preciso. No había hecho NINGÚN estudio este fin de semana. El jueves todavía estuvo volviéndose loco por lo que había pasado ante las cámaras en la oficina de la terapeuta. El viernes se la pasó jugando con sus hermanitas todo el día, y el sábado y el domingo pasó todo su tiempo corriendo de un lado a otro mientras sus hermanas pasaban el rato con él para que no estuviera solo y así no tener que pensar en el incendio.
En resumen, estaba tan concentrado en no tratar de pensar en el fuego, que se distrajo con todo lo que podía... ¡EXCEPTO estudiar!
Si hubo algo que lo puso en un estado más exasperante, sin dudas, fue esto. Él simplemente pudo quejarse en lo más profundo de su alma, sabiendo que iba a reprobar.
Para cuando se dio cuenta de que la Sra. Johnson repartía los papeles, sin embargo, Lincoln procedió a sacar rápidamente su lápiz y decidió que a lo mejor podría improvisar. Después de todo, si seleccionaba "C" como respuesta para cada pregunta... había una... posibilidad de que pudiera obtener el cincuenta por ciento de aprobación, ¿no?
"Esperemos que así pase..."
Al pasar junto a Lincoln, la Sra. Johnson colocó el papel de la prueba sobre su pupitre... antes de colocar otro papel sobre éste. Este segundo documento fue una pequeña página de un cuaderno rasgada a la mitad. Invadido por la curiosidad, Lincoln le dio la vuelta... y se quedó boquiabierto al ver que era... ¡la hoja de respuestas de la prueba! ¡No, es en serio! Escrito en este papel no había nada más que las respuestas correspondientes a cada pregunta.
Lincoln buscó a la señora Johnson, tratando de llamarla de nuevo para decirle que le había entregado un papel extra, pero cuando lo hizo ella ya había vuelto a su escritorio para clasificar algunos papeles personales.
Mirando de vuelta hacia la hoja de respuestas, el cerebro de Lincoln intentó descubrir qué estaba pasando... Lo único que podía entender era que, como el "héroe" de la escuela, estaba siendo recompensado por no tener que preocuparse por reprobar en este examen.
Esto era solo otra cosa que agregar a la pila de culpabilidad que Lincoln estaba enfrentando.
Al final del día, Lincoln salió de la escuela, aún siendo felicitado y agradecido por varios estudiantes. Por ahora, estaba empezando a entumecerse aún más ante la sensación de recibir felicitaciones no merecidas. Todavía se sentía culpable, pero creyó que, al menos, era tanta la culpa suficiente que una persona podía sentir.
... O eso pensó.
‒ ¡Hola, Lincoln!
Lincoln alzó la vista hacia aquella persona que lo había llamado por su nombre, y alzó una ceja al ver a un hombre corpulento con un buen traje sospechosamente familiar, parado frente a una limusina.
‒ ¿Kirby? ‒ preguntó un Lincoln sumamente estupefacto, obviamente sorprendido de ver al hombre que había sido su chófer temporal cuando ganó el servicio de una limusina por un día por comerse el equivalente de su peso en mostaza elegante.
Originalmente, los dos habían comenzado en buenos términos, con Kirby contento de ver que Lincoln no era como esos chicos snobs que tenía que llevar habitualmente. Sin embargo, conforme fue conociendo la gran vida, la cabeza de Lincoln fue inmediatamente seducida por ésta, y corrompida con la fantasía de que era un millonario de verdad, convirtiéndolo en un gran idiota.
Afortunadamente, el chico logró salir a tiempo de esa fantasía (todo gracias al brutal golpe de la realidad) y se disculpó con Kirby, y los dos se habían despedido en buenos términos. Más tarde, ellos se convirtieron en amigos a través de Facebook, ocasionalmente comentando en sus chats y/o gustando de las publicaciones del otro, pero ciertamente había pasado muchísimo tiempo desde que se habían visto en persona.
‒ ¿Qué estás haciendo aquí? ‒ Lincoln no pudo evitar preguntar, mientras caminaba hacia la limusina, aquella misma limusina en la que había viajado aquella ocasión.
‒ Estoy aquí para recogerte, por supuesto ‒ respondió Kirby, como si no fuera nada inusual.
‒ Ah, disculpa... ¿qué? ‒ preguntó Lincoln, asegurándose de que había escuchado mal.
‒ Estoy aquí para recogerte ‒ repitió Kirby ‒ Te llevaré a casa, o donde sea que necesites ir.
‒ Muy... bien... ‒ dijo el chico de cabello blanco, de una manera lenta como para estar seguro de que algo estaba mal ‒ Pero... ¿por qué?
‒ Bueno, eres un héroe, ¿no? ‒ dijo él, encogiéndose de hombros por un breve momento ‒ Y mi jefe dijo que los héroes deben viajar con estilo.
‒ ¿Qué? ‒ preguntó un Lincoln sorprendido ‒ Pero... ¿cómo rayos descubrió tu jefe que yo soy un...? un...
Lincoln tuvo dificultades para llamarse a sí mismo con esa palabra, sabiendo muy bien que él no era uno.
‒ ¡Un héroe! ‒ finalmente lo soltó, y luego se tapó la boca con la mano, como si hubiera dicho una mala palabra.
Ante eso, Kirby sólo pudo arquear una ceja, claramente confundido por el arrebato de su joven amigo, el cual sólo atinó a lentamente quitarse la mano de su cara y lanzar una sonrisa apenada ante la acción errática que cometió.
A pesar de que se ha topado varias veces con cosas inusuales en su vida como chófer, Kirby, sin embargo, creyó eso que debió de ser suficiente para él pensar que tal vez estaba pasando por la acostumbrada presión de ser admirado, por lo que simplemente se encogió de hombros y procedió a explicarle todo lo que lo condujo hasta él:
‒ Bueno, resulta que la sobrina de mi jefe asiste a esta escuela, y él estaba mirando el sitio web cuando tu maestra hizo el anuncio sobre tus acciones heroicas.
‒ ¿La sobrina de tu jefe? ‒ preguntó Lincoln, confundido.
Ese detalle fue inesperado para el chico de cabello blanco. Siempre hubo algunos niños más ricos que asistieron a su escuela, pero no sabía que ninguno era asquerosamente rico. Y lo sabía por el hecho de que para ser dueño de una compañía de limusinas, tenía que serlo por completo.
Antes de que Kirby pudiera responder, una voz habló:
‒ Oye, Kirby.
Los dos se dieron la vuelta y vieron a Cristina caminando hacia ellos.
‒ Hola, señorita Marshall ‒ saludó Kirby con una punta del sombrero.
‒ Ah, Kirby ‒ Cristina rió entre dientes ‒ Ya te lo dije, llámame Cristina.
Si el hecho de que fuera aclamado por todos como un "héroe" ya era algo que no podía entender con suma precisión, los ojos de Lincoln se agrandaron cuando vio a Cristina reconocer a su amigo conductor.
‒ ¡No inventes!
Ante el ataque de sorpresa del muchacho, ella se volvió hacia Lincoln, el cual continuaba mirándola conmocionado.
‒ ¿Tu tío es Sir Kyle Marshall, el dueño del Servicio Real de Limosinas de Royal Woods?
Ante eso, Cristina no pudo evitar fruncir el ceño con algo de pena, ya que su rostro se sonrojaba en el acto; cosa que llevó a Lincoln a sonrojarse de igual manera, y a apretarse los labios con algo de fuerza, sintiéndose arrepentido de su pregunta.
‒ Sí. Realmente no me gusta hablar de eso. Es que quiero que la gente sea mi amiga por lo que realmente soy, no porque mi tío sea uno de los hombres más ricos de la ciudad.
Tratando de superar su acción pasada, Lincoln pensó en eso, antes de encogerse de hombros y replicarle:
‒ Creo que tiene sentido.
Al corresponderse entre ellos con una sonrisa amena, Cristina luego se volvió hacia Kirby y le dijo:
‒ Oye, ¿qué estás haciendo aquí, Kirby? Le dije a mi tío que no quería una limusina que me recogiera de la escuela.
‒ En realidad... ‒ admitió Kirby ‒ estoy aquí por Lincoln. Ahora soy su chófer personal.
Los ojos de Lincoln volvieron a abrirse cuando se dirigió hacia él y le preguntó:
‒ ¡Espera, ¿qué?!
‒ Bueno... ‒ comenzó Kirby ‒ Como dije, el Sr. Marshall estaba mirando el sitio web de la escuela, y al enterarse de tus acciones heroicas, recordó el concurso que ganaste hace tiempo. Entonces, él me envió a recogerte y me dijo que esta limusina, junto con su operador oficial, es decir, yo mismo, son todos tuyos ahora.
Tras escuchar lo que le dijo Kirby, Lincoln no pudo más que sentir que su corazón se hundía cada vez más.
Primero, sus amigos hicieron todo lo posible para asegurarse de tener el mejor asiento donde quiera que fuera (ya sea que fuera en el aula, la sala de música, la sala de arte, e incluso en el comedor).
Luego, la Sra. Johnson literalmente le dio las respuestas clave para una prueba a la cual no había estudiado (cosa que le dio vergüenza admitir por haber mirado en un par de ocasiones).
Y ahora... ¡¿Le estaban dando su PROPIA LIMUSINA?!
Simplemente ya no podía con esto, pero todavía no podía confesarlo, así que soltó la primera excusa creíble que se le vino a la cabeza
‒ Pero... ¡pero mi familia no puede pagar su propia limusina!
‒ Ah, no te preocupes por eso. ‒ dijo Kirby, enfatizando su repuesta con un ademán propio de su mano ‒ Mi jefe dijo que se encargaría de todo: mi cheque de pago, el seguro y el combustible de la limusina, incluso cuando sea necesario, el lavado de autos. Además, dijo que personalmente le traerá a tu familia los documentos de propiedad a finales de esta semana... ‒ realizó una pausa para palmear la parte superior del vehículo, resaltando así su respuesta final ‒ Básicamente, este cachorro ahora es la Limusina Loud.
Lincoln no podía creer lo rápido que esto se les estaba saliendo de control. Todo lo que hizo (por lo que todos sabían hasta ahora) fue activar la alarma de incendios. Sin embargo, la gente actuaba como si él fue capaz de correr entre las llamas y sacar a cada estudiante por cuenta suya del edificio ardiente.
Sintiendo que era hora de desmentir los aspectos más exagerados de este asunto, Lincoln decidió hablar al respecto:
‒ Mira, Kirby... yo...
‒ ¡Guau! ¡La limusina ha vuelto!
Sin embargo, fue interrumpido cuando escuchó a Lana exclamar su sorpresa, y vio que Lana, Lola y Lucy corrieron hacia su hermano, mirando la limusina con los ojos muy abiertos... bueno, se podría decir que Lucy si tenía los ojos abiertos, aunque era difícil saberlo porque sus ojos no eran visibles bajo su fleco.
‒ ¿Qué estás haciendo aquí, Kirby? ‒ preguntó Lola, mirando la limusina con asombro.
‒ Esta es su limusina ahora ‒ explicó Kirby, riendo entre dientes debido a las caras de las chicas, ambas boquiabiertas por el embeleso que demostraban ‒ Bueno, técnicamente es de Lincoln, pero estoy seguro de que él la compartirá con ustedes.
‒ Será mejor que así sea ‒ dijo Lola, caminando hacia la puerta, que Kirby abrió para ella. Lana y Lucy hicieron lo mismo.
Lincoln, sabiendo que al menos tenía que llevar la limusina a su casa, para no incurrir en la ira de sus hermanas menores, también comenzó a entrar, pero se detuvo cuando una mano lo agarró del brazo.
Dando media vuelta, se enfrentó a Cristina, que en realidad había olvidado que estaba parada allí.
‒ Lincoln ‒ suspiró ‒ Yo... quiero que sepas que te perdono por ese video que subiste aquella ocasión. Y antes de que preguntes, ser un héroe es solo parte de la razón por la que te perdono. Es solo que me doy cuenta de que me haría quedar como una mala persona si aún tuviera ese desprecio por ti.
» Pero también me di cuenta de que... bueno... estamos en quinto grado. No sabemos casi nada sobre estos sentimientos, que estamos comenzando a involucrar al romance, por lo que tiene sentido que hayas hecho lo que hiciste. Estabas enamorado de mí, y no sabías exactamente qué hacer al respecto.
» Además, desde que Ronnie Anne y yo empezamos a hacernos buenas amigas, siento que sería malo para mí que no le agradase a su novio... Así que, de cualquier forma…
Fue así que Cristina se sonrojó al darse cuenta de que había estado divagando, todo y bajo la mirada conspicuamente pasmada de Lincoln.
Por su parte, Lincoln, quien había permanecido en silencio durante todo el discurso, miró a su antiguo amor platónico con los ojos muy abiertos. Finalmente, después de un momento de mirarla (y tomarse un momento para cerrar la puerta para que sus entrometidas hermanas no pudieran escuchar), Lincoln finalmente encontró su voz:
‒ Bueno... gracias, Cristina. Una vez más, me disculpo por hacerte sentir incómoda. Solo necesitaba avergonzarme para compensar a mis hermanas por avergonzarlas, así que simplemente puse todos los videos que mi hermana Luan había tomado de mí. No tenía idea de que ella había capturado... ese momento.
Tras eso, el muchacho se frotó la nuca con nerviosismo, y Cristina hizo lo mismo.
‒ De todos modos... ‒ fue ahí que, apartando un poco la vista de ella, le tendió la otra mano. ‒ ¿Amigos?
En ese momento, Cristina se encontraba igualmente pasmada. Pudo haber pensado mal en un principio del chico de cabello blanco, pero ahora se encontraba admirada bajo lo que era una nueva perspectiva de su persona, como alguien simple y sensato. Por lo cual, ella sonrió y le estrechó la mano:
‒ Amigos.
Tras ese movimiento, Lincoln, se puso a mirarla con más tranquilidad, devolviéndole la misma sonrisa que ella.
‒ Bueno, tengo que irme. Supongo que te veré mañana ‒ dijo Lincoln, abriendo la puerta de la limusina y entrando.
Cristina se despidió de él y comenzó a caminar hacia su casa.
En la limusina, todas sus hermanas le lanzaban una sonrisa pícara, a lo cual él suspiró y les recriminó:
‒ Ni una palabra, ¿entendieron?
Después de tanto estrés y culpa, a Linc le pareció algo bueno el haberlo sacado de su pecho. Si bien se había disculpado con Cristina un par de semanas antes, se sentía bien de haberlo aceptado.
"Al menos eso es una cosa que salió bien últimamente", suspiró aliviado en sus pensamientos, mientras se recostaba en su asiento.
El viaje en limusina fue algo complicado para el muchacho, puesto que sus hermanas no dejaban de molestarlo con respecto a lo sucedido con Cristina; después de suplicarles en vano a sus hermanitas de mantenerse en control, el muchacho llegó a un trato con ellas e hizo que Kirby se detuviera en el establecimiento de Gus' Games and Grub en el camino a casa desde la escuela.
‒ No arruinen sus apetitos ‒ les gritó a sus hermanas, mientras veía como ambas niñas entraban corriendo.
Diciéndole a Kirby que solo serían unos minutos, Lincoln siguió a sus hermanas menores.
Una vez adentro, fue ahí en donde Lincoln suspiró al ver a su lugar favorito en todo su esplendor. Se sintió bien estar allí, justamente un lugar para tener diversión plenamente azarosa.
Caminando hacia el mostrador, Lincoln encontró a Lori limpiándolo. Sin embargo, al notar a su hermanito, ella se detuvo y le sonrió.
‒ ¡Lincoln! ‒ exclamó ella.
Acto seguido, saltó sobre el mostrador y envolvió a su hermano en un abrazo.
‒ ¿Cómo te sientes, señor Héroe? ‒ dijo ella, revolviendo juguetonamente su cabello.
Lincoln tuvo que resistirse a hacer muecas tras escuchar esa infame palabra, por lo que, mientras que su hermana mayor aún lo mantenía en su abrazo con mayor vigor, atinó en forzar una sonrisa apenada y replicarle con recato:
‒ Por favor, no me llames así, Lori. Todo lo que hice fue apagar la alarma de incendio.
Mientras Lori se divertía a lo que sintió que era una acostumbrada muestra de humildad, intentó responderle lo contrario, sólo para ser interrumpida por alguien más:
‒ Pero aún así, hacer eso salvó a la mitad de la escuela y nos salvó a todos de tener que ir al hospital para respirar humo ‒ comentó Lana, mientras ella y Lola caminaban hacia ellos, cada una con... ¿un rollo de boletos?
‒ A ver, esperen... ¿acaso ambas ganaron todos esos boletos en menos de 5 minutos? ‒ preguntó un Lincoln inquieto.
‒ Ah... sí. ‒ dijo Lana, tratando de meterse cuidadosamente su destornillador devuelta en su bolsillo.
Lincoln y Lori sólo atinaron en poner los ojos en blanco, mientras que las gemelas se apresuraban a colocar sus boletos en el mostrador. Tan pronto lo hicieron, Lori soltó a su hermano mientras tomaba los boletos y procedió a darle a cada gemela un premio que les gustaría: un horno de juguete Easy-Bake para Lola y un kit de herramientas de tamaño infantil para Lana.
‒ Lana tiene razón, hermano ‒ dijo Lori, mientras las gemelas salían corriendo.
Acto seguido, la muchacha se apoyó en una pierna para estar a su altura, y le dijo:
‒ Aunque es posible que no hayas hecho mucho, tu simple acto tuvo un gran efecto. De no haber tirado de la alarma de incendios, toda la escuela probablemente se habría quemado y todos los estudiantes probablemente hubieran terminado en el hospital debido a que los respiraderos soplaban todo ese humo en la cafetería.
Para concluir con su discurso conmovedor, la hermana mayor sostuvo ambas manos en sus hombros:
‒ Eres un héroe y estamos muy orgullosos de ti por ello.
Al escuchar todo eso, por supuesto, solo hizo que Lincoln se sintiera más culpable de lo que ya era. Y fue aún más pesado para él, cuando recalcó su orgullo hacía él envolviéndolo en otro abrazo cálido.
Sin embargo, el momento que se veía conmovedor fue interrumpido cuando Lori lo soltó de nuevo, levantándose en su sitio y dirigir una mirada confundida hacia el exterior del establecimiento.
Luego, dirigiéndole una mirada atrevida a su hermano menor, le preguntó:
‒ Entonces, ¿qué pasa con la limusina en el frente? ‒ preguntó una Lori divertida.
Con un suspiro de entretenida conmoción, Lincoln explicó que el tío de Cristina era el dueño del servicio de limusina, y al enterarse de sus acciones "heroicas", había enviado a Kirby a buscarlo, diciéndole que la limusina ahora era de su propiedad, y completamente gratis.
‒ ¡Eso es increíble, Linc! ‒ exclamó una Lori feliz. ‒ Ahora que tenemos nuestra propia limusina, las cosas deberían ser más fáciles para nosotros.
» Como la limusina puede llevarnos a la escuela, mamá y papá pueden llevar a Vanzilla al trabajo, lo que significa que podrán disfrutar de dormir un poco más cada mañana, ya que no tendrán que caminar.
‒ Sí ‒ dijo Lincoln, contento de escuchar ALGO que estaba saliendo de esto. ‒ Y si quieres puedes pedirme prestada la limusina para tus citas con Bobby, eres más que bienvenida.
‒ Ahh... gracias, Linky ‒ arrulló una Lori conmocionada, inclinándose y envolviendo nuevamente a su hermano en otro abrazo ‒ Y estoy segura de que no soy la única que querrá tomarlo prestado, así que prepárate para eso.
‒ Oye, mi limusina es toda suya, chicas. ‒ explicó Lincoln.
Después de todo, él ni siquiera quería la limusina, ya que sabía que no se lo merecía, por lo que sus hermanas al menos podrían sacarle provecho.
‒ Gracias, Lincoln.
Tanto Lincoln como Lori, se elevaron de un salto en estado de shock, cuando Lucy se coló a un lado de ellos y habló en su habitual tono monofónico.
‒ ¿Tú crees que pueda pintarla de negro?
Sin dudas, esa fue una petición muy propia y que esperaba de Lucy. Cosa que contrastaba con el objeto que ella llevaba en una canasta, la cual Lincoln notó que era una que usualmente usaba. Por lo que, un poco más extrañado por ello, decidió desistir de responder a su petición y preguntó:
‒ Ah, Lucy... ¿acaso esa es una orden de nudos de ajo? ‒ preguntó él sospechosamente.
‒... tal vez ‒ respondió Lucy.
‒ Pensé que los vampiros ODIABAN el ajo ‒ exclamó Lori, con una voz procaz.
‒ Exacto ‒ respondió Lucy ‒ Es por esa razón, que cuando eventualmente me convierta en vampiro, no podré comer ninguno de nuevo, así que quiero disfrutarlo mientras pueda.
Lori y Lincoln solo sacudieron la cabeza y se rieron entre dientes. Si había algo que siempre era bien recibido por los Louds, era la espontaneidad de cada uno por cada momento que se presentaba en ese ambiente catastrófico... bueno, a excepción de la "espontaneidad" de Luan, la cual llegaba a ser molesta en ocasiones.
Se podría que decir que, con ese elemento bien establecido, era más que un ambiente propicio para seguir teniendo charlas amistosas, de no ser porque Gus, el dueño del establecimiento, al salir de manera imprevista de la puerta de su oficina junto a la cocina, le llamó la atención a Lori para que regresara inmediatamente a su puesto de trabajo.
Los dos niños, tanto Lucy como Lincoln, procedieron a continuar por sus propios caminos, después de que se despidieron de Lori. Sin embargo, las acciones de Lincoln fueron interrumpidas nuevamente cuando éste señor llamó de vuelta al muchacho, todo y con la intervención de su hermana mayor, mientras que dejaba a Lucy dirigirse de vuelta hacia la limusina.
El aspecto de ese cuarentón robusto, moreno y castaño que era un poco más alto que Lori, y que poseía una vestimenta formal acorde a su ocupación, no era una imagen dispar para cualquier persona que lo conocía a primera vista; a excepción tal vez de esa voz vivaz y potencialmente coercible que poseía, la cual denotaba un gusto particular por la vida como si fuera una balanza dorada.
Sin embargo, fue algo de extrañarse que sólo le pidiera a Lori que esperara junto con él, mientras iba y regresaba de la cocina... con dos objetos particularmente llamativos: una caja de pizza tamaño individual y una lata de refresco. Objetos que de manera inocua, simplemente le entregó al muchacho de cabello blanco:
‒ Ahh... señor, yo no ordené esto ‒ dijo Lincoln, tratando de devolver la comida.
‒ Son cortesía de la casa ‒ explicó Gus ‒ Los héroes reciben comida gratis. ‒ Comentario final que acentúo con un guiño.
Tras lo dicho y hecho, no sin antes recordarle a Lori que volviera a reanudar su labor, el sujeto se volvió y se dirigió de vuelta a su oficina.
De nuevo, Lincoln se encogió tras escuchar la palabra "héroe". Prácticamente, lo hacía sentir tan sucio.
"¿Por qué no puedo simplemente admitir la verdad?"
Varias veces se daba ínfulas de cobarde por no querer admitir lo que era innegable para él, y que le era completamente arremetedor por lo que estaba pasando tras lo ocurrido la semana pasada; pero lo que era más lamentable para él, sin embargo, es el por qué no podía simplemente confesarlo.
‒ Felicidades, Sr. Héroe ‒ dijo Lori, juguetonamente golpeándolo en el hombro.
Ante esa señal, él la miró y vio la mirada radiante que le dirigía, mientras esta se dirigía nuevamente hacia su puesto. Una vez más, la idea de que sus hermanas lo echaran de su casa fue un justificativo más que suficiente para mantenerlo callado y simplemente fingir mera normalidad ante las situación dada.
‒ Eh... gracias ‒ exclamó él. ‒ Bueno, yo... ah... tengo tarea por hacer, así que tengo que irme. ¿Quieres que te envíe a Kirby cuando tu turno termine?
Lori, quien se apoyó contra la parte externa del mostrador, adoptando una postura acomedida a su comodidad, se dirigió nuevamente a su hermanito, quien permanecía en su sitio:
‒ Gracias, pero conduje a Vanzilla hasta aquí, así que tengo que llevarlo de vuelta a casa ‒ dijo Lori.
‒ Oh. Bueno... está bien, entonces. ‒ exclamó un Lincoln frustrado, quien procedió a dirigirse a la salida del lugar... sólo para volver a interrumpir su paso regular cuando oyó a Lori llamarlo nuevamente, cosa que hizo que se volteara para verla dirigirse hasta donde estaba y volviese a arrodillarse hasta estar a su altura:
‒ ¿Estás seguro de que no quieres pasar un rato aquí? ‒ Le susurró ella ‒ Puedo darte las fichas gratuitas que recibo durante mi turno.
A esta afirmación le siguió que ella le sostuviera una bolsa un poco holgada ante sus ojos, la cual contenía una docena de fichas dentro.
‒ Eh... tal vez mañana ‒ dijo Lincoln.
Incluso si Lori normalmente le daba sus fichas, simplemente no estaba de humor para que le dieran nada en este momento. Simplemente sentía que le habían dado demasiadas "recompensas" por hoy, y todo eso no hacía más que aumentar su culpa.
‒ Bueno, te veré en casa en un par de horas ‒ dijo Lori.
Ante eso, Lincoln llamó a las gemelas y comenzó a acompañarlas hacia la puerta, despidiéndose de Lori mientras lo hacía.
Una vez afuera, Kirby mantuvo la puerta abierta para las chicas. Antes de entrar, Lincoln le entregó la pizza y el refresco al chófer.
‒ Es un regalo de agradecimiento ‒ explicó Lincoln ‒ Es por hacer un gran trabajo.
La verdadera razón por la que Lincoln regaló su comida gratis fue porque todavía tenía náuseas ante la idea de comer. Ni siquiera había podido comer una manzana en el almuerzo, por lo que sabía que la pizza no se iba a quedar abajo, si intentaba comerla.
Mientras Kirby colocaba la comida en el asiento del pasajero, Lincoln estaba a punto de entrar, cuando una voz lo llamó:
‒ Espera un momento ahí, Loud.
Lincoln se congeló, reconociendo esa voz irritante en cualquier parte. Dándose la vuelta, vio a su viejo "amigo" Tetherby saliendo de su propia limusina. El caballero gordo, bajo y de avanzada edad era la razón por la que Lincoln había dejado que el hecho de tener una limusina, como si ésta fuese completamente suya, se le subiera a la cabeza.
Tetherby tenía su propio club campestre, al cual Lincoln había sido invitado. Las ventajas de ser rico hicieron que Lincoln olvidara lo terrible que era realmente Tetherby hasta después de haber actuado como un gran idiota con sus hermanas. Afortunadamente él había hecho las paces con ellas, y desde ese día todos habían olvidado por completo de volver a ver o tan siquiera hablar de Tetherby, de nuevo.
‒ Hola, Tetherby ‒ dijo Lincoln, tratando de sonar educado. Después de todo, estaba seguro de que el viejo era muy consciente de que no le gustaba en lo absoluto su presencia, así que no había razón para actuar de forma grosera. ‒ ¿Qué puedo hacer por ti?
‒ Bueno, Loud ‒ dijo el hombre ‒ Resulta que estaba viendo el sitio web oficial de la escuela primaria cuando vi a tu maestra revelar tus acciones heroicas. En primer lugar, quisiera felicitarte.
‒ Gracias ‒ asintió Lincoln ‒ ¿Puedo preguntarle por qué estaba mirando el sitio web de mi escuela?
‒ Mi sobrino va a tu escuela ‒ explicó Tetherby ‒ De todos modos, después de enterarme de tus acciones, supe que fuiste el invitado de honor perfecto para mi Fiesta de Héroes de este año.
‒ ¿"Invitado de honor"? ¿"Fiesta de Héroes"? ‒ cuestionó un Lincoln confundido.
‒ ¡Exacto! ‒ exclamó Tetherby ‒ Verás. Cada primavera lanzo una Fiesta de héroes para honrar a todos los héroes de este país. Policías, bomberos, doctores, todos ellos están invitados.
» Pero, como elemento principal, siempre me aseguro de tener un invitado de honor, una persona que ha exhibido acciones heroicas por encima y más allá de lo ordinario.
» Como en 2009, invité a ese piloto que salvó a un avión de estrellarse al momento de hacer un aterrizaje suave en el río Hudson. Pero este año, quiero invitarte, viejo amigo.
Dicho esto, el señor le entregó una carta dorada a Lincoln, quien nerviosamente la tomó. Efectivamente, dicha papeleta tenía las letras resaltadas que lo señalaban como invitado de honor.
‒ Sólo recuerda. Es este próximo viernes.
Conforme miraba más la tarjeta, la idea de, por fin, estar en una fiesta de la alta clase seducía nuevamente su mente; aún así, sólo bastó con darle una mirada más al organizador del evento, para que lo único que resaltara en su mente con mucha vehemencia, fuera la reticencia.
‒ Mire, Tetherby, aprecio el gesto, pero...
‒ Ay, escucha. Sé que no soy tu persona favorita, viejo amigo... ‒ lo interrumpió Tetherby ‒ Estoy muy consciente de que soy bastante arrogante. Pero no te estoy invitando porque tienes una limusina.
» Además, la invitación no es solo para ti. Todos tus familiares y amigos pueden venir. Esta es la única vez del año en que soy gene... gene...
A estas alturas, el viejo parecía tener problemas para decir la palabra que quería vocalizar, pero finalmente la soltó:
‒ ¡Generoso!
Lincoln se mordió el labio. No cabían dudas, todo indicaba que Tetherby en realidad parecía estar tratando de ser amable. Pero aún así, él no era un héroe... no se merecía esto.
‒ Yo... lo pensaré ‒ dijo finalmente.
‒ Bueno, en ese caso... ‒ dijo Tetherby, entregándole una segunda tarjeta con su número telefónico ‒ contáctame dentro de un par de días más o menos, y cuando lo decidas, haremos los arreglos.
» Tenemos mesas lo suficientemente grandes para toda tu familia, así que házmelo saber si necesitarás una o dos si traes amigos.
Ante eso, el anciano se dirigió y se subió a su limusina para luego alejarse del lugar.
Suspirando, Lincoln se metió en su propia limusina.
‒ ¿Qué quería ese cabeza de pelota? ‒ preguntó una Lana molesta.
Después del incidente con la limusina, era más que claro que ninguna de ellas quería a Tetherby.
En eso, Lincoln explicó todo a sus hermanas. Sobre ese asunto de la fiesta y que Tetherby lo había invitado como Invitado de Honor. Esperaba que sus hermanas se molestaran y le dijeran (e incluso lo amenazaran, como es en el caso de Lola) de que no fuera. Sin embargo… la respuesta que recibió de ellas, fue todo lo contrario a lo que él esperaba:
‒ ¡Guau! Eso es genial, Lincoln ‒ dijo Lola, sonriendo a su hermano mayor.
‒ ¡Sí! ‒ habló Lana, también sonriendo ‒ Es bueno cuando una persona es reconocida por sus acciones heroicas.
‒ Eso demuestra que las personas están dispuestas a pensar en otras cosas que no sean ellos mismos ‒ dijo una Lucy habitualmente inexpresiva ‒ Especialmente si alguien como Tetherby piensa así. Creo que deberías ir, hermano.
Lincoln nuevamente se sintió mareado. Si sus hermanas, de todas las personas que pudiese conocer, estaban de acuerdo con las intenciones de un ser arrogante como lo es Tetherby, entonces él sabía que estaba en un gran problema.
‒ Bueno... si ustedes lo dicen ‒ respondió un Lincoln indeciso.
No dijo nada más mientras miraba por la ventana durante el resto del viaje a casa.
Al llegar a casa, Lincoln se dirigió directamente a su habitación para comenzar su tarea. Sus padres aún no estaban en casa, así que no tuvo que explicar la limusina. Aunque, por supuesto, estaba más que seguro de que no tendrían ningún problema con eso.
Una vez dentro, Lucy y las gemelas se fueron a hacer lo suyo. Mientras Lincoln subía las escaleras, oyó que se abría la puerta de la primera habitación que estaba primero al subir las escaleras y Lynn llamó:
‒ Hola, hermano.
Girándose, Lincoln forzó una sonrisa cuando dijo:
‒ Hola, Lynn, ¿qué pasa?
‒ Sal afuera, tengo una sorpresa para ti en el patio trasero ‒ dijo Lynn, mientras se dirigía hacia afuera.
Lincoln se quejó en ese instante, dejando caer su mochila mientras se dirigía hacia las escaleras. Por lo general, cada vez que Lynn le tenía reservada una "sorpresa" era un sinónimo equivalente a una broma cruel, lo cual hacía que lo evitase a toda costa; pero en realidad, a estas alturas, estaba rezando para que ella lo rociara con globos de agua o asfixiara su cara con su propia ropa interior (otra vez), porque no estaba de humor para recibir otra "recompensa" por sus "acciones heroicas".
Al salir de la casa, se sorprendió al ver a Lynn, Rusty, Polly, "Papá Ruedas" y "Llanta Ponchada", todos de pie frente a una lona que estaba cubriendo un objeto grande.
Huelga decir que el chico de cabello blanco estaba empezando a tener una sensación incómoda al respecto.
‒ Entonces, Linc, creo que no hace falta decir cuán orgullosos estamos todas de tus acciones heroicas ‒ dijo Lynn, mientras los otros asentían. ‒ Entonces, pensamos que era lógico que obtuvieras una recompensa por ello. O, por lo que he estado escuchando, OTRA recompensa por ello.
El estómago de Lincoln cayó cuando Lynn arrancó la lona, revelando su bicicleta... como nueva.
Un par de meses atrás, Lori le había heredado a Lincoln su vieja bicicleta rosada. Pero como no quería parecer un perdedor, comenzó a "pedir prestado" la súper genial bicicleta de BMX de Lynn, que finalmente le dio el puesto de "líder" en la pandilla de ciclistas, conformada por los tres chicos ahí presentes.
Sin embargo, la bicicleta de Lynn fue eventualmente robada, por lo que tuvo que llegar con las manos limpias. Al enterarse de lo que había hecho, ella tuvo que llevar su bicicleta rosada a una competencia y le dijo que buscara su bicicleta mientras no estaba.
Sin embargo, cuando encontró la bicicleta de Lynn, Lynn se había acostumbrado a la suya y decidió quedársela. Lincoln fue expulsado de la pandilla de bicicletas, y Lynn tomó su lugar como líder. En señal de culpabilidad, decidió entregarle la bicicleta a Lana, quien rápidamente la desmanteló para quién sabe qué cosa hiciera con ella.
Pero ahora, ahí estaba... y como nueva.
‒ Todavía soy el líder ‒ dijo Lynn ‒ Pero estamos felices de darte de nuevo la bienvenida, "Cadenas Linc".
‒ Sí, me alegro de tenerte de nuevo en la pandilla ‒ dijo "Llanta Ponchada", dándole un puñetazo amistoso a Lincoln en el hombro.
‒ Es lo que yo digo, será genial tener a un héroe en nuestro grupo ‒ dijo "Papá Ruedas", y los otros asintieron.
Mientras más escuchaba a sus compañeros sobre lo estupendo que será el tenerlo de vuelta, más se sentía hundido con una situación que le costaba asimilar: otros de sus amigos habían hecho algo bueno por él sin pedirlo, y lo peor es que se trataba de algo que no se merecía debido al falso título que le fue otorgado.
‒ Chicos ‒ Lincoln se rió nerviosamente ‒ No tienen... eh... no necesitan hacer esto, en serio.
‒ ¡Oh, vamos! Te lo mereces, hermano ‒ dijo Lynn, acercándose a él y pasando un brazo por su hombro. ‒ Después de todo, has tenido un fin de semana difícil, así que pensé que podrías tener algunas buenas noticias. ¿Eh? ¿Qué dices...?
Al notar ese brillo en los ojos de su hermana, rápidamente se dio cuenta que ya no tenía escapatoria. Sabía que el negarle un regalo a alguna de sus hermanas que le empeño todo su esfuerzo por él, implicaría todo un calvario en el que involucraba lamentarse por completo de su abstinencia, ya sea experimentando un remordimiento por sí mismo o ser acribillado con ataques físicos y/o verbales por su falta de consideración, como era el caso de Lynn.
Mirando de nuevo a la bicicleta, y de nuevo a su hermana, forzó una sonrisa complaciente y asintió en señal de aceptación.
‒ Bueno, en ese caso... ¡vamos, hay que rodar!
Ante eso, su hermana tiró de él hacia su bicicleta, prácticamente tirándolo sobre ella. Luego, le arrojó su casco, y partieron. Gimiendo de angustia, Lincoln los siguió, pensando que tal vez un viaje lo ayudaría a aclarar su mente.
Lynn y Lincoln llegaron a casa alrededor de las seis de la tarde, justo antes de la cena. Notaron que la limusina ya no estaba, pero no pensaron mucho en eso. Después de todo, incluso con la puerta del garaje abierta, ocupaba todo el camino de entrada, lo que significa que obviamente no podían guardarla en casa.
Al entrar a la puerta principal, Lincoln olfateó, y su boca comenzó a aguarse por el olor a carne asada y puré de papas. Realmente apestaba el hecho de que, aunque olía delicioso, también lo hacía sentirse nauseabundo. Prácticamente, era su culpabilidad la que todavía le hacía sentir mareos espontáneos como para comer cualquier cosa.
"¿Cómo diablos sigo incluso funcionando?", pensó para sí mismo, mientras se dirigía hacia la cocina, "No he comido ni dormido en días. Debería estar como a 5 segundos de desmayarme. Pero en cambio me siento igual que siempre... Tal vez debería preguntarle a Lisa sobre eso más adelante".
Cuando Lincoln llegó a la cocina y estaba a punto de sentarse a la mesa para los niños, su padre lo llamó de repente:
‒ Oye, campeón, ¿te importaría venir aquí por un minuto?
Compartiendo una mirada confundida con sus hermanas pequeñas, Lincoln se dirigió al comedor. Sus padres y las hermanas mayores estaban todos sentados alrededor de la mesa de adultos, con mamá preparándose para repartir la cena.
‒ ¿Todo está bien? ‒ preguntó, pensando que sus padres probablemente querían felicitarlo por su nuevo puesto como "héroe".
‒ Cariño, tu padre y yo hemos estado hablando últimamente ‒ dijo mamá ‒ sobre todo lo que pasó hace un par de meses cuando trataste de unirte a la mesa de los adultos.
En un instante, Lincoln tuvo que ahogar una mueca ante ese recuerdo bastante incómodo: todas las cosas que trató de hacer para llegar a la mesa de los adultos, solo para descubrir que era tan infernamente aburrida.
Afortunadamente logró regresar a la mesa de los niños, aunque la confianza de sus padres en él había sido ligeramente dañada después de eso; aún más debido al hecho de que sus hermanas mayores también habían tratado de volver a la mesa para niños. Se les permitió quedarse por una noche, pero luego se les hizo regresar a la mesa de adultos.
Afortunadamente las cosas volvieron a la normalidad ahora, y Lincoln no tenía planes de ir a la mesa de los adultos en un corto plazo de tiempo.
‒ Hemos estado pensando, y, bueno... puedes venir y unirte de nuevo a la mesa de los adultos ‒ dijo papá, sonriendo.
Hecho no tan divertido: cuando eres un niño, lo que tú planeas hacer algo realmente no importa.
Lincoln hizo una mueca de desconcierto, para posteriormente rematar con una respuesta, después de pensarlo detenidamente:
‒ Ah, eso... eso está bien, y en serio se los agradezco, pero estoy bien en la mesa para niños.
Ante eso, se giró y comenzó a dirigirse a la cocina... sólo para que su acción volviera a ser interrumpida una vez más, permaneciendo estático en su sitio cuando su madre le dijo:
‒ Cariño, sabemos por qué hiciste lo que hiciste.
En eso, un Lincoln algo extrañado por el comentario de su madre, se devolvió para mirarla de nuevo:
‒ ¿En serio?
‒ Sí ‒ suspiró su madre, mientras ella y papá asentían. ‒ Verás, resulta que incluso nosotros hemos estado pensando que la mesa de los adultos puede ser aburrida en ocasiones, y que nuestra comida no es tan buena como la que ustedes tienen en la mesa de los niños, e incluso estamos de acuerdo en que no tener ningún postre después de cada comida puede ser algo molesto, y...
Al ver que su hijo permanecía algo aturdido en su sitio, ante lo que él estaba considerando como un lenguaje ampuloso de parte de su esposa, el señor Loud decidió intervenir, dirigiéndose esta vez no sólo a su hijo sino a todos los presentes:
‒ El punto es que tenemos once niños, y solo queríamos media hora al día para poder tener algo de paz y tranquilidad a la hora de comer... Pero ahora nos damos cuenta de que eso no era justo para ustedes.
» Es por eso que, a partir de ahora, ofreceremos un menú más diverso. Todos tendremos lo mismo todas las noches, y mientras que su madre y yo comeremos nuestros alimentos más... refinados, por así decirlo, ustedes podrán comer pizza. Y además, todos tendremos postre a partir de ahora. Incluso podemos permitir un chiste o dos de vez en cuando.
Cuando sus hermanas comenzaron a enardecerse, Lincoln sonrió sumisamente. Mientras estaba contento por el cambio, sabía que esto podría representar un problema: sus hermanas menores siempre andaban dando vueltas, y por lo tanto sus padres no eran conscientes de que no habían estado comiendo recientemente junto a ellas. Estaba seguro de que al menos una de sus hermanas mayores o padres lo notaría, lo que significaba que tendría que tener cuidado con ello.
Sabiendo que no había forma de salir de esto, Lincoln se sentó al final de la mesa y esperó a que su madre le sirviera su plato. Se podría decir que las cosas al menos tenían su lado amable, tanto sus padres como sus hermanas lo miraban con admiración, con Lynn y Leni, quienes estaban a cada lado suyo, de vez en cuando lo golpeaba amistosamente en el hombro y le daba un abrazo, respectivamente.
Pero nuevamente, eso no quitaba el hecho de que sentía acorralado en su propia consciencia, puesto que las personas que más amaba en este mundo, estaban completamente inconscientes de sus verdaderas acciones cometidas durante el incendio.
Durante la cena, la conversación se sintió más relajada que la última vez que Lincoln había estado en la mesa de adultos. La mayor parte de la conversación era sobre él, por supuesto, pero en realidad no estaba prestando atención; aunque también sabía que Lucy o las gemelas probablemente mencionarían tarde o temprano ese asunto de la Fiesta de Héroes en el Club Campestre, y no estaba seguro de cómo sería la postura de los demás al respecto. Aún así, pensó que probablemente sería mejor sacarlo a colación él mismo, para poder dejarlo atrás:
‒ Así que... ‒ el habló, al encontrar una pausa en la conversación. ‒ Yo, eh, fui invitado a esta Fiesta de Héroes, y...
‒ Eso es genial, cariño ‒ dijo mamá, sonriéndole a su pequeño niño de manera efusiva.
‒ Así se hace, campeón ‒ dijo papá, dándole un pulgar en alto a su hijo.
‒ Gracias ‒ dijo Lincoln, forzando una sonrisa. ‒ La fiesta va a hacerse en el Club Campestre de Lord Tetherby, así que entiendo si ustedes no quieren ir.
‒ Espera... ¿Lord Tetherby? ‒ preguntó una Lori molesta. ‒ Pensé que habías terminado con él.
Ante eso, Lincoln explicó cómo se había topado con Tetherby al lado del establecimiento de Gus 'Games and Grub, y cómo había explicado que cada año hacía una fiesta para honrar a los héroes, y que era la única vez del año que intentaba ser generoso... sin olvidar el hecho de que tenía a la mano una tarjeta con sus líneas de contacto.
‒ Pero aún así, sé que a ustedes no les agrada ese sujeto, así que... creo lo llamaré y le diré que no puedo ‒ dijo Lincoln, encogiéndose de hombros como si no fuera gran cosa.
‒ ¿Y qué pasa con el hecho de que eres el invitado de honor?
Todos gritaron de sorpresa cuando Lucy se apareció detrás de Lincoln.
Mientras esperaba que su familia se tranquilizara, Lucy explicó:
‒ Aunque estoy de acuerdo en que Tetherby es un tonto arrogante, dijiste que parecía estar tratando de ser amable.
‒ Espera... ¿eres el invitado de honor de esa fiesta? ‒ habló su papá, mientras todas las hermanas se volvían sorprendidas hacia Lincoln. Pero el impacto apenas se intensificó más, cuando ‒ Bueno, en ese caso creo que no se trata de que vayas o no, y pienso que todos tenemos que ir a apoyarte.
Fue así que todas las hermanas hablaron al mismo tiempo, estableciendo una breve cacofonía de expresiones propias en concordancia con lo que dictó su padre, y de igual manera expresando sus felicitaciones a su hermano por ese suceso.
‒ Vaya, gracias a todos. ‒ dijo Lincoln, forzando una sonrisa. ‒ Pero sinceramente, no creo que me merezco esto. Todo lo que hice fue solamente activar la alarma de incendios.
‒ A ver, Linc, ¿de qué hablamos recientemente? ‒ preguntó Lori, sonriendo a su hermano. ‒ Si bien tú hiciste algo pequeño, tuvo un gran efecto, y eso es lo que hace que seas un verdadero héroe.
El resto de la familia estuvo de acuerdo, asintiendo y sonriéndole a Lincoln, quien solo se sentía más culpable al respecto.
Mientras el resto de la familia volvía a sus propias comidas, Lincoln miró su plato. Hasta el momento, solo había podido comer un par de bocados de su carne asada; aunque sabía delicioso, todavía sentía náuseas. Pero sabía que tenía que hacer algo antes de que alguien notara que no estaba comiendo por completo.
Mirando a su izquierda, vio que Leni casi había terminado.
En ese momento, Lincoln se mordió el labio inferior, tratando de pensar en una solución a sus problemas alimenticios. Y mientras más observaba la situación, por lo visto, sus acciones se redujeron a dos opciones simples:
» Tragar a la fuerza su comida, y luego, más que probable, vomitarla más tarde. O...
» Distraer al resto de la familia el tiempo suficiente para intercambiar platos con su despistada hermana, que probablemente no se daría cuenta de que de repente tenía un plato lleno.
Por supuesto, estaba el hecho obvio de que si iba a comer en la mesa de adultos a tiempo completo, tenía que encontrar una solución más permanente; por ahora, iría un día a la vez.
‒ Disculpa, ¿Leni? ‒ él habló, llamando su atención. Un par de ojos más se dirigieron hacia él, solo por curiosidad natural de lo que le iba a preguntar a su hermana ‒ ¿Podrías por favor pasarme la sal?
Afortunadamente eso hizo que los demás volvieran a su comida, mientras que Leni lo pedía el salero a Lori para así agarrarlo. Luego se lo dio a Lincoln, quien se sirvió sal en la poca comida que le quedaba.
‒ Gracias, Leni ‒ dijo él, mientras dejaba el objeto sobre la mesa.
‒ De nada, Linky ‒ dijo ella, sonriéndole, antes de volver a su propio plato, el cual para su sorpresa, se llenó de repente.
‒ Es extraño, podría haber jurado que mi plato estaba casi vacío.
‒ ¡Ja! No sería la primera vez que olvidas algo ‒ se burló Lori, solo para hacer una mueca de pena cuando sus padres la miraron.
‒ Eh, cómo sea. ‒ exclamó una Leni indiferente, la cual se encogió de hombros mientras volvía a comer.
Tras esta acción, Lincoln exhaló un suspiro de alivio, mientras tragaba los últimos pedazos de comida en el plato de Leni.
Solo esperaba poder encontrar una solución más fácil para en un futuro cercano. Después de todo, cualquiera de sus hermanas podría haber mirado al azar en su dirección cuando cambió los platos con Leni.
"Estaré bien", pensó, "He sobrevivido a la vida con 10 hermanas. Puedo encontrar una solución para todo este estrés que estoy sintiendo, no hay problema".
...Si tan solo pudiera creerse eso en su totalidad.
El postre de esta noche consistió de sundaes de helado. Lincoln esperó nuevamente un momento oportuno para intercambiar platos con Leni. Afortunadamente, la muchacha no cuestionó el discreto intercambio de platos que realizó de nuevo, y también nadie pareció notarlo.
Aún así, el chico de cabello blanco sabía perfectamente que esta buena racha no le duraría demasiado. Precisamente, eso hizo que se quejara ante este pensamiento mientras subía las escaleras, agarrando su mochila que estaba donde la había dejado caer cuando Lynn lo arrastró afuera. Luego se dirigió a su habitación para comenzar su tarea.
Sin embargo, cuando estaba a punto de entrar en su habitación, se detuvo y miró a su derecha, encontrándose con la puerta de la habitación de Lisa y Lily, la cual estaba ligeramente abierta.
Lincoln se mordió el labio inferior, obviamente sintiéndose consternado a lo que estaba por hacer.
A pesar de que Lisa fuera una intelectual destacable, y de que tenía sus razones para mostrarse inmutable ante sus propias emociones, su hermana aún seguía siendo una niña de cuatro de años, y el sólo hecho de que ella estuviera sometida ante la cruenta posibilidad de saber quién es el verdadero responsable del incendio implicaría una desoladora realidad tanto para ella como para él mismo.
Sin embargo, eso no implicaba que necesitaría revelarle ese detalle aún, puesto que tenía que averiguar por parte de su ayuda profesional lo que le ocurría en esos momentos de inquietud y desasosiego; aquellos momentos en los que sentía un completo repelús nauseabundo hacia las cosas que más disfrutaba hacer, o simplemente en los que alguien con tan sólo le mencionara la palabra "héroe" sintiera un completo repudio hacia su persona.
Por lo que después de colocar su mochila dentro de su habitación, se encaminó hacia la puerta de la habitación de sus hermanas más jóvenes, la tocó y espero la tan esperada respuesta de su interior:
‒ Adelante ‒ llamó Lisa.
Lincoln entró, notando que Lisa estaba sentada en su silla giratoria, escribiendo algunas notas en su escritorio, y aparte, Lily estaba jugando con algunos juguetes en su cuna.
‒ ¿Qué puedo hacer por ti, hermano mayor? ‒ preguntó ella, sin siquiera darse la vuelta.
‒ Me preguntaba si podría obtener tu ayuda con alguna... ¿tarea? ‒ preguntó nerviosamente, esperando a que su hermanita no entendiera el hecho de que estaba mintiendo.
‒ Bueno, se supone que debo enseñarle matemáticas a Lucy esta noche ‒ dijo Lisa. ‒ Sin embargo, eso no es nada para otros cinco minutos, así que supongo que puedo echarte una mano.
Tras terminar lo que estaba haciendo, la niña de lentes se dio vuelta, pareciendo casi ansiosa:
‒ Dime, ¿es algo desafiante?
‒ Algo así ‒ dijo Lincoln, frotándose nerviosamente las manos mientras trataba de encontrar la mejor manera de decir esto para que pudiera ayudarlo. De repente, la mentira perfecta vino a él:
‒ Verás, desde que el incendio fue iniciado por un estudiante, la Sra. Johnson quiere que escribamos un ensayo sobre la culpa y cómo puede meterse con nosotros.
Tras su comentario, la sonrisa ansiosa de la niña genio se esfumó levemente, adoptando una postura conspicuamente inquisitiva.
‒ Interesante ‒ dijo Lisa, entrecerrando un poco la mirada que tenía hacia su hermano mientras que se cruzaba de brazos.
En este punto, Lincoln comenzaba a inquietarse un poco, a tal punto que algunas gotas de sudor surgieron en su frente. Si por algo era sumamente conocida Lisa, además de su capacidad de resolver problemas académicos mil veces más rápido que un tutor promedio, era su increíble forma de descifrar los problemas antes de que éstos llegasen a oídos de todos los demás en la casa Loud.
Una vez, estuvo ocultándose de sus hermanas para que no se entrometieran en un asunto que involucraba a un abusador, puesto que llevaba un chicle pegado en su cabello una vez que estaba llegando a su casa; pero al final de cuentas esto resultó inútil, ya que la pequeña niña logró deducirlo de manera obvia y terminó por contárselo a Lynn, quien eventualmente terminó por contárselo a todas las demás chicas.
Aún así, el hecho de que se entrometieran en un asunto personal, terminó favoreciendo su perspectiva al respecto de que ellas, de una manera u otra, terminan por sacarlo de las situaciones que no podría manejar... Es decir, ¿quién diría que terminaría entablando una agradable relación con la misma bravucona, y que esta eventualmente se terminaría convirtiendo en su novia?
Lamentablemente, este no era el caso; lo último que realmente quería era que ella o cualquiera de sus otras hermanas se involucrase al respecto sin que sintieran un extremo disgusto hacia él, puesto que eso conllevaría a que se cumplieran uno de sus mayores temores.
Desviando un poco la mirada para pensar un poco mejor, la niña de anteojos le dijo:
‒ Bueno, sin detenerme mucho a pensar, sé que hay varios factores clave que la culpa y el estrés pueden causar. ‒ estableció ella, volviéndose hacia su hermano y poniendo su habitual mirada estoica ‒ ¿Estás buscando algún área en particular?
‒ Bueno...
Lincoln respiró hondo, rezando para que su hermana intelectual no atara los cabos sueltos. Exhalando un poco, le dijo:
‒ ¿Qué tal... la del insomnio y las náuseas producidos por la culpa?
Lisa hizo una pausa y se llevó la mano a la barbilla, pensando en voz alta:
‒ Bueno, primero tenemos que mirar a la culpa...
» Básicamente, si tenemos conciencia, cuando hacemos algo mal nos sentiremos mal por ello. Y, por supuesto, esto comenzará principalmente con cosas que disfrutamos.
» Por ejemplo, si el incendiario disfruta de los videojuegos, entonces no podría disfrutar de una buena sesión de videojuego sin sentirse mal por lo que hizo.
‒ Muy bien, eso tiene sentido ‒ asintió un Lincoln perturbado, tratando de sonar neutral.
En sí, realmente no había tenido tiempo para jugar videojuegos este fin de semana, por lo que no estaba seguro de si se vería afectado por ellos.
‒ En cuanto al insomnio y las náuseas,... ‒ continuó Lisa ‒... estos son resultados igualmente plausibles del estrés inducido por la culpa. Después de todo, el sueño se considera algo maravilloso, debido a que nos puede ayudar a recargar.
» Sin embargo, los malos sueños tienden a ponernos en un estado de angustia, lo que hace que nuestro sueño sea desagradable, lo cual, si es continuo, puede hacernos temer al sueño.
» En cuanto a las náuseas, nuevamente tenemos que mirar los alimentos que nos gustan, lo que nos haría incapaces de disfrutarlos debido a sentir culpa. Y esto podría desencadenar una reacción en cadena.
» Por ejemplo, si te gusta la pizza pero odias el brócoli, entonces eventualmente la culpabilidad que te hace incapaz de disfrutar una rebanada de pizza, termina entorpeciendo aún más tus intentos por comer brócoli.
‒ Prácticamente, no es una ciencia exacta. ‒ agregó Lisa, estableciendo contacto visual con su hermano mayor.
En ese momento, Lincoln sintió un suave impulso por fruncir el ceño en señal de preocupación, pero tuvo que retenerse para no levantar sospechas.
En eso, pensó en todo lo que su hermana le había dicho hasta ahora... y lamentablemente, todo tenía perfecto sentido. Tenía pesadillas casi cada vez que se quedaba dormido, y aunque la idea de pizzas, hamburguesas y espaguetis le hiciera agua a la boca, también le revolvía el estómago. Era la culpabilidad que lo estaba liando lentamente y, desafortunadamente, él sabía que la única manera de detener todo esto... era más que obvia.
‒ Y... ¿cómo se puede vencer la culpa? ‒ preguntó, a pesar de saber que no había razón para hacerlo.
Y por supuesto, Lisa le dijo la respuesta que había estado esperando:
‒ Confesando.
Después de eso, ya no tenía reparo en evitar otra conversación con ella. Por lo que Lincoln suspiró, sonando algo cansado:
‒ Gracias, Lisa.
Luego se volvió y se dirigió a su habitación, queriendo salir de allí antes de que algo imprevisto le sucediera, tal y como si fuese Lucy acercándose sigilosamente hacia él para sorprenderlo... OTRA VEZ.
Entró en su habitación y se dejó caer en la cama, reposando su cabeza y hundiendo su rostro en lo más profundo de su almohada mientras ahogaba cada grito de desesperación, limitándose sólo a sollozar.
El chico ya no tenía remedio, ya no tenía escapatoria...
Les había dicho a todos que llamaría a Tetherby mañana después de hablar con Clyde y Ronnie Anne, y también les dijo a Lori y a Leni que eran más que bienvenidas para invitar a sus novios en su limosina nueva.
Honestamente, no quería ir a esa fiesta y lamentaba por completo haberla mencionado; debió haberles dicho a sus hermanas que Tetherby estaba tratando de invitarlo a que regresara al Club Campestre, o algo así. Entonces, podría haberlo llamado y haberle dicho que no podía hacerlo. Pero ahora, tenía que arreglarse, ir y estar presente... y consciente de que no era más que un fraude.
Para cuando terminó de desahogarse, el muchacho se quedó observando al techo durante otros buenos quince minutos antes de decidir que debería comenzar con su tarea. Suspirando, sacó y abrió sus libros de Matemáticas y de Inglés.
Para esta noche, tenía que resolver los problemas de la página 105 y algunos ejercicios en inglés en la página 69, consistiendo en identificar fragmentos de oraciones y en completar oraciones continuas.
Sin embargo, al abrir su libro en la página indicada, se sobresaltó al ver otra hoja de respuestas. Y efectivamente, al revisar su libro en inglés, también había una hoja de respuestas allí.
Si eso fue suficiente para que hiciera una mueca de sorpresa, las palabras que venían como mensaje adicional en ambas hojas fueron suficientes para sacarlo de sus casillas mentales:
Espero que esto te ayude, hermano mayor.
Eres todo un héroe.
‒ Lisa
No hacía falta ser detective para saber que Lisa ya había estado enterada de que se había convertido en un "héroe".
Tal vez sus acciones se debieron a que era algo que sentía que era necesario... o simplemente porque tal vez quería entrar en tendencia por sentirse orgullosa de estar informada; en lo que no había dudas, sin embargo, era que la pequeña Lisa encontró su mochila desatendida en el pasillo, miró que entre sus cosas tenía tarea y decidió ayudarlo con respecto a eso.
Suspiró, dejando caer su cabeza sobre su escritorio y soltando quejidos. No podía tomar mucho más de esto... él no era un héroe, y no merecía todas estas recompensas.
‒ Honestamente, deseo que algo malo me suceda ‒ gimió, mientras se sentaba y sacaba su caja de lápices, listo para hacer su tarea.
Al igual que su prueba, no tenía intención de usar las hojas de respuestas, a menos que éstas fueran absolutamente necesarias. Sin embargo, tuvo que ser interrumpido en el acto... ¡ya que el simple deseo de algo malo le pasase se hizo realidad!
‒ Hola, Lincoln.
Lincoln se congeló ante la voz que venía de la nada. Gruñendo nerviosamente, metió la mano en su mochila y tomó el walkie-talkie que su chantajista le había dado antes.
Pero antes de entrar en contacto con el desconocido que lo tenía amenazado, se aseguró de que su puerta estuviera cerrada, antes de saltar a su cama y meterse debajo de las sábanas, tratando de asegurarse de que nadie pudiera escuchar su conversación.
Tembloroso, Lincoln presionó el botón de conversación en el walkie-talkie y murmuró:
‒ ¿Hola?
‒ Buenas noches, Lincoln ‒ la voz amortiguada se rió siniestramente ‒ Saltémonos las bromas y pongamos manos a la obra. Tengo toda la lista de cosas que debes hacer si quieres que me quede callado. ¿Estás listo?
Tragando saliva, Lincoln miserablemente preguntó:
‒ ¿Tengo tengo otra opción?
La misteriosa persona se rió de nuevo:
‒ Por supuesto que no. Ahora, comencemos...
FIN DEL CAPÍTULO III
