LOBO

PARTE FINAL

Se apareció en un instante frente a la horrible puerta pintada de celeste.

Su cuerpo estaba húmedo y la ropa se le pegaba, una corriente de viento helado despeinó su cabello, que todavía chorreaba pequeñas gotas de agua. No le dedicó un pensamiento y se encaminó dentro de la casa, esta vez llevaba la varita.

Ninguna barrera le impidió el paso y llegó como un rayo hasta la sala de estar. Potter leía un libro —Asombrosamente sin gafas —Y bebía el té de la tarde.

Por la mirada que le dirigió, esperaba su visita y su enfado. Definitivamente no esperaba el hechizo que Draco le mandó.

— ¿Qué me hiciste Potter? —Inquirió sin dejar de apuntarle con la varita. Harry no respondió. Resopló furioso y conjuró unas cuerdas alrededor de aquel formidable cuerpo, sólo entonces quitó el petrificus totalus—. Habla —Ordenó—. Me has hechizado, ¡no te atrevas a negarlo! Porque esto… Esto no es normal…

— Escucha, Draco…

— ¡Te dije que no lo negaras! —Exclamó—. No es posible que yo esté… Que no pueda… —Pero estaba y no podía, y fue por eso que se lanzó sobre Potter y le besó con ansia desmedida—. No puedo parar de pensar en ti, Harry, Harry… —Decía y le besaba el rostro. Las cuerdas se soltaron sin hechizo y Harry le tomó de la nuca para controlar aquella boca inquieta—. Me he sentido tan miserable estos días —Le confesó—, no podía dejar de pensar en ti, en tus manos, en tu cuerpo, en tus ojos…

— Draco…

— No me eches, te lo suplico —Pidió abrazándose desesperado a ese cuerpo macizo—. No sé qué me sucede, pero no puedo sacarte de mi cabeza.

— No lo haré…

— No quiero esto, Potter. No lo quiero… no me eches.

Harry no le liberó de su abrazo.

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En algún punto de su repetitivo monólogo se quedó dormido y sólo despertó al sentir que le movían. Cayó sobre las sábanas antes de ser capaz de abrir los ojos.

Se movió un instante y suspiró al saberse vestido con una bata mullida. Seguramente su ropa estaría chorreando agua.

Una mano casi demasiado cálida se posó sobre su frente y le hizo notar que le dolía la cabeza.

— Tienes algo de temperatura —Observó Harry quitando la mano de su frente —. Llegaste con el cuerpo húmedo, ¿te ha sucedido algo? —Preguntó amable.

— ¿Potter? —Habló mareado por el sueño y advirtiendo que su garganta dolía al tragar—. Hmm…lluvia y ducha… Portugal. —Balbuceó sin apenas fuerzas, sus ojos se cerraron.

— ¿Has estado ahí estos días? —El tono grave y cordial continuaba, haciéndolo sentir extrañamente cómodo.

—Sí… —Dijo pero luego parpadeó y se obligó a enfocar la mirada—. Me secuestraste —Afirmó. Por un segundo la expresión de Potter se volvió alarmada.

—No era esa mi intención —Empezó. Draco arqueó una ceja, retándolo a continuar con ese argumento—. Bueno, sí —Aceptó—, ¡pero no quería hacerlo! — la otra ceja albina se le unió a la primera—. O sea, quería que estuvieras aquí — titubeaba tratando de explicar—. No quería que te fueras, pero tampoco quería tenerte "secuestrado".

— ¡Potter!, —Exclamó, un ramalazo de dolor en su cabeza le advirtió que no era buena idea—. El hecho de llevar a una persona a un lugar en contra de su voluntad y no permitirle marcharse es la definición de "secuestro" —Aclaró molesto. Potter se sonrojó apenado y Draco volvió a preguntarse qué lo hacía verse tan adorable. ¡Era un idiota, por Merlín!

—Lo siento —Dijo apenado—. En realidad sólo quería hablar contigo en la oficina,… pero luego no quise que te marchases.

El rubio hizo un mohín, decidiendo que Potter era demasiado Gryffindor para hacer algo realmente malo a conciencia.

—Da igual, me duele la cabeza —Se quejó. Al instante el moreno levantó la varita y en la mesita de noche apareció una fuente y unas compresas.

— ¿Te duele mucho? —Preguntó preocupado el ojiverde. Draco se sorprendió, en realidad no dolía tanto, pero no se iba a negar a que lo consintieran un poco. Él lo merecía.

—Sí —Respondió poniendo una expresión indefensa. Harry le acarició el cabello en recompensa—. Ha sido un mal día.

— ¿Quieres contarme? —Inquirió el moreno interesado. El rubio parpadeó un par de veces, ¿Potter quería escucharle quejarse por todo?

—No —Dijo desviando la mirada—, preferiría descansar un poco.

—Oh, claro, perdona —Se disculpó luciendo azorado—. Buscaré algo de ropa y te dejaré para que descanses tranquilo —Informó mientras iba hacia un armario. Draco reconoció la habitación.

— ¿Potter? —Preguntó.

— ¿Si?

— ¿Duermes aquí? ¿Esta es tu habitación? —Quiso saber.

—Sí —Contestó de nuevo sonrojado—. Lo siento, es la única habitación de la casa — volvió a disculparse.

Draco pensó que esa habitación no iba mucho con Potter. Era bonita y bien decorada, pero no parecía de él.

—En ese armario casi no hay ropa de tu talla —Le hizo notar.

—No necesito mucho —Dijo el ojiverde ya con un pantalón y una camisa en las manos—.

—Pero aquí vive otra persona, ¿cierto? —Inquirió Draco confuso, y de ninguna manera preocupado o celoso. ¡Que de ninguna manera!—. El armario está lleno de ropa y accesorios de mi talla. — Harry sonrió indulgente.

—Te lo dije la otra vez, las mandé a hacer para ti —Le recordó.

—Pero…pero…—Decía consternado. ¡Mierda! Potter de verdad estaba obsesionado con él. Si no fuera porque era demasiado noble como para hacer algo malo, Draco se preocuparía—. ¿Y dónde dormirás?

—Hay un sofá abajo —Respondió despreocupado. Realmente no lucía como un psicópata.

—Oh —Exhaló de pronto sintiéndose un incordio. Se incorporó de inmediato—. No necesitas ir abajo, yo iré al sofá, es tu casa después de todo. Tu cama. —Potter sonrió de nuevo y se acercó a paso suave, como tratando de no ahuyentarlo.

—No te preocupes —Le dijo empujándole suavemente para que se recostara—. Estarás mejor aquí.

—Pero esta es tu cama, seguro estarás mejor aquí. El sofá…

—Tranquilo —Pidió tocando apenas su mano—. No necesito mucho —Repitió—, y quiero que estés cómodo.

—Pero yo…

—Nada —Le interrumpió—. Quiero que estés bien. Quiero cuidarte Draco. — Y esos ojos verdes, brillantes, llenos de sinceridad y de buenos sentimientos, acallaron cualquier protesta.

Vio salir a Potter sin apenas hacer ruido. Curiosamente hubiera preferido que se quedara.

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Molesto por la luz el sol y por siempre darse cuenta de que se la pasaba durmiendo cada vez que se encontraba en aquella habitación, Draco se levantó cuando aquellos rayos calentaron sus párpados.

Era un día colorido y alegre. Pensó en bajar y despertar a Potter, pero aún no terminaba de calzarse cuando el nombrado entró llevando una bandeja totalmente colmada de comida.

—Buenos días —Saludó—. Como anoche tuviste fiebre hoy tendrás que comer mucho para levantar tus defensas —Dijo poniendo la bandeja en su regazo.

— ¿Esto es para mí? —Potter asintió —. ¿Todo esto? —Un nuevo asentimiento—. Potter, no puedo comerlo todo. Es demasiado —Explicó. No se le pasó por alto el brillo de desilusión en aquellos ojos esmeralda—. ¿Ya has desayunado? —Preguntó intuyendo la respuesta. Una negativa—. Ven entonces, desayunemos ambos — propuso—. Seguro que hasta sobra comida. — Por la mirada brillante que Harry le dirigió, supo que había hecho lo correcto—. Pero después de esto… hablaremos — Sentenció.

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Draco descubrió que Potter casi no hablaba cuando comía, pero que parecía extrañamente complacido de escucharle…

—… Y la bruja que salía de la tienda de calderos comenzó a gritar que había estado a punto de matarla —Decía—. Intenté explicarle a la muchedumbre que lo único que quise fue echarme un hechizo de calentamiento pero obviamente nadie quiso escucharme. Tuve que huir de allí en cuanto quisieron llamar a los aurores. Desde ese día dejé de usar la varita fuera de casa… —Terminó. Se fijó en Potter, que había olvidado beberse su café y apretaba la pequeña taza entre sus manos, mirándola fijamente. Se preguntó qué estaría pensando—. La verdad me gustaría poder ir al Callejón Diagon y poder caminar sin tener que cuidarme de que nadie me maldiga — continuó sonriendo irónicamente—, pero es algo que no sucederá. El Mundo Mágico no olvida —Susurró llevando su propia taza de café a sus labios. Una mano sobre su muñeca le interrumpió, y entonces Potter estaba allí, mirándole. Y sus ojos gritaban miles de promesas.

—Yo te llevaré —Le dijo—. Te llevaré a mi lado y nadie se atreverá hacerte nada. Yo te protegeré, Draco —Le juró sin soltarle.

Ambos quedaron varios minutos sin hablar. El café frío reposando en la loza blanca. Las manos de Harry sobre su regazo, unidas en una plegaria.

— ¿Sabes qué? —Preguntó el rubio. El otro desvió la mirada de sus labios y la dirigió a sus ojos—. Ahora mismo no luces tan amenazante como el otro día… —Dijo sonriéndole. Harry se sonrojó.

—Lo siento mucho. Realmente no pretendía asustarte —Se disculpó. Draco enarcó una ceja, en claro desacuerdo—. De verdad, en esos días estaba… estuve…

Pero no continuó. Las barreras de la casa temblaron y Harry tuvo que bajar y conectar la red floo. Draco le siguió.

Instantes más tarde Ronald Weasley hacía su entrada limpiando inexistentes motas de ceniza de su túnica.

— ¿Ron? ¿Qué haces por aquí a estas horas? Creí que tenías turno doble esta semana.

—Compañero —Le saludó con una sonrisa—. Malfoy —Un asentimiento. El rubio no pudo dejar de ver que poco quedaba del insoportable pobretón. Ahora delante de él estaba un auror, portando una insignia especial sobre su pecho, eso significaba que era jefe de su propio equipo. Realmente no estaba bajo la sombra de sus hermanos—. He venido porque tu secretaria armó el escándalo del siglo en el Ministerio, Malfoy —Dijo con cierto tono de burla.

— ¿Mi…secretaria? —Ella era una mujer ya mayor, squib, que se hacía cargo de todos los trámites en el mundo mágico; y quizás era la única que realmente se preocupaba por él.

Seguramente Hermione (su esposa) le había puesto al tanto de su situación.

—Sí, fue a denunciar tu secuestro. Dijo que Harry Potter te raptó de tus oficinas, probablemente para cobrar venganza por tu pasado mortífago —Rió sin malicia, pero mirando acusadoramente a Harry—. Los aurores la mandaron a casa bajo amenaza de enviarla a San Mungo —Siguió—. No me hace falta decir que no le creyeron una palabra. Ni siquiera pensaron que podía ser alguien con multijugos… No piensan salir a buscarte —Terminó con tono serio. Era evidente que en la sociedad mágica no había lugar para Draco Malfoy.

Draco abrió la boca, impresionado, furioso y sorprendido. El odio del Mundo Mágico hacia él aun no desaparecía, bajó la vista. No, los magos no olvidan.

—Marietta se preocupa por mí —Dijo tratando de ver el lado positivo. Se giró hacia el moreno—. ¡Qué bueno que no se te ha ocurrido ir hoy al Callejón Diagon! Seguramente dirían que te he asesinado y a esta hora ya estaría en una celda en Azkaban — gruñó molesto, cruzándose de brazos. No vio a Harry apretar los puños con fuerza. Ron sí.

—De todas formas no te preocupes, compañero —Dijo el pelirrojo mirando hacia Harry—. Antes de pasarme por aquí fui a ver a… Marietta, —miró su nombre en un papel—, y le expliqué que Draco y tú habían viajado juntos por asuntos de la reserva. Dijo que no conocía esos "asuntos", pero se veía menos preocupada. —Draco volvió a abrir la boca, pero Ronald continuó —. Tendrás que quedarte unos días fuera de casa si no quieres que vuelva a hacer un escándalo, para ella tú estás en Rumania resolviendo unos problemas con los dragones que traerás. Dijo que iba a retirar la denuncia de inmediato, iré al Ministerio a comprobarlo.

—Gracias, Ron —Dijo el moreno, aliviado de que su amigo se hiciera cargo de la situación en el Ministerio.

—Por favor, Harry. —Desestimó éste—. Es lo mínimo que puedo hacer para ayudarte —sonrió y guiñó un ojo, Draco fingió no verlo—. Y además — los ojos le brillaron con una satisfacción infantil—…siempre quise salvarte, Malfoy.

Harry le palmeó la espalda y el auror se metió en la chimenea para irse. Antes de que soltara los polvos floo, Draco habló.

—Gracias Weasley. — El pelirrojo le dirigió una corta sonrisa.

— De nada, Malfoy.

Ronald desapareció entre las llamas.

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— ¿Entonces? —Preguntó una vez que estuvieron solos —. Comienza —Pidió.

— ¿Qué comience? —Respondió Harry perplejo.

—Potter, acabo de hacerle un gran favor a tu mejor amigo. Lo menos que puedes hacer es darme una explicación de qué ha pasado todos estos días —Le dijo condescendiente.

— Lo que ha pasa… Un momento, ¿qué favor? —Draco caminó hacia atrás, hasta que sus piernas chocaron contra un sofá. Cayó sobre él sonriendo satisfecho.

—Vamos, Potter. Ambos sabemos que a Weasley siempre le faltó seguridad en sí mismo, y que tú eras el que salvaba el día. Ahora él puede hacer cosas por ti… por mí, y le hace sentir bien. Además el pijo que no paraba de molestarlo en la escuela le debe un favor —Explicó—. Son esos los favores involuntarios que tanto me gusta hacer.

Para su placer, Harry rió en vez de enfadarse y fue a sentarse a su lado.

—Supongo que todo es cuestión de perspectivas — aceptó.

—Entonces, empieza. Tienes que explicarme qué fue esa actitud tuya de amenazarme y secuestrarme. —Potter suspiró.

—Es algo complicado de explicar… —Dijo—. No sé por dónde comenzar…

—Escuché tu conversación con Hermione —Le interrumpió el rubio—. Quieres conmigo, Potter. Podías invitarme a una cena si querías foll…

—No —Le cortó —. No quiero contigo — le aseguró poniendo sus manos sobre las del ojigris. No dejó de mirarle—. Te quiero a ti…

—…Po—Potter… ¿Qué estás diciendo? Tú no…

— Yo sí, Draco — le corrigió—. Te quiero. Hace muchos años te estoy esperando…

— Potter,… ¿qué…?

— Escúchame, — le pidió—. Luego podrás decidir qué hacer. — Draco asintió.

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Luego de la batalla final, —Comenzó—, en Hogwarts reinó un completo caos, ¿recuerdas? Mortífagos intentando escapar, el colegio destrozado, magos heridos, demasiados muertos que llorar. Los dementores estaban fuera de control, los aurores no daban a vasto y todo parecía estar tan malditamente mal… Los centauros lograron correr a los gigantes, todos los que podíamos sostener una varita lanzamos Patronus, los más jóvenes arrastraban los cuerpos de los heridos hacia dentro… lo que quedaba de Hogwarts.

En su cabeza el rubio vio lo que le relataba, vio los montones de cuerpos, los escombros, niños de trece años tirando de brazos chamuscados, intentando llevarlos a donde por lo menos hubiera techo. Recordó que él mismo había arrastrado a un Ravenclaw entre las ruinas.

—… Me quedé fuera con los mayores, tratando de poner algo de orden. Las arañas huyeron rápidamente, llevándose cuerpos enredados en sus telarañas, supongo que para alimentarse. Una de ellas quiso atacarme, yo retrocedí para que no me alcanzaran sus patas. Choqué contra un bulto pero no me importó, conjuré un Arania exumai y la lancé lejos de allí. Iba a seguir mi camino pero de pronto una mano agarró mi tobillo, y algo me mordió. Era Greyback.

Draco sufrió un sobresalto. Fenrir Greyback fue por mucho tiempo el protagonista de sus pesadillas, peleándose el primer puesto con Voldemort y su asquerosa serpiente. No pocas veces el lobo lo había acechado, queriendo persuadirlo de unirse a su comunidad. No pocas veces había intentado comérselo. Y ahora… Potter… Harry… él…

No pude hacer nada, ni siquiera gritar, solamente sentía mucho dolor. Era algo totalmente diferente a cualquier cosa que hubiera sentido antes. Mis oídos comenzaron a latir y los pequeños sonidos se expandían convirtiéndose en fuertes ruidos. La sangre me hervía y ya no podía ver bien con los anteojos. Aquel dolor visceral subía por mi pierna y me enloquecía. Mi nariz aleteó oliendo la muerte, la sangre, el miedo… Ron lo mató. Lo arrojó contra una pared y le echó un bloque de piedra encima. Luego fue hacia mí y me sostuvo, yo había caído. — Potter le miró intensamente, adivinando sus pensamientos—. No me convirtió, no era luna llena. — Le tranquilizó—. Pero al igual que a Bill, me dejó…secuelas. — Draco abrió la boca para hablar, pero un dedo sobre sus labios le cayó, Harry debía terminar su historia—. Me desmayé en algún momento cuando ni siquiera el dolor pudo mantenerme despierto. Cuando recuperé la conciencia estaba en una cama en la sala común de Hufflepuff, supongo que no había más sitio disponible; pero aparte de sentirme fatal estaba bastante bien. Me levanté porque tenía que saber qué había pasado, buscar a mis seres queridos y ver que estaban bien. En el Gran Comedor vi a Neville, a los Weasley, a Luna, a la profesora McGonagall, a Hermione. Leí por completo la lista de los muertos, de ambos bandos. Y de pronto me sentí perdido, no estabas ahí.

Se acercó un poco más al rubio. No le tocó, pero su cuerpo emanaba calor y vida, y Draco se sintió terriblemente a gusto con eso, con que Harry estuviera vivo.

—Quise pensar que era una tontería, pero en todo mi recorrido no había parado de buscarte. Fui a por los aurores, no podía permitir que te encerraran. Ellos dijeron que habías escapado con tu familia, que iban a buscarlos pero que de momento no sabían nada de ti. Estuve a punto de salir a buscarte, porque necesitaba ver que estabas a salvo, pero apenas habían pasado unas horas de la batalla, las barreras anti—desaparición estaban puestas y no quería encontrarte y conducirlos a ellos hacia ti. — Hizo una pausa, lo justo para permitirle asimilar sus palabras, luego siguió—. Hubo que ayudar con los heridos, y consolar a los amigos, a los compañeros, a los niños — dijo—. La prensa llegó más pronto de lo que creí posible. Así supimos que algunos mortífagos rebeldes habían atacado varios poblados. Se enviaron varios destacamentos de aurores, otros quedaron para transportar prisioneros a Azkaban o al hospital. Al final también me llevaron para chequearme. San Mungo estaba más lleno que un concierto de Las Brujas de Macbeth. — Quiso bromear—. Yo buscaba un momento a solas para poder salir de allí y encontrarte, pero ¿quién iba a dejar al Niño—que—vivió solo en esos momentos? Los reporteros me perseguían, los aurores me perseguían, todos se acercaban para llorar conmigo, para agradecerme, para que les ayudara… Yo no podía estar menos orgulloso de toda esa masacre, y la libertad con la que tanto había soñado parecía vacía, efímera.

Draco tocó una de sus manos. Él había huido pronto, seguro que una celda de Azkaban tenía su nombre, pero Harry se había quedado a enfrentarlo todo, como siempre, como él nunca pudo.

—Los Weasley me rescataron, me llevaron a La Madriguera. Ese sitio nunca estuvo peor —Sonrió con pena—. Como pudieron nos acomodaron en aquella casa casi destruida y en un parpadeo ya habían pasado dos días. Ese día fue el funeral de Fred. —Hizo una nueva pausa. Nadie se sobrepone totalmente a una guerra, siempre se pierde parte de uno entre batalla y batalla—. No voy a contarte todo lo que ocurrió, sólo que comencé a desaparecer y a buscarte. Ron y Hermione se preocuparon y estaba tan desesperado que les dije lo que me ocurría. Pensaron que estaba loco, que las secuelas de mi lucha con Voldemort habían sido más graves de lo que creían. Pero Ron recordó el incidente de Greyback y se lo contó a Hermione. En su inmenso cerebro ella encontró la respuesta.

Suspenso, Draco quería oírlo, aunque sabía lo que diría.

—Eres mi pareja destinada, Draco. Tú eres para mí. Tiene sentido si vemos cuánto hemos confrontado en la escuela. Y quizás jamás lo hubiera sabido de no ser por esa mordida —Suspiró, el rubio quitó su mano de la de Potter. El moreno bajó la vista, pero continuó—. Cuando los encontraron, a ti y a tu familia, grité, pataleé, y amenacé, pero el Wizengamot no quiso liberarte, ¡apenas me dejaron testificar a tu favor! No había pasado un mes de la batalla, querían imponer mano dura para que el Mundo Mágico se sintiera a salvo. Hice lo que pude para que tu pena fuera lo más corta posible. Me encargué personalmente de que ningún guardia, auror o preso te tocara un solo cabello. Pero no pude sacarte de allí… —Se lamentó—. La primera luna llena fue espantosa. No me transformé, pero sentía toda esa fuerza bullir dentro mío, me puse violento varias veces, furioso de no poder estar contigo. Y cuando tu condena terminó fui a buscarte a Azkaban. Tú simplemente te habías ido. Te busqué, ¡Merlín, estaba desesperado!, pero tú borraste tu rastro y nunca estuve lo suficientemente cerca para que mi instinto me guiara a ti.

Le tomó de las manos y las apretó contra su pecho. Sus ojos chispearon de dolor y ansia, color dorado. Draco estaba tenso, sin pronunciar palabra.

—Estos han sido los peores años de mi vida, estuve a punto de volverme loco, —Confesó—. Pero entonces llegó tu carta, Charlie me la mostró y yo no podía creer que volvías. Él preguntó qué debía hacer, pues no quería ofenderme. Por supuesto le dije que hiciese lo que quisiese, pero que me permitiera encontrarte, verte.

—Potter… Harry…

—Sé que esto es extraño, sé que no puedo forzarte a amarme como yo lo hago —Le dijo y besó sus manos—. El día de la reunión fue luna llena —Le explicó—. No era mi intención "secuestrarte", no quise asustarte, pero en cinco años fue la primera vez que te vi, solamente podía pensar en abrazarte, en besarte…

Draco se soltó de su agarre y se levantó del sofá, sin poder escuchar una palabra más.

—Lo siento, yo no…

—Te amo Draco, y esperaré lo que tenga que esperar —Prometió Harry desde su lugar—. Pero no desaparezcas de nuevo, no ahora que has vuelto — suplicó—. No tienes que hacer nada, simplemente no desaparezcas de mi vida…

EL rubio le miró unos instantes, sus ojos volvían a brillar esmeralda y su voz resonaba cálida en sus oídos. Una parte de él quiso quedarse, pero era un cobarde…

—Volveré — prometió antes de arrojar polvos floo a la chimenea y desaparecer.

Por segunda vez lo último que vio fue esos ojos tristes dejarle ir.

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Tardó dos semanas en ordenar sus pensamientos, en asimilar la historia y equilibrar su agradecimiento hacia Potter por salvarle y su vena Slytherin que buscaba venganza contra la sociedad mágica. Decidió que no quería utilizarlo, no a cosa de ese pobre corazón sincero.

Su padre se estaría revolcando en su tumba al ver como desperdiciaba la oportunidad de levantar el apellido Malfoy, de volver a hacerlo respetable. De que los magos más ricos le invitasen a sus fiestas, de hacer grandes negocios, de tener todo el Ministerio a su favor…

Y él lo deseaba, pero no a costa de Potter. Porque le respetaba. No iba a mentir y decir que desde esa confesión se había enamorado de él, pero siempre le había respetado y admirado. Porque ese hombre le había salvado la vida más de una vez, porque había intentado librarlo de la cárcel, porque le había protegido en su reclusión. Porque le deseaba y le amaba más allá de lo que ser un Malfoy significaba en esos tiempos de luz. Porque le había secuestrado y le había comprado la ropa más fina para él. Porque le había besado y acariciado sin fijarse en la marca que adornaba su brazo. Porque no se lo merecía.

Quería volver a verle, hablar con él. Pero no sabía si estaba dispuesto a dar lo que Potter quería de él a cambio de una amistad. No que no le atrajera, que lo hacía, y mucho; sino que no sabía qué tan bien estaba embarcarse en una aventura como esa sabiendo que ese hombre no podía evitar sus sentimientos, y que él no comprendía los propios.

Frunciendo el ceño volvió a empuñar la varita.

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La casa estaba vacía, sumida en un silencio sordo. El viento movía las hojas de los árboles en el jardín y tanto mutismo le produjo desasosiego.

Se dio el tiempo de recorrer la casa, vio que sólo la cocina, la salita, el baño y la habitación estaban habilitados, todo lo demás estaba cerrado con llave. Draco supuso que estaba vacío.

Unos ruidos fuera lo alertaron y bajó las escaleras con rapidez.

— ¿Draco? — Harry venía con una bolsa de papel rebosante de compras, sonriéndole alegremente—. Has vuelto — dijo acercándose a él, dudando sobre si debía extenderle la mano o besarle la mejilla.

—Dije que lo haría — respondió el rubio apretándole el hombro como saludo y arrebatándole la bolsa para escarbar en su contenido.

—Lo sé…— Potter los guió a la cocina y puso agua para hacer un poco de té, iba a convidarle algunas galletas cuando vio que Draco tenía la cajita a medio vaciar entre sus manos.

— ¿Qué? — Le espetó—, son mis favoritas. — Harry sonrió y comenzó a sacar las únicas dos tazas que había en su despensa—. ¿Dos tazas, Potter? — le preguntó sorprendido—. Realmente no tienes mucho — observó.

— No necesito mucho —Le dijo el pelinegro—. Jamás tuve de sobra, sólo tengo lo que me hace falta. No necesito un juego completo de tazas, ni demasiada ropa, ni una casa inmensa. — Se volvió hacia el rubio y le sonrió con sinceridad—. No necesito de ti lo que no quieras darme, Draco. Sólo te necesito cerca.

Draco enmudeció.

—Ya, ya, Potter. Cómete una galleta — le dijo forzando la masa dentro de la boca del otro. Harry se atragantó y Draco rió, luego Harry rió con él.

—Me alegra verte — confesó—. Aunque no esperaba hacerlo tan pronto…

—Ya…— Draco cogió otra galleta y la mordisqueó distraído—. La verdad es que le envié una carta a Marietta para que cerrara la oficina, mi cabeza está en cualquier parte. Y no tenía ganas de volver a mi departamento — "y estar solo ahí pensado en ti" se calló eso último. Harry sonrió amablemente.

—Pues siempre que te apetezca puedes quedarte aquí — propuso Harry. Draco lo miró perplejo.

—Oh, bueno… No me refería a no volver otra vez, sino a que no tenía ganas de estar ahí ahora mismo…

—No importa —Dijo el otro—. Siempre que quieras quedarte, puedes hacerlo.

—Pero… No quiero molestarte Potter, esta es tu casa, no tenía pensado invadirla, sólo quería pasar a visitarte. Además ni siquiera tienes dos camas, yo… — decía dubitativo.

—Puedo conseguir todo lo que te haga falta —Desestimó Harry—. Tienes mi cama, un armario lleno de ropa, la alacena con comida y si tú…

—Potter, no. No tienes que complacerme, este es tu hogar, no tienes por qué acogerme y mantenerme. Más aun sabiendo que yo no…

—Quédate —Pidió Harry acunando su rostro con las manos—. Sé que no tengo que hacer nada, pero quiero hacerlo —Sonrió—. Esta casa la compré pensando en ti, en un pequeño hogar que algún día fuera tu refugio —Dijo—. Y ya te lo había dicho — le acarició las mejillas—, no necesito de ti lo que no quieras darme. — Y con eso se inclinó y besó la comisura de sus labios.

Draco gimió, enternecido y complacido a partes iguales por la declaración. Giró su rostro y besó sus labios.

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Tres meses pasaron en los que Draco olvidó todo lo que Potter le había dicho sentir. Las primeras semanas el rubio fue un péndulo constante, yendo de aquí para allá, durmiendo la siesta en su departamento y cenando con Harry, bañándose en su piso pero leyendo un libro en el sofá del moreno. Hasta que, para felicidad de Harry, había decidido que se sentía mucho menos solo con él, y se había quedado.

Potter, fiel a su palabra consiguió todo lo que él quiso. Incluso había habilitado otra habitación en la planta baja para que Draco pudiera quedarse en la suya.

El Comité de Regulación de Reservas de Criaturas Mágicas se reunía a pleno dos veces al año. Seis meses atrás Draco había salido de sus oficinas hecho una furia cuando le negaron los permisos. Ahora trabajaba como loco en ese proyecto, y junto con Hermione y Charlie habían copado la salita de Harry, llenándolo todo de papeles.

Si bien su cuarto socio (y ahora amigo) no entendía nada de todo ese papeleo, cumplía una función vital en el grupo.

—Chicos, hora de comer — anunció una voz desde la cocina, y faltó tiempo para que los tres abandonaran su trabajo y siguieran el delicioso aroma.

—Harry, realmente le haces competencia a mi madre en la cocina — alabó Charlie con el tenedor lleno.

— ¡Oh, que Molly no te escuche decir eso! — Reía Hermione—. Pasarás hambre una semana.

— ¡Es que es la verdad! — se defendió el pelirrojo—. Y además mamá insiste en prepararme desayuno, almuerzo y cena; así que cuando no voy a la Madriguera me envía comida. Por eso es un verdadero placer comer lo que haces, Harry — dijo y el moreno se sonrojó—. Es una lástima no tener tanta suerte como Draco y…— Draco, que sonreía con la conversación quedó serio un instante. Era cierto, Potter hacía demasiado por él, cocinarle era una de esas tantas cosas.

— Es verdad —dijo interrumpiendo a Charlie. Giró hacia Potter y tomó su mano con afecto—. Está delicioso, gracias Harry.

Él se sonrojó aún más, sonrió y sus esmeraldas destellaron vivaces. El corazón de Draco dio un vuelco.

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No era porque fuera Harry Potter, ni porque fuera el Salvador del Mundo Mágico. Ni siquiera porque había descubierto que era asquerosamente rico, o porque hacía lo que él quería.

Era porque era un buen hombre. Porque tenía un gran corazón, porque se levantaba cada día con su mejor sonrisa y siempre daba todo de sí. Y él demasiado pronto había dejado de envidiar esas cualidades; ahora le maravillaba cómo conseguía lo que se proponía sin tener que manipular, mentir, engañar, fingir.

Entonces supo que Harry era un ejemplo, y eso le hizo darse cuenta de cuan valioso era.

Y Harry le amaba, y su corazón brincaba cada vez que recordaba esa confesión. Cada toque casual, cada caricia a su pelo, cada pequeño beso posado en su mejilla.

Porque Potter era suyo.

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— ¡No lo puedo creer! —Gritaba furioso un par de días después—. ¡Han aplazado la reunión!

La carta la había traído una lechuza del Ministerio mientras ellos terminaban de repasar los últimos puntos de su discurso. La misma rezaba:

"Estimado Señor Malfoy:

Mediante la presente le informamos que su cita con el Comité de Regulación de Reservas de Criaturas Mágicas ha sido momentáneamente suspendida. Sin embargo tendrá lugar en fecha y hora a definir exclusivamente vía lechuza en los próximos meses.

Por más información puede acudir al Ministerio, 4º piso, oficina 14.

Atte.

Maryus Berckley

Subsecretario del Departamento de

Regulación y Control de Criaturas Mágicas

Firmado y sellado a los 30 días del mes de Junio.

Ministerio de Magia de Londres."

— ¿No dice qué ha pasado? — preguntó Charlie con gesto adusto.

—Como si a esos inútiles del Ministerio se les ocurriera dar explicaciones — respondió Draco de mal talante.

—Tranquilízate, quizás haya algo que se pueda hacer —Medió Hermione—. Iré al Ministerio y averiguaré por qué han suspendido la reunión, ¿de acuerdo?

— ¿Qué ha pasado? ¿Estás bien, Draco? —Preguntó Harry que recién venía entrando a la salita. Traía un repasador entre las manos y sobre su camisa celeste y su pantalón oscuro llevaba un gracioso delantal que rezaba "Cocino más que un elfo doméstico", un regalo de Ron que a Hermione no le había hecho ninguna gracia.

— ¡Por supuesto que no estoy bien! —Le respondió el ojigris fuera de control—. ¡Han aplazado la reunión! ¡Maldita sea! ¡¿Es que nada me va a salir bien en esta vida?!

—Tranquilo, Draco —Pidió Potter acercándose hasta apenas abrazarlo—. ¿Quieres que te prepare un…?

—Déjame, Potter —Dijo desdeñoso, soltándose de agarre—. No tengo tiempo para ti ahora.

Harry entrecerró los ojos y las fosas de su nariz aletearon con la brusca inhalación, pareció transformarse. Hermione se encogió; ella conocía mejor que Draco los arranques de furia del moreno, que eran imprevisibles y generalmente se daban por la impotencia de no encontrar al rubio. Pero ahora… ¿qué tanto le afectaría el rechazo de Draco?, ¿cuán peor sería esta vez?

Ahora apretaba fuertemente sus puños, el trapo encerrado en uno de ellos; las cosas no pintaban bien. Miró a Charlie como pidiendo ayuda para calmar a su amigo, más el pelirrojo estaba leyendo la carta del Ministerio y no había prestado atención a la reacción de Harry.

—Largo, los dos — exigió Harry con una voz peligrosamente controlada, mirando a Charlie y Hermione como si fueran dos niños que no podían ver a sus padres discutir. Charlie reaccionó ante el tono de voz del moreno, era evidente que las cosas se pondrían feas entre ambos.

—Por Merlín, Harry… — balbuceó Hermione en un intento de calmar al moreno.

La luna llena estaba cerca y era normal que Harry se descontrolara. Pero tenía que evitar le hiciera algo a Draco que lo alejara permanentemente, pues eso terminaría matándole.

Mas no pudo decir nada, pues el verde de su mirada se veía peligrosamente oscuro.

Hermione sintió cómo la sangre se le enfrió en el cuerpo, y la mano de Charlie sujetándole del brazo. Ella giró hacia él buscando apoyo, pero el pelirrojo negó; ellos no tenían nada que hacer ahí.

Ambos magos se metieron rápidamente en la chimenea, Draco los vio irse y deseó pedirles que se quedaran. Estaba muy nervioso, sabía que Harry no le haría daño y esa era la única razón por la que no se asustaba. El moreno era noble, era un buen hombre.

Harry le miró un minuto, parecía indeciso sobre si debía saltarle encima o partirle la cara a golpes.

—Lo siento —Se disculpó rápidamente, levantando las manos en señal de arrepentimiento.

Harry parpadeó una sola vez, y una fuerte corriente eléctrica le recorrió la espalda. Las piernas empezaron a temblarle, comenzó a sudar de ansiedad, el vértigo le mareaba y aquella mirada… Aquella mirada ineludible le hizo sentir terriblemente pequeño y sumiso. Y de pronto se vio a sí mismo frente a ese hombre, y se dio cuenta de cuánto necesitaba su calor en ese momento helado. Y recién ahí advirtió que desde que vivía con él siempre lo había tenido; pero ahora que Harry estaba molesto esa necesidad se le había descontrolado.

—No lo sientas —Le respondió con voz grave, dolido. Quiso dar un paso hacia atrás pero el otro estiró una mano y le cogió de un brazo para obligarle a mirarle, sus ojos extremadamente verdes. Draco no opuso resistencia, drogado por el olor de Harry que inundó sus sentidos y lo estaba volviendo loco—. Después de todo al parecer soy un estorbo para ti…

— ¡Eso no es…! — Se sintió despertar con esa palabras, era evidente le había herido, y él no quería herirle. Deseó tocar su rostro, abrazarlo, consolarlo.

—Escucha, Draco — le silenció el otro con un gesto brusco—. Sé que para ti es difícil, que no sentimos lo mismo. Tú lo eres todo para mí pero yo…. Draco no soy tu mascota. No soy un elfo al que puedas patear cuando no lo quieras cerca. Te amo, pero no voy a soportar que me hagas esto — le dijo. El rubio tragó saliva, esperando que dijera "Esto no va a funcionar, vete" —. Nada de lo que hago te es suficiente y no sé qué más hacer para que estés feliz aquí conmigo — Pero a pesar de la fiereza de sus ojos Draco podía leer en dolor en tras ellos. Estaba muy arrepentido de sus palabras, se sentía fatal.

— Harry, no tienes…

—Por favor dime qué es lo que quieres y lo haré, moveré el mundo por ti. Pero no me tengas como a un perrito faldero, dándome migajas de lo que tanto quiero para tenerme contento y apartándome cuando no te sirvo. — Extendió una mano tensa hacia él, más la bajó sin tocarle, desviando la mirada—. ¿Es que no entiendes que me vuelves loco? Que apenas logro controlarme cuando… — Harry le tomó firmemente el rostro con una mano, sin dañarlo—. Tenerte tan cerca es una tortura, mi sangre hierve y el instinto me enceguece. No puedo soportarlo, Draco. Tú eres todo lo que quiero, ¿Por qué no puedes quererme… sólo un poco? — Juntó ambas frentes e inhaló su aroma varias veces, conteniéndose. Draco llevó sus manos hasta su rostro y lo acunó con delicadeza, Harry le miró.

—Estúpido Potter — murmuró—. Más que un poco. — Y le besó.

Escuchó a Harry gemir y el agarre sobre su cuerpo se suavizó y sus manos se quedaron en su cintura. Draco cruzó los brazos detrás de su cuello y abrió la boca para que aquella lengua se colara dentro.

Su cuerpo vibró en aquel beso, estimulado por el toque suave de las manos recorriendo su espalda. Volvió a sentir el mareo y la debilidad que le provocaba entregarse a esos labios calientes y suaves.

— Merlín, Draco —Gimió el moreno—, ya no puedo más. Dime que lo quieres — pidió—, dímelo y ahora mismo te haré el amor.

— Lo quiero — susurró entre beso y beso—. Te quiero…

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El rubio sintió la aparición y cayó sobre la cama arrastrando a Harry consigo, tironeando de su delantal para quitárselo. Potter rió y le detuvo.

—Permíteme amarte — le rogó colocándose a horcajadas sobre su cuerpo. Desató el mandil y lo arrojó lejos, y luego se inclinó a besarle. Con confianza le fue quitando cada prenda entre besos y caricias, Draco sentía como las manos del moreno le recorrían a pleno, provocando sus zonas más sensibles. Los labios de Potter buscaban probar cada centímetro de su cuerpo, cada espacio. No supo cómo ni cuándo le desvistió, pero se vio desnudo entre los brazos del moreno.

Se sentía tan deseado, tan estimulado; sintió incluso que podía acabar sólo con eso, con Harry sobre su cuerpo, con su mirada llena de lascivia y deseo…

—Harry —Gimió cuando éste le mordió un pezón. Su espalda se arqueó involuntariamente, exponiendo aún más su pecho. Sus dedos enredados en la espesa mata negra, pidiendo más.

— ¿Te gusta? —Preguntó el pelinegro lamiendo el pezón rosadito, acariciando sus muslos y su estómago.

—Merlín, sí…—Gimoteó abriendo las piernas para que Harry se colara entre ellas. Besó su boca con hambre, pero tuvo que separarse de sus labios cuando sintió un dedo recorrer la extensión de su pene—. ¡Nh!

—Eres delicioso —Escuchó que decía el moreno, mientras con sus manos recorría y separaba sus muslos aún más, y con la boca mordía y lamía su cuello. Las piernas de Draco se cruzaron sobre su espalda—. Esperé tanto — gimió separándose para desabrochar su camisa. El rubio intentó ayudarle, pero sus manos se distrajeron con el pecho firme y lo recorrieron con avaricia. Los pezones eran oscuros y estaban erectos, Draco no pudo resistirse a rasguñarlos suavemente—. ¡Sí, Draco! — siseó Potter en su oído.

La camisa había resbalado por sus brazos y Potter tuvo que deshacerse del agarre en sus caderas para quitarse los pantalones.

—No, espera — le pidió—. Yo quiero hacerlo. — Harry gimió y se abalanzó sobre sus labios, rodando en la cama para ponerlo a él encima.

Draco serpenteó por su cuerpo, mordiendo y acariciando a partes iguales, sintiendo sus manos lentas e inútiles. Había tanto que quería hacerle pero los temblores de su cuerpo frustraron su misión. Potter rió y se desvistió con magia, el platino se mostró sorprendido ante el despliegue de magia sin varita; y ansioso por poder tocar al fin las caderas desnudas de Harry. Tironeó suavemente del vello en sus piernas y rozó con sus dedos el miembro erguido, pensativo.

— Eso va a doler — observó, mas Harry negó.

— No te haré daño, te prepararé bien. No sentirás dolor alguno. — Draco estuvo seguro que el otro no mentía—. Relájate mi amor… y disfruta. — Le volvió a recostar—. Déjame a mí esta vez…

Harry besaba, tocaba, y le hacía el amor a cada parte de su cuerpo. El rubio sentía que podía terminar a cada movimiento. Esa lengua recorría su cuello, tomaba sus labios, bajaba a sus pezones, luego a su vientre y finalmente más abajo, lamiendo sus testículos. Draco se volvió masa temblorosa sobre la cama; gemía con cada caricia, e intentaba profundizar el contacto.

Potter comenzó a lamer su miembro con calma, lentamente, de arriba abajo una y otra vez. Le abrió las piernas con brío y las mantuvo firmemente separadas, evitando así que Draco intentara cerrarlas.

—Si necesitas terminar, hazlo. — La respuesta fue un gemido lastimero.

Sintió como un dedo caliente y lubricado entraba en su ano y comenzaba a jugar con las paredes. Gimió más fuerte, la lengua de Harry recorría su pene y mientras una de sus manos le mantenía firme en la cama, la otra presionaba un segundo dedo.

— ¡Más! — jadeó al notar como su esfínter cedía y se amoldaba gustoso a la carne que le invadía. Harry sonrió al escucharle y se irguió para tomar sus labios; sus lenguas se encontraron y se recorrieron. Draco bajo una de sus manos hasta agarrar por el tronco el pene grueso, hinchado y duro como una roca. Potter gimió dentro del beso espoleado por la mano que le masturbaba, y sin contenderse metió en su trasero el tercer dedo. El beso se rompió cuando sus gemidos se hicieron erráticos e inentendibles. Harry sacó los dedos de su ano y Draco resintió la pérdida.

Los ojos grises buscaron los de Harry y se abrazó a él contoneándose, desesperado por más contacto. Se avergonzó de parecer una perra en celo al gimotear necesitado cuando Potter tomó sus tobillos y los puso sobre sus hombros. Pero cuando sintió como aquel miembro húmedo se posicionaba en su ano cerró los ojos con fuerza, eso iba a doler.

—Tranquilo, iré lento. —E increíblemente así fue, el moreno entraba de a poco, con un ritmo constante, ganándose cada centímetro a pulso. Cuando aquel enorme pene estuvo en su interior, fue el rubio quien movió las caderas buscando más fricción. Harry sonrió encantado; lo sabía, el cuerpo de su pareja estaba biológicamente adaptado para aceptarle sin el menor dolor, pero eso sería algo que Draco aprendería con el tiempo. —. No te aceleres, disfruta — le aconsejó rotando suavemente las caderas, saliendo un par de centímetros para luego volver a enterrarse en aquella cavidad cálida que le acogía—. Jode, estás tan estrecho… — jadeó sintiendo las paredes contraerse cuando salía, como no queriendo dejarle escapar—. Tanto…tanto tiempo — gimió descontrolándose y permitiendo que su instinto animal dictara sus movimientos, buscando satisfacción para ambos. Comenzó un ritmo duro y frenético; llevaba tanto tiempo esperando poder poseer ese cuerpo, tener a Draco para él, lo había soñado tantas veces. Pero nada era comparable a lo que estaba experimentando, y antes de que pudiera ponerse un alto, estaba embistiéndole como un poseso. Y Draco que no paraba de gemir de placer, de aferrarse a él buscando más, no hacía más que aumentar su desenfreno.

Se maravilló de cómo respondía aquel cuerpo pequeño a sus necesidades, de cómo se contorsionaba y gozaba en sus brazos. Ni siquiera tuvo que tocarle, no tuvo ocasión de llevar su mano hasta el pene rojizo del rubio pues éste se corría violentamente sobre su vientre, arañando su espalda, gritando su nombre.

Finalmente no pudo soportarlo, el esfínter se había cerrado en torno a su miembro y no le permitía salir, sólo empujar más adentro. Bajó a besar esos labios rojos e hinchados antes de tener un orgasmo brutal. Descargó toda su semilla dentro de Draco, y tanto el lobo como el hombre experimentaron una satisfacción visceral con ello, con marcarle desde el interior.

Draco soltó a Harry y acomodó sobre la cama, su cuerpo relajándose, su respiración aún agitada, cerró los ojos. Harry se dejó caer a su lado y se dedicó a observarle, acariciando su rostro con reverencia, permitiéndole descansar. Cuando lo notó, Draco estaba durmiendo profundamente… casi parecía inconsciente.

Se levantó y fue a buscar un vaso con agua, seguro de que el rubio lo necesitaría más tarde. Cuando volvió se quedó observándole dormir en la cama. Toda la habitación tenía su embriagante aroma. Levantó del suelo la camisa de Draco y se la llevó a la nariz.

No se podía ser más feliz.

Se recostó al lado del rubio y le envolvió con sus brazos, todo tenía que salir bien a partir de ahora, que le tenía a él.

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Se despertó con una sensación de cansancio y bienestar que lo empujó a quedarse en la cama. No quiso abrir los ojos, se sentía tan cómodo y calentito donde estaba, se acurrucó un poco más bajo las mantas contra aquel cuerpo duro y desnudo que…desnudo… ¡Desnudo!

Entonces recordó y abrió los ojos de golpe. Vio a Harry Potter desnudo, abrazándole, le entró el pánico. Trató de moverse y una oleada de dolor le recorrió todo el cuerpo, agudizándose en su trasero.

Todo estaba mal. No se suponía que se acostara con Potter, no se suponía que se dejara llevar… ¿Qué iba a hacer ahora?

Potter, un hombre mordido por un hombre lobo, un hombre que le amaba y que le respetaba, al que él respetaba. Un hombre que hacía todo por él.

El rubio intentó levantarse pero esta vez fue rodeado por los demandantes brazos de Harry, quien inhaló descaradamente en su cabello, antes de volver a quedarse quieto. Draco se espantó, tenía que salir de ahí. Con el siguiente movimiento Potter despertó.

— Mnh…—Suspiró afirmando su agarre sobre el rubio—. Buenos días — saludó—. ¿Draco? —Preguntó al notar su cuerpo tenso e inmóvil. Con cuidado le volteó hacia él y le tomó de la barbilla para que éste le mirara. Cuando lo hizo Harry pudo leer las emociones que se escondían tras ellos—. Tranquilo Draco — pidió al ver su miedo e incertidumbre, y Harry sintió su corazón apretarse dolorosamente. Draco aún no aceptaba la unión por lo tanto, no podía leer a Harry, pero el moreno hacía mucho había aceptado que el rubio era su pareja de por vida, por ello pudo ver claramente el terror y las lágrimas que este luchaba por no botar. El rubio escapó a la otra punta de la inmensa cama—. Ven aquí…— Draco negó varias veces, cubriendo su propia desnudez con las sábanas—. Draco cálmate, — Se levantó de la cama y se acercó a su pareja—. ¿Qué te ocurre? — Preguntó con voz suave. — El rubio no hacía más que negar.

—Nada. Potter…yo… Me gustaría estar solo… ¿puedes? —Dijo tentativamente. El lobo interno del moreno rugió furioso en su interior, y Harry se mordió la lengua y las ganas de gritarle que no, que no podía irse, que nada tenía que hacer lejos de él. Cerró los ojos y exhaló, Hermione tenía razón, debía tener paciencia.

—Claro — respondió dudando—. ¿Me dirás ahora qué te ocurre? — Estiró el brazo y Draco dejó que le alcanzara, Harry le acercó delicadamente, no quería asustarlo. No se le pasó por alto la mueca de dolor—. ¿Acaso…te duele? — El rubio asintió compungido, y el moreno escondió su propio dolor.

—Dijiste que no me harías daño, que no dolería —Le reprochó el de ojos grises. Potter le recostó en la cama con cuidado.

"¿Todavía no me aceptas? ¿Es por eso que lo resientes?", pensó con tristeza.

—Tranquilo, sólo voy a curarte — dijo al ver que Draco trataba de cubrir su desnudez. Le separó las piernas con suavidad y empuñó su varita—. Vulnera Sanentum— oyó. Inmediatamente sintió como su cuerpo de relajaba y el dolor cesaba.

—Gracias — susurró agradecido, para luego gatear a la cabecera de la cama, lejos de Harry y cubrirse con las mantas.

—No te cubras — escuchó, y sus manos se detuvieron a medio camino de alcanzar las sábanas. ¿Qué ocurría?—. Hemos estado juntos anoche, no deberías sentir vergüenza. — le reprochó.

—Lo siento — respondió automáticamente—. De verdad quisiera estar solo unos minutos — pidió esquivando su mirada. Potter gruñó disconforme y Draco se tensó ante el sonido.

—Vale, iré por una ducha — le dijo Harry levantándose de la cama completamente desnudo, consciente de que el rubio le estaría viendo y de la debilidad que tenía ante él. De que era suyo y no podía resistírsele; de que estaba mordiéndose el labio inferior, deseándole—. Evi — llamó. Un elfo domestico apareció haciendo una reverencia para él, sobresaltando a Draco, mientras el moreno sacaba de un ropero una toalla y se la anudaba en la cintura—. Sírvenos el desayuno por favor — el elfo volvió a desaparecer—. Evi vive en Grimmauld Place — le comentó al rubio— viene una vez a la semana a acomodar la casa, dos desde que estás aquí — el rubio le miró sorprendido —. Es muy silencioso, es normal que no lo hayas visto. Bueno, te dejo solo — dijo Harry mirándole y notando feliz como el rubio le comía con los ojos; se acercó lentamente—. Pero si no quieres estar tan solo puedes darte una ducha conmigo. — Draco tragó seco, incorporándose. Y Harry ya estaba a su lado, poniendo sus manos sobre su cintura, acariciando su piel suavemente—. Y después tomamos el desayuno juntos — lamió su oreja y luego su cuello; Draco cerró inconscientemente los ojos—. Y luego… Lo que tú quieras.

— P—para —pidió en un susurro, sin ser capaz de resistirse a esa droga que era Harry en sí. Ahora podía percibirlo más que antes, era casi tangible, como un aura cerniéndose a su alrededor, quitándole la voluntad—. Potter, esto está… mal.

— ¿Estás seguro? — Preguntó Harry pegándose a su cuerpo, su miembro despertando bajo la toalla—. A mí me parece que te gusta — dijo besando su cuello, dejando que el rubio se volviera gelatina entre sus manos—. A esta parte tuya también le gusta — concluyó presionando con su mano el miembro rojo e hinchado de Draco.

—Harry…no…— intentaba resistirse sin apenas fuerzas, diciendo que no pero abriendo las piernas para ser tocado aún más. Los ojos de Harry se oscurecieron y tomándolo por los tobillos lo arrastró hasta el borde de la cama. Dejó caer las piernas al suelo y se coló entre sus mulsos, impaciente.

—Te gusta provocarme, ¿cierto rubio? — inquirió dejando que su aliento golpeara el glande húmedo y ansioso—. Negándote cuando eres mío, cuando lo deseas tanto como yo. — Y sin más palabras bajó la cabeza, enterrando a Draco dentro de su boca, escuchando su grito, moviendo la lengua para enloquecerle aún más.

—Harry…Harry…voy a… — Harry liberó su boca un momento.

—No puedes correrte — le ordenó, maravillándose de las lágrimas pegadas a las pestañas de su rubio, de su cuerpo estremeciéndose de placer. Y sin dejar de mirarle volvió a su labor.

—Harry… ya… por favor. — Suplicaba Draco minutos después, sin poder contener más su orgasmo. — El moreno sonrió.

—Tranquilo Draco — le dijo mientras le volvía a dejar desnudo en la cama—. Primero voy a hacerte el amor. — Se quitó la toalla y abrazó a Draco; le besó, la lengua del moreno recorrió la boca del platino, se degustó con su saliva y luego fue por su oreja—. Y después… —Gruñó un gemido haciendo que la erección del rubio fuera dolorosa —, te volveré a hacer el amor —el rubio gimió bajito—. Y después volveré a hacerlo — Draco ocultó su rostro en el pecho del moreno—, una, y otra, y otra vez. — Una de las manos de Harry estaba masturbándolo, mientras la otra pellizcaba sus pezones y su boca lamía su cuello—.

—Harry…

—Puedes gritar, — le dijo mirándole directamente a los ojos—. Puedes pedir más — escuchó y los ojos de Harry se habían tornado hipnotizantemente verdes, se perdió en ellos—. Pero no podrás huir. — El rubio gimió fuertemente, tanto por las palabras como por el dedo que se había colado en su interior.

—Esto… ah…

—Sí, rubio. Es intenso, ¿verdad? — preguntó recorriendo con una mano su pecho y su estómago, y con la otra no dejaba de estimularle allí abajo, donde no se conocía tan sensible—. Disfrútalo. — Un segundo dedo dentro, Draco arqueó la espalda—. Te va a gustar — Harry le separó más las piernas— te va gustar tanto que me pedirás que lo repita. — El moreno convocó su varita y aplicó un encantamiento lubricante en su entrada. Se volvió a arquear—. ¡Merlín, Draco! Te ves hermoso — exhaló con voz cargada de lujuria, mas Draco sólo podía sentir esos dedos en su interior—. Tan bello, tan mío. — Sollozó cuando Harry retiró los dedos de su ano, y se quedó quieto a la espera de la primera arremetida, con los ojos cerrados—. Ayúdame rubio. — La voz ronca del moreno le forzó a mirarlo, y vio a Harry medio recostado sobre las almohadas, a su lado, con las piernas abiertas —. Ven aquí — escuchó, y él como elfo doméstico fue. El moreno le acomodó en su regazo y le fue guiando para que descendiera con cuidado sobre su pene. Perdió el aliento mientras era consciente de la carne que se enterraba en su cuerpo sin compasión. Bendita gravedad —. Oh Draco — Harry le abrazó presionando sus torsos, uniendo sus labios, acallando con su boca los lamentos del rubio. Draco sentía la enorme extensión del moreno abrirse paso dentro de él. Dolía, era imposible que no doliera cuando el moreno tenía un pene de a lo menos veinte centímetros.

—Duele —Sus ojos lagrimearon y Harry secó su rostro con los pulgares.

—Mírame —Demandó. El rubio le obedeció—. Mírame Draco, ¿no te gusta estar aquí, entre mis brazos? ¿No te gusta acogerme dentro de tu cuerpo? —Cada palabra era acompañada por caricias dulces y llenas de amor. No supo de dónde nació aquella necesidad de complacerle… "Pareja destinada" resonó violentamente en su cabeza, pero él jamás entendió su significado. ¿Cuándo tiempo llevaba quieto con el pene del otro en su interior?

—Mue—muévete. —Harry sonrió y le dio uno de esos besos que le comían el alma. Draco se quedó sin aire mientras el moreno comenzaba a embestirle hacia arriba y le movía a él desde las caderas, obligándole a sentir más placer, a sentirse abierto y expuesto.

Sin pedirle permiso sus caderas cobraron vida propia y comenzaron a retorcerse y su ano a apretarse alrededor de Harry. Pronto era él el que le montaba; se estaba follando solo en la verga del niño—que—vivió.

— Merlín Draco… tan sexy —Jadeó acompañando al rubio en sus movimientos. El instinto encegueció a Harry y supo que ya no podría parar; tendría que curar a Draco otra vez luego.

En todos esos años de soledad había tratado de consolarse físicamente en otras personas al no poder encontrar a Draco, pero nada se le comparaba. El cuerpo delgado de Draco, su tacto tan suave, su aroma a libertad, sus labios hinchados de roja lujuria, la entrega de ese cuerpo, la sensación de estar completo. Apretó las caderas del platino para no salir de su interior y Draco le enterró las uñas en su espalda, complacido.

—Harry… quiero más.

De un brusco movimiento los giró a ambos sobre la cama y le respondió embistiendo fuertemente, moviéndose más rápido, yendo más profundo; y ahí estaba. Draco se arqueó bajo su cuerpo y un reguero de semen bañó sus estómagos, y él no aguantaba las ganas de correrse dentro, de llenarle de su ser. Y así lo hizo, en una descarga interminable.

Las piernas de Draco liberaron su cintura, pero sus manos siguieron acariciando su espalda en resarcimiento de los rasguños que le había ocasionado. El cuerpo de Harry pesado sobre el suyo, llenándolo de calor, protegiéndolo.

Estaban a punto de quedarse dormidos cuando una aparición los sobresaltó. Era Evi que cargaba una enorme bandeja repleta de pastelitos, té y jugos. Harry la aceptó y el elfo desapareció sin palabras.

—Ven Draco —Pero Draco no quería ir, se sentía agotado y adormecido. No importó, una mirada de Harry y ya iba hacia él, dócil—. ¿Te duele algo? —Preguntó y el sonrojo fue toda la respuesta que obtuvo. Harry le curó y le pasó un hechizo de limpieza—. Come algo antes de ducharte, ¿sí? —dijo levantándose y Draco bajó la cabeza ante sus sentimientos encontrados: desilusión porque Harry no se quedaría, ansiedad por estar solo, miedo por no poder negarle nada. Asintió—. Ten —le colocó una cadena al cuello—. Cuando quieras encontrarme, esto te atraerá a mí.

Draco levantó el amuleto para verlo, parecía plata pero Draco sabía que no lo era, dentro del redondel metálico un lobo le aullaba sus lamentos a la luna.

—Potter, yo no… —dijo comenzando a quitarse ese regalo, un fuerte agarre se lo impidió.

—Entiende algo —le interrumpió Potter con sus ojos oscurecidos por el rechazo—. Eres mi pareja Draco, te has unido a mí, me perteneces. Te he dado meses de espacio, conteniéndome, refrenándome. —El agarre sobre su muñeca cedió un tanto y Potter le acarició el rostro con cariño—. No eres un prisionero aquí, puedes ir a donde te plazca, pero nadie, ¡óyeme bien!, nadie debe tocarte. Eres libre de hacer lo que desees, pero te quiero en las noches aquí, para compartir mi cama.

El rubio se le quedó mirando, incapaz de decidir qué hacer. ¿Debía salir gritando por ayuda? ¿Debía asentir y prometerle que estaría allí? Pero ése no parecía Potter, ese hombre lucía como una bestia disfrazada de humano, salvaje. Pero cuando iba a protestar Harry le agarró de la nuca y le beso violentamente, casi follándole la boca con la lengua. Y él no pudo más que cerrar los ojos y dejarse hacer… y corresponder. Cuando se separaron ambos estaban agitados y él se supo muy sonrojado. Harry de sonreía amablemente.

—Tengo que ir al trabajo, en Londres —le informó yendo al armario y sacando una túnica en la que Draco no había reparado. Auror—. Trataré de volver lo más rápido posible, creo que hoy no hay reuniones por la reserva…

—No, no hoy —respondió frunciendo el ceño, sintiéndose expuesto pero incapaz de desobedecer la orden de Harry—. No sabía que trabajaras… Nunca te vi…— Potter arqueó una ceja.

—Soy auror, jefe de un equipo —comentó —. Pedí licencia en cuanto te encontré, no quería perderte. —Y fue increíble ver a Harry, al hombre, sonrojarse avergonzado cuando momentos antes le exigía su cuerpo para complacerse—. Vendré temprano —le volvió a besar una vez vestido—, y te hare el amor otra vez. Si te vas procura volver antes del atardecer —le aconsejó—, porque iré por ti y te hare el amor en donde sea que estés —le sonrió—. Intenta no estar en un lugar público.

Y con otro beso profundo Harry desapareció.

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"¿Qué mierda me está ocurriendo?"—Fue lo primero que pensó cuando se supo solo en la casa—. "¿Qué demonios es esto? ¿Cuándo fue que todo cambió?"

¿Cuándo había decidido mudarse a la casa de un desconocido?, ¿cuándo había olvidado que Harry estaba —casi obsesivamente — enamorado de él?, ¡¿Cómo había podido olvidar que ese moreno compartía cuerpo y mente con un lobo?!

Se quedó un rato en la cama pensando, pero después de treinta minutos en la misma posición decidió que necesitaba salir de ahí, ir a su departamento un rato, ducharse, vestirse,… y pasar por alguna biblioteca que tuviera algo respecto a los hombres lobo y sus parejas.

Estúpido, estúpido, estúpido. Se había embarcado a vivir con un casi hombre—lobo que estaba enamorado de él, sin pensar en los peligros ni en las consecuencias.

Suspiró, estaba agotado. Se colocó la camisa de Harry y su pantalón, y descalzo salió de la habitación y bajó las escaleras. Escuchó ruido en la cocina y fue a ver, el elfo la estaba aseando. Harry era muy vago para lavar los platos, debió haberlo sabido.

— ¿El señor necesita algo? —preguntó Evi con sorprendente voz desvaída, Draco negó.

—No, me estoy yendo —le avisó—. Si Potter vuelve t…— Pero se interrumpió, no sabía qué haría cuando volviera a verle.

Antes de que el pánico volviera a invadirle desapareció bajo la mirada ambigua del elfo.

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El remolino de colores tomó la forma de su oficina y sin perder ni un segundo Draco se encaminó hacia la puerta. Esta se venía abriendo.

— ¡Señor, por Merlín! Estaba tan preocupada por usted. Hace meses que no le veo, si no fuera por sus cartas… Temí que ese Potter le hubiera hecho algo. —Era su secretaria, Marietta, a la que no veía desde hacía meses—. ¿Está usted bien? —agregó al ver lo desaliñado que su normalmente pulcro jefe, estaba.

—Sí, sólo… quería avisarte que he vuelto —mintió. La verdad era que quería un favor—. Marietta, por favor búscame libros que hablen sobre los hombres lobo. — Ella asintió sin preguntar, estaba acostumbrada a los sorprendentes pedidos de su jefe—. Y… busca los que tengan que ver con sus parejas, cómo se emparejan, sus crías… Lo que encuentres.

—Claro, señor —dijo tomando nota en una pequeña libreta. Su jefe jamás iba al Callejón Diagon, así que cuando necesitaban algo de ahí ella debía ir. Giró para cumplir su tarea, pero cuando llegaba a la puerta fue nuevamente detenida.

—Marietta… — la mujer le miró interrogante—. Usa la red floo, para enviarme lo encuentres a mi casa. — Marietta sonrió, el joven Malfoy solía tomarse los fines de semana para estudiar el mundo muggle, supuso que ahora estaría en algo nuevo.

Cuando el rubio sintió la puerta cerrarse se dejó caer en un sillón. La camisa olía a Harry, y necesitaba arrancarla de su cuerpo con la misma fuerza con la que se aferraba a ella. Tocó los botones y sus dedos se toparon con algo duro, era el amuleto que Harry le había dado. Sonrió bobamente, casi cediendo al impulso de besarlo. Pero apartó sus pensamientos al recordar lo que Potter le hacía a su voluntad, cómo lo despojaba de ella.

Usó la red para llegar a su departamento. Apenas pisó el suelo alfombrado se sintió demasiado cansado para nada. Con pasos lentos fue hasta su recámara y pronto estaba profundamente dormido, arrullado con el aroma a Harry.

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Despertó varias horas después, sintiéndose mucho más repuesto. Fue al baño y llenó la tina. Desnudó su cuerpo frente al espejo de cuerpo completo que cubría una de las paredes. Su piel ostentaba las marcas inconfundibles de una noche de placer.

"¿Por qué me deje llevar tanto? ¿Por qué permití que esto pasara?" se preguntaba una y mil veces, sumergido hasta la nariz en el agua caliente.

No había sido ese su plan, no había intentado seducirle… ¡¿Qué demonios?! Se había puesto a sí mismo en bandeja de plata y con moño al mudarse con él. Aun así… no había pensado que fueran a acostarse.

Recordó cómo le había abrazado la noche anterior. La verdad era que cuando había salido de Azkaban no podía dormir bien, siempre pensaba aterrado que algún mago loco buscaría venganza, o que un auror querría volverse héroe a costa de su vida, o que algún dementor se arrancaría de la prisión sólo para robarle los pocos buenos recuerdos que le quedaban… Pero Potter le había hecho sentir seguro, y hacía muchos años que no se sentía así.

Pero Potter no era miel sobre hojuelas, era tan dominante cuando no se controlaba, tan salvaje y letal. Y él no podía hacerle frente, quizás era por miedo o sumisión, pero no podía llevarle la contraria. Se había vuelto una especie de adicto; a su aroma, a su presencia, a su cuerpo… Necesitaba que Harry le tocara. Miró su cuerpo lleno de marcas, pero sin ningún moretón que indicara que el moreno le había forzado.

Recordó aquellas manos que le recorrían completo, los besos que le absorbían toda razón, su… Una de las manos del rubio descendió por su vientre y agarró su miembro. Comenzó a masturbarse pensando en el moreno, pensando en la noche anterior. Quería venirse, pero faltaba algo; miró a su alrededor y se sintió sucio, mas necesitaba tanto un alivio que ya nada importó. Tomó el shampoo y se untó dos dedos, para inmediatamente después meterlos en su trasero. No aguantó, fue demasiado y se corrió.

La vergüenza vino a la par el placer se desvanecía. Decidió salir del agua y se encaminó hasta su habitación vestido con una bata.

Al salir del baño vio varios libros apilados sobre una mesita en su sala de estar. Eran tres textos bastante gruesos "¿Cómo domesticar un hombre lobo?", "Los hombres lobo no aman" y "Los hombre lobo en familia". El segundo llamó su atención, era de un tal Freddy Morgan, un estudioso que entregó su vida al análisis y estudio de los hombres lobo, dado que él mismo estaba enamorado de una mujer lobo. El rubio se llevó el libro al dormitorio y se recostó para hojearlo.

"Hombre lobo es todo mago o bruja que haya sido mordido por otro hombre lobo. Sin importar el momento en que ocurra, si la persona es mordida será portador de la enfermedad. En el caso de un muggle este morirá instantáneamente, dado que su cuerpo no soporta los cambios" —decía el primer párrafo, bajo el título de "Definición". Siguió leyendo el primer capítulo: "La Luna"—. "La influencia de la luna es la que permite que el hombre lobo se transforme. Si un hombre es mordido cerca de la luna llena, entonces tendrá más características de lobo que uno que fue atacado lejos de esa fecha. Los hombres que han sido mordidos los últimos días de la luna creciente han desarrollado características físicas ajenas a su raza, tales como mucho vello, ojos dorados, colmillos lobunos, etc. Cabe resaltar que mientras no sea mordido por un lobo transformado — es decir en luna llena—, el hombre o la mujer tampoco serán capaces de transformarse, y mientras más lejos se le haya mordido de esa fecha, más humano será. Sin embargo dentro de todas y cada una de las personas infectadas nacerá un lobo con el que convivirán en un mismo cuerpo por el resto de su vida, ambos luchando por imperar sobre el otro…" —Draco fue hasta el índice y buscó el capítulo que le interesaba: "No, no aman"—. "Los hombres lobo en su primera etapa, vale decir, cuando los acaban de transformar, son más lobos que hombres" — Draco arrugó el ceño, ¿qué quería decir eso?—. "Esto es porque el lobo, la bestia, pasa a controlar casi completamente al mago. El lobo lo controla desde la mente, puede no estar en luna llena, pero el hombre o mujer, siente las necesidades del animal como las suyas" —El rubio frunció aún más el ceño—. "Incluso la bestia interna les obliga a humillarse al buscar una 'pareja'. Este es el mayor mito que existe sobre las personas que sufren esta enfermedad. Dado que pasan a ser más animales que personas, por lo menos por primeros cinco años, el lobo les hace creer que tienen 'parejas' destinadas y que no podrían estar con nadie más… Esto es un engaño, del que, una vez controlada la bestia se dan cuenta. Las personas con esta enfermedad después de un tiempo — generalmente después del quinto año— logran controlar al animal, pueden tener una vida normal e incluso tener parejas como cualquier mago común".

El libro cayó de sus manos y Draco lo vio allí en su regazo, luciendo inofensivo, como si no le acabara de arruinar la vida.

Comenzó a temblar y notó sus mejillas húmedas; estaba llorando… ¿Por qué? Se ovilló en la cama, y se quedó quieto, pensando. Desde siempre Potter le había resultado inalcanzable; y ahora que parecía ser él quien lo necesitaba, al parecer era una mentira generada por su "bestia interna". Supo que no tenía que leer más, pero por puro masoquismo volvió a tomar el libro.

"Generalmente el mago o bruja escogido como 'pareja destinada' son personas con quienes tienen una fuerte tensión sexual, o que simplemente les veneran y estando ellos pasando por una situación poco favorable, se quedan con lo que tienen". —Draco hipó desconsolado, cuánta verdad tenía el libro. Ardía, el pecho le dolía—. "En este libro usted encontrará los pasos para dominar la bestia interna, y ser libre de esas ataduras que los mitos le han hecho creer, sobretodo acerca de las parejas destinadas". —Pasó varias hojas y vio la lista punteada de pasos que el mago en cuestión debía seguir.

Quiso sonreír pero sólo le salió una mueca extraña. Después de todo, ¿por qué Potter iba a quererle precisamente a él?

Luego de mucho rato se quedó dormido, su rostro húmedo todavía.

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Despertó cuando sintió el colchón hundirse a su lado. Abrió los ojos lentamente, le dolía la cabeza por haber llorado tanto.

—Te estuve esperando —Gruñó una voz demasiado conocida—. Quise respetar tus deseos pero no llegaste — dijo acercándose más a él—. El amuleto que te di me lleva a donde sea que estés —le informó al ver el desconcierto en los ojos del rubio—. ¿Qué tienes? — preguntó preocupado—. ¿Estás bien? —Draco se sentó en su cama.

— Quiero que leas esto. — Le pasó el libro, el moreno miro el título un momento, sin estar muy convencido—. Por favor, yo no quiero… no quiero abusar de tu estado. — Harry no entendió nada, ¿qué estado? Iba a mandar el dichoso libro al cuerno, pero la súplica en los ojos plata lo persuadieron de complacerlo. Leyó rápidamente la introducción sin sorprenderse, pero cuando llegó al capítulo marcado… Decir que se quedó pasmado fue poco.

—Esto es… ¿es cierto? —preguntó dudando de todo. ¿Cómo era posible?

—Harry — Draco se aferró a su cuello antes de continuar—. ¿Tú… sentiste alguna atracción hacia mí, antes de que te transformaras? —preguntó cautelosamente, manteniendo abrazado al moreno. Potter negó entre sus brazos—. ¿Tú salías con alguien, verdad? — Harry asintió apesadumbrado y Draco parpadeó muchas veces para evitar llorar. Él quería ayudar a Harry, no hacerlo sentir peor—. Entonces lo que dice el libro es cierto —sentenció separándose de él.

—No. Draco yo no… ¡Esto puede ser mentira! —exclamó el moreno.

—Lo siento Harry —respondió tan triste como el otro—. Pero tienes que seguir los pasos, y podrás ser como un mago común… podrás elegir — le alentó.

—Yo no sé qué decir. Pasé tanto tiempo buscándote… — Se sentía tan confundido. Hermione y Ron le habían ayudado mucho a aceptarse luego de aquel ataque, ¿por qué ellos nunca le hablaron de eso? ¿Y el amor que sentía por Draco, qué? ¿Tendría que vivir con él, o por el contrario dominaría al lobo y entonces el rubio ya no sería necesario?—. Lo siento mucho Draco… Yo no sabía… —También estaba el asunto de Draco, le había marcado… ¡joder le había marcado! Ahora Draco estaba atado a él, a sus deseos y a sus decisiones, y quizás no podría desligarse de ello. Quizás quedaría prendado de él para siempre. Enterró las manos en su cabeza y jaló de su cabello—. Mierda —gimió, al instante sintió una caricia en su cabeza.

—Yo entiendo —le dijo el rubio dándole un sonrisa que a Harry se le antojó demasiado triste—. Está todo bien, ve por ella. — Draco se quitó el amuleto del cuello y se lo devolvió. Sentía que estaba entregando su alma. ¿Por qué? Tal vez sí se había hecho a la idea de que estaría siempre con Harry, de que la suerte se había reconciliado con él y había decidido darle algo bueno. No era cierto.

—Esto es tan extraño. —Draco le volvió a sonreír—. Me voy, lamento todo.

—Todo está bien.

El rubio le acompañó a la chimenea, le entregó el libro y Harry se fue. No hubo besos ni abrazos, ni calor o alegría. Draco se sentía vacío.

Una vez solo cogió los otros textos de hombres lobo y decidió botarlos, ya no los necesitaba.

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Hermione dejó pasar dos semanas antes de ir a molestar a la parejita, después de todo, el asunto de la reserva estaba casi terminado.

En realidad había ido el día después de la pelea y encontró a Evi quien le cotilleó que el Amo Potter se había unido a su pareja. Como ella había leído abundantemente del tema, sabía a qué se dedicaban los lobos cuando se unían a sus amantes, fue por eso que esperó un tiempo prudencial para no interrumpir nada.

Así que esa mañana se levantó temprano y compró abundantes víveres, que de seguro esos dos no tenían nada de comer. Con una sonrisa de oreja a oreja se apareció en la casita de Harry, más grande fue su sorpresa al encontrar todo el mobiliario destruido.

Subió las escaleras rápidamente, buscando a sus amigos. Draco no estaba, pero encontró a Harry en un rincón de la casa, llorando y todo sucio. Se acercó y le abrazó. ¿Qué había pasado ahí? ¿Malfoy le había rechazado? Eso era imposible, ella los había visto, él no le habría rechazado, entonces…

—Duele —gimoteó su amigo. Ella arregló la cama que estaba destrozada y le levitó hasta ella. Harry estaba herido, brazos y piernas tenían profundos rasguños, incluso y rostro estaba lleno de costras de sangre y piel. Hermione le miró las manos, tenía las uñas mordidas y los dedos sangrantes. Al parecer él mismo se había herido. Le hizo un hechizo de limpieza, Harry gruñó cuando algunas heridas volvieron a abrirse.

—Pero… ¿qué ocurrió? Creí que todo había salido bien. Evi dijo que Malfoy te había aceptado. —Mientras hablaba pasaba la varita por las heridas, cerrándolas. Harry se levantó de la cama sin importarle el trabajo de su amiga, y recogió un libro del suelo. Se lo tendió a su amiga, mas esta lo miró con asco y lo tiró lejos.

— ¡Harry, lo que dice ese libro es mentira! —exclamó. Harry le miró adolorido, sin poder creerle—. ¿Has intentado hacer este tratamiento?

Harry asintió. Había tratado de domar a su bestia, de hacerle entender que no amaba a Draco, que amaba a Ginny… Pero no lo lograba, y sólo el dolor le permitía entrar en razón y no ir a buscarlo.

— ¿Cómo has podido creer esta basura? — inquirió la castaña furiosa y abatida—. Este hombre, Morgan, se enamoró de una mujer lobo, la obligó a aceptar su teoría porque la pareja de ella era otro lobo —le contó —. La pareja de la loba murió,… se suicidó al ver que ella le abandonaba. —dijo tristemente—. Los lobos no te obligan a nada, sólo te muestran lo que tu mente de mago no quiere que veas. —Tomó su rostro y acarició sus mejillas—. La loba también se suicidó al enterarse de la muerte de su pareja. No podía olvidarlo, recién ahí comprendió que jamás podría tener otra — Harry abrió la boca, asustado, comprendiendo.

—Pero entonces…

—Draco seguro debe haber buscado la forma de informarse sobre ti, sobre ambos, y se topó con esta bestialidad —le dijo terminando de curarle. Cuando lo hizo incendió el libro con repulsión—. Él tampoco debe estar muy bien, está hecho para estar junto a su pareja. Ve por él, ¡ya! — Harry como despertando de un trance se levantó y se transportó a la casa del rubio, llevando consigo a su amiga quien se quejó por ser llevada sin querer.

El departamento de Draco estaba en silencio, tenía olor a encierro y había varias cosas revueltas por la habitación. Ninguno de los amigos se atrevió a prender la luz.

Harry escuchó unos gimoteos lastimeros que provenían del baño, Hermione se adelantó unos pasos, pero luego retrocedió.

—Me voy, ustedes tienen que arreglar esto —dijo ella decidida. Harry le dio una mirada que imploraba apoyo, pero la chica se mantuvo firme y se fue.

Se sentía demasiado débil para enfrentar lo que había tras la puerta, pero volvió a escuchar los ruidos, ahora parecían casi un grito ahogado de dolor. El moreno se acercó preocupado.

La imagen que lo recibió le asustó totalmente. Draco estaba desnudo en el suelo del baño, en posición fetal, con un dildo en su trasero y recorriendo su propio cuerpo con ambas manos, gimiendo bajito 'Harry'.

Se recordó que mataría al puto Freddy Morgan y todavía en shock se acercó al rubio. Le cargó entre sus brazos, sólo entonces el rubio abrió los ojos. Se le quedó mirando con la vista nublada y perdida.

Harry se quedó piedra al ver sus ojos, Draco estaba drogado y le miraba como si fuera etéreo. Una de las manos del rubio tocó su rostro, Harry cerró los ojos al contacto. La risa nerviosa de Draco le devolvió el horror al cuerpo.

—Parece tan real —susurraba el rubio. Harry le llevó al dormitorio y le acostó en la cama. Con cuidado le quitó el dildo que evidentemente le estaba haciendo daño, era demasiado grande—. ¡No! No hagas eso… Devuélvemelo —lloró—. Tú te fuiste… — Harry le abrazó con fuerza, la rabia, el alivio y la pena luchando por salir. Aún en esos momentos fue consciente de que sí, de que le amaba, de que ese rubio era para él, de él. Era increíble como el simple hecho de tenerle abrazado le devolvía las fuerzas—. Déjame por lo menos… el recuerdo —lloraba Draco temblando.

Y ahí estaban ambos, heridos, sin poder estar separados. Dolía.

La risa perturbada de Draco interrumpió su propio llanto.

— ¿Desde cuándo te estás drogando? —preguntó preocupado. El rubio no respondió, había vuelto a llorar porque le había quitado el dildo. Harry le envolvió entre las frazadas de la cama, pero no se movía y no buscaba liberarse, sólo lloraba y él sólo le acunaba y acariciaba sus cabellos con cariño.

—Harry… — le llamaba entre hipidos. Sus manos a veces se levantaban como buscándole, esperando que la imagen desapareciera y se hiciera humo, cuánto daño les había hecho un puto libro.

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Harry despertó con los primeros rayos del sol, Draco aún estaba entre sus brazos, con su hermosa carita roja de fiebre por todo lo que había llorado la noche anterior.

Por primera vez en dos semanas se sentía bien, y no el horrible nudo en el estómago y a su lobo aullando por buscar a quien amaba, a quien ambos amaban. Pero toda sensación de satisfacción se fue el ver la habitación de Draco con luz. Había varios envases de la droga "Felicis" esparcidos por doquier. Esa droga era parecida a la poción Felix felixis, pero esta se comía y daba la sensación de tener todo lo que deseaba, puras ilusiones. Cuando la persona despertaba, necesitaba más dosis para sentirse más o menos bien, desgastando poco a poco su cuerpo y su mente.

Eso no era bueno. Conocía muchos casos de personas que se habían vuelto locas por esa droga, otras simplemente se habían suicidado. Apretó al rubio contra sí inconscientemente. La cantidad de papelitos repartidos por la habitación eran el cargamento de varios meses, pero cuando él se había reencontrado con el rubio este estaba bien, así que llevaba dos semanas consumiendo toda esa mierda.

Draco estiró una mano y tomó una botella de agua de mesa de noche. La botella cayó destapada sobre la cama, el rubio se giró y siguió durmiendo en el lado donde no se había mojado. Entonces Harry tuvo una mejor visión del cuerpo de Draco: estaba lleno de moretones y golpes que probablemente él mismo se había dado bajo los efectos de la droga, y su trasero… Harry se ahogó, Draco se había lastimado mucho. Las frazadas estaban manchadas de sangre.

Sacó su varita y empezó a curarle. ¡Cómo le pesaba cada herida! Él debería haber sabido que ese libro era basura, debería de haberle explicado todo al rubio. Pero no, no lo supo y ahora Draco estaba herido. El rubio se convulsionó y vomitó, Harry ya no tuvo opción, necesitaban ayuda.

Hermione llegó dos minutos después de que Harry la llamara, el moreno estaba limpiando algunas heridas del rubio que él no sabía tratar con magia. La mujer era la que les curaba a ambos durante la guerra, ellos sólo sabían lo básico.

La castaña se sintió muy afligida, tanto Draco como Harry estaban tan heridos… Y no hablaba de lo físico, el rubio no estaba tan mal, sus heridas eran superficiales; lo que le preocupaba era la pareja.

—Despertará dentro de un rato —le dijo casi una hora después—. Dale mucha agua, necesita hidratarse y que le baje la fiebre —el moreno asintió—. Tranquilo Harry, van a estar bien. —Le dio un beso en la mejilla y desapareció.

Harry se quedó velando su sueño. Hermione había limpiado la cama, secándola y dejándola utilizable, así que él se dedicó a limpiar la habitación.

Cuando hubo terminado se acostó a su lado, acomodando a su pareja sobre su pecho, quería ser lo primero que viera cuando despertara. Su amiga le había dicho que al rubio le iba a costar acostumbrarse a no estar consumiendo Felicis, pero que con su ayuda todo se resolvería.

—Mmm —Draco abrió un ojo con esfuerzo, se sentía mal, le dolía el cuerpo, pero eso ya se estaba haciendo habitual—. ¿Harry? —preguntó sobresaltado, mirándole sin pestañear. El moreno tomó su rostro y le besó suavemente.

—Perdóname, Draco — le dijo abrazándolo—. Yo debería haber sabido, Hermione sabía, y yo no. — El rubio no estaba prestándole atención, ¿qué importaba lo que dijera el otro?, el felicis le hacía verle. Parecía real, era Harry, y estaba ahí para él, sonrió tontamente.

Potter arrugó el ceño, era evidente que el rubio "no estaba ahí". Se quedó a su lado esperando que los efectos del Felicis terminaran de pasar. No mucho después la mirada de Draco se volvió lúcida e interrogante.

— ¿Q—qué? ¿Estás… realmente estás aquí? —Draco delineó su barbilla con la yema de los dedos delicadamente, Harry le dio un beso en la palma—. ¿Ya te controlas? — preguntó mirando a otro lado, dándose cuenta de lo que estaba haciendo y tapando su rostro con las manos.

—Oh, Draco —Harry lo atrajo aún más hacia sí—. Ese libro es una basura, un proyecto de un imbécil que se enamoró de una loba y trató de buscar la forma de estar con ella sin ser su pareja destinada. — Separó las manos del rubio de su rostro, Draco estaba llorando—. Perdóname, yo debería haberlo sabido… Te herí, y casi te pierdo — Harry le abrazó con fuerza, temiendo soltarlo—. Estabas tan herido cuando llegué…

—T—tú… — Potter puso un dedo entre sus labios.

—Descansa Draco, yo te voy a cuidar de ahora en adelante. —El rubio le miró esperanzado.

—De verdad estas aquí… — suspiró casi dormido, Harry besó su frente.

—Hermione irá a casa mañana para terminar de sacarte esa cosa del cuerpo — le dijo—. Esperaré a que descanses y nos vamos a casa —el rubio sonrió dentro del abrazo.

—A casa…

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FIN

NA: Sip así termina y no he pensado en hacerle otra parte, mi antigua Beta quería matarme por eso XD pero bueno... había intentado subir la historia antes pero por alguna razón no me dejaba... pero ya esta!

Espero que les guste

Besos

Arizu Eiri