The Loud House y los personajes representados son propiedad intelectual de sus respectivos autores.

Historia original de Samtastic 3.0

Traducida y adaptada por mí.


P. D.: Una vez que hayan terminado de leer, les hago la más atenta invitación para que dejen su review, ya que soy alguien que busca mejorar en base a la retroalimentación. De antemano, si quieren pueden hacer lo mismo con las demás historias que tengo en mi perfil.


CAPÍTULO VI

Era una noche cálida y apacible dentro de la casa Loud, y los hermanos se encontraban en la sala de estar; mientras que su madre y su padre estaban fuera celebrando una cena de aniversario, todos ellos estaban inmersos en diferentes actividades para pasar el rato, ya sea viendo televisión, leyendo revistas y cómics, jugando con sus juguetes o incluso teniendo una que otra charla ocasional.

De hecho, aparte de que en conjunto con sus padres conformaban a una familia llamativamente numerosa y ruidosa, si por algo eran conocidos ellos era por entenderse mutuamente y de compartir tanto sus peripecias como sus secretos entre sí, tal y como lo haría una especie de comunidad secreta.

En sí, esa costumbre no era algo fuera de lo común. Siendo una familia numerosa, cada vez que alguien tiene algún hecho o alguna anécdota que compartir, las posibilidades de encontrar detalles llamativos o inusuales hacen de esta actividad algo agradable como si de contar una historia se tratase, dado a la intensidad y la elocuencia de cada uno de ellos para relatarlas.

Por esta razón, aprovechando la oportunidad de la ausencia de sus padres, Lori se enfrascó en contarles a sus hermanos un suceso que, según ella, le pareció divertida.

... y luego Carol resbaló y se golpeó la cabeza en las gradas.

Lori terminó su historia, riéndose mientras lo hacía.

La enfermera dijo que probablemente tenga un chichón en la cabeza durante una semana.

Todos los niños se rieron de eso, sabiendo cuánto a Lori le desagradaba Carol Pingrey y probablemente estaba muy feliz de que se hubiera lastimado.

Para cuando había terminado el escándalo de las risas compartidas, los niños volvieron a sus actividades individuales.

Durante el nuevo espacio para la tranquilidad, Lincoln y Luna se encontraban mirando juntos un libro de música en el sofá, mientras que las demás estaban dispersa en lo que quedaba en la sala de estar. Mientras que se encontraba sentado en el regazo de su hermana mayor, Lincoln le estaba prestando atención mientras que Luna le decía qué canciones iba a tocar en sus siguientes conciertos.

Esta siempre enloquece a la multitud. ‒ dijo Luna, mientras señalaba cada muestra de su antología. ‒ Y esta es buena para terminar la noche porque es bastante suave.

Estas son toda la selección de canciones, hermana ‒ dijo Lincoln, impresionado. ‒ Es genial que puedas tocarlas todas juntas sin mezclarlas ni nada.

Años de práctica, hermano. ‒ dijo Luna, alborotando el pelo de su hermano. ‒ Aunque tengo que admitir que ocasionalmente puedo tener problemas para recordar con qué acorde comenzar, o qué tan alto o bajo necesito cantar, pero la mayor parte del tiempo soy una experta.

Estoy orgulloso de ti, Luna ‒ dijo Lincoln, sonriéndole. ‒ Eres una gran cantante y una hermana aún mejor.

Luna le devolvió el gesto, cosa de esperarse de una chica sumamente energética y afable.

Gracias, Linc ‒ dijo Luna, tirando de su hermano para un abrazo y colocando su cabeza sobre la suya, mientras que Lincoln se acurrucaba en el calor de su cuerpo envolviéndolo. ‒ Ojalá pudiera decir lo mismo de ti.

Bueno, creo que soy una buena hermana, pero diría que soy mejor siendo un hermano. ‒ bromeó Lincoln, riéndose entre dientes.

No, no lo eres ‒ dijo una Luna secamente lacónica, todavía sosteniendo a Lincoln en un abrazo de un solo brazo.

En eso, Lincoln abrió los ojos, sorprendiéndose por la frialdad que detectó en la voz de su hermana.

En sí, la mayor parte del tiempo en que convivía con Luna era simple, relajado y lleno de pequeñas bromas ocasionales. Sin embargo, tras escuchar un tono de voz completamente apagado por parte de su hermana más animosa fue algo que lo sacó de su ritmo armónico.

Creyó que tal vez quería jugarle una de sus bromas curiosas, pero cuando le echó un vistazo al rostro de su hermana, el muchacho notó un gesto sumamente opaco, casi rozando en la hipocondría. Pensando en que tal vez había cometido un acto ofensivo, el chico de cabello blanco decidió aclarar el objetivo de su susodicha broma:

Ah... Verás. Ya sé que he cometido algunos errores, pero todos lo hemos hecho. Es mejor dejar eso en el pasado y seguir adelante, ¿no crees?

Es cierto ‒ dijo Luna, todavía sin moverse de su posición aparentemente acogedora.

En ese momento, Lincoln notó que sus otras hermanas sonaban muy lejos de su lugar, a pesar de estar en la misma habitación que él.

No tenía palabras para describir lo que estaba sucediendo ahora, quizás él podría jurar que estaba cansado o algo mareado, pero sintió como si el calor del lugar se hubiera esfumado y que todo lo demás se vio sumergido en la nada absoluta, quedando solo una luz que iluminaba sólo a él y a su hermana, tal y como si se sintiera en un interrogatorio.

Ah... ¿hay algo malo, Luna? ‒ preguntó un Lincoln sumamente nervioso, mientras trataba de soltarse del abrazo de su hermana, solo para descubrir que a pesar de que no parecía estar fortaleciendo su abrazo, Lincoln no podía escapar de su agarre.

Me preguntaba si te gusta aprovecharte de mi amor que tengo hacia ti. ‒ preguntó una Luna taciturna, apretando su abrazo aún más.

¿Qué? ‒ preguntó Lincoln en estado de shock, asegurándose de que había escuchado mal. ‒ ¿A qué te refieres con eso?

Vine a ti en tu momento de necesidad ‒ exclamó una Luna sombría ‒ Y me dejaste amarte y ayudarte, aunque sabes que no te lo mereces.

¿Qué... qué quieres decir? ‒ preguntó un Lincoln cada vez más exaltado, mientras luchaba por escapar de su agarre.

Fue en ese momento en que se dio cuenta de que el resto de la habitación estaba borrosa, salvo por la sección del sofá donde estaban sentados. A pesar de esto, pudo ver que sus otras hermanas lo miraban furiosas, pero sus ojos eran claramente rojos, a pesar de que el resto de ellas no eran más que sombras borrosas.

¡Sabes muy bien lo que quiero decir! ‒ dijo Luna bruscamente. ‒ No estás alterado por correr a través del fuego. No te sientes modesto acerca de tus acciones heroicas. Te sientes culpable porque... ¡TÚ COMENZASTE EL INCENDIO!

¡No! Quiero decir, ¡fue un accidente! ‒ chilló Lincoln, cuando las sombras y los penetrantes ojos rojos de sus hermanas comenzaron a cerrarse a su alrededor, gimiendo y mirándolo furiosamente mientras lo hacían.

Todo esto sucediendo en una atmósfera que oscurecía cada vez más... ¡y cada vez más!

¡Lincoln, apestas! ‒ chilló Lana.

¡Lincoln, eres un monstruo! ‒ estalló Lori.

¡Lincoln, ya no eres mi hermano! ‒ gritó Lincoln.

¡No! ‒ chilló, luchando por escapar del apretón ahora aplastante de su hermana mientras todos le lanzaban insultos.

¡Lincoln, vete al infierno!

¡Juro que fue un accidente!

¡LINCOLN!

¡No! ¡Por favor, no dejen de amarme! ¡Por favor!

¡LINCOLN!

¡Por favor, perdónenme!

¡LINCOLN!

¡LAS NECESITO CHICAS!

¡LINCOLN!

¡LINCOLN!


‒ ¡LINCOLN!

‒ ¡LAS AMO DEMASIADO, CHICAS!

Tratando de clarificar su amor incondicional a unas hermanas sumamente molestas que se esfumaron en ese instante, Lincoln rápidamente se dio cuenta de que se despertó de un mal sueño.

Sin embargo, al mirar a su alrededor, vio que estaba en su cama, encima de Luna y envuelto entre sus brazos. Fue así, que vio la cara preocupada de su hermana.

‒ ¡Tranquilo, hermano! ‒ exclamó una Luna alarmada por su brusquedad inicial, apretando su abrazo en el acto y haciendo que la cabeza del chico quedara sumergida en su pecho, al mismo tiempo que éste escuchaba el ritmo de su corazón palpitante.

‒ Está bien... Fue solo una pesadilla, ya estás a salvo. ‒ señaló Luna de manera consoladora, mientras le acariciaba su cabeza. ‒ Estás a salvo, hermano. Se acabó el fuego.

Cuando Lincoln le devolvió el abrazo con fuerza, se dio cuenta de que las lágrimas empezaban a caer de sus ojos, haciendo que comenzara a sollozar. Trató de limpiarse las lágrimas frotándose contra la blusa de su hermana, mientras apretaba más su abrazo hacia su hermana, temiendo a dejarla ir.

En eso, Luna notó que Lincoln se estaba descontrolando de nuevo, haciendo que su preocupación por él aumentara, por lo que procedió a sentarse en la cama con cuidado y acomodarlo en su regazo, aún sujetándolo entre sus brazos.

Una vez hecho esto, Luna, en un intento por tranquilizar a su sollozante hermanito, continuó arrullándolo y siseándolo, tal y como la había hecho antes de que cumpliera siete años.

‒ ¿De qué fue tu pesadilla? ‒ preguntó de manera cándida, frotando ligeramente su cabeza mientras se balanceaba hacia adelante y hacia atrás, tratando de calmar a su hermano alterado. ‒ ¿Por qué gritaste que nos amas demasiado?

‒ Yo... yo...

Lincoln no estaba seguro de qué decir. Después de todo, ¿por qué una pesadilla sobre el incendio provocaría que Lincoln gritara al aire el amor que le tenía a su familia?

‒ ¿Estuvimos allí esta vez? ‒ preguntó Luna, notando la pausa en la voz de Lincoln ‒ ¿Casi nos perdiste en el fuego?

‒ Se... se podría decir que fue algo como eso ‒ se atragantó Lincoln.

Fue muy cierto después de todo; aunque él no las había perdido en el fuego, las había perdido por culpa del fuego. Más o menos, era lo mismo.

‒ Oye, no vamos a ir a ningún lado ‒ dijo Luna, besando la frente de Lincoln. ‒ Estamos aquí, sanas y salvas, listas para ayudarte cada vez que nos necesites.

Lincoln no podía sentirse cada vez más infeliz.

Mientras sentía cada caricia y cada consuelo que le daba su hermana musical, podía sentir un inmenso agasajo, producto de lo mucho que tanto ella y su familia estaba dispuesta a ofrecer en su apuro.

Era más que claro que sería muy impúdico de su parte el que le estuviera mintiendo de esa forma, pero antes de que Lincoln pudiera responderle, alguien llamó a su puerta.

‒ ¿Sí? ‒ llamó Luna.

La puerta se abrió, revelando a una preocupada Lori:

‒ ¿Todo está bien aquí? Escuché gritos.

‒ Sí ‒ dijo Luna, asintiendo. ‒ Linc y yo nos estábamos acostados, y tuvo un mal sueño.

Sin embargo, mientras ambas se miraban las caras, se aseguró de que Lori pudiera ver en sus ojos el mensaje secreto que tenía para ella:

'Tenemos que hablar.'

Afortunadamente, Lori lo entendió y dijo:

‒ Ok, solo quería asegurarme. Oye, Luna, ¿puedes ayudarme con mi tarea de mi clase de música?

‒ Claro ‒ asintió Luna, levantándose mientras intentaba soltar a Lincoln.

Sin embargo, la abrazó, no queriendo que ella lo dejara.

‒ Hermano, estaré por el pasillo si me necesitas. Debes tomarte un minuto para relajarte y recuperarte.

Mientras decía esto, Luna forzó con fuerza, pero con cuidado, a Lincoln a soltarla.

‒ Bien ‒ dijo Lincoln, asintiendo mientras se limpiaba los ojos otra vez.

Luna besó la frente de Lincoln otra vez, antes de salir con Lori.

Tan pronto como sus hermanas se fueron, Lincoln se dejó caer en su cama, agarró una almohada y gritó. Esto estaba llegando demasiado lejos. Estaba claramente perdiendo el control, y su nueva pesadilla era producto de eso.

‒ Primero soñé con matar a mis amigos en la escuela, luego incendiando mi casa, seguido de Luna revelándose como mi chantajista, y ahora mis hermanas volviéndose contra mí ‒ gimió un Lincoln sumamente azorado. ‒ ¿Quién sabe qué tan mala será la próxima pesadilla?

Lo único que pudo atinar hacer ahora, era tratar de suavizar sus sollozos con su almohada.

El chico con el plan no podría estar más que desconsolado consigo mismo, puesto que no sabía cómo escapar ahora de esta situación muy pesada.

Quizás Lincoln había deseado tener diez hermanos en lugar de diez hermanas una vez. Sin embargo, casi nunca pensó en tener una vida sin ellas. ¡Él necesitaba a sus hermanas en su vida! ¡Ellas fueron quienes lo definieron! Hasta sus hábitos lo convirtieron en lo que eran, y hasta se podría decir que todo eso corría por sus venas.

Los malos chistes de Luan, la rudeza de Lynn, la naturaleza despistada pero dulce de Leni, Lola forzándolo a unirse a sus fiestas de té, la suciedad de Lana, el macabro estilo de vida de Lucy, la actitud mandona de Lori, los experimentos de Lisa explotando, la apariencia adorable de Lily y especialmente la música de Luna; todo eso ayudó a moldear a Lincoln en el joven en el que se había convertido, y sin eso... ¡Lincoln Loud no existiría!

Por supuesto, hubo momentos en que sus hermanas lo llevaban al límite de su paciencia y él deseaba que lo dejaran en paz. Pero también hubo veces en que se equivocó en su forma de actuar para con ellas y hasta ellas querían que él las dejara en paz.

Eso es lo que era una familia: molestia ocasional, enojo y frustración, pero también amor ilimitado.

Y la mera idea de perder ese amor era lo que estaba llevando a Lincoln al otro lado de la pared.


Lori hizo que Luna viniera a la habitación de ella y de Leni. Leni estaba sentada en su escritorio trabajando en su tarea. Como era costumbre, había una mirada confundida en su rostro mientras miraba sobre las sábanas hacia el revoltijo de anotaciones que tenía alrededor suyo.

Sin embargo, por órdenes de Lori, Leni tuvo que interrumpir su actividad y recoger todo. Luego, Lori le dijo a Luna que se sentara con ellas mientras estaba en el lugar otrora ocupado por la hermana modelo. Leni se sentó junto a ella, y Luna se sentó en frente de ellas en la cama de Leni mientras comenzaba su historia.

Los ojos de Lori y Leni estaban muy abiertos como platos para cuando Luna terminó de explicar lo que estaba ocurriendo con Lincoln. Ambos sospechaban que todavía él estaba alterado por el incendio, pero ninguna de ellas había imaginado que fuera tan serio este asunto.

‒ Oh, Dios mío. ‒ murmuró una Lori conmocionada. ‒ No puedo creer que Linc haya estado tan... tan... tan fuera de sí.

‒ ¿Qué podemos hacer? ‒ exclamó una Leni preocupada.

‒ Bueno... Tal vez podamos pensar en un plan adelante. Por ahora, llamaré a Sylvia mañana y le daré a Lincoln otra cita con ella. ‒ dijo Luna, dejándose caer sobre la cama de Leni, mirando a sus hermanas mayores afligidas mientras lo hacía.

Gimiendo con impotencia, la rockera añadió:

‒ Lincoln claramente se está desgastando, y odio que no haya mucho que pueda hacer.

‒ Pero olvidas que podemos estar ahí para Linky, ¿no? ‒ sugirió Leni ‒ Creo que eso debería animarlo.

‒ Pero eso no puede hacer mucho. ‒ suspiró Luna, sentándose en la cama. ‒ Cuando fui a hablar con él, era obvio que estaba dolido por tener que decirme qué era lo que le molestaba.

‒ ¡Pero... ¿por qué?! ‒ se quejó una Leni incordiada. ‒ Linky sabe que estaremos allí para él. ¿Por qué estaría molesto de que lo ayudemos?

‒ El estrés puede hacer mucho daño a una persona. ‒ señaló Lori, colocando un brazo alrededor de su hermana menor y acercándola. ‒ Incluso haciéndoles sentir que están solos en el mundo.

Tras ese comentario, la única cosa que pudo hacer la hermana modelo fue bajar lentamente la mirada hacia el suelo mientras fruncía el ceño y meneaba levemente la cabeza en señal de exasperación. Gesto que sus demás hermanas apoyaron sin protestar.

Eran las pocas cosas que llevaban a Leni fuera de sus casillas.

Quizás tenía un repudio inmenso hacia las arañas, al hecho de que usaran sus cosas o sus atuendos sin su permiso (cosa irónica, por cierto) o que simplemente le recordarán de que no era muy brillante, comparándola a los demás.

Sin embargo, si había algo que en verdad le desagradaba bastante, cosa que también compartía con sus demás hermanas, era el tener que ver a su único hermano sufrir por culpa de alguien o por cualquier cosa.

Sin dudas, ella y las demás chicas harían cualquier cosa para evitarle cualquier dolor más fuerte del que ellas le propinaban en ocasiones.

Pero el hecho de que ellas estaban consientes que su querido hermano estaba lidiando con un problema que no le era fácilmente de asimilar, simplemente era algo que no podían encontrarle una solución inmediata, dado que ahora necesitaban una reminiscencia de lo que podrían ser capaces de hacer ante una situación inmensamente comprometida.

Por lo que, en un intento por no rendirse, Luna reaccionó a la simple necesidad de apoyar a su hermanito, haciendo que ella se levantara de la cama con una determinación más o menos notable para sus hermanas presentes.

‒ Aún así, tenemos que mostrarle que no está solo, y que al igual que cualquier otro problema, puede acudir con nosotras con esto. ‒ dijo una Luna decididamente airada.

‒ Exactamente ‒ asintió una Lori concomitante a su hermana, imitando su gesto ‒ Somos su familia, estamos aquí para él.

Ante eso, Leni no tardó en unirse a sus demás hermanas. Cosa que hizo que Luna asintiera en respuesta a la nueva integrante del equipo femenino conmocionado.

Sin embargo, la amante del rock recordó algo importante, por lo que ella exhaló un pequeño quejido antes de replicarles a los dos mayores:

‒ Chicas, no le digan que les dije esto. Vine a ustedes porque ustedes son los mayores, además de mamá y papá, y sé que él no quiere que sepan sobre esto. Pero le prometí que no diría nada, así que...

‒ No te preocupes, mis labios están sellados ‒ asintió Lori, comprendiendo. ‒ Solo... asegúrate de que sepa que estoy aquí para él también.

‒ Lo mismo digo yo ‒ asintió Leni, alterada por el hecho de pensar en su hermano menor con tanta angustia. ‒ Siempre estaré aquí para Linky.

‒ Yo también.

Las tres hermanas Louds mayores saltaron en estado de shock cuando Lucy apareció al pie de la cama de Leni.

‒ ¡Por el amor de Dios! ‒ exclamó Lori, agarrando su pecho mientras su corazón comenzaba a latir aceleradamente ante su sobresalto ‒ ¡¿Cómo es que aún no estamos acostumbradas a eso?!

‒ La sorpresa es algo constante. ‒ suspiró Lucy. ‒ Es probable que dentro de diez años aún pueda pasar por ustedes sin siquiera intentarlo.

‒ Por supuesto que sí ‒ murmuró Luna, mientras sacudía levemente la cabeza en señal de indiferencia hacia Lucy.

Luego, recordando lo que habían acordado ella y la niña gótica, precedió a dirigirse a ella con rapidez y preguntarle:

‒ Oye, ¿qué dijo Lisa?

Fue así que las dos hermanas mayores imitaron el gesto de Luna. La expresión apagada y constante de Lucy se convirtió en una de incomodidad cuando suspiró:

‒ No fue una buena conversación.

‒ Entonces, ¿no tienes nada? ‒ preguntó Luna con desilusión.

‒ Nunca dije eso. ‒ respondió Lucy. ‒ Lisa y yo estuvimos un rato pensando y creando bastantes teorías. Es sólo que... una de ellas no es buena.

Luna y Lori intercambiaron una mirada preocupada mientras Leni se mordía el labio inferior, sintiéndose de la misma manera. Para cuando las tres chicas le indicaron que les dijera todo lo que sabían al respecto de su conversación, la pobre niña gótica supo que no tenía alternativa más que compartir la idea más irascible que ni ella ni las demás muchachas jamás habían considerado.

Por lo que, mirando hacia abajo y sin mirar a sus hermanas directamente, Lucy transmitió su conversación con Lisa a las chicas mayores. Para cuando terminó, las tres tenían los ojos muy abiertos y las mandíbulas prácticamente caídas al suelo.

‒ Eso... eso es imposible ‒ dijo una Lori perturbada, cuando finalmente encontró su voz tras una larga pausa. ‒ No hay forma de que Lincoln sepa quién inició el fuego. Sus amigos no harían algo así, ¡y no dejaría que unas estúpidas amenazas lo detuvieran de decir la verdad!

‒ Estoy de acuerdo con que sus amigos no sean los culpables. ‒ dijo una Lucy alterada, levantando la vista en el acto. ‒ Pero no sabemos si el incendiario pudiera haberlo amenazado a él o a nosotras si lo delataba. Es completamente creíble.

‒ ¿Por qué alguien se atrevería a hacerle algo tan malo? ‒ preguntó una Leni impactada.

‒ Por favor, Leni... concéntrate ‒ suspiró una Lori cansada. ‒ Quien sea que sea esta persona, quemó la escuela. Quien pudiera hacer algo así claramente no tendría problemas para amenazar a ningún testigo.

Ante eso, Leni atinó en mirar al suelo mientras fruncía el ceño en señal de indignación. Gesto que eventualmente las demás chicas compartieron con ella.

‒ De acuerdo ‒ suspiró Lori, dirigiéndose a las demás chicas con aquilatamiento. ‒ No podemos simplemente exigir que Lincoln nos diga, de lo contrario puede volverse loco. Debemos asegurarnos de que se sienta cómodo aún cuando tengamos de él estas teorías, especialmente si son ciertas. ¿De acuerdo?

Las otras asintieron y comenzaron a hablar acerca de cuándo podrían enfrentarse a su hermano. Después de unos minutos de debate, acordaron que Luna sería la que hablaría con él, y que lo haría después de su próxima sesión de terapia.


Desafortunadamente, Sylvia había tenido un aumento reciente en su negocio, y no estaba disponible hasta el sábado. Como tal, Luna hizo su misión personal estar allí para su hermano tanto como fuera posible para que él tuviera a alguien que lo consolara.

Lincoln estaba en un lugar incómodo. Por supuesto, estaba agradecido de que su hermana más cercana estuviera allí para él, pero al mismo tiempo le preocupaba que su presencia constante lo hiciera dejar que algo se le escapara. Algo que no pudo recuperar.

Luna se sentó a su lado en la cena, vigilándolo mientras comían. Sabiendo que todavía no podía comer, Lincoln tuvo que arriesgarse y pedirle a Luna que le pasara la sal mientras vertía su comida en el plato de Leni. Afortunadamente, los ojos de Luna estaban sobre él en vez de su plato, y Leni por supuesto no estaba prestando atención.

Nuevamente, Luna durmió con él. Ella ni siquiera dijo que iba a ir, simplemente entró a su habitación y se acostó con él, y Lincoln sabía que no había forma de salir de eso. Él se quedó quieto mientras ella envolvía sus brazos alrededor de él. Cerró los ojos e intentó regular su respiración para que Luna creyera que se había quedado dormido. Afortunadamente ella pareció creerlo.

Al día siguiente, Lincoln sacó a un lado a Clyde y Ronnie Anne y les contó sobre la Fiesta de Héroes y que ellos y sus familias habían sido invitados. Aceptaron y llamaron a sus padres para asegurarse de que todo estuviera listo.

Afortunadamente, a Lincoln se le ocurrió una excusa decente para decirle a la Sra. Johnson por qué se perdió la segunda mitad del día anterior. Ella le creyó, y le dio una nota excelente en las tareas y deberes que había olvidado. Por supuesto, Lincoln intentó decirle que esto no era necesario (o correcto), pero ella dijo que como héroe, se merecía lo mejor. Esto solo alimentó la culpabilidad de Lincoln, pero afortunadamente (o desafortunadamente, como quiera que lo mires), tenía otras cosas en mente.

Al llegar a casa, Lincoln llamó a Lord Tetherby y le dijo que había aceptado la invitación. El señor estaba encantado y le dio a Lincoln su dirección de correo electrónico, diciéndole que le enviara un mensaje con el número exacto de invitados que iba a recibir en el evento antes del domingo. También le dijo a Lincoln que escribiera un pequeño discurso; nada elegante, solo para contar cómo se sentía siendo un héroe, y tal vez algo inspirador para contarle a la gente que lo admiraba.

Al colgar el teléfono, Lincoln suspiró miserablemente; ahora no tenía más remedio que ir a esta fiesta y mantenerse al tanto del simple recuerdo de que no era más que un fraude.

Poco antes de la cena, un hombre llegó a la casa. Lincoln reconoció instantáneamente al hombre como Sir Kyle Marshall, dueño de la compañía de limusinas del pueblo. El señor dijo que estaba allí para encargarse de la limusina Loud, y trajo un contrato para que firmen. Después de que Lisa leyó el contrato para demostrar que era válido y no había trucos, Kyle lo firmó. Luego declaró que Lincoln y sus dos padres tenían que firmar, ya que la limusina era de Lincoln, pero aún era menor de edad. Después de que se firmó el contrato, Kyle usó su copiadora portátil para hacer una copia, que le entregó al Sr. Loud. Luego felicitó a Lincoln por su heroísmo, antes de irse.

Después de eso, el resto de la noche fue la misma que la noche anterior, con Luna cuidando a Lincoln, amontonando su comida en el plato de Leni, y permaneciendo despierta en los brazos de Luna toda la noche, demasiado temeroso de dormirse.

El jueves y el viernes fueron más o menos lo mismo. Afortunadamente en la escuela, las cosas habían comenzado a volver a la normalidad. Lincoln todavía tenía algunas personas que lo animaban y lo felicitaban, pero se había atenuado desde el comienzo de la semana. Ronnie Anne y Clyde confirmaron que sus familias estaban en la fiesta.

Por lo tanto, cuando llegó a casa de la escuela el viernes, Lincoln hizo una lista de todos sus invitados para la fiesta: él mismo, sus padres, sus hermanas (incluyendo a las menores), Clyde y los señores McBride, Ronnie Anne, Bobby y sus dos padres, Justin y su madre.

Sin contarse a sí mismo, la lista constaba de... ¡veintiún personas!

Ah... Bueno, Tetherby dijo que tenían mesas lo suficientemente grandes, y que Lincoln podría tener dos si las necesitara. Por lo que el chico le envió un correo electrónico a Tetherby y le hizo saber la cantidad de invitados que traería.

Por un momento se le ocurrió en invitar a más amigos suyos, como Cristina y la pandilla de ciclistas, o quizás preguntarle a Clyde si quería traer a Haiku, pero pensó que eso sería demasiado. Además, él no quería hacer favoritismos. Por supuesto, había invitado a Clyde y Ronnie Anne, debido a que eran sus amigos más cercanos, pero sus otros amigos no estaban "a la medida" en ninguna parte, a pesar de les gustaba a todos por igual.

Tetherby respondió un poco más tarde, diciéndole que veintiún personas estaban bien, y que podría tener dos mesas para ellos. También mencionó que, como invitado de honor, Lincoln pudo elegir uno de los platos principales, mencionando que la langosta y el pollo frito ya estaban en el menú. Después de pensarlo un minuto, Lincoln pidió pizza, señalando que probablemente no era el único que traía a los niños más jóvenes. Tetherby dijo que estaba bien, ya que conocía una excelente pizzería, y eso fue todo.

Lincoln se dejó caer en su cama y suspiró sumamente cansado.

Para él, la situación no podría haber estado más que desalentadora, pues se había dado cuenta de que Leni y Lori se habían unido a Luna para velarlo en los últimos días, y Lucy había empezado a frecuentarlo de manera reiterada, pidiéndole que pasara más tiempo de calidad con ella.

Sin dudas, esto podría representar un problema. No tanto por Leni o Luna, pero definitivamente si por Lori y Lucy.

A pesar de que no solía involucrarse en los asuntos de sus hermanos, cuando lo hacía, la hermana mayor de la familia Loud siempre estaba al tanto de todo. Lo más seguro es que, tarde o temprano, se daría cuenta de que algo andaba mal con él (asumiendo que ella ya no lo hacía). Y, por supuesto, con Lucy siendo como una especie de ninja o de vampiro a veces, tendría que tener cuidado incluso cuando estaba (o creía estar) solo.

Luna le había dicho que los dos pasarían un momento grato para mañana. Cosa que no hizo que el muchacho al pensar en pasar tiempo con su hermana más cercana. Si bien la idea parecía agradable, simplemente no podía sacudirse la incómoda sensación que estaba recibiendo. ¿Estaba ella a él? ¿Intentaba llevarlo a él solo para que pudiera interrogarlo? E incluso si no lo fuera, ella probablemente se daría cuenta de que se sentía increíblemente incómodo.

Después de todo, Lincoln ahora había pasado nueve días sin sueño y en comer muy poco. Su adrenalina lentamente se estaba desvaneciendo y sólo Dios sabía hasta cuánto tiempo pasaría antes de que se desmayara y tuviera que ir al hospital con urgencia. Y además de su creciente estrés, también estaba la constante preocupación de su chantajista.

Suspirando de nuevo, Lincoln miró al techo mientras pensaba en lo que había hecho el lunes por la noche...


Le había tomado un largo rato, pero Lincoln finalmente llegó a su casa y procedió a subir lentamente el tobogán inflable hacia su habitación. Se podría decir que podría tener una fatiga, dado a lo extenuante que fue tanto su tarea encomendada por su chantajista como por su retorno; sin embargo, el muchacho estaba sintiendo una mezcla de determinación y temor en estos momentos.

El muchacho no podía permitirse el lujo de ceder ante las órdenes de un chocante desconocido, el cual podría estarlo metiéndolo en líos con sólo seguirle la corriente. Por lo que, aún temiendo por las nefastas consecuencias por desobedecerlo, no tenía más remedio que hacer lo que tenía que hacer.

Se arrastró por la ventana y se retrajo del tobogán inflable. Lincoln luego caminó hacia la puerta y colocó su oreja contra ella. Escuchó a sus hermanas caminar, y cada vez más se volvieron más silenciosas, lo que significa que probablemente estaban dirigiéndose hacia el baño.

Tomando una respiración profunda, Lincoln presionó el botón de conversación en su walkie-talkie y dijo:

¡Oye tú, amigo!

Esperó un momento, antes de escuchar:

¿Ya está hecho? Escucha... tengo un teléfono desechable al que puedes enviar la foto.

En realidad...

Lincoln hizo una pausa, tomando otra respiración profunda. Sabía que se estaba preparando para tener una gran oportunidad en ese mero instante.

Solo quería decirte esto... ¡vete al infierno! No voy a hacer nada de lo que me digas, y no voy a darte pruebas reales para utilizar contra mí.

Hubo una pausa, antes de que la voz del chantajista hablara:

¿Pruebas reales?

Así es ‒ dijo Lincoln, tratando de evitar volverse loco. ‒ No creo que tengas ninguna prueba de que supuestamente haya iniciado el fuego.

Supuestamente, ¿eh?

La voz se rió entre dientes.

¿Entonces ni siquiera me estás confesando? No estoy grabando esta conversación, ni he grabado ninguna de nuestras conversaciones previas. ¿Sabes por qué? Porque el video que tengo de ti iniciando el fuego es más que suficiente ventaja sobre ti.

¡No te creo! ‒ dijo Lincoln, haciendo todo lo posible para parecer confidente. ‒ Lo más probable es que acabaste por verme en el laboratorio de ciencias y así pensaste que podría haber empezado el fuego, y de esa forma pensaste que sería una buena presa fácil que podrías manipular. Bueno... tengo noticias para ti, amigo: ¡eso no va a suceder!

En ese momento, Lincoln le quitó las baterías del walkie-talkie y las arrojó a la basura. Estaba a punto de hacer lo mismo con el walkie-talkie, pero se detuvo, pensando que sería mejor destruirlo. Y él sabía de la niña perfecta de seis años de edad para esa clase de trabajo.

Lincoln luego revisó sus ojos para asegurarse de que no había estado lagrimeando durante su regaño de su chantajista. Después de asegurarse de que se veía bien, abrió la puerta y salió, justo cuando sus hermanas salían del baño.


Lincoln suspiró miserablemente. Sabía que incluso sin la amenaza de su chantajista, su vida se estaba desmoronando lentamente. Y lo que era aún peor, es que él ni siquiera podía acudir con sus hermanas ante algo agobiante como esto. Por supuesto, no había ninguna razón por la que no pudiera, pero temía que lo desconocieran si descubrían la verdad.

Él simplemente no podía lidiar con eso.

‒ Espero que un momento de calidad con Luna mañana alivie mi mente ‒ murmuró Lincoln para sí mismo, mientras que su mamá llamaba a todos a cenar.


Al día siguiente después del desayuno, Lincoln salió de la casa y se sentó en los escalones del pórtico, esperando a que Luna terminara de prepararse. Mientras estaba sentado, observó a sus hermanas en el patio delantero.

Lynn estaba jugando al baloncesto, Lana estaba jugando al barro, Lucy estaba sentada bajo la sombra del árbol y escribiendo, Lola estaba manejando en su auto de la princesa, y Lori se inclinaba por Vanzilla enviando un mensaje de texto a Bobby.

También notó que Luan se marchaba de la casa, probablemente hacia una fiesta infantil en la cual había sido contratada. A pesar de que tenía un rol importante en su negocio de fiestas infantiles, ella había insistido en que se tomara un tiempo libre como su asistente para trabajar en su discurso de héroe.

Mientras más observaba a sus hermanas, más se preguntaba qué fue lo que hizo para merecerlas. Básicamente, él mismo podría catalogarse como alguien que está totalmente descolocado en su propia familia. A pesar de que ellas tenían un estilo de vida y unas personalidades proteicas muy marcados en su ser, a su vez eran sumamente talentosas y muy afables a su manera.

Por lo que, habiendo obtenido la suficiente educación tanto de sus padres como de sus mismas hermanas para entender la diferencia entre lo que está bien y lo que está mal, él siempre trató de ser lo más mesurado posible en sus acciones e incluso redimirse de sus propias equivocaciones.

Lamentablemente, para cuando ocurrió el ominoso suceso del incendio, Lincoln ahora no tenía ningún mero control de su moralidad, puesto que se martirizaba cada vez que pensaba en la Fiesta de Héroes. No estaba bien, y él lo sabía perfectamente, pero él estaba demasiado asustado como para dejar las cosas claras.

Sin dudas, Lincoln no dudaría en llamarse a sí mismo un cobarde. Sin embargo, no tuvo más tiempo de reconsiderar los hechos en sus pensamientos cuando una persona muy conocida lo llamó en ese instante:

‒ ¿Listo para ir, hermano?

Tras oír eso, Lincoln se volvió para darse cuenta de que Luna ya estaba lista para salir de la casa.

‒ Tengo un día divertido para nosotros planeado.

‒ Tú lo sabes ‒ dijo Lincoln, temblando mientras se ponía de pie.

Como era de esperar, Lincoln realmente estaba empezando a sentir los efectos de su estrés; había bebido una bebida energética después del desayuno, esperando que lo ayudara a mantenerse despierto.

‒ Es bueno escucharlo ‒ asintió Luna ‒ Pero antes, tengo un... mandado que necesito hacer. Después de eso, creo que podemos tomar el almuerzo y pasar el día en Gus' Games and Grub.

‒ Suena como un plan ‒ sonrió Lincoln, mientras los dos emprendían su camino hacia la ciudad. ‒ Entonces, ¿cuál es ese "mandado" del que tienes que ocuparte?

De repente, Luna se puso nerviosa cuando se mordió el labio y apartó la mirada de su hermano.

‒ Es un, eh... te lo diré cuando lleguemos allí.

‒ Bueno... ‒ dijo Lincoln, un poco desconcertado por la respuesta algo evasiva de su hermana.

Ahora, estaba más que seguro de lo que fuera que ella se traía entre manos... no era para nada grandioso para él.


‒ ¡Pero, ¿qué diablos, Luna?!

Lincoln le gritó a su hermana, mientras estaban parados frente a la oficina de Sylvia.

Luna, por su parte, sólo se limitó a apartar su mirada nerviosa de su hermano hacia el suelo mientras se masajeaba el brazo derecho y se mordía el labio inferior. Ya sabía que esto no iba a ser una sorpresa nada agradable para él, pero era más que claro que necesitaba de ayuda profesional, puesto que no podía soportar ni un día más en el que su amado hermano se comportara de manera errática, o inclusive de forma violenta frente a sus narices.

Fue en ese momento que, tras aguantar el exabrupto de su hermano menor, trató de componerse, le dirigió la mirada y trató de entablar una conversación pacífica con él:

‒ Mira, hermano ‒ comenzó Luna con una voz calmada. ‒ Me dijiste que no habías estado durmiendo, y he notado que actúas un poco nervioso y paranoico estos últimos días. Así que pensé que sería una buena idea que volvieras a hablar con Sylvia.

Mientras ella se explicaba de por qué lo había conducido de vuelta a la clínica, ella sonreía nerviosamente, esperando que su hermano no se fuera enojado.

‒ ¡Pero no quiero volver a hablar con Sylvia! ‒ argumentó un Lincoln colérico. ‒ Tengo demasiadas cosas en mente como para que ella pueda manejarlo.

‒ Hermano, ella es una profesional capacitada ‒ afirmó una Luna preocupada. ‒ Especialmente cuando se trata de tener "demasiadas cosas en mente". Ella puede ayudarte a superar todo esto.

A este punto, el chico del cabello blanco simplemente no podía creerlos intentos bastos de su hermana para que él entrara de nuevo con lo que él ya consideraba como su peor enemigo: la consulta. No quería entrar ahí. No quería estar a expensas de una doctora que podría llamar a la policía en el acto si se enterara de la verdad una vez que se lo revelara accidentalmente. Es más, no quería estar a expensas de una doctora que podría considerarlo un loco si le dada a entender todos sus problemas.

Por eso que, después de dirigirle una mirada conflictiva hacia su hermana, la cual a su vez se preocupaba aún más por que su inestabilidad lo orillara a cometer algo indebido, Lincoln se dio vuelta, listo para regresar a casa, pero Luna lo detuvo colocándole una mano sobre su hombro, y haciendo que se volteara para que pudiera mirarla, se arrodilló y luego le puso la otra mano en su mejilla izquierda, para después recurrir a la más vieja y confiable herramienta que ella y la mayoría de sus hermanas tenían para ganarse la atención de su hermano:

‒ Por favor, hermanito... ‒ exclamó ella, con un tono de voz espasmódico, mientras le acariciaba la mejilla con su pulgar. ‒ Hazlo por mí.

Para cuando supo a dónde quería llegar ella con ese gesto, Lincoln inmediatamente apartó la vista de su hermana y posteriormente cerró los ojos con fuerza cuando sintió que lo tomaba por su mentón para que volviera a mirarla, impidiéndole un nuevo intento de desviarse de sus ojos al poner ambas manos firmes en sus mejillas.

No quería ver la cara suplicante de su hermana. Él ya sabía que no era capaz de rechazarle una petición a una de sus hermanas, ni mucho menos cuando ellas usaba la muy infame mirada de súplica que a veces utilizaban.

Después de un momento de tener apretados los ojos, el chico comenzó a sentir una nueva caricia en una de sus mejillas, por lo que al momento de sentirse relejado por esa sensación, lentamente comenzó a abrir los ojos, sólo para toparse a Luna mirándolo con la amedrentadora mirada de "ojos de cachorro triste", toda y completa con un labio inferior muy tembloroso.

‒ Bien ‒ suspiró, finalmente derrotado, sólo para rematar velozmente con una sentencia mientras la enfatizaba mediante un ademán acusatorio esmeradamente dominado. ‒ Pero hablaré con ella durante media hora, ni un segundo más.

Sin bien aun estaba algo dolida por la conducta intensa de su hermano menor, Luna sonrió y tiró de su hermano para atraparlo en un cálido abrazo, acariciándole y revolviéndole un poco su cabello en el proceso, y quizás eso fue suficiente para que el muchacho se sintiera un poco más tranquilo consigo mismo.

‒ Gracias, Linc. Te prometo que no te arrepentirás de esto.

‒... Espero que no ‒ murmuró el chico para sí mismo.

Para cuando su hermana se separó de él y se levantó del suelo, los dos entraron al edificio.


Lincoln suspiró mientras se sentaba en el sofá otra vez, Sylvia en su silla, lista para tomar notas.

‒ Entonces, Lincoln ‒ comenzó dulcemente. ‒ Luna me dice que no has estado durmiendo desde el día del incendio. ¿Quieres hablar de eso?

‒ Claro ‒ dijo Lincoln, sin preocuparse realmente.

Después de todo, a menos que quisiera revelar que él comenzó el fuego, entonces realmente no podía hablar con ella de una manera que pudiera ayudarlo.

Pluma y papel en mano, comenzó Sylvia.

‒ Entonces, comencemos con la noche después del incendio... ¿de acuerdo?

‒ Bueno... ‒ exclamó Lincoln con aire claudicante.

El chico volvió a suspirar, para luego comenzar a expresarse de manera clara, pero siempre manteniendo algún tipo de recato...

NO SOLO HE PODIDO DORMIR SIN TENER UNA HORRIBLE PESADILLA QUE INVOLUCRE AL FUEGO.

Después de la sesión de terapia, Lincoln y Luna se dirigieron a Gus 'Games and Grub, donde pasaron el resto del día pasando el rato. Debido a que solo eran los dos, Lincoln sabía que tenía que comer. Él se atragantó con su pizza; aunque se sentía tan bien tener algo de comida en su sistema, todavía se sentía increíblemente nauseabundo, su culpabilidad hacía que quisiera vomitar el delicioso manjar.

EN CUALQUIER MOMENTO ESTOY CERCA DE CAERME DORMIDO, MI MIEDO SE NOTA CON MÁS INTENSIDAD, Y YO SOLO VEO EL PEOR RESULTADO POSIBLE PARA ESE DÍA.

Después de pasar otra noche de insomnio este sábado, Lincoln les dijo a sus hermanas que se iba a quedar con Clyde para ese día. Aunque estaban preocupadas por tenerlo fuera de su casa, Lincoln les aseguró que se sentía mejor y que estaría bien. Esto era una mentira, pero estaba seguro de que no se darían cuenta de ello.

TAMBIÉN ME SIENTO CULPABLE... ¡POR NO HACER MÁS! ES SÓLO QUE SIENTO QUE DEBÍ HABER INTENTADO UN POCO MÁS... EN TOMAR UNA RUTA DIFERENTE.

Clyde se alegró de que los dos pudieran volver a salir juntos, debido a que Lincoln estaba bastante ocupado desde que fue etiquetado como un "héroe". Lincoln se rió y sugirió que los dos simplemente se olvidaran de lo que había estado sucediendo recientemente, por lo que decidieron pasar el rato en el parque.

ME PREOCUPA QUE MI FALTA DE SUEÑO... COMIENCE A AFECTAR MI MENTE DE MANERAS EXTRAÑAS, PORQUE SÉ QUE NO DORMIR ES MUY DESAGRADABLE.

Mientras estaban pasando el rato, simplemente enfriándose y poniéndose al día, una anciana se detuvo para felicitar a Lincoln por su condición de héroe. Lincoln, bastante avergonzado, le dio las gracias, pero dijo que acaba de hacer lo que haría cualquier otra persona. Después de que ella se fuera, Lincoln notó que Clyde lo miraba raro; así fue cuando le preguntó que con quién había estado hablando. Cuando Lincoln se volvió para señalar a la anciana, ella se había ido, lo que no tenía sentido ya que estaban en un área abierta y la dama había estado usando un andador. Esto solo hizo que Lincoln estuviera más nervioso de lo que ya estaba pasándole.

MI HERMANA LISA, ELLA ES LA GENIO DE LA QUE TE DIJE, ELLA DICE QUE DESPUÉS DE SÓLO TRES O CUATRO DÍAS DE NO DORMIR, UNA PERSONA COMIENZA A ALUCINAR. PERO HE ESTADO MUY BIEN HASTA AHORA.

Esa noche fue la misma, apilando su comida en el plato de Leni y estando despierto en los brazos de Luna. Lincoln se durmió en un punto en la tranquilidad de la noche, pero solo duró unos minutos antes de que Luna lo despertara; esta vez fue ella quien tuvo una pesadilla. Ella soñó que él no pudo alcanzar la alarma de incendios y ponerse a salvo, habiendo muerto en el incendio. Lloró mientras abrazaba a su hermano con tal fuerza, que ni él evitó dejar caer algunas lágrimas también.

HE NOTADO QUE MIS HERMANAS HAN ESTADO ENCIMA DE MÍ ÚLTIMAMENTE, OBVIAMENTE PREOCUPÁNDOSE POR MÍ. APRECIO ESO, REALMENTE LO APRECIO. PERO ESO ES UN POCO... ¡MOLESTO!

El día siguiente había vuelto a la escuela. Luna casi no quería dejarlo ir, manteniéndolo a él todo el viaje en carro a la escuela. Aunque honestamente no quería hacerlo, Lincoln se levantó de su regazo, la besó en la mejilla y salió de Vanzilla en dirección a la escuela.

La primera parte del día estuvo bien, pero luego en el almuerzo, se sorprendió al ver a Luna entrar a la cafetería, nada menos que vestida como Elvis.

‒ ¡Luna! ‒ exclamó en estado de shock. ‒ ¿Qué estás haciendo aquí? ¿Y por qué estás vestida así?

Sus hermanas y amigos miraban hacia donde estaba mirando, pero parecían confundidos a la vez que estaban preocupándose por el chico que literalmente miraba y gritaba hacia la nada.

‒ Lincoln, ¿con quién estás hablando? ‒ preguntó Luna, con una clara preocupación en su tono de voz.

YO SÉ QUE NO DEBERÍA SER ESTRESANDO POR LO QUE PASÓ, PERO SIMPLEMENTE NO PUEDE EVITARLO. Y CON ESE ESTRÉS VIENE EL INSOMNIO.

Lincoln se dio cuenta de que estaba empezando a alucinar. Sucedió varias veces en el transcurso del día.

En su mayor parte, las alucinaciones solo consistieron en ver a sus hermanas en atuendos que no eran tan inusuales:

En primera instancia, vio a Luan vestida como payaso, luego a Lynn usando zancos para aparecer como un jugador de baloncesto de 6 pies de alto, a Lola vestida como una "reina del hielo", Lana empapada en barro como un monstruo de barro, Lisa vestida como Albert Einstein.

Mientras que estaba en clases, Lucy aparecía volando por encima de sus cabezas como un vampiro, y al final del día cuando fue a su casillero, Lori y Leni aparecieron como modelos en vestidos rojos anunciando un programa de juegos llamado ¡¿Qué hay en el casillero?! mientras que Lily fungía como anfitriona, ya que estaba vestida en un esmoquin.

‒ Bueno... creo que es seguro decir que estas alucinaciones al menos tienen algo sentido ‒ murmuró Lincoln para sí mismo, tratando de mantenerse firme mientras se tambaleaba hacia la puerta de su limusina.

ADEMÁS DEL INCENDIO, ALGO QUE ME PONE TENSO ES TODA ESTA TONTERÍA DEL "HÉROE". QUIERO DECIR, YO SÓLO TIRÉ DE LA ALARMA DE INCENDIOS. ¡ESO ES TODO! ¡NO ES GRAN COSA!

El martes y el miércoles fueron los mismos, ya que Lincoln se hundió lentamente entre la cordura y la insania. Seguía viendo cosas aún más descabelladas y atrevidas, pero la mayor parte en esos días, mientras estaba en sus clases habituales, la voz de la Sra. Johnson solo emitía balbuceos, que extrañamente emulaban sonidos de trombón. A lo cual Lincoln hizo que viese brevemente a sus compañeros de clases como una pandilla sacada de las tiras cómicas, con él en un atuendo consistente de una camiseta amarilla con una franja negra gruesa y zigzagueada rodeándola, pantalones negros y unos zapatos marrones; y, por supuesto, no pudo evitar murmurar un "¡Santo Cielo!").

EN CONCLUSIÓN...

Lincoln suspiró de nuevo mientras miraba a Sylvia, quien miraba con seriedad las notas que había tomado de su pequeño discurso.

‒ Creo que me estoy volviendo loco. Odio decir eso, pero es verdad. Simplemente... me estoy volviendo loco.

‒ Lincoln, entiendo que lo que sucedió la semana pasada es demasiado para uno, créeme, lo sé. ‒ en eso, lo miró con preocupación ‒ Pero realmente creo que eres demasiado duro contigo mismo. Sólo necesitas tratar de seguir adelante de esto. Puede que no hayas hecho MUCHO, pero sigues siendo un héroe.

Cuando un comedido Lincoln no dijo nada en respuesta, Sylvia suspiró, para luego responderle:

‒ Mira, quiero hacer otra cita contigo el próximo sábado, el día después de tu gran Fiesta de Héroes. Espero que después de ver lo que todos realmente piensen de ti, no solo te feliciten o te deseen buena suerte en el futuro, sino que también recibas alabanza real y reconocimiento real, espero que así veas que no tienes motivo para inquietarte por el fuego y sus consecuencias.

Lincoln frunció el ceño ante eso. Tomando un momento, se preguntó brevemente qué habría pasado si hubiera estado haciendo ese mandado para la señora Johnson. Si le hubiera entregado el pendrive al profesor Thompson, y cuando estaba a punto de regresar a la cafetería, el fuego acababa de comenzar por sí solo.

Obviamente, habría activado la alarma de incendio. Pero, aún así... ¿y qué?

¿Todavía lo habrían etiquetado como un héroe? Y si es así, ¿cómo reaccionaría? ¿Sería modesto? ¿O se aprovecharía de eso y de todos los elogios que estaba recibiendo?

Honestamente, no había forma de saberlo con certeza. Todo lo que Lincoln SABÍA era que él había provocado el incendio y, sin embargo, era aclamado de manera equivocada como un héroe.

‒ Bien ‒ murmuró, poniéndose de pie cuando notó que había pasado la media hora. ‒ La veré el próximo sábado.

Ante eso, salió por la puerta, donde Luna estaba esperando con una mirada de preocupación en su rostro. Antes de que ella pudiera decir nada, Lincoln le aseguró que estaba bien.

Cuando los dos se marcharon, Sylvia miró sus formas de tratamiento con preocupación. Si bien ella había tenido sus sospechas el jueves pasado, ahora sabía con certeza que Lincoln le estaba ocultando gran parte de su historia. La única pregunta era... ¿qué era exactamente esa parte?


Lincoln no podía creer lo que estaba mirando. Casi dos semanas de estrés aparentemente no fueron suficientes. Ahora... ahora, las cosas eran mucho, mucho peores.

Cuando llegó a su casillero al final del día, pensó que lo que vio fue otra alucinación. Pero luego lo tocó y supo que ese objeto era real.

Mientras sacaba esa nota de su casillero, ingenuamente pensó que podría tratarse de una nota de una admiradora secreta; realmente le gustaba estar con Ronnie Anne, pero eso no significaba que no le gustara la idea de que otra chica lo deseara (esas chicas coqueteando con él los primeros días de su estado de héroe en realidad levantaron sus espíritus estresados).

Cuando abrió la nota... su corazón comenzó a latir un millón de latidos por segundo. Rápidamente se abofeteó hasta que su visión no estuviera completamente borrosa, pero la nota seguía siendo la misma.

AQUÍ ESTÁ LA PRUEBA QUE QUERÍAS. BASTANTE SEGURO DE QUE NO LE HAS CONTADO A NADIE ESTA PARTE DE TU HISTORIA.

Encintada a continuación había una imagen de Lincoln tratando de apagar las llamas con el extintor de incendios, solo para que las llamas subieran de nuevo por la espuma.

Lincoln rápidamente se guardó la nota en el bolsillo y salió corriendo por la puerta principal, donde condujo a sus hermanas a la limusina y le dijo a Kirby que llegara a casa lo más rápido posible.

‒ ¿Estás bien, Lincoln? ‒ preguntó Kirby, mirando a su compañero en el espejo retrovisor.

‒ ¡Estoy bien! ‒ espetó Lincoln, sorprendiendo a sus hermanas menores. ‒ ¡Solo quiero llegar a casa!

‒ Muy... bien...

Kirby estaba un poco desconcertado por la actitud de Lincoln. Si bien era consciente de que anteriormente se había comportado como un idiota, también tenía en cuenta de que no había forma de que el repitiera otra vez el mismo error. Por lo que, simplemente encogiéndose de hombros en el acto, decidió que tal vez eran solo los nervios por la gran Fiesta de Héroes que tenía para mañana.

Cuando el grupo llegó a casa, Lincoln estaba a punto de correr hacia su habitación, pero Kirby lo detuvo:

‒ Escucha, Lincoln, creo que te recogeré de la escuela como siempre mañana.

» La fiesta comienza a las seis de la tarde, así que probablemente me dirija primero al lavado de autos para asegurarme de que la limusina se vea mejor cuando llegue después de recogerte.

» Luego iré directo aquí, y podremos irnos a eso de las cinco, así podrás llegar un poco temprano. ¿Te parece bien?

‒ Sí, sí, claro, suena genial, Sonic. ‒ murmuró Lincoln, antes de salir corriendo de la limusina y entrar a la casa, directo a su habitación.

‒ ¿Acaso me acaba de llamar Sonic? ‒ preguntó un Kirby inseguro de sí mismo, tratando de ver que si había escuchado bien.

Sin embargo, sus pensamientos se vieron interrumpidos cuando una de las chicas le llamó la atención, dirigiendo nuevamente la vista al espejo retrovisor.

‒ Creo que solo está estresado... ‒ explicó Lola. ‒... y no ha tenido tiempo para jugar videojuegos últimamente, por lo que es más que probable que los tenga en su cabeza.

Ella y Lana forzaron sus sonrisas a su chófer, con la esperanza de que él no entendiera el hecho de que ellas también estaban preocupadas por el extraño comportamiento reciente de su hermano.

‒ Bueno... ‒ exclamó un pasmado Kirby, encogiéndose de hombros en el proceso. ‒ Supongo que eso tiene un poco de sentido.

Para tratar de evitar otro debate, las tres chicas salieron de la limusina.

‒ Bien. Nos vemos chicas mañana, chicas.

‒ Adiós, Kirby ‒ dijeron Lola y Lana al unísono.

Después de que él se apartó, las gemelas se miraron nuevamente preocupadas.

Durante la última semana, el resto de las hermanas se dio cuenta de que algo claramente molestaba a su hermano, pero Lori les había ordenado que lo dejaran en paz, que acudiría a ellas en busca de ayuda cuando él estuviera listo. Aunque odiaban eso, todas habían aceptado los términos de su hermana mayor.

Bueno, todas... excepto una.

Sin que las gemelas se dieran cuenta, Lucy había seguido a su hermano, decidida a llegar al fondo de lo que le preocupaba. Sabía que no era solo el estrés por haber atravesado el fuego o el nerviosismo de la fiesta de mañana; ella sabía perfectamente que algo más estaba sucediendo ahí, y ella sabía que si no lo iba a hacer Luna, entonces dependía de ella ayudar a su hermano.

Al llegar a la parte superior de las escaleras, Lucy se volvió hacia la habitación de su hermano. Consideró brevemente pasar por los respiraderos para sorprenderlo, pero decidió que ahora no era el momento para eso. En cambio, ella hizo algo que rara vez hizo: se dirigió a la puerta de su hermano y se preparó para tocarla...

Solo para congelarse en estado de shock cuando escuchó a su hermano llorar al otro lado de la puerta. Era obvio que estaba tratando de usar su almohada para amortiguar el sonido, pero aún podía oírlo.

Sin importarle la privacidad, Lucy abrió la puerta y se apresuró a entrar en la habitación de su hermano, tomándolo por sorpresa cuando él saltó instintivamente por el susto que le provocó. Lucy cerró rápidamente la puerta mientras miraba a su hermano, sin saber qué decirle en ese momento crucial que lo tenía aislado.

Para cuando Lincoln se encontraba reclinado contra el respaldo de su cama, tenía el cuerpo visible y sumamente gastado por todo el tiempo en que había estado llorando, con la cabeza vuelta hacia su hermana y la almohada sobre su pecho; obviamente, sus ojos estaban rojos y tenía lágrimas corriendo por sus mejillas.

‒ Lucy... yo... por favor, sal de aquí. Necesito trabajar en mi discurso. ‒ dijo, tratando de convencerse de su mentira tanto como su hermana menor pudiera hacerlo.

Lucy podía oír las súplicas en las palabras de su hermano, y no estaba segura de qué hacer exactamente. Sabía que estaba alterado, y que ni siquiera estaba tratando de ocultarlo. Pero también podía decir que se sentía atrapado y asustado, como que simplemente no sabía qué hacer al respecto sobre sus problemas.

Con un suspiro derrotado, Lucy se dio vuelta y procedió a salir, pensando que lo mejor que podía hacer era esperar hasta que Luna terminara con su música (sin el conocimiento de Lincoln, en realidad estaba preparando una canción especial sobre él, planeando cantarla en la fiesta) y pedirle ayuda.

Cuando su hermana menor abrió la puerta y comenzó a salir, Lincoln tuvo un momento de ímpetu al recordar la noche en que escuchó a Lucy suplicarle indirectamente a que se abriera ante alguien de confianza y le dijera todo sus problemas.

Fue en ese momento en que se dio cuenta que no había forma de salir de lo que iba a suceder...

¿Qué iba a suceder exactamente, si no hacía otra cosa más que confesarse? Simplemente no podía explicarse; sabía que tenía que ir a la fiesta mañana, donde se le recordaría constantemente que no era más que un cobarde fraudulento.

En cuanto a su chantajista, simplemente sabía que no era una coincidencia que recibiera la fatídica nota el día de hoy, justo antes de su "gran noche". ¿Pasaría algo malo durante la fiesta, como si el supuesto video difamador se transmitiera para que todos los presentes lo vieran...? De nuevo, no lo sabía.

Pero lo que sí sabía era que, no importaba lo que sucediera, ¡necesitaba sacar esto de su pecho, AHORA!

Honestamente no le importaba a quién le contara, siempre y cuando fuera alguien cercano a él. Lucy y él siempre habían estado cerca el uno del otro, siempre allí para hacerse escuchar cada vez que uno de ellos necesitara sacar algo de su pecho.

Además, ella era más o menos la reina para guardar secretos, incluso más que Luna. Después de todo, el hecho de que haberse echado la culpa una vez que el escusado fue tapado por un objeto que era propiedad de su hermana, todo en pos de proteger su integridad emocional ante una experiencia humillante, le había garantizado un contacto sumamente confiable. Uno que tal vez... sólo tal vez... entendería el mayor de sus problemas.

‒ ¡Espera! ‒ exclamó Lincoln, deteniendo a Lucy en seco, y haciendo que ella cerrara la puerta en ese instante.

La pequeña niña gótica se volvió hacia su hermano, el cual se mordía el labio inferior, debido a que estaba sumamente intranquilo por lo que estaba a punto de hacer, al mismo tiempo que se sentaba en su cama de una manera atolondrada.

Para cuando Lincoln se sentó por completo, simplemente se detuvo para pensar en sus acciones...

Sabía que podía confiar en Lucy plenamente; incluso en los momentos más difíciles, él sentía que ella era la indicada para confiarle un secreto.

Lamentablemente, estaba lidiando con una situación que podía tornarse como algo ambivalente. Y lo último que necesitaba era tener que lidiar con el rechazo total que podría infundirle tanto su hermana menor como el resto de su familia, algo que temía con todo el peso de su corazón.

Así que si quería darle a entender la mera verdad detrás del fatídico suceso, en donde casi termina por matar a la totalidad de sus compañeros de escuela, era primordial que tuviera un cuidado muy alto.

‒ Lucy, yo... Tengo algo que necesito quitarme del pecho. Me está volviendo loco, y tengo que decirle a alguien. ¿Puedo... puedo decírtelo?

Fue en ese momento que Lucy, sintiéndose algo impaciente, se aproximó de regreso a la cama de manera desmesurada, sorprendiendo al muchacho otrora cabizbajo en el acto cuando le habló con su habitual monotonía:

‒ Por supuesto, hermano mayor. Puedes decirme cualquier cosa.

Fuera del pequeño susto inicial, Lincoln ni siquiera pudo encontrarse en sí mismo para enfrentar a su hermana menor, la cual se había puesto en una posición expectante, que más bien emulaba la de un bebé gateando.

El muchacho solo se quedó mirando sus manos cruzadas en su regazo, y después de un rato en el que permaneció un poco indeciso al respecto, finalmente encontró el valor para empezar a establecer algo en claro.

‒ Bueno... pero si te digo esto, tiene que permanecer entre nosotros, ¿de acuerdo? ‒ dijo, aun manteniendo y exhalando un tono de voz sumamente aflictivo mientras que aun mantenía la mirada aparte.

Fue ahí que Lincoln ya podía sentir las lágrimas amenazando con derramarse de sus ojos.

‒ No puedes decirle a Luna ni a ninguna de las otras chicas, ni siquiera a tus amigos, ¿sí?

Lucy sólo atino a fruncir el ceño, muy extrañada ante lo que tenía frente ella.

Ya sabía que Lincoln realmente necesitaba sacar algo de su pecho, pues claramente lo estaba destrozando por dentro, pero estaba un poco sorprendida de que él no eligiera a Luna para contarle; aún así, ella no se iba a quejar de su orden pasiva... lo que sea que él le dijera, ella se lo guardaría para sí misma hasta que estuviera listo para contarles a las demás.

Sabiendo que su hermano estaba claramente nervioso por revelarle su mayor problema, Lucy hizo algo que rara vez hacía: atrapó a su hermano en un abrazo cálido, frotándole suavemente la espalda.

Quizás ese gesto le resultó lo suficientemente curioso e insólito, dado que estaba lidiando con una personita que sentía un especial apego hacia las cosas oscuras y la poesía gótica. Pero, sin dudas, ese gesto fue más que suficiente para que sintiera la calidez que le transmitía que no pudo evitar devolverle el favor y sollozar ligeramente sobre ella.

Después de un par de minutos, Lincoln finalmente logró calmarse y tomó un par de respiraciones profundas.

‒ Bien, aquí va.

En eso, Lucy se apartó de su abrazo, sosteniendo una de las manos de su hermano.

Sin dejar de mirar su regazo, Lincoln suspiró... y finalmente lo soltó:

‒ Sé quién comenzó el incendio.

Los ojos de Lucy se abrieron de par en par (aunque todavía estaban escondidos bajo su pelo) mientras pensaba exactamente en la teoría de Lisa sobre esta aterradora posibilidad; a pesar de la insistencia de Lisa de que esto es lo que estaba molestando a su hermano, Lucy definitivamente no había esperado que fuera lo que estaba devorando a su hermano.

Después de un momento de silencio, en donde ella permaneció pasmada por ello, encontró su voz:

‒ ¿Quién?

Lincoln comenzó a temblar de nuevo, como si fuera a romper el llanto. Pero se mantuvo unido cuando se volvió hacia su hermana menor y respondió:

‒ Yo... Fui yo quien inició el incendio.


FIN DEL CAPÍTULO VI