The Loud House y los personajes representados son propiedad intelectual de sus respectivos autores.
Historia original de Samtastic 3.0
Traducida y adaptada por mí.
P. D.: Una vez que hayan terminado de leer, les hago la más atenta invitación para que dejen su review, ya que soy alguien que busca mejorar en base a la retroalimentación. De antemano, si quieren pueden hacer lo mismo con las demás historias que tengo en mi perfil.
CAPÍTULO VII
Lucy Loud siempre había sido la reina indiscutible para sorprender a los demás, especialmente en su propia casa. Su capacidad de moverse sin ser detectada, agachándose, gateando a través de los conductos de ventilación e incluso utilizando su ropa oscura para moverse a través de las sombras, era admirada por muchos y temida por otros.
Debido a que ella era siempre la que sorprendía a su familia, para ella era raro que se sorprendiera con algo; de hecho, incluso lo consideraba como algo impensable que podría pasarle. Sus amigos, notablemente Haiku, podían acercarse en ocasiones de una manera tan discreta, a tal punto que se podría decir que ella terminaría sorprendida, pero cada vez que aparecían detrás de ella o de la nada, ella se daba la vuelta y los saludaba casualmente.
Por lo tanto, sentirse realmente sorprendida era una sensación desconocida para Lucy.
Sin embargo, sabía que la sorpresa era exactamente lo que estaba sintiendo justo ahora, ya que estaba mirando a su hermano con los ojos muy abiertos; de hecho, estaban tan abiertos que ella sentía que él podía verlos con claridad más allá de su flequillo.
A pesar de ser la primera vez desde siempre que podía sentir los ojos de su hermana menor con algo de claridad, a pesar de que aún seguían cubiertos por su grueso flequillo, Lincoln ni siquiera estaba prestando atención a eso. Estaba mirando a Lucy con lágrimas en los ojos, mientras que ella le devolvía la mirada en... ¿qué era eso? ¿Sorpresa? ¿Conmoción? ¿Horror?
No sabía con exactitud. Aún así, lo único que sabía era que por fin le había confesado a alguien de su familia la verdad detrás del incendio, y el sólo hecho de que esa persona se estaba demorando tanto en devolverle una simple repuesta, sin dudas, estaba mortificándolo.
Después de lo que parecía una eternidad, Lucy finalmente se permitió a calmarse y respiró hondo. Tomó algunas bocanadas más, claramente estaba preocupada de que pudiera enloquecer si no estaba completamente calmada antes de decirle algo a su hermano.
Al mismo tiempo, el simple hecho de no saber lo que su hermana menor iba a decir o hacer, estaba haciendo enloquecer a Lincoln por dentro; ella necesitaba decir... algo y cualquier cosa podría hacerle saber lo que estaba pensando, otro resultado que podría ser ambivalente. ¿Ella todavía lo amaba? ¿O estaba disgustada por lo que hizo? ¿Dejaría ella de hablar con él y convencería a las otras chicas para que hicieran lo mismo?
Sea lo habría de pasar, el chico de cabello blanco simplemente esperó el impacto, cerrando los ojos y su boca con la suficiente fuerza concebible, y desviándole la mirada a su hermana menor en el proceso, creyendo que así disminuiría la intensidad del peor de los resultados.
Sin embargo, algo ocurrió...
‒ ¿Qué pasó? ‒ exclamó Lucy, cambiando su monotonía en una voz visiblemente preocupada.
Sintiendo que algo inesperado acababa de pasar, Lincoln abrió inmediatamente sus ojos y para cuando se volteó para mirar a la pequeña niña gótica, estaba un poco más relajado, pero eso no quitaba el hecho de que estuviera pasmado por lo que había escuchado.
‒ ¿Q... qué... dijiste? ‒ preguntó un Lincoln vacilante.
‒ ¿Qué pasó? ‒ repitió Lucy, sonando nuevamente preocupada, mientras que se inclinaba un poco más de manera expectante.
Ante eso, el muchacho no pudo evitar embeberse ante la nueva actitud que su oscura hermana menor había adoptado. Claramente se sentía extrañado por ello, puesto que era la primera vez que había oído a su hermana tomar un tono de voz más "acorde a su edad".
De manera premeditada, se tuvo que contener a la idea de cuestionarle de manera provocativa sobre su actitud pasivamente inquieta, limitándose solo para hablarle de manera cautelosa:
‒ ¿Acaso... no estás... molesta?
Mientras se apartaba de su hermano, Lucy no pudo evitar exhalar un suspiro cuando bajó la cabeza en señal derrotista. La pequeña amante de lo gótico jamás había tenido una charla muy apesadumbrada, puesto que su atolondrado hermano no le ofrecía nada más que un ambiente desfavorable a lo que quería obtener.
Aparte, jamás pensó que se atrevería a hacer otra imposibilidad, o al menos lo que para la mayoría consideraba obviamente una simple eventualidad de su parte: ella bajó un poco la cabeza, apartando su grueso flequillo de su vista y se lo acomodó hacia los costados, justo arriba de las hélices de sus oídos.
En eso, el chico del cabello blanco quedó expuesto a lo que sería la novena maravilla del mundo. La pequeña niña de aspecto inquietante, la hermana menor que conocía mejor por conservar siempre una actitud calmada y lúgubre, estaba mostrando unos ojos de color avellana profundamente vidriosos.
Cosa que, si bien en un principio, hizo que arquera un poco sus cejas, inmediatamente fue descendiendo con lentitud hacia un estado más sumiso conforme esa mirada afligida se acercaba poco a poco hacia él.
‒ Vamos, hermano. ‒ exclamó una Lucy atribulada. ‒ Sé que no eres una mala persona. Por favor, dime... ¿qué fue lo que pasó?
A estas alturas, Lincoln estaba sintiendo un torbellino de emociones. Por un lado, su mente se impacientaba cada vez más al tener que soportar la mirada atosigadora de su hermana menor, pero también no pudo dejar de sentir una ola de alivio al saber que había por lo menos alguien que le importaba su situación.
Por el otro, no pudo contenerse aún más por la pesadumbre que le ocasionada mirarla de esa forma, por lo que abrazó a Lucy de manera inmoderada, haciendo que su flequillo volviera a su estado original mientras sostenía una sonrisa conspicuamente apacible para su propio consuelo.
Sin embargo, ella no lo abrazó, actuando como más como una niña siendo abrazada por un abuelo con el que estaba perpleja.
Percatándose de esto, Lincoln liberó a su hermana y respiró hondo cuando comenzó con su historia.
‒... y luego salí corriendo de la escuela. ‒ suspiró Lincoln. ‒ Estaba tan asustado de lo que sucedería si alguien se enterara, así que... me quedé callado, esperando que todo pasara al olvido. Pero luego la culpa comenzó a jugar conmigo, y por esa razón no he podido comer ni dormir durante dos semanas.
Lucy intentó procesar todo lo que su hermano le había dicho. Tenía al menos una docena de preguntas, pero su mente fue instantáneamente a la última cosa que su hermano le dijo:
‒ ¿Y cómo estás...? Ya sabes... ¿cómo sigues funcionando con dos semanas sin sueño o comida?
‒ Yo... eh... pienso que tal vez sea por la adrenalina alimentada por el estrés... ‒ admitió Lincoln ‒ Aunque puedo decir que está empezando a disminuir. En general, me siento bien... más o menos. Pero, otras veces, siento que estoy a segundos de perder el conocimiento.
Lucy frunció el ceño, en parte confusa y en parte intranquila. Mientras que, por supuesto, trataba de descifrar todo lo que su hermano le decía, también estaba profundamente preocupada por él. Claramente, él estaba pasando por demasiadas cosas a la vez. Accidentalmente iniciar el fuego era una cosa, pero luego hacer que se declarase un incendio intencional mientras era declarado un héroe por sus acciones durante el incendio...
Lucy no podía entender lo que estaba pasando por la mente de su hermano mayor. Sin embargo, una cosa era segura.
‒ Tenemos que contarles a los demás. ‒ afirmó sin rodeos.
‒ ¡No podemos! ‒ exclamó un Lincoln alarmado ‒ ¿Y si creen que soy un incendiario y me odian?
Lucy frunció el ceño ante la preocupación en la voz de su hermano. Al menos ahora sabía por qué no le había contado a nadie. Sin embargo, no podía seguir con esto, no podía seguir viendo sufrir a su hermano y tenía toda razón suficiente para él desistiera de ocultar todo este asunto:
‒ Lincoln, tenemos que sacar esto a la luz. Accidentalmente quemaste la escuela, te honran debido a un malentendido, y tienes suficiente estrés para una docena de personas. ¡Claramente te estás deshaciendo!
» Tal vez los demás podrían ayudarte a lidiar con tu estrés. Quizás puedan ayudar a encontrar una forma de ayudar a que todo esto termine.
Ante eso, Lincoln desvió un poco la mirada hacia atrás mientras se frotaba el cuello nerviosamente. No quería alamar más a su hermanita, pero sabía que si quería asegurarse de que Lucy desistiera de ello, no tenía otra opción más que develarle algo sumamente perturbador.
‒ En realidad...
Lucy alzó una ceja confundida.
‒ ¿Qué?
‒ Hay otra cosa que no te he dicho.
‒ ¿Qué más tienes que decirme?
Lincoln respiró hondo y suspiró.
Acto seguido, buscó en su mochila y sacó la nota que había encontrado pegada en su casillero y se la entregó a Lucy.
Ella la abrió y se sobresaltó, haciendo que sus ojos se abrieron de par en par mientras que resollaba en el proceso. El impacto de ese momento no hizo más que dejarla sin palabras, puesto que la veracidad de algo increíblemente inconcebible que creía haber olvidado de pronto le llegó con sólo mirar al objeto que tenía en sus manos.
No quería volver a encarar esa posibilidad, no se atrevió a tan siquiera creer que esto estaba pasando, pero para cuando le dirigió su mirada estupefacta hacia su hermano mayor, éste le dijo lo que no quería asimilar:
‒ Alguien sabe que comencé el fuego... y me están chantajeando.
Lucy miró la nota y la foto por otro momento, tratando de decirse a sí misma que eso no era cierto mientras sentía que varias lágrimas amenazaban con salir de sus ojos.
Anteriormente había tenido una charla respecto a esta situación con Lisa, y siempre quiso suprimir esa luctuosa posibilidad de que a él lo estuviesen amenazando por si se atreviese a delatar a los responsables.
Sin embargo, el hecho es que ahora no había ninguna razón para negarla, puesto que la prueba de esa posibilidad se hizo mucha más tangible ante sus propios ojos.
Después de eso, saltó a su hermano y lo envolvió en un abrazo. Instantáneamente se sintió avergonzada de que incluso una pizca de un pensamiento negativo sobre su hermano hubiera cruzado por su mente. Él claramente la necesitaba en este momento.
Lincoln se sorprendió por la reacción de Lucy, pero no se quejó cuando él le devolvió el gesto, dejando caer algunas lágrimas también.
Lincoln se sobresaltó al escuchar los pitidos agudos y mecánicos de la alarma de su despertador. Al mirar a su alrededor, se dio cuenta de que estaba en su cama, y en pijamas. Se dio cuenta de que el reloj marcaba un cuarto para las siete, lo cual indicaba que era hora de ir a la escuela.
Sin embargo, al tratar de levantarse, también sintió de manera extraña que alguien estaba descansando a su lado, pero esta persona era demasiado pequeña para ser su hermana Luna. Tratando de tirar las sábanas a un lado con su brazo libre, Lincoln vio a Lucy, también en sus pijamas habituales, quien lo estaba abrazando desde su cuello.
Cuando notó que Lucy comenzaba a moverse, tras sentir el repentino cambio de temperatura, debido principalmente por la ausencia de las sábanas encima de ella, la pequeña trató de acercarse un poco más encima de él, apretando un poco más su agarre y exhalando un gemido indicando el placer de al fin haber encontrado lo que para ella de seguro era otra fuente de calor debajo de sus sábanas mientras acomodaba y frotaba una de sus mejillas contra la suya.
Tras ocurrir esto, Lincoln no pudo evitar formar una sonrisa.
En sí, desde que tiene uso de memoria, la pequeña niña gótica había sido una figura fuertemente temida en la casa Loud, dada su modo azaroso de aparecerse en momentos muy precisos, y su tendencia a hablar y de obrar de manera apagada y seria, incluso en momentos vertiginosos.
Aún así, el ver que ella se estaba acomodando fue un detalle que le pareció extrañamente conmovedor, pues eso reforzaba el hecho de que también estaba lidiando con una niña de tan sólo ocho años, que a veces solicitaba la compañía de alguien cuando tenía complicaciones para dormir, tal y como cuando ella lo hacía desde que tenía cinco años de edad.
Lamentablemente, él la tuvo que sacudir suavemente de su espalda para despertarla y empezar un nuevo día. Así, exhalando un gemido quejumbroso, la niña trató de levantarse un poco de su posición actual, se apartó su flequillo hacia los lados, abrió onerosamente los ojos y lo miró... lanzándole una mirada y sonrisa mordaces.
Fue en ese momento, mientras sentía un leve sonrojo tras saber lo que había hecho, que Lucy se levantó intempestivamente de la cama. Apenada y un tanto nerviosa, trató torpemente de explicarse y de disculparse con su hermano, mientras volvía a taparse los ojos con su flequillo y se encogía entre sus hombros en el proceso, al mismo tiempo que bajaba la mirada hacia el suelo y no paraba de jugar nerviosamente con sus manos entrelazadas.
Fue necesaria la intervención de Lincoln para evitarse de continuar con esa escena que le parecía enternecedora.
Por lo que al momento de levantarse, en el cual Lucy trató de apartarse de allí, la acercó hacia sí en un nuevo abrazo y le aseguró, riendo entre dientes y frotándole la espalda, que no había forma de apenarse por ello y que le garantizó que esto quedaría entre ellos.
Tomó un poco de tiempo, pero ambos hermanos se tranquilizaron y procedieron a sentarse en la cama.
‒ Bueno... Buenos días, Lincoln ‒ dijo de manera monótona, en un intento por comenzar una conversación. ‒ ¿Dormiste bien?
Lincoln abrió la boca para contestar, pero se congeló al darse cuenta de que no recordaba nada después de que él y Lucy se abrazaron ayer cuando le dijo que había comenzado el fuego. También se dio cuenta de que... en realidad se sentía bastante bien. Todavía se sentía nervioso, pero por primera vez desde el incendio... se sentía renovado.
Al darse cuenta de la confusión de su hermano, Lucy simplemente se le explicó lo que pasó:
‒ Después de que me contaste sobre tu chantajista, te abracé y te desmayaste. Les dije a todos que no te sentías bien, así que te dejaron en paz. Cuando ya era hora de ir a la cama, mamá entró y te cambió a tu pijama, y le pregunté a Luna si podía acostarme contigo en lugar de ella, lo cual ella pensó que era una buena idea.
Lincoln hizo una pausa mientras trataba de entender todo, hasta que finalmente captó algo casi milagroso.
‒ Entonces... ¿he estado durmiendo desde alrededor de las cuatro y media del día de ayer?
‒ Sí. ‒ asintió Lucy. ‒ Dormiste durante por más de diez horas. Dado que no has estado durmiendo mucho últimamente, tiene sentido que cuando finalmente podrás dormir, tu cuerpo necesitaría mucho. ¿Tuviste pesadillas?
Lincoln negó meramente con la cabeza, quedando claramente sorprendido de que los dos hubieran podido dormir y no tener pesadillas. Pensó que la razón tenía que ser porque finalmente le había dicho a alguien que había comenzado el fuego, logrando así aliviar un poco su culpa.
Sin embargo, tan pronto como se dio cuenta de esto, también fue golpeado con una sorprendente comprensión. Miró a Lucy con los ojos muy abiertos, pero antes de que pudiera decir nada, ella le llevó una mano a la boca, deteniéndolo.
‒ Descuida. No le contaré a nadie sobre el incendio. ‒ dijo, quitándole la mano en el proceso.
Lincoln suspiró aliviado, listo para darle las gracias, pero fue nuevamente interrumpido.
‒ Porque necesitas ser quien haga eso.
Lincoln simplemente se quedó estático por unos momentos, y mordiéndose el labio inferior, sin mirar a su hermana a los ojos, suspiró de forma vacía y pesada. Cabizbajo e impotente en cómo iba a replicarle a su hermanita, el muchacho simplemente sabía que, si bien esto logró amortiguar un poco su estrés, era una mala idea develarle la verdad a todo el mundo, ya que estaba la inquietante posibilidad de que todos podrían ponerse en su contra una vez que hiciera eso.
Fue así que la niña gótica, notando lo acongojado e indeciso que su hermano se mostraba, decidió recordarle un muy importante pormenor que creyó que él ya había omitido:
‒ Lincoln... sólo mírate. Has estado en problemas durante dos semanas porque estás llevando este gran secreto a tus espaldas. Pero mira lo que sucedió en el segundo que se le dijiste a alguien: una parte de esa culpa se desvaneció. Tienes que decirle al resto de la familia.
Esto quizá fue incentivo suficiente para llamarle la atención a Lincoln, pues en un arranque de ideas desordenadas, se dio cuenta de que ella tenía razón en eso.
Lamentablemente, también esto representó un vano intento por tratar de desistir de ello.
‒ Pero qué... qué pasaría si... ‒ titubeó, claramente confundiéndose en pleno uso de sus facultades mentales.
Lincoln quería hacerle esa pregunta sobre qué pasaría si su familia ya no lo amaría por lo que hizo, a pesar de que ella estaba claramente de acuerdo con que tomara la iniciativa de confesarse.
Pero sabiendo que estaría dispuesta a escucharlo en todo momento, pensó que probablemente le haría daño escuchar el peor escenario posible de ese resultado, por lo que reformuló la gran pregunta en su mente antes de replicarle.
‒ ¿Pero entonces qué? Quiero decir, incendié la escuela. Incluso si fue un accidente, todavía estoy en un mundo de problemas. ‒ exclamó, frunciendo el ceño y bajando de nuevo la mirada mientras que apretaba los puños en señal de exasperación, gesto que su hermana notó.
Lucy trató de calmarlo apoyando una de sus manos sobre su espalda, frotándola suavemente en círculos durante un rato; para cuando vio que Lincoln se enderezaba un poco para mirarla, en el proceso, trató de enfatizarle ciertos detalles de una manera monótona, aun sosteniendo su mano en su espalda.
‒ Mira, Lincoln... no sé mucho de lo que estés pensando con esto, pero sé que si vas a la fiesta de esta noche, tu culpa solo va a crecer si no haces algo al respecto.
Ante eso, Lucy saltó de la cama y se dirigió hacia la puerta, volteándose para mirar a su hermano antes de salir.
‒ Debes contárselo a la familia y a tus amigos. De lo contrario, esto nunca va a acabar, ya sea con ese chantajista o no.
Cuando su hermana gótica abandonó su habitación, Lincoln suspiró, reconociendo que tenía razón. Incluso sin su chantajista en la fórmula, todo este estrés lo estaba molestando.
Pero cuando le dijo a Lucy, sintió que una gran parte de ese estrés desaparecía. ¿Le estaría ayudando a los demás decir algo más? Lo más probable es que sí, pero ¿lo aceptarían como Lucy, o le darían la espalda y lo rechazarían? Todavía dolía pensar en esto, incluso más ahora que se lo había contado a alguien.
Negando con la cabeza, Lincoln saltó de la cama para prepararse para el día. Sabía que realmente no esperaba esta noche, pero ¿qué opción tenía? ¡Era el Invitado de Honor de la Fiesta de Héroes, por el amor de Dios! Si él no aparecía, se vería muy mal.
Pero Lucy tenía razón cuando dijo que si él se iba, sus niveles de estrés aumentarían, posiblemente a un nivel crítico.
"¿Por qué a mí...? Incluso cuando algo bueno me sucede, todavía existe un mal debajo de ello".
Cuando Lincoln y sus hermanas menores salieron de la limusina y se dirigieron a la escuela, Lincoln suspiró miserablemente al sentir todos los ojos puestos en él, todos lo felicitaban asintiéndole con la cabeza y levantándole los pulgares. Se preguntó brevemente por qué, pero luego recordó el video de Leni de la semana pasada.
Quizás fue algo inocente de su parte el que ella quisiera compartir esa información con los demás alumnos de su escuela, pero al mismo tiempo representaba un pesado fardo para él, puesto que eso no era más que una muestra de lo orgullosa que ella y sus demás hermanas estaban de él por ser el invitado de honor en una fiesta lujosa.
Por lo que, tras haber forzado todas sus energías para aparentar su entusiasmo por dicho evento en su camino al salón de clases, se sintió un poco más relajado, creyendo que al menos allí podría tener un poco de paz con el clásico ambiente tranquilo de las clases...
Sin embargo, una vez que todos entraron a clases, el sistema de altavoces se encendió, con un mensaje del Director Huggins.
‒ Atención todo el mundo, me gustaría tomar un momento de su tiempo y dar un saludo a nuestro joven héroe, Lincoln Loud. Esta noche, él estará siendo honrado por sus acciones heroicas en la Fiesta Anual de Héroes del Club Campestre de Lord Tetherby. Así que, tomemos un momento y démosle una buena ronda de aplausos.
Ante eso, Huggins hizo una pausa mientras oía que toda la escuela y todos sus compañeros de clase lo aplaudían de manera jovial.
De nuevo, el chico tuvo que fingir que se sentía alagado por este gesto... pero esto no hacía más que aumentar su culpabilidad.
Para cuando terminó tal escandalera, el director volvió a dirigirle otras palabras al sistema de altavoces.
‒ Además, he hablado con todos los docentes de la escuela: dado que el evento se transmitirá en vivo por televisión y por sus respectivas redes sociales, cualquiera que lo vea y escriba un reporte de una página sobre lo que piensa al respecto recibirá créditos adicionales. Y con el final del año a solo un par de meses de distancia... creímos que podría no ser una mala idea el buscar agregar algunos puntos extra a sus calificaciones. Bueno, eso es todo... Gracias por su atención.
Tras escuchar eso, los compañeros de clase de Lincoln comenzaron a sonreírse el uno al otro, pensando en algo de crédito extra obtenido simplemente viendo la transmisión en directo como una buena oferta para simplemente dejarla pasar. Una vez más, le mostraron a Lincoln un pulgar hacia arriba y lo elogiaron por ello. Lincoln forzó una sonrisa en su rostro y agradeció a todos, ya que la Sra. Johnson los hizo ponerse al tanto de la clase.
Durante el almuerzo, todos los amigos de Lincoln lo felicitaron y le desearon suerte en la fiesta de esta noche. Lincoln les dio las gracias mientras cenaba distraídamente. Podía decir que Lucy lo estaba mirando con preocupación, ya que sabía que ella esperaba que él le dijera a alguien, pero luego miró a Ronnie Anne y Clyde, sus dos amigos más cercanos, y al querer abrir la boca para decir algo, simplemente no pudo encontrarse en sí mismo para hacerlo. Por lo que le mostró a Lucy una mueca de disculpa mientras volvía a su almuerzo.
El resto del día fue más o menos lo mismo, con Lincoln recibiendo aplausos y felicitaciones de sus compañeros de clase y profesores. Con aire distraído, miró a su alrededor para ver si alguien lo estaba mirando con una vana esperanza de que pudiera identificar a su chantajista. Pero, por desgracia, todos lo miraban con orgullo y envidia.
Decir que este era un día que Lincoln quería que se terminase sería un eufemismo.
Al llegar a casa, todos los niños Loud rápidamente se dieron cuenta de que su madre, quien se encontraba esperándolos convenientemente en el sofá de la sala, ya estaba vestida y lista para partir a la fiesta. Por lo que, al notar la presencia de sus hijos, la señora Loud inmediatamente se dirigió a ellos.
‒ Atención... su padre está en la ducha ‒ les dijo a los niños. ‒ Quiero que todos estén listos para irnos lo antes posible. Kirby volverá a recogernos en poco más de una hora. Eso significa que deben tomar duchas rápidas y vestirse aún más rápido de lo que ustedes acostumbran. ¿Lisa?
Todos se volvieron hacia al segundo miembro más joven de la familia, quien suspiró hastiada al saber que querían saber con exactitud la rapidez con la que tendrían que prepararse.
‒ Bien. Faltan quince para las cuatro. En promedio, si todos tomamos duchas de cinco minutos, tendremos mucho tiempo para vestirnos y estar listos para cuando llegue nuestro chófer a las cinco de la tarde.
‒ Ya escucharon a Lisa ‒ exclamó la señora Loud de manera conspicua.
Mientras que su esposo bajaba corriendo las escaleras con su bata de baño, dirigiéndose a la habitación de él y de su esposa, ella continuó.
‒ No me importa quién de ustedes vaya primero, pero ahora quiero que cada uno de ustedes se bañe. Cuando uno termine de bañarse, tendrá que avisar.
» No quiero nada de líneas de espera, y mientras uno de ustedes esté en la ducha, quiero que el resto de ustedes prepare sus atuendos y también se prepare para bañarse. Además, creo que es evidente que esta es una noche en la que deben vestir sus mejores atuendos. ¿Está claro?
Todos asintieron, y todos se apresuraron para subir las escaleras. Todos se dirigieron a sus habitaciones, y Lori inmediatamente salió de la suya llevando consigo su bata de baño al baño.
El resto de los hermanos se arremolinaban en sus habitaciones, iban a sus armarios y conseguían sus buenos atuendos. Por supuesto que al formar parte una familia tan numerosa de clase media, los niños no tenían mucha ropa elegante, así que las pocas prendas buenas que tenían se guardaban para ocasiones especiales.
Todas las chicas (salvo por Lily) tenían vestidos y tacones que estaban destinados a hacer que se vieran lo mejor posible. Mientras Lori estaba en la ducha, el resto de las hermanas se metieron en sus armarios y comenzaron a preparar sus prendas.
‒ ¡TERMINÉ!
Leni, que había sacado su mejor vestido sin tirantes de color verde oscuro, salió de su habitación con su albornoz y entró al baño.
Lori entró a su habitación y sacó su vestido azul favorito. Coincidía con el color del vestido de Leni que no era el color y los volantes en la parte inferior.
Mientras tanto, Luna y Luan tenían sus ropas listas en la cama de Luan: un vestido púrpura para Luna y un vestido dorado con correa de espagueti para Luan.
‒ ¡TERMINÉ!
Luna se apresuró para entrar al baño, sin darse cuenta de que Colmillos, el murciélago mascota de Lucy, volaba desde el ático llevando el vestido negro sin mangas de Lucy (el cual no era de temática espeluznante, solo era de color negro) con una banda rosa púrpura en el torso.
‒ ¡TERMINÉ!
Luan corrió al baño mientras que Lola y Lana se peleaban por el vestido que les pertenecía. Ambas tenían vestidos blancos que hacían juego, viéndose exactamente iguales. Con el pelo arreglado, y sin su gorra y tiara, sería imposible diferenciar a las mellizas.
‒ ¡TERMINÉ!
Lucy corrió al baño mientras Lynn sacaba su vestido rojo con volantes y lo ponía en su cama.
Mientras tanto, Lisa sacó su vestido de ópera y le quitó las grandes y acolchadas mangas, dándole una apariencia más simple.
‒ ¡TERMINÉ!
Tras esa señal de su compañera de cuarto, Lynn se apresuró a entrar en la ducha, mientras que la señora Loud se llevaba a Lily escaleras abajo y le daba un baño en la bañera adaptada a su tamaño que tenía en el sótano.
‒ ¡TERMINÉ!
Lola se apresuró y tomó su ducha, seguida por Lana y, finalmente, por Lisa.
En este punto, las hermanas que ya se habían bañado se estaban vistiendo. Para la ocasión especial, Lori y Leni acordaron prestarles a sus hermanas menores algunas de sus joyas.
‒ ¡TERMINÉ!
Lincoln suspiró cuando escuchó a Lisa gritar que había terminado en la ducha, lo que significaba que era su turno.
Había pasado la última media hora mirando la "sorpresa" que había estado tendida en su cama cuando llegó a casa: un elegante esmoquin negro. Se parecía a uno de los trajes de los Hombres de Negro, y podía imaginar que era había resultado en una compra muy costosa para sus padres.
Originalmente, tenía un bonito par de pantalones de color caqui y la antigua (y estúpida) chaqueta color celeste de graduación de su padre como su atuendo más atractivo, por lo que supuso que sus padres querían darle algo más bonito que usar para su gran noche.
A regañadientes, tuvo que aceptar que tenía que prepararse para esta "noche especial", por lo que agarró su bata y su esponja, dirigiéndose hacia el baño.
Mientras tomaba su ducha, Lincoln suspiró de nuevo. No tenía idea de qué era todo lo que iba a pasar esta noche. Sabía que tenía que dar un pequeño discurso y aceptar su título de "Invitado de Honor", pero aún así... ¿y qué?
Probablemente recibiría algún tipo de premio, pero... ¿qué pasa con la imagen que tenía el chantajista? Una semana y media de silencio, solo para revelarle que no había estado faroleando un día antes de que comenzara la gran fiesta NO podía ser una coincidencia.
Ahora, más que nunca, lo único que imperaba en su mente era en cómo el chantajista iba a arruinar su vida durante el evento de esta noche...
"¿Qué diablos va a pasar...? ¡¿Acaso estaré dando mi discurso cuando todos reciban un mensaje de texto?! ¡¿O habrá un proyector que esté reproduciendo una presentación de diapositivas que de repente se convertirá en la imagen?!"
» "¿Por qué...? ¡¿Por qué acepté en hacer ese mandado para la Sra. Johnson?! ¡Si hubiera dicho que no, entonces nada de esto estaría sucediendo! ¡Estas últimas dos semanas habrían sido normales, y esta noche sería solo otro viernes por la noche!"
De hecho, mientras Lincoln se estaba secando el cabello, recordó que, hace un par de meses, Ace Saavy: The First Epic Movie se había estrenado. Él y Clyde habían pensado que, tras ver los avances del estreno, la cinta lucía grandiosa, pero no "entretenida".
Aún así, habían acordado verla cuando apareciera en el cine del centro comercial, el cual, si recordaba correctamente, se suponía que iba a suceder pronto. De hecho, lo más probable era que, de no ser por todo este alboroto del "héroe", podría estar allí en ese mismo momento, a la espera de los dos mejores amigos para que pudiera ser vista.
De igual manera, sabía que, aunque tuviera todas las intenciones de pasar un momento agradable, el destino, tarde o temprano, siempre le tenía otros planes; pero esta vez jamás se imaginó que los planes consistieran en exponerse ante un complot para que su vida, tal y como la conocía, volara en mil pedazos por un simple malentendido. Sea como sea, el chico sabía que tenía que encomendarse a visitar el matadero, ya que el comenzó todo esto y tenía que terminarlo.
Con un suspiro derrotado, Lincoln salió del baño tras cepillárselos dientes y se dirigió a su habitación, donde se puso el esmoquin y se peinó; luego de pasar un rato frente al espejo, el chico puso la mejor sonrisa aparentemente sincera que pudo haber concebido mientras salía de su habitación.
‒ Oye... Te ves bien, hermanito. ‒ dijo Luna, mostrándole a Lincoln un pulgar hacia arriba mientras ella salía de su habitación en dirección al piso de abajo.
‒ Je... lo mismo digo yo. ‒ dijo Lincoln, sonriendo por lo hermosa que se veía su hermana.
De hecho, pudo ver que todas sus hermanas se veían absolutamente deslumbrantes con sus vestuarios y su maquillaje meticulosamente aplicado, incluso se podría decir que Lynn y Lana habían "hecho el sacrificio" por parecerse a lo más cercano que se podría considerar como unas damitas de compañía. Él sonrió, contento de que algo bueno saliera de esto. Después de todo, no todos los días las hermanas Loud se veían lo mejor posible.
Después de que todos confirmaron que estaban listos y se veían lo mejor posible, los hermanos Loud bajaron las escaleras, donde su madre estaba esperándolos mientras que sostenía a Lily, la cual llevaba un bonito vestido rosado. En ese momento, el señor Loud salió de su habitación, llevando un... ¿taco de billar?
"Vaya... hace tiempo que me preguntaba dónde estaba ese taco de billar", pensó el chico de cabello blanco.
Hubo un buen tiempo en el que los niños Loud eran "controlados" por sus padres con ese taco de billar, hasta que un día Lori decidió tomar la iniciativa de cuidar y responder por las acciones de sus hermanos menores, así mismo tuvo que cargar con la responsabilidad de aleccionar de vez en cuando a sus propios hermanos.
Sin embargo, eso no quiere decir que ese objeto no se tuviese a la mano para cuando toda la familia tuviera que salir a un lugar muy importante o fastuoso. Si había algo en lo que los niños Loud se distinguían era por su tendencia a ser muy movedizos, por lo que no era de extrañarse que después de esa visita borrascosa al Royal Woods Spa fuera bien sabido que tanto los niños como los padres necesitarían imponerse un cierto reglamento de conducta antes de salir a un evento de características ilustres donde fueran invitados, y esa necesidad vino en la forma de un ritual que fungía como un preámbulo evocativo de las reglas para la visita que tenían planeada hacer.
El ritual consistía en que cuando todos estuviesen en línea recta, de mayor a menor, su padre se movía por la línea, tocando uno de los hombros de cada uno de sus hijos con el taco de billar. Cuando el objeto tocaba uno de sus hombros, ellos le explicaban cómo esperaba que actuasen en un evento específico. La idea es que se pueda ir de un hermano a otro, hablando un pensamiento consecutivo. Las reglas son obviamente las mismas, aunque debido al evento podría haber alguna alteración en la manera en que se dicen las cosas.
‒ ¡Todo el mundo, atención! ‒ dijo, atrayendo la atención de sus hijos. ‒ Esta noche es una gran noche, y como tal, siento que será necesario usar el taco de billar. Sé que no lo hemos usado en algún momento, pero como vamos a un club campestre elegante, pensé que sería una buena idea usarlo.
‒ Bien... ‒ asintió su esposa, y luego se dirigió a su hijo. ‒ Ahora, Lincoln, cariño, como esta es tu noche, no será necesario que te pongas en fila.
Lincoln no dijo nada, simplemente asintió con la cabeza y se dirigió hacia donde estaba su madre y observó a sus hermanas hacer cola, todas en formación, tal y como suelen hacer cada vez que Lori cuida de ellas.
El señor Loud miró a sus hijas con expresión seria al llegar al final de la fila, justo enfrente de Lori. Respiró hondo y comenzó:
‒ Esta noche, nosotros, la familia Loud, iremos al club campestre de Lord Tetherby para la fiesta anual de héroes. En este evento...
Él dejó de hablar mientras colocaba el extremo de la taco de billar en el hombro de Lori. Lori continuó:
‒ Se espera que estemos en nuestro mejor comportamiento, debido al hecho de que este es un lugar de alta estima y cultura.
Ella dejó de hablar cuando el señor Loud levantó el taco de billar de su hombro, se movió hacia Leni y repitió la misma acción.
Leni pensó por un momento, antes de recordar su parte.
‒ Esto significa que no debemos de ser salvajes, revoltosos o ruidosos.
Y así fue que el señor Loud fue colocando el taco de billar en el hombro de cada chica, haciendo que cada una de ellas estableciera las reglas de la noche a modo de que hicieran reminiscencia de ello.
Luna: "Esta noche es la noche de nuestro hermano menor. Eso significa que tenemos que darle apoyo y estar felices por él, aceptando que no es nuestra noche".
Luan: "En el club, nos sentaremos a través de todos los eventos como si estuviéramos en la escuela: tranquilos y prestando toda nuestra atención a los oradores".
Lynn Jr.: "Aplaudiremos cuando sea apropiado, aunque en su mayor parte sonreiremos y saludaremos mientras escuchamos todos y cada uno de los discursos".
Lucy: "Cuando sea Lincoln el turno de hablar, aplaudiremos un poco más fuerte, y quizás le lancemos algunos gritos de alabanza, pero aparte de eso, simplemente aplaudiremos de forma cortés".
Lana: "Cuando Lincoln obtenga su premio, si el club quiere una foto familiar, nos levantaremos y caminaremos con calma hacia Lincoln, posando apropiadamente".
Lola: "Algo así como la foto perfecta que Lincoln quería darles para su aniversario. Pero esta vez, con mucho gusto esperaremos por el tiempo que el fotógrafo necesite para tomar la foto".
Lisa: "Después, nos marcharemos con calma, sin llamar la atención sobre nosotros mismos mientras nos dirigimos a la salida".
Finalmente, el señor Loud llegó a la bebita Lily. El hombre se apoyó en una pierna y realizó la misma acción para con sus demás hermanas. Cuando el taco de billar se colocó en su hombro, ella comenzó a sonreír y a aplaudir, al mismo tiempo que emitía de forma alegre unos balbuceos propios de un bebé.
Posteriormente, la pequeña infante cerró los ojos mientras fruncía el ceño, se cruzó de brazos y negó con la cabeza, como si hiciera un intento por recrear la expresión de firmeza propia de sus padres.
‒ Nada de popó. ‒ exclamó la bebita.
Para cuando terminó de realizar dicha acción, el señor Loud confirmó su aquiescencia para que sus hijas rompieran la formación, levantó a Lily entre sus brazos y se enderezó sin demora.
‒ Muy bien. ‒ dijo Rita, sonriendo. ‒ Parece que todos estamos listos para irnos.
En ese momento, se escuchó un bocinazo en el frente de la casa, justo afuera de ella.
‒ Parece que Kirby está aquí. ¿Están todos listos?
Todas las hermanas asintieron y, en eso, tanto la señora como el señor Loud empezaron a escoltar a todas las chicas hacia el exterior y directamente al interior de la limusina.
Lincoln vio a sus hermanas salir por la puerta, aunque hubo en momento en el que Lucy hizo una pausa para mirarlo de manera tenaz, queriendo recordarle que tenía tiempo para remediar la situación, pero de inmediato volvió a salir.
Con un suspiro, Lincoln revisó su bolsillo para asegurarse de que tuviera su discurso a la mano, y se apresuró a seguirle el paso a su familia.
Después de recoger a las familias McBride, Delfino y Santiago, Kirby se dirigió a la fiesta. Huelga decir que todas las personas dentro del vehículo estaban asombradas cuando la limusina llegó al Club Campestre de Lord Tetherby. Había toneladas de equipos de noticias por todas partes, ya que muchas personas salían de sus limusinas y entraban por las puertas principales.
De repente, los aplausos casi ensordecedores se hicieron aún más fuertes cuando Kirby se detuvo enfrente del lugar. Se apresuró para abrir la puerta, cosa que era más fácil decirlo que hacerlo, ya que la gente se abarrotaba a su alrededor, tratando de obtener un vistazo exclusivo del "Invitado de Honor".
Lincoln tragó saliva con nerviosismo, porque si bien este acontecimiento era algo que en teoría era fascinante para una persona ordinaria, el hecho era que tarde o temprano la verdad sería develada, con todo y lo que ello implicaba si eso sucedía.
Si bien esto ya era desesperante para el pobre chico de once años, la sensación de estar contra la pared fue algo pasajera cuando sintió que alguien le apretaba levemente la mano, ahí fue cuando se dio cuenta de que Luna trataba de llamar su atención, lanzándole una pequeña sonrisa afectiva.
El chico no pudo más que devolverle el gesto a su hermana, dado el hecho de que, si bien estaba completamente inconsciente de lo que realmente ocultaba, ella si entendía lo que sentía en estos momentos, lo cual fue más que razón suficiente para admirar la empatía que siempre se tenían entre ellos... y también para sentirse roñoso consigo mismo.
A pesar de esto, el chico tuvo que mantener una sonrisa concomitante con la situación surrealista que tenía enfrente de él, y más aún cuando Luna, quien no paraba de rozarle la mano ni de sonreírle de manera amena, se aproximó a él para hablarle.
‒ Es todo tuyo, hermano. ‒ cuchicheó la amante de la música, tratando de animar a su hermano.
Tras ese inopinado encuentro cercano, Lincoln nuevamente le devolvió la sonrisa, y ahí fue cuando Kirby, finalmente después de batallar con los pertinaces reporteros y fotógrafos, logró abrir la puerta.
El grupo había decidido en el camino hacia la fiesta que Lincoln sería el último en salir, ya que era la gran estrella de la noche. El señor y la señora Santiago, la señora Delfino, y los señores McBride salieron, seguidos de Clyde, Justin y Bobby. El señor y la señora Loud, esta última cargando a Lily, salieron, seguidos por la horda de las hermanas. Finalmente, quedaron solamente Lincoln y Ronnie Anne. Su novia agarró su mano, y así los dos salieron de la limusina.
Huelga decir que la mayoría de las familias tendría dificultades para escuchar por un tiempo después de que los aplausos aumentaron a un nivel máximo, así como un tiempo difícil para ver correctamente debido a todos los flashes de las cámaras que venían de la prensa y de los paparazis.
Finalmente, Lincoln, su familia y sus invitados llegaron al interior de las puertas, donde solo quedaba un camino recto hacia las escaleras, donde estaban dos guardias de seguridad.
El grupo de Lincoln entró, y se puso en línea cuando una persona se ponía en posición para leer lo que la clásica lista de los invitados.
‒ ¡Guau! Este lugar es tan elegante ‒ expresó Lola en un susurro. ‒ Es como la Cenicienta y el baile al que asiste.
Efectivamente.
Está de más decir que el interior del salón principal era casi tan grande como el aposento anexo a un castillo, uno cuyos interiores eran muy vibrantes y diversos en cuanto a decoraciones romanas refería, en el cual se tenía, aparte de las mesas y lugares designados para los eminentes invitados del evento, un enorme escenario como si fuera de un teatro profesional, en donde, justamente en el centro del mismo, se hallaba un atril con un micrófono incorpóreo, y que también se podía vislumbrar una enorme pantalla ubicada en la parte trasera del mismo escenario.
Cosas como estas no hacían más que ansiar a Lincoln a que esto no fuese más que un simple sueño... uno en el que sabía que terminaría por convertirse en una pesadilla viviente.
‒ ¡NUESTRO INVITADO DE HONOR, LINCOLN LOUD Y COMPAÑÍA! ‒ gritó el lector de la lista, causando que el salón de baile estallara en aplausos para el joven héroe.
Mientras el grupo bajaba los escalones, Lord Tetherby se acercó para saludarlos.
‒ Me alegro de que pudieran asistir, amigos míos. Tengo sus dos mesas justo al lado del escenario, el área de visualización perfecta. Y, por supuesto, cuando se sirva la comida, ustedes serán los primeros en llegar en la fila.
Los adultos asintieron cortésmente, mientras los niños le daban las gracias al hombre.
Llegaron a sus mesas, donde trataron de descifrar el por qué los arreglos de los asientos eran tan exagerados. Afortunadamente, esto se hizo con solo un poco de susurros silenciosos.
En la mesa número uno estaban Lincoln, Ronnie Anne, Clyde, Lucy, Luna, Lynn Jr., Lola, Lana, Luan y Lisa. En la mesa número dos estaban el Sr. y la Sra. Loud, Lily, el señor y la señora Santiago, Bobby, Lori, la Sra. Delfino, Justin, Leni, Howard y Harold.
No era de esperarse que el ambiente, si bien era muy llamativo para ellos, no era para nada entretenido, debido a que carecía de ese vigor particular que una fiesta común llevaba consigo. Esa fue una lección particularmente dura que Lori tuvo que aprender una vez que quiso hacer su propia "fiesta elegante".
Por esa razón, mientras llegaba el resto de los invitados que faltaban, los miembros de ambas mesas se pusieron a charlar entre ellos con prudencia, u observaban con asombro el lujoso complejo, ya que, después de todo, no todos los días llegaban a estar en un lugar como este.
Sin embargo, Lincoln tenía serios problemas para mantenerse al tanto de las charlas ocasionalmente banales de sus compañeros de mesa, pues no paraba de observar que llegaban nuevos invitados por la entrada principal, la cual nunca paró de considerar como el único acceso donde podría huir inmediatamente, antes de que lo más inconcebible pudiera explotarle en la cara.
Al mismo tiempo, la mirada de Lincoln a menudo discrepaba entre observar a esas puertas ornamentales, o a su hermanita Lucy, quien lo miraba preocupada... o al menos podría jurar que así es como ella lo estaba viendo, pues el flequillo representaba nuevamente un obstáculo para su propia convicción.
De nuevo, el chico se sentía asediado por aquella moción que Lucy le había inquirido durante esta mañana. Tal vez tenía razón en ese sentido, dado que si continuaba de esa forma, acabaría por desacoplarse de su propio estilo de vida. Si debía confesarse, tarde o temprano, debía de decir algo, pero... ¿qué podía decir con exactitud?
Obviamente, sabía que, si todavía había personas que cuentan con la capacidad de entender mutuamente la situación de una persona, aún si no fuera necesario que contara por completo lo que sucedía con exactitud, la clave de confesarse estaba en seleccionar las palabras adecuadas, sobre todo cuando trataba con personas que, muy para su desgano, podrían tener una actitud convenenciera ante los hechos inusitados...
"Creo que... mejor les contaré a todos mi estúpido y oscuro secreto después de la fiesta. No creo poder estar seguro de que no me odien por ese detalle."
'Sí, claaaaro... como si eso no pudiera levantar ninguna sospecha.'
Cuando los últimos invitados, el jefe de la Policía y su esposa, llegaron al lugar, Lincoln miró de manera aburrida a su alrededor, sólo para que sus ojos se agrandaran cuando juró haber visto a alguien que no debería estar allí; justo detrás de una de las columnas que hacían juego con la decoración del lugar, había una figura misteriosa que portaba una gabardina marrón y un sombrero de fieltro, cubriendo todo su cuerpo y ocultando su identidad... ¡tal y como estaba vestido su chantajista en uno de sus sueños!
‒ ¿Acaso será...? ‒ murmuró para sí mismo.
Lamentablemente, no pudo operar más en sus pensamientos cuando fue interrumpido de manera sorpresiva por una voz sumamente irritante, la cual lo orilló a dirigirse de vuelta hacia la persona portadora de esa voz, la cual resultó ser ignominiosamente familiar.
‒ ¡Loud, amigo mío! ‒ exclamó Lord Tetherby, quien se acercaba a su mesa junto con uno de sus lacayos.‒ Lamento molestar, pero... ¿serías tan amable de prepararte? Ya que los discursos están a punto de comenzar.
» Y no te preocupes, enviaré a los chefs con su comida a todos ustedes lo más pronto posible, y mientras lo hacen, creo que no estaría mal que repasaras tu discurso detrás del escenario y así... ya sabes, te mezcles un poco con nuestros oradores. ¿Qué te parece?
‒... Bien ‒ asintió un Lincoln titubeante, quien volvió a mirar hacia donde creía haber visto a su supuesto chantajista.
Pero no había nadie allí.
Lincoln se levantó un tanto tembloroso y todos le desearon suerte, mientras era dirigido por el lacayo tras bambalinas. Al llegar a lo que parecía ser un salón constituido por una cadena de burós recorriendo tres de las paredes de la habitación, y con asientos que hacían juego junto con ellos con el mismo estilo de la decoración, vio a varios agentes de policía, bomberos y médicos. Todos ellos estaban hablando entre sí y repasando sus discursos para la noche. Uno a uno, se dieron cuenta de él y dejaron de hablar.
‒ Ah... hola. ‒ dijo Lincoln dócilmente ‒ Encantado de... ah... encantado de conocerlos a todos. Soy Lincoln, el... el Invitado de Honor.
Nadie le dijo nada.
El muchacho no pudo hacer más que tragar saliva en ese momento; los presentes simple y llanamente continuaban mirándolo, como si esperaban algo de él.
‒ Bueno... ‒ dijo, después de un minuto de incómodo silencio. ‒ Solo quiero decir que los admiro a todos. Yo, eh... realmente no sé por qué estoy aquí. Pero no soy un héroe como el resto de ustedes.
Ante eso, varios de ellos se miraron el uno al otro, antes de que el jefe de la Policía se acercara a Lincoln y lo miraba con ojos penetrantes.
Sin dudas, fue algo mortificante para el chico cuando ese hombre aparentemente forzudo, moreno, alto y bien vestido se agachó para estar a su nivel.
‒ Niño, déjame decirte algo sobre los héroes... ‒ exclamó, exhalando una voz seca y profunda.
Fue ahí que Lincoln tragó saliva. No sabía qué era lo que tenía que decirle, pero sentía que no presagiaba nada bueno, dado al aspecto intimidante que tenía.
FIN DEL CAPÍTULO VII
