Pasó una semana llena de quehaceres para todo el equipo de Kaneki. A raíz de una pista con cuatro nombres, se separa el equipo a investigar. Todos, con excepción del Gourmet, se reportaron durante la semana, aunque no todos habían regresado aún. Banjô y Hinami fueron el equipo A, Ichimi y Sante el equipo B, Kaneki y Jiro el equipo C, y finalmente, Tsukiyama el D. Banjô e Ichimi tenían ya tres días en el departamento compartiendo su información, ayudando a Kaneki a recopilar todos los datos relevantes. Hinami se había ido a visitar a Touka esta semana. Kaneki se sentía mejor cuando estaba allá con ella que con él. Según sus investigaciones, la información de Tsukiyama sería la más importante ya que vendría del ghoul más peligroso de los cuatro que salieron a investigar. De cierta manera estaba feliz de que el más peligroso le había tocado a Tsukiyama y no a los demás. Tsukiyama podía cuidarse solo.
Aunque... Si fuera totalmente sincero, Kaneki admitiría que estaba un poco preocupado. Tsukiyama nunca tardaba mucho en reportarse, siempre insistiendo en pasar más tiempo a solas con él. Sea en los entrenamientos o comprándole libros, llevando a Hinami (con él como escolta) para comprarle vestidos y zapatos; Tsukiyama inundaba su celular con mensajes también. Kaneki nunca se ha dejado sentir nada por él porque esos sentimientos eran cosas que prefería hundir debajo de una lluvia de sangre brotando de un hombre partido en dos frente de cientos de ghouls hambrientos, y más aún bajo la escena escondida dentro de esa iglesia llena de sangre. Si Kaneki recordaba tan sólo una de esas memorias, era más que suficiente para tirar todo sentimiento sincero hacia el hombre.
Y luego empezó a traer esas flores. Kaneki se pone inquieto de vez en cuando, pero con Ichimi y Banjô haciéndole compañía y las visitas de Hinami, él podía pretender que no. Podía fingir que no le preocupaba Tsukiyama, que pudiera estar herido o muerto.. Los jacintos de la semana pasada estaban muriendo sobre la mesa de la cocina, entre fotografías, notas y hojas, como augurio siniestro. Ya no habría flores, pero..
Es justo el día de hoy, a una semana de haberse separado a investigar, que se vuelve a abrir la puerta del departamento mostrando al pelimorado desaparecido. Como déjà vu, el olor a flores asalta los sentidos de Kaneki y hace que chasque la lengua. Levanta la mirada de El nombre de la Rosa de Umberto Eco, a punto de empezar el día séptimo, para decirle amablemente que fuera a regalar esas flores a quien le importara cuando ve flores amarillas y blancas en sus manos. El sabe exactamente qué tipo de flores son.
Tsukiyama lo observa, cautelosa sonrisa, expectativa en la mirada, y Kaneki no sabe cuál es su propia expresión al responder con un pobre susurro:
—No quiero tus flores Tsukiyama.
Las camelias amarillas que lleva Tsukiyama en las manos son exactamente el tipo de romanticismo que los va a matar. Todas esas flores son los clavos sobre sus ataúdes, son las canciones fúnebres de su día último; todos esos pétalos son las lágrimas de sus seres queridos. Tsukiyama quería todo lo que Kaneki no quería darle—
Kaneki puede ver como se esconde la fe en los ojos púrpuras de Tsukiyama, y como su sonrisa se vuelve neutra. Kaneki sabe que si no lo hace así, si no marca esta línea entre ellos dos, todo se irá al demonio. Tsukiyama voltea para cerrar la puerta y toma un momento para exhalar lentamente. En ese corto tiempo volteando hacia la puerta, busca la poca determinación que le queda y voltea diciendo,
—Alors, espero no te haya preocupado—su sonrisa es como la de un zorro, y eso relaja a Kaneki (casi). Casi está feliz de su inflexión cantadita sino fuera porque le saca de sus casillas en la misma proporción—Mais tuve que recuperarme unos días en otro lugar.
Kaneki observa como Tsukiyama va caminando hacia la cocina y distraídamente deja atrás su libro, perdiendo la página en la que iba. El brazo derecho de Tsukiyama estaba un poco tieso y justo donde Tsukiyama inclina un poco la cabeza al entrar a la cocina, Kaneki ve el vendaje asomándose por el cuello de la camiseta que traía el pelimorado. Vestido probablemente en lo más casual que lo había visto en un rato, era una camiseta con cuello en v, mangas largas, color gris oscuro. Jeans. Botas. Por alguna razón, Kaneki siente que está mal; Tsukiyama pertenece dentro de sacos italianos, calzado de cuero, bufandas extravagantes y colores brillantes.
Kaneki camina hacia la cocina y se queda en la entrada viendo a Tsukiyama colocar las flores en la mesa con su mano izquierda y quedarse muy quieto. Kaneki le quería preguntar cómo se había lastimado, por qué no se había comunicado con él, por qué estaba vestido así, por qué le traía (trajo) flores—
Eso vuelve a tensar a Kaneki, pero se justifica, pensando que era una preocupación básica: por un compañero. Por su espada; por el único otro hombre que diría eso con el verdadero significado que estaba escondido dentro de tomos antiguos de novelas de caballería. Él daría su vida por la suya. No le ofrecía protección, como Banjô, no, le ofrecía violencia y sangre y un 'sí' seguro. Un perro leal. Sin importar como le tratase. Muy a sus adentros su corazón se estremece pero su mente lo detiene. Kaneki recuerda los gritos de Kimi en la iglesia. Recuerda la impotencia que desbordaba de los gritos de Nishiki. Los alaridos de los ghouls en el Restaurante. La sangre que llovió sobre el cuando ese pobre hombre fue partido a la mitad. Su estómago se hace nudos. No puede dejarlo entrar o él sería quien termine mal. No seas quien lastima, sino el lastimado. Kaneki sacude su cabeza, No, ya no soy así.
Tsukiyama está observando los jacintos casi muertos en el centro de la mesa con ternura. Kaneki cierra los ojos..
Kaneki ya le había perdonado hace mucho. De cierta manera, nunca le pudo mantener rencor. En el Restaurante, le salva. En la iglesia, recibe su merecido. Va con Anteiku a buscarlo. Se puso a servicio. Kaneki no era ningún tonto; pero Tsukiyama para toda su extravagancia era alguien muy reservado. Kaneki no quería confiar en él por muchas razones, pero en especial porque no sabía nada de Tsukiyama. Porque hacía muchas cosas que no entendía. Era más fácil decir que todo lo que Tsukiyama hacía era con el único fin de comérselo. Pero cuando tuvo la oportunidad..
Tsukiyama les consigue el departamento. Tsukiyama cuida de Hinami. Tsukiyama entrena con él. Tsukiyama mata a sus enemigos. Tsukiyama sale y busca información con ellos. Tsukiyama se lastima buscando lo que Kaneki quiere. No se había dado cuenta que tenía los ojos cerrados, hasta que escucha la voz de Tsukiyama llamándole:
—¿Kaneki?
Tsukiyama ya se había sentado en la mesa, viendo los papeles ahí. Uno era una foto vieja, un poco maltratada, el otro eran apuntes. Pero ahora estaba viendoa Kaneki con cierta preocupación. Kaneki le regresa una mirada seria y Tsukiyama encoge su hombro izquierdo, como diciendo, Está bien, no te preguntaré por qué estás raro el día de hoy. Aunque es posible que Kaneki se lo esté imaginando y Tsukiyama sólo había pensado un simple, Okay. Kaneki decide dejar de pensar y se sienta a un lado (derecho) del Gourmet. Tsukiyama le voltea a ver con lo que parece una cara totalmente neutral... hasta que no lo es y termina extendiendo el brazo dramáticamente en el aire.
—Sabes, la femme era feroz, mais, le saqué toda la información al final. ¡Più fortissimo!
Kaneki alza su mano derecha para cubrir su sonrisa. A Tsukiyama no le importa mucho, porque los ojos sonrientes de Kaneki lo delatan siempre. Comienza el vals. El gourmet le relata la historia del ghoul que persiguió por casi toda la semana, con lujo de detalle: dónde estuvo, dónde se quedó,—el estado de las cortinas del hotel era deplorable, Kaneki, si tan sólo lo hubieras visto, parecía un hotel sacado de la mente de Stephen King—, cómo fue que la encuentra, su presa, enpiernada en Kabukichou entre cuerpos de doncellas muertas—sin duda recreando una escena de Sade— dice decepcionado por la falta de imaginación de su presa, (Kaneki finge que no se ríe, ambas manos cubriendo su cara, Tsukiyama finge que no lo escucha, de todas maneras Kaneki no puede ver como sonríe) y termina diciéndole que tuvo que matarla a razón de que era la autora intelectual de las desapariciones de las estudiantes que estaban investigando. El paso alegre del vals comienza a menguar..
Kaneki exhala lentamente; entonces sí había sido un ghoul detrás de ese caso. Entonces, piensa Kaneki, una pequeña luz de esperanza encendiéndose en sus ojos, Ella podía haber estado ofreciendo mercancía a..
Tsukiyma no quiere apagar esa luz en sus ojos. Pero por ésta mismísima razón Kaneki lo mandó a esa misión.
—Confesó no estar aliada con Aogiri. Dijo que usó el nombre para mantener a otros ghouls lejos de su territorio. Lo lamento.
El vals se detiene, los músicos se van, se acaba el baile.
Los ojos de Kaneki desaparecen debajo de su flequillo y no ofrece ningún sonido de confirmación o entendimiento más que un suspiro largo. Asiente la cabeza y Tsukiyama puede ver como sus hombros se encogen poco a poco, suavemente apoyándose contra la pared. Kaneki parecía que no había dormido en días. Tsukiyama tampoco.
Voltea a ver las camelias ignoradas en la mesa y suspira, Si tan sólo... Tsukiyama no termina ese pensamiento. ¿Si tan solo qué? ¿Si tan solo no hubiera querido comerse a Kaneki antes? ¿Si tan solo hubiera conocido a Kaneki antes de Rize, antes de ser ghoul? Nada de eso es posible y posiblemente no hubiera importado nada. En ese entonces Tsukiyama era otra persona.
El destino corre en una sola dirección, Tsukiyama piensa mientras saca una de las camelias más pequeñas del ramo lleno de flores amarillas (ignorado/olvidado) y se levanta de la mesa. Kaneki regresa en sí, sintiendo al otro ghoul moverse. No quiere verle a la cara, porque pensaría en cosas que no quiere que Tsukiyama le dé. No quiere que lo cuide. No quiere su confianza. No quiere su amistad. No lo quiere más que para pelear. Sólo para eso. Un caballero fiel. No quiere su querer tampoco; Tsukiyama no era sutil, después de todo.
Siente como se le acerca y Kaneki se fuerza a mirarle. Si lo intimida lo suficiente se detendrá. A un sólo paso de distancia Tsukiyama se detiene frente a él. Sólo cuando están parados así de cerca, Kaneki recuerda que Tsukiyama es mucho más alto que él. Lentamente se percata de que algo trae en las manos, pero le distrae que Tsukiyama le está mirando seriamente. Esto era otra cosa a la que no se acostumbraba Kaneki. Tsukiyama se desbordaba de emociones usualmente, de palabras, de colores; ver a Tsukiyama logrando cierto grado de neutralidad sólo había pasado una vez en los últimos meses y fue una situación excepcional.
Kaneki le regresa la misma mirada.
Tsukiyama observa la cara de Kaneki, las líneas cansadas bajo sus ojos, su nariz delgada y recta, lo palido de su piel, y una suave, pequeña sonrisa rompe su neutralidad cuando le coloca nerviosamente la camilia detrás del oído. Los ojos de Kaneki se abren cómicamente, tiene mil palabras tratando de salir al mismo tiempo de su boca que sólo salen ruidos exasperados, su piel tornándose un color imposiblemente rosa. Tsukiyama se ríe jovialmente.
—Aún quedan cosas bellas por las cuáles vivir en el mundo, querido Kaneki.
El Gourmet le sonríe, esa sonrisa tímida que Kaneki ya se volvió experto en notar, y observa que ya no hay espacio entre ellos. Era un paso y ya, y Tsukiyama podría, si quisiera, lo haría, con un solo movimiento… Tsukiyama le mira y le mira y se graba su rostro lleno de confusión e indignación y cansancio y diversión porque los ojos de Kaneki siempre lo traicionan—y baja unos pocos centímetros a besarle la nariz rápidamente. Lo vio venir y no lo detuvo. Tsukiyama se aparta de él con una sonrisa estúpidamente victoriosa.
Kaneki no sabe que quiere hacer primero, si quitarle a golpes esa sonrisa de la boca o esconder su cara totalmente sonrojada en sus manos. Le gana la segunda y desde la seguridad de su cara escondida empieza a amenazarle,
—Tsukiyama..
Escucha como el pelimorado suelta una risilla, aunque nerviosa esta vez y le dice, inocentemente,
—¿Solo fue una probadita?
Tsukiyama se da cuenta de que eso claramente es exactamente lo contrario a lo que debía decir. Kaneki voltea a verlo, la cara de un hombre lleno de fuego de justicia divina y le sonríe amenazadoramente, el Kaneki del aura más negra, el Kaneki que no debía de excitarle porque significaría que sus jeans estarían incómodamente apretados, y este era definitivamente el momento menos indicado para eso..
—Ahh, ya veo como son las cosas, ¿entonces sigues intentando comerme, Gourmet?
Tsukiyama finge casi llorar del miedo, y busca su celular en sus bolsillos buscando como escabullirse en la pantalla brillante. Lo traía en silencio, y no se dio cuenta, pero Matsumae estaba esperándolo. Observa a Kaneki encendido, listo para pelear, pero Tsukiyama se quiere ir con la victoria anterior intocable. Le dice,
—Claro que no, apreciable Señor, Capitán, monsieur, de hecho sólo me estaba, eh, despidiendo, évidemment—se ríe nerviosamente pero Kaneki apaga el fuego y se da cuenta del celular que trae en la mano. Kaneki rueda los ojos y le pregunta sarcásticamente,
—¿Ya vino por ti tu niñera?
Tsukiyama se ríe de nuevo, menos nervioso esta vez y le dice—Oui, me está esperando en ese café, al que fuimos hace unas semanas; ¿por el puente?
Tsukiyama se regresa a la mesa y anota varias cosas en los apuntes de Kaneki tratando de hacer tiempo. Le deja su información y sacude sus manos. Mira el ramo olvidado en la mesa y se deja suspirar. Ya no le trajo jacintos, pero no le aceptó estas flores tampoco— ¿había entendido mal su sugerencia?
Al ver que Tsukiyama se queda quieto en su lugar, Kaneki se le acerca sigilosamente para ver que podría estar haciendo el Gourmet. Se para a su lado y dirige la mirada hacia donde parece estar viendo, y ahí seguían las camelias amarillas. Kaneki suspira. ¿Cómo es que pensó Tsukiyama que traerle camelias, lirios y crisantemos sería una buena idea?
Tsukiyama vuelve en sí de golpe y voltea a ver a Kaneki un poco sorprendido. Kaneki le regala una mirada neutra, si acaso un poco fría. La mirada que dice, No puedes entrar aquí. Tsukiyama quiere volverle a besar la nariz. Y la frente, justo entre sus ojos, en la comisura derecha de su boca donde siempre cuelga lo último que queda de sus sonrisas sinceras.
Kaneki sólo no quiere que esto se convierta en el inicio de una procesión fúnebre. ¿Qué no se daba cuenta Tsukiyama que estaban envueltos en una tragedia? Aun y si le gustara, aun y si se permitiera sentir algo por él… Escucha los gritos de Nishiki haciendo ecos en la iglesia.
No importa cuántas flores me traigas no puedo confiar en ti.
Tsukiyama se preocupa cuando a la mitad de su pequeña pelea visual los ojos claros de Kaneki se abren por completo; cómo si se hubiera dado cuenta de algo. Le quiere poner la mano en el hombro, pero sabe que eso podría acabar muy mal. Decide llamar su atención,
—¿Kaneki?
Kaneki regresa en sí, casi a copia de Tsukiyama, y pestañea unas cuantas veces, recobrando sus alrededores. Voltea a ver a Tsukiyama como si nunca lo hubiera visto antes. Se veía anonadado. Por otro lado Tsukiyama se está preocupando más ya que no le contesta,
—Kaneki, necesitas un vaso de—Kaneki no le deja terminar, tomando bruscamente el cuello de la camisa de Tsukiyama y bajándolo hasta verlo directamente a los ojos. Su ojo se llena de tinta negra y pequeñas telarañas negras rodean el rubí al centro. Tsukiyama una vez más se dice a sí mismo que la siguiente cosa más imprudente que puede hacer, aparte de excitarse tan intensamente, es aprovechar el momento para besar a Kaneki. Especialmente cuando Kaneki parecía que le quería romper la cara. ¿Qué había hecho ésta vez? Kaneki no le deja pensarlo mucho, su voz baja y amenazante (Tsukiyama siente como baja un escalofrío desde la base de su nuca hasta el fin de su espalda baja):
—Deja de jugar conmigo.
Tsukiyama se sorprende y quiere negar tal acusación pero en ese momento exacto, la puerta del departamento se está abriendo desde afuera. La voz profunda pero jovial de Banjô acompañada de la de Ichimi, Sante y Jiro hace que Kaneki se trague el resto de sus palabras y repentinamente deje ir a Tsukiyama.
—Kaneki, ¡llegamos a casa!—dice Banjô desde la puerta, dejando entrar a sus amigos primero. Tsukiyama ya se había enderezado y miraba a Kaneki profundamente confundido para cuando se dan cuenta que él está también ahí. Ichimi, la más sociable de los tres lo saluda calurosamente,
—Tsukiyama, ¡buenas tardes! ¡No sabíamos que ya habías regresado! ¿Conseguiste la información?
Kaneki sigue tratando de recobrar su aliento, tratando de controlarse; le alteraba de más no estar en la jugada. Shû Tsukiyama, el rey de lo exagerado y el drama, tratando de ganar puntos con sutileza. Kaneki no sabía qué le enojaba más, que no se diera cuenta o que posiblemente estuviera funcionando su estrategia.
O que había pensado que le traía flores por las razones equivocadas.
Tsukiyama, cubre su confusión y sorpresa sonriéndole al resto del equipo, y saludándoles y respondiéndole dramáticamente a Ichimi que obviamente había conseguido la información—¿Cómo osas dudar de mí, chérie?—Kaneki lo escuchaba como si estuviera debajo del agua. Tsukiyama no se había movido del lugar en el que habían quedado y justo a la altura de su vista, Kaneki podía ver los vendajes del brazo lastimado debajo de su camisa.
Kaneki escucha distraídamente como los demás hablan superficialmente un rato hasta que se percata del silencio.
Todos estaban viéndolo.
Kaneki se ve absolutamente perdido, su mirada, su postura. Talvez lo está. Aunque sus ataques de ansiedad y momentáneos episodios de locura o silencios amenazantes aleatorios eran de cierta manera comunes, no eran normales, y nadie, ni siquiera el mismo, sabían lidiar con ello.
Aunque Tsukiyama estaba tratando de ser la persona más llena de sorpresas el día de hoy.
—Banjoi, me encantaría responder a eso, pero nos falta discutir quelque choses— El pelimorado le sonríe lleno de su usual carisma (el mismo carisma del que todos dentro de este departamento no entendían) y Banjô en serio intenta no sentirse ofendido por que Tsukiyama le trate como niño pequeño. Es Tsukiyama después de todo y Kaneki, Banjo dirige su mirada al joven de pelo blanco totalmente perdido (o en shock, pero con Kaneki nunca se sabe), y sabe que sólo Tsukiyama podría sacarlo de eso. Tsukiyama era el experto en sacarle reacciones a Kaneki. Aunque siempre tenga que limpiar el cuarto de entrenamiento después y alguien necesite quedarse en cama recuperándose de brazos rotos. O rupturas en sus intestinos. A Hinami no le iba a gustar eso después de la semana tan tranquila que habían tenido separados.
Pero nunca había visto que Kaneki se dejara dirigir por Tsukiyama tan facilmente.
Antes de que Banjô pueda decir algo, Tsukiyama está tomando a Kaneki de la mano y sacándolo del departamento diciendo puras barbaridades en idiomas que nadie conoce.
