¡No me morí! Más notas al final, pero primero lo primero, lo que estaban esperando:


Tsukiyama está mirando hacia la calle desde el pequeño café cerca del puente por el departamento de Kaneki. Libro en mano, botella de agua en la mesa, su mirada se pierde en el puente que ve a la distancia. Poco a poco, Tsukiyama se deja llevar por sus recuerdos. Nunca te das cuenta exactamente de cómo pasan las cosas hasta que tienes el privilegio de la retrospectiva. Tanto el tiempo como la experiencia que lo acompaña nos ajusta los lentes con los que vemos al mundo y, a su vez, nos brinda madurez y nos cambia irremediablemente.

Como popularmente se dice, "El mismo hombre nunca podrá bañarse en el mismo río porque nunca será el mismo hombre atravesando ni la misma agua corriendo por el río." Un filósofo cualquiera puede aludir a la paradoja de Teseo para explicarse, pero Tsukiyama pensaba más que nada en Kaneki. El joven de cabellos negros con quien tomó café hace más de medio año, ¿era el mismo joven de cabellos blancos con quien tomaría café hoy? Ni es el mismo cuerpo ni la misma mentalidad. Para algunos bastará que sea "de la misma figura", el envase típico del Kaneki anterior, para satisfacer sus parámetros de "quién era Kaneki Ken". Sólo había cambiado el cabello, dirán. Ahora es más fuerte. Sin embargo, a Tsukiyama no puede evitar ver las diferencias; medio año al lado del medio ghoul fueron bastante educativos como fueron gratos ya que durante meses pudo observar, categorizar y clasificar todos los cambios de su presa, esperando el momento oportuno para atraparlo y al fin disfrutar de su premio…

Tsukiyama se lleva la taza de café a sus labios y sorbe delicadamente, los ojos cerrándose, el corazón inquieto. Tal vez, el Kaneki que venga hoy a verlo al café será distinto también al Kaneki que trabajaba en Anteiku y al Kaneki vestido en harapos afuera del viejo escondite del Árbol de Aogiri. Tsukiyama espera que sea el mismo Kaneki que le sonrío en el punte. Tsukiyama baja su taza de café y suspira. La verdad es… La persona que espera es tanto Kaneki Ken como no lo es. El nombre, la esencia, la tristeza en los huesos; todo es igual que antes… Todo lo demás ya no existe o ha sido reemplazado. Aun así, Tsukiyama puede decir con certeza que ama severamente a Kaneki Ken.

- o -

Cuando Kaneki le dice a Touka que ya no va a regresar a Anteiku, Tsukiyama trata de controlar los sentimientos tumultuosos que empezaron a hervir bajo su piel. Si sonreía atraería demasiado la atención; no podía dejarle saber a nadie que su agenda personal no había sufrido cambios. El día en el que disfrutaría de la dulce carne de Kaneki, se embriagaría con su sangre, y se deleitaría con los gemidos de terror que borbotearán de sus lindos labios se acerca, poco a poco. No puede dejar que su falta de control afecté eso. Respira profundo y escucha con atención cuando Banjou le ofrece ayuda a Kaneki.

Esta vez Tsukiyama no evita su sonrisa. Se voltea y aplaude genuinamente complacido con el giro de su fortuna. Ofrece también sus servicios y, aunque es aceptado entre el nuevo círculo íntimo de Kaneki a cambio es amenazado de muerte. La voz suave de Kaneki en su oído prometiéndole matarlo si actuaba excesivamente llevó toda la sangre de su cuerpo en dirección opuesta de su cabeza.

¡..Qué bueno que no me lo comí antes..! Piensa sintiendo poco arrepentimiento sobre lo pasado. Nuevamente el concepto culinario que es Kaneki Ken ha evolucionado. Tsukiyama respira profundamente y el nuevo olor de Kaneki se infiltra en su sistema. Debajo de la sangre, sudor, tierra y humo, su usual aroma, dulce y aromático, había cambiado. Era mucho más seco ahora, pero tenía la ligera sospecha de que volvería a cambiar. El corazón se le acelera y la boca se le hace agua cuando aunado a estos olores, aparece en su mente la imagen de tener a Kaneki más cerca de lo que lo ha tenido antes.

Be cool, be cool.. Se dice a sus adentros al levantarse del piso donde había estado arrodillado jurando su lealtad. Observa al grupo empezar a dividirse; Touka primero, luego Nishiki, y al final Uta. Kaneki se ve distraído al final de todo y Tsukiyama aprovecha para hablar nuevamente con él.

Los hombros de Kaneki se encogen y toda su postura se contrae, lista para atacar antes de que Tsukiyama logre acercarse demasiado. Tsukiyama se detiene abruptamente. El peliblanco voltea su cabeza para verlo y Tsukiyama no se atreve a pensar mucho sobre el instinto que se activó en él. Toma sólo un segundo para componerse y desde su lugar le sonríe servilmente. Le dice,

—Necesitarás un cuartel general y creo que tengo el lugar perfecto para ello.

El joven de cabello blanco asiente la cabeza y vuelve a perder la mirada en dirección del cielo. Tsukiyama le sigue y se topa con el retrato de la luna llena, brillante, redonda y solitaria.

Justo en ese momento, Tsukiyama tiene una pequeña epifanía; el cabello de Kaneki se veía plateado bajo esa luz y le hizo crear una pequeña metáfora en su mente: la luna que cambia las corrientes en el mar es la diosa de la fortuna para el navegante. Tsukiyama nunca conocerá a la luna pero siempre observará a Kaneki cambiar como el mar, y él, como el navegante apunto de zarpar, se maravillará ante el mar.

- o -

Mi Kaneki es gentil y dulce, piensa Tsukiyama mientras observa cómo el peliblanco le saca con un solo jalón el brazo derecho a la mujer debajo de él. El estrepitoso sonido de piel y músculo desgarrándose se exacerba por las paredes de piedra del oscuro túnel, pero Tsukiyama está quieto y silencioso observando a su líder a varios metros de ditancia. La mujer que tan obscenamente era apretada entre los muslos de Kaneki grita y grita hasta que le golpea con el muñón de su brazo. La está interrogando sobre el Árbol de Aogiri; la mujer le escupe en la cara.

Una sonrisa siniestra se dibuja en la cara de Tsukiyama.

Kaneki tenía manos gentiles, antes, cuando recién le conoció. Preparaba café estupendo y dibujaba gatitos y flores con crema sobre ellos; con esas mismas manos ojeaba mil libros día y noche. Tsukiyama observa como Kaneki atraviesa el abdomen de la mujer con esas mismas manos. Delicadamente saca el órgano reproductor de células RC sin titubear y lo muerde como si fuera una manzana. La mujer grita desesperada pero ya ni siquiera sus piernas puede mover, el sorbido mórbido que le da Kaneki al último pedazo de carne en sus manos calla los sollozos debajo de él.

Éste Kaneki… piensa Tsukiyama, es cruel. Kaneki pasa su mano frente a sus labios para limpiarse y extiende su brazo en dirección de Tsukiyama, llamándolo. El pelimorado asiente la cabeza y lleva su abrigo en mano. De cerca, Tsukiyama puede ver los muñones que quedaron de los brazos de la mujer al intentar regenerarse. Es una imagen nada bella, pero las manos teñidas de rojo y el ojo cubierto de sombras de Kaneki llenaban de calor los adentros del Gourmet. Aparte, Kaneki estaba lastimado—tenía unas heridas y moretones sangrientos en los hombros, donde la mujer trato de zafarse de él— y el olor de la sangre de Kaneki era divino. Kaneki se levanta al sentirlo cerca y vuelve a extender el brazo para recibir su abrigo. Tsukiyama se lo da sin más que el breve comentario de, —¿No te vas a comer el resto?

Kaneki niega con la cabeza y dice sin mucha inflexión, —Ya obtuve lo que necesitaba.

Tsukiyama podía aparentar que no estaba totalmente excitado debajo de su abrigo oscuro, pero ver a Kaneki sonrojarse es una posibilidad mucho más placentera y tal pensamiento impide que esconda su expresión. Kaneki se coloca el abrigo sin verle a la cara y comienza a caminar. Tsukiyama le sigue, desilusionado, pero con su determinación y admiración intacta; éste Kaneki más que gentil o cruel, es más delicioso de lo que me puedo imaginar.

La brutalidad y la violencia son las características más reconocidas en los ghouls, pero en Kaneki serán los mejores aderezos.

- o -

—¿Por qué estás aquí tan temprano?

Tsukiyama, vestido en su camisa favorita púrpura de figuras geométricas rojas y verdes, suprime el no tan apuesto puchero que quiere brotar de sus labios (porque esta es la quinta vez que Kaneki le recibe así, como si no fueran del mismo equipo ahora), pero Kaneki ya parece irritado. Controla mejor su mueca y decide sonreír, después de todo Tsukiyama sabe bien que es su mejor cualidad. El peliblanco rueda los ojos y con un largo suspiro deja pasar al ghoul de pelo morado. Kaneki se pierde de la sonrisa victoriosa de Tsukiyama al voltearse para cerrar la puerta, pero era mejor así.

Caminan juntos hasta la cocina, donde hay más sillas, y Kaneki le señala una de ellas. Kaneki toma la silla frente a la de él por el respaldo y se apoya levemente en ella. Los dos jóvenes se miran un largo rato hasta que el de pelo blanco decide que esta persona frente a él no se iba a ir. Decide ser cordial:

—¿Quieres café? Aunque sólo tenemos instantáneo.

Tsukiyama encoje los hombros y responde, —Ça va. ¿Y los demás?

Coloca sus codos sobre la mesa para apoyar su barbilla en su mano para observar tranquilamente a Kaneki. Tenía dos meses viviendo en este departamento, pero ésta era sólo la quinta vez que venía, y sólo la segunda en la que entraba. El nivel de dificultad de Kaneki solo subía y subía desde que iniciaron esta cruzada contra el Árbol de Aogiri. Tsukiyama suspira. Kaneki estaba usando una camiseta de mangas largas gris y unos pantalones para dormir negros; para alcanzar la repisa alta donde están las tazas tiene que estirar el brazo derecho totalmente. Se revelan unas pulgadas de la piel pálida de su cadera, piel tersa y suave, inconscientemente Tsukiyama se muerde el labio.

Tsukiyama no puede dejar de pensar en que la primera vez fue mucho más fácil. Se le acercó ese día en la universidad y tan naturalmente platicaron de libros y pudo invitarlo a una pequeña 'cita'. Claro que tenía la excusa de Rize y Takatsuki Sen… Ahora… Debía ser más fácil; están en el mismo equipo, ¿no? Le había proporcionado un lugar para vivir, información, apoyo…

Tsukiyama está corriendo hacia el departamento, Kaneki en sus brazos, desangrándose. De su cabello blanco gotean oscuros rubís y de sus labios unas pocas palabras entre cortadas, —Protége... Banjou… están solos... Tsukiyama…—

Kaneki voltea con dos tazas llenas de café y coloca una frente a Tsukiyama. No lo mira a los ojos, pero susurra, —Está caliente.

Tsukiyama sonríe y dice, —Esto me recuerda a cuando trabajabas en Anteiku.

Kaneki se queda quieto un segundo, todavía de pie frente a Tsukiyama, y no le responde. Sigue sin mirarlo a los ojos. Otro suspiro. Hay una pared en medio de ellos, y aunque Tsukiyama quisiera culpar solamente a Kaneki, sabe perfectamente bien que él fue quien puso el primer ladrillo ahí.

—¿Qué es lo que necesitas, Tsukiyama?

Tsukiyama lleva la taza caliente a sus labios y le da un sorbo al líquido oscuro, pero inmediatamente se pone tieso. Kaneki alza una ceja, abré otra vez la boca, pero Tsukiyama levanta su dedo índice. Kaneki frunce el ceño, —¿Qué?

Tsukiyama casi escupe el café, pero logra tragárselo con la mueca más neutra posible. Dice,

—A lo que vine puede esperar; voy a ir a comprar una prensa francesa.

Kaneki no esperaba esta respuesta y responde naturalmente— ¿Vas a hacer qué?

Tsukiyama le mira consternado— Esto que llamas café es un insulto al resto del café del mundo.

Kaneki aprieta los labios, seguramente a punto de decir algo, aunque no sabe exactamente qué. Tsukiyama por otro lado ya ni siquiera lo está viendo, se levanta ruidosamente de la mesa, todavía viendo su taza de café como si estuviera insultando su buen gusto sólo por existir, y toma también la de Kaneki. Él protesta, aunque poco, y le dice, otra vez, —Voy a comprar buenos granos de café y una prensa francesa.

Vacía las dos tazas en el lavabo y las enjuaga, lava y seca como en automático, mientras que dice, —C'est vraiment ridicule! Mitad de lo que ingieres, cher, es esto y es una tortura. Pensaría uno que siendo de Anteiku tendrías mejor gusto…

El pelimorado sacude su cabeza mientras va subiendo las escaleras de emergencia en la parte trasera del edificio—Kaneki, ellos están bien, pero tú…—El brazo del peliblanco está destrozado y la herida de su cabeza no deja de sangrar, por alguna razón no se está regenerando. Banjou y los demás estaban lastimados, pero no mucho y el mayor le ruega a Tsukiyama se lleve a Kaneki; Tsukiyama lo hace sin chistar.

Kaneki rueda sus ojos y una vez más evita el tema de Anteiku diciendo, —Tsukiyama no nos puedes comprar una prensa.

Tsukiyama se ríe con seguridad mientras guarda las dos tazas en la repisa y dice, —Claro que sí puedo. Y creo que también compraré una cafetera.. Filtros.. Hmm..

Kaneki se talla los ojos, de repente muy cansado y deja la habitación. Tsukiyama se voltea un poco después y se da cuenta de que está solo. Suspira por milésima vez en el día. Definitivamente esta situación no es buena para su salud, nunca una presa le había causado tantos problemas. Tenía todos los síntomas de irritación intestinal o gripe.

Tsukiyama entra directamente al cuarto de Kaneki por la ventana y para cuando lo pone en la cama, Kaneki ya está inconsciente. Tsukiyama trata de mantenerse tranquilo mientras baja corriendo a la cocina, respirando profundo. Creía saber porque no se estaba regenerando el ghoul peliblanco. Abre la puerta del refrigerador y de ahí saca un paquete envuelto en papel blanco. Su nariz le asegura que está bueno el contenido y su tacto que está molido el interior. Se lo lleva sin más y regresa al cuarto de Kaneki.

Pero no debe desfallecer, si quiere que su plan de "acercarse-más-y-más-a-Kaneki-hasta-que-confíe-en-mi-otra-vez" funcione. Empezaba proporcionándole un lugar para vivir. Luego sería cuestión de tiempo, porque lo podría ver todo el tiempo, y seamos sinceros, ¿quién podía resistírsele? Aunque la realidad ha cobrado vida de otra manera, pasados ya dos meses y sólo dos puntos de contactos con la casa de Kaneki.

Sin embargo… Puede ver claramente Tsukiyama que, aunque si viniera a platicar o a planear con Kaneki a este lugar, es muy poco acogedor. El cuarto de Kaneki tiene sólo una cómoda y una cama, igual los cuartos de los demás. Tsukiyama se da la vuelta en la cocina y nota que aparte del refrigerador no hay mucho más.

Kaneki sigue inconsciente, y se ve más pálido aún, sus heridas no quieren sanar. Sus sabanas están totalmente mojadas de sangre y huele divinamente. Tsukiyama siente como se retuerce su interior con sentimientos encontrados, pero no tiene tiempo de pensarlo. Va al lado de Kaneki y le da palmadas en la mejilla tratando de despertarlo, no funciona al inicio, pero Tsukiyama no se rinde. Abre el paquete de carne y toma un poco en sus dedos, lo acerca a la nariz de Kaneki, sabiendo que el olor haría que recobrara un poco el conocimiento. Kaneki parece regresar, aunque brevemente, y Tsukiyama aprovecha para meter el bocado de carne a su boca.

Si su plan iba a funcionar, iba a necesitar buen café y un buen lugar para platicar. Y ya que Kaneki no salía a ninguna parte más que para cazar... Tsukiyama sale de la cocina y observa el departamento. Estaba un poco vacío, aunque sí tenía dos sillones y una mesita. No había persianas. Tsukiyama empieza a hacer una lista de cosas necesarias en su cabeza y está tan concentrado en su nueva labor para decorar el departamento, que no se da cuenta que vuelve a aparecer Kaneki, ahora vestido en una camiseta negra y pantalones de mezclilla negros. Su cabello estaba húmedo aún, pero estaba peinado, los músculos de sus brazos empezaban a marcarse más conforme iba puliendo sus habilidades en la calle. Tsukiyama pierde el hilo de sus pensamientos por unos breves segundos.

Kaneki mira al pelimorado observándolo con lo que parece hambre, y rueda los ojos. Empieza a caminar hacia la puerta donde están sus tenis, y le dice, —Voy contigo para asegurarme de que no compres nada de más.

Come, come, Tsukiyama ruega en su cabeza, o talvez en voz baja, no sé da cuenta, y en cuanto traga Kaneki, Tsukiyama vuelve a darle más. Es un pedazo más grande, pero esta vez después de tragar, Kaneki abre los ojos, uno negro con rojo, y grita enfurecido, ¡NO! ¡NO NO NO NO! Se empieza retorcer frenéticamente y Tsukiyama deja ir del paquete para tomarlo de los hombros,

Te necesito vivo, por favor

Tsukiyama lo lleva a comprar una prensa francesa, una cafetera normal, filtros, un grinder, 5 distintos tipos de café, 3 plantas verdes y frondosas, 2 cuadros abstractos, un reloj de pared y cortinas nuevas para todas las habitaciones. Tsukiyama promete ir por más cosas luego. Kaneki insistió, pero, ¿cómo convences a casi dos metros de hombre desquiciado de que el cuartel general es meramente provisional? ¿O de que no debería de gastar dinero a lo loco por ellos? Tsukiyama siempre tenía una respuesta rápida y elocuente (y más que nada, correcta) para todas sus preguntas. Vienen de regreso a pie, sus cosas en cajas siendo mandadas por paquetería (porque si Tsukiyama creía que Kaneki se iba a volver a meter a un carro con él, estaba realmente demente), y Kaneki está negando con la cabeza.

—No puedo creer que hagas todo esto nomás por que no te gustó el café de la mañana.

Tsukiyama se ríe y dice, —Subestimas mi buen gusto, Kaneki—y también el mal gusto de tu café.

Este es la escena que ve Banjou, un paquete de carne en el piso, una cama ensangrentada y Kaneki enjaulado en los brazos de Tsukiyama. Kaneki va a Banjou y vuelve a perder el conocimiento y Tsukiyama y Banjou se miran, cansados. Banjou le ofrece una toalla a Tsukiyama, pero Tsukiyama mira su camisa hecha y mejor la toma para limpiar a Kaneki. Banjou le dice que mejor se vaya antes de que despierte. Tsukiyama le quiere decir que no, pero Banjou ni siquiera lo está viendo. Le dice, —Nunca he visto a Kaneki comer. Sé que cuando va contigo come, pero yo nunca lo he visto.

Kaneki suelta un sonido de frustración, pero de mejor humor que antes. Salir del departamento fue una buena idea, aunque fuera con Tsukiyama. El pelimorado sonríe mientras encoge los hombros y agrega, —Aparte, sólo quería ir hoy en la mañana a platicar contigo y está imposible en ese lugar tan…

Ni el ni Kaneki pensaron que diría eso en voz alta. Kaneki se sonroja fuertemente se voltea bruscamente, a su lado Tsukiyama levanta la mano a su rostro cubriéndose la boca, incrédulo.

Kaneki suelta una risilla nerviosa y dice, —¿Tienes tan delicadas sensibilidades, Tsukiyama?

Tsukiyama respira profundamente en agradecimiento y contesta prontamente, —Tanto como el joven Werther. O talvez, tanto como Jullien Sorel.

—¿De Rojo y negro?

—Ah, Kaneki, ¿conoces a Stendhal?

Kaneki se ríe y dice, —No me sorprende que tú sí lo hayas leído.

Siguen platicando hasta llegar al departamento y aunque Tsukiyama está satisfecho, de su plática con él (aunque todavía le cerrará la puerta en la cara cuando lleguen al departamento), algo le hace ruido en la cabeza. Este Kaneki nuevo casi no habla; no ve a sus amigos. Toma café instantáneo. No lee tanto como antes. Tsukiyama se pregunta si eso le gusta más o menos.

Tsukiyama sólo había visto a Kaneki comer a otros ghouls y tomar café. Nada más. Y todas esas veces Kaneki regresaba herido. Tsukiyama había estado observando el descenso tortuoso de su más querido Kaneki hacía la muerte. No sabe por qué siente el inicio de un vacío en su estómago.

-o-

En el equipo todos cuestionan la lealtad de Tsukiyama (tal vez, con la excepción de Hinami) y es porque todos saben que tiene su propia agenda concerniendo a Kaneki. Con el paso del tiempo, poco a poco se han dado cuenta que esa agenda ha ido cambiando, pero eso no quita el hecho de que Kaneki va primero que nadie. Por eso, cuando una de sus misiones va de mal en peor, y Kaneki resulta mal herido, nadie se sorprende que cuando les pide a todos que vayan tras el ghoul que quedaba mientras él mata al que se escapa, Tsukiyama se queda con él.

Nadie vio venir ese ataque; era una kagune de dos tipos y había tendido una trampa. Kaneki ya había perdido mucha sangre en el primer ataque, pero no podía perder al otro ghoul. Manda a Tsukiyama con los demás porque Banjou todavía no es lo suficientemente fuerte para proteger a los demás, pero Tsukiyama es ingobernable en los momentos menos adecuados.

Como ahora, Kaneki voltea para gritarle que deje de ser un idiota, cuando desde el rabillo de su ojo se percata del segundo ataque un segundo demasiado tarde. Tsukiyama fue demasiado rápido. Salta entre Kaneki y el kagune sin pensarlo, su brazo derecho extrañamente descubierto, a travesado por el kagune enemigo. El ghoul grita asustado y Tsukiyama le sonríe cínicamente. Brota su kagune púrpura de su hombro y cual lanza mortal atraviesa el pecho del ghoul como si fuera mantequilla. El ghoul cae muerto, y con él se descubre el resto de las trampas. Tsukiyama se voltea rápidamente para proteger a Kaneki que yace casi inconsciente en el piso. El peliblanco lucha por quedarse despierto, pero el dolor es inmenso. Tiene ambas piernas destrozadas, en algún punto una de las trampas le tocaron la espalda también, y aunque su cuerpo se está regenerando, es lento por su pobre alimentación. Si tan sólo pudiera voltearse y… Tsukiyama está nuevamente en su rango de visión, su kagune brillando amenazantemente en la oscuridad de la noche.

Su cara tiene todas las líneas de expresión de alguien preocupado, pero él es Tsukiyama.. Él no es así, piensa Kaneki, aunque en algún lugar de su interior rechaza esa idea, y sabe, de manera segura, que este hombre lo ha tenido a su merced y no le ha hecho nada. Eso no es lo mismo que lealtad—es contención. Y si Kaneki se lo repite una y otra vez sin parar, no caerá en la trampa de esta araña. Las luces de las lámparas del callejón alumbran la figura que se le acerca y el universo no es justo con los humanos. Los ghouls tienen apropiadamente el apodo de monstruos, pero este monstruo caminando hacia él, sangre derramándose de sus manos, su kagune desvaneciéndose en polvos rojizos reflejándose en las luces del callejón, es poco más que etéreo. Kaneki lo observa débilmente mientras Tsukiyama se arrodilla a su lado. Se está mordiendo el labio. Lo toma gentilmente en sus brazos y Kaneki quiere quejarse, pero nada sale de su boca. Tsukiyama se atreve a acercarlo más a su pecho.

Unos cuantos segundos pasan en cuanto Kaneki logra decir algo en voz alta:

—Me desobedeciste.

Tsukiyama suelta cortadamente una risilla de sus labios tensos.

—Con justa razón, cher.

Kaneki logra alzar su brazo derecho lo suficiente para golpearlo. Es un golpe débil y lento dirigido a su pecho. No tiene fuerzas para retirarlo y Tsukiyama tiene las manos indispuestas. No duele, no hace ruido. El pelimorado guarda silencio. Kaneki chasquea la lengua.

—¡No puedes dejar a Banjou y a los demás solos, no son lo suficientemente fuertes! — Kaneki se irrita al ver que Tsukiyama ni siquiera le está viendo. Extiende la mano que tiene contra su pecho y toma la estúpida corbata púrpura que le cuelga del cuello para acercarlo a él.

—¡La prioridad de la misión era la extracción de—

Kaneki se detiene abruptamente al ver la cara de Tsukiyama, enojada y desesperada y algo más, no puede reconocerlo, no tiene el tiempo ya que Tsukiyama firmemente dice,

—No.

Kaneki frunce el ceño, pero no lo suelta. Está a punto de decir otra cosa cuando Tsukiyama lo interrumpe de nuevo,

—Estabas en peligro y me quedé a protegerte. No moriste, no te comí. Todo está en orden, ¿non?

Kaneki cierra la boca, suelta la corbata. Los ojos de Tsukiyama están negros y rojos y nublados por mil sentimientos.

—Tu eres mi prioridad, Kaneki, sólo tú. Nadie más; por favor, déjame ser lo que te dije que sería.

Kaneki respira profundo. Decide volverle a pegar.

—Pudiste haberlo matado y luego haber ido tras ellos. Yo seguiría aquí y Hinami nos estaría escuchando. Estaría bien. Y mis compañeros no estarían vulnerables.

Tsukiyama respira profundo y decide dejar ir el argumento. No importa cuánto le discuta a Kaneki sobre esto, él es más terco que una mula. De todas maneras, sigue sin encontrar las palabras exactas para hacerle entender que él es único e irreemplazable para él.

-o-

Después de la fuerte derrota contra Shachi y Kaneki le pide su ayuda para entrenar, Tsukiyama está seguro que al fin el peliblanco le ha otorgado su confianza. Excepto que nunca vuelve a ver a Kaneki cansado. Su entrenamiento es excesivo y duro, despiadado. Su cuerpo empieza a cambiar otra vez. Mientras que en un principio pocas veces Kaneki le hacía entrar en calor, ahora el peliblanco y él pueden durar horas entrenando. Se siente anonadado por el cambio, pero lo disfruta junto con cada gota de sudor y sangre de Kaneki que le es regalada como frutos de sus entrenamientos. Aunque, en cuanto Kaneki empieza a flaquear, lo saca del cuarto de entrenamiento. Nunca vuelve a verlo con sueño ni con hambre y Tsukiyama se da cuenta, poco a poco que el Kaneki que quiere ver es uno que pensaba conocer, el suave y dulce Kaneki, pero que hoy sabe que nunca conoció en verdad.

-o-

Tsukiyama está ayudando a Hinami con su lectura en la salita reacomodada del departamento. En verdad fue una buena idea decorar el lugar, llega a pensar Tsukiyama ahora que puede entrar con más frecuencia. Kaneki está bajando de su cuarto en shorts y camisa sin mangas, descalzo, cuando se percata del pelimorado en su sala. Tsukiyama trata de ignorarlo en pos de seguir poniéndole atención a la joven Hinami, sin embargo, Hinami se ha volteado para saludarlo y bueno, ¿qué podía hacer él más que voltear a admirar a Kaneki?

Kaneki voltea a verlos con una ceja, pero no se detiene sigue su camino hacia la cocina. Desde adentro dice, —Te cité más tarde, Tsukiyama. ¿No tienes algo más importante qué hacer hoy?

Tsukiyama rueda delicadamente sus ojos púrpuras y responde dulcemente, —¿Qué hay más importante que ayudar a mi dulce Hinami con su educación? Évidement, nada, mon cher.

Kaneki sigue dentro de la cocina cuando suelta una risilla sarcástica y responde, —No sabía que eras un ghoul tan noble y educado, Tsukiyama.

Esta vez Tsukiyama no esconde su desdén y rueda sus ojos nuevamente, —Ja, ja. Qué gracioso, Kaneki— Deja a Hinami con su libro y su diccionario. Se levanta del sillón y camina hacia el portal de la cocina, —Te diré que yo egresé con honores de mi carrera.

Kaneki estaba preparando café y se está sirviendo, espalda hacia Tsukiyama mientras contesta, su tono burlón, —¿Ah, sí? Francamente, no te imagino en la facultad tomando exámenes.

Tsukiyama aprieta los labios un poco ofendido, y esa es la cara que ve cuando se voltea, taza de café caliente en las manos. Olía perfectamente divina y su cara reflejaba su placer. Tsukiyama alza una de sus cejas, perfectamente arqueada y ahora Kaneki es quien se está ahorrando sus comentarios; nunca le había dado gracias por la prensa francesa.

Tsukiyama sonríe cual gato de chesire y decide seguir, —Me hieres, Kaneki. Si yo me pasé cinco años en la Facultad de Ciencias Sociales en la Universidad de Tokio.

Kaneki rueda sus ojos y exhala ligeramente molesta. Obviamente Tsukiyama había estado en la mejor universidad del país. Pero Tsukiyama no se detiene ahí, y mientras los dos vuelven a la sala (donde Hinami finge estar leyendo su diccionario volteado al revés y no escuchando a los "adultos"), le dice,

—Aparte, mi carrera tiene que ver con el bienestar social. Creo saber exactement lo que hago. Hori tiene todo tipo de evidencias, puedes preguntarle a my little mouse la siguiente vez que venga.

Kaneki se ríe suavemente del apodo de Hori, y se sienta a un lado de Hinami, tomando un trago de su café. Tsukiyama se sienta al otro lado de Hinami y cuando Hinami voltea a verlo Tsukiyama encoge los hombros como diciendo, Tu y yo sabemos que nada de lo que digo lo hace reir.

Hinami voltea a ver a Kaneki, y este ha puesto la taza en la mesita cerca de sus libros. Hinami se siente más relajada si acaso porque estando en una superficie plana su hermano no se lo tirará a Tsukiyama. No que haya pasado antes ni nada, pero las probabilidades son demasiado altas para no considerarlo.

Ajeno a la conversación silenciosa de sus compañeros, Kaneki continúa la conversación, —Sigo sin creer que ella sea mayor que yo... ¿Dices que se conocen desde la universidad?

Los ojos de Tsukiyama se prenden de emoción al ver el interés de Kaneki en su vida. (Bueno, en la de Hori, pero es una señal de progreso, ¿o no?) Tsukiyama sonríe al hablar de su mascota y contesta,

—No, la ratoncita y yo nos conocemos desde la preparatoria. Nuestra amistad ha sido de lo más emocionante; ella es súper interesante.

A Kaneki le extraña escuchar tal halago de la boca de Tsukiyama.

—Y es humana. Ni siquiera sé si quiero saber cómo pasó eso.

Tsukiyama hace una mueca de confusión.

—¿A qué te refieres?

Kaneki baja la mirada y vuelve a tomar su taza de café. Le da un sorbo antes de responder, —Supongo que la amistad entre ghouls y humanos me sigue siendo un misterio…

Tsukiyama nota el tono melancólico en la voz de Kaneki, más no dice nada. Es cierto que la amistad entre ghouls y humanos debería ser imposible, y para ser totalmente sinceros, Tsukiyama consideró en un principio a Hori más como una mascota. Ve que Kaneki se está perdiendo un poco en sus propios pensamientos, tomando su café, y decide regresar a la conversación. Hinami ha dejado de fingir que lee el diccionario y observa abiertamente a su hermano mayor. Tsukiyama hace un sonido de consideración antes de decir,

—Yo creo que los humanos y los ghouls son esencialmente iguales.

Kaneki alza la mirada rápidamente y la conecta con la del pelimorado. No dice nada, sin embargo, sus ojos son curiosos. Hinami le observa abiertamente también. Tsukiyama prosigue,

—No hay estudios sugiriendo que sus cerebros sean distintos a los nuestros. Sin embargo, la experiencia social crea una brecha entre las dos especies.

Kaneki toma de nuevo de su café, pero no le quita los ojos de encima.

—Un ghoul puede tener aspiraciones o sentir profundas tristezas. Puede llorar de rabia, inspirarse con el atardecer, puede hasta incluso enamorarse, desear una familia... Sin embargo, al vivir al margen de la sociedad, siempre escondiéndonos o luchando para sobrevivir, nuestra perspectiva es distinta. La muerte de un humano no es triste y nuestras aspiraciones son de supervivencia; el enamoramiento o una aspiración de tener familia conlleva consecuencias graves.

Tsukiyama sabe que ya está hablando de más, y decide terminar su pensamiento así:

—A los humanos no les conviene pensarnos como ellos, como a nosotros tampoco nos conviene pensar en nuestro 'alimento' más profundamente que eso. No nos podríamos matar si ese fuera el caso.

Kaneki le mira con cierta neutralidad, y responde con algo poco más que un susurro,

—¿Y ese es tu caso, Tsukiyama?

Tsukiyama no sabe que responder.

-o-

En unos días más irán tras Madame A y Kaneki prácticamente tiene a todos los días a Tsukiyama en el cuarto de entrenamiento. La ley de Murphy no debería de aplicar a alguien con la suerte de Kaneki, tan mala y trágica, sin embargo, a alguien con la estrella de Tsukiyama… Kaneki y Tsukiyama están tan entrados en la pelea que en algún punto empezaron a usar sus kagunes y mientras que ninguna extremidad había salido volando como usualmente pasaba, esta vez pasa algo peor.

Kaneki vuelve en sí con tres de sus cuatro garras enterradas en el abdomen de Tsukiyama. Tsukiyama está tosiendo sangre, y trata de quitarse a Kaneki de encima, aunque con muy pocas fuerzas. Kaneki puede ver como poco a poco se cae en pedazos el kagune púrpura y rojo del brazo que tenía extendido hacia él. Kaneki quiere decirle a Tsukiyama que todo está bien, que no estaba tan mal, pero sabía que si sacaba bruscamente su kagune del abdomen de Tsukiyama saldrían con todo y sus intestinos.

Tsukiyama sigue tosiendo y parece que quiere decirle algo a Kaneki, pero Kaneki sacude la cabeza, nervioso, pero inhala profundamente y trata de poco a poco ir deshaciendo su kagune. Toma unos cuantos respiros más, pero lo logra y junto con Tsukiyama, ponen sus manos en su abdomen esperando la regeneración exagerada de Tsukiyama.

Por un largo rato están así, juntos, manos pegadas, ensangrentadas, hasta que Tsukiyama logra dejar de toser, y un largo suspiro les permite saber que por lo menos sus pulmones están intactos. Kaneki y Tsukiyama se miran intensamente por unos segundos y ambos caen de rodillas al suelo. Kaneki separa sus manos de los músculos expuestos del abdomen de Tsukiyama se deja caer totalmente al piso. Tsukiyama se le une, con una risilla entrecortada,

—Una vez más, check mate, ¿no?

Por unos segundos sólo se escuchan las bocanadas de aire de los dos. Kaneki no dice nada. Tsukiyama se preocupa.

—¿Cher?

Kaneki había tenido el brazo roto y varias cortadas profundas hace unos minutos; ya no están para cuando se sienta, derecho y tenso, a un lado de Tsukiyama. El pelimorado se hubiera sentado también si no fuera porque sería un movimiento totalmente doloroso. De todas maneras, le gusta ver a Kaneki en este ángulo. Kaneki tiene la más curiosa expresión en su rostro, como si se estuviera debatiendo entre algo doloroso o algo penoso. No dura mucho, y el peliblanco le dice,

—Perdón. Fui demasiado lejos..

Tsukiyama no tiene palabras para describir lo que siente, y de todas maneras está tan asombrado que no sabe ni siquiera qué decir. Kaneki continúa,

—Muérdeme. Así te recuperarás más rápido.

Los ojos de Tsukiyama se abren imposiblemente. Inmediatamente lo rechaza. El movimiento brusco le marea, pero logra decir, —¡No! Yo.. Yo no te quiero comer... Así…

Tanto Tsukiyama como Kaneki piensan lo mismo: ¿quién está más sorprendido por este desarrollo tan inesperado?

Ambos caen en silencio, pero ninguno aparta la mirada. Tsukiyama, habiéndosele pasado el shock, le sonríe y dice, —Dame unos minutos para que termine de regenerarme y regresamos…

Kaneki asiente lentamente, pero permanece al lado de Tsukiyama. El pelimorado puede escuchar cómo su respiración se va tranquilizando, poco a poco, junto a la de él. Después de unos momentos, Kaneki vuelve a hablar,

—Cuando nací, yo era un humano.

Tsukiyama no sabe que expresión se está mostrando en su cara; sólo que a Kaneki le parece divertido, aunque no esté sonriendo. Tsukiyama cae en cuenta que está viendo a Kaneki a los ojos, no su boca, no su cuello o su cabello. Miraba sus ojos, desde hace mucho, para entender completamente a esta persona que nunca quería revelarse frente a él. Kaneki por su parte, parece estar considerando sus siguientes palabras. Nunca le había contado esto a alguien… En Anteiku solo se.. enteraron. Toma una gran bocanada de aire y luego exhala lentamente.

—Tenía una madre y un padre que trabajaban mucho. Trabajaron tanto que se murieron. Primero mi papá, luego mi mamá. Mi padre me dejo decenas de libros que yo leí desenfrenadamente por años.. Mi madre me dejó con unos familiares que nunca entendí al morir.

Tsukiyama cierra los ojos. Kaneki sigue halando.

—Empecé a vivir solo cuando entré a la universidad. Estudiaba literatura.. Tenía un mejor amigo y un restaurante de hamburguesas favorita. Estudié en el departamento de literatura de la universidad Kamii por dos años hasta que..

Tsukiyama abre los ojos. Kaneki le mira, cansado, devastado, abierto:

Le sonríe.

—Hasta que Rize trató de comerme y murió en el intento.

—Por eso.. Tu kagune.. Tu sabor..

Kaneki asiente, desvía la mirada hacia sus manos en sus piernas, continua, —Me trasplantaron sus órganos… Aunque dudo que esté muerta en verdad. Ella era… Bueno. Tú la conociste mejor.

Tsukiyama no sabe que decir. Poco a poco logra alzarse y sentarse. Su abdomen está casi completamente regenerado. Kaneki le mira furtivamente, tratando de ver el daño, pero tan pronto se siente asegurado, continua, mirada aún baja.

—A los ghouls los humanos les temen de manera abstracta; de la manera en que te da miedo la oscuridad... Hasta que te pasa algo inesperado, no tienes idea de qué tan peligroso es. Yo sabía que le tenía miedo a morir, no sabía que me daría tanto miedo ser devorado por un ghoul.

Kaneki extiende su brazo izquierdo hacia Tsukiyama y espera a que le mire. No tarda Tsukiyama en pasar sus ojos sobre el brazo ofrecido, sobre el hombro expuesto, sobre el cuello cuierto, sobre los labios suaves, la nariz recta, los ojos cafés cenizos. Kaneki le sonríe otra vez, aunque esta estaba teñida de cinismo. Le dice, —Pero si algo aprendí de Jason, estando todo ese tiempo con él… Es que yo también soy un ghoul y...

Kaneki cierra los ojos y respira profundo. Cuando los vuelve abrir no hay reservas, sus ojos están claros.

—Yo no te temo, Tsukiyama.

Tsukiyama baja la mirada al brazo extendido de Kaneki y piensa mil cosas a la misma vez. Se convierten en un zumbido mientras que inclina la cabeza y toma el brazo de Kaneki suavemente con ambas manos, una en el codo, otra en la muñeca. Puede sentir el palpitar de su corazón bajo sus dedos, escucha su respiración alentarse, preparándose. Porque, aunque seas un ghoul, el dolor sigue siendo una característica universal de los seres vivos.

Tsukiyama respira profundo, absorbiendo el dulce olor de Kaneki y sonríe al darle un suave beso en el brazo.

Le brota una risilla desde el pecho cuando escucha más que observa a Kaneki mortificarse. Cuando alza la mirada, Kaneki está imposiblemente rojo de la cara y Tsukiyama no puede evitar reírse totalmente, con todo y su abdomen crudo y rosado.

Kaneki se toma su brazo de vuelta, se alza repentinamente y dice mortificado, —Mal aprovechaste tu única oportunidad Tsukiyama. Ni si quiera sé por qué me sorprendo. ¡Eres imposible de entender!

Por primera vez es él quien se va del cuarto y Tsukiyama se vuelve a tirar al piso. Ese mismo día, en camino a su punto de encuentro con Matsumae, Tsukiyama ve en la repisa de una florería varias macetas de jacintos morados.

-o-

Kaneki es fácil de reconocer con su cabello blanco y su tan particular andar. Tsukiyama lo ve venir desde que cruza el puente y lo sigue con la mirada hasta que Kaneki está frente al ventanal del café, donde Kaneki está mirándolo a él. Tsukiyama se endereza en su silla y alza la mano para saludarlo. Kaneki al otro lado del ventanal alza la mano también y sonríe, aunque claramente apenado. Se quedan mirando unos momentos hasta que Kaneki se logra percatar de que esto es totalmente innecesario y cursi. Entra al café y camina hacia la mesa de Tsukiyama, donde el pelimorado ya está de pie, esperándolo.

Otra vez se quedan mirando.

Tsukiyama logra invitarle un café y Kaneki logra sacarle unas risas. Hay claveles rojos escondidos dentro del abrigo de Tsukiyama, pero no se las dará hasta que vayan en camino al departamento. Kaneki, por su parte, no tiene idea de qué está haciendo ni porqué. Piden de tomar, platican como siempre, y todo parece seguir el orden natural de las cosas. Excepto que cuando Tsukiyama toma su mano por debajo de la mesa del café, Kaneki suavemente entrelaza sus dedos y espera, solamente, que las vicisitudes le permitan este único pequeño capricho.

Tsukiyama deja de pensar sobre de cuál Kaneki se enamoró, y piensa en el que tiene en frente, amable e inteligente; un hombre lleno de sorpresas: un regalo que no ha terminado de abrir.


Primero que nada quiero ofrecerles mis más profundas disculpas. Nunca fue mi intención dejar esta historia tan desatendida. No sé si lo que estoy a punto de decir sea bueno o malo, pero esta historia tiene todavía otro capítulo. Espero poder acabarlo en esta semana, pero como saben, soy de poco fiar. En todo caso, lo que sigue es posterior a mi idea original, en cuyo caso podría proclamar esta historia como terminada. Sin embargo, no lo haré hasta acabar el siguiente capítulo. A quienes me estuvieron leyendo en tumblr mientras redactaba esto, gracias por seguirme el juego. Y a todas las personas que me han dejado reviews, neta, los amo.

Dudas, comentarios, reviews, críticas, hasta hate mail son bien recibidas. Gracias, otra vez.